10 CONSEJOS GUIONÍSTICOS QUE NADIE ME HA PEDIDO

Por Gabi Ochoa

Ha sido terminar el año (y comenzarlo) y han emergido las listas de lo mejor, lo peor, lo más fistro,… de todo. A mi, la que más gracia me ha hecho es esta lista de los corruptos de este año. Eso, de todo hay.

Y yo no iba a ser menos. Tarde, pero nunca es tarde, si la lista es fistra y la mía lo es. Porque para qué ponerse sesudos. En esto del guión tengo dos o tres certezas, y creo que las olvidé en algún momento.

En todo caso, aquí van mis 10 consejos guionísticos que nadie me ha pedido:

– “Escribe con la pistola en la nuca”. Sí. No es literal, que no está la cosa… pero piensa que la tienes, piensa que te presionan. Cuando nos relajamos no es que procrastinemos, es que somos los putos reyes de mirar vídeos de perritos y gatitos. Ah! La frase de arriba no es mía, es de Sanchis Sinisterra.

Que monos, eh! ^.^

– Insiste. No pares nunca. Nunca te rindas. O si te rindes, que sea una rendición parcial, para coger fuerzas, para cambiar de tercio. No sabéis la gente que he visto caer en el camino. Yo a veces me he rendido, de hecho últimamente y todo, pero siempre termino aplicándome aquella frase tan cutre de película de Van Damme “Retroceder nunca, rendirse, jamás”

Para muestra un botón: Mod Producciones dice en su página que no recibe gente. Aunque luego lo desmintió Fernando Bovaira en la Roda de Guions organizada por EDAV y CulturArts, yo ya lo sabía. Había pedido cita y había ido. Ellos mismos me lo corroboraron: lo hacen para evitar las avalanchas. Me pasa igual con un productor “de cuyo Velvet no quiero acordarme”. Alguna vez quedaremos aunque sea para hablar de cosas de padres 😉

– Deja Instagram, twitter y Facebook. O déjalo por un tiempo. Deja de dar likes a las fotos de López Lavigne, a los post graciosos de Ramírez Mascaró y Alberto López y favs a David Muñoz. De verdad, eso no te da trabajo, te hace estar en la pomada, pero dime la verdad: ¿Vives de comer pomada? No. Pues ale, a escribir ceporro.

No hagas caso a Sergio Barrejón. El guionista más irreverente del planeta España (aunque viva en Alemania) siempre en su afán de contagiarnos de sus obsesiones (Sergio no, no voy a hacer una maratón) nos dice que si curramos mucho podemos sacar 2 guiones al año, veremos 104 pelis (al año) y leeremos 52 guiones (al año, claro). Mentira. Seamos sensatos. Lo importante es currar, cada uno a su ritmo. Que sacas 2 guiones al año, guay, pero no te agobies. Esto me lleva a otro consejillo barato…

– Márcate tiempos. Es lo más fácil y sencillo. A mi me ha funcionado. Cuando vendí el último proyecto fue porque trabajé con un objetivo claro: en primavera tendré el proyecto para venderlo. No me digáis porqué, pero creo que primavera es el momento estupendo para “vender”. La sangre altera, los productores están tontorrones, y yo-que-sé, a mi me ha funcionado. Pamela Douglas en “Cómo escribir una serie dramática de televisión” hace un planning que pese a ser muy americano os digo que funciona.

– Lee. Así de simple y tonto. Quítate de Facebook y léete un buen libro o un buen guión. Yo soy de teatro, leo mucho porque aparte soy profe de teatro y porque para el diálogo creo que es esencial. Me hierve la sangre cuando a un guionista le hablo de Pinter o Stoppard y me dicen: Quién?

– Queda con guionistas. Un café, una pizza, un cine. Somos un ecosistema aparte, asúmelo. Siempre sabrás en qué andan los otros, podrás leer sus proyectos, que te generarán ideas, puede que lean los tuyos y te den buenas ideas. Siempre que puedo lo hago. Con mis compis de Guionistasvlc (Paco y Rafa más, Martín en DF cuando regresa y a Héctor cuando voy a Madrid), pero me veo con Marci Menéndez, con Carlos López, con Juanjo Ramírez,… (estoy abierto a verme con más, eh 😉

– Asúmelo: Nunca serás Juanjo Ramírez ni Alberto López. Tú eres más de drama. Si eres de comedia, ábrete un twitter a lo Gerardo tecé. Si lo eres, ponlo en tu currículum, que pillas curro seguro! Pero de verdad, estos chicos revientan todas las redes sociales con ver quien dice la animalada más grande. Me río mucho con algunas, otras me parecen asíasá, y otras son malas, para que engañarlos. Pero eso es lo que tiene escribir mucho.

– Sin embargo: Diversifica. El ejemplo Mr. Juanjo Ramírez. Está en veintisietemil proyectos y lo lleva de maravilla. Yo ando en 3 y voy agobiao O.o Pero es condición sine quanum. No conozco a ningún guionista que este esperando a que le llamen sin escribir nada. Que seguro que lo hay, eh.

– Sé de tu ciudad. Será una tontería, pero mira Dani Castro con sus visitas a Pamplona. Madrid solo es para trabajar, mola hacerse una paella en Valencia o un mojo picón en Gran Canaria. Eso es así. Y además, los “navarros” tenemos esta cosa curiosa del diferente. Tu idiosincrasia es propia. Como que no mola verte con un valenciano en Madrid y decir “Ie xiquet!”.

– Yo-que-sé afíliate. Yo te diría a EDAV o a FAGA, por compensar. En ALMA son muy guais, parece que todo pasa por allí. Y no. Aunque son muy majos. Pero afíliate, eso sí. Es muy importante que estemos unidos. Sí, seguro que te encuentras a algún/a guionista que te intenta hacer la zancadilla (a mi últimamente más de uno) pero sabandijas hay en todos lados. Esa gente tarde o temprano cae por su propio peso. Aquí estamos para ayudarnos, para echarte una mano, y las asociaciones y sindicatos están para eso.

– Admira a la gente que citas. Han llegado ahí por algo. Saben de lo que hablan. Juanjo, Marci, Carlos, Paco, Rafa, Martín, Héctor, Ramón, Pau, Javier, Alberto, Ángela, Vero, Antonio,… son muchos/as a los que admiro y seguiré admirando. Se enfrentan (como tú y como yo) todos los días a la incertidumbre de la página en blanco, y al final del día, hay algo. Eso es un tesoro. No lo olvides. Como dijo Trueba: “Yo no creo en Dios, creo en Billy Wilder”. Trueba creía en un guionista. Por algo sería.

Y todo esto se resumen en dos:

– “Traiciónate a ti mismo”. No escribas siempre comedia, o thriller, o scketches, o lo que sea que haces bien (sí, sé que esta no estaba arriba, pero quedaba tan bien, y es ejem… de nuevo, del maestro Sanchis SInisterra).

– Y otra vez: “Escribe con la pistola en la nuca˝. Y no te la quites nunca. Al final el cañón te va a hacer cosquillas ahí, y te sentirás más cómodo, ya verás 😉

Sí, lo sé, no son 10 son 12 o 13, pero oye, ¿quién dijo que las matemáticas era el fuerte de un guionista? O.o

Feliz año 2015. Que el trabajo venga a nosotros. Y si no, creémoslo.

MANUAL DE SUPERVIVENCIA PARA GUIONISTAS FRACASADOS

Por Rafa Ferrero

Pero vamos a ver alma de cántaro, ¿a ti quien te ha dicho que eres un fracasado?
Si fue tu madre, no le hagas ni caso. Ella solo quiere lo mejor para ti y es obvio que ser guionista no es lo que más te conviene. Puede que sus formas no sean las mejores, pero algo tenía que intentar la mujer para que dejases esta profesión. Cuando ganes un premio se lo dedicas y santas pascuas.

Si fue tu jefe, hazle menos caso que a tu madre. Este solo quiere lo mejor para él mismo. Cuando triunfes olvida que algún día le conociste de nada, ignórale cuando se te acerque en algún sarao tratando de hacer ver que siempre creyó en ti y asegúrate de que todo el mundo lo vea.

Si fue un compañero… No me obligues a decir esto. Si a estas alturas no has pillado la dinámica puede que tu madre tuviese razón.

Nadie puede decirte que eres un fracasado, solo tú puedes decidir convertirte en uno. Si te lo dicen y te lo crees, estás perdido.

Cualquiera que lleve siendo guionista más de dos horas y media ha oído al menos 237 veces eso de que “el guión es una carrera de fondo”. Pues bien, imagina un corredor de fondo que empezase a correr pensando “esta carrera no la acabo ni de coña”. ¿Qué pasaría? Pues obviamente que ese tipo no acabaría la carrera ni de coña. Al primer síntoma de agotamiento abandonaría, porque ya se había convencido a sí mismo de que eso era exactamente lo que iba a pasar.

En la salida tienes que estar convencido, no de que vas a llegar a la meta, sino de que vas a ganar la puta carrera. Si no tienes ese tipo de mentalidad, no sirves para esto.

Todo depende de ti, de tu mentalidad. Tienes que estar convencido de que vas a escribir el mejor guión de la historia incluso cuando todo el mundo se ría leyendo un guión que escribiste intentando hacer un drama. Tienes que seguir convencido de que eres el mejor guionista de todos los tiempos incluso cuando un compañero al que hace tiempo que no ves te pregunte a qué te dedicas ahora. Tienes que ser capaz de amar esta profesión sobre todo cuando no tengas ni puñetera idea de cómo vas a pagar el alquiler el mes que viene.

Un guionista ha de ser como un samurai, como un guerrero jeday, como una roca de adamantium. Creedme, conozco a unos cuantos. En Valencia hay gente que sigue escribiendo guiones al mismo ritmo que antes de que cerrasen la tele. Es como si la banda del Titanic siguiese tocando a 2.000 metros de profundidad y sin perder el compás. Espectacular, escalofriante, sencillamente la élite de la locura mundial.

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Pero tranquilo, cualquiera puede alcanzar ese nivel aunque no sea valenciano. Solo tienes que seguir fielmente una serie de pasos. Si eres constante, llegará un momento en que serás capaz de mirar al mismísimo J. J. Abrams a los ojos sin pestañear y conseguir que se mee en los pantalones. (Merecido lo tiene.)

Primero: No reconozcas nunca que has fracasado. Da igual la edad que tengas, no importa lo mal que haya funcionado lo último que has escrito. Tienes que convencerte a ti mismo de que lo próximo que vas a escribir será la obra maestra que llevas toda la vida persiguiendo.

Segundo: Por muy seguros de sí mismos que parezcan los otros guionistas no olvides nunca que están tan perdidos como tú, o más. Si ellos son capaces de disimularlo, tú también puedes.

Tercero: Da igual lo que tú pienses sobre ti mismo, lo importante es lo que piensen los demás. Si todos creen que eres genial te lloverá el trabajo aunque seas un inútil. Dedica tiempo a cuidar tu imagen de triunfador.

Cuarto: Haz amigos en el gremio. Tiene múltiples ventajas y solo un inconveniente, que a veces, cuando les conoces bien, descubres que algunos son buena gente.

Quinto: Una cosa es trabajar y otra muy distinta ganar dinero. Tu trabajo es escribir y tu objetivo ganar dinero haciéndolo. Mientras no lo consigas puedes buscar otras formas de ganar dinero, pero nunca puedes dejar de trabajar.

Sexto: Preséntate a todas las ayudas, premios, concursos, rifas, sorteos, vales descuento y rasca y gana que puedas. No es solo por la ayuda económica, lo importante es autoconvencerte a ti mismo de que el universo entero conspira para que tú sigas siendo guionista. Eso debe ser lo primero que se te pase por la cabeza cuando ganes un premio.
Anda que no he oído veces eso de: “Iba a dejarlo, a abrir una tienda de cupcakes o algo, porque los cupcakes lo van a petar ¿sabes? Pero como me han dado este premio, voy a seguir escribiendo.” Bueno, en realidad el plan de negocio varía según la persona, pero ya me entendéis.

Séptimo: (Aportación de Juanjo Ramírez Mascaró) Cuando todo parezca negro como la boca de un callejón sin salida, vuélvete a ver Golpe en la Pequeña China. Ya sabes lo que le dice Jack Burton a la tormenta: “Dime lo que quieras, nena. No me enfadaré.”

Octavo: Un guionista con un encargo es como un agente secreto con una misión especial. Nadie ni nada puede ser más importante que eso.

Noveno: Enamorarse es una opción, querer formar una familia una posibilidad, pero llevar una vida “tradicional” es una utopía. No te lo tomes como una renuncia, convéncete a ti mismo de que has elegido vivir al límite. O cásate con alguien rico evitando la separación de bienes.

Décimo: Si te vas a morir ya y todavía no has triunfado, no te rindas. Van Gogh triunfó después de muerto ¿por qué tú no? Todavía no se ha dado el caso en un guionista, pero tú procura dejar un cajón bien repleto de guiones, por si acaso. Escribe hasta el último de tus días.

Solo una última cosa. No hay nada peor que un tonto sobremotivado, así que antes de venirte arriba procura averiguar si eres tonto. Es sencillo, si has leído este post creyendo que realmente contenía las claves para triunfar, no hay duda, eres tonto.

HAY QUE IR DE BARES

Juanjo Ramírez Mascaró ha  pasado por el terror (“Mí” de César del Álamo) y la comedia (Vaya Semanita). Ha explorado las posibilidades narrativas en especies no-humanas, como los cacahuetes de “Gritos en el pasillo” o las aventuras del gato Obi.  Hoy ha venido desde Demasiado violeta, su blog, a hacernos una visita.

por Juanjo Ramírez Mascaró

Las pocas veces en que alguien me pregunta eso de “¿qué hace falta para ser guionista o director?” yo suelo responder:

Para ser guionista – o director – hay que ir de bares.

¡No lo toméis al pie de la letra!

Si os interesan estos temas, ya sabréis que no conviene tomar nada al pie de la letra. ¡Nunca!

¡Las letras son peligrosas! Trabajar manejándolas es trabajar manejando pólvora. Es penetrar en laberintos de los que nadie sale ileso. Ni siquiera el maldito Minotauro.

Cuando digo “hay que ir de bares” me refiero a que… hay que vivir. Hay que dejar que la vida te manche y te deforme.

Yo tuve la suerte de tener como profesor de guión al director Jorge Grau. Él expresaba lo que yo intento contaros de una manera mucho más contundente, más rotunda. Según las palabras de Grau:

Para ser director, hay que haber sido antes pistolero.

Una vez más, no hay que tomárselo al pie de la letra.

Supongo que lo que intentaba decirnos en sus clases Jordi Grau era que para tener algo que contar, hay que acumular vivencias.

Y que cada uno lo haga a su manera. Que cada uno elija su camino.

Algunos elegiremos explorar los bares, otros preferirán irse a la India a tener un viajes acojonantes e iniciáticos. Otros decidirán irse de putas.

Todas las opciones son válidas, pero cada vez estoy más convencido de algo: Ver pelis y leer obras está muy bien, pero si de verdad queremos aportar algo a este “mundillo”, deberíamos pasar más tiempo viviendo en el mundo real del que pasamos viendo pelis o leyendo libros.

No intento negar la utilidad de ver pelis o series. ¡Dios me libre!

Pero creo que si hay algo peor que no haber visto Ciudadano Kane, ese algo es… no haber visto a la gente que te rodea cada día.

La gente suele hablar sobre la suerte que tuvo Quentin Tarantino por currar en un videoclub. ¡La de pelis raras que pudo ver gracias a trabajar allí!

En mi opinión, basta ver cualquier peli de Quentin para darse cuenta de que probablemente ese zumbado aprendió más hablando con otras PERSONAS, de un lado a otro del mostrador, que metiendo cintas de VHS en un reproductor y dándole al PLAY.

¡Que sí! ¡Que yo también creo que darle al “play” es tremendamente útil! Pero difícilmente escribiremos algo que conmueva si al mismo tiempo no dejamos que el mundo tangible nos ensucie un poco.

Cuando pienso en esto recuerdo las enseñanzas de otro profesor que tuve en la universidad. Pablo López Raso. Nos impartía la asignatura de Teoría del Arte, y me abrió los ojos hablándome de nubes.

Él nos contaba cómo en la pintura “post-renacentista” de los siglos XVI y XVII, antes de la “revolución romántica”, los “academicistas” predominaban y estaban muy divorciados de la realidad. El lienzo era una venda que se interponía entre el mundo y ellos.

En lugar de retratar lo que tenían delante de sus narices, deformaban la realidad para adaptarla a los cánones estéticos imperantes.

Y era muy fácil ver eso en: las nubes que dibujaban. Eran nubes que rara vez ve uno en el cielo. Nubes anormales, excesivamente geométricas.

Y la percepción de la realidad estuvo varios siglos constreñida en esa prisión de escuadra y cartabón, hasta que llegaron impresionistas, expresionistas y esquizofrenias varias.

Desde que escuché aquello lo adopté como metáfora de muchísimas cosas.

De hecho, me acordé de la anécdota cuando, en cierta ocasión, decidí apuntarme a clases de dibujo.

Yo siempre he sido aficionado a dibujar, pero siempre de manera autodidacta. Así que hice aquel intento de potenciar mi afición con conocimientos teóricos. ¡Clases de dibujo! Sonaba bien.

Duré un día.

Allí estaba yo, junto con otra alumna. Y a esa otra alumna la habían puesto a dibujar una de esas estatuas griegas tan “cliché”. No recuerdo bien la estatua, ni el dibujo. Lo que nunca podré olvidar, sin embargo, es el momento en que el profesor se acercó a esa chica y le dijo:

Lo estás haciendo mal. Un pecho femenino no tiene esta forma, sino esta.”

Ése fue el momento en que supe que tenía que largarme de allí. “Un pecho femenino no tiene esta forma.” ¿¡Qué cojones!? De pronto me acordé de aquellas nubes del siglo XVII. Aquel tío no debía de haber visto muchas tetas en su vida, o no había sabido MIRARLAS de verdad.

¿En serio hay una teta igual que otra? ¿¡En serio hay una nube igual que otra!?

Una nube sí que es un auténtico lienzo en blanco, en el que cualquiera está invitado a dibujar lo que le dé la gana.

Y una teta… ¡joder! Un teta es incluso mejor que una cerveza. Nadie tiene derecho a aplastarla para que encaje en un lienzo de mierda.

El caso es que… es muy fácil que nos pase algo similar en lo nuestro.

Muchas veces veo pelis cuyos guiones no parecen inspirados en inquietudes surgidas de una mente auténtica. Parecen más bien reproducciones rituales de algo que ya hemos visto – y aplaudido – en otra decena de pelis anteriores. Nubes del XVII. Tetas de estatuas.

Muchas veces veo eso mismo en la forma en que se realizan ciertas pelis. De pronto tengo la sensación de que la manera en que se ha rodado un plano, la manera en que se ha movido una cámara… no es otra cosa que un intento de reproducir lo que ya ha hecho Spielberg, o Burton, o Scorsese. Nubes del XVII. Tetas de estatuas.

Muchas veces leo novelas y tengo la sensación de que el autor le está tomando prestadas las palabras a los Celas, los Cortázares y Garcías Márquez de turno, en lugar de utilizar su propia voz. Nubes del XVII. Tetas de estatuas.

La única manera que se me ocurre de esquivar toda esa mierda es apartar el lienzo y enfrentarse al mundo cara a cara.

Salir a vivir, y luego regresar a contarlo.

Algunos elegirán ser pistoleros, como decía Jordi Grau, otros serán strippers, como Diablo Cody, o pillarán un buen trauma en Vietnam, como Oliver Stone.

Yo elijo los bares. Son menos exóticos y menos glamourosos, pero… ¡se aprende tanto en ellos!

Lo hago continuamente: Entro en los bares, me pido una cerveza… y escucho. No en plan cotilla. No sirvo para eso. Simplemente dejo que el mundo me entre por las orejas y por los ojos.

Los bares son una mina, en serio.

Porque siempre hay en ellos gente deseosa de hablar, gente en busca de una oreja en la que volcar sus alegrías y penurias (¡qué grandes – en involuntarios – psicólogos son los camareros, Dios!)

Porque en los bares se habla de las cosas que de verdad interesan a la gente. Las teles y las productoras siempre confían en las cifras engañosas del audímetro. Yo, en cambio, hago más caso del “barímetro”. Si la gente habla de ello en una barra de bar, es que interesa. Si está puesto en la tele del bar, a esa tele no la desmienten ni Sofres ni Dios.

En realidad los dos grandes índices de lo que interesa a la gente – en mi opinión – son el bar y la PELUQUERÍA. Pero a mí me queda muy poco pelo que cortar y mucha cerveza que beber.

En serio: El bar es una mina. Una auténtica mina. A él acude la gente que más necesita escuchar nuestras historias. Y allí cuentan las suyas. Allí se desnudan. Allí hablan sobre las cosas que más les preocupan, sobre las cosas que más les motivan. Sobre sus hijos, o sus trabajos, o su paro, su enfermedad o si miseria.

Y nunca he conocido un camarero “de verdad” que no sea al mismo tiempo un filósofo.

Lo que intento decir, en definitiva… es que da igual si somos pistoleros, agentes secretos o pilotos de fórmula uno. Hay que VIVIR. Ya lo decía Joaquín Reyes en su imitación de Coppola de La Hora Chanante: “Vosotros no sabéis vivir. Sólo sabéis grabar y montar.”

Y a fin de cuentas, en “lo nuestro”, vivir y contar es sólo pertinente si nos ayuda a conocer a la gente… y a ayudarla, a nuestra humilde manera.