LA OPTOGENÉTICA APLICADA AL GUIÓN

Por Gabi Ochoa

Proscrastiné. Un enlace me llevó a un artículo, de ahí a más de 6 horas de seguimiento y de investigación. Eso es a veces lo que hacemos los guionistas. Proscrastinar. No, no, documentarnos.

El artículo no iba sobre la materia, pero era el primer hilo del que extraer la madeja. Hablaba de Neil Harbisson, el primer ciborg reconocido. Tras leerme todo lo que había de Neil en la red, caí en un término: optogenética.

No soy experto en la materia, pero entendí que esta ciencia se dedicaba a apagar o encender pensamientos, ideas, dándole luz a ciertos tipos de neuronas. Se iba armando, junto a muchos artículos y post sobre casos tan dispares como el próximo viaje a Marte o avances e ideas sobre el futuro, un próximo proyecto audiovisual.

Pero la idea, el germen, estaba ahí: cambiar los estímulos cerebrales a través de una ciencia. ¿Era eso posible? Todos recordábamos Olvídate de mi y el cerebro borrado de Clementine, pero nadie pensaba que eso podría llegar. De hecho algunos artículos hablaban de que en un futuro se podrían curar con esta técnica, la optogenética, la adicción a la heroína o el alzheimer. ¿Se podrían borrar los malos recuerdos?

Todo los guionistas tenemos fracasos. Sonados. Creemos alcanzar la gloria, y zas! te hundes en la miseria. La serie está a puntito de firmarla la cadena, compra la botella de champagne más cara, o me encanta tu historia, será un nuevo guión en mi serie. Pero nada. Todo sigue igual. Tú escribes, mandas mails, no te los contestan, y sigues escribiendo con la idea de que tu trabajo será un día reconocido. ¿Podremos borrar esos malos recuerdos?

El otro día lo hice. Le dije a mi hijo, de apenas 8 meses: no seas guionista. Me niego. Sé médico, policía, abogado, banquero, ladrón, yo-que-sé procurador de bolsa. Pero no escribas.

Me gustaría borrar los recuerdos malos, los malos recuerdos, aplicarme la optogenética en mi cerebro y resetearme como creador. Pero solo lo puedo hacer en la ficción. Por eso lo intento, constantemente. Reivindico la bajona, el dejar caer los brazos un tiempo. Para tomar impulsos, para crear. “Cuando no estoy creando, estoy destruyendo” como diría Handke. Pero sigo, a ciencia cierta no sé si alguien querrá leer mi próximo proyecto, sobre futuro, sobre la imposibilidad de amarnos y sin embargo sobre como estamos tan tan tan conectados. Pero sigo dándole a la tecla. Pienso en cómo hay que entrarle a un coordinador sin ser descortés, pesado o que te tilde de gilipollas. Solo quiero vender, venderme y hacer ver que sé escribir. Son 20 años, y parece que fue ayer. De hecho, sigue siendo ayer. Todo es ayer.

Tal vez no haya que borrar los malos recuerdos, las malas rachas, los malos instintos y las malas escrituras. Están ahí. Diciéndonos: chico/a lo hiciste mal, mejora. No hay optogenética en el mundo real, hay recuerdos. Que bonitos son cuando nos van de cara y qué putas cuando nos dan la espalda.

Creo que he visto muchas espaldas y me apetece ver caras. Llevo callado mucho tiempo. Pero callado no es inactivo, es pensativo. Madurando. Macerando. Veo miles de compañeros con una actividad frenética y me digo, ¿tengo que seguir la senda?

¡¡Optogenética, la ciencia que borra los malos recuerdos, ya está aquí, ya llegó, podrás borrar las cagadas, ese mail a deshora, esa reunión al traste en la cadena, ese capítulo horrendo que escribiste!!

Serás Dios, no, serás Aaron Sorkin, Vince Gilligan, David Chase, David Simon. Tendrás que cambiarte el nombre y llamarte David, que es el nombre de muchos creadores talentosos. Déjate, sé tú. Déjate de ir a seminarios a lo Charlie Kaufman que das pena, mucha pena. Llevas 20 años y parece que empezaste ayer. Pero nadie sabe nada, o casi nada. Pero sonríen. Todos los días. Y lo publican. Sus sonrisas. Pero son falsas. Están en sus casas comiendo panchitos y con caras tristes. Y escriben. Cuando pueden y les dejan, firman sus libros. ¿Oh, Dios, por qué esta plaga de guionistas-novelistas? ¿Qué no pueden escribir guiones y ya está? No, tienen que ESCRIBIR, porque eso es la novela, escribir con MAYÚSCULAS.

¿Y la optogenética? La olvidé, se fue al traste. ¿La optoqué? Mierda borrar los malos recuerdos, sí, hay que borrarlos. Hay que poner que estás feliz con tu próximo proyecto (¿Próximo qué?), que es la repera y que se lo han leído… mucha gente, se lo ha leído mucha gente. No. Se lo ha leído Álex de la Iglesia lo menos. Que cojones, Spielberg, puestos a fardar, Spielberg. ¿pero Spielberg hace tele? No me jodas, que es el puto Spielberg. Para. Escribe. No leas. No leas a los referentes. Desconéctate. Escribe y lee solo aquello que tiene que ver con tu proyecto. Sobre Marte, sobre la soledad, sobre el cerebro hackeado, sobre como todo eso es vida. Eso, sobre la vida, porque de eso va el recuerdo, de hacer ver, de vivir.

Mierda me fui. Pero no recuerdo nada malo. No mientras escribo. Una vez escribí en un currículum que podía escribir 16 horas seguidas. Así, 16 horas. Y lo hice. 16 horas. Y rodé 24 horas seguidas. También lo hice. Ahora queda reinventarse otra vez. La vigésimotercera vez. ¿Montamos un bar? Déjate. ¿Vuelves a dar clases de lengua y literatura? No me jodas que tengo 40. ¿Y cocinar? Se me dio bien un tiempo, pero… no sirves para nada. Para escribir. Para nada, eso no es nada. Sí que lo es, no me jodas. Escribir es conocerse, no sabes la cantidad de dinero que me ahorro en terapia.

Esto va siendo un adiós. Guionistasvlc tiene los días contados. Yo tengo los días contados en Guionistasvlc. Hemos cumplido un ciclo, y ahora que parece que viene el cambio y que nos cuesta más y más escribir, nos tomamos el blog de manera sabática. No sabemos si indefinidamente o si alguna vez retornaremos. Pero hasta junio estaremos por aquí (en contadas ocasiones) y cerramos el lugar. Se quedarán, claro está, todos los post, pero ya no escribiremos más por aquí. No olvidemos los buenos recuerdos. Los malos, siempre están ahí, jodiéndonos.

A mi, a Gabi Ochoa, me tenéis en el nuevo blog personal que llevo desde mi web. No solo hablo de guión, pero si os interesa, allí estaré. Y seguiré colaborando allá donde me llamen. Escribo 16 horas. “16 hours writing people”.

Pero como la optogenética dice, trasformaremos los recuerdos, aquellos que nos quedan, en buenos recuerdos.

NEGOCIAR

Por Gabi Ochoa

Hace más de un par de semanas que vi “Negociador” de Borja Cobeaga, y todavía sigo pensando en ella y sobre todo en el magnífico tono, tan difícil de trabajar en un tema como ETA y las negociaciones.

[OJOCUIDAO! SPOILERS A GOGÓ]

Obviamente todos pensamos al verla aquella máxima, que yo oí a Azcona, pero que seguramente será de otra persona: tragedia + tiempo = comedia.

Y ese es el acierto de la peli, como mezclar los momentos cómicos, aunque más bien patéticos de la historia, con el gran drama que fue el terrorismo de ETA y sus consecuencias. Sobre todo, como la última parte de la peli se encabrona hasta un final demoledor, no por duro sino por esa sensación de brazos caídos que se te queda.

Fui con mi amigo Marci Menéndez y al acabar con unas birras estuvimos largamente hablando sobre la peli, y sobre cómo es curioso que este tipo de peli, un riesgo para el guionista y director, solo se dé en España a partir de la tercera o cuarta peli (si llegas) cuando en otros lares vemos grandes debuts absolutamente radicales (no sé porqué me vino a la mente “Whiplash”). Seguro que no es así y alguno me lo rebatirá, pero esa es la sensación que tuve en el momento.

Pero en todo caso la peli creo que supone algo más para los guionistas. Entre sus secuencias (algunas realmente memorables) destila una buena reflexión sobre nuestro oficio y la manera de venderse y relacionarnos con los productores, y eso es lo que me gustaría extraer aquí.

Estos son las 5 valiosas reflexiones que me quedaron, y que creo que sirven muy mucho para nuestro oficio, y nunca mejor dicho, para negociar (contigo mismo o con los demás):

· La sencilla secuencia inicial (un señor esperando su comida y un trozo de filete friéndose) nos revela enseguida el conflicto, pero sobre todo un punto de vista de lo que vas a ver. En otras palabras: guionistas, nuestras historias se les pueden ocurrir a mil, nuestros puntos de vista no.

Hagámonos fuertes en contar y hacer hincapié en el qué, por supuesto, pero dejando claro el cómo.

Y no hace falta muchas y muy variadas palabras: las imágenes caen a peso. Esa secuencia se debería explicar en todas las escuelas de cine patrias.

· La película juega a secuencias paralelas que una suele ser la antípoda de la otra. Es el caso del personaje de la prostituta que sale en solo 2 escenas. En la primera, cuando Ramón Barea le empieza a explicar porqué ha tenido un gatillazo, encuentra, de una puta, la respuesta: el trabajo. Y eso le lleva a un problema con el lenguaje. No sé porqué, pero me vino a la mente esos momentos donde encuentras la clave de una secuencia, y de cómo manejar una situación dramática, pensando en otra cosa, incluso, hablando con amigos, familiares que no tienen nada que ver con el sector.

Hay que desobsesionarse de lo que haces para encontrar la clave de lo que buscas. Parece sencillo, pero el cerebro humano nos juega malas pasadas.

. Uno de los momentos más impactantes es la detención del personaje de Areces (magnífico en su papel de cabrón despiadado). Una secuencia musical, en la que la rabia, y sobre todo las consecuencias que tendrá se palpan en el ambiente.

Somos humanos, y como tal actuamos. ¿Cuántas veces hemos estallado y hemos dicho, “hasta aquí”, “me bajo”, “no puedo más”? Cuando no insultos. Hay que descargar y es lo más lógico. ¿qué siempre lo pagan los más cercanos? Pues hay que intentar saber disculparse y sobre todo canalizarlo creativamente. De eso hablé en este post sobre el enfado.

· Un primer plano donde se ve un traje y alguien intentando ponerse una corbata negra. La toma es tan gráfica que no hace falta definir más, pero enseguida nos llega ese momento de desilusión. Se ha ido todo a la mierda. Ya está. Pasa, pasa en un guión, en una negociación, en una escena que no sale. La verdad: huyo de aquellos a los que TODO les va bien. Es imposible. Es importante que a veces se te vaya al garete el proyecto. No estaba cuajado o no era el mejor proyecto, hay que verlo con perspectiva. Ahora, no tiremos la toalla a la primera de turno, porque…

· Creo que lo redondo de “Negociador” está en ese final, un optimismo derrotista que tan bien está traído y que tan bien define el cine de Cobeaga. Sí, todo se fue a la mierda, pero parece que lo intentó el personaje de Ramón Barea. Y así se lo hacen ver sus amigos cuando entran al bar y cerramos con una secuencia idéntica a la primera. Sencillez y humanidad todo en uno.

Es verdad que no todo sale bien. Nunca te compran el proyecto por lo que quieres, el coordinador te tumba 7 escenas y tienes unas notas de espanto, llevas encallado con ese guión 7 meses, pero… ni va a ser así siempre, piensa que estás mejor que cuando empezaste, y que no bajamos a la mina, como se solía decir.

Con todo, creo que es una peli redonda. La que debería arrasar en los próximos Goya. Sé que alomejó ni estará nominada, pero Borja, por como la has contado, por la valentía que te enfrentas al tema, por cómo destila pequeñas sabidurías de todo a cien para guionistas y creadores, gracias majo.

PS. Tenía muchas ganas de verla además porque percibía que el tono de la peli era muy parecido a como había acometido “Las guerras correctas”. Y creo que no me equivoqué. Es duro hablar sobre algunos temas, pero ponerse altivo y grandilocuente a veces no ayuda a nada. Que somos guionistas, no políticos.

 

CULTURA QUE PODEMOS: NOTAS AL PIE DE PÁGINA


Por
Gabi Ochoa

Algo había causado revuelo en las redes, en la gente de la cultura. A mi me pillaba en plenos ensayos de “Las guerras correctas”, pero daba igual, me citaban para que diera mi opinión.

Podemos Cultura lanzaba un memorándum de 10 páginas donde indicaba las líneas básicas sobre las que trabajar. Alicia Luna fue la primera en decir, en dar una opinión. Posteriormente en redes sociales muchos compañeros dieron su particular visión. No quería entrar en ese debate hasta leérmelo y estudiarlo con detenimiento. Lo sé, voy fuera de tiempos, ahora que todos están en la misma pelea con Ciudadanos y Luis Garicano, pero creo que hacia falta una lectura sosegada (al igual que la reflexión).

Lo primero: en líneas generales, me parece sensata la propuesta. Lo sé, la mitad de mis compañeros se tirarán las manos a la cabeza, pero creo que no han entrado en profundidad. 6 generalidades antes de entrar a desmenuzar el documento:

– La relación cultura y comunicación no me parece una idea descabellada, sino fruto de nuevos (y convulsos) tiempos. Ante una comunicación más politizada y menos independiente hace falta darle la independencia que se merece, y sobre todo trabajarla en conjunto.

– Creo que los compañeros de Podemos Cultura meten la pata o no se saben expresar cuando entran en un tema espinoso como los derechos de autor. Confundir derechos de autor y entidades de gestión (que “gestionan” esos derechos de autor) es un error de principiante. De primeras: los derechos de autor son inalienables. Esta afirmación no la digo yo, esta recogida en miles de documentos oficiales (Estatutos SGAE, contratos, acuerdos, etc) y es importante decirlo. Nadie pone en duda los derechos de patente (que son los derechos de autor de los inventores). Es más, nadie sabe que los paga. Porque señora, ¿no creerá que no paga un canon al comprar una fregona, un canon que va a parar al inventor o familiar en su defecto? De verdad, aquello que has creado tiene que darte un rédito, ese es tu valor como autor. Quien defienda lo contrario, por favor, que pase a sacarse el titulo de la ESO.

– Un acierto cuando sacan a a colación la importante labor de la pedagogía cultural. Todo viene de antes, una cultura fuerte emana de una educación con raíces bien asentadas. Indispensable y gran acierto en estas líneas base.

– Me preocupa muy mucho la perversidad del concepto de “transparencia”. Pese a que alguno le repatee, tengo que sacar a colación a Byung-Chul Han y “La sociedad de la transparencia”. “La transparencia tampoco hace clarividente. La masa de información no engendra ninguna verdad. Cuanta más información se pone en marcha, tanto más intrincado se hace el mundo. La hiperinformación y la hipercomunicación no inyecta ninguna luz a la oscuridad”. El tema es largo y extenso, pero por resumir y siento ser tan reduccionista: no necesitamos gestiones transparentes, necesitamos BUENAS gestiones. La transparencia obliga a un control, parece que estemos diciendo: no nos fiamos de esa persona, grupo, sistema. Y ese es el error mayúsculo. Puede ser “transparente” la gestión y ser un puto desastre. Tiene que ser eficiente, clara, con unas líneas marcadas, independiente, pero no hace falta que sea transparente.

– Es lógico y coherente trabajar dentro del concepto de “buenas prácticas”, en realidad se ha hecho ya y hay instituciones culturales en España que funcionan así (IVAM, CDN o Reina Sofía por poner tres ejemplos). Sería absurdo no ver esa evidencia. Lo que sí hay que hacer es despolitizar esos consejos consultivos y que los profesionales tomen las decisiones sobre la cultura.

– Por último, hecho en falta una descentralización bien entendida. Se hace hincapié en la democratización de las instituciones, pero uno de los lastres es su centralización, en un Estado plurilingüe y con múltiples culturales. Es curioso que en materia sanitaria las competencias sí que sean de las Comunidades Autónomas, mientras que en Cultura, parece que así es, pero en la práctica, el monopolio pasa por la capital del reino. Creo que es una doble dirección: descentralización y permeabilización para conocer todas las realidades.

Comentadas estas líneas generales. Sí me gustaría entrar en cada apartado para ver qué aspectos positivos desarrollan y que otros deberían mejorar (léase con el documento ad hoc La Cultura que Podemos):

INTRODUCCIÓN

Dos frases me saltan enseguida a la reflexión:

“la institucionalización de la cultura ha transformado la necesaria tutela de las administraciones en dependencia”

“se ha instrumentalizado la cultura como recurso –económico o político- al servicio de causas ajenas”

De la primera me recuerda aquel “de la subversión a la subvención”, que como lema vale, pero es como enumerar un problema y no darle solución, por lo que cae en la demagogia.

En cuanto a la segunda sí me preocupa: ¿no puede ser la cultura un lugar de beneficio, entiéndase económico claro está, para el creador, artista, productor del obra de arte? ¿hay alguna causa ajena que se me escape? Eso en recurso económico, pero en cuanto a recurso político iría más allá, ¿entonces el teatro de Weiss, Brecht, Hare es un teatro no válido? Al ser un teatro de marcado carácter político (y entendamos este concepto en todas sus extensiones) lleva a otra causa: la reflexión, el posicionamiento, el análisis de una realidad, que es una causa ajena a su función dramática / teatral.

En esta introducción, como en algunos puntos tengo la sensación de apuntar cosas que no se quieren cerrar, y pueden dar pie a significar una cosa o su contraria. Y eso es peligrosísimo.

POR UNAS POLÍTICAS CULTURALES A LA ALTURA DE LOS TIEMPOS

En el primer punto destacan los 4 desafíos que impulsan desde Podemos Cultura, alguno de ellos, discutible:

– Reconectar su valor con los intereses de la ciudadanía a través de la participación y el acceso

– Constituirse como sector creativo sostenible, autónomo y diverso

– Reducir la dependencia institucional y sus adherencias

– Superar el marco de las instituciones y programaciones culturales para, incluyéndolas, posibilitar que la ciudadanía cree, se explique y se represente en espacios y modelos que van más allá de lo oficial o lo comercial.

El 2º y el 3º son los que me generan más dudas. El concepto de sector cultural autónomo me devuelve otra vez al neoliberalismo, a “apañaos vosotros con lo vuestro” cuando vemos que las políticas culturales que realmente funcionan son aquellas donde la Cultura (con mayúscula) adquiere función de Estado. Hemos entendido mal: que el Estado ponga un paragüas a la cultura no significa que no pueda ser crítica con él (con el Estado) y que no sea independiente. Esto hay que explicarlo cada vez más en España, algo impensable en Holanda o Francia, por poner dos ejemplos reconocibles.

En cuanto a la dependencia ahonda en lo mismo: no es malo depender de “papa” Estado. Lo malo sería que esa dependencia obligara a seguir un único modelo de creación, siendo solo ese modelo el lógico. Por ejemplo, que solo se hicieran obras románticas porque al ministro de turno le gustan ese tipo de obras. El ejemplo es burdo pero creo que explica muy bien la relación Estado-Cultura.

POR UNA POLÍTICA CULTURAL COHERENTE Y TRANSFORMADORA

En los seis puntos a los que debe aspirar las políticas culturales existen algunas contradicciones, si bien hay que decir que en ocasiones, como planteamiento, son puntos de partida interesantes.

En el primero ya se cae en ello: “Transformar los modelos actuales que priorizan la mercantilización, la instrumentalización y el clientelismo, para devolver a la cultura su carácter creativo, libre, placentero, crítico y diverso.”

Contraponer lo mercantil a lo libre y creativo es algo extrañísimo: para mi puede ser creativo que alguien haga una determinada película, pero si quiero verla debe extraer una mercantilización de ese proceso.

Tengo aún más problemas con los conceptos de placentero y crítico. El placer no es el mismo para todos (depende de muchos factores), al igual que el análisis crítico. ¿Quién establece que eso sea así?

En el quinto punto creo que hay un error (o se ha cometido). Dice textualmente: “Promover medidas que defiendan la sostenibilidad económica de la cultura, lo que implica, por un lado, defenderla de la precariedad laboral y profesional,…” tuve que leerlo dos veces para entender que se necesita una cultura no precaria. La estructura de la frase da lugar a pensar lo contrario.

En todo caso en ese quinto punto lo importante es la máxima “…colocarla en el terreno de la emancipación económica y la autofinanciación,…”, lo que me recuerda que están proponiendo un modelo más cercano al liberalismo que a la asunción por parte del Estado del papel de motor de las políticas culturales (ese término tan contradictorio). No creo que haga falta volver al comentar el modelo francés, no?

Por resaltar los aspectos positivos, creo que sí, que hay que huir del cortoplacismo, que hay que fomentar la diversidad cultural, y promover la participación activa de la ciudadanía. De hecho creo que el documento en si tienes una buena base con la que empezar a trabajar, pero muchos matices peligrosos que pueden ser una cosa o totalmente la contraria.

POR UNA CULTURA LIBRE Y AUTÓNOMA

En este caso hacen ver cuáles deberían ser las vías de gestión y financiación, y vuelven a entrar en unas buenas intenciones y en quererlo todo, que si bien en la utopía puede resultar enriquecedor, en la práctica es complicado.

De los cuatro puntos me detengo en dos, el segundo, donde (cito textualmente) “la devolución de las cantidades subvencionadas cuando se alcance un techo de beneficio”, que si bien puede parecer lógico es perverso (lo del enriquecimiento a gogó todos entendemos que debería ser controlado, aunque en la lista Falciani pocas gentes del sector Cultura vas a encontrar). ¿Quién pone ese techo? ¿Será equitativo? ¿Dónde está la vara de medir?

En el último punto otra espina: “una legislación de desarrollo y financiación cultural que fomente la colaboración de particulares y entidades privadas para apoyar la creación artística…” ¿Entonces la panacea es el mecenazgo, algo netamente privado? ¿Y cómo se genera eso en un país que NUNCA ha habido una cultura de mecenazgo?

POR UNA CULTURA DE Y PARA TODAS Y TODOS

Tema espinoso este punto cuando se meten en dirimir qué son los derechos de autor. Ya el primer punto es cuanto menos curioso “Modificar la legislación en materia de propiedad intelectual, a partir de un diálogo amplio con los sectores implicados y la ciudadanía, para adaptarla a las particularidades del mundo actual”. Yo pregunto, ¿Qué tiene que ver la ciudadanía en esto? ¿Por qué es juez y parte? ¿Por qué dejar a los creadores en inferioridad de condiciones? No creo en la voz de la mayoría cuando esa voz no es sensata y razonada (el tiempo da o quita la razón, que todos sabemos como ascendió Hitler), y confrontar la propiedad intelectual con la ciudadanía me parece temerario. Me gustaría saber el porqué.

En el punto tercero sí que marcan algo, que todos sabemos que es el verdadero problema de todo esto: “…en virtud de los beneficios que obtienen por las nuevas vías de distribución”. Yo añadiría “y las antiguas”. Porque sí, ahí está. El lucro de las teleoperadoras, que son en última estancia donde va el ciudadano para extraer unos servicios (ya sean legales o no) es lo que debilita a los creadores. Si van a proponer, que comiencen por ver qué pasa con las descargas ilegales y lo que cuesta la tarifa plana en España y los contenidos legales o no. Ahí, todos lo sabemos, está el quid de la cuestión.

El punto cuarto, hay algo que no entiendo del final: “Asimismo se buscará reducir la presencia de intermediarios para poder aumentar así los ingresos netos de los autores y, al mismo tiempo, acercar a creadores y usuarios”. Esto que a priori suena tan utópico parece cargar contra las entidades de gestión. Y hay que defender el trabajo que se hace desde ellas. Otra cosa es que hayan tenido casos de corrupción que nos ha avergonzado a los creadores. Pero no sé cómo van a reducir intermediarios, si no se propone desde alguna institución una ayuda complementaria. Estaría bien explicarlo. Creo que parte de un desconocimiento de la realidad de las entidades de gestión y de ver como en algunos casos (caso Bautista, por ejemplo) quedan manchadas.

POR UNAS INSTITUCIONES CULTURALES DEMOCRÁTICAS Y TRANSPARENTES

En este punto defienden los tres axiomas que debería tener una institución cultural pública: democracia, transparencia y gestión responsable.

Como he dicho anterior no estoy de acuerdo en la transparencia, no porque no crea en ella, si no que, como pasa aquí, se deja de lado una gestión eficiente, creativa, una buena gestión (y sé que el vocablo “buena” cada uno lo asume de una determinada manera).

Partiendo de esta base, creo que hay un buen razonamiento de cómo alcanzar esos logros (punto clave: “instituciones autónomas e independientes del poder político”), pero en el último punto echa en falta algo que comentaba al principio: crear instituciones descentralizadas, interdependientes entre si, que permeabilicen su trabajo, que hablen de tu a tu.

Desgranan cada uno de los apartados (Democracia, transparencia y gestión responsable), teniendo un par de peros en los dos últimos.

En “Transparencia” hablan de “la pluralidad sea el antídoto contra el amiguismo y el clientelismo”. Bien, pero, ¿Cómo se lleva a la práctica? Y por otro lado me pregunto, ¿puede haber un “amiguismo” bien entendido? ¿Qué pasa cuando de verdad ese “amigo” es el más preparado, lo apartamos por ser “amigo”?

En “Gestión responsable” hablan de “Equilibrar y controlar la externalización de los servicios culturales”, lo cual también veo razonable, actuando de buena fe, claro. Como declaración de intenciones es perfecto, como realidad, me da miedo ese “control” de los servicios culturales.

CULTURA Y CONTEXTO

En el último punto vuelve a haber de cal y de arena. El la primera parte, titulada “Por un espacio y patrimonio cultural protegido y abierto”, puedo estar de acuerdo en gran parte de lo que se comenta (yo que vivo cerca del barrio del Cabanyal en Valencia, esto ha sido importante para parar la especulación inmobiliario, ha sido un BRA-VO de la cultura), pero me choca esto “Limitar la apropiación del espacio público y patrimonio edificado por iniciativas privadas y marcas comerciales con fines puramente mercantiles o publicitarios”. ¿No sé van a poder hacer anuncios en nuestra ciudades? ¿No venden esos anuncios un país, una “Marca España” tan devaluada? ¿No es esa mercantilización (vista de una manera utópica eso sí) un provecho para nuestra cultura a fin de cuentas? A reflexionar.

En ese mismo punto dan pie a algo muy interesante “Recuperar aquellos espacios públicos en desuso para destinarlos a fines culturales”. Hace falta, mucha falta. Algo que en Berlín ocurrió en los ochenta y noventa, es muy necesario en una España especulada por los gobiernos que liberalizaron el suelo.

El siguiente apartado “por una cultura visible y formativa” es uno de los que da pie a ver cierta lógica al documento, y sobre todo, es un posicionamiento buenísimo y muy bien razonado. Un bravo. “Incentivar los esfuerzos para la educación y la comunicación cultural, e impulsar la creación de departamentos que desarrollen proyectos educativos y sociales en el seno de las instituciones” es la piedra filosofal de todo. Es lo que dará sentido a todo. Comencemos por la pedagogía, por el interés libre y creativo de los más pequeños.

El último punto “por una política integral de comunicación, cultura y medios” van un paso más allá. Ya lo he comentado al principio y se nota que en estos puntos se hacen fuertes en algo que saben controlar: los nuevos medios y el papel de la comunicación en la cultura. Creo que la mayoría de los puntos están razonados y bien expresados, siendo, es verdad, un punto de partida.

Y al final hay una reflexión que a mi me ha hecho pensar.

“Un camino que no queremos recorrer sin la participación de la ciudadanía y de los profesionales y expertos en materia cultural. No queremos prefijar cuál será la meta, sino más bien señalar un punto de partida”.

No sé quien está detrás del escrito, pero sí que conozco algunas personas del ámbito cultural en Podemos. En Valencia, Áurea y Ximo, el productor Pancho Casal en Galicia y Cat en Madrid, y son personas sensatas, de las que escuchan, de las que quieren cambiar algo.

Me ha sorprendido la actitud de algunos compañeros ante el documento sin entrar a razonarlo, comentarlo, debatirlo, sino más bien a hacer chacarrillos, chistecillos (algunos con más gracia que otros, que todo hay) y opiniones de salón de casa. Volvemos a lo mismo: es que si no me llaman, no me muevo de casa, y creo que es un profundo error. Nadie ha dicho que no vayan a llamar a nadie. De hecho es la primera vez que un partido político, que viene de un movimiento ciudadano, se lo toma en serio. Lo de quedar a comer con gentes de la cultura, siempre me ha parecido de un demodé que tira p’atrás. No queremos echarnos unos pinchos y unas risas con los políticos, queremos compromisos firmes con la cultura. Dejemos de ponernos en plan víctima, y no cuesta nada acercarse a una reunión, preguntar, saber.

Ya es hora que la pluma (el teclado o lo que creáis que os identifique) baje a la calle. No esperemos a que nos llamen, nos seamos elitistas. Sea aquí o sea en cualquier lado. El texto, la palabra, es nuestra manera de hacernos entender. Utilicémosla.

LA ÑORA DISTRIBUYE Y EL CORTO COMO ESPACIO DE LIBERTAD

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Por Martín Román.

Hay un sentir general de que el cortometraje es una especie de escuela, el primer paso que toda persona que quiera dirigir un largometraje debe dar. Ese sentir no está únicamente en el público ajeno a la creación audiovisual, también está instalado en los mismos profesionales del sector. Esa es una mentalidad mercantilista de la creación cinematográfica. Cierto que levantar un proyecto audiovisual cuesta bastante dinero, pero eso no debería restarle valor a la creación en sí. El cortometraje es un formato audiovisual con valor propio, ni menor ni mayor que el que pueda tener el largometraje, una tvmovie o una serie. ¿Alguien cree que los cuentos de Cortazar o Chejov son obras menores? No me diréis que nunca os habéis emocionado con un cortometraje porque sólo dura 5 o 20 minutos. ¿Los primeros cortos de Tim Burton son obras menores si las comparamos con sus largometrajes? La única forma de revertir esta percepción del cortometraje como escalón, y que puede perjudicar la creatividad del director, es dando visibilidad a los cortometrajes.

Si un director tras lograr filmar su primer largometraje decide que no quiere volver a dirigir un cortometraje, que es un paso atrás en su carrera, creo que está cerrando la puerta a poder experimentar con su propia creatividad. Debido al costo que conlleva levantar una obra audiovisual, en un largometraje uno se encuentra con que su visión artística empieza a estar contaminada (a veces para bien, la mayor parte de las veces para mal) por una serie de actores que al ver su dinero y negocio en juego deciden imponer (las veces que es para bien es porque proponen –y con acierto-) sus criterios: “quitas esta alusión a la religión o la política para no molestar a una parte del público“, “en lugar de este actor desconocido me pones esta cara famosa“, “hay que meter un plano en que el protagonista se sirve una pizza precocinada…” Y a veces hay que claudicar para levantar tu película (¿seguro sigue siendo tuya?). Sí, lo acepto, este último paréntesis se escribió con ciertas dosis de demagogia, a mí también me apetece dirigir largometrajes, pero he visto estos factores en preproducciones de largometraje y sé que nunca he tenido que enfrentarme a ninguna imposición de esta índole cuando he escrito y dirigido un corto.

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Pero se puede revertir esta situación. Lleva tiempo, más que años. En España empieza a haber cortometrajistas de renombre, quizá el más famoso sea Chema García Ibarra, pero también están Álex Montoya, Óscar Bernacer, (por citar algunos que además son amigos) ¿Era eso posible hace diez años? Creo que nadie se imaginaba un presente así. A ello han ayudado mucho las redes sociales, los festivales y en gran medida las distribuidoras que se han preocupado de que sus obras llegaran lo más lejos posible.

Cuando llegué a México busqué una distribuidora para uno de mis cortos. Sorpresa, no existía ninguna. Los cortos no encontraban toda la difusión deseable aunque sí existían festivales como ShortsShorts en DF, festival que recientemente ha lanzado su propuesta Noches de Cortoteca, un evento mensual que espero se consolide y aumente en fechas y sedes, o el apoyo del IMCINE a sus cortos. El caso es que junto a mis amigos, que hoy son también mis socios, era un tema recurrente. Veíamos que el cine mexicano estaba en un buen momento, su cine de autor triunfa en festivales (Reygadas, Franco, Escalante, Markovitch –aunque argentina lleva 20 años en estas tierras-) y tiene una taquilla respetable en los cines comerciales del país, y el cine comercial está arrastrando de nuevo al público mexicano a ver su cine (Alazraki, Derbez, Del Amo, Higareda, por no hablar de aquellos que triunfan en Hollywood). Además, algunos de los cortos en los que colaborábamos o llegaban a nuestras manos tenían muy buena calidad, era una representación menor pero la conclusión a la que llegamos es que si el cine mexicano vive un buen momento tiene que haber un montón de directores de cortometrajes con trabajos increíbles, “Deberíamos montar nosotros una distribuidora de cortos…” y la charla de bar se convirtió en realidad.

Unos cuantos emigrados (Llanos Gómez, Sonia Sánchez, Sam Baixauli y un servidor), y una productora mexicana (Mariana Martínez) hemos unido nuestras fuerzas e ilusiones para dar vida a La Ñora Distribuye, la primera distribuidora de cortometrajes en México. Todos somos profesionales del audiovisual y en nuestra trayectoria hemos participado en varios cortos con diferentes roles que abarcan casi todas las áreas (a excepción de sonido creo que entre todos hemos tocado todos los palos). Sabemos que como directores, una vez acabado el corto empieza el verdadero via crucis. Cuando somos principiantes pensamos que sólo por la calidad del mismo llegará a todos lados pero entonces nos encontramos con el burocrático mundo de los envíos. Horas engullidas rellenando formularios y decepcionantes noes que nos hunden en la miseria y pueden empujarnos a desistir con la distribución. Una distribuidora se puede involucrar emocionalmente en los envíos pero como su trabajo consiste en eso, en enviar cortos, nunca se va a detener por un “no”. Además La Ñora sólo acepta aquellos trabajos en los que crean sus socios, que cumplan nuestros “estándares de calidad”. Y esto tiene trampa… Los estándares no se limitan a valores técnicos, si grabas en miniDV porque era lo que tenías a mano y suples tus carencias con ingenio y nos emocionas, estás cumpliendo estos estándares, si grabas a 4k, con grúas, steadycam, cromas, drones… y nos aburres, no estás cumpliendo los estándares. Somos cinco socios más nuestra coordinadora de distribución, Ludmila Bollati, y nuestra community manager, Verónica Jiménez (de ComunikarT), y no votamos sólo según nuestros propios gustos caprichosos, sino que valoramos diferentes puntos antes de emitir nuestro veredicto.

corto presente

Iniciamos nuestra distribución en julio con 2 cortometrajes en distribución, hoy hay 7 en distribución y 3 en ventas con varios cortos a punto de incorporarse en el catálogo. Entre ellos HISTORIAS de Ana Ireri Campos, premio especial del público de la selección on-line en el Festival Internacional de Cine de Morelia 2014, uno de los festivales más importantes de Latinoamérica y del que La Ñora se convirtió en patrocinador oficial. Y como nos apasiona el cine y los cortos ya tenemos una primera coproducción junto a Fernando Gómez (quien ya produjera VOCABULARIO), titulada HIJO MÍO y dirigido Sam Baixauli. Seguimos con toda la ilusión y aprendemos cada día.

Cumplimos en breve seis meses de vida. Queremos ver tus cortometrajes y aunque radicamos en México recibimos trabajos de todo el mundo. Esperamos que estos seis meses sólo sean el germen de una labor de muchos años.

Nos puedes seguir en nuestras redes sociales: en Facebook pinchando aquí y en twitter @LaNoraDstribuye.

¡Larga vida al corto!

DE TAN MALO ES BUENO

Por Rafa Ferrero

Si criticar fuese deporte olímpico, el equipo de la selección española tendría el banquillo más profundo del mundo. Cualquier españolito de a pie podría defender los colores nacionales en una final sin despeinarse y ganando de calle a cualquiera que se le pusiera por delante. Criticar se nos da bien y nos encanta. Eso, entre otras cosas, explica la aparición de un fenómeno como el del espectador social y la repercusión que está teniendo en este país. El concepto lo explica mucho mejor Teresa Díez en esta entrevista, yo me limitaré a decir una serie de chorradas una detrás de otra, que ya sé que os encanta.
Un espectador social es básicamente alguien que no se limita a ver algo en la tele, sino que además lo comenta en las redes sociales. Pero este fenómeno no se queda ahí. No se trata solamente de que la gente haya encontrado una nueva vía para comentar sus programas favoritos, este fenómeno ha evolucionado hasta tal punto que ya ha empezado a influir en la programación de los canales. Porque una cosa es ver algo y después decir a los cuatro vientos si te ha gustado o no, y otra muy distintas es comentar algo en directo, mientras lo estás viendo. Esta segunda modalidad es la que me resulta realmente interesante.
Cuando estás viendo algo que te gusta, el capítulo de una serie por ejemplo, que alguien hable o (peor) que te pida que le escuches, puede ser motivo de discusión. Toda tu atención está puesta en el monitor, el mundo que te rodea ha dejado de importarte y da igual qué se esté quemando, puede esperar.
La cosa cambia cuando lo que estás viendo no te gusta. Lo normal sería cambiar de canal, o incluso apagar la tele y buscar otra actividad (hay quien lo hace, en serio). Pero no. Gracias a las redes sociales hemos encontrado un modo de seguir viendo la tele incluso cuando lo que estamos viendo no nos gusta. Hemos perfeccionado el arte de criticar y hasta le han puesto un nombre en inglés, que siempre luce más, el Hate-Watching lo llaman.
Hace años, cuando compartía piso, creamos casi sin darnos cuenta un evento semanal que consistía básicamente en cenar y ver Operación Triunfo. En esas veladas, el volumen de la televisión solía estar bajo, para que no molestase. Porque lo realmente importante no era lo que allí se dijese o cantase, era lo que nosotros teníamos que decir. Y, la verdad, de vez en cuando se escuchaba un “Pues esta chica canta bien”, pero siempre iba seguido de un comentario del tipo “Sí, pero habla como un camionero búlgaro y se le entiende menos”. Lo de criticar ya estaba inventado.
La gran diferencia entre nuestros eventos semanales y los hashtag de hoy en día no es que los que están criticando no puedan pasarse las patatas fritas entre ellos porque no están en la misma habitación, sino el tipo de programa que están descuartizando. De un tiempo a esta parte ha aparecido una nueva clase de contenidos audiovisuales, una nueva raza mutante de programas que ha elevado la vergüenza ajena a la categoría de arte.
Los triunfitos, e incluso los grandes hermanos de las primeras ediciones, se tomaban en serio el programa y su papel en él. Y lo que es más importante, el programa los tomaba en serio a ellos. Pero eso, obviamente, ya no ocurre en Princesas de barrio, ni en Granjero busca esposa, ni en Un príncipe para Corina, ni en Mujeres ricas, ni en ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, etc.

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Puede que haya algún concursante despistado que haya acabado en el programa pensando que se le iba a tratar como a una ser humano, pero claramente se equivocaba, de pleno. Todo aquel que acepta participar en semejante esperpento está aceptando tácitamente llevar una diana en el pecho y convertirse en el blanco de los afilados comentarios de miles de twitteros empujados por una sola obsesión: Ser el autor del comentario más gracioso. Y como todo el mundo sabe, no hay nada como un buen comentario hiriente para triunfar.
Admitámoslo, lo que llamamos televisión social, en algunos casos, se parece mucho al bullying. Todos nos aliamos para poner a parir a alguien y aquel al que mejor se le da es el más guay de todos. Como en el cole, pero sin bocadillos de mortadela para el recreo.
Todo muy divertido, pero detengámonos un momento. No se me quita de la cabeza el hecho de que en algún momento del proceso alguien se paró y dijo a su equipo: “Vamos a hacer un programa malo, pero tan malo, que de malo sea bueno.” Y lo consiguieron.
Nunca he tenido la suerte de trabajar en uno de estos programas (me encantaría vivir la experiencia desde dentro, al menos una vez), pero me he tragado algunos como espectador y reconozco que me sorprenden. Siempre me queda la duda de si la magia casposa que consiguen en algunos momentos nace gracias al casting (Debe haber por ahí auténticos expertos en encontrar frikis kamikazes), a los guionistas y redactores (A veces las emboscadas son evidentes, pero otras veces surgen situaciones locas de forma tan aparentemente natural que te imaginas al equipo de guionistas arrodillándose y dando las gracias al cielo por hacerles el trabajo gratis), o al montaje (Aquí he de quitarme el sombrero. El montaje de algunos programas, el modo en que seleccionan y manipulan los cortes, es sencillamente magistral, digno del mismísimo Satanás. En algunos programas, para mi gusto, han rebasado el límite editando en exceso. Pero en general, estos programas son lo que son gracias a que se montan buscando contentar a su público más fiel, las hienas hambrientas de twitter, y no tienen ningún tipo de contemplación ni miramiento hacia los pobres concursantes. Van a acabar devorados, así que mejor servirlos bien troceados).
En definitiva, aunque la audiencia social se esté empezando a estudiar y cuantificar ahora, creo que ya llevamos unas cuantas ediciones de programas que nacieron, consciente o inconscientemente, para el consumo y disfrute de un público capaz de apreciar lo genial en lo mediocre. Siempre habrá quien califique estos programas de basura, no todo el mundo tiene estómago como para soportar según qué cosas, eso hay que comprenderlo. Pero, por escondido que esté, hay que reconocerles cierto mérito a este tipo de programas.
Un servidor seguirá entrenando, por si algún día, por fin, criticar se declara deporte olímpico. Tal vez como deportista de élite me vayan mejor las cosas.

DE OTRAS FORMAS NARRATIVAS

Nuestra firma invitada de hoy, Samuel Dalva, se considera “escritor de guiones aficionado” (dixit). Pero este ingeniero es uno de los mejores y más interesantes tuiteros en lo referente a guión que te puedes encontrar en redes sociales.

Tiene varios guiones de largo y algún que otro corto escritos, pero “lo único sensato que he desarrollado ha sido una serie de TV junto a Fernando Hugo Rodrigo del género de Ciencia Ficción” nos asegura.


Por Samuel Dalva (firma invitada)

UNO

Leí hace no sé cuánto, no sé dónde, que en no sé qué escuela invitaron a los alumnos a ver una película.

Por lo visto era una buena película. Un clásico de los que nunca defraudan.

PERO

Los alumnos pertenecían a un mundo donde el acceso al cine o a la televisión era prohibitivo para los ingresos de sus familias.

De hecho, los alumnos JAMÁS habían visto una película.

Bueno, matizo: no habían visto una película, pero vivían en el mundo. Sabían de la existencia de las cámaras de video. También, habían visto alguna grabación familiar, o de alguna boda o celebración.

Cuando acabó la proyección, los profesores preguntaron a los chavales por la historia.

¿El problema? Nadie había entendido NADA.

DOS

De tanto ver cine, nos hemos habituado al lenguaje cinematográfico.

Entendemos que el TIEMPO de una película no es el tiempo real, cronológico.

Entendemos que la MÚSICA de algunas escenas, en realidad no se escucha en la escena, ni la escuchan los personajes.

Entendemos que un CALENDARIO al cual se le van desprendiendo hojas significa que pasan los días.

Entendemos que cuando hay un CORTE, no significa que el personaje haya viajado instantáneamente de un lugar a otro mediante algún mecanismo de teletransportación.

Todo lo que a nosotros nos resulta natural y aceptamos sin esfuerzo, para aquellos alumnos resultaba INCOMPRENSIBLE, un completo galimatías sin pies ni cabeza.

Eso sí, parece ser que fue una experiencia única y curiosa. Por la novedad.

TRES

Ana Sanz Magallón ha tenido la generosidad de traducir este artículo que habla de una estructura narrativa japonesa denominada kishōtenketsu.

Resumiendo (o lo que es lo mismo, siendo inexactos) el artículo viene a decir que la narrativa occidental está construida sobre la base del CONFLICTO, pero que existen otras estructuras narrativas en las cuales NO HAY CONFLICTO.

Por ejemplo, el kishōtenketsu, que consta de cuatro actos, cuyo significado aproximado es el siguiente:

KI                   donde se exponen los personajes y la situación.

SHŌ              donde la situación evoluciona sin grandes acontecimientos.

TEN               donde aparece un nuevo elemento (a menudo sorpresivo) que no se deduce de lo que hemos visto hasta ahora.

KETSU          donde se resuelve el contraste existente entre el tercer acto y los anteriores de manera que la historia adquiere sentido y los cuatro actos conforman un todo global.

Como pueden ver, en ausencia de conflicto, el interés de la historia se basa en el CONTRASTE que se ha originado por el tercer acto.

La armonía se restablece con el desenlace, en el cuarto acto, donde de algún modo se viene a poner ORDEN EN EL CAOS.

Todo esto está mucho mejor explicado, y con VIÑETAS, en el artículo original. Léanlo. Merece la pena. Mucho.

CUATRO

¿Nos hemos habituado a ciertas estructuras dramáticas y por eso no nos resultan atractivas otras formas de narración?

¿O realmente algunos esquemas no funcionan, o funcionan peor y por eso se descartan?

No tengo respuestas.

Por cierto, QUIZÁS (lo sé, es una hipótesis arriesgada, pero no soy el único al que se le ha pasado por la cabeza),

Ki                   grupo de simios.

Sho                 pelea y muerte de uno de ellos.

Ten                 el vencedor lanza el hueso al aire. El hueso se “transforma” en una estación espacial.

Ketsu              el resto de la película trata de reconciliar los tres actos anteriores.

 

BERLIN MEMORIES: UNA SEMANA EN LA CAPITAL DE LA CULTURA

[Podéis encontrar en twitter, Facebook e Instagram

todos los detalles de mi viaje con el hastag #GABINBERLIN]

 

Por Gabi Ochoa

A Hedda Kage, una excelente anfitriona

Una semana en Berlín da para mucho. Aunque sea tu primera vez. Porque las primeras veces son las que más y mejor se recuerdan (y de las que más y mejor hablamos en nuestras ficciones).

Ir además en plena vorágine de la Berlinale un lujo sin parangón. Primero una aclaración: no fui a la Berlinale, aproveché que iba a presentar un texto teatral en el Mime Centrum para pasar unos días en Berlín, los días de la Berlinale donde además mi primera película como director “El amor no es lo que era” se podía ver en el European Film Market. Pero EFM es un mercado para distribuidores, para productores. Los creadores no pintamos nada allí. Bueno sí: si quieres pintar pagas una acreditación de 350 euros y puedes pasearte por todos los stands. Pero nada más.

¿Y que hace un creador como yo en Berlín? Ver cine y teatro, sobre todo, y mantener contactos, conocer otras cinematografías, hacer amistades, etc.

CINE EN LA BERLINALE

Pude ver 5 películas. Mayoritariamente cine iberoamericano, pero también de otras latitudes. Lo que más me sorprendió es ver tantas secciones competitivas, y tantos títulos (hasta 400 pelis se podían ver!), y con todo, salas llenas o con un buen volumen de público. O la ciudad está volcada en el festival o el frío hace tanta mella que el cine es un refugio.

Y además con una política interesante de precios: una peli de Sección Oficial te podía costar 13 euros, cara sí, pero luego había secciones paralelas a 4, 8 o 9 euros. Pero lo mejor es que una hora antes de cada proyección la entrada costaba la mitad. Así pude comprar algunas de las entradas.

Presentación de "Atlántida"

Presentación de “Atlántida”

De las que vi destacaría 2 cintas de la Sección Generation-14plus: por decir aquello que no se dice y mostrar aquello que no se ve en la adolescencia, me cautivó “Atlántida” de Inés María Barrionuevo. Por otro lado, el grito de rabia entre marginal y divertido de “Somos Mari Pepa” de Samuel Kishi Leopo a medio camino entre documental y ficción, me recordó mucho a “Barrio”, tal vez la mejor peli de Fernando León de Aranoa.

EUROPEAN FILM MARKET

Martin Gropius por dentro

Martin Gropius por dentro

Martin Gropius es el lugar donde puedes encontrar stands de todos los países y de sus distribuidoras. El lugar es enorme y en su parte central hay una zona con cafetería para mantener reuniones. Además suelen haber pequeños encuentros o happy hours en la propia cafetería. Es un lugar de eclosión para establecer contactos.

2 hechos me parecieron importantes reseñar:

–       Por un lado los 2 stands que más me llamaron la atención fueron el de Corea y el de Argentina. ¿Y por qué, os preguntaréis vosotros? Los dos países tenían un buen puñado de cintas en las secciones más importantes del festival (Oficial, Panorama, Forum, Generation 14 plus). Y hacían gala de ello. Los carteles de esas películas estaban allí, expuestos, con el nombre de la sección en la que estaban. Hacían cinematografía. Pero no solo eso: los argentinos tenían allí un apartado para sus talents, para aquellos directores, guionistas, productores, etc, que estaban en Talent Campus. Es decir: hacían gala de su cantera, sabían que existía, en última estancia la mimaban. Me pregunto cuanta gente del ICAA se ha puesto en contacto con los 5 españoles que estuvieron en el Talent Campus. En todo caso tienen los comments para comentarnos la experiencia.

–       De otro los contactos, esos happy hours, y una pequeña copa final de los Talent Campus, donde pude estar con dos talents españoles: Dani Martin Novel y Sergi Portabella. Saber que hay cine “español” en los márgenes, que están llegando a lugares importantes te reconcilia con todo esto. Dani, si todo va bien, podrá rodar a final de año en Argentina su proyecto “Mudo”, mientras Sergi tiene un buen puñado de productoras alemanas interesadas en su proyecto, pero necesita productor español: a qué esperáis!!!

TALENT CAMPUS

Y es que Talent Campus es el lugar donde llevar los proyectos. Guionistas y directores españoles jóvenes (o no tanto), hay que ponerse las pilas. Estos mercados, de los que seguro hay muchos compañeros han hablado, son herramientas fundamentales para poder pitchear tu proyecto a muchos, muchos futuribles productores. ¿Qué puede que no le interese tu proyecto ahora? Bien, puede ser más adelante, puede que otro proyecto, pero el camino está iniciado.

Dada la crisis de nuestra industria, necesitamos abrirnos mercados, y me he dado cuenta que los Talents son una herramienta muy fructífera. Es verdad que no lo he conocido en primera persona (ojalá!) pero voy a intentarlo. Y si no, una cita como Berlinale es ideal para irte con un proyecto debajo del brazo, con una serie de contactos hechos de antemano, y ver qué posibilidades tiene tu idea.

Talent además te da múltiples jornadas de encuentros, masterclass, conferencias, más reuniones que nadie debe desdeñar.

ALGO DE TEATRO

Como mi visita no solo era cinematográfica, o no exclusivamente, pude asistir en Berliner Ensemble a un montaje conceptual de “La ópera de los cuatro cuartos”. Sí, no me enteré de las interpretaciones alemanas, pero los números musicales realmente potentes.

Además mi anfitriona, Hedda Kage, amiga y traductora de mis obras de teatro, me llevó a conocer Deutsches Theater, Volksbühne y Gorki Theater. En este último asistimos a algo nuevo para mi theaterbrunch, en el que compartías mesa con gente del teatro mientras desayunabas-comías y veías un concierto de tres actores de la compañía del teatro. Luego, nos hicieron una visita guiada por las instalaciones.

Compañía actoral del Gorki Theater

Compañía actoral del Gorki Theater

Los grandes teatros alemanes, según supe conforme iba conociendo los lugares, suelen tener sus compañías estables de actores que trabajan en los montajes que se presentan. Además todos los teatros tienen tres figuras importantes: director administrativo, director artístico y dramaturgista. Esta última figura es la más curiosa y no sé si la entendí bien: es quien adapta, versionea las producciones del teatro, además de trabajar en los montajes como autor, o recomendar autores. De alguna manera la figura del autor está íntimamente ligada al edificio teatral, y eso me parece encomiable.

Hedda Kage presentado el texto. Junto a ella Heide Simon. Los hombres de la izquierda son Henning Bochert y Alexander Stillmark

Por último el jueves 13 se hizo la presentación de mi texto teatral “Deseo y placer” en el Mime Centrum, junto a la lectura dramatizada de algunos fragmentos de la obra. Oír tus textos en alemán, ver las reacciones del público, tener después charlas con las gentes que habían venido y con los actores fue una de las experiencias más estimulantes he tenido en años. Por esto empecé a escribir teatro, por esto continuo a día de hoy, más de 15 años después de mi primera obra, escribiendo. Agradezco tanto a Hedda Kage haberme dado la oportunidad como a Franziska Muche que me tradujo desde el alemán lo que iban diciendo, hasta los tres actores Alexander Stillmark, Henning Bochert y Heide Simon, tres verdaderas joyas con los que tuve alguna de las conversaciones más interesantes sobre teatro, Deleuze, José Luis Gómez (Heide había trabajado con él) y Walter Benjamin.

Creo que esta ha sido una primera parte de algo que va a continuar con un nuevo proyecto. Ya iré informando.

OUR ENGLISH

Estando allí me encontré con este artículo sobre el inglés y el cine español. ¿Tenemos que renunciar a un idioma en pos de la universalidad?

Creo que este tema da para un post aunque me remito a aquello que vi en la Berlinale:

1)    Sí, hay que tener un dominio del inglés para salir a estos mercados, para trabajar fuera.

2)    El cine argentino, como el coreano, por volver a los ejemplos arriba señalados, se han hecho fuertes con sus idiomas. Elogiemos aquello que somos, sin despreciarlo, y construyamos desde las dos formas de ver.

LAS SEMILLAS

Me he dejado para el final aquello que realmente da sentido a una cita como esta: el contacto personal, los encuentros, las conversaciones que te marcan y que dejan una pequeña semilla para continuar.

En esos días me he encontrado con amigos que hacía tiempo no veía, otros que conocía por redes sociales, y gente que no conocía de antes.

Conocí al dramaturgo, fotógrafo y director chileno Eduardo Pávez, ahora afincado en Berlín. Compartimos experiencias teatrales y descubrí algo del teatro chileno contemporáneo y de sus formas. También tuve momentos con los talents españoles Sergi y Dani, dos todoterrenos con los que estuve en contacto. A Sergi lo conocía del Encuentro de Guionistas de Madrid y a Dani de muchos años en redes sociales. Suerte a los dos.

Y a gentes que no veía en Valencia. Con mi buen amigo César Campoy compartí alguna peli, y alguna charla sobre nuestra industria valenciana. Con Sara Mansanet y Carlos Madrid, el cuerpo y alma del festival de mediometrajes La Cabina de Valencia compartí algunas pelis y unas cuantas cervezas. También estuve con mi compañera Begoña Donat, periodista todoterreno valenciana, con la que terminamos hablando del libro de Baricco “Los bárbaros” y que he empezado ya, Bego! (me picó la curiosidad hace ya 3 años cuando lo comentó Tantanian en Panorama Sur y en Buenos Aires me lo compré). Por supuesto pateé, reí y me lo pasé teta con el terremoto de mi productora Paloma Mora, capaz de organizarse en dos días 5 reuniones fructíferas para sus próximos proyectos. Yo ya le he dicho que el año que viene vuelvo con ella y con un proyecto debajo del brazo haya Talent o no. Y finalmente y de casualidad, compartí vuelo de vuelta con Rafa Maluenda, director de Cinema Jove, en una conversación que duró todo el trayecto sobre la situación endémica del audiovisual valenciano y sus posibles vías.

Pero sobre todo compartí Berlín, conocí la ciudad y toda su historia gracias a Hedda Kage, la mujer que me quiso conocer hace ya 4 años cuando vio mi montaje teatral “Mi camiseta, sus zapatillas, sus vaqueros” y que no ha parado hasta que me trajo a Berlín.

Yo de mayor quiero ser Hedda Kage. Gracias Hedda.