¿Cómo tener ideas brillantes?

Por Rafa Ferrero

Este es mi último post para GuionistasVlc, así que he decidido romper la baraja.

Seamos claros, los blogs de guión llevamos años mareando la perdiz, dando consejos de todo tipo sobre cómo escribir, pero evitando a toda costa hablar de lo verdaderamente importante. Ya era hora de que alguien tirase de la manta. Siento tener que ser yo, pero es que no se me ocurría nada para este post y claro, al ser el último, quería acabar en alto.

Después de que esto se difunda, probablemente, todo hijo de vecino (hasta el del primero izquierda) empezará a escribir guiones o, al menos, sabrán que podrían hacerlo si quisieran, y los guionistas dejaremos de ser admirados por la sociedad.

Sí, amigos, este es el post que responde a la pregunta:

¿Cómo tener ideas brillantes?

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Con este título, imagino que muchos habréis llegado hasta aquí esperando encontrar fórmulas o consejos para ser más creativos. Tal vez imagináis técnicas capaces de catapultar la mente a un estado de hiperactividad o algo por el estilo. Pues no encontraréis nada de eso, al menos no de forma legal. El mensaje que os traigo es otro muy sencillo: Las ideas no brillan.

Buscar una idea brillante es como buscar una lámpara mágica. Puedes frotar todas las lámparas que quieras, jamás verás aparecer ningún genio.

Esto puede parecer decepcionante pero, si lo piensas bien, te darás cuenta de que en realidad resulta liberador, porque cambia las reglas de un juego en el que creías que ibas perdiendo. Ya no necesitas encontrar “la idea”, cualquier idea vale.

Los guionistas estamos obligados a parecer ingeniosos, creativos, ocurrentes, profundos… y toda una serie de adjetivos calificativos molones más. “Parecer” es la palabra clave de la frase. Nadie es todo eso. Es imposible. Vivimos de parecerlo, es lo que vendemos, así que nos hemos vuelto muy hábiles en esa tarea. Pero nadie sabe mejor que nosotros mismos lo delgada que es la línea en la que estamos practicando el equilibrismo.

Vendemos proyectos, trabajamos en equipos de guión, asistimos a reuniones y en todas y cada una de esas situaciones se espera de nosotros, cuando no se nos exige, que aportemos ideas brillantes. Convencer a todo el mundo de que somos capaces de conseguirlo una y otra vez es nuestro oficio. Pero la única forma de mantenerse en él y permanecer cuerdo es asumir que no son las ideas lo que brilla.

Si no me crees, prueba a hacer algo. La próxima vez que te cruces con un guionista, pregúntale en qué está trabajando y deja que hable. No hace falta que le escuches, lo que diga es completamente indiferente. Es más, procura no escucharle porque corres el riesgo de que consiga embaucarte y entonces el experimento fracasaría. Piensa en cualquier cosa y procura poner cara de “te estoy escuchando”. Cuando llegue el momento, y notarás que es el momento porque de repente se creará un silencio incómodo en el que él o ella esperará tu aprobación. En ese momento di: “Bueno, no está mal”. Dilo como sin ganas, como si le estuvieses haciendo un favor, pero dilo mirándole a los ojos porque en ese justo instante podrás ver la VERDAD. Verás inseguridad. Verás que nadie, ni siquiera el guionista más consagrado puede sentirse completamente seguro de ninguno de sus proyectos. Acaba de venderte la idea como si fuese la mejor que ha tenido la humanidad en toda su historia, pero si tú, que no eres nadie, no le das tu aprobación, la idea se tambalea. Todo se tambalea.

Solo los guionistas nivel jedi son capaces de recibir una mala crítica sin pestañear y mantenerse firmes. Su firmeza se apoya en una sola convicción, que ninguna idea es capaz de valerse por sí misma y que incluso las ideas de éxito, las que hoy en día se ponen como ejemplo, tuvieron los pies de barro en su momento y podrían haber fracasado, como cualquier otra.

Hay tantísimos factores que determinan el éxito o el fracaso de un proyecto, que la idea primigenia se diluye como uno más entre todos ellos. Toda idea es una apuesta, todo proyecto tiene posibilidades tanto de ser un éxito como de ser un fracaso y nadie puede saber realmente qué sucederá hasta que el proyecto no echa a andar por sí mismo. Por lo que vender proyectos es como mentir. El secreto está en que no se te note. Un buen guionista no es más que alguien capaz de mirarte a los ojos y decirte sin pestañear que cree ciegamente en su proyecto, a pesar de conocer mejor que nadie sus debilidades.

Deja de esforzarte tanto por encontrar la mejor idea posible y concéntrate en aprender a vender lo más cara posible la primera idea que se te ocurra. Tarde o temprano, una de esas ideas acabará siendo considerada brillante y podrás vender las siguientes aún más caras. De este modo, tal vez algún día, consigas vivir de escribir.

Deja de perseguir ideas brillantes. Coge cualquier idea y ponte a escribir. No le dediques ni un minuto a elegirla, cualquiera vale. Lo único que tienes que hacer es presentar esa idea de forma que sea entretenida, impactante, divertida… y sobre todo, que esté bien escrita, claro. Pero eso ya llevan años explicando cómo hacerlo los blogs de guión.

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LA TERCERA VÍA FALLERA

 Por Rafa Ferrero

Estamos en fallas. Supongo que los que vivís en Valencia ya lo habréis notado…

Para algunos es una noticia cojonuda. Llevaban un año esperando que llegase este momento, otra vez, y ahora lo están disfrutando A TOPE.

Otros, en cambio, no le encuentran la gracia por ninguna parte. Estos son los sufridores, los renegados, los que cargan con todas las molestias que conlleva vivir en una ciudad ruidosa, abarrotada e incómoda, sin sacarle ningún partido. Muchos de ellos optan por marcharse. Aprovechan el puente festivo y huyen de la ciudad en busca de tranquilidad. Pero no todos pueden permitirse ese lujo. De hecho, son muchos los que se quedan atrapados en Valencia. Este post va dirigido a todos ellos.

Las fallas convierten Valencia en una ciudad irreconocible. Una ciudad en la que todo lo que pudiese parecer normal hasta hace dos semanas ha dejado de serlo y en la que suceden cosas imposibles de comprender en cualquier otro contexto.

Esto, queridos sufridores, nos brinda una oportunidad única. No es verdad que la fiesta de las fallas sólo se puedan amar u odiar, existe una tercera vía fallera. Deja de esconderte, sal a la calle y experimenta. Pero no te esfuerces en disfrutar, porque ese es el error. Aunque parezca mentira, pasarlo bien no es lo único que se puede hacer en fallas. La paleta de sensaciones es enorme y está ahí fuera esperando a que vayas a experimentarla. De hecho, para qué engañarnos, son muchos los que buscando pasárselo bien acaban experimentando cosas muy distintas. Miedo, alivio, asco, rabia, orgullo, impotencia, desorientación, hambre, náuseas, simpatía, odio… Sensaciones únicas e inolvidables de toda clase. Pues bien, si ellos pueden, tú también. Pero marca una diferencia importante, hazlo a propósito.

-Si quieres experimentar qué se siente siendo reportero de guerra, vete a un parque. Los hay de mayor y de menor intensidad, pero en prácticamente cualquier parque de la ciudad a prácticamente cualquier hora del día e incluso de la noche encontrarás un buen número de niños de todas las edades quemando toneladas de pólvora en cómodas dosis llamadas petardos. Habrá momentos en los que te sientas confiado. Aunque haya detonaciones todo te parecerá controlado. Pero, cuando menos te lo esperes, se desatará una escaramuza y tendrás la sensación exacta a la que se siente al quedarse en medio del fuego cruzado.

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Y si con eso no tienes suficiente, vete al río la nit del foc. La batalla no siempre se desata en el mismo sitio porque no es un evento oficial, pero cada año una hora antes del castillo de fuegos artificiales, un grupo de degenerados inicia una verdadera batalla campal lanzándose petardos de toda clase unos a otros. Si te atreves a meterte ahí en medio, probablemente salgas con quemaduras de segundo grado, pero después de eso podrás mirar a Arturo Perez Reverte a los ojos, como un compañero.

-Si quieres experimentar qué se siente al ser aplaudido por una multitud entregada, ve a la ofrenda de flores. Hay que conseguir estar lo suficientemente cerca y elegir bien el momento pero, si se hace bien, la experiencia puede ser única. Basta con gritar: “Visca la mare de Déu!” a pleno pulmón. Esa expresión despertará una reacción de júbilo inmediata en el público. Aplaudirán y gritarán como si acabases de soltar el mejor discurso de la historia. Pero si por alguna extraña razón no bastase con la primera frase, o si quisieras experimentar más a fondo esa sensación, siempre puedes añadir: “Visca la fallera major!”. Es probable que con esto consigas incluso provocar el llanto emocionado del respetable o que alguien quiera abrazarte. Disfrútalo.

-Si quieres experimentar qué se siente al llegar al mismo límite de tus fuerzas, trabaja como camarero. Como hay muchos, parece que cualquiera podría hacerlo, pero no es así. Ser camarero en fallas supone enfrentarse a un trabajo de alto riesgo que puede acabar física y mentalmente prácticamente con cualquiera. ¿Quieres vivir una experiencia límite? Pues coge una bandeja, un bloc de notas y no pares de servir mesas hasta que pase la marabunta.

-Si quieres experimentar qué se siente viajando en el metro de Tokyo en hora punta, viaja en metro en Valencia a las 13:30 en dirección a Colón o Xàtiva. La única diferencia es que puede que te encuentres una banda de música o una charanga tocando dentro del vagón, pero la proporción de seres humanos por metro cuadrado viene a ser la misma.

-Si quieres experimentar una sensación de alegría indescriptible, encuentra una plaza de aparcamiento en Ruzafa. Atreverse a hacer esto es arriesgado porque podría darse el caso de que, después de varios días al volante, tuvieses que aceptar la derrota. Pero si lo consigues, experimentarás la sensación de victoria y alegría más intensa de toda tu vida.

No importa si te conoces el barrio de Ruzafa como la palma de la mano o si no has estado allí en toda tu vida. Con la cantidad de calles cortadas por fallas, carpas, desfiles, charangas y mil razones indeterminadas más, saber si se puede girar a la derecha o no en el próximo cruce será un misterio seas quien seas.

Un consejo, lleva comida y agua para varios días en el coche y llena el depósito antes de empezar este reto. Buena suerte.

-Si quieres experimentar qué se siente al no poder dormir en una semana, alquila una habitación justo encima de un casal fallero. Si tienes la suerte de vivir encima de uno, enhorabuena, ya sabes de lo que te hablo. Los casales falleros son algo así como una discoteca no insonorizada donde se organizan verbenas cada noche hasta las tantas, despertás a primera hora de la mañana, paellas a medio día y charlas animadas en grupo y a pleno grito durante las 24 horas del día. Además, por supuesto, todo esto acompañado por un repiqueteo constante de explosiones pirotécnicas.

Habitar encima de algo así durante una semana, quince días en las fallas más animadas, supone enfrentarse al insomnio absoluto. A medida que pasen los días notarás que dejas de saber cuando es de día y cuando es de noche. Cuando logres echar una cabezada te despertarás sobresaltado por un petardo creyendo haber conseguido dormir una o dos horas seguidas, pero al comprobar el reloj descubrirás desesperado que no han pasado ni diez minutos desde la última vez que miraste la hora. Sobrevivir a algo así supone enfrentarse a una experiencia capaz de provocar que confundas realidad y ficción, sueño y vigilia, falleros y demonios.

En tus momentos de mayor debilidad, te preguntarás cómo es posible que los falleros puedan aguantar ese ritmo infernal y tú no. Ten cuidado, en esos momentos tu mente estará tan al límite que tratará de engañarte ofreciéndote una explicación muy sencilla que lo explica todo, los falleros no son humanos. Esta conclusión falaz, aunque poderosamente convincente, puede llegar a despertar en ti un impulso homicida irracional e irrefrenable. Si llegas a ese extremo, enhorabuena, estás viviendo la experiencia al límite, pero será mejor que pidas que te aten antes de que cometas alguna locura.

-Si quieres experimentar qué se siente al ser el blanco de ese impulso homicida irracional e irrefrenable, descalifica una falla delante de su presidente. Es arriesgado, pero como experiencia es impagable. Elije una falla, la que sea, pregunta por el presidente, seguramente no estará muy lejos de allí, y cuando aparezca dile: “Vaya mierda de falla”. Da igual lo que responda, si como única réplica te limitas a repetir la frase en cuestión tantas veces como sea necesario, antes o después, podrás ver en sus ojos ese impulso homicida irracional e irrefrenable. Vivir algo así supone ver el mal encarnado, supone experimentar en primera persona qué siente una gacela ante un león hambriento, supone comprender de una vez y para siempre qué se siente justo un segundo antes de fenecer.

Un consejo, a menos que también quieras experimentar qué se siente al recibir una paliza, huye nada mas veas esa expresión en sus ojos.

-Si quieres experimentar qué se siente al estar desnudo ante centenares de personas, ve a una mascletà. Si quieres experimentar algo así es que eres algo rarito, también te lo digo, pero eh! estamos en fallas, si eres rarito aquí te sentirás como en casa.

La operación es muy sencilla. Ve a una mascletà y colócate en medio de la plaza del Ayuntamiento. A falta de una hora de que empiece ya lo irás notando, pero cuando falten unos veinte minutos la oportunidad se hará evidente. La plaza se llena tanto de gente, pero tanto, que acaban todos unos encima de otros formando una auténtica marea humana. Es en ese momento cuando podrás bajarte los pantalones, o la falda o lo que lleves puesto hasta los tobillos sin que nadie se de ni cuenta.

Lo único que podrá verse de ti durante todo ese tiempo será la cabeza. Ni el que está pegado a ti respirándote en el cogote, ni Rita Barberá desde el balcón del Ayuntamiento podrán ver nada más de ti por mucho que se esfuercen. Por lo que tú podrás estar allí, en medio de toda esa gente, en pelotas y sin que nadie se de cuenta. Disfruta, degenerad@.

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-Si quieres experimentar qué siente un salmón al remontar un río, sal de una mascletà en dirección contraria. Aunque esta experiencia y la anterior tengan lugar en el mismo sitio a la misma hora, lo siento, no podrás realizarlas ambas el mismo día. Por suerte, se celebran mascletàs todos los días desde el día 1 hasta el día 19 de marzo, por lo que tienes muchas oportunidades de intentar cualquiera de las dos experiencias.

Para sentirte como un salmón, lo que tienes que hacer es ver la mascletà desde cualquiera de las calles adyacentes a la plaza del Ayuntamiento. Espera a que termine y justo en ese momento, mientras que todo el mundo aplaude, empieza a andar, o mejor dicho, empieza a intentar andar en dirección al Ayuntamiento. La cantidad de gente que anda en dirección contraria es tal que tratar de hacerlo te será prácticamente imposible. Pero con esfuerzo y práctica aprenderás las técnicas necesarias para conseguirlo. De hecho, si repites la experiencia varias veces, notarás que cada vez te sale mejor y, con el tiempo, puede que consigas fluir a contracorriente tal y como lo hacen los salmones río arriba. Cronométrate y trata de superar tus marcas. Quien sabe, puede que esto algún día se convierta en deporte olímpico.

-Si quieres experimentar qué se siente al consolar alguien totalmente hundido, pégate a una fallera mayor mientras se quema su falla. Esta es de las difíciles porque primero hay que ganarse su confianza, pero si se consigue, vivirás una experiencia similar a la que deben vivir los primeros bomberos que llegan al escenario de un desastre natural.

Pero si con esto no tienes suficiente, repite la operación año tras año hasta que un año la lluvia impida que la falla se queme. Ese año verás la desesperación en estado puro.

-Sí quieres experimentar donde está tu límite de ingesta de alimentos, compra buñuelos. Advertencia, esta es probablemente la experiencia más peligrosa de todas. Sal a la calle con dos o trescientos euros en el bolsillo y márcate un destino. Si es tu primera vez, te recomiendo que no te marques un destino muy lejano, cuatro o cinco calles más allá será suficiente. El reto consiste en lo siguiente: Cada vez que veas una churrería o puesto ambulante, acércate y compra media docena de buñuelos. Después de comértelo, reemprende la marcha. Hay tal cantidad de churrerías en las calles de Valencia durante estos días que la cifra de buñuelos ingeridos puede alcanzar cifras con varios ceros en pocos metros. Vomitar se considera trampa, pero tranquilo, si lo haces en plena calle no creo que nadie se sorprenda. Estamos en fallas.

Esta es sólo una breve selección de las infinitas experiencias que las fallas pueden ofrecerte. No te quedes en casa (a menos que vivas justo encima de un casal fallero). Sal a la calle, experimenta, inventa tus propias experiencias, supera tus propios retos. Y recuerda, no es necesario pasarlo bien, lo importante es vivir las fallas A TOPE.

Si eres guionista seguro que sabrás apreciar toda esta paleta de sensaciones que Valencia es capaz de ofrecerte en estos días mágicos. Está bien ser capaz de imaginar qué se siente en tal o cual situación, pero no hay nada como vivir las sensaciones en propia piel. Deja de quejarte del ruido, asume que no vas a escribir nada decente hasta que no acaben las fallas y sal a la calle a aprovechar el tiempo. La próxima vez que escribas una historia seguro que podrás echar mano de tus recuerdos falleros.

VIVO EN SPRINGFIELD

Nuestra firma invitada de hoy es Nacho Sánchez.


Hace ya muchos años que, para dolor de amigos y familiares, me convertí en un fan acérrimo de “The Simpsons”, la gran serie creada por Matt Groening.

A lo largo de ese tiempo (20 años ya), las vicisitudes de los habitantes de esa urbe ficticia me han acompañado y, me da la impresión, han moldeado el mundo a mi alrededor. Hubo primeros indicios que me hicieron sospechar, las noticias me recordaban a gags del programa:

Una grúa cae a la presa Maria Cristina al intentar taponar un agujero, por el que se había colado la bola con la que se tapaba:

La vicepresidenta presenta una subida de impuestos y suena exactamente como el “ajuste temporal reembolsable” que inventa una Lisa Simpson presidenta del Gobierno, para colarsela a los ciudadanos de Springfield (han descolgado de la red el video comparativo, divertidísimo).

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Por no hablar del comportamiento de Krusty y el “show-bussiness” real o Kent Brockman y los periodistas reales (cada vez que salía uno de los presentadores de Noticies Nou le veía a él, si alguien recuerda su nombre que lo diga!)

Así, llega un momento en que el mundo se me ha vuelto amarillo y, dubitativo como soy, me pregunto: ¿Es el mundo cada vez más parecido a Springfield o como es uno de mis referentes de ficción mi cerebro “amolda” el mundo dentro de Springfield?

Y aquí viene cuando la matan: ¿la ficción afecta a nuestra percepción del mundo? ¿El que más y el que menos es un pequeño Quijote a quien los relatos de caballería han vuelto loco?

Francamente, creo que todo es mucho más sencillo: los Simpson son un ejemplo muy claro de guión bien construido desde la disección crítica de la sociedad que le rodea. Es ese análisis vertido en los guiones lo que hace que los “veamos” a nuestro alrededor. Cuando te parece ver la corrupción de The Wire en las noticias diarias (demasiado a menudo en Valencia), es el análisis certero de la sociedad capitalista occidental lo que ves, no la obra de ficción.

Y es en este punto en que hay que insistir en la importancia de este análisis previo y su aplicación al guión. Demasiadas veces encontramos guiones y guionistas empeñados en trabajar sobre “personajes reales”, pero olvidan analizar y plasmar el mundo en que esos personajes se mueven. ¿Cuantas películas “sociales” se quedan en nada porque su visión del mundo es simplista y maniquea (y no pongo ejemplos, allá cada cual)? ¿Cuántos dramas se quedan en llantinas de mal serial por situar a sus personajes en entornos planos?

En fin, que estaré eternamente agradecido al señor Groening por su serie, y seguiré viendo el mundo de color amarillo, incluido yo mismo!

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LA DUDA METÓDICA

Por Rafa Ferrero

Este de aquí arriba es el retrato más conocido de René Descartes. No está mal. Es cierto que René podría haber puesto algo de su parte y haberse vestido con algo más alegre ese día. Y tampoco habría pasado nada si al pintor se le hubiese ocurrido utilizar algún color para el fondo. Pero oye, en eso no me voy a meter.

Con lo que no estoy para nada de acuerdo es con la expresión que se refleja en su cara. Entendedme bien. Lo digo porque resulta obvio que este retrato no refleja su verdadera personalidad. Para conseguirlo, en vez de esta cara de: Ya estoy aquí porque he venido, Descartes debería haber sido retratado con cada de: ¿Y tú quién eres? No me fío…

¿Me explico? Así, con los ojitos finos, mirando como con desconfianza. Eso le habría hecho más justicia.

Porque seamos claros, René Descartes era un tipo desconfiado. Listo como pocos, eso hay que reconocérselo, pero desconfiado. No se fiaba ni de su propia sombra, literalmente…

Estoy seguro de que sus colegas de confianza iban por ahí diciendo de él a sus espaldas que era un pillarrollos. Y no exageraban, Descartes era un pillarollos de campeonato.

Para que os hagáis una idea de lo que hablo, os explicaré un par de cosas. Un día Descartes se fue a dar un paseo por el campo. Usaba un bastón y cuando paró a descansar un poco al lado de un río, la punta del bastón se hundió en el agua. Fue entonces cuando, al mirarlo, se dio cuenta de que el palo, a pesar de ser recto rectísimo, parecía torcido. Lo sacó del agua para comprobarlo y efectivamente el palo seguía siendo recto…

Aquello, como sabéis, tenía que ver con el efecto de la refracción de la luz en el agua. Pero él sentenció que sus sentidos le engañaban y decidió no volver a confiar en sus ojos nunca más.

Cuando llegó a casa, como estaba cansado de andar tanto trecho desconfiando de sus sentidos al mismo tiempo, decidió echarse una siesta. Era francés, pero ya os he dicho que también era listo, así que sí, se echó una siesta. Pero no una siesta cualquiera, una de las de pijama y orinal. Durmió tanto y tan bien, que hasta soñó.

El problema fue que al despertarse flipó langostinos porque él habría jurado que no estaba dormido. ¿Todo lo que acababa de soñar no le había pasado de verdad? ¿Entonces lo de aquella moza en el granero…? ¡No podía ser! ¡Acababa de vivir uno de los mejores momentos de su vida y resultaba ser un fake!

Estaba indignado. Así que, se paró un momento a meditar y llegó a una conclusión. Si no era posible distinguir entre vigilia y sueño, tampoco era posible confiar en ninguna percepción, así que… !Todo lo que creemos estar viviendo podría ser falso! Se dijo a sí mismo atormentado.

Pero fíjate tú cómo era que ni con eso se quedó tranquilo y todavía fue más allá.

En un arrebato se preguntó a sí mismo: ¿Y si existiese un ser superior extremadamente poderoso, un genio maligno vaya, capaz de manipular nuestras creencias de tal modo que incluso aquellas veces que creyésemos estar en la verdad más certera y obvia estuviésemos también equivocados? ¡Esto derrumbaría todo en lo que creemos! No podríamos estar seguros ni de que dos mas dos son cuatro. Y ya no te digo na de las tablas de multiplicar…

Llegados a este punto, en medio de la duda metódica, Descartes se preguntó… (como veis Descartes se preguntaba muchas cosas a sí mismo todo el rato. Pero lo bueno que tenía era que también se respondía. Ya os he dicho que era listo.) …se preguntó: Teniendo en cuenta que no me fío ni de mi sombra ¿Puedo estar seguro de algo?

Lo que vino después os sonará. Descartes llegó a la conclusión de que todo lo demás igual no, pero él, él mismo, fijo que existía porque: PIENSO LUEGO EXISTO. A ver quien es el chulo que le discute eso.

Pues bien, todo esto le pasó al bueno de Descartes en el siglo XVII. Y yo me alegro por él. De verdad. Porque si Descartes llega a vivir en el XXI, hubiese flipado mucho mucho. Estoy seguro de que Descartes habría odiado la época en la que vivimos por muchas razones pero sobre todo por una: Hoy en día es más difícil que nunca estar seguro de nada.

Atención porque ahora es cuando, dando un giro totalmente inesperado al post, me pongo a hablar de cine y televisión para justificar esta introducción tan rematadamente larga hablando de filosofía cartesiana.

Durante las últimas semanas se han ido sucediendo varias noticias que, de algún modo, consiguieron que me acordase de nuestro amigo René.

La primera es una de esas noticias que ponen en evidencia la falta de rigor y profesionalidad que se ha instalado en muchas de las redacciones de nuestros periódicos.

Un grupo de bromistas se dedicó a enviar durante años y de forma bastante periódica una serie de fotos a diarios locales como el Mediterráneo o el Heraldo de Castellón para que aparecieran en la sección de “Gente”, pasándolas como felicitaciones de cumpleaños, recuerdos de supuestos eventos sociales, aniversarios, etc… todas ellas completamente falsas.

Así fue, por ejemplo, como llegó a publicarse la foto de Gabriela Mistral, chilena premio Nobel de literatura, al lado del titular: Paquita ya ha conseguido el graduado.

Parece de mucha risa, pero detrás de este timo hay una realidad preocupante, las noticias cada vez se contrastan menos. Un rumor en las manos adecuadas puede alcanzar la calidad de noticia en pocos minutos gracias a las redes sociales. Sirva como ejemplo el absurdo rumor que afirmaba que Andrés Iniesta iba a donar los 300.000€ de prima que acababa de embolsarse por ganar la Eurocopa a los afectados por el incendio de Valencia. En este blog podréis ver cómo el tweet de un anónimo, lanzado sin citar fuente ninguna, fue retweeteado por periodistas y gente relacionada con los medios de comunicación tan alegremente, sin molestarse en corroborar nada y propagándolo como la pólvora. Lo que empezó siendo un rumor, pasó a ser noticia y Iniesta en persona tuvo que desmentirlo porque hubo quien se lo había creído, claro. De hecho es probable que todavía haya quien tenga a Iniesta puesto en dos altares, el del fútbol y el del altruismo.

Y ya que estamos hablando de fútbol, sigamos. Alemania denunció a la televisión de la UEFA por manipular las imágenes del partido de semifinales Alemania – Italia. ¿Lo sabíais?

La cosa es simple. Italia marca un gol y aparece en pantalla la imagen de una alemana llorando. Todo muy normal si no fuese porque esa alemana en cuestión no lloró por ese gol sino que había llorado unos cuantos minutos antes al escuchar el himno alemán. El muy pillo del realizador se había guardado ese as en la manga para usarlo cuando más le convino.

Pues bien, según la UEFA eso no es manipular, es un juego de imágenes que trata de reflejar “la historia humana del juego”. Después de ZP negándose a decir crisis y Mariano evitando a toda costa decir rescate, ahora llega la UEFA con esta forma tan elegante de evitar decir manipulación.

Nos engañan a todas horas. Por Dios santo ¡pero si hasta los documentales están manipulados! ¡pero si hay canales de televisión capaces de vender representaciones teatrales mal ensayadas como entrevistas serias en un informativo!

Pero parece que no nos importa. Es más, yo diría que esta sociedad se regodea en la mentira. La mentira y el engaño venden, por lo que ya no hay ni que disimular.

Ahora mismo Ambipur tiene un anuncio en emisión que te garantiza que su ambientador para coche te dará sensación de limpieza aunque no sea así. Puede que en tu coche haya un palmo de mierda, pero tu tendrás la sensación de que está como los chorros. ¿Eso es lo importante no? No la limpieza en sí, sino la sensación de la misma.

 Aspirina, sí, la que actúa en el foco del dolor, lleva años anunciándose a sí misma diciendo que es capaz de aliviar los síntomas del resfriado, del dolor de espalda… Da igual lo que sea que te esté fastidiando la salud, no importa el problema real, importan los síntomas, la sensación.

¿Y qué me decís de la cirugía estética? La base de este negocio consiste en vender que lo importante es la apariencia, y les va de fábula. El porcentaje de tetas falsas crece por momentos.

Pero al mismo tiempo que está pasando todo esto, está ocurriendo algo en sentido contrario casi igual de desconcertante. Aquellos que se sitúan a sí mismos en el terreno de la ficción son los que acaban hablando de verdades como puños.

La semana pasada se publicaba esta noticia en Publico. El director argentino Pablo Trapero acaba de estrenar su última película “Elefante blanco” (se estrenará en España el 13 de julio). La historia está localizada en un poblado chabolista bonaerense y, tras un mes de su estreno allí, el intenso debate creado en los medios de comunicación ha provocado que las autoridades hayan puesto en marcha el Plan Nacional de Abordaje Integral (Plan Ahí) para realizar tareas sociales en estos barrios pobres. La película, además, ha sido declarada de interés social y cultural por la Ciudad de Buenos Aires.

Esto no lo ha provocado el artículo de ningún periódico, ni un reportaje periodístico en un informativo, ha sido una película. Su director afirma que el filtro de la ficción consigue que la gente se anime a mirar más. Parece ser que para ver según qué realidades incómodas, a veces, verlas a través de la ficción resulta más fácil. Este es el poder de la ficción, que ofrece la posibilidad de reflexionar sobre la realidad de un modo distinto.

Esta idea resulta tremendamente interesante y no hace falta irse a Argentina para comprobarlo. Rokambol News, por ejemplo, lo demuestra cada día desde la terreta. Sus noticias, tras una apariencia humorística, atesoran tanta verdad que asusta.

¿Y las series? ¿Qué me decís de las series?

Prácticamente en cualquier capítulo de Boston Legal se plantean argumentos más serios sobre temas importantes que en cualquier sesión plenaria del parlamento o el congreso.

En The Wire hay más verdad sobre educación, periodismo, política o el problema de la droga que en cualquiera de los libro de texto que se estudian en las escuelas.

Es más fácil llegar a comprender cómo funciona realmente la política viendo un minuto al azar de cualquier capítulo de El ala oeste de la Casa Blanca que viendo un debate preelectoral televisado entre los dos candidatos de turno.

¿Entonces? Tenemos historias falsas que se venden como verdades y ficciones que atesoran verdad. ¿No es todo un lío enorme? ¿Qué es verdad? ¿Qué es mentira?

Si Descartes levantase la cabeza nos consideraría a todos colaboradores del Genio maligno. No se fiaría de mí, ni de tí, ni de nadie. Y haría bien.

De hecho, me parece que deberíamos parecernos más a él. Si aplicásemos la duda metódica cada vez que encendemos la televisión, navegamos por internet o leemos un periódico, probablemente nos iría mejor. Aunque claro, hay una pega, eso exige pensar. Pero amigos, pensar tiene algo bueno, es la única forma de existir.

ESPAÑA DE CILICIO Y PANDERETA

por Paco López Barrio

El próximo miércoles, la España de cilicio y pandereta sentará al cantautor Javier Krahe ante un juez, por un presunto delito contra la libertad religiosa, que es el nuevo nombre – y políticamente más correcto – del delito de “escarnio a la religión católica” de toda la vida. Promueve la acción una asociación que toma en vano el nombre del humanista Tomás Moro, en lugar del de Torquemada que habría sido más propio.

Javier Krahe cocinó un crucifijo al horno, con su guarnición de patatas y todo, en el lejano 1978, cuando aún era un desconocido (se destapó en el 81 cuando grabó, con Sabina y Alberto Pérez, aquel mítico LP de La Mandrágora). Tome pues nota, Su Señoría, de cara a una posible condena, de que el reo ya dejó clara en esta obra primeriza su preferencia: la hoguera.

Lo primero que me llamó la atención en este asunto es que un delito fiscal, por ejemplo, prescriba a los 5 años y que este otro tema lleve coleando 34 (uno más de los que acaba de cumplir Martín Román, felicidades). Ni siquiera colgó el video en Youtube porque aún se tardó otros 10 años en inventar Internet. Un buen amigo de este blog, abogado, me aclara que todos prescriben a los 5 años. Pero que lo que motivó la denuncia no fue la grabación del video en 1978, sino su reemisión en Canal + en 2004. ¿Prescrito de todas maneras? Pues no, porque aunque el juez instructor archivó la causa en 2007, la asociación denunciante recurrió y este recurso paraliza el cómputo del tiempo de prescripción. Resultado: pasado mañana el juez se pondrá sus puñetas (así se llaman esas puntillas tan mariquitas que llevan en las mangas) y abrirá la sesión con un golpe de maza.

El tema indigna. Mucho. Pero no quiero caer en la retahíla de denuncias al contraataque. Así que nada preguntaré acerca del escaso celo que se ha puesto, por contraste, en aclarar los robos de niños o los abusos a menores que han salpicado a la Iglesia Católica, ni pondré sobre la mesa a la Santa Inquisición. Vamos a dejar de lado estas minucias y centrémonos en la cuestión.

¿Qué es la libertad religiosa? Yo creo que queda perfectamente definida en el artículo correspondiente de la Constitución Española vigente: “Nadie podrá ser perseguido por sus creencias”. Se acabó pues aquello de echar a los cristianos a los leones y, menos aún, cobrar entrada. Ni quemar iglesias ni ahorcar curas. Entiendo, además, que el estado proteja la libre práctica de una religión. Si un piquete se planta un domingo a las 12 de la mañana a las puertas de la iglesia para impedir la entrada de los fieles a misa comprenderé que los antidisturbios los disuelvan. Que si alguien obstruye con silicona las cerraduras de las puertas de una ermita, convento, seminario o catedral, sea detenido y puesto a disposición del juez. Son ejemplos, si se quiere, un tanto cómicos. Pero los elijo por su claridad. Serian, objetivamente, un ataque a la libertad religiosa.

El problema es meter en el mismo saco estas acciones reprobables y algo tan etéreo como es “herir sentimientos”. Los sentimientos son una cosa muy personal y difícil de medir. Porque dependen, en gran medida, no tanto de la mala baba del ofensor como del “umbral de ofendibilidad” de la víctima. Con la sensibilidad religiosa pasa como con el sexo: lo que para unos es una tontería de adolescentes para otros es una orgía desenfrenada. Si alguien conoce un baremo que lo diga y lo discutimos.

Esta ya seria una buena razón para sacar estas cuestiones del Código Penal: siempre habrá alguien dispuesto a cogérsela con papel de fumar a la más mínima ocasión y declararse gravemente herido por cualquier memez, aunque la inmensa mayoría de la sociedad no vea en ello mayor problema.

Lo que no puede hacerse, de ninguna manera, es tomar la libertad religiosa como pretexto para impedir un debate de ideas o una crítica. Claro que alguien podrá decir a esto que Krahe no es un teólogo protestante entablando un debate, lo que sería completamente admisible, sino que el vídeo en cuestión es una burla en toda regla. Pues si, creo que lo es. Una burla clarísima, que ridiculiza sin complejos la religión católica.

Pero ¿y si así fuese? ¿Pasa algo?. La crítica, en una sociedad libre, es legítima. También debe ser legítima la elección del instrumento con que se materialice esa crítica. Incluso si ése instrumento es el humor. Evidentemente “crítica + humor = burla” es una ecuación impepinable. Pero con esos mimbres está tejido el cesto de gran parte de nuestra cultura: Aristófanes, Marcial, Quevedo, Rabelais… y así llegamos hasta Luis Buñuel y Monty Python. Un patrimonio de la humanidad tan irrenunciable como las catedrales góticas o la Capilla Sixtina.

Otros lo aceptan sin mayores problemas. Aún estoy esperando ver a los Hare Krishna protestar por la imagen que se da de ellos en la secuencia inicial de Aterriza como puedas, aún no he visto al Gran Consejo de Rabinos (o como se llame lo suyo) quejarse por su papel en las películas de Woody Allen. Pero aquí, ya lo dijo El Quijote, con la Iglesia hemos topado. O peor aún, con ese fundamentalismo católico que se reorganiza y rearma mientras el gobierno mira hacia otro lado (cuando no apoya y subvenciona).

Y no deja de sorprenderme la poca confianza que tienen algunos en su Dios Todopoderoso. En poco le tienen si una tontería de Krahe pone en peligro su Majestad y su Gloria. Y poco le obedecen cuando, en lugar de poner la otra mejilla, como Él les enseñó, corren a buscar al primo de Zumosol vestido de juez. Si la burla les duele tanto que ofrezcan su sufrimiento al Señor, como aconsejan cada día a los enfermos terminales. El Cielo ya les recompensará, de la misma manera que Krahe (y yo también) iremos al Infierno. La Justícia Divina tiene suficientes mecanismos como para molestar a una justícia humana sobresaturada.

No nos engañemos: en el fondo de todo este tema no hay una demanda de justicia, sino de algo muy diferente: se busca un escarmiento (fatwa le llamaríamos si viniese de la otra orilla del Mediterráneo). Aunque tengan que llevarse por delante a una de las mentes más lúcidas (y lúdicas) de este país, a un Javier Krahe por quien sí siento la devoción que otros más santos no han sabido despertarme.

No voy a colgar aquí su video, aunque sigue disponible en Youtube, por si las moscas. Eso si, reitero que reivindico la legitimidad de la burla como instrumento crítico. Y como recurso artístico. Sobretodo con aquellas personas o grupos a los que la historia ha situado en posiciones de dominio sobre la gente corriente. Y, en su lugar, recordaré la espléndida escena del desfile de moda eclesiástica de Fellini en su película Roma. Porque yo, que no creo en Dios, creo en Fellini como otros creen en Billy Wilder.

EL BLOG. UNA HISTORIA DE AMOR.

Toni García, guionista de series de humor como Autoindefinits, Check-in Hotel o Palomitas para productoras como ContaConta y El Terrat, se embarcó hace unos meses en un nuevo proyecto personal, Rokambol.
Este periódico digital nos sorprende cada día con sus noticias. Pero hoy, aquí y en exclusiva, tenemos acceso a su correspondencia privada.

Me hubiera gustado escribir un post más didáctico, con recomendaciones muy prácticas para todo aquel que quiera embarcarse en la aventura de escribir cada día en un blog de noticias satíricas, pero sólo llevo seis meses, y todavía sigo sin entender muchas cosas, así que…

Estimado D’Artagnan:
Hace ya más de una semana que no visita usted mi página. Espero que su salud no se haya visto comprometida, y que todo se deba a un exceso de trabajo o a una acumulación de asuntos personales. Debo decir que el artículo que acabo de colgar este lunes es de los que le gustan a usted especialmente.
Atentamente,
Rokambol

Estimado D’Artagnan:
Le envié un correo este miércoles interesándome por su situación, en vista de que llevaba más de una semana sin visitar mi página. Ahora son ya diez días. ¿Está usted bien? Si hay algo que yo pueda hacer, sólo tiene que decírmelo.
Atentamente,
Rokambol

Estimado D’Artagnan:
¿Tiene algún problema con su ordenador? ¿Con la informática? Estoy intentando comunicarme con usted desde el catorce de Enero, pero es como si estuviese intentando establecer una correspondencia con una patata hervida. Ja, ja, ja. He publicado tres artículos desde su último “Me gusta” y sigo sin saber nada de su existencia. Se le está acumulando el trabajo, querido follower. No estará usted muerto? Ja, ja, ja.
Atentamente,
Rokambol

Estimado D’Artagnan:
Debo suponer que tampoco ha leído mi artículo de hoy, en el que me dirijo personalmente a usted y a su misteriosa desaparición de la blogosfera. Ya veo. Sin embargo, tampoco he acusado su baja como follower de mi página, a no ser que los cinco seguidores que mantengo desde 1997 incluyan su deserción y una nueva incorporación. Una resta y una suma. Voy a comprobarlo.
Rokambol

Sr. Rokambol:
No me he dado de baja de su página. Simplemente he dejado de entrar durante unos días. Me gusta su página pero entraré cuando me plazca. Eso es todo. Por favor, no me envíe más correos. Gracias.
Un saludo.
D’Artagnan

Estimado D’Artagnan:
Oh!
Atentamente,
Rokambol

Sr. Rokambol:
Le pedí por favor que no me enviase más correos. ¿Qué le pasa? Tiene usted cuatro seguidores más. Hable con ellos.
D’Artagnan

Estimado D’Artagnan:
A mi no me pasa nada. Y no creo que mis correos le estén causando graves perjuicios, sinceramente. Si es así, discúlpeme y ya no volveré a molestarle más. Sólo pretendía saber por qué llevaba usted catorce jodidos días sin poner un jodido “Me gusta” en mi página.
Adiós.
Rokambol

Sr. Rokambol:
Acabo de ponerle un jodido “Me gusta” a su puta página. Buenas tardes.
D’Artagnan

D’Artagnan:
Le ruego que quite ahora mismo su “Me gusta” de mi artículo y de mi página. Inmediatamente. Y ahora soy yo el que le ruega que no vuelva a ponerse en contacto conmigo nunca más. Gracias. Imbécil.
Rokambol

Rokambol:
Acabo de colgar un curioso comentario a su artículo de hoy. Suavice usted mismo los adjetivos demasiado ponzoñosos. Ah, ya he quitado ese “Me gusta” que tanto le irrita, y también he dicho que “Ya no me gusta” a todos los demás artículos que me gustaron desde 1998. Bobo.
D’Artagnan

D’Artagnan:
No veo su comentario. A lo mejor es que ya lo he mandado al puto infierno. Idiota.
Irreverentemente,
Rokambol

D’Artagnan:
¿Y su réplica? Llevo media hora esperándola. ¿No quiere colgar otro comentario efímero en mi página? Vamos, intente pegarme.
Rokambol

D’Artagnan:
Escuche: Quiero que vuelva a poner “Me gusta” en todos los artículos que le gustaron. Ahora mismo. Si es usted una persona coherente y honesta no puede contradecirse ahora. Reconozca que lo ha hecho por pura venganza. A usted le gustan mis artículos. Corrobórelo inmediatamente.
Rokambol

Rokambol:
No me da la gana. Y sí, es verdad que me gustan sus artículos y, por lo tanto, sé que le dolerá todavía más si ahora digo delante de todo el mundo que ya no me gustan. Y yo quiero que usted tenga dolor. ¿He dicho delante de todo el mundo? El castellano está trufado de exageraciones. Fíjese que acabo de igualar cinco followers de mierda con siete mil millones de personas.
D’Artagnan

D’Artagnan:
He contado los artículos que le gustaron. Son ochocientos cuarenta y tres. Haremos una cosa: Vuelva usted a decir que le gustan y yo no volveré a molestarle aunque no ponga “Me gusta” en mis próximos siete posts. Cinco. ¿Lo ha entendido? Usted corrige su mentira y yo le olvido durante cinco artículos.
Un saludo.
Rokambol

Rokambol:
No sé que clase de artefacto puede estar enviándole radiaciones perniciosas, pero puedo asegurarle que lo tiene muy cerca de su mesa. Usted no está bien, señor Rokambol. Y ahora sí que le digo que deje de hablar conmigo o llamaré a la policía. Mejor aún, llamaré a Mijail, mi vecino el hacker. Podría hacer que le estallase el páncreas con sólo siete movimientos de ratón. ¿Qué le parece?
Adiós. Cambio y corto. Se acabó.
D’Artagnan

Rokambol:
Y que sepa que también habría compartido los ochocientos cuarenta y tres artículos que me gustaron. Todos magníficos. Incluso el primero que publicó el 18 de Mayo de 1997. Jódase. No los compartí para que no se relajase, para que se esforzará cada vez más, y yo disfrutase también más cada día con su lectura. ¿Se da cuenta de la enorme cantidad de followers que ha perdido? Jódase otra vez.
D’Artagnan

Rokambol:
¿Qué le pasa ahora al señor de las réplicas? ¿Demasiada realidad para un escritor? Bueno, le deseo suerte en su nueva andadura, con sus cuatro seguidores. Voy a hacerle un unfollow. Bye.
D’Artagnan

D’Artagnan:
He estado haciendo números. Comparta usted seiscientos artículos de mi página y le daré ciento cincuenta euros. Por cierto, es usted un sádico.
Atentamente,
Rokambol

Rokambol:
Compartiré ochocientos artículos suyos si me invita a cenar. Burro.
Atentamente,
Elisa

Rokambol:
¿Mas problemas con la realidad? Estoy esperando su contestación.
Atentamente,
Elisa

Rokambol:
¿Qué pasa? ¿No sabía lo de los pseudónimos y todo eso? Las máscaras, Cyrano de Bergerac, etc.
Atentamente,
Elisa

Elisa:
¿Le gusta la comida española?
Atentamente,
Jaime

Jaime:
¿Haremos el amor?
Atentamente,
Elisa

Elisa:
Sí.
Atentamente,
Jaime

Jaime:
655568110
Atentamente,
Elisa

Elisa:
Me gusta.
Atentamente,
Jaime

Jaime:
A Elisa y a ti nos gusta esto.
Atentamente,
Elisa

DESCRIPCIÓN DE PERSONAJE

Por Rafa Ferrero

Lo que vais a leer a continuación es la descripción de un personaje ficticio. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Nació en un hospital privado de parto natural. Era el tercer hermano, pero el primer hijo varón, de una familia acomodada valenciana. Su madre, desde su más tierna infancia, le enseñó a respetar los valores del cristianismo, mientras que su padre le concedía todos los caprichos que un niño podía desear y el dinero comprar.

Creció con pocas ganas de estudiar y rodeado de niños. Las niñas crecían en otro colegio y hablar con ellas fue un imposible hasta que las hormonas de la adolescencia le empujaron a intentarlo un par de veces.

Nunca se sentiría tan ridículo como aquella vez en la que le pidió salir a una chica dos años mayor que él y ella le dijo que aceptaría si se lo pedía por escrito. Toda una noche se pasó escribiendo aquella carta de amor con todos los colores que una caja grande de rotuladores Carioca podía ofrecerle. Y toda la vida recordaría el modo en que aquella niña y todas sus amigas se rieron de él al día siguiente.

A veces se le pasa por la cabeza que si él es tan tímido, debe ser por aquel momento. Desde entonces, su relación con las mujeres fue fría. Alguna vez le pareció notar que gustaba a alguien, incluso llegó a ir un par de veces al cine con alguna chica, pero jamás se atrevió a dar el paso por miedo al rechazo y al fracaso.

Disfrazó aquello con convicciones inventadas, diciéndose a sí mismo que quería llegar virgen al matrimonio y ser un buen cristiano. Probablemente esto fue una de las cosas que enamoraron a su mujer.

Hija de un empresario valenciano amigo de su padre, había estado allí desde siempre. No se atraían especialmente, pero de tanto oír comentarios más o menos graciosos de sus padres acerca de la buena pareja que hacían, se lo acabaron creyendo.

Empezaron a salir un día que sus respectivas madres les organizaron una especie de cita encubierta en un centro comercial. Oficialmente, su misión era comprar el postre para otra de esas reuniones de amigos que sus padres organizaban de vez en cuando en el chalet de ella. No pasó nada. Pero, con el tiempo, acabaron diciendo que aquello fue su primera cita, porque era lo primero que recordaban haber hecho juntos, comprar una tarta de moca.

La boda fue preciosa. La novia se vistió de blanco mereciéndolo y el novio estrechó la mano de una larga lista de amigos de su padre y de su suegro mientras escuchaba ofertas de empleo. Ahora que acababa de fundar una familia, tal vez había llegado el momento de emprender el vuelo y empezar a aplicar todo lo que había aprendido en aquel despacho de la empresa de su padre en la silla de alguna otra empresa o, por qué no, incluso fundar su propio negocio.

Al cabo de unos meses se decidió y montó una productora audiovisual. Era un negocio fácil, que a penas necesitaba inversión de capital inicial y en el que podría hacer valer todos los contactos que había estado sembrando los últimos años.

Su idea era hacer televisión. El cine no le interesaba demasiado. Las películas que se hacían en España le parecían una mierda cagada por un grupo de rojos seudointelectuales subvencionados con los que prefería no tener que relacionarse. En cambio, la televisión y especialmente la televisión valenciana, era un negocio de empresarios decentes.

Conseguir un programa era algo tan sencillo como invitar a comer a la persona adecuada. Al principio le costaba hacerse entender, jamás se desprendería de su timidez infantil ni lograría vencer la inseguridad de alguien consciente de ser un ignorante, pero con el tiempo se fue dando cuenta de que muchos se le parecían bastante. No había ninguna razón para tener miedo, estaba entre amigos y con ellos se podía hablar de lo que fuese necesario. Si quería producir un programa, solo tenía que pedirlo abiertamente y se le concedía. Después contrataba a tres o cuatro recién licenciados y les apretaba las tuercas para que hiciesen el trabajo de cuatro meses en tres. En eso consistía ser un buen empresario.

Aquella fue una época floreciente. La empresa facturaba cada vez más haciendo lo de siempre y su matrimonio, aunque carente de toda pasión, también iba bien.

Su mujer nunca le echó en cara que su matrimonio fuese una institución consumada solo muy de vez en cuando. Era una mujer educada y sabía interpretar aquello, no como una falta de amor por parte de su marido, sino como un signo de respeto. Además, desde que habían tenido a la niña, se había volcado mucho más en ella y parecía más feliz que nunca.

Sus padres estaban orgullosos de él. Su hijito se había convertido en un empresario respetado de la industria audiovisual y no poca gente se había fijado en él. Tanto era así, que un día le ofrecieron un despacho en Burjassot.

En un primer momento se quedó parado ¿qué sabía él de dirigir una televisión? Pero, como siempre, todo se acabó decidiendo en una comida. El arròs del senyoret y el buen vino, le hicieron ver las cosas de forma distinta. Tampoco tenía que hacer gran cosa. Asistir a reuniones, vestir de traje todos los días y tomar decisiones que, en realidad, aunque fuesen equivocadas, no importarían a nadie. No era como dirigir una empresa de verdad, aquello era una televisión autonómica, el dinero que se gastaba no era de nadie. Solo tendría que seguir jugando al mismo juego pero desde el otro lado. Obedecer cuando se lo pidiesen y aprovechar para llevarse su parte siempre que encontrase el modo.

Casi sin darse cuenta, había vuelto a evolucionar en la vida. La gente le trataba con respeto, escuchaban su opinión, o al menos parecía que escuchaban cuando hablaba, pudo colocar a dos o tres primos y manejaba presupuestos millonarios como el que juega al Superpoly.

La alcurnia de sus amistades cada vez era más elevada. Como no podía ser de otro modo, entabló una relación cercana con el president y la alcaldesa. Y una vez, en una comida de negocios, llegó a conocer a Iñaki Urdangarín. ¿Quién le iba a decir a él que acabaría codeándose con la familia real? Y no solo eso, habló de negocios con él. Se pasaron casi una hora hablando de todos los proyectos que el yerno del rey tenía para Valencia. Toda una serie de eventos internacionales que pondrían a Valencia en el mapa y que les harían ricos a todos.

Eso fue lo que le confirmó que, en realidad, no era más tonto que nadie. Si las cosas le iban tan bien, debía ser porque sabía lo que hacía. Se sentía en la cresta de la ola, era una sensación estupenda. Casi tanto como la que sintió la primera vez que probó la farlopa.

Cuando se la ofrecieron por primera vez en una de sus cenas de negocios, declinó la oferta. No podía caer en eso. Pero poco a poco se fue dando cuenta de que el raro era él. Aquello que le ofrecían no era droga. La droga es lo que se vende en la calle, lo que llega a España empaquetado en forma de dátiles y metido en los culos de gente despreciable. Pero eso no era droga, eso era caviar. Material de primera calidad y de confianza. Probarlo era como probar un buen vino o un güisqui de quince años. Los hombres saben apreciar esas cosas.

Aquello le ayudó a derrumbar alguno de sus tabús. Como el de las chicas de compañía. Al igual que el caviar no era droga, aquellas chicas no eran putas. Comprendió que dejarse seducir por la belleza de una mujer joven que sabe lo que quiere no tiene por qué ser malo siempre que se conserve la mente lo suficientemente fría como para no olvidar nunca que el amor verdadero, el único que cuenta, está en casa, junto a su mujer y su hija.

Tal vez por suerte par él, esta época tampoco duró mucho. De repente, las cosas empezaron a cambiar. La política, aunque seguían contando con el apoyo incondicional de la amplia mayoría popular, pasaba por un momento extraño. Acuerdos comerciales privados, que jamás deberían haber visto la luz, empezaron a publicarse en las portadas de los periódicos como si aquello pudiese interesar a alguien. Sus amigos, los que antes le invitaban a lo que le apeteciese, empezaron a ser más reservados y sus jefes le obligaron a revisar toda la contabilidad. El trabajo empezó a parecerse demasiado a un trabajo y el ambiente dejó de gustarle.

Su padre ya no parecía tan orgulloso de la carrera profesional de su hijo e incluso tuvo que soportar que un periodista llamase a su propia casa.

Un día su mujer le confesó que últimamente no dormía bien por las noches. Estaba preocupada. Lo estuvieron hablando y al final tomaron una decisión. Era lo mejor para él y para sus seres queridos.

Además, papá ya estaba mayor, tal vez había llegado el momento de encargarse de los negocios de la familia.