NEGOCIAR

Por Gabi Ochoa

Hace más de un par de semanas que vi “Negociador” de Borja Cobeaga, y todavía sigo pensando en ella y sobre todo en el magnífico tono, tan difícil de trabajar en un tema como ETA y las negociaciones.

[OJOCUIDAO! SPOILERS A GOGÓ]

Obviamente todos pensamos al verla aquella máxima, que yo oí a Azcona, pero que seguramente será de otra persona: tragedia + tiempo = comedia.

Y ese es el acierto de la peli, como mezclar los momentos cómicos, aunque más bien patéticos de la historia, con el gran drama que fue el terrorismo de ETA y sus consecuencias. Sobre todo, como la última parte de la peli se encabrona hasta un final demoledor, no por duro sino por esa sensación de brazos caídos que se te queda.

Fui con mi amigo Marci Menéndez y al acabar con unas birras estuvimos largamente hablando sobre la peli, y sobre cómo es curioso que este tipo de peli, un riesgo para el guionista y director, solo se dé en España a partir de la tercera o cuarta peli (si llegas) cuando en otros lares vemos grandes debuts absolutamente radicales (no sé porqué me vino a la mente “Whiplash”). Seguro que no es así y alguno me lo rebatirá, pero esa es la sensación que tuve en el momento.

Pero en todo caso la peli creo que supone algo más para los guionistas. Entre sus secuencias (algunas realmente memorables) destila una buena reflexión sobre nuestro oficio y la manera de venderse y relacionarnos con los productores, y eso es lo que me gustaría extraer aquí.

Estos son las 5 valiosas reflexiones que me quedaron, y que creo que sirven muy mucho para nuestro oficio, y nunca mejor dicho, para negociar (contigo mismo o con los demás):

· La sencilla secuencia inicial (un señor esperando su comida y un trozo de filete friéndose) nos revela enseguida el conflicto, pero sobre todo un punto de vista de lo que vas a ver. En otras palabras: guionistas, nuestras historias se les pueden ocurrir a mil, nuestros puntos de vista no.

Hagámonos fuertes en contar y hacer hincapié en el qué, por supuesto, pero dejando claro el cómo.

Y no hace falta muchas y muy variadas palabras: las imágenes caen a peso. Esa secuencia se debería explicar en todas las escuelas de cine patrias.

· La película juega a secuencias paralelas que una suele ser la antípoda de la otra. Es el caso del personaje de la prostituta que sale en solo 2 escenas. En la primera, cuando Ramón Barea le empieza a explicar porqué ha tenido un gatillazo, encuentra, de una puta, la respuesta: el trabajo. Y eso le lleva a un problema con el lenguaje. No sé porqué, pero me vino a la mente esos momentos donde encuentras la clave de una secuencia, y de cómo manejar una situación dramática, pensando en otra cosa, incluso, hablando con amigos, familiares que no tienen nada que ver con el sector.

Hay que desobsesionarse de lo que haces para encontrar la clave de lo que buscas. Parece sencillo, pero el cerebro humano nos juega malas pasadas.

. Uno de los momentos más impactantes es la detención del personaje de Areces (magnífico en su papel de cabrón despiadado). Una secuencia musical, en la que la rabia, y sobre todo las consecuencias que tendrá se palpan en el ambiente.

Somos humanos, y como tal actuamos. ¿Cuántas veces hemos estallado y hemos dicho, “hasta aquí”, “me bajo”, “no puedo más”? Cuando no insultos. Hay que descargar y es lo más lógico. ¿qué siempre lo pagan los más cercanos? Pues hay que intentar saber disculparse y sobre todo canalizarlo creativamente. De eso hablé en este post sobre el enfado.

· Un primer plano donde se ve un traje y alguien intentando ponerse una corbata negra. La toma es tan gráfica que no hace falta definir más, pero enseguida nos llega ese momento de desilusión. Se ha ido todo a la mierda. Ya está. Pasa, pasa en un guión, en una negociación, en una escena que no sale. La verdad: huyo de aquellos a los que TODO les va bien. Es imposible. Es importante que a veces se te vaya al garete el proyecto. No estaba cuajado o no era el mejor proyecto, hay que verlo con perspectiva. Ahora, no tiremos la toalla a la primera de turno, porque…

· Creo que lo redondo de “Negociador” está en ese final, un optimismo derrotista que tan bien está traído y que tan bien define el cine de Cobeaga. Sí, todo se fue a la mierda, pero parece que lo intentó el personaje de Ramón Barea. Y así se lo hacen ver sus amigos cuando entran al bar y cerramos con una secuencia idéntica a la primera. Sencillez y humanidad todo en uno.

Es verdad que no todo sale bien. Nunca te compran el proyecto por lo que quieres, el coordinador te tumba 7 escenas y tienes unas notas de espanto, llevas encallado con ese guión 7 meses, pero… ni va a ser así siempre, piensa que estás mejor que cuando empezaste, y que no bajamos a la mina, como se solía decir.

Con todo, creo que es una peli redonda. La que debería arrasar en los próximos Goya. Sé que alomejó ni estará nominada, pero Borja, por como la has contado, por la valentía que te enfrentas al tema, por cómo destila pequeñas sabidurías de todo a cien para guionistas y creadores, gracias majo.

PS. Tenía muchas ganas de verla además porque percibía que el tono de la peli era muy parecido a como había acometido “Las guerras correctas”. Y creo que no me equivoqué. Es duro hablar sobre algunos temas, pero ponerse altivo y grandilocuente a veces no ayuda a nada. Que somos guionistas, no políticos.

 

III RODA DE GUIONS

Por Rafa Ferrero

La “Roda de guions” es un acto organizado por EDAV y Culturarts que se celebra cada año para dar a conocer a productores y profesionales del sector audiovisual los guiones ganadores de la ayuda a escritura de guión del IVAC. Cada guionista expone su proyecto en un pitch de siete minutos (cronometrados) y acto seguido el público puede hacer preguntas para resolver dudas o ampliar información.

Explicar un proyecto de largometraje en siete minutos es complicadísimo, pero este ritmo permite que todos los proyectos se presenten un poco tiempo, sin eternizar el acto y lanzando la suficiente información como para que todo el mundo pueda hacerse una idea bastante aproximada de cada guión. El objetivo es vender el proyecto, mostrar sus atractivos, llamar la atención. Luego, todo aquel que quiera saber más sobre alguno de los proyectos, siempre puede ponerse en contacto con el guionista. De hecho, de eso se trata.

Sin duda, si todos los guionistas consiguen presentar su proyecto en un tiempo tan reducido es, en parte, gracias a que preparan la exposición con el apoyo de Teresa Cebrián, una profesional del pitch que año tras año consigue que la dinámica de las presentaciones fluya como la seda.

Pues bien, hace un par de semanas tuvo lugar la “Roda de guions” correspondiente a los guiones subvencionados el año 2012. Seis proyectos interesantísimos listos para dar el siguiente paso, la producción.

El acto fue inaugurado por las autoridades competentes. Concretamente, Manuel Tomás, Director General de Culturarts, que dedicó su intervención básicamente a decir que desde la Generalitat se estaba apoyando mucho el sector audiovisual valenciano… y no pasó nada.

Ximo Pérez, Presidente de PAV, que tras aprovechar para deshacerse en halagos por la gestión de María José Català, la Consellera de Cultura, tuvo a bien dirigirse a los allí presentes y optó por animar a los guionistas a escribir muchos proyectos. Hubo un momento en que pensé que también nos iba a animar a comer sano y hacer deporte, pero no, en vez de eso dijo que Borja Cobeaga era muy majo y que los guionistas valencianos deberíamos hacer un esfuerzo por escribir “8 apellidos vascos”. Bueno, puede que no exactamente ese mismo guión, pero algo parecido. Sobre todo parecidos en lo referente a la recaudación, a poder ser.

Y, por último, a pesar de las llagas en la lengua que se había producido él mismo escuchando las dos intervenciones anteriores, habló Pau Martínez, Presidente de EDAV. Muy en su papel, se limitó a agradecer al IVAC la celebración del acto y pidió públicamente que se contase con el colectivo de guionistas en la elaboración del plan estratégico para el audiovisual valenciano. También instó al representante de PAV a responder a una solicitud de reunión pendiente desde hace meses y, como de pasada, le notificó la noticia de que los guionistas valencianos llevamos mucho tiempo esforzándonos, pero que esos esfuerzos hay que pagarlos.

Y entonces alguien tosió desde el fondo de la sala rompiendo el silencio.

Sorprendentemente, lo más interesante de la mañana vendría después de la inauguración.

Aquí tenéis una breve presentación de tres de los proyectos que se expusieron aquel día. Por supuesto, si estáis interesados en ampliar la información sobre alguno de ellos, no dudéis en contactar con sus creadores.
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Me llamo Joana Martínez Ortueta y soy guionista. Acaba de estrenarse mi primer largometraje, Reset, dirigido por Pau Martínez. Anteriormente trabajé en muchas de las series de Canal9, desde Negocis de Familia hasta Bon dia, bonica, de la que fui creadora junto a Ada Hernández y coordinadora del equipo de guion. Mi coguionista en EL BIEN COMÚN, Jorge Juan Martínez, cuenta con una larga carrera en cine y televisión, y fue reconocido con un Goya en el 2002 por el guión de Salvajes, entre otros premios.

1.- ¿De qué va tu guión? 

EL BIEN COMÚN es un thriller con un guion clásico, pero atípico por el entorno rural en el que se desarrolla.
Un hombre de éxito al que la burbuja inmobiliaria se lo ha arrebatado todo, tiene la ocasión de empezar de cero en una comunidad auto gestionada en el Pirineo, que aparentemente, le brinda la felicidad. Pero el reverso oscuro de la utopía se revela y descubre que está atrapado: nadie abandona la comunidad. No con vida.

tarjeta EBC FB

2.- ¿Cuáles crees qué son los puntos fuertes del proyecto?

La actualidad del tema y la posibilidad de aglutinar un casting muy potente en torno al trío protagonista.

3.- ¿En qué fase de desarrollo está?

Nakamura Films va a llevar adelante la fase de desarrollo necesaria para levantar la financiación de esta película, la búsqueda de coproductores y televisiones, y acuerdos con equipo técnico y artístico. Óscar Bernàcer será el director de la cinta, que esperamos poder rodar en el periodo 2015-2016.

4.- Para el pitch has tenido que reducirlo a una presentación de siete minutos. ¿Qué has aprendido en ese proceso? ¿Te ha resultado complicado? ¿Te ha hecho ver tu guión de otra manera?

Ha sido muy complicado, sí. Cuando tienes una historia que te apasiona entre manos, y has trabajado durante meses en sus personajes, sus tramas… Parece que los traicionas cuando ni siquiera los mencionas. Pero en los ensayos pude comprobar que reducir los personajes a sus características mínimas con tal de mencionarlos a todos los convierte en clichés. Y además aburre a las ovejas.

5.- ¿Cómo fue la experiencia de presentarlo en público?

Mejor de lo esperado, la verdad. Localicé algunas caras amigas en la sala y les conté mi película a ellas. (¡Gracias por venir!)

6.- ¿Qué feedback has tenido? ¿Has cerrado algún acuerdo de producción?

En realidad, como la “pata valenciana” de la producción ya la tenemos, nuestra búsqueda está enfocada hacia un coproductor nacional de mayor tamaño. Aún así, después del pitch dos productores me pidieron que les enviara el guion. Quién sabe…

7.- ¿Qué balance final haces de la experiencia?

Muy positivo. Al final, pese a los nervios, es bonito compartir el trabajo que te ha mantenido ocupado durante tiempo, que se sepa que existe.
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Me llamo Miguel Marcos. He trabajado como guionista y coordinador de guion en programas de humor como “Autoindefinits”, “Socarrats” o “Check in hotel” y como escaletista y dialoguista en “Unió Musical Da Capo” y “Bon dia bonica”. También he dirigido y producido dos cortos, “Mi hermana pequeña” y “Prendas delicadas” a través de mi propia productora, Philip K. Media.

<p><a href=”http://vimeo.com/64327272″>Teaser documental “505”</a> from <a href=”http://vimeo.com/miguelmarcos”>Miguel Marcos</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

1.- ¿De qué va tu guión?

505” es un documental en el que intento explicar por qué soy incapaz de llevar mi coche al desguace, aunque tiene treinta años y llevo tres sin moverlo. En un nivel más general, es una investigación sobre el apego a los objetos en nuestra época.

2.- ¿Cuáles crees qué son los puntos fuertes del proyecto?

El tema. Hablo de algo que le pasa a mucha gente y que genera simpatía e interés. También el tono. Frente a esa imagen sesuda y minoritaria que a veces tienen los documentales, “505” apuesta por el sentido del humor. Creo que la mezcla de documental y comedia puede ser muy potente y más con una premisa como ésta.

505_portada

3.- ¿En qué fase de desarrollo está?

Tengo una primera versión que servirá como base, pero también estoy abierto a lo que la realidad pueda aportar durante el rodaje.

4.- Para el pitch has tenido que reducirlo a una presentación de siete minutos. ¿Qué has aprendido en ese proceso? ¿Te ha resultado complicado? ¿Te ha hecho ver tu guión de otra manera?

Ha sido complicado pero también muy clarificador. Tener que resumir tanto te ayuda a focalizar, a darte cuenta de qué es lo esencial del proyecto y qué es prescindible. También es útil para detectar qué aspectos generan interés y cuáles no. En definitiva, me parece que es una forma muy práctica de testear cualquier proyecto.

505_contraportada

5.- ¿Cómo fue la experiencia de presentarlo en público?

Partía de una experiencia personal y opté por contarlo de una forma bastante coloquial, así que pasados los nervios iniciales conseguí sentirme un poco más cómodo.

6.- ¿Qué feedback has tenido? ¿Has cerrado algún acuerdo de producción?

De momento he tenido algunas reuniones y estoy esperando a ver cómo evolucionan las cosas.

7.- ¿Qué balance final haces de la experiencia?

Muy bueno. Llevaba un par de meses sin pasarme a ver el coche y estaba un poco preocupado. Gracias a la rueda de guiones sé que el coche está bien, me lo confirmó uno de los asistentes que vive en esa calle y lo ve todos los días (true story!).

Ahora en serio. El balance ha sido muy positivo. Me ha ayudado a detectar algunos puntos débiles y tener más claro el proyecto. Además, el feedback ha sido positivo y eso siempre anima a seguir adelante.
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María José Fenollera. Estudia música, dirección de cine y arte dramático. Guionista, directora y compositora del cortometraje ¿Algo para tirar?, el mediometraje Muertos que hablan, vivos que callan (realizado entre España y Egipto) con selecciones y premios en 23 países, y el largometraje La mordaza de oro (2008-2011) rodado en once países y seleccionado en trece. Premio a la mejor fotografía en el Festival de Chipre. En 2012, su guion para largometraje El fraile y la pianista (actualmente en pre-producción) obtiene la ayuda del IVAC de la Filmoteca Valenciana.

1. ¿De qué va tu guión? 

El fraile y la pianista es un largometraje de ficción. Drama romántico.

María, pianista en edad madura, es seducida por François, un joven vividor. Se trastorna y sufre un accidente. Fray Mateo la encuentra con las manos destrozadas. El doctor Arellanos, melómano, trata de que luche por recuperarse. María no desea vivir. El fraile le hace una sorprendente petición que cambiará las vidas de todos: quiere que ella le dé clases de piano.

Foto tiìtulo El fraile

2. ¿Cuáles crees qué son los puntos fuertes del proyecto?

Pasión. Música. Una historia que se puede disfrutar en cualquier país, hoy y siempre. Fotografía exquisita. Actores con interpretaciones intensas.

3. ¿En qué fase de desarrollo está?

Guion cerrado.

4.- Para el pitch has tenido que reducirlo a una presentación de siete minutos. ¿Qué has aprendido en ese proceso? ¿Te ha resultado complicado? ¿Te ha hecho ver tu guión de otra manera?

El pitch ha resultado sencillo gracias a tener una magnífica coach como es Teresa Cebrián.

5.- ¿Cómo fue la experiencia de presentarlo en público?

Agradable.

7.- ¿Qué balance final haces de la experiencia?

Balance positivo.

LOS AUTOENGAÑOS

Por Rafa Ferrero

La semana pasada fue de esas intensas. Entre otras cosas, porque participé en dos saraos muy distintos que, de algún modo, se acabaron complementando:

-Todas las tardes, de lunes a viernes, asistí a un taller de reescritura de guión organizado por la Fundación Autor de Sgae y EDAV, la asociación de guionistas valencianos, e impartido por el gran Joan Marimón.

-La tarde del martes participé en una charla que tuvo lugar dentro del marco de las actividades llamadas Making Of encuentros con cineastas del 27 Festival Internacional de Cine de Valencia, el CinemaJove. Fue presentado por el director del festival Rafael Maluenda, con Paco Plaza (REC) y Borja Cobeaga (Pagafantas) como ponentes y un servidor como moderador en representación de EDAV, coorganizadora de la actividad.

Si os la perdisteis y queréis ver la charla, sólo tenéis que seguir este link. Todas las charlas fueron emitidas en directo en streaming a través de la web del festival y los videos permanecen colgados on line, por lo que podéis ver de forma totalmente gratuita cualquiera de ellas en esta misma web. Os lo recomiendo, algunas fueron realmente interesantes.

Nuestra charla tenía por título El guionista visto por el director. La intención era hablar sobre el trabajo en equipo entre guionistas y directores, y aprovechar la presencia de estos dos brillantes directores/guionistas para que nos explicasen su punto de vista sobre este tema y nos regalasen algo de su experiencia.

En las casi dos horas que duró la charla dio tiempo a abordar el tema en profundidad, contar muchas anécdotas e incluso lanzar al aire alguna que otra reflexión interesante sobre cómo va esto de hacer películas. Pero de todas las cosas que se dijeron, hubo una idea que acabó siendo recurrente porque apareció en varios momentos de la charla: Cuando escribimos, muchas veces, nos engañamos a nosotros mismos.

Tanto Paco como Borja afirmaron que en el proceso de escritura de un guión de largometraje suele ocurrir que cuando detectamos un problema, por no atascarnos en él, nos engañamos a nosotros mismos diciéndonos que ya lo solucionaremos. Si estamos trabajando en la escaleta, pensamos que lo solucionaremos en el dialogado y si ya estamos dialogando, lo dejamos para la siguiente versión o directamente le pasamos el marrón al director. Por eso, cuando la película acaba teniendo algún problema (una secuencia que no funciona, un personaje mal definido…) “muchas veces miras atrás y te das cuenta de que el problema ya estaba en el guión”.

Todo aquel que se haya enfrentado al proceso de escribir largometrajes sabe que esta es una gran verdad. Como autores, conocemos los puntos fuertes y los puntos débiles de nuestras historias. Pero hay veces que, de forma consciente o inconscientemente, decidimos hacer la vista gorda.

Son muchos los motivos que nos llevan a hacerlo. Porque no encontramos nada mejor, porque si cambiamos eso se nos cae toda la historia, porque aunque sabemos que no funciona nos gusta y nos resistimos a aceptar que no puede ser, porque hemos ido posponiendo el momento de abordar ese problema directamente confiando en que se resolvería por sí mismo pero no ha sido así y llega un momento en que ya es demasiado tarde porque el guión se ha vendido o porque la producción necesita la versión definitiva YA.

La cuestión es que los problemas en el guión rara vez desaparecen por sí mismos durante el rodaje. Lo normal es que crezcan. Si el director, el productor y los actores se han embarcado en el proyecto es porque confían en el guión. Así que ellos, o no han visto el problema o también se están engañando a sí mismos…

Por eso, como guionistas, debemos ser capaces de mirar a nuestras historias a los ojos y decirles la verdad a la cara. Sería algo así como decirle a tu chica que el vestido que se quiere comprar para la boda de su hermana le hace el culo enorme. Cuesta decírselo, pero mejor hacerlo allí, en la relativa intimidad del probador de la tienda, que esperar a que todo el mundo se dé cuenta en el baile del convite.

Y si no eres capaz, lo mejor es buscar a alguien que lo haga. Hablo de encontrar los problemas en el guión, olvidaos de los culos y de los trajes de boda.

Pues bien, después de la experiencia de la semana pasada, he llegado a la conclusión de que no hay nada mejor que un taller de reescritura para encontrar los problemas de tu guión y, en muchos casos, encontrar también las soluciones.

Como os he comentado antes, el profesor del taller fue nada menos que Joan Marimón. Un guionista y director al que admiro, pero sobre todo, una excelente persona a la que aprecio mucho.

Una de las especialidades de Joan es crear un muy buen ambiente de trabajo en sus cursos. Todo el mundo se implica y las historias que cada alumno aporta acaban siendo un poco de todos. Es decir, que todos opinan sobre las historias de todos y tratan de aportar ideas para que todos los guiones mejoren. Dejando siempre la última palabra al autor de cada historia, por supuesto.

Por suerte, en este curso en concreto, el nivel de los alumnos y de sus historias fue excelente. Cada uno llegó con una historia completamente distinta a la de los demás y en momentos de desarrollo muy distintos.

Yo mismo decidí aprovechar el curso con una historia de la que todavía no tenía un tratamiento escrito. Llevo años trabajando en este guión (de forma muy discontinua), pero la historia me ha estado haciendo la cobra todo este tiempo. Por lo que mi objetivo no era tanto mejorar el guión, sino directamente identificar los problemas y tratar de encontrar soluciones.

Cuando uno explica su historia ante un grupo de gente dispuesta a opinar, se expone a su peor pesadilla. Los demás suelen ver cosas que tú te has estado ocultando, cosas que prefieres no ver. De repente es como si un desconocido que acaba de llegar a tu historia encontrase grietas y humedades por todas partes. Tú te habías acostumbrado a ellas, hasta te parecían bellas a su manera, pero en el fondo sabías que antes o después tendrías que repararlas.

A veces los problemas pueden solucionarse con una mano de pintura. El piso es el mismo, pero luce mucho más. En cambio otras veces no queda más remedio que echar a bajo el edificio y empezar a construir desde cero en el solar, aprovechando si acaso algo de ripio.

Lo que está claro es que después de pasar un test de estrés de ese calibre, cualquier guión sale reforzado. Las historias de mis compañeros del curso crecieron, evolucionaron, maduraron… y la mía, por fin, encontró su norte. Pude verla a través de los ojos de todos ellos y descubrí aspectos que no había visto nunca antes. Pero lo más importante de todo es que me regalaron tres o cuatro ideas brillantes que he podido incorporar y que la han mejorado considerablemente.

Para ser justos, he de mencionar aquí también a Guadalupe Sáez, que aunque no fue alumna del curso me regaló probablemente la idea que más necesitaba y que me permitió ver mi propia historia completa por primera vez.

Hay quien considera que el trabajo del guionista es un trabajo solitario. Desde luego, delante de un teclado sólo cabe uno. Pero las historias necesitan más de dos ojos.

Os recomiendo y mucho que asistáis a cursos de este tipo. Escuchar las historias de los demás y participar en su proceso creativo es muy enriquecedor. Que los demás valoren y critiquen tu historia es, además, muy útil.

Pero si no es en un taller, lo mismo da. Pídeselo a un par de amigos guionistas de confianza (a ser posible que sean mejores guionistas que tú) y a algún que otro amigo informático, tornero fresador o profesor de primaria (a ser posible que sea alguien inteligente y con poca tendencia a bienquedismo). Lo importante es que otros lean tu trabajo y opinen sinceramente sobre él. Así impedirás que los problemas lleguen a la versión definitiva del guión y que sean los espectadores los que acaben denunciándote por mal guionista.

Y para ilustrar un poco más esto que os digo, que tendemos a ver los problemas en los demás cuando muchas veces no somos capaces de verlos en nosotros mismos, os dejos este video que me he encontrado por casualidad pero que viene al pelo.