¿Cómo tener ideas brillantes?

Por Rafa Ferrero

Este es mi último post para GuionistasVlc, así que he decidido romper la baraja.

Seamos claros, los blogs de guión llevamos años mareando la perdiz, dando consejos de todo tipo sobre cómo escribir, pero evitando a toda costa hablar de lo verdaderamente importante. Ya era hora de que alguien tirase de la manta. Siento tener que ser yo, pero es que no se me ocurría nada para este post y claro, al ser el último, quería acabar en alto.

Después de que esto se difunda, probablemente, todo hijo de vecino (hasta el del primero izquierda) empezará a escribir guiones o, al menos, sabrán que podrían hacerlo si quisieran, y los guionistas dejaremos de ser admirados por la sociedad.

Sí, amigos, este es el post que responde a la pregunta:

¿Cómo tener ideas brillantes?

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Con este título, imagino que muchos habréis llegado hasta aquí esperando encontrar fórmulas o consejos para ser más creativos. Tal vez imagináis técnicas capaces de catapultar la mente a un estado de hiperactividad o algo por el estilo. Pues no encontraréis nada de eso, al menos no de forma legal. El mensaje que os traigo es otro muy sencillo: Las ideas no brillan.

Buscar una idea brillante es como buscar una lámpara mágica. Puedes frotar todas las lámparas que quieras, jamás verás aparecer ningún genio.

Esto puede parecer decepcionante pero, si lo piensas bien, te darás cuenta de que en realidad resulta liberador, porque cambia las reglas de un juego en el que creías que ibas perdiendo. Ya no necesitas encontrar “la idea”, cualquier idea vale.

Los guionistas estamos obligados a parecer ingeniosos, creativos, ocurrentes, profundos… y toda una serie de adjetivos calificativos molones más. “Parecer” es la palabra clave de la frase. Nadie es todo eso. Es imposible. Vivimos de parecerlo, es lo que vendemos, así que nos hemos vuelto muy hábiles en esa tarea. Pero nadie sabe mejor que nosotros mismos lo delgada que es la línea en la que estamos practicando el equilibrismo.

Vendemos proyectos, trabajamos en equipos de guión, asistimos a reuniones y en todas y cada una de esas situaciones se espera de nosotros, cuando no se nos exige, que aportemos ideas brillantes. Convencer a todo el mundo de que somos capaces de conseguirlo una y otra vez es nuestro oficio. Pero la única forma de mantenerse en él y permanecer cuerdo es asumir que no son las ideas lo que brilla.

Si no me crees, prueba a hacer algo. La próxima vez que te cruces con un guionista, pregúntale en qué está trabajando y deja que hable. No hace falta que le escuches, lo que diga es completamente indiferente. Es más, procura no escucharle porque corres el riesgo de que consiga embaucarte y entonces el experimento fracasaría. Piensa en cualquier cosa y procura poner cara de “te estoy escuchando”. Cuando llegue el momento, y notarás que es el momento porque de repente se creará un silencio incómodo en el que él o ella esperará tu aprobación. En ese momento di: “Bueno, no está mal”. Dilo como sin ganas, como si le estuvieses haciendo un favor, pero dilo mirándole a los ojos porque en ese justo instante podrás ver la VERDAD. Verás inseguridad. Verás que nadie, ni siquiera el guionista más consagrado puede sentirse completamente seguro de ninguno de sus proyectos. Acaba de venderte la idea como si fuese la mejor que ha tenido la humanidad en toda su historia, pero si tú, que no eres nadie, no le das tu aprobación, la idea se tambalea. Todo se tambalea.

Solo los guionistas nivel jedi son capaces de recibir una mala crítica sin pestañear y mantenerse firmes. Su firmeza se apoya en una sola convicción, que ninguna idea es capaz de valerse por sí misma y que incluso las ideas de éxito, las que hoy en día se ponen como ejemplo, tuvieron los pies de barro en su momento y podrían haber fracasado, como cualquier otra.

Hay tantísimos factores que determinan el éxito o el fracaso de un proyecto, que la idea primigenia se diluye como uno más entre todos ellos. Toda idea es una apuesta, todo proyecto tiene posibilidades tanto de ser un éxito como de ser un fracaso y nadie puede saber realmente qué sucederá hasta que el proyecto no echa a andar por sí mismo. Por lo que vender proyectos es como mentir. El secreto está en que no se te note. Un buen guionista no es más que alguien capaz de mirarte a los ojos y decirte sin pestañear que cree ciegamente en su proyecto, a pesar de conocer mejor que nadie sus debilidades.

Deja de esforzarte tanto por encontrar la mejor idea posible y concéntrate en aprender a vender lo más cara posible la primera idea que se te ocurra. Tarde o temprano, una de esas ideas acabará siendo considerada brillante y podrás vender las siguientes aún más caras. De este modo, tal vez algún día, consigas vivir de escribir.

Deja de perseguir ideas brillantes. Coge cualquier idea y ponte a escribir. No le dediques ni un minuto a elegirla, cualquiera vale. Lo único que tienes que hacer es presentar esa idea de forma que sea entretenida, impactante, divertida… y sobre todo, que esté bien escrita, claro. Pero eso ya llevan años explicando cómo hacerlo los blogs de guión.

AFORISMOS, IMPERTINENCIAS Y DESPEDIDAS.

yo_barcelonetapor Paco López Barrio

Pues bien, amigos, hasta aquí hemos llegado. Este blog se cierra después de habernos dado tantas alegrías. Como no me quiero poner sentimental, mejor me pongo “estupendo”. A ver qué dia nos vemos y nos tomamos una cerveza los que sigamos siendo amigos después de estos 35

AFORISMOS

1. Algunas historias son ficción. Algunas historias son mentira. No es lo mismo.
2. Hay historias con final feliz e historias con final falaz.
3. El cineasta es un artista, pero el cine no es un arte: es un contenedor de las demás artes.
4. Toda historia de amor lleva implícito un Deus ex Machina.
5. Si el final es bueno, el segundo acto no necesita tener ni pies ni cabeza. Funciona.
6. El crítico que “descubre” una influencia en una historia es un imbécil o un inculto. Una historia, sobre todo si es una buena historia, no tiene menos de 50 influencias. Y el autor es muy consciente de la mayoría de ellas.
7. Los protagonistas sociópatas y atormentados son un chollo: con ellos todo vale.
8. Escribir sobre gente corriente no está al alcance de cualquiera. Hay que tenerlos muy bien puestos para mirar fijamente a los ojos de un donnadie.
9. Por buena que haya sido una serie, de la tercera temporada en adelante se culebroniza sin remedio.
10. Intenta mirar con tus ojos de niño. Nunca fuiste tan salvaje como entonces.
11. La mayor virtud de un artista (pero el peor defecto de un artesano) es ser inconfundible.
12. Muchos actores que parecen malos en realidad son buenos, pero con las mierdas que les escribimos es un milagro que lo demuestren.
13. Ningún actor es tan bueno que no parezca malo haciendo publicidad.
14. Si aciertas con la atmósfera ya tienes más de la mitad del trabajo hecho.
15. La calidad media de la ficción aumentaría si se dejase fumar en las reuniones.
16. La gente de la calle habla con abundante subtexto. Menos cuando quieren impresionarnos: entonces hablan como en las películas mal dialogadas.
17. Era un dialoguista de puta madre: nadie escribía silencios como los suyos.
18. Lo más jodido de manejar es decidir quien sabe cada cosa y en qué momento. Y quien sabe o no sabe lo que los otros saben o no saben. Como en la vida real, vaya.
19. A efectos de escaletar, podemos considerar de época cualquier historia ambientada antes de la generalización del teléfono móvil.
20. Esmérate escribiendo los papeles de hijo de puta. Normalmente será mejor actor que el héroe.
21. En las historias que tratan de “cualquiera de ellos puede haber sido” es suficiente con ver el principio y el final. Todo lo que hay en medio ya sabemos que serán descartes.
22. Un director sensible podría sacarle más provecho a dos líneas de poesía en la descripción de una escena que a esa especie de plano de mueble de Ikea que solemos darle.
23. Las historias de superación son mucho más previsibles y alicortas que las de envilecimiento.
24. El verdadero reto no es sorprender al espectador, sino a los demás personajes.
25. Muchos pueden escribir buenas escenas de acción. Las buenas escenas de reacción están sólo al alcance de los elegidos.
26. Nunca debimos desterrar “donaire” y “filigrana” del vocabulario crítico.
27. A veces sospecho que estais haciendo manitas bajo la mesa italiana.
28. En la vida real la verdadera tensión sexual llega tras el primer polvo, no antes.
29. Si un personaje debe decir cosas ingeniosas, puedes fusilar a Kant, Wittgenstein o San Agustín que nadie lo notará. A Paulo Coelho no, te pillarán enseguida.
30. La prueba de que una historia con una premisa tramposa y mal estructurada puede ser un éxito es el chiste del perro Mistetas. Tengo otros ejemplos, pero ya tengo bastantes enemigos.
31. “Le ponemos música y emocionará” es el nuevo “Esto lo arreglamos en postpo”.
32. Las webseries son una excelente oportunidad para demostrar que tu también sabes escribir comedia casposa.
33. Todo es plagiable, menos una emoción.
34. De todos tus aburridos personajes, el que más me aburre eres tu mismo.
35. Algunos de estos aforismos son verdad, otros son mentira. Los que me conoceis jugais con ventaja.

RENACIMIENTO, EL CÓMIC.

FINAL 1 BAJA

Por Martín Román.

En 2009 cuando me mudé de Valencia a Madrid con expectativas de crecer en mi carrera y empezar a trabajar en la ficción a nivel nacional me di de bruces contra un muro. O contra la realidad, pues no dejó marcas externas. Llamaba a productoras, enviaba correos electrónicos, tomaba cafés con guionistas más afortunados en lo laboral que yo, incluso conseguí alguna prueba de guión… pero pasaban los días y no conseguía trabajo de guionista. Empezaba la frustración.

Sentía que ya necesitaba escribir ese primer largometraje que me llevara a la dirección junto a mi socio Iñaki Antuñano, quería encontrar una idea brillante, algo intimista y que rompiera moldes. Una peli de autor. Pero estaba bloqueado, o quería estarlo, las zonas de confort son terribles y tratan de no ser detectadas. En ese tiempo vi Zombieland, una película con Woody Harrelson, Jessie Eisenberg y Emma Stone, tenía muchos ingredientes para fascinarme, y lo hizo por un rato. Tiene un arranque espectacular con las reglas de supervivencia y unos títulos de crédito a ritmo de Metallica antológicos. Pero luego aparecen las chicas (no por ser chicas sino por el tratamiento que se le da desde guión) y se convierte en una peli de adolescentes bastante floja a la que tiene que llegar Bill Murray haciendo de sí mismo para levantarla. Luego vuelve a decaer… Sé que a muchos os encantó, a mí no, pero no lo lamento. Después de verla pensé en por qué unas historias de zombis me fascinan tanto y otras me aburren. Tomé notas –ojalá las tuviera a mano pero después de tantas mudanzas y migraciones a saber dónde andan- y llegué a las conclusiones de que me aburría lo inverosímil y la falta de subtexto. El corre que te como es imprescindible en el género zombi, pero si sólo se sustenta sobre eso apaga y vámonos, algunos ejemplos: Zombis Nazis, La Horda

Como seguía en esa situación de bloqueo decidí optar por un divertimento: escribir una película de zombis que a mí me gustara ver (obviamente las hay que me gustan y mucho como Shaun of the Dead, Day of the Dead, o la serie Dead Set). Me puse a ello sin saber hacia donde me dirigía y por supuesto sin pensar en el presupuesto, era un divertimento sin más. Sin más… Quítale la importancia a algo y te librarás de la presión para salir del bloqueo creativo. Cuando llevaba aproximadamente quince páginas de un tratamiento del que no tenía final (por mucho que digan que es importante saberlo no siempre se sabe) me bloqueé de nuevo. Me di cuenta de que estaba hablando de temas que me importaban como los integrismos, el medio ambiente, la democracia directa… Un día, mientras conducía hacia Valencia con mi amigo Olaf González de copiloto le conté la historia. No debía contarla bien porque iba con los ojos en la carretera pero entonces llegué al momento en que me había encallado y Olaf preguntó entusiasmado “¿y qué pasa después?” y yo que nada, que no sabía cómo salir de ahí, etc. Me dijo que tenía que acabarla. Le hice caso, y de regreso a Madrid empecé a encerrarme en la hermosa biblioteca del Reina Sofía y con mis auriculares puestos escuchando el Astro Creep 2000 de White Zombie, me propuse terminar de escribir la primera versión de Renacimiento.

¿Pero qué pasó en ese tiempo? Me contactaron Jorge Antonio Molina Cuquerella y Zoe Berriatúa y escribimos juntos Lazarillo Z pues le veía muchas más posibilidades comerciales. De hecho aún las tiene, no sé por qué los productores no se la ven. Una vez escrito el Lazarillo Z sí pude terminar el guión de Renacimiento y pensé ¿y ahora qué? Era un guión demasiado caro de llevar a cabo y mucho más para pensar en dirigirla. Llamé a puertas, o lo intenté, a esas puertas de productores que dicen que no les llegan ideas nuevas. Pero no hubo suerte.

Emigré a México. Me encontré con un laboratorio de ideas al que aplicar y bajé el guión a 120 páginas, fuera se quedaron escenas, una incluso es susceptible de ser un cortometraje. No quedé en el laboratorio pero le di a leer el guión a Daniel Martín Novel para recibir retroalimentación y siempre que tengo oportunidad cito una parte de su crítica: un cruce imposible entre Mad Max, En Busca del Fuego y Amanecer de los muertos. Las dos primeras películas siempre estuvieron en mi mente, fue un halago.

¿Qué hacer con un guión que sería tan caro de producir? Un guión que no se convierte en película corre el peligro de convertirse en una obra invisible. Por mi cabeza pasó la idea de transformarlo en novela, pero en su lugar me lancé a la búsqueda de un dibujante para convertirla en novela gráfica. Me cité con Octavio Logo, fue un encuentro en su estudio en donde pude ver su obra, algo oscura, tétrica por momentos que me pareció coincidía con mi idea artística para el cómic. Estuvimos hablando cosa de dos horas que parecieron diez minutos. Por supuesto no tenía dinero para poder sufragar un proyecto de esta envergadura –Renacimiento en novela gráfica es un esfuerzo común- pero sí para convertir en cómic una de las escenas eliminadas y ver si nos íbamos a entender en el proceso creativo. Ese trabajo se convirtió en SELF SERVICE, a continuación la primera página pero pueden ver el resto pinchando aquí:

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Viendo los resultados nos lanzamos a por Renacimiento. Como todo proceso ha tenido sus altibajos y hemos tardado en encontrar desde el diseño de personajes que nos gustara hasta qué tipo de papel era el adecuado porque nuestra gran apuesta en la era digital es que todos los dibujos sean sobre papel y lo único digital sea incrustar los textos.

1ª Página de Renacimiento

1ª página de Renacimiento

Ahora estamos terminando el primer capítulo y lo estamos regalando en Facebook (https://www.facebook.com/RenacimientoComicBook) así que os ruego le deis “me gusta” y compartáis con vuestros contactos. Más adelante lanzaremos un crowdfounding para conseguir fondos pues tenemos por delante un año de trabajo como mínimo.

Como guionista el mayor reto al que me estoy enfrentando es la elipsis en el cómic. Hay que eliminar mucho más que en el cine y lograr que haya una continuidad. También cómo abordar una panorámica, qué textos poner o no poner. Mi apuesta fue que las primeras 10 páginas no tuvieran nada de texto. Tras contrastarlas con las opiniones de gente cercana la expresión que más me llamó la atención fue está muy silencioso. Me bajé de mi burro y decidí poner cuadros de texto, un monólogo interior de un personaje que ciertamente ayuda a dar sentido y mayor profundidad a las imágenes. El proceso está siendo en cierto modo intuitivo, incluso la ubicación de un cuadro de texto siento que puede tener un significado dramático. Es otra forma de dirección y otra forma de debatir. Octavio y yo no tenemos límites a la hora de poner más o menos escenarios, más o menos extras, no hay más límite que el que marca la historia. Eso sí, llegan los tamaños de unos cuadros, si hay que ver o no como lanzan un objeto, etc… se genera el debate.

Con Renacimiento esperamos contentar tanto a amantes del género como a neófitos que acaben rendidos primero por el impactante dibujo de Octavio Logo y luego por la propia historia que a través de diversas peripecias les plantee preguntas sobre nuestro futuro.

Como conclusión reitero esa máxima de que “el cine que no se ve no existe”, pero sirve para cualquier historia. Si de verdad confías en tu guión busca otra forma de llegar al público, novela, cómic, fotonovela, audiolibro… Al final lo que nos mueve es contar historias así que no permitas que nada te detenga.

SOBRE LA ESCRITURA EN PAREJA. CRUZANDO EL SENTIDO.

Un post de Natxo Fuentes: Coguionista del largometraje Cruzando el sentido.

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Fue en una mesa de la desaparecida cafetería de Ciudad de la Luz donde escuché las palabras “Cruzando el sentido”. Iván me habló de una idea para un guión cinematográfico, tenía una premisa visual que me pareció muy potente: un skater cruza la península sobre un monopatín. Pensé que tenía un diamante en bruto fascinante. La idea quedó como un ronroneo en mi mente durante un tiempo, hasta que, meses después, Iván vino a proponerme escribirlo conjuntamente.

Iniciamos un proceso creativo de lo más interesante al intentar aunar las dos creatividades por un camino que podría haber sido complejo y disonante. En cambio, nuestras dos personalidades se adaptaron perfectamente al ritmo de la historia y entramos en una buena dinámica de construcción narrativa. Pusimos en común nuestras referencias visuales y de géneros, que nos llevaba desde “Asesinos Natos”, “Hacia rutas salvajes”, “The Big Lebowski”, “Easy Rider”, “Una historia verdadera” e incluso “París, Texas”. Aquel magma de ideas parecía llevarnos hacia un viaje lisérgico de no retorno. Contra todo pronóstico armamos una roadmovie, una historia dramática con tintes cómicos que se entrelaza con el falso documental para generar una expectativa mediática.

Queríamos que Alonso, el protagonista, tuviera referencias quijotescas, persiguiendo gigantes imaginarios en un viaje plagado de personajes extravagantes que le llevaran a situaciones que cruzan los sentidos. Claro está, todo esto sin caer en el esperpento, y tengo que reconocer que fue todo un reto mantener el tono narrativo, un pulso trabajoso al mezclar en su elaboración un punto mágico dentro del drama y la comedia.

“Cruzando el sentido” transcurre por diferentes paisajes de la península ibérica desde la huerta de Valencia, pasando por la Meseta manchega, hasta llegar a los pastos gallegos. Todo en un viaje interior del protagonista cuestionándose qué valen los sueños y qué hay que hacer para cumplirlos. La historia va descubriendo poco a poco el motivo por el que este joven viaja sobre un “juguete”, al tiempo que los sentimientos de libertad y disfrute del viaje nos envuelven por las carreteras que transita.

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La historia mezcla formatos. Queríamos que el falso documental funcionara como bisagra entre situaciones al tiempo que generara un interés mediático por este extraño viajero que muestra la dependencia social a héroes catódicos.

CES está escrito a dos bandas, y resulta de los más gratificante. La confianza con Iván, que posteriormente fue el director de la película, fue total en la escritura, correcciones y reescrituras. Y creo que lo más importante: los “feedbacks” eran continuos. Llegamos a intercambiar más de 10.000 mensajes de facebook durante la escritura de guión, hasta nuestras parejas sentimentales llegaron a sentir celos de esta relación. Cuando Iván tardaba un día en contestar me sentía mal.

La escritura de un largometraje es una carrera de fondo donde necesitas un frontón sobre el que lanzar tus dudas y frustraciones. Hay que exorcizar los bloqueos y miedos al fracaso. La escritura en pareja permite exteriorizar continuamente el trabajo, y muchas veces detectar los defectos antes o durante los comentarios del compañero, así como sentirte alentado por los comentarios positivos de esa escena que acabas de escribir, y que luego él retocará para que crezca en comicidad o en dramatismo. Iván y yo entramos en esa simbiosis creativa que nos llevó a cruzar el sentido.

LA OPTOGENÉTICA APLICADA AL GUIÓN

Por Gabi Ochoa

Proscrastiné. Un enlace me llevó a un artículo, de ahí a más de 6 horas de seguimiento y de investigación. Eso es a veces lo que hacemos los guionistas. Proscrastinar. No, no, documentarnos.

El artículo no iba sobre la materia, pero era el primer hilo del que extraer la madeja. Hablaba de Neil Harbisson, el primer ciborg reconocido. Tras leerme todo lo que había de Neil en la red, caí en un término: optogenética.

No soy experto en la materia, pero entendí que esta ciencia se dedicaba a apagar o encender pensamientos, ideas, dándole luz a ciertos tipos de neuronas. Se iba armando, junto a muchos artículos y post sobre casos tan dispares como el próximo viaje a Marte o avances e ideas sobre el futuro, un próximo proyecto audiovisual.

Pero la idea, el germen, estaba ahí: cambiar los estímulos cerebrales a través de una ciencia. ¿Era eso posible? Todos recordábamos Olvídate de mi y el cerebro borrado de Clementine, pero nadie pensaba que eso podría llegar. De hecho algunos artículos hablaban de que en un futuro se podrían curar con esta técnica, la optogenética, la adicción a la heroína o el alzheimer. ¿Se podrían borrar los malos recuerdos?

Todo los guionistas tenemos fracasos. Sonados. Creemos alcanzar la gloria, y zas! te hundes en la miseria. La serie está a puntito de firmarla la cadena, compra la botella de champagne más cara, o me encanta tu historia, será un nuevo guión en mi serie. Pero nada. Todo sigue igual. Tú escribes, mandas mails, no te los contestan, y sigues escribiendo con la idea de que tu trabajo será un día reconocido. ¿Podremos borrar esos malos recuerdos?

El otro día lo hice. Le dije a mi hijo, de apenas 8 meses: no seas guionista. Me niego. Sé médico, policía, abogado, banquero, ladrón, yo-que-sé procurador de bolsa. Pero no escribas.

Me gustaría borrar los recuerdos malos, los malos recuerdos, aplicarme la optogenética en mi cerebro y resetearme como creador. Pero solo lo puedo hacer en la ficción. Por eso lo intento, constantemente. Reivindico la bajona, el dejar caer los brazos un tiempo. Para tomar impulsos, para crear. “Cuando no estoy creando, estoy destruyendo” como diría Handke. Pero sigo, a ciencia cierta no sé si alguien querrá leer mi próximo proyecto, sobre futuro, sobre la imposibilidad de amarnos y sin embargo sobre como estamos tan tan tan conectados. Pero sigo dándole a la tecla. Pienso en cómo hay que entrarle a un coordinador sin ser descortés, pesado o que te tilde de gilipollas. Solo quiero vender, venderme y hacer ver que sé escribir. Son 20 años, y parece que fue ayer. De hecho, sigue siendo ayer. Todo es ayer.

Tal vez no haya que borrar los malos recuerdos, las malas rachas, los malos instintos y las malas escrituras. Están ahí. Diciéndonos: chico/a lo hiciste mal, mejora. No hay optogenética en el mundo real, hay recuerdos. Que bonitos son cuando nos van de cara y qué putas cuando nos dan la espalda.

Creo que he visto muchas espaldas y me apetece ver caras. Llevo callado mucho tiempo. Pero callado no es inactivo, es pensativo. Madurando. Macerando. Veo miles de compañeros con una actividad frenética y me digo, ¿tengo que seguir la senda?

¡¡Optogenética, la ciencia que borra los malos recuerdos, ya está aquí, ya llegó, podrás borrar las cagadas, ese mail a deshora, esa reunión al traste en la cadena, ese capítulo horrendo que escribiste!!

Serás Dios, no, serás Aaron Sorkin, Vince Gilligan, David Chase, David Simon. Tendrás que cambiarte el nombre y llamarte David, que es el nombre de muchos creadores talentosos. Déjate, sé tú. Déjate de ir a seminarios a lo Charlie Kaufman que das pena, mucha pena. Llevas 20 años y parece que empezaste ayer. Pero nadie sabe nada, o casi nada. Pero sonríen. Todos los días. Y lo publican. Sus sonrisas. Pero son falsas. Están en sus casas comiendo panchitos y con caras tristes. Y escriben. Cuando pueden y les dejan, firman sus libros. ¿Oh, Dios, por qué esta plaga de guionistas-novelistas? ¿Qué no pueden escribir guiones y ya está? No, tienen que ESCRIBIR, porque eso es la novela, escribir con MAYÚSCULAS.

¿Y la optogenética? La olvidé, se fue al traste. ¿La optoqué? Mierda borrar los malos recuerdos, sí, hay que borrarlos. Hay que poner que estás feliz con tu próximo proyecto (¿Próximo qué?), que es la repera y que se lo han leído… mucha gente, se lo ha leído mucha gente. No. Se lo ha leído Álex de la Iglesia lo menos. Que cojones, Spielberg, puestos a fardar, Spielberg. ¿pero Spielberg hace tele? No me jodas, que es el puto Spielberg. Para. Escribe. No leas. No leas a los referentes. Desconéctate. Escribe y lee solo aquello que tiene que ver con tu proyecto. Sobre Marte, sobre la soledad, sobre el cerebro hackeado, sobre como todo eso es vida. Eso, sobre la vida, porque de eso va el recuerdo, de hacer ver, de vivir.

Mierda me fui. Pero no recuerdo nada malo. No mientras escribo. Una vez escribí en un currículum que podía escribir 16 horas seguidas. Así, 16 horas. Y lo hice. 16 horas. Y rodé 24 horas seguidas. También lo hice. Ahora queda reinventarse otra vez. La vigésimotercera vez. ¿Montamos un bar? Déjate. ¿Vuelves a dar clases de lengua y literatura? No me jodas que tengo 40. ¿Y cocinar? Se me dio bien un tiempo, pero… no sirves para nada. Para escribir. Para nada, eso no es nada. Sí que lo es, no me jodas. Escribir es conocerse, no sabes la cantidad de dinero que me ahorro en terapia.

Esto va siendo un adiós. Guionistasvlc tiene los días contados. Yo tengo los días contados en Guionistasvlc. Hemos cumplido un ciclo, y ahora que parece que viene el cambio y que nos cuesta más y más escribir, nos tomamos el blog de manera sabática. No sabemos si indefinidamente o si alguna vez retornaremos. Pero hasta junio estaremos por aquí (en contadas ocasiones) y cerramos el lugar. Se quedarán, claro está, todos los post, pero ya no escribiremos más por aquí. No olvidemos los buenos recuerdos. Los malos, siempre están ahí, jodiéndonos.

A mi, a Gabi Ochoa, me tenéis en el nuevo blog personal que llevo desde mi web. No solo hablo de guión, pero si os interesa, allí estaré. Y seguiré colaborando allá donde me llamen. Escribo 16 horas. “16 hours writing people”.

Pero como la optogenética dice, trasformaremos los recuerdos, aquellos que nos quedan, en buenos recuerdos.

NEGOCIAR

Por Gabi Ochoa

Hace más de un par de semanas que vi “Negociador” de Borja Cobeaga, y todavía sigo pensando en ella y sobre todo en el magnífico tono, tan difícil de trabajar en un tema como ETA y las negociaciones.

[OJOCUIDAO! SPOILERS A GOGÓ]

Obviamente todos pensamos al verla aquella máxima, que yo oí a Azcona, pero que seguramente será de otra persona: tragedia + tiempo = comedia.

Y ese es el acierto de la peli, como mezclar los momentos cómicos, aunque más bien patéticos de la historia, con el gran drama que fue el terrorismo de ETA y sus consecuencias. Sobre todo, como la última parte de la peli se encabrona hasta un final demoledor, no por duro sino por esa sensación de brazos caídos que se te queda.

Fui con mi amigo Marci Menéndez y al acabar con unas birras estuvimos largamente hablando sobre la peli, y sobre cómo es curioso que este tipo de peli, un riesgo para el guionista y director, solo se dé en España a partir de la tercera o cuarta peli (si llegas) cuando en otros lares vemos grandes debuts absolutamente radicales (no sé porqué me vino a la mente “Whiplash”). Seguro que no es así y alguno me lo rebatirá, pero esa es la sensación que tuve en el momento.

Pero en todo caso la peli creo que supone algo más para los guionistas. Entre sus secuencias (algunas realmente memorables) destila una buena reflexión sobre nuestro oficio y la manera de venderse y relacionarnos con los productores, y eso es lo que me gustaría extraer aquí.

Estos son las 5 valiosas reflexiones que me quedaron, y que creo que sirven muy mucho para nuestro oficio, y nunca mejor dicho, para negociar (contigo mismo o con los demás):

· La sencilla secuencia inicial (un señor esperando su comida y un trozo de filete friéndose) nos revela enseguida el conflicto, pero sobre todo un punto de vista de lo que vas a ver. En otras palabras: guionistas, nuestras historias se les pueden ocurrir a mil, nuestros puntos de vista no.

Hagámonos fuertes en contar y hacer hincapié en el qué, por supuesto, pero dejando claro el cómo.

Y no hace falta muchas y muy variadas palabras: las imágenes caen a peso. Esa secuencia se debería explicar en todas las escuelas de cine patrias.

· La película juega a secuencias paralelas que una suele ser la antípoda de la otra. Es el caso del personaje de la prostituta que sale en solo 2 escenas. En la primera, cuando Ramón Barea le empieza a explicar porqué ha tenido un gatillazo, encuentra, de una puta, la respuesta: el trabajo. Y eso le lleva a un problema con el lenguaje. No sé porqué, pero me vino a la mente esos momentos donde encuentras la clave de una secuencia, y de cómo manejar una situación dramática, pensando en otra cosa, incluso, hablando con amigos, familiares que no tienen nada que ver con el sector.

Hay que desobsesionarse de lo que haces para encontrar la clave de lo que buscas. Parece sencillo, pero el cerebro humano nos juega malas pasadas.

. Uno de los momentos más impactantes es la detención del personaje de Areces (magnífico en su papel de cabrón despiadado). Una secuencia musical, en la que la rabia, y sobre todo las consecuencias que tendrá se palpan en el ambiente.

Somos humanos, y como tal actuamos. ¿Cuántas veces hemos estallado y hemos dicho, “hasta aquí”, “me bajo”, “no puedo más”? Cuando no insultos. Hay que descargar y es lo más lógico. ¿qué siempre lo pagan los más cercanos? Pues hay que intentar saber disculparse y sobre todo canalizarlo creativamente. De eso hablé en este post sobre el enfado.

· Un primer plano donde se ve un traje y alguien intentando ponerse una corbata negra. La toma es tan gráfica que no hace falta definir más, pero enseguida nos llega ese momento de desilusión. Se ha ido todo a la mierda. Ya está. Pasa, pasa en un guión, en una negociación, en una escena que no sale. La verdad: huyo de aquellos a los que TODO les va bien. Es imposible. Es importante que a veces se te vaya al garete el proyecto. No estaba cuajado o no era el mejor proyecto, hay que verlo con perspectiva. Ahora, no tiremos la toalla a la primera de turno, porque…

· Creo que lo redondo de “Negociador” está en ese final, un optimismo derrotista que tan bien está traído y que tan bien define el cine de Cobeaga. Sí, todo se fue a la mierda, pero parece que lo intentó el personaje de Ramón Barea. Y así se lo hacen ver sus amigos cuando entran al bar y cerramos con una secuencia idéntica a la primera. Sencillez y humanidad todo en uno.

Es verdad que no todo sale bien. Nunca te compran el proyecto por lo que quieres, el coordinador te tumba 7 escenas y tienes unas notas de espanto, llevas encallado con ese guión 7 meses, pero… ni va a ser así siempre, piensa que estás mejor que cuando empezaste, y que no bajamos a la mina, como se solía decir.

Con todo, creo que es una peli redonda. La que debería arrasar en los próximos Goya. Sé que alomejó ni estará nominada, pero Borja, por como la has contado, por la valentía que te enfrentas al tema, por cómo destila pequeñas sabidurías de todo a cien para guionistas y creadores, gracias majo.

PS. Tenía muchas ganas de verla además porque percibía que el tono de la peli era muy parecido a como había acometido “Las guerras correctas”. Y creo que no me equivoqué. Es duro hablar sobre algunos temas, pero ponerse altivo y grandilocuente a veces no ayuda a nada. Que somos guionistas, no políticos.

 

CULTURA QUE PODEMOS: NOTAS AL PIE DE PÁGINA


Por
Gabi Ochoa

Algo había causado revuelo en las redes, en la gente de la cultura. A mi me pillaba en plenos ensayos de “Las guerras correctas”, pero daba igual, me citaban para que diera mi opinión.

Podemos Cultura lanzaba un memorándum de 10 páginas donde indicaba las líneas básicas sobre las que trabajar. Alicia Luna fue la primera en decir, en dar una opinión. Posteriormente en redes sociales muchos compañeros dieron su particular visión. No quería entrar en ese debate hasta leérmelo y estudiarlo con detenimiento. Lo sé, voy fuera de tiempos, ahora que todos están en la misma pelea con Ciudadanos y Luis Garicano, pero creo que hacia falta una lectura sosegada (al igual que la reflexión).

Lo primero: en líneas generales, me parece sensata la propuesta. Lo sé, la mitad de mis compañeros se tirarán las manos a la cabeza, pero creo que no han entrado en profundidad. 6 generalidades antes de entrar a desmenuzar el documento:

– La relación cultura y comunicación no me parece una idea descabellada, sino fruto de nuevos (y convulsos) tiempos. Ante una comunicación más politizada y menos independiente hace falta darle la independencia que se merece, y sobre todo trabajarla en conjunto.

– Creo que los compañeros de Podemos Cultura meten la pata o no se saben expresar cuando entran en un tema espinoso como los derechos de autor. Confundir derechos de autor y entidades de gestión (que “gestionan” esos derechos de autor) es un error de principiante. De primeras: los derechos de autor son inalienables. Esta afirmación no la digo yo, esta recogida en miles de documentos oficiales (Estatutos SGAE, contratos, acuerdos, etc) y es importante decirlo. Nadie pone en duda los derechos de patente (que son los derechos de autor de los inventores). Es más, nadie sabe que los paga. Porque señora, ¿no creerá que no paga un canon al comprar una fregona, un canon que va a parar al inventor o familiar en su defecto? De verdad, aquello que has creado tiene que darte un rédito, ese es tu valor como autor. Quien defienda lo contrario, por favor, que pase a sacarse el titulo de la ESO.

– Un acierto cuando sacan a a colación la importante labor de la pedagogía cultural. Todo viene de antes, una cultura fuerte emana de una educación con raíces bien asentadas. Indispensable y gran acierto en estas líneas base.

– Me preocupa muy mucho la perversidad del concepto de “transparencia”. Pese a que alguno le repatee, tengo que sacar a colación a Byung-Chul Han y “La sociedad de la transparencia”. “La transparencia tampoco hace clarividente. La masa de información no engendra ninguna verdad. Cuanta más información se pone en marcha, tanto más intrincado se hace el mundo. La hiperinformación y la hipercomunicación no inyecta ninguna luz a la oscuridad”. El tema es largo y extenso, pero por resumir y siento ser tan reduccionista: no necesitamos gestiones transparentes, necesitamos BUENAS gestiones. La transparencia obliga a un control, parece que estemos diciendo: no nos fiamos de esa persona, grupo, sistema. Y ese es el error mayúsculo. Puede ser “transparente” la gestión y ser un puto desastre. Tiene que ser eficiente, clara, con unas líneas marcadas, independiente, pero no hace falta que sea transparente.

– Es lógico y coherente trabajar dentro del concepto de “buenas prácticas”, en realidad se ha hecho ya y hay instituciones culturales en España que funcionan así (IVAM, CDN o Reina Sofía por poner tres ejemplos). Sería absurdo no ver esa evidencia. Lo que sí hay que hacer es despolitizar esos consejos consultivos y que los profesionales tomen las decisiones sobre la cultura.

– Por último, hecho en falta una descentralización bien entendida. Se hace hincapié en la democratización de las instituciones, pero uno de los lastres es su centralización, en un Estado plurilingüe y con múltiples culturales. Es curioso que en materia sanitaria las competencias sí que sean de las Comunidades Autónomas, mientras que en Cultura, parece que así es, pero en la práctica, el monopolio pasa por la capital del reino. Creo que es una doble dirección: descentralización y permeabilización para conocer todas las realidades.

Comentadas estas líneas generales. Sí me gustaría entrar en cada apartado para ver qué aspectos positivos desarrollan y que otros deberían mejorar (léase con el documento ad hoc La Cultura que Podemos):

INTRODUCCIÓN

Dos frases me saltan enseguida a la reflexión:

“la institucionalización de la cultura ha transformado la necesaria tutela de las administraciones en dependencia”

“se ha instrumentalizado la cultura como recurso –económico o político- al servicio de causas ajenas”

De la primera me recuerda aquel “de la subversión a la subvención”, que como lema vale, pero es como enumerar un problema y no darle solución, por lo que cae en la demagogia.

En cuanto a la segunda sí me preocupa: ¿no puede ser la cultura un lugar de beneficio, entiéndase económico claro está, para el creador, artista, productor del obra de arte? ¿hay alguna causa ajena que se me escape? Eso en recurso económico, pero en cuanto a recurso político iría más allá, ¿entonces el teatro de Weiss, Brecht, Hare es un teatro no válido? Al ser un teatro de marcado carácter político (y entendamos este concepto en todas sus extensiones) lleva a otra causa: la reflexión, el posicionamiento, el análisis de una realidad, que es una causa ajena a su función dramática / teatral.

En esta introducción, como en algunos puntos tengo la sensación de apuntar cosas que no se quieren cerrar, y pueden dar pie a significar una cosa o su contraria. Y eso es peligrosísimo.

POR UNAS POLÍTICAS CULTURALES A LA ALTURA DE LOS TIEMPOS

En el primer punto destacan los 4 desafíos que impulsan desde Podemos Cultura, alguno de ellos, discutible:

– Reconectar su valor con los intereses de la ciudadanía a través de la participación y el acceso

– Constituirse como sector creativo sostenible, autónomo y diverso

– Reducir la dependencia institucional y sus adherencias

– Superar el marco de las instituciones y programaciones culturales para, incluyéndolas, posibilitar que la ciudadanía cree, se explique y se represente en espacios y modelos que van más allá de lo oficial o lo comercial.

El 2º y el 3º son los que me generan más dudas. El concepto de sector cultural autónomo me devuelve otra vez al neoliberalismo, a “apañaos vosotros con lo vuestro” cuando vemos que las políticas culturales que realmente funcionan son aquellas donde la Cultura (con mayúscula) adquiere función de Estado. Hemos entendido mal: que el Estado ponga un paragüas a la cultura no significa que no pueda ser crítica con él (con el Estado) y que no sea independiente. Esto hay que explicarlo cada vez más en España, algo impensable en Holanda o Francia, por poner dos ejemplos reconocibles.

En cuanto a la dependencia ahonda en lo mismo: no es malo depender de “papa” Estado. Lo malo sería que esa dependencia obligara a seguir un único modelo de creación, siendo solo ese modelo el lógico. Por ejemplo, que solo se hicieran obras románticas porque al ministro de turno le gustan ese tipo de obras. El ejemplo es burdo pero creo que explica muy bien la relación Estado-Cultura.

POR UNA POLÍTICA CULTURAL COHERENTE Y TRANSFORMADORA

En los seis puntos a los que debe aspirar las políticas culturales existen algunas contradicciones, si bien hay que decir que en ocasiones, como planteamiento, son puntos de partida interesantes.

En el primero ya se cae en ello: “Transformar los modelos actuales que priorizan la mercantilización, la instrumentalización y el clientelismo, para devolver a la cultura su carácter creativo, libre, placentero, crítico y diverso.”

Contraponer lo mercantil a lo libre y creativo es algo extrañísimo: para mi puede ser creativo que alguien haga una determinada película, pero si quiero verla debe extraer una mercantilización de ese proceso.

Tengo aún más problemas con los conceptos de placentero y crítico. El placer no es el mismo para todos (depende de muchos factores), al igual que el análisis crítico. ¿Quién establece que eso sea así?

En el quinto punto creo que hay un error (o se ha cometido). Dice textualmente: “Promover medidas que defiendan la sostenibilidad económica de la cultura, lo que implica, por un lado, defenderla de la precariedad laboral y profesional,…” tuve que leerlo dos veces para entender que se necesita una cultura no precaria. La estructura de la frase da lugar a pensar lo contrario.

En todo caso en ese quinto punto lo importante es la máxima “…colocarla en el terreno de la emancipación económica y la autofinanciación,…”, lo que me recuerda que están proponiendo un modelo más cercano al liberalismo que a la asunción por parte del Estado del papel de motor de las políticas culturales (ese término tan contradictorio). No creo que haga falta volver al comentar el modelo francés, no?

Por resaltar los aspectos positivos, creo que sí, que hay que huir del cortoplacismo, que hay que fomentar la diversidad cultural, y promover la participación activa de la ciudadanía. De hecho creo que el documento en si tienes una buena base con la que empezar a trabajar, pero muchos matices peligrosos que pueden ser una cosa o totalmente la contraria.

POR UNA CULTURA LIBRE Y AUTÓNOMA

En este caso hacen ver cuáles deberían ser las vías de gestión y financiación, y vuelven a entrar en unas buenas intenciones y en quererlo todo, que si bien en la utopía puede resultar enriquecedor, en la práctica es complicado.

De los cuatro puntos me detengo en dos, el segundo, donde (cito textualmente) “la devolución de las cantidades subvencionadas cuando se alcance un techo de beneficio”, que si bien puede parecer lógico es perverso (lo del enriquecimiento a gogó todos entendemos que debería ser controlado, aunque en la lista Falciani pocas gentes del sector Cultura vas a encontrar). ¿Quién pone ese techo? ¿Será equitativo? ¿Dónde está la vara de medir?

En el último punto otra espina: “una legislación de desarrollo y financiación cultural que fomente la colaboración de particulares y entidades privadas para apoyar la creación artística…” ¿Entonces la panacea es el mecenazgo, algo netamente privado? ¿Y cómo se genera eso en un país que NUNCA ha habido una cultura de mecenazgo?

POR UNA CULTURA DE Y PARA TODAS Y TODOS

Tema espinoso este punto cuando se meten en dirimir qué son los derechos de autor. Ya el primer punto es cuanto menos curioso “Modificar la legislación en materia de propiedad intelectual, a partir de un diálogo amplio con los sectores implicados y la ciudadanía, para adaptarla a las particularidades del mundo actual”. Yo pregunto, ¿Qué tiene que ver la ciudadanía en esto? ¿Por qué es juez y parte? ¿Por qué dejar a los creadores en inferioridad de condiciones? No creo en la voz de la mayoría cuando esa voz no es sensata y razonada (el tiempo da o quita la razón, que todos sabemos como ascendió Hitler), y confrontar la propiedad intelectual con la ciudadanía me parece temerario. Me gustaría saber el porqué.

En el punto tercero sí que marcan algo, que todos sabemos que es el verdadero problema de todo esto: “…en virtud de los beneficios que obtienen por las nuevas vías de distribución”. Yo añadiría “y las antiguas”. Porque sí, ahí está. El lucro de las teleoperadoras, que son en última estancia donde va el ciudadano para extraer unos servicios (ya sean legales o no) es lo que debilita a los creadores. Si van a proponer, que comiencen por ver qué pasa con las descargas ilegales y lo que cuesta la tarifa plana en España y los contenidos legales o no. Ahí, todos lo sabemos, está el quid de la cuestión.

El punto cuarto, hay algo que no entiendo del final: “Asimismo se buscará reducir la presencia de intermediarios para poder aumentar así los ingresos netos de los autores y, al mismo tiempo, acercar a creadores y usuarios”. Esto que a priori suena tan utópico parece cargar contra las entidades de gestión. Y hay que defender el trabajo que se hace desde ellas. Otra cosa es que hayan tenido casos de corrupción que nos ha avergonzado a los creadores. Pero no sé cómo van a reducir intermediarios, si no se propone desde alguna institución una ayuda complementaria. Estaría bien explicarlo. Creo que parte de un desconocimiento de la realidad de las entidades de gestión y de ver como en algunos casos (caso Bautista, por ejemplo) quedan manchadas.

POR UNAS INSTITUCIONES CULTURALES DEMOCRÁTICAS Y TRANSPARENTES

En este punto defienden los tres axiomas que debería tener una institución cultural pública: democracia, transparencia y gestión responsable.

Como he dicho anterior no estoy de acuerdo en la transparencia, no porque no crea en ella, si no que, como pasa aquí, se deja de lado una gestión eficiente, creativa, una buena gestión (y sé que el vocablo “buena” cada uno lo asume de una determinada manera).

Partiendo de esta base, creo que hay un buen razonamiento de cómo alcanzar esos logros (punto clave: “instituciones autónomas e independientes del poder político”), pero en el último punto echa en falta algo que comentaba al principio: crear instituciones descentralizadas, interdependientes entre si, que permeabilicen su trabajo, que hablen de tu a tu.

Desgranan cada uno de los apartados (Democracia, transparencia y gestión responsable), teniendo un par de peros en los dos últimos.

En “Transparencia” hablan de “la pluralidad sea el antídoto contra el amiguismo y el clientelismo”. Bien, pero, ¿Cómo se lleva a la práctica? Y por otro lado me pregunto, ¿puede haber un “amiguismo” bien entendido? ¿Qué pasa cuando de verdad ese “amigo” es el más preparado, lo apartamos por ser “amigo”?

En “Gestión responsable” hablan de “Equilibrar y controlar la externalización de los servicios culturales”, lo cual también veo razonable, actuando de buena fe, claro. Como declaración de intenciones es perfecto, como realidad, me da miedo ese “control” de los servicios culturales.

CULTURA Y CONTEXTO

En el último punto vuelve a haber de cal y de arena. El la primera parte, titulada “Por un espacio y patrimonio cultural protegido y abierto”, puedo estar de acuerdo en gran parte de lo que se comenta (yo que vivo cerca del barrio del Cabanyal en Valencia, esto ha sido importante para parar la especulación inmobiliario, ha sido un BRA-VO de la cultura), pero me choca esto “Limitar la apropiación del espacio público y patrimonio edificado por iniciativas privadas y marcas comerciales con fines puramente mercantiles o publicitarios”. ¿No sé van a poder hacer anuncios en nuestra ciudades? ¿No venden esos anuncios un país, una “Marca España” tan devaluada? ¿No es esa mercantilización (vista de una manera utópica eso sí) un provecho para nuestra cultura a fin de cuentas? A reflexionar.

En ese mismo punto dan pie a algo muy interesante “Recuperar aquellos espacios públicos en desuso para destinarlos a fines culturales”. Hace falta, mucha falta. Algo que en Berlín ocurrió en los ochenta y noventa, es muy necesario en una España especulada por los gobiernos que liberalizaron el suelo.

El siguiente apartado “por una cultura visible y formativa” es uno de los que da pie a ver cierta lógica al documento, y sobre todo, es un posicionamiento buenísimo y muy bien razonado. Un bravo. “Incentivar los esfuerzos para la educación y la comunicación cultural, e impulsar la creación de departamentos que desarrollen proyectos educativos y sociales en el seno de las instituciones” es la piedra filosofal de todo. Es lo que dará sentido a todo. Comencemos por la pedagogía, por el interés libre y creativo de los más pequeños.

El último punto “por una política integral de comunicación, cultura y medios” van un paso más allá. Ya lo he comentado al principio y se nota que en estos puntos se hacen fuertes en algo que saben controlar: los nuevos medios y el papel de la comunicación en la cultura. Creo que la mayoría de los puntos están razonados y bien expresados, siendo, es verdad, un punto de partida.

Y al final hay una reflexión que a mi me ha hecho pensar.

“Un camino que no queremos recorrer sin la participación de la ciudadanía y de los profesionales y expertos en materia cultural. No queremos prefijar cuál será la meta, sino más bien señalar un punto de partida”.

No sé quien está detrás del escrito, pero sí que conozco algunas personas del ámbito cultural en Podemos. En Valencia, Áurea y Ximo, el productor Pancho Casal en Galicia y Cat en Madrid, y son personas sensatas, de las que escuchan, de las que quieren cambiar algo.

Me ha sorprendido la actitud de algunos compañeros ante el documento sin entrar a razonarlo, comentarlo, debatirlo, sino más bien a hacer chacarrillos, chistecillos (algunos con más gracia que otros, que todo hay) y opiniones de salón de casa. Volvemos a lo mismo: es que si no me llaman, no me muevo de casa, y creo que es un profundo error. Nadie ha dicho que no vayan a llamar a nadie. De hecho es la primera vez que un partido político, que viene de un movimiento ciudadano, se lo toma en serio. Lo de quedar a comer con gentes de la cultura, siempre me ha parecido de un demodé que tira p’atrás. No queremos echarnos unos pinchos y unas risas con los políticos, queremos compromisos firmes con la cultura. Dejemos de ponernos en plan víctima, y no cuesta nada acercarse a una reunión, preguntar, saber.

Ya es hora que la pluma (el teclado o lo que creáis que os identifique) baje a la calle. No esperemos a que nos llamen, nos seamos elitistas. Sea aquí o sea en cualquier lado. El texto, la palabra, es nuestra manera de hacernos entender. Utilicémosla.