LA OPTOGENÉTICA APLICADA AL GUIÓN

Por Gabi Ochoa

Proscrastiné. Un enlace me llevó a un artículo, de ahí a más de 6 horas de seguimiento y de investigación. Eso es a veces lo que hacemos los guionistas. Proscrastinar. No, no, documentarnos.

El artículo no iba sobre la materia, pero era el primer hilo del que extraer la madeja. Hablaba de Neil Harbisson, el primer ciborg reconocido. Tras leerme todo lo que había de Neil en la red, caí en un término: optogenética.

No soy experto en la materia, pero entendí que esta ciencia se dedicaba a apagar o encender pensamientos, ideas, dándole luz a ciertos tipos de neuronas. Se iba armando, junto a muchos artículos y post sobre casos tan dispares como el próximo viaje a Marte o avances e ideas sobre el futuro, un próximo proyecto audiovisual.

Pero la idea, el germen, estaba ahí: cambiar los estímulos cerebrales a través de una ciencia. ¿Era eso posible? Todos recordábamos Olvídate de mi y el cerebro borrado de Clementine, pero nadie pensaba que eso podría llegar. De hecho algunos artículos hablaban de que en un futuro se podrían curar con esta técnica, la optogenética, la adicción a la heroína o el alzheimer. ¿Se podrían borrar los malos recuerdos?

Todo los guionistas tenemos fracasos. Sonados. Creemos alcanzar la gloria, y zas! te hundes en la miseria. La serie está a puntito de firmarla la cadena, compra la botella de champagne más cara, o me encanta tu historia, será un nuevo guión en mi serie. Pero nada. Todo sigue igual. Tú escribes, mandas mails, no te los contestan, y sigues escribiendo con la idea de que tu trabajo será un día reconocido. ¿Podremos borrar esos malos recuerdos?

El otro día lo hice. Le dije a mi hijo, de apenas 8 meses: no seas guionista. Me niego. Sé médico, policía, abogado, banquero, ladrón, yo-que-sé procurador de bolsa. Pero no escribas.

Me gustaría borrar los recuerdos malos, los malos recuerdos, aplicarme la optogenética en mi cerebro y resetearme como creador. Pero solo lo puedo hacer en la ficción. Por eso lo intento, constantemente. Reivindico la bajona, el dejar caer los brazos un tiempo. Para tomar impulsos, para crear. “Cuando no estoy creando, estoy destruyendo” como diría Handke. Pero sigo, a ciencia cierta no sé si alguien querrá leer mi próximo proyecto, sobre futuro, sobre la imposibilidad de amarnos y sin embargo sobre como estamos tan tan tan conectados. Pero sigo dándole a la tecla. Pienso en cómo hay que entrarle a un coordinador sin ser descortés, pesado o que te tilde de gilipollas. Solo quiero vender, venderme y hacer ver que sé escribir. Son 20 años, y parece que fue ayer. De hecho, sigue siendo ayer. Todo es ayer.

Tal vez no haya que borrar los malos recuerdos, las malas rachas, los malos instintos y las malas escrituras. Están ahí. Diciéndonos: chico/a lo hiciste mal, mejora. No hay optogenética en el mundo real, hay recuerdos. Que bonitos son cuando nos van de cara y qué putas cuando nos dan la espalda.

Creo que he visto muchas espaldas y me apetece ver caras. Llevo callado mucho tiempo. Pero callado no es inactivo, es pensativo. Madurando. Macerando. Veo miles de compañeros con una actividad frenética y me digo, ¿tengo que seguir la senda?

¡¡Optogenética, la ciencia que borra los malos recuerdos, ya está aquí, ya llegó, podrás borrar las cagadas, ese mail a deshora, esa reunión al traste en la cadena, ese capítulo horrendo que escribiste!!

Serás Dios, no, serás Aaron Sorkin, Vince Gilligan, David Chase, David Simon. Tendrás que cambiarte el nombre y llamarte David, que es el nombre de muchos creadores talentosos. Déjate, sé tú. Déjate de ir a seminarios a lo Charlie Kaufman que das pena, mucha pena. Llevas 20 años y parece que empezaste ayer. Pero nadie sabe nada, o casi nada. Pero sonríen. Todos los días. Y lo publican. Sus sonrisas. Pero son falsas. Están en sus casas comiendo panchitos y con caras tristes. Y escriben. Cuando pueden y les dejan, firman sus libros. ¿Oh, Dios, por qué esta plaga de guionistas-novelistas? ¿Qué no pueden escribir guiones y ya está? No, tienen que ESCRIBIR, porque eso es la novela, escribir con MAYÚSCULAS.

¿Y la optogenética? La olvidé, se fue al traste. ¿La optoqué? Mierda borrar los malos recuerdos, sí, hay que borrarlos. Hay que poner que estás feliz con tu próximo proyecto (¿Próximo qué?), que es la repera y que se lo han leído… mucha gente, se lo ha leído mucha gente. No. Se lo ha leído Álex de la Iglesia lo menos. Que cojones, Spielberg, puestos a fardar, Spielberg. ¿pero Spielberg hace tele? No me jodas, que es el puto Spielberg. Para. Escribe. No leas. No leas a los referentes. Desconéctate. Escribe y lee solo aquello que tiene que ver con tu proyecto. Sobre Marte, sobre la soledad, sobre el cerebro hackeado, sobre como todo eso es vida. Eso, sobre la vida, porque de eso va el recuerdo, de hacer ver, de vivir.

Mierda me fui. Pero no recuerdo nada malo. No mientras escribo. Una vez escribí en un currículum que podía escribir 16 horas seguidas. Así, 16 horas. Y lo hice. 16 horas. Y rodé 24 horas seguidas. También lo hice. Ahora queda reinventarse otra vez. La vigésimotercera vez. ¿Montamos un bar? Déjate. ¿Vuelves a dar clases de lengua y literatura? No me jodas que tengo 40. ¿Y cocinar? Se me dio bien un tiempo, pero… no sirves para nada. Para escribir. Para nada, eso no es nada. Sí que lo es, no me jodas. Escribir es conocerse, no sabes la cantidad de dinero que me ahorro en terapia.

Esto va siendo un adiós. Guionistasvlc tiene los días contados. Yo tengo los días contados en Guionistasvlc. Hemos cumplido un ciclo, y ahora que parece que viene el cambio y que nos cuesta más y más escribir, nos tomamos el blog de manera sabática. No sabemos si indefinidamente o si alguna vez retornaremos. Pero hasta junio estaremos por aquí (en contadas ocasiones) y cerramos el lugar. Se quedarán, claro está, todos los post, pero ya no escribiremos más por aquí. No olvidemos los buenos recuerdos. Los malos, siempre están ahí, jodiéndonos.

A mi, a Gabi Ochoa, me tenéis en el nuevo blog personal que llevo desde mi web. No solo hablo de guión, pero si os interesa, allí estaré. Y seguiré colaborando allá donde me llamen. Escribo 16 horas. “16 hours writing people”.

Pero como la optogenética dice, trasformaremos los recuerdos, aquellos que nos quedan, en buenos recuerdos.

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SABER PERDER

 

por gabkarwai

Por donde empezar…

Llevo unas 100 páginas de “Saber perder” el libro de David Trueba que le reportó el Premio Crítica de Novela en el 2009. De momento el libro tiene cosas interesantes, otras no tanto, pero me pareció curioso su enunciado: “Saber perder”.

Si algo he aprendido a lo largo de más de 10 años de profesión es que, más que saborear los éxitos, hay que saber cuando se ha dado un paso atrás, cuando uno no ha llegado hasta donde quería y tiene que recapacitar.

En mi caso recuerdo perfectamente dos momentos cruciales en mi vida audiovisualera:

El primero tiene que ver con mi paso por los equipos de dirección. Tras un corto superproducción de 7 días, en el que fui ayudante de dirección, sentí el sinsabor de no haber hecho bien mi trabajo. Muchas horas, presiones de la productora, presión hacia al equipo,… en fin, tuve que dar la cara por gente, tuve que ponerme duro y eso, a día de hoy, no lo hubiera hecho. Recuerdo haber hablado tiempo después con mi 2º ayudante de dirección de la época: yo no estaba hecho para los rodajes. Sus sabias palabras, creanme, me ayudaron a pasar el mal trago.

El 2º caso tiene que ver con nuestra profesión. Hará ya casi 4 veranos entré a formar parte de la mayor empresa (en aquella época) de contenidos en Valencia. En el sector era muy valorada, llego a tener en plantilla más de 30 guionistas, y desarrollar muchos formatos en ficción y documental.

Me encontraba muy a gusto entre la plantilla de guionistas (muchos amigos y colegas), pero el formato era novedoso para mi, y me costaba entender el concepto (tenía un buen amigo que me decía “tu humor es que es muy británico”), por lo que mi trabajo no era del todo satisfactorio. Todo el mundo sabe de qué empresa hablo y pueden imaginar qué serie. No les dejo con la duda, se trataba de “Socarrats”. No voy a lanzar ninguna piedra contra nadie, más bien contra mi tejado, porque duré apenas un mes. Un día me llamaron al despacho y me dijeron: “Gab, no produces todo lo que nos gustaría que produjeses, y a partir del lunes ya no estás contratado”. Ni rechiste, lo asumí sabiendo que tenían razón, que en mi media jornada (los guionistas más inexpertos tenían media jornada y si la cosa funcionaba ampliaban a una jornada completa) no había colado prácticamente ningún scketch en el mes que estuve. Podría aducir que a la vez tenía otro trabajo (práctica habitual de muchos guionistas), y que una de esas semanas tuve hasta tres trabajos (soy profesor a tiempo muy parcial), pero lo bien cierto es que, modestamente, puede ser que no me esforzara todo lo que requería. Me ocurrió que vi mi gallina de los huevos de oro antes de cazarla. Pensé: “Si esto funciona así de bien, yo estoy aquí una larga temporada”.

Error. Cada día, en cada momento empiezas a ser guionista. No puedes bajar la guardia, no debes.

Como cualquier guionista, trabajamos por proyecto y creanme, más allá de la empresa donde trabajo actualmente, nunca he estado más de 8 meses seguidos en la misma productora. ¿Les suena?

En fin, tuve que “saber perder” (ese mismo día ni me despedí de mis compañeros, tenía una vergüenza terrible), y me refugié desarrollando otros proyectos pensando, “esto no es para mi, tal vez yo no soy guionista, y un día me pillen”. Hablé con algunos amigos, me distancié y pensé en mis errores y bueno, aquí me ven. Espero que no haya defraudado a mucha gente y sigan valorándome por lo que escribo.

En otras ocasiones ha habido proyectos que no han salido y no le echo la culpa a la comisión que lo valoraba. Lo primero y más importante es ver si el proyecto estaba lo suficientemente elaborado.

Pienso mucho sobre estos necesarios tropiezos, esos momentos donde bajas tus humos al suelo y ante ti te dices: “¿qué eres realmente?, ¿guionista?, pero ¿sabes escribir?”. Lo hablo en ocasiones con mi equipo actual (tengo la suerte de tener un equipo muy curtido en mil batallas), y siempre nos vemos en unos años en otras prácticas (pedagogía, novelas, periodismo o un clásico, montar un bar), aunque en el día a día damos el 200%.

Recientemente con todo este embrollo de la dimisión de Alex de la Iglesia me he acordado de esto: Alex creo que ha asumido que ha perdido, y ha sabido perder, algo que se valora, mucho.

Más allá de si la ley Sinde está bien o mal desarrollada (en mi caso sigo los pasos de Alex en sus planteamientos), lo que está claro es que se ha aprobado.

Mantengo cierta distancia con las gentes que se creen indestructibles, que harán su proyecto “caiga quien caiga”, que no conocen la duda, el miedo, incluso ironizan sobre él. Todos los días me levanto acojonado, no sé si podré volver a sentarme delante del ordenador a escribir.

Hasta que llegue ese día, intento valorar el duro y continuo trabajo del guionista, y en lo importante que es, no tanto que valoremos los triunfos, sino que sepamos perder.

Y mientras tanto sigo escribiendo.