10 CONSEJOS GUIONÍSTICOS QUE NADIE ME HA PEDIDO

Por Gabi Ochoa

Ha sido terminar el año (y comenzarlo) y han emergido las listas de lo mejor, lo peor, lo más fistro,… de todo. A mi, la que más gracia me ha hecho es esta lista de los corruptos de este año. Eso, de todo hay.

Y yo no iba a ser menos. Tarde, pero nunca es tarde, si la lista es fistra y la mía lo es. Porque para qué ponerse sesudos. En esto del guión tengo dos o tres certezas, y creo que las olvidé en algún momento.

En todo caso, aquí van mis 10 consejos guionísticos que nadie me ha pedido:

– “Escribe con la pistola en la nuca”. Sí. No es literal, que no está la cosa… pero piensa que la tienes, piensa que te presionan. Cuando nos relajamos no es que procrastinemos, es que somos los putos reyes de mirar vídeos de perritos y gatitos. Ah! La frase de arriba no es mía, es de Sanchis Sinisterra.

Que monos, eh! ^.^

– Insiste. No pares nunca. Nunca te rindas. O si te rindes, que sea una rendición parcial, para coger fuerzas, para cambiar de tercio. No sabéis la gente que he visto caer en el camino. Yo a veces me he rendido, de hecho últimamente y todo, pero siempre termino aplicándome aquella frase tan cutre de película de Van Damme “Retroceder nunca, rendirse, jamás”

Para muestra un botón: Mod Producciones dice en su página que no recibe gente. Aunque luego lo desmintió Fernando Bovaira en la Roda de Guions organizada por EDAV y CulturArts, yo ya lo sabía. Había pedido cita y había ido. Ellos mismos me lo corroboraron: lo hacen para evitar las avalanchas. Me pasa igual con un productor “de cuyo Velvet no quiero acordarme”. Alguna vez quedaremos aunque sea para hablar de cosas de padres 😉

– Deja Instagram, twitter y Facebook. O déjalo por un tiempo. Deja de dar likes a las fotos de López Lavigne, a los post graciosos de Ramírez Mascaró y Alberto López y favs a David Muñoz. De verdad, eso no te da trabajo, te hace estar en la pomada, pero dime la verdad: ¿Vives de comer pomada? No. Pues ale, a escribir ceporro.

No hagas caso a Sergio Barrejón. El guionista más irreverente del planeta España (aunque viva en Alemania) siempre en su afán de contagiarnos de sus obsesiones (Sergio no, no voy a hacer una maratón) nos dice que si curramos mucho podemos sacar 2 guiones al año, veremos 104 pelis (al año) y leeremos 52 guiones (al año, claro). Mentira. Seamos sensatos. Lo importante es currar, cada uno a su ritmo. Que sacas 2 guiones al año, guay, pero no te agobies. Esto me lleva a otro consejillo barato…

– Márcate tiempos. Es lo más fácil y sencillo. A mi me ha funcionado. Cuando vendí el último proyecto fue porque trabajé con un objetivo claro: en primavera tendré el proyecto para venderlo. No me digáis porqué, pero creo que primavera es el momento estupendo para “vender”. La sangre altera, los productores están tontorrones, y yo-que-sé, a mi me ha funcionado. Pamela Douglas en “Cómo escribir una serie dramática de televisión” hace un planning que pese a ser muy americano os digo que funciona.

– Lee. Así de simple y tonto. Quítate de Facebook y léete un buen libro o un buen guión. Yo soy de teatro, leo mucho porque aparte soy profe de teatro y porque para el diálogo creo que es esencial. Me hierve la sangre cuando a un guionista le hablo de Pinter o Stoppard y me dicen: Quién?

– Queda con guionistas. Un café, una pizza, un cine. Somos un ecosistema aparte, asúmelo. Siempre sabrás en qué andan los otros, podrás leer sus proyectos, que te generarán ideas, puede que lean los tuyos y te den buenas ideas. Siempre que puedo lo hago. Con mis compis de Guionistasvlc (Paco y Rafa más, Martín en DF cuando regresa y a Héctor cuando voy a Madrid), pero me veo con Marci Menéndez, con Carlos López, con Juanjo Ramírez,… (estoy abierto a verme con más, eh 😉

– Asúmelo: Nunca serás Juanjo Ramírez ni Alberto López. Tú eres más de drama. Si eres de comedia, ábrete un twitter a lo Gerardo tecé. Si lo eres, ponlo en tu currículum, que pillas curro seguro! Pero de verdad, estos chicos revientan todas las redes sociales con ver quien dice la animalada más grande. Me río mucho con algunas, otras me parecen asíasá, y otras son malas, para que engañarlos. Pero eso es lo que tiene escribir mucho.

– Sin embargo: Diversifica. El ejemplo Mr. Juanjo Ramírez. Está en veintisietemil proyectos y lo lleva de maravilla. Yo ando en 3 y voy agobiao O.o Pero es condición sine quanum. No conozco a ningún guionista que este esperando a que le llamen sin escribir nada. Que seguro que lo hay, eh.

– Sé de tu ciudad. Será una tontería, pero mira Dani Castro con sus visitas a Pamplona. Madrid solo es para trabajar, mola hacerse una paella en Valencia o un mojo picón en Gran Canaria. Eso es así. Y además, los “navarros” tenemos esta cosa curiosa del diferente. Tu idiosincrasia es propia. Como que no mola verte con un valenciano en Madrid y decir “Ie xiquet!”.

– Yo-que-sé afíliate. Yo te diría a EDAV o a FAGA, por compensar. En ALMA son muy guais, parece que todo pasa por allí. Y no. Aunque son muy majos. Pero afíliate, eso sí. Es muy importante que estemos unidos. Sí, seguro que te encuentras a algún/a guionista que te intenta hacer la zancadilla (a mi últimamente más de uno) pero sabandijas hay en todos lados. Esa gente tarde o temprano cae por su propio peso. Aquí estamos para ayudarnos, para echarte una mano, y las asociaciones y sindicatos están para eso.

– Admira a la gente que citas. Han llegado ahí por algo. Saben de lo que hablan. Juanjo, Marci, Carlos, Paco, Rafa, Martín, Héctor, Ramón, Pau, Javier, Alberto, Ángela, Vero, Antonio,… son muchos/as a los que admiro y seguiré admirando. Se enfrentan (como tú y como yo) todos los días a la incertidumbre de la página en blanco, y al final del día, hay algo. Eso es un tesoro. No lo olvides. Como dijo Trueba: “Yo no creo en Dios, creo en Billy Wilder”. Trueba creía en un guionista. Por algo sería.

Y todo esto se resumen en dos:

– “Traiciónate a ti mismo”. No escribas siempre comedia, o thriller, o scketches, o lo que sea que haces bien (sí, sé que esta no estaba arriba, pero quedaba tan bien, y es ejem… de nuevo, del maestro Sanchis SInisterra).

– Y otra vez: “Escribe con la pistola en la nuca˝. Y no te la quites nunca. Al final el cañón te va a hacer cosquillas ahí, y te sentirás más cómodo, ya verás 😉

Sí, lo sé, no son 10 son 12 o 13, pero oye, ¿quién dijo que las matemáticas era el fuerte de un guionista? O.o

Feliz año 2015. Que el trabajo venga a nosotros. Y si no, creémoslo.

OPERACIÓN 2015

Por Héctor Beltrán

Y llegó el 2015. Piensa guionista novel, tienes un año entero por delante, nuevo, a estrenar y todo para ti. Todavía huele a coche nuevo, aunque ese enigmático y tóxico olor desaparecerá en unas semanas y será febrero. Ten en cuenta que vas a pasar doce meses viajando en el coche que tú elijas, así que más vale que hayas pensado en el modelo que vas a conducir, es decir, en lo que vas a escribir.

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Robert Zemeckis y Bob Gale eligieron este modelo de coche para viajar durante 1980.

Seguramente habrás coqueteado con los propósitos para el año entrante. Y no me refiero a los ya manidos, apuntarse al gimnasio, dejar de fumar y perder peso. Me refiero a los propósitos profesionales. Si no te has preguntado, en qué voy a invertir mi tiempo el año que viene, deberías preocuparte, pero calma, la respuesta a esa cuestión, en gran medida, depende de ti. Todavía tienes tiempo para pensar. De momento, puedo contarte mis propósitos para este año. Miento, no son propósitos. Son objetivos.

Escribir dos guiones de largometraje, escribir dos obras largas de teatro, desarrollar un proyecto de serie más el piloto dialogado, dirigir un cortometraje y presentarme a todas las ayudas y/o concursos —serios y profesionales— que se pongan a tiro. Todo eso, como mínimo, es lo que voy a escribir en 2015. Es cierto, que muchos de esos proyectos son coescritos, cosa que ayuda a avanzar más rápido. De todas formas, no creo que sea una cantidad exagerada de trabajo, es más bien la concreción del año anterior. Ya hay una escaleta trabajada de los largos, de las obras, etc. Simplemente se trata de acabar esos proyectos porque creo que uno de los principales errores de los guionistas noveles, es la falta de finalización de los proyectos. Además, nunca sabes cuándo te van a preguntar por tus proyectos, así que mejor tenlos preparados para sacarlos al mercado en cualquier momento.

Aunque también es cierto que si se tienen demasiados proyectos se puede caer en la desazón al ver que avanzan muy poco a poco, así que primero céntrate en un par, organízate y ve superando objetivos. No creo que aporte nada nuevo pero es que es totalmente cierto, escribir es como una carrera de fondo. Cada paso que des estarás más cerca de la meta. Habrá días en los que te habrás sentado a escribir y no habrás avanzado nada, pero no es verdad. Una muy buena actriz —y amiga— siempre me dijo que de cada siete ensayos solo se avanza realmente en uno. Es la media. Y para avanzar en uno hay que hacer los otros seis. Escribir es lo mismo, hay que generar mucho material para quedarse con lo mejor.

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Esto es lo que ocurre cuando un guionista novel le pregunta a un guionista, con años de experiencia, cuántos proyectos ha desarrollado.

Otro de los vicios, en mi opinión, de los guionistas noveles es que no se piensa antes de escribir. Y no lo digo por no pensar en cómo escribir la escena o en qué voy contar,  sino que es algo relacionado con lo anterior. La planificación y los objetivos.

Me explico, piensa que vas a invertir mucho tiempo en ese proyecto que tanto te apasiona. Piensa en que te puede dar el proyecto y que no. Piensa en el tiempo que vas a invertir y cuál es el porcentaje de beneficio, económico o de visibilidad, que puedes llegar a conseguir.

Lo sé, es una manera de ver la cosa un tanto práctica pero creo que un guionista profesional debe preguntárselo todo antes de sentarse a teclear. Más que nada porque Youtube es un cementerio de webseries inacabadas, de cortos desechados por el Notodofilmfest y de cosas peores como webseries para el Notodo.

De todas formas, animo a todos los guionistas noveles —grupo en el que me incluyo— a escribir sin parar, incluso sin pensar. Igual que un ruso puede beber chupitos de vodka en Nochevieja en la Plaza Roja de Moscú. Sin parar y sin pensar.

Pero hay que ser realista, es verdad que la cosa está difícil pero cada vez que escucho a los guionistas más mayores —deporte muy saludable para el que quiera vivir de esto— tengo más claro que siempre ha sido igual. Así que, propongo que cada mañana, como si de un mantra se tratase, un guionista novel recitase, antes de sentarse a escribir, lo siguiente:

1.- Nadie me va a llamar.

2.- De cada diez proyectos sale uno.

3.- No lo voy a petar con mi primer (o algunos más) corto.

4.- No voy a vender mi primer guión de largo.

5.- Las pruebas para series no existen.

¿Entonces?

Entonces, lo que hay que hacer es ponerse a escribir. Igual que los matemáticos se van a pasar toda su vida intentando resolver los siete problemas del milenio, un guionista novel debe demostrar, sistemáticamente, que todo eso es falso. Aunque parezca imposible se puede. Si no que se lo digan al ruso, Grigori Perelmán, que en 2002 resolvió uno de los siete problemas matemáticos que atormentaba a la humanidad.

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Grigori anotando dos cosillas que le han venido a la cabeza.

Hay que escribir, lo que sea y no desanimarse. Hace dos años que salí del Máster y ya tengo compañeros que han decidido apearse del tren. Creo que no se debe tanto a que no haya oportunidades, si no a que hay que hacer muchas cosas para ir quemando etapas. Igual que el proceso de aprendizaje en un Máster es diferente para todo el mundo, una vez estás fuera, sigue siendo diferente. Por eso, quema todas las etapas cuanto antes y sigue avanzando. Piensa que  tienes que escribir ahora mismo para poder trabajar en unos meses. Apuesta, invierte y muévete para genera tu trabajo.

Si te quedas quieto te será más complicado. Esto funciona justo al contrario que unas arenas movedizas. Intenta moverte y hacer el máximo ruido. Si es posible, búscate compañeros para gritar al máximo y hundiros lo antes posible en esas arenas movedizas. Lo idea es crear una red de trabajo entre vosotros para generar proyectos y nunca estar sin gritar ni escribir.

Así que ponte el casco de guerra, extiende el mapa en la mesa y traza un plan. Empieza la operación 2015, y tal vez este año, saquéis los vasos de chupito como hizo Grigori Perelmán, que era aquel borracho que gritaba en la Plaza Roja de Moscú el día de Nochevieja. Había resuelto la hipótesis de Poincaré. Ahora ya podía volver a su presente en el Delorean.

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Mis compañeros de piso y yo planeando el 2015.

P.S. Este es mi primer post en el blog. Olvidad todo lo que habéis leído. Cuestionad todo lo que habéis leído. Haced caso a gente más mayor y con más experiencia. Piensa. Escribe. Reescribe.

BENDICHO & BELTRÁN: MADRID DAYS

Esta es la historia de dos guionistas, jóvenes, valencianos, en los madriles. Héctor Beltrán y Vicent Bendicho llevan ya un tiempo allí y nos hacen su crónica de esos Madrid days.

Por Héctor Beltrán y Vicent Bendicho (Firmas invitadas)

Corría el año 2013, era verano y el sol brillaba en el cielo de Madrid, o al menos eso pensábamos cuando nos bajamos del autobús. Efectivamente, era 2013 y era verano en Madrid, pero desgraciadamente el sol se escondía detrás de una nube de polución casi tan densa como las dudas que nosotros, dos estudiantes de guion valencianos, teníamos sobre o dentro de nuestras cabezas. Llevábamos poca ropa en las maletas, no demasiadas monedas en los bolsillos y algo de esperanza en nuestros corazones; no literalmente, claro, ya que no se puede guardar nada en un corazón —al menos uno que funcione—.

(Nosotros nada más llegar a Madrid. Las chaquetas eran por si refrescaba por la noche, nunca se sabe).

(Nosotros nada más llegar a Madrid. Las chaquetas eran por si refrescaba por la noche, nunca se sabe).

Después de discutirlo mucho, creemos recordar que así fue como llegamos a Madrid. Si Sherlock Holmes y el doctor Watson tuvieron su aventura aquí, nosotros también.

Así empezarán nuestras extensas memorias si algún día nos decidimos a escribirlas y a editarlas en tapa dura; pero como Ana Rosa no nos atiende el teléfono, hemos decidido contar a vuela pluma y por nuestra cuenta, algunas de las experiencias que como guionistas, valencianos y personas decentes (cita requerida) hemos vivido en Madrid. Esperemos que os resulte útil, sobre todo a los más jóvenes y aventureros que deciden venir a buscar una oportunidad ya que en nuestra tierra nos la han arrebatado.

La verdad es que de un día para otro pasamos del ambiente controlado y seguro del Máster de Guion de Salamanca a buscar piso en Madrid. Nos habían seleccionado, a nosotros dos y a Andreia, compañera del Máster, a través de una prueba de guion, para ser becarios en un programa de entretenimiento. Sí, habéis leído bien, el animal mitológico favorito de muchos guionistas: una prueba de guion.

Bueno, el caso es que tras una búsqueda de pocos días, conseguimos un piso no muy caro —y no muy nuevo— cerca de la productora y en el centro neurálgico de… San Sebastián de los Reyes. Vivíamos en el centro. En el centro de la periferia. Además, al llegar al piso, que habíamos alquilado por teléfono desde Salamanca, nos dimos cuenta de que las habitaciones tenían moqueta. Recordad que corría el verano del 2013 en Madrid. VERANO. MOQUETA.

Pero estos pequeños contratiempos no nos iban a hundir. Así que, con el ímpetu de los jóvenes ignorantes, cogimos fuerzas y nos dirigimos a la productora. Estábamos felices, contentos, radiantes. Nada más llegar, entramos a una paradisíaca recepción presidida por el gran logo de la productora. La gente pasaba y dejaba mensajes a la recepcionista o hablaba de las audiencias de la noche anterior. Por el fondo se escuchaban risas. En algún momento, alguien pasó con una gran pizarra con lo que parecían mapas de tramas. Definitivamente estábamos en el paraíso.

Por fin, tras esperar poco más de una hora en unos cómodos sofás, apareció la jefa de producción y, con extrema amabilidad y una gran sonrisa en la boca, nos comentó que el programa se había cancelado. ¿Cómo? ¿Cancelado? ¡Si no se había emitido! ¿Habíamos sido nosotros? ¿Estábamos malditos? Ya nadie nos iba a contratar para ningún programa nunca más…

(Antes de la noticia Vicente tenía pelo.)

(Antes de la noticia Vicente tenía pelo.)

Nos habían avisado pero parecíamos futbolistas en una rueda de prensa: la tele es así, nunca se sabe hasta el último momento, lo fácil es llegar y lo difícil es mantenerse, la tele son once contra once…

Pero no todo fueron malas noticias, acto seguido la productora nos dijo que no pasaba nada, que nos movían a la serie Con el culo al aire. Tuvimos el cuidado de esperar a que las puertas del ascensor se cerraran para gritar de alegría. ¡Nos habían cancelado un programa y acto seguido nos movían a una de las mejores series nacionales! Todo en diez minutos. Volvíamos a estar en la cresta de la ola. Los chicos de San Sebastián de los Reyes estábamos de vuelta.

Más tarde, nos enteramos que los guionistas de la serie trabajaban en un piso en el centro de Madrid. Y nosotros habíamos buscado un piso cerca de la productora en San Sebastián de los Reyes para no perder una hora yendo y viniendo del trabajo. Es decir, que todo el plan que teníamos preparado se había ido al traste. Y por si fuera poco, el universo se cebó con nosotros. Descubrimos que debajo de la moqueta de las habitaciones, ¡había otra moqueta! Recordad, era verano en Madrid y teníamos moqueta DOBLE.

Pero pasó el tiempo y nos rehicimos. Nos introdujeron en el engranaje de la serie, pudimos ver cómo eran las tripas de una serie de éxito. Conocer de primera mano todo lo que nos habían contado, la metodología de escritura, los equipos de trabajo, la figura del coordinador y del productor ejecutivo, la nevera, la máquina de café y los tickets Gourmet (aunque estos últimos solo los vimos de lejos). Tuvimos que ponernos al día. Leer y ver todos los capítulos no emitidos hasta alcanzar al resto. Empezamos haciendo los avances y los previos, eso que a tu madre se lo explicas diciéndole “lo que va antes y después del capítulo” y completas con “no mamá, los anuncios no”.

No era nada fácil, la verdad —ni la tarea ni explicársela a nuestras madres—. Nunca antes habíamos reparado en el trabajo de síntesis que exigían esas piezas que iban antes y después de los capítulos y que no eran los anuncios. Era un trabajo de bisturí en el que teníamos que medir cada parlamento para que los espectadores no perdieran el hilo de ninguna trama y que a la vez tuvieran un sentido dramático. Y dejarlo en alto. Siempre dejarlo en alto.

En realidad, al principio éramos elefantes en una cacharrería, un iceberg en el Atlántico Norte, Charlie Kaufman en una fiesta de cumpleaños. Hubiéramos muerto de desesperación si no hubiese sido por el apoyo de todos los compañeros guionistas, especialmente de Patri, que nos ayudó hasta el punto donde sólo llegan las hermanas mayores y nos corrigió con mucha mano izquierda. Además, tanto ella como los otros compañeros, llegaron a compartir con nosotros los tickets Gourmet.

(Típicos guionistas comiendo de menú.)

(Típicos guionistas comiendo de menú.)

 Los días pasaban y seguíamos aprendiendo, intentamos vender algunas tramas, dialogamos algunas escenas (a todos los personajes, en contra de lo que pensarían nuestras madres) pero hubo un pequeño trabajo que nos resultó curioso y satisfactorio: pensar acciones para los nuevos personajes que aparecían en la nueva cabecera. La verdad es que, al igual que con los avances y los previos, nunca habíamos pensado en eso hasta que nos lo pidieron. Definir a cada personaje con una acción de pocos segundos parecía una tarea fácil, pero estuvimos varias horas pensando. Durante ese tiempo, nos dimos cuenta de la importancia de las acciones, un aspecto muchas veces infravalorado en un guion, donde a menudo lo que brillan son los diálogos, como aquellos que te explican el significado de Like a Virgin o los que te recuerdan que algún día un capo italoamericano te pedirá un favor de vuelta.

Poco a poco empezamos a hacer las cosas más o menos bien e incluso aprendimos a manejar la fotocopiadora y la máquina del café con cierta soltura. Eran los días de vino y rosas, pero de repente —en la tele todo ocurre de repente, según nuestra experiencia—, nos necesitaban en un programa que nuevo: España a ras de cielo. De repente —en las cabezas jóvenes e inexpertas todo es de repente— sentimos una mezcolanza de sensaciones. Por un lado nos daba pena dejar Con el culo al aire en el momento en el que empezábamos a entender cómo dialogar a los personajes, la mecánica de la creación de tramas y la técnica del capuchino con espuma; pero por el otro, íbamos a ser partícipes de la creación de un programa desde el principio. Además, por su nombre, presumimos que sería un programa de helicópteros o de aviones comerciales, o quizá era un programa sobre expediciones de intrépidos montañeros a inhóspitas cimas. Nuestra imaginación volaba a mayor altura de la que nunca reconoceríamos ante un tribunal. Nos veíamos de personal fijo de la productora en unos meses, de jefes de equipo en unos años y de showrunners de nuestra propia serie antes de los cuarenta.

Cuando vimos entrar a Francis Lorenzo en la productora supimos que todo iba en serio. Al instante conocimos al equipo de redactores del programa, una figura que sabíamos que existía pero que no teníamos claro cuál era su trabajo. Pronto, y a la fuerza, ya que a los cinco minutos ya estábamos todos hablando por teléfono con posibles protagonistas del programa, descubrimos el oficio de redactor. Allí pasamos muy buenos momentos, como cuando se cerraba una entrevista o cuando descubríamos algún personaje fascinante, pero también pasamos algún momento regular. Era un mundo duro y exigente. Admirábamos a nuestros compañeros por su profesionalidad y sus habilidades periodísticas, pero también por su capacidad de trabajo. Nosotros llegábamos a casa —a San Sebastián de los Reyes—, exhaustos. Completamente fundidos. Estuvimos dos meses y medio hablando por teléfono con todo tipo de personas, desde responsables de grandes empresas o figuras públicas hasta pastores, guardabosques o taxistas rurales. Incluso llegamos a ponernos en contacto con el sobrino del Coronel de la Wehrmacht que planificó un atentado contra Hitler. Cuando el contrato de prácticas finalizó, nos despedimos con una comida de equipo y unos capuchinos con espuma.

Apenas una semana después, nos pusimos en contacto con la productora, esta vez para presentar nuestro propio proyecto, un programa de sketches que habíamos diseñado junto a nuestros amigos Sergio Granda y Alberto P. Castaños, compañeros del máster, también. El jefe de ficción nos contestó y muy amablemente nos concedió un pitch. Por primera vez, nos íbamos a enfrentar a un pitch profesional. Nos pasamos los días previos a la cita estudiando sobre qué partes hablaría cada uno y cuál iba a ser nuestra estrategia. Del target hablaría Sergio. En cuanto al formato y la producción, Héctor tendría que sacar las castañas del fuego y por último, Vicente (ya con algo de pelo después del disgusto de la cancelación del programa) explicaría los puntos fuertes del diseño de los personajes. Si nos ofrecía algo de beber, le diríamos que sí, agua, gracias. Estaba todo calculado al milímetro.

Lo que pasó es lo que pasa cuando lo tienes todo tan calculado, sobre todo en el mundo de la televisión. Exacto, en el minuto uno, un imprevisto nos derribó el castillo de naipes que con tanto esmero habíamos construido en nuestra casa con doble moqueta. Este imprevisto tenía la forma de un hombre de mediana edad y llegó en moto. Coincidimos con él en la entrada y se presentó como el jefe de ficción de la productora. Bien, muy bien. Subimos al ascensor con él e intentamos hablar del tiempo en los interminables segundos que todos sabemos que se pasan en cualquier ascensor del mundo (de hecho, suponemos que la Paradoja de los Gemelos de Einstein se gestó en un ascensor), pero más o menos a los tres segundos empezamos a hablar del proyecto. Continuamos en su despacho, bajo la curiosa mirada de nuestros excompañeros. El trato que recibimos fue la antípoda del que esperábamos. Ni rastro de la tensión o de la hostilidad que nuestras cabezas nos habían prometido. Salimos muy contentos del pitch y lo más importante: salimos por nuestro propio pie y en el momento en el que lo decidimos, lo cual ya era un triunfo. Sin embargo, el programa no tenía cabida en la parrilla del momento ni casaba con los planes inmediatos de la productora. Así que bien pero mal. Una experiencia más a la mochila y una oportunidad menos de ser ricos y famosos.

Otra vez, llegamos a la casa de la doble moqueta con una sensación agridulce. Y con una mudanza que hacer, ya que habíamos decidido trasladarnos al rovellet de l’ou, al centro de la metrópolis, para así estar más cerca de los lugares donde se cuece algo (aunque perdiéramos el privilegiado balcón desde el que veíamos los encierros de Sanse). Así que por no empezar con la mudanza, y por tener una excusa para quedarnos en Madrid, empezamos a escribir unos microteatros. En un alarde genial de la teoría del embudo, entre tres, escribimos dos y nos seleccionaron una.

Nos seleccionaron la obra en la que menos tiempo habíamos invertido, lo cual nos llevó a pensar que cabía la posibilidad de que tal vez el arte no se regía por valores puramente matemáticos. Cuando nos dieron la recaudación, después de un mes, comprendimos que al final, las matemáticas sí que eran importantes.

Durante ese mes, frecuentamos el local de Microteatro por Dinero donde coincidimos, aunque ellos no lo supieran, con gente como Concha Velasco, Nadia de Santiago o Paco Plaza. También engañamos a algunos profesores nuestros del máster, como Sergio Barrejón, Diego San José o Carlos Molinero para que entraran a ver nuestra función.

(El culpable, de tan buenas fotografías, fue Carlos de Pando.)

(El culpable, de tan buenas fotografías, fue Carlos de Pando.)

Esta experiencia nos sirvió para motivarnos a seguir intentando ser ricos y famosos pero sobre todo para conocer a Cecilia Solaguren, a Ricardo Reguera y a Ilargi Agirre, compañeros que se convirtieron en amigos y que nos están ayudando mucho con nuevos proyectos, obviamente, para hacernos ricos y famosos.

Y éste es el relato de unos pocos meses en la capital. Esperamos que esta serie de catastróficas desdichas –y algún pequeño triunfo- haya sido medianamente instructiva para aquellos jóvenes aventureros que se atrevan a venir a la jungla de asfalto.

Un profesor me dijo una vez  —parafraseando a Voltaire— que la suerte es una mezcla de preparación y oportunidad. Tenía toda la razón pero también es cierto que el fracaso siempre va a estar ahí, cerquita, dándote calor, haciéndote cueva con las manos para que te enciendas un cigarro en un día lluvioso. Lo complicado es vivir en esa fina línea, que no se ve pero se intuye. Así que al final aprendes que toda experiencia es enriquecedora, ya sea buena o mala. Bueno, menos para el personaje de Sherlock Holmes que después de Madrid Days ha pedido una orden de alejamiento para José Luis Garci.

POR QUÉ NOS VAMOS

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Por Gabi Ochoa

El otro día escribí esto en Facebook:
“Alguien debería pensar en un programa que fuera “Valencianos por Madrid”. Me he encontrado con Rafa (Montesinos), hemos hablado de Vicente (Ibáñez). Me he guasapeao con Nacho (López Murria) que para por allí y ha salido el nombre de (Toni) de Paco. Me he pasado rápidamente por Yorick a ver si estaba la mediovalenciana Carnetti (Encarna Sancho). Ir a Madrid es encontrarse a media Valencia cultural. Alguien debería pensar en porqué se da esto”.

Muchos lo comentaron. Otros que por allí andan como Mariola Cubells, Tirso Calero o Héctor Beltrán, o gente que va y viene como Fede Calabuig o mi caso. Pero me quedo con esto que escribió el maestro López Barrio:
“Sería un buen programa para Canal 9, si Canal 9 funcionase como debe. Pero si Canal 9 -la cultura en Valencia en general- funcionase no habría tantos valencianos en Madrid. Me temo que es un círculo vicioso. Por lo demás aquí tienes un post.”

Parece una ironía pero no lo es. Cuando ya no queda nada en esta tierra baldía, tal vez hay que pensar en emigrar.

No lo elegí. Nunca quise salir de Valencia, irme fuera a trabajar. De hecho aquí sigo, aunque cada vez viajo más fuera, me encuentro con más oportunidades de las que creía en otro sitio que no sea la terreta. De esto hablábamos Rafa y yo el otro día en la capi. Esta semana vuelvo a Madrid (esta vez iré con Vicente), como hace ya más de dos meses que hago con bastante asiduidad.

Recuerdo la primera vez que lo hice, allá por el ’97 o ’98. Un amigo, Xavi Sala (valenciano, of course), se había ido a trabajar a Madrid. Entró en ˝Periodistas”. Desde allí me insistía que fuera, que allí buscaban guionistas para un nuevo proyecto (aquello terminó siendo “7 vidas”). Hice, de hecho, una prueba que consistía en guionizar un capítulo ficticio de “Friends”. Pero claro, yo tenía 21 o 22 años, y mi experiencia era tan corta, que tras hacer ese capítulo (aún lo guardo, creo) me pidieron otra prueba. No la hice, por desconocimiento.

Con el tiempo he estado meses en Barcelona y en Madrid indistintamente, buscando curro o desarrollando proyectos. Recuerdo de hecho como después de una época de mucho trabajo, ya con 24 o 25 años, terminé en una productora y me fui a Barcelona con el proyecto de un documental debajo del brazo. Logré rodarlo, pero nunca lo pudimos vender a TV3, que era nuestra intención. Sueños de un veinteañero.

Ahora es distinto. Hace ya más de un año que Canal 9 – RTVV no produce nada. Ni ficción, ni documental, ni entretenimiento. Nada. Esto es el desierto. Algunos guionistas han emigrado. Otros se han pasado al teatro o se sostienen con curros menores en pedagogía, en rodajes, vídeos, etc.

Hablo constantemente con aquellos que se han ido, los que van y vienen. Quiero saber cómo les va. Me preocupa mi gente, que le voy a hacer. Irse es una puta mierda. Es jodido. Nadie quiere deshacerse de aquellas raíces que le tienen cogido a esta tierra en la que se vive genial sí, pero donde se ha hecho una gestión pésima, horrible, de la cultura.

En unas semanas despido a uno de mis mejores amigos porque cruza el charco para currar. Hace meses, ya ha pasado un año, lo hizo Martín Román.

Animo a aquellos que manejan CulturArts y Televisió Valenciana, perdón más bien les exijo, que se sienten con ellos, con esa gente que se fue a trabajar fuera. Ellos tuvieron una razón de peso para irse. Darles una razón para volver a trabajar en aquello tan falsario del “audiovisual valenciano”.

Este recuerdo va especialmente a amigos como Rafa, Vicente, Pau, Adán, Martín, Xavi, y tantos tantos otros que no queriendo dejar atrás “les seues arrels”, dijeron “ahí os quedáis”.

http://www.menoslobos.org/?p=97

NOTA: Este documental “Del primer Tripartit al ConCA” debería ser de obligada visión para todos los gestores culturales valencianos. Tres capos de la cultura catalana con el Tripartit reflexionan sobre cómo crear unas mínimas infraestructuras y potenciar la cultura catalana desde las Instituciones. Para reflexionar.
Son varios archivos. Para verlo entero (es más de una hora), tenéis que pinchar las flechas de la izquierda y de la derecha donde hay más vídeos.