DETRÁS DE CADA CARICATURA, UN GUIONISTA.

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Por Martín Román.

Hoy desperté con la noticia de los asesinatos en París. Doce muertos por un tiroteo perpetrado por tres integristas islámicos. Un atentado que persigue castigar a los “infieles” e instaurar la censura en las redacciones y la autocensura en los creadores, una censura que pese tanto como el plomo con que se fabrican las balas. El delito de los caricaturistas de la revista de humor satírica Charlie Hebdo fue criticar y denunciar la utilización de símbolos religiosos como excusas para ejecutar atentados y atrocidades. Al final el atentado lo sufrieron ellos.

No creo en Dios, y menos todavía en un dios que no tenga sentido del humor. Pero claro, el dios en que se amparan los integristas siempre es un dios censor, que censura con quien te puedes casar y acostar, de qué te puedes reír, de qué puedes hablar, sobre qué puedes opinar y te dicta qué debes creer y obedecer, los más obtusos, odiosos y peligrosos también creen que les señala a quién pueden y deben matar.

Hablo de integristas, en este caso han sido integristas islamistas. Tras el atentado, empiezan a aparecer twitts y comentarios en Facebook de gente que critica que tengan libertad de culto en Europa o que puedan construir mezquitas. Muchos de los que elaboran estas críticas deben ser buenos cristianos que consideran musulmán como igual a terrorista olvidando que en 2006 Leo Bassi fue amenazado por integristas cristianos  llegando a poner una bomba en su camerino en el Teatro Alfil de Madrid que afortunadamente no llegó a explotar. También integristas cristianos lanzaron una guerra injusta contra Irak. Ni por un caso ni por el otro considero a mis amigos cristianos o musulmanes terroristas. Pero tanto en ciertas iglesias como en ciertas mezquitas se pueden encontrar a quienes alimentan el odio. Cuando no se matan entre ellos convierten en víctimas a personas que tratan de vivir su vida (11S, 11M) o aquellos que tratan de poner un poco de cordura a través del humor (Charlie Hebdo), el cine (Jafar Panahi) o la literatura (Salman Rushdie). Además de los muertos, un atentado islamista en Francia trae mayores peligros si tenemos en cuenta que por un lado se desvía la atención de los recortes sociales hacia el terrorismo y por otro lado se alimenta el odio xenófobo y la islamofobia que representa la ultraderecha del Frente Nacional. Un fenómeno que se contagia y aumenta en los países del bloque.

“Detrás de cada caricatura, un guionista”, reza el título de este artículo. En algunas ocasiones dibujante y escritor del chiste son la misma persona, a veces uno pone la idea y otro el dibujo. En 9 viñetas o en tan solo una, los caricaturistas nos cuentan una historia con la que nos hacen reflexionar. A veces con una frase tan contundente que funciona como desenlace o detonante y el lector/espectador construye a su alrededor el planteamiento, el nudo y el desenlace de la historia. Nos hacen reír por no llorar. Es un trabajo muy difícil sacar una viñeta buena diaria o una buena revista cada semana, hay que ser muy creativo y tener una imaginación afilada para lograr en tan poco espacio tanta reflexión.

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“Se ha puesto tan serio el mundo que el humor es una profesión de riesgo”, dice Erlich en su viñeta. Contar historias comprometidas y que señalan a los que dañan la sociedad siempre ha conllevado sus peligros. Vivamos peligrosamente, no permitamos que nadie nos censure, démonos una buena bofetada cuando seamos nosotros mismos quienes la ejerzamos contra nuestro trabajo.

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PS: Comparto tres títulos sobre el integrismo religioso y sectario (trailers pinchando en los títulos), agradezco en comentarios compartan películas al respecto sobre el fanatismo en cualquier religión.

LA MALA REPUTACIÓN

por Paco López Barrio

Fue el pornógrafo del fonógrafo (así se definió en una de sus canciones). Entre sus pequeñas grandes historias cantadas está la de aquel gorila que escapó del zoo para perder la virginidad y terminó enculando a un juez. Celebró con deportividad las alegrías del adulterio (L’orage, La femme d’Hector) y estaba orgulloso de su Mala reputación:

Georges Brassens cabreó durante décadas a la derecha francesa (derecha política, económica, sociológica y moral). Mucho. Y, a pesar de ello, el Alcalde de París le concedió la Medalla de la ciudad. En aquel tiempo lo era Jacques Chirac (en la foto de arriba se les ve juntos durante el acto). Chirac fue con el tiempo Presidente de la República por la UDF, el partido fundado por el General De Gaulle al que también pertenecieron Pompidou o Sarkozy. El equivalente español a este homenaje vendría a ser algo así como Fraga condecorando a Luis Buñuel. O, más actualmente, como Rajoy a Javier Krahe. Impensable.

Vale que aquí no tenemos la tradición liberal de Francia. Pero es que, además, las relaciones entre el mundo de la cultura y el conservadurismo español están muy encabronadas. Y en el apartado cine y farándula mucho más. Este desencuentro no se limita sólo a las esferas políticas, sino que ha calado muy ampliamente en grandes sectores de la población. Ya sabéis la canción: Vagos, inútiles y subvencionados. De ello ya hemos hablado sobradamente en los mejores blogs del gremio.

Siguiendo los comments de los trolls asíduos (el último post de Barrejón en Bloguionistas reunió una colección antológica) me ha llamado la atención el diagnóstico que llegan a hacer algunos de ellos. Según explican la actual situación de recorte general (más que recorte, pelado al cero) que sufrimos, es la justa venganza a los desaires que se le han hecho al PP desde la profesión. Y citan dos hitos: El No a la Guerra en una Gala de los Goya, en presencia de ministros y retransmitida por la tele, y la campaña de apoyo a Zapatero, aquella del dedo en la ceja.

No voy a entrar en si es justa la venganza. Lo dejaremos simplemente en que no es propia de un sistema democrático. Ni dedicaré esfuerzos a explicar que el dinero sale del bolsillo de todos y no de los particulares del gobierno. Lo que realmente me llama la atención es hasta que punto se ha magnificado (a la contra) la figura de Zapatero y su época.

Zapatero ha sido (para bien o para mal) uno más de los muchos gobernantes que ha tenido el país. Sucedía a otros y otros le sucederán a él. Muchos de los artistas que le apoyaron ya tenían una carrera en marcha antes de que ZP tuviera la edad para ingresar en las Juventudes Socialistas. Ya vivían de su trabajo antes. Así que es ridículo pensar que se vendieron a Zapatero por una subvención. Y además, sabían muy bien que el poder de ZP acabaría antes que sus trayectorias profesionales. Rara vez un presidente de gobierno lo es por más de ocho años, mientras que la carrera de un actor o un cantante puede durar treinta, cuarenta o cincuenta años. Ejemplos sobran, que elija cada cual el que más le guste. Parece suicida, si lo que les mueve es el interés, lanzarse a una apuesta de tanto riesgo y con una fecha de caducidad tan próxima. Así que me inclino a pensar que lo que hubo, más que cálculo, fueron convicciones.

Esta interpretación, por otra parte, da por supuesta una gran falacia histórica: la de pensar que las relaciones entre el poder y la cultura eran buenas hasta que un par de gestos inoportunos las jodieron. A partir de cierta edad y conociendo un poco la historia no se pueden decir estas memeces. Y menos en este país. Hace siglos ya no debían ser tan buenas, cuando Quevedo fue desterrado y Fray Luis de León encarcelado. No eran buenas cuando a Garcia Lorca le dieron el paseo en una cuneta ni cuando Miguel Hernández murió en la cárcel.

En la lista de represaliados no sólo hay agitadores peligrosos. Aquí se ha castigado con el exilio a gente tan pacífica, “gente de orden” como le gusta decir a la derecha, como Unamuno, Ortega, Machado, Juan Ramón Jiménez o Manuel de Falla. Aquí se ha dejado perder el talento de Luis Buñuel o de Picasso, para alegría de México o Francia.

Apunte al margen: Entonces… ¿no hubo nunca intelectuales de derechas?. Si, y tampoco salieron bien parados: Ridruejo, Laín Entralgo, Antonio Tovar… acabaron con el tiempo firmando manifiestos contra la represión de los mineros asturianos o la ejecución de Julián Grimau. Y la película que más crudamente denunció la realidad del paraíso franquista, Surcos, fue obra de un falangista, Nieves Conde. Seguro que a Franco le hizo aún menos gracia que Willy Toledo a Aznar. Pero cuando se es un artista de verdad y no un poeta de juegos florales, un tipo íntegro y no un lameculos, pasan estas cosas.

Los intelectuales y artistas españoles tienen memoria histórica. Y no hace falta ser demasiado viejo. Muchos creadores, aún en activo, han vivido en sus propias carnes la censura, las prohibiciones, las suspensiones de recitales, las multas gubernativas. También las visitas al TOP (que no es ningún ranking, sino las siglas del Tribunal de Orden Público). Cierto que a los actores ya se les puede enterrar en sagrado… pero no tengo muy claro si ya les dejan entrar en el Ritz. Y seguro que algún creador gay nos podría contar qué era eso de la Ley de Peligrosidad Social, aún vigente cuando daba sus primeros pasos en su oficio.

El franquismo sumó a su barbarie política la asfixiante moral católica. Y el cóctel resultante no era el más propicio no ya para la creación, sino simplemente para una vida cotidiana medianamente feliz. Y aún así la dictadura no fue más que la prolongación de lo que era la “normalidad” de este país, salvo el frustrado paréntesis de la república.

Cierto que de eso ya hace años. Franco murió y vino la democracia. Pero una de las cosas en que hay bastante consenso es que esa transición se hizo mal y dejó muchos flecos. El principal, la impunidad de aquella gentuza. Hay una continuidad generacional entre aquellos y éstos. No lo digo yo: sus Libros de Familia hablan por sí solos. La sincera, así lo creo, voluntad reformista de Suárez se volatilizó un 23-F, a la vez que la caverna se refundaba y se lavaba la cara a medias. Tras los gobiernos socialistas ya vendrían “tiempos mejores”. Y en ello estamos: pero ni rastro del “centrismo” que reivindicaron, con la boca pequeña, por algún tiempo. Yo, al menos, no lo veo en personajes como Espe, o Cotino o muchos otros dispuestos a desempolvar crucifijos y mantillas. O a reintroducir en el Codigo Penal las manifestaciones, aunque sean pacíficas. Y si tienen que elegir entre quedar bien con un obispo o con un cineasta lo van a tener tan claro como lo han tenido siempre. De verdad… ¿cuándo nos ha querido esta gente?

¿Se puede ser creador obviando esta realidad? Si, se puede. De hecho seguimos peleando por nuestros proyectos y, de vez en cuando, conseguimos levantarlos. Algunos seremos más críticos y le daremos tota la caña posible al poder en los foros a los que tengamos acceso. Otros, más tranquilos o simplemente desencantados, trabajarán en silencio. Pero su silencio será más escéptico que partidario de lo que hay. Dicho de otra manera: dudo que haya un solo artista o intelectual que aplauda los desahucios de familias, los rescates a la banca, las subvenciones a la Iglesia, los recortes en educación… como en su momento ninguno de nosotros aplaudió la Guerra de Irak.

Somos gente que vive entre la gente. Y su destino es también el nuestro. La inmensa mayoría no tenemos línea directa con Hollywood ni una mansión en Berverly Hills. Trabajar en esto no nos libra de coger el Metro o comprar en Mercadona. Somos gente corriente. Y de esa gente corriente, de sus vidas y precupaciones, tomamos los temas para nuestros trabajos. Y se los devolvemos elaborados en forma de pelicula, serie, novela… y para hacer este trabajo estamos obligados a ser observadores y críticos. Y lo que vemos no nos gusta. Otra cosa es que no siempre estemos de acuerdo en cuales son las soluciones. Si es que las hay, que esa es otra.

Pero, o somos moscas cojoneras o no somos nada. Y eso no le va a caer bien a ningún gobierno. Mucho menos a los conservadores, a los que dicen que el mundo ya está bien como está. O incluso trabajan para que aún esté peor mientras ellos tengan algo que ganar con la miseria general.

No deja de ser significativo que ahora, como entonces, los dos gremios más castigados hayan sido los creadores y los maestros (otros vagos que no se ganan el sueldo y tienen muchas vacaciones, dicen). La gente que educa y la que crea opinión y sentido crítico, a los pies de los caballos, con la ayuda de la barbarie de base de un sector del pueblo español. Con el aplauso de los que nunca celebrarán un Óscar o un Nobel español, pero sí están siempre dispuestos a ésto:

Desengañémonos: no vamos a recuperar el afecto de la derecha (ni de la masa inculta que les sigue) porque nunca lo tuvimos. Seguirán prefiriendo a un corredor de bolsa para casar a sus hijas antes que a cualquiera de nosotros. Nuestra mala reputación viene de lejos. Tan de lejos que tampoco serían creíbles las muestras de “arrepentimiento” que pudiésemos mostrar ahora.

Portándonos bien no haremos pelis como El verdugo, Viridiana, Surcos… si de verdad queremos congraciarnos con ellos tendremos que volver a Pajares y Esteso. Lo único que conseguiríamos sería volver a donde denunció Bardem en las conversaciones de Salamanca, muchos años antes de que naciese el malvado Zapatero, a un cine “políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico”. Vosotros no sé, yo prefiero cambiar de oficio.

Si ser lo que somos nos acarrea mala reputación… bienvenida sea. Ni siquiera podremos contar con la solidaridad de los colegas de derecha, porque desaparecidos Laín, Ridruejo, Tovar… lo más parecido a un intelectual que  últimamente ha dado de sí la derecha española son gentes como César Vidal o Jiménez Losantos. Ya no hay Institución Libre de Enseñanza pero tenemos Intereconomía. Eso es lo que hay y ya cada cual que decida si le gusta o prefiere luchar por otra cosa. Como ciudadano y también – ¿por qué no?- como artista. ¿Dónde está escrito que no sea legítimo comprometerse con la propia obra? Por supuesto, con calidad y con gracia siempre exigibles. Y olvidarse del cariño que no nos devolverán porque jamás nos lo tuvieron.

Y el que quiera que un gobierno de derechas le homenajee, o simplemente le facilite un poco las cosas, que se nacionalice francés.