LA OPTOGENÉTICA APLICADA AL GUIÓN

Por Gabi Ochoa

Proscrastiné. Un enlace me llevó a un artículo, de ahí a más de 6 horas de seguimiento y de investigación. Eso es a veces lo que hacemos los guionistas. Proscrastinar. No, no, documentarnos.

El artículo no iba sobre la materia, pero era el primer hilo del que extraer la madeja. Hablaba de Neil Harbisson, el primer ciborg reconocido. Tras leerme todo lo que había de Neil en la red, caí en un término: optogenética.

No soy experto en la materia, pero entendí que esta ciencia se dedicaba a apagar o encender pensamientos, ideas, dándole luz a ciertos tipos de neuronas. Se iba armando, junto a muchos artículos y post sobre casos tan dispares como el próximo viaje a Marte o avances e ideas sobre el futuro, un próximo proyecto audiovisual.

Pero la idea, el germen, estaba ahí: cambiar los estímulos cerebrales a través de una ciencia. ¿Era eso posible? Todos recordábamos Olvídate de mi y el cerebro borrado de Clementine, pero nadie pensaba que eso podría llegar. De hecho algunos artículos hablaban de que en un futuro se podrían curar con esta técnica, la optogenética, la adicción a la heroína o el alzheimer. ¿Se podrían borrar los malos recuerdos?

Todo los guionistas tenemos fracasos. Sonados. Creemos alcanzar la gloria, y zas! te hundes en la miseria. La serie está a puntito de firmarla la cadena, compra la botella de champagne más cara, o me encanta tu historia, será un nuevo guión en mi serie. Pero nada. Todo sigue igual. Tú escribes, mandas mails, no te los contestan, y sigues escribiendo con la idea de que tu trabajo será un día reconocido. ¿Podremos borrar esos malos recuerdos?

El otro día lo hice. Le dije a mi hijo, de apenas 8 meses: no seas guionista. Me niego. Sé médico, policía, abogado, banquero, ladrón, yo-que-sé procurador de bolsa. Pero no escribas.

Me gustaría borrar los recuerdos malos, los malos recuerdos, aplicarme la optogenética en mi cerebro y resetearme como creador. Pero solo lo puedo hacer en la ficción. Por eso lo intento, constantemente. Reivindico la bajona, el dejar caer los brazos un tiempo. Para tomar impulsos, para crear. “Cuando no estoy creando, estoy destruyendo” como diría Handke. Pero sigo, a ciencia cierta no sé si alguien querrá leer mi próximo proyecto, sobre futuro, sobre la imposibilidad de amarnos y sin embargo sobre como estamos tan tan tan conectados. Pero sigo dándole a la tecla. Pienso en cómo hay que entrarle a un coordinador sin ser descortés, pesado o que te tilde de gilipollas. Solo quiero vender, venderme y hacer ver que sé escribir. Son 20 años, y parece que fue ayer. De hecho, sigue siendo ayer. Todo es ayer.

Tal vez no haya que borrar los malos recuerdos, las malas rachas, los malos instintos y las malas escrituras. Están ahí. Diciéndonos: chico/a lo hiciste mal, mejora. No hay optogenética en el mundo real, hay recuerdos. Que bonitos son cuando nos van de cara y qué putas cuando nos dan la espalda.

Creo que he visto muchas espaldas y me apetece ver caras. Llevo callado mucho tiempo. Pero callado no es inactivo, es pensativo. Madurando. Macerando. Veo miles de compañeros con una actividad frenética y me digo, ¿tengo que seguir la senda?

¡¡Optogenética, la ciencia que borra los malos recuerdos, ya está aquí, ya llegó, podrás borrar las cagadas, ese mail a deshora, esa reunión al traste en la cadena, ese capítulo horrendo que escribiste!!

Serás Dios, no, serás Aaron Sorkin, Vince Gilligan, David Chase, David Simon. Tendrás que cambiarte el nombre y llamarte David, que es el nombre de muchos creadores talentosos. Déjate, sé tú. Déjate de ir a seminarios a lo Charlie Kaufman que das pena, mucha pena. Llevas 20 años y parece que empezaste ayer. Pero nadie sabe nada, o casi nada. Pero sonríen. Todos los días. Y lo publican. Sus sonrisas. Pero son falsas. Están en sus casas comiendo panchitos y con caras tristes. Y escriben. Cuando pueden y les dejan, firman sus libros. ¿Oh, Dios, por qué esta plaga de guionistas-novelistas? ¿Qué no pueden escribir guiones y ya está? No, tienen que ESCRIBIR, porque eso es la novela, escribir con MAYÚSCULAS.

¿Y la optogenética? La olvidé, se fue al traste. ¿La optoqué? Mierda borrar los malos recuerdos, sí, hay que borrarlos. Hay que poner que estás feliz con tu próximo proyecto (¿Próximo qué?), que es la repera y que se lo han leído… mucha gente, se lo ha leído mucha gente. No. Se lo ha leído Álex de la Iglesia lo menos. Que cojones, Spielberg, puestos a fardar, Spielberg. ¿pero Spielberg hace tele? No me jodas, que es el puto Spielberg. Para. Escribe. No leas. No leas a los referentes. Desconéctate. Escribe y lee solo aquello que tiene que ver con tu proyecto. Sobre Marte, sobre la soledad, sobre el cerebro hackeado, sobre como todo eso es vida. Eso, sobre la vida, porque de eso va el recuerdo, de hacer ver, de vivir.

Mierda me fui. Pero no recuerdo nada malo. No mientras escribo. Una vez escribí en un currículum que podía escribir 16 horas seguidas. Así, 16 horas. Y lo hice. 16 horas. Y rodé 24 horas seguidas. También lo hice. Ahora queda reinventarse otra vez. La vigésimotercera vez. ¿Montamos un bar? Déjate. ¿Vuelves a dar clases de lengua y literatura? No me jodas que tengo 40. ¿Y cocinar? Se me dio bien un tiempo, pero… no sirves para nada. Para escribir. Para nada, eso no es nada. Sí que lo es, no me jodas. Escribir es conocerse, no sabes la cantidad de dinero que me ahorro en terapia.

Esto va siendo un adiós. Guionistasvlc tiene los días contados. Yo tengo los días contados en Guionistasvlc. Hemos cumplido un ciclo, y ahora que parece que viene el cambio y que nos cuesta más y más escribir, nos tomamos el blog de manera sabática. No sabemos si indefinidamente o si alguna vez retornaremos. Pero hasta junio estaremos por aquí (en contadas ocasiones) y cerramos el lugar. Se quedarán, claro está, todos los post, pero ya no escribiremos más por aquí. No olvidemos los buenos recuerdos. Los malos, siempre están ahí, jodiéndonos.

A mi, a Gabi Ochoa, me tenéis en el nuevo blog personal que llevo desde mi web. No solo hablo de guión, pero si os interesa, allí estaré. Y seguiré colaborando allá donde me llamen. Escribo 16 horas. “16 hours writing people”.

Pero como la optogenética dice, trasformaremos los recuerdos, aquellos que nos quedan, en buenos recuerdos.

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10 CONSEJOS GUIONÍSTICOS QUE NADIE ME HA PEDIDO

Por Gabi Ochoa

Ha sido terminar el año (y comenzarlo) y han emergido las listas de lo mejor, lo peor, lo más fistro,… de todo. A mi, la que más gracia me ha hecho es esta lista de los corruptos de este año. Eso, de todo hay.

Y yo no iba a ser menos. Tarde, pero nunca es tarde, si la lista es fistra y la mía lo es. Porque para qué ponerse sesudos. En esto del guión tengo dos o tres certezas, y creo que las olvidé en algún momento.

En todo caso, aquí van mis 10 consejos guionísticos que nadie me ha pedido:

– “Escribe con la pistola en la nuca”. Sí. No es literal, que no está la cosa… pero piensa que la tienes, piensa que te presionan. Cuando nos relajamos no es que procrastinemos, es que somos los putos reyes de mirar vídeos de perritos y gatitos. Ah! La frase de arriba no es mía, es de Sanchis Sinisterra.

Que monos, eh! ^.^

– Insiste. No pares nunca. Nunca te rindas. O si te rindes, que sea una rendición parcial, para coger fuerzas, para cambiar de tercio. No sabéis la gente que he visto caer en el camino. Yo a veces me he rendido, de hecho últimamente y todo, pero siempre termino aplicándome aquella frase tan cutre de película de Van Damme “Retroceder nunca, rendirse, jamás”

Para muestra un botón: Mod Producciones dice en su página que no recibe gente. Aunque luego lo desmintió Fernando Bovaira en la Roda de Guions organizada por EDAV y CulturArts, yo ya lo sabía. Había pedido cita y había ido. Ellos mismos me lo corroboraron: lo hacen para evitar las avalanchas. Me pasa igual con un productor “de cuyo Velvet no quiero acordarme”. Alguna vez quedaremos aunque sea para hablar de cosas de padres 😉

– Deja Instagram, twitter y Facebook. O déjalo por un tiempo. Deja de dar likes a las fotos de López Lavigne, a los post graciosos de Ramírez Mascaró y Alberto López y favs a David Muñoz. De verdad, eso no te da trabajo, te hace estar en la pomada, pero dime la verdad: ¿Vives de comer pomada? No. Pues ale, a escribir ceporro.

No hagas caso a Sergio Barrejón. El guionista más irreverente del planeta España (aunque viva en Alemania) siempre en su afán de contagiarnos de sus obsesiones (Sergio no, no voy a hacer una maratón) nos dice que si curramos mucho podemos sacar 2 guiones al año, veremos 104 pelis (al año) y leeremos 52 guiones (al año, claro). Mentira. Seamos sensatos. Lo importante es currar, cada uno a su ritmo. Que sacas 2 guiones al año, guay, pero no te agobies. Esto me lleva a otro consejillo barato…

– Márcate tiempos. Es lo más fácil y sencillo. A mi me ha funcionado. Cuando vendí el último proyecto fue porque trabajé con un objetivo claro: en primavera tendré el proyecto para venderlo. No me digáis porqué, pero creo que primavera es el momento estupendo para “vender”. La sangre altera, los productores están tontorrones, y yo-que-sé, a mi me ha funcionado. Pamela Douglas en “Cómo escribir una serie dramática de televisión” hace un planning que pese a ser muy americano os digo que funciona.

– Lee. Así de simple y tonto. Quítate de Facebook y léete un buen libro o un buen guión. Yo soy de teatro, leo mucho porque aparte soy profe de teatro y porque para el diálogo creo que es esencial. Me hierve la sangre cuando a un guionista le hablo de Pinter o Stoppard y me dicen: Quién?

– Queda con guionistas. Un café, una pizza, un cine. Somos un ecosistema aparte, asúmelo. Siempre sabrás en qué andan los otros, podrás leer sus proyectos, que te generarán ideas, puede que lean los tuyos y te den buenas ideas. Siempre que puedo lo hago. Con mis compis de Guionistasvlc (Paco y Rafa más, Martín en DF cuando regresa y a Héctor cuando voy a Madrid), pero me veo con Marci Menéndez, con Carlos López, con Juanjo Ramírez,… (estoy abierto a verme con más, eh 😉

– Asúmelo: Nunca serás Juanjo Ramírez ni Alberto López. Tú eres más de drama. Si eres de comedia, ábrete un twitter a lo Gerardo tecé. Si lo eres, ponlo en tu currículum, que pillas curro seguro! Pero de verdad, estos chicos revientan todas las redes sociales con ver quien dice la animalada más grande. Me río mucho con algunas, otras me parecen asíasá, y otras son malas, para que engañarlos. Pero eso es lo que tiene escribir mucho.

– Sin embargo: Diversifica. El ejemplo Mr. Juanjo Ramírez. Está en veintisietemil proyectos y lo lleva de maravilla. Yo ando en 3 y voy agobiao O.o Pero es condición sine quanum. No conozco a ningún guionista que este esperando a que le llamen sin escribir nada. Que seguro que lo hay, eh.

– Sé de tu ciudad. Será una tontería, pero mira Dani Castro con sus visitas a Pamplona. Madrid solo es para trabajar, mola hacerse una paella en Valencia o un mojo picón en Gran Canaria. Eso es así. Y además, los “navarros” tenemos esta cosa curiosa del diferente. Tu idiosincrasia es propia. Como que no mola verte con un valenciano en Madrid y decir “Ie xiquet!”.

– Yo-que-sé afíliate. Yo te diría a EDAV o a FAGA, por compensar. En ALMA son muy guais, parece que todo pasa por allí. Y no. Aunque son muy majos. Pero afíliate, eso sí. Es muy importante que estemos unidos. Sí, seguro que te encuentras a algún/a guionista que te intenta hacer la zancadilla (a mi últimamente más de uno) pero sabandijas hay en todos lados. Esa gente tarde o temprano cae por su propio peso. Aquí estamos para ayudarnos, para echarte una mano, y las asociaciones y sindicatos están para eso.

– Admira a la gente que citas. Han llegado ahí por algo. Saben de lo que hablan. Juanjo, Marci, Carlos, Paco, Rafa, Martín, Héctor, Ramón, Pau, Javier, Alberto, Ángela, Vero, Antonio,… son muchos/as a los que admiro y seguiré admirando. Se enfrentan (como tú y como yo) todos los días a la incertidumbre de la página en blanco, y al final del día, hay algo. Eso es un tesoro. No lo olvides. Como dijo Trueba: “Yo no creo en Dios, creo en Billy Wilder”. Trueba creía en un guionista. Por algo sería.

Y todo esto se resumen en dos:

– “Traiciónate a ti mismo”. No escribas siempre comedia, o thriller, o scketches, o lo que sea que haces bien (sí, sé que esta no estaba arriba, pero quedaba tan bien, y es ejem… de nuevo, del maestro Sanchis SInisterra).

– Y otra vez: “Escribe con la pistola en la nuca˝. Y no te la quites nunca. Al final el cañón te va a hacer cosquillas ahí, y te sentirás más cómodo, ya verás 😉

Sí, lo sé, no son 10 son 12 o 13, pero oye, ¿quién dijo que las matemáticas era el fuerte de un guionista? O.o

Feliz año 2015. Que el trabajo venga a nosotros. Y si no, creémoslo.

EL GUIONISTA, EL EXCEL Y EL PRODUCTOR EJECUTIVO

Por Fernando Hugo (Firma invitada)

Fernando Hugo Rodrigo (@fernanhugo) es guionista, lector de guiones y ahora se ha pasado al mundo de la producción, trabajando en departamentos de desarrollo.

Participar en el máster Mega Plus de la Media Business School ha sido de una intensidad que requiere perspectiva. Dejaré para otro momento y lugar uno o dos posts sobre “cómo sobrevivir al Mega” porque la cosa tiene miga. Además, ustedes estarán más interesados en temas profesionales.

En España, el guionista, en general, no se permite el lujo (o el vicio) de encerrarse en su mundo, pegar la vista a su pantalla de ordenador, y vivir entre tarjetas escritas y rescritas con escenas y diálogos. En mi caso, se trataba de levantar la vista del ordenador un poco más hacia arriba. O más hacia el fondo, según se mire. Para descubrir el misterio oculto tras las palabras “productor ejecutivo”.  No lo es tanto ya, claro. Es un camino abierto por Javier Olivares, Nacho Faerna, o, me lo recuerdan las crónicas del III Encuentro de Guionistas, Xabi Puerta  (el primero que me dio una oportunidad, por cierto).

“Un productor ejecutivo es un guionista que le ha perdido el miedo a la hoja de Excel” dijo Puerta, según twitearon. Muy cierto. Este curso, con sus contenidos dispuestos y divididos en módulos, te recuerda que cualquier profesión, también ésta, se basa en conocimientos y habilidades concretas. Que se pueden aprender. Los que defendemos que escribir guiones es un trabajo más ya sabíamos que lo del guión también tiene normas, reglas.

A la vez, y ahí está la sabrosa contradicción, al igual que el guionista, el productor trabaja entre una serie de abstracciones que proporcionan el mismo potencial grado de ansiedades varias.

Christophe Vidal, representante de la rama de un banco (francés, claro) que financia películas, nos disparó la primera salva. El cine no es una industria. No producimos en serie. Producimos prototipos. Ahí estaba: avisando de la máxima que gravitaría sobre todas y cada una de las clases. Nadie sabe nada. No tenemos ni idea de qué va a funcionar.

No me entiendan mal. Muchos de los expertos que acudieron dicen saberlo. Nadie oferta un servicio a un cliente diciéndole “bueno, vamos a poner toda nuestra experiencia y conocimiento, pero oiga, con esto nunca se sabe”. Ya en el primer mes, era comentario común entre mis compañeros. Cuando cambiábamos de experto era como cuando uno ve una noticia en distintos canales. Una película diferente. Quien hablaba de televisión, crowdfunding, transmedia, remakes, defendían lo suyo, a veces sólo lo suyo, como la tabla de salvación del audiovisual. “Comedy does not travel”, pero confirmé que Los hombres de Paco se vendió y se vio mucho en Bulgaria. Rodar en inglés te asegura más ventas internacionales… pero el mercado estadounidense le puso las cosas difíciles incluso a The Impossible[i]. El “murder mystery”  (sobre todo, con giro “oscuro”) tiene audiencias fieles en Alemania y los países escandinavos también en televisión, pero hay casos de éxito y casos de fracaso. Un buen “package”, con director y actores populares, es la mejor carta de presentación, y nos encanta hablar de House of Cards, que parece que justifica su éxito por Kevin Spacey o David Fincher. Pero se nos olvida que, en el mismo Netflix, Hemlock Grove también ha tenido su efecto en las audiencias, sin cast conocido. Y con malas críticas, por cierto. Porque eso también se nos olvida. El éxito o el fracaso no tiene nada que ver con la (tan subjetiva) calidad.

Normal, que en el máster en algunos momentos nos tentara gritar a pleno pulmón: ¿pero entonces qué demonios es “seguro”?

Supongo que a muchos les hubiera gustado más coherencia. Más “las cosas son de esta (única) manera”. A mi que en parte las reglas sean endebles, subjetivas, parciales, me encanta. Me estresa, a ratos, es verdad. Pero me pasa como cuando, como (deformación profesional) guionista escuchaba y observaba cómo una acción o unas palabras de un compañero eran juzgadas por los otros de maneras tan distintas. Perspectivismo, que creo que se llama. El Mega lo que facilita es el “saque usted sus propias conclusiones”.

“Nadie sabe nada” es una canción que lleva sonando décadas. Pero es como si la música se aceptara pero la letra, el pie de la letra, se ignorara a propósito. Ahora ya no es tan fácil. La piratería, el descenso de las ventas de DVD/BlueRay[ii], las tendencias diferentes (a veces opuestas) de consumo de cine en distintos países, y de consumo de televisión, con las dobles pantallas, lo ha cambiado todo. Tras este terremoto, hasta el más sordo se ha parado a escuchar la letra de la canción. Un segundo, claro. En un negocio que mueve billones a nivel mundial, la singularidad tiene que absorberse. Que forme parte del paradigma.

“Ok. La industria ha cambiado. Aceptamos barco. Y ahora, por favor, ¿podemos seguir funcionando aunque sea con una nueva pila de reglas?”

Un compañero, un tipo inteligente, definía este ejercicio. Coger cada black swam, cada cisne negro, cada “irregularidad” que prueba que lo que decíamos ayer que era “la norma” es “bullshit” (mi compañero es británico), y asimilarlo al sistema. No sea que se nos venga abajo el castillo de naipes.

Ahora es fácil afirmar que The Walking Dead iba a ser un fenómeno. Pero el agente internacional de ventas de esta serie, uno importante, con una sinceridad aplastante[iii], nos reconoció que leyó el guión del piloto que le enviara AMC. Y su primera conclusión fue “Esto está muy bien, pero es producto de nicho”. Para frikis, para el fandom que se pirra por algo que no es sino un subgénero. Creo recordar que leí a alguien en Bloguionistas (diría que David Muñoz) contando la anécdota de que hace unos años un productor le dijo que eso de los vampiros no tenía salida.

Pero es que es imposible anticipar que querrá el público. Ahora, y más, dentro de tres años, la media para que una película consiga la financiación. Con las series de las cadenas en abierto, sí, los tiempos son menores (por eso, hay quien juzga la tele más cerca del concepto “convencional” de “industria”), pero saber que hasta las cadenas de cable americanas requieren años y complicadas negociaciones, te hace darte cuenta. Cuánto de intuición, de irracionalidad, tiene el proceso de crear un producto audiovisual.

Spielberg estuvo a punto de hacer Lincoln para televisión. Kathryn Bigelow tuvo que acudir a una heredera millonaria para financiar Zero Dark Thirty . La otra broma que hacíamos en el Mega es preguntarnos qué contendría el project proposal, el dossier, que elaboraran los productores de The Artist. Uno de los requisitos exigidos para este documento que entregamos al final de máster es el análisis de comparables: películas o series similares, que demuestren que ese género, ese tono, ese tipo de historia, ha tenido éxito, en taquilla o índices de audiencia. ¿Se imaginan qué “comparables” usaron los autores de una película muda en blanco y negro? Yo tampoco.

Es esa contradicción. No producimos para una cadena de montaje, pero igualmente necesitamos dinero: cash-flow (nuestra pesadilla durante el máster, por cierto). Tenemos que convencer a banqueros, cadenas de televisión, fondos privados (en España, no los hay; en el mundo, algunos) y fondos públicos que nuestra apuesta se sostiene sobre argumentos racionales.

¿Cómo se resuelve esta posición tan ilógica? Fácil. “Nadie sabe nada”, ya lo decía, no se escucha al pie de la letra, pero su música sigue siendo asumida por todos. Lo saben los distribuidores locales, los agentes de ventas internacionales, los exhibidores, las cadenas de televisión, los fondos privados o públicos.  No lo admitirán en público; tal vez ni siquiera a nivel consciente. Pero lo saben. Las cifras y los datos son una mera excusa. Las previsiones de “revenues” en tal país son entelequias. Apostar porque una tendencia (pongamos la ciencia ficción, ahora en alza) va a mantenerse en los próximos años es eso, una apuesta. Tan segura como jugar a la lotería.

Los mejores expertos que acudieron al Mega Plus defendían lo opuesto a lo que sugieren ciertos gurús (por cierto, normalmente ajenos al cine) que leo en Twitter o en blogs. Eso de “primero veamos qué quiere el público, y a partir de ahí, creemos el producto que están buscando”. No. Es el camino inverso. Primero, encontremos una propuesta de película o de serie que nos apasione. Luego busquemos cómo convencer a los demás. Un posible truco puede ser que abramos el abanico y busquemos esa gente más allá de nuestras fronteras.

En todo caso, si te vas a tirar tres años empujando un proyecto, que sea por algo en lo que creas. Los datos y cifras apoyarán mejor o peor tus argumentos, pero, al cabo, lo que quieren oír es pasión. Por una historia, por cierto. Lo crean o no, fuera de España lo que tiene mucho pero que mucho peso es el guión. Una buena historia. Una historia bien contada.

Algunos me dirán que exagero. Bueno. Aceptemos barco. Seguro que hay un mínimo de normas comunes de qué puede y qué no puede funcionar. Seguro. A ver quién las encuentra.


[i] Vean las recaudaciones en Estados Unidos, y las que hizo en el mercado internacional. Pareciera que el “package” con actores de renombre ayudan a vender al mundo, pero no tanto en el gigante americano.

[ii] Por cierto, menos acusada en Estados Unidos de lo que muchos creerían. El fenómeno es más propio de Europa.

[iii] Tanto que, por cierto, descubrimos con cierta grima el grado de hijoputez supina que este brazo del proceso puede llegar a tener; por ejemplo, haciendo teasers/trailers engañosos, para vender películas a distribuidores locales que no ven el producto completo.

LA NOCHE OSCURA DEL ALMA

Por Gabi Ochoa

Leyendo este post de David Muñoz en bloguionistas, sobre nuestras caras b y sobre aquello que no mostramos de nosotros mismos o que no queremos ser y somos me he acordado de Blake Snyder y su “¡Salva al gato!”.

Constantemente salvamos a nuestros personajes de la quema o los justificamos porque tienen que tomar decisiones moralmente inaceptables.

Si algo me gusta como guionista es ver en pantalla esos quiebros, esas dudas, donde fallan. No hay que perfilar personajes buenos porque sí. De hecho nos escudamos en que son como nosotros, o como alguien que conocemos y que esa persona (o nosotros), lo haría(mos) así, aunque si lo pensamos un poco veríamos esa duda moral en nosotros y en los personajes que creamos.

Hablando con Verónica Fernández me contó que ella en la ECAM tuvo una discusión con un profesor de guión sobre qué escribimos. El profesor insistía que había que escribir sobre aquello que conociéramos, a lo que Vero argumentó que entonces, ¿cómo se metían en la piel de un asesino? Tal vez los personajes no deben ir pegados a nuestro ADN.

Creamos personajes buenos por imitación (pensamos que nosotros somos buenos). Trabajamos por imitación. Nadie conoce el mal puro. Nadie se ha enfrentado a un terrorista, a nadie le han puesto una pistola en la boca, a nadie han estado a punto de matarlo. Me refiero a nosotros, los escribidores. Y hacemos que aquello de lo que hablamos y de lo que escribimos sea cercano, esté cerca, por lo que nuestras miras difícilmente irán más allá.

Porque somos buenos. Por naturaleza. Queremos el bien, nos encanta. Siempre pensamos que todo va a salir bien, incluso cuando está saliendo rematadamente mal. El ser humano es optimista por naturaleza. “Tranquilo, de esta salimos”, “Ha sido un duro año, pero pronto vendrá lo bueno” o “No hay mal que cien años dure”.

Nos engañamos.

Si tengo que recordar la última vez que se me heló la sangre en el cine, no dudaría en hablar de “Celda 211”. El momento en el que Alberto Amman se entera de la muerte de su mujer, en ese momento que se va directamente a por Antonio Resines, es cuando vi al diablo en sus ojos. Y ahí fue donde Monzón y Guerricaecheverría levantaron la película: las zonas oscuras de nuestros personajes están, solo hay que darles luz.

Con esto no defiendo los personajes oscuros o los malvados. Todo lo contrario, creo que un buen héroe tiene que llegar a eso que Blake Snyder llamaba “La noche oscura del alma”, cuando el protagonista tiene todo perdido y no da visos, NINGUNO, que aquello vaya a ir bien. Ahí es donde tenemos que llevarle y quitarle el mechero, la luz y atarlo.

Y ese es el punto clave del segundo acto, del nudo que se establece en la trama, porque todo se tiene que ir a la mierda. De hecho es lo que le pasa al guionista cuando escribe: al llegar al segundo acto no sabe que hacer, se tira de los pelos, le salen sarpullidos y se pone más gordo de las veces que va a la nevera a comer. Yo lo he denominado el “síndrome del puto segundo acto”.

Pero si consigues salir, si ese personaje que hemos llevado al límite encuentra el hueco por donde entra luz, y sobre todo, si es verosímil dentro de su código de normas, entonces tendremos ganada la batalla del espectador.

LA BARBA DE LOS GUIONISTAS

Con una considerable trayectoria como guionista, analista de guión y creador de contenidos, Roberto Alfaro debutó en el cine el año pasado escribiendo el guión de “Ni pies ni cabeza”, de Antonio del Real. Actualmente se le acumulan los proyectos entre los que destaca la adaptación cinematográfica del cómic “De perros y de huesos”.

Por Roberto Alfaro

Bajo el techo del hogar, normalmente soy un tipo que tiende a la distracción y a procrastinar en un nivel experto-premium. Pero cuando salgo a la calle como un perrillo que tensa la correa y tira del amo como si no hubiera mañana, me convierto en un avezado observador. Supongo que esta condición viene de serie si nos queremos dedicar a juntar letras de una manera, por lo menos, medianamente decente. Por eso, bajo el prejuicio de la apariencia, suelo desconfiar de un guionista que habla más de lo que escucha, o que tiende a mirarme fijamente en los silencios antes que observar a la gente atractiva que pasa a su lado. O, ya el colmo, que simplemente pide “un café” sin reparar en que el camarero es una persona humana, y no entabla una conversación más empática del estilo “por favor, cuando puedas me traes un descafeinado con leche, de máquina, corto de café, con la leche muy caliente, en vaso, y con un vasito de agua, muchas gracias majo”.

Como veo que no acabo de explicar mi teoría de la observación, iré al grano: ¡¿Por qué coño casi todos los guionistas tenemos barba?! En serio, después de acudir a diversos actos de encuentro con compañeros y de tomar más de 470 cañas y 130 cafés (aproximadamente) empecé una tesis sobre el tema de la barba, pero a los pocos segundos la abandoné, y no por mi procrastinación innata sino porque era una auténtica chorrada de tesis. No me hacía falta perder el tiempo escribiendo folios y folios sobre un tema tan apasionante como la barba humana para coscarme de una máxima: los guionistas llevamos barba para imponer respeto. Alguna compañera del mundillo se sentirá rechazada, pero cuando hablo de barba también me refiero a bigote (más o menos poblado), perilla, pelusilla… y todas las acepciones que se os ocurran, así que todos y todas tenemos la opción (si nos da la gana) de entrar en el selecto club.

Al caso, me viene a la memoria el gran Pau Gasol. Una vez le escuché una anécdota que os relato: cuando Pau llegó a la NBA era un buen jugador que había conseguido títulos en Europa, pero aún no había explotado todo su talento en la competición de basket  más competitiva del mundo. Tenía cara de no haber roto un plato y de recibir collejillas de los All Stars. Era un fideíllo, un tirillas, y, lo peor, siempre se le veía afeitado de manera ejemplar. No jugaba mal, pero algo fallaba para triunfar en el entorno yankee: le acusaban de falta de carácter y de ser blando. Los pívots americanos se lo merendaban en el cuerpo a cuerpo. Pero entonces Pau encontró una solución: cogió kilos de musculatura, mala hostia, se atusó el pelo largo como Sansón, y lo más importante, se dejó barba. Al poco, le llegó la gloria. Ya no se amedrentaba, imponía a sus rivales, asustaba, y sobre todo, imponía RESPETO.

Gasol

Sinceramente creo que a los guionistas se nos ha perdido el respeto en esta España mía, esta España nuestra. Una buena pregunta sería saber si alguna vez lo llegamos a tener. Supongo que Azcona, sí. Pero el grado de valor actual, el que yo conozco al menos, es tirando a ínfimo.

Sabemos del poder del Sindicato USA, la labor de los agentes, la Black List, el poder de la INDUSTRIA americana, y demás. Vale, es otra liga, y es ridículo comparar. Es como pedirle al Rayo Vallecano que gane la Champions. Pero no veo tanto problema en copiar lo que funciona, en fijarnos en países como Reino Unido, Francia o Alemania, y sobre todo en dar valor a nuestra profesión. Además es gratis. No cuesta nada. Y ya no digo que nos dejemos barba (que también) para que nos respete el productor de turno o la cadena de siempre, sino para que nos respetemos y nos valoremos a nosotros mismos.

Debemos sentirnos orgullosos de lo que escribimos, sólo así no perderemos la dignidad cuando llegue la hora de negociar nuestro sueldo. Habrá veces que escribamos por amor al arte, algunas porque tenemos fe ciega en un proyecto, otras para pagar la hipoteca, y las menos para que nuestro nombre tenga un destacado en los libros de Historia del Cine/TV. Pero que todas ellas nos llenen, aprendamos, valoremos, e incluso disfrutemos con pasión y entusiasmo.

Tenemos que luchar por nuestros textos, moverlos por todas las vías posibles para que vean la luz, ser tremendamente activos, trabajar, trabajar, trabajar, ser constantes, y disfrutar del proceso. Todos hemos pasado por hacer trabajos gratis, por cobrar miserias, por escribir mierdas que nada tienen que ver con nuestro criterio de estilo, etc, etc, derrotismo, etc, etc, más derrotismo, etc, etc, etc… Pero recordad, estamos luchando día a día por lo que verdaderamente nos gusta, la mayoría de la gente no puede decir lo mismo, somos especiales, sintámonos orgullosos de ello.  

Un ejemplo. Uno, que es observador, se ha percatado de que en rarísimas ocasiones nos acordamos de nuestros propios compañeros en las entregas de premios. Creo que se vuelve a hacer patente la falta de valor a nuestro gremio. Aunque no lo comparto plenamente, me parece lícito que en estas ceremonias se critique al gobierno, a la situación del Tibet, al representante friki de Eurovisión, o al cuñado tocahuevos que no me ha pasado los langostinos en Nochebuena. Pero para treinta segundos de gloria que vamos a tener, en serio, me hubiera encantado que alguien se acordara de los propios guionistas o que se reivindicara nuestra profesión. Qué bonito sería acordarse de gente que nos inspira, que admiramos, que leemos con pasión, como Wilder, Allen, Kaufman, Goldman, Sorkin, y qué coño, Azcona, Alejandro, Guerricaechevarría, Gaztambide, y tantos otros.

Nos tenemos que citar más para darnos a conocer y conseguir romper el anonimato mediático. ¡“Guionista”, hay que decirlo más! Gente como Javier Olivares, Nacho Faerna, David Muñoz, Natxo López, Sergio Barrejón, Paco López Barrio… (que tenemos el gusto de leer por estos u otros lares), dignifican la profesión y son la punta de lanza con la que debemos asomar, aún más, la cabeza. Si os dais cuenta, ¡¡¡todos ellos con barba!!! Otros compañeros, entre los que modestamente me incluyo, como Salva Rubio, Raúl Serrano, Gabi Ochoa, Daniel Martín Novel… estamos luchando por hacernos un hueco y empezamos a saborear esas semillas que hemos ido plantando al cabo de los años. Y qué decir de aquellos que empiezan, hay talento y ganas de romper con lo establecido, y eso, estoy seguro, nos hará escribir mejores historias.

Aprovechemos que el mundillo del guión está más vivo que nunca gracias a la cantidad de vías que tenemos para mover nuestras historias y a las redes sociales: Alicia Luna es el alma máter de  #vinoguionistas, Daniel Castro y Juanjo Ramírez se han atrevido a escribir un guión en 24 horas y lo han publicado, éste último incita a que escribamos nuestro propio episodio de “Black Mirror” para demostrar nuestro potencial, con Fernando Hugo estuvimos charlando el otro día sobre una posible Black List española, guionistas patrios de postín cuelgan sus guiones en la red… y así un largo etcétera que suele venir avalado por unas simples cañitas o unos poleos para vernos las caras de vez en cuando.

Fuera de bromas, hay que seguir luchando y no desesperar a pesar de la que nos cae, estemos unidos, sin temor, sin negatividad, sin escusas, sin derrotismos. Nos dedicamos a lo que nos mola, no es ninguna cruz. Además, si la cosa no resulta, siempre nos queda la crucifixión, que no está tan mal, y silbar una alegre melodía. ¡Eric Idle simbolizaría a las compañeras guionistas (sin barba), y todos los demás a la legión masculina! Y, casualidad, ¡¡¡todos con barba!!! Os imagináis…

 

ENCUENTROS EN LA TERCERA FRASE

Por gabkarwai

[Iremos los 4. No seremos tan jóvenes, pero la cara de ilusión y picardía la tendremos siempre.]

Escribir sobre el II Encuentro de Guionistas que está a la vuelta de la esquina es difícil. Lo es cuando, por activa o por pasiva os hemos bombardeado por todos los frentes posibles para deciros que vengáis. Y ahora, ¿qué nos va a contar gab?

Conozco el Encuentro desde las cocinas. Y las cocinas son la EDAV. Desde la asociación, que por segundo año consecutivo coordina el Encuentro, se han cuadrado mil y una agendas para que todo Cristo tecleador de guiones esté los días 4, 5 y 6 en Madrid.

Es importante saber que esta manera de hacernos visibles surge de una necesidad, primordial y necesaria, de conocer qué opina el otro, como trabaja, cuáles son sus mecanismos, y de paso nos ponemos al día del qué y del cómo se cuece la ficción (y la no ficción señores, porque este Encuentro va a tener un lugar destacado para la no ficción) de nuestro país.

El I Encuentro me pilló en un impas y aún así estuve (pero intermitente). Me casaba el finde siguiente y no pude disfrutarlo todo lo que hubiera querido. Pero recuerdo grandes momentos de la mano de Miquel García (TV3), el gran Chon González (cuando nos habló del guionista-barra), Ramón Campos (el creador de Hispania) o Rodolf Sirera,…

En este Encuentro voy con ganas por saber qué dirán las gentes de boxoffice script sobre los nuevos cauces del guión (¿Se convertirán, sin ellos quererlo, en los primeros agentes de guionistas en España?), también lo que se podrá cocer en las mesas de ficción televisiva y cinematográfica, con gentes como Fernando Castets, Joaquin Oristrell o David Muñoz. Y ¿por qué, no? le tengo ganas a las 2 mesas de no-ficción (territorio donde mi incluyo y donde estaré como moderador en una de ellas) para saber de qué manera innovar más y mejor, en un campo que, aunque no lo parezca, cada vez tiene más posibilidades creativas.

Aquí tenéis el programa al día. Es importante que estéis. Estar, ya es un premio, estar es reivindicarnos como escritores, como creadores, algo tan importante en los tiempos que corren.

Seguro que cuando vuelva a Valencia, la tarde del domingo 6, me vendré con nuevas ideas, con mejores perspectivas, y si no, seguro que vuelvo siendo mejor persona. Y eso no se paga ni con todo el oro del mundo.

Y para quien aún se lo esté pensando guionistasvlc, con la colaboración de EDAV, ofrece últimas plazas con 10% de descuento en la matrícula. Solo tienes que introducir el código 2EG-GVLC2011 durante el proceso de inscripción. ¡Ánimo!