JOSE LUIS FORTEZA

La semana pasada falleció Jose Luis Forteza, realizador y productor.  Muchos de los que nos dedicamos al audiovisual en Valencia tuvimos con él nuestra primera oportunidad.  Y posiblemente nuestra trayectoria profesional habría sido otra de no habérnoslo cruzado por el camino cuando eres joven y nadie da un duro por ti.  “Un tipo raro: productor y buena persona”, así bromeamos al despedirle el pasado jueves en el crematorio de Valencia.  José Luis fue además un tipo muy divertido: todo se lo tomaba con un finísimo sentido del humor.  Y no ha dejado ningún mal recuerdo en ninguno de los que le conocimos.  Como homenaje, hemos reunido el testimonio de unos cuantos de los que fuimos compañeros y amigos, para recordarle con una sonrisa. Y con el compromiso de no echar en saco roto las palabras que nos dirigió su hijo Isaac al final del acto: “Recuerdo a mi padre siempre trabajando: en su productora, en la Mostra, en Canal 9… el mejor homenaje que podemos hacerle es seguir luchando para volver a levantar el audiovisual valenciano”.
Guionistas Vlc

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CARLOS PASTOR Guionista y director

Yo conocía a José Luis desde pequeño. Íbamos los dos al colegio del Pilar, en aquella época el más pijo de Valencia. Era poco mayor que yo, de la edad de mi hermano mayor del que era amigo.

El primer rodaje al que asistí en mi vida fue el de su primer corto en 35mm. Yo tenía 16 años y ya quería ser director. Lo rodaba en casa de Javier Mariscal, mi compañero de pupitre en el cole y colega. Javier y yo aún íbamos al colegio y nos fascinó que le dijera a una actriz guapísima que se apretara fuerte un cáliz contra las tetas. “Apriétalo más contra el pecho, así, muy bien”, le dijo. ¡Fantástico! pensamos Javier y yo.

Cuando llegamos a la Universidad José Luis ya era un líder estudiantil: tenía la novia más guapa de la facultad de la que Mariscal estaba enamorado en secreto, era un dirigente respetado en los movimientos políticos antifranquistas, rodaba películas, escribía textos, organizaba tertulias… Nosotros lo veíamos a distancia porque a pesar de que nos llevábamos muy pocos años, la diferencia ideológica entre su generación y la nuestra era enorme. En aquella época todos leíamos muchísimo, pero ellos a Marx y Engels y nosotros a MacLuhan y Marcuse.

En Barcelona volvimos a coincidir. Mariscal y yo habíamos montado una comuna en un piso grande del ensanche barcelonés donde lo compartíamos todo con los demás miembros. Además de Eduardo Hidalgo, otro compinche valenciano tan pijo como nosotros, vivía un puñado de gente llegada de cualquier parte del mundo a quienes les habían pasado nuestra dirección en cualquier lugar entre Katmandú y Marrakech.

En las comunas se compartía todo, a veces en algunas hasta las novias. A nosotros nos hubiera encantado hacerlo pero desgraciadamente no teníamos novia para compartir. Por eso cada vez leíamos más a Wilhelm Reich, por sentir sexo aunque fuera en los papeles.

Desgraciadamente en las comunas cada cierto tiempo habían crisis que ponían la cotidianeidad por debajo de la supervivencia y entonces cada uno se buscaba la vida como podía. A veces circulábamos de una comuna a otra. Habían varias: la de Pau Riba en la avenida del Tibidabo donde temporalmente vivía también Sisa y otros músicos, la de Pau Margall, el hermano de Pascual Maragall, que era mucho más anarquista que la nuestra, la de la Floresta, en medio de bosques y muy bucólica… Incluso había otra de valencianos, la de Albert Garcia y Vida Sanvalero en la calle Urgell pero duraron poco y se volvieron pronto a Valencia.

No sé muy bien de que vivíamos. Recuerdo a toda la gente del piso ciegos de LSD coloreando los dibujos que Mariscal hacía para ilustrar unos libros de cuentos que habíamos conseguido colocarle a una editorial infantil, … de vez en cuando vendíamos mariguana y hachís en la plaza Real…. no sé…

Cuando las crisis económicas eran muy profundas, los comuneros catalanes regresaban temporalmente a casa de los padres, pero Mariscal y yo no podíamos. Sus padres habían muerto y el mío había aprovechado un viaje de negocios para visitarme por sorpresa, se encontró con la comuna y me prohibió regresar nunca más a casa. Me desheredó desde 1970 hasta 1996 en que volvió a incluirme en su testamento. Por eso cuando Mariscal y yo estábamos de bajada, llamábamos a Forteza.

Nos lo habíamos encontrado un día por las Ramblas y habíamos cenado juntos. En plan hermano mayor nos había preguntado por nuestra vida, había hablado poco de la suya y nos había dado un teléfono y unas horas para llamarle siempre que necesitáramos algo. Le llamábamos, una o dos veces al mes cuando no teníamos nada para comer. Siempre nos invitaba y nos daba algo de dinero y reía con nuestras aventuras. Desde entonces siempre que nos veía a Javier o a mi nos decía: “sois unos rojos”. Yo le contestaba “pues mira que tú” o “ya querría yo” según lo que fuéramos a tratar. Por su actividad política lo habían expedientado de joven, tuvo que hacer la mili desterrado en Menorca y durante todo el franquismo no se le concedió el certificado de buena conducta necesario entonces para sacarse el carnet de conducir por lo que nunca condujo, siempre se movió en taxi. En la época de Malvarrosa Media, acudía cada día desde Benimamet, donde vivía, hasta la productora en Tabernes, en taxi.

Sé que el último día que le vi, cuando ya estaba en el hospital para terminales esperando la muerte, a su “Hola rojo” le contesté ”Mira quién habló” porque como él ya no oía ni podía hablar, nos comunicamos por escrito y cuándo me fui del hospital me llevé los papeles de la conversación. Por eso sé que a mi pregunta de “¿Cómo estás?” me contestó: “Yo casi nunca miento”. Luego la conversación se volvió muy críptica porque él hablaba de una película y yo no entendía a cuál se refería.

José Luis me produjo un largometraje y una tvmovie y las dos veces antes de arrancar la preproducción me dijo lo mismo: “esta la tendría que hacer yo, que tú ya has hecho” y yo las dos veces le dije “hazla tú y yo te la produzco”, y él la dos me contestó: “no, joder, que tú produces fatal”. Por eso lo de la película me dejó algo desconcertado.

Esta no vas a poder quitármela” escribió. Yo le escribí una tontería pensando que se le iba mucho la olla. Él contestó: “pero ahora tú también estás dentro”. Como no entendí nada le cogí la mano y él me miró fijo. Le molestaba una mascarilla de oxigeno y se la quitó. La enfermera me dijo que no había manera de que se la mantuviera puesta, pero que tenía que llevarla y que por favor se la pusiera cuando se la quitara. A mi me sirvió para tapar mi desconcierto. Cada vez que no entendía lo que me iba escribiendo, le ponía la mascarilla. Se durmió, se despertó y volvió a escribirme: “es música”. Yo hice ver que no comprendía. El me miró cómo taladrándome. Yo dejé pasar un tiempo y le escribí: “me alegro mucho de verte”. El me miró, se dio la vuelta y se durmió. Estuvimos así más de dos horas. Al final en un momento en que estaba profundamente dormido y yo creía que no se enteraba de nada, le di un beso en la frente y me marché. Pensé que seguramente era la última vez que lo vería. Más tarde en el entierro, Pablo Van Damm me dijo que cuando él llegó al día siguiente de mi visita, lo primero que José Luis le escribió fue que yo había ido a verle y que lo había llenado de babas, o sea que tan inconsciente no estaba.

Cuando llegué a casa miré los papeles de la conversación, vi lo que él había escrito, dejé de lado las tonterías de mi desconcierto y de golpe todo se hizo evidente. No se le iba la olla, se refería todo el tiempo al peliculón de su propia muerte, personal e intransferible.

TONIPEP RODRÍGUEZ SELLÉS Músico y activista cultural

Nadie sabe si es verdad o es mentira … yo tampoco.

Corrían los años 69 en la Univerdad de Valencia, la insurrección estudiantil era enorme, delegaciones de estudiantes tomadas al estilo Mayo 68, muchos nombres sonaban como dirigentes o activistas, Los Hermanos De Felipe, Platón (Rafael Plá), Jaime Ezcutia, Antonio Gutierrez (que sería después secretario general del CCOO) o yo mismo que me encargaba de las acitividades culturales … en la Fac de Ciencias, Cipriano Ciscar, Felipe Guardiola o Carmen Alborch en Derecho y en Económicas y la Literaria Medicina o Agrónomos estaban Peñalba Paco Marin o Paco Caurín o el pacifista Beúnza y otros muchos que no voy a nombrar y cómo no Jose Luis Forteza …

La literaria estaba en el centro (en la C/ Universidad) enfrente estaba el local del SEU donde hacian teatro Rafa Gassent y donde habìan surgido la Nova Canço valenciana (Raimon, Els 4Z, Felix Stop, Lecumberri. La vida cultural valenciana estaba en plena efervescencia tanto la castellano parlante como la autóctona, librerias como Val i Trenta, Viridiana, Tres i Quatre o la Lauria eran centros de divulgación del saber y de la política

Habia ya salido Raimón hacia Barcelona, estaba aún Marian Albero, Alberto García Hernandez los 4Z habian sido prohibidos ..  Fuster estaba en su momento más lúcido, Ventura había reunido en su Publipress muchos creativos . Las artes florecían con gentes como el Equipo Crónica, Toledo, El Equipo Realidad, Ramón de Soto, Calduch, Michavila, Horacio Silva, Uiso, Alemany, etc …

Otras sensibilidades de libertad con visiones alternativas explotaban al mismo tiempo como el Mariscal, el Sheffer (Carlos Pastor) o el Amadeu Fabregat el Rafa Ventura Meliá, o los músicos de rock  (toda una pléyade -cientos de grupos- desde Bruno hasta los Bodgies o los Pepes o los 5 Xics o el Nino Bravo) apoyados desde la radio por Enrique Ginés y la gente de la Voz de Levante. Francis Montesinos hacía sus primeros diseños…

Forteza era un tipo guapetón, campechano y muy abierto … no era como muchos de los otros que solo ejercian en las asambleas, salía de bares o tascas se mezclaba con todo tipo de gente, triunfaba con las chicas y le gustaban las francesas que venian por estos sitios y lo podías ver en sitios o tascas donde la gente se movia y se mezclaba con otros grupos heterogéneos, a mi siempre me ha gustado hacer lo mismo, yo era un chaval avispado pero no era de su quinta y me trataban según quién de tu a tu o de hombre a chiquillo en esos tiempos la barrera de pocos años era enorme … gente que había hecho la mili o no …  Él, no se por cual motivo me trataba de tu a tu … e impuso eso a sus amigos, lo que siempre le agradecí y me hizo sentir mas hombre y mas seguro..

Un dia lo vi muy pronto por la mañana, era evidente que no había dormido … lo crucé cerca de la sede de la Universidad … no me saludó pero me guiñó un ojo

Entre en la Universidad y estaba toda llena de pintadas ….

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TERESA CEBRIÁN Coordinadora de EDAV

José Luis Forteza, y perdonen la frivolidad, era un tipo tremendamente atractivo. Al menos a mí me lo parecía. Con ese porte, ese mostacho, su ironía -finísima-, su enorme sentido del humor. De su mano di mis primeros pasos en esta profesión. Empecé a trabajar en la Mostra en el verano del 86, José Luis había aterrizado en el festival ese mismo año, apenas unos meses antes. Me habían contratado por quince días para cubrir una emergencia y aquel era el primer empleo de mi vida. Me quedé cuatro años, todos los que estuvo José Luis al frente y uno más. Aquellos cuatro años marcaron definitivamente mi trayectoria profesional y personal. Sufríamos mucho pero también lo pasábamos muy bien. Éramos un equipo pequeño para un festival muy grande y, como en todas las organizaciones, había jerarquías. Sin embargo, para José Luis todos éramos igualmente importantes. Cada pieza del puzzle, por pequeña que fuera, contaba como cualquier otra. Siempre recordaré el enorme respeto que tenía por todos nosotros.

Mi primera Mostra se me vino encima sin saber muy bien dónde me había metido. Empezó el festival y empezaron los nervios, las tensiones, los roces y las broncas. Y con las broncas, las lágrimas. José Luis había acudido al Hotel Rey Don Jaime a recoger a un invitado: impecable, de camisa blanca inmaculada. Nos cruzamos de casualidad en el vestíbulo, el invitado, José Luis y yo, que venía desencajada tras un desencuentro bastante desagradable. Le pidió al invitado, seguramente alguien importante, que esperase; me recogió, me llevó a un sillón del bar y me dejó su hombro para que llorase. Después hablamos, luego me invitó a un whisky, que era una de sus maneras de arreglar las cosas, y cuando me hubo tranquilizado fue a atender a su invitado. “Cosas de chicas”, le dijo, enseñándole su camisa, antes blanca, con su mejor sonrisa. José Luis era el director de un festival que estaba en marcha y tenía un lío de narices, y yo una veinteañera con un disgusto de diletante. Y lo había dejado todo para atenderme. Cómo me sentí en ese momento. Qué importante. Y, chicas, ¡qué bien se estaba derramando lágrimas a la sombra de ese mostacho!

CARLES PALAU Periodista

Fue una de tantas visitas con proyectos bajo el brazo. En este caso el destino era Madrid. Televisión Española. Andrés Luque, uno de los productores ejecutivos del área de cultura, sería nuestro interlocutor. Era la primera reunión que teníamos con él. No lo conocíamos personalmente. Queríamos que TVE participara en la coproducción de la versión televisiva de un largometraje documental. El futuro director del documental y autor de la idea también venía con nosotros. Era un proyecto sólido por el que la tele ya había mostrado interés. Esa reunión sería el espaldarazo definitivo al acuerdo. O no.

Para romper el hielo, Forteza hizo alusión a algo que no tenía nada que ver con nuestro asunto. Se fijó en un cartel colgado en el despacho del ejecutivo. Era de la película “Agallas”, que nuestro anfitrión acababa de codirigir. “Ah, ya me habían dicho que has dirigido una película de ficción, yo pensaba que tú eras más de documentales…”. Le daba la oportunidad a su interlocutor para que comenzara hablando de sí mismo. Una triquiñuela de manual. Estudiar al “adversario” antes de entrar en materia. Lo hacía siempre y no me sorprendió. Andrés Luque estaba orgulloso de su trabajo y comenzó a hablar de su película. En un momento dado pasó la pelota a nuestro tejado. Había hecho los deberes. Sabía que Malvarrosa Media estaba preproduciendo una película de envergadura. La que sería, desgraciadamente, la última película de Bigas Luna, “DiDi Hollywood”. “Sé que estáis trabajando con Bigas. Con ese reparto la película puede ser un bombazo. Es un pedazo de proyecto”. Mientras decía esto ya estaba hojeando el dossier que le habíamos entregado, se preparaba para entrar en materia.

Pero la respuesta de Forteza le sorprendió. A mí me dejó helado. “Bueno, la verdad es que el guión no me gusta nada. Pero yo ahí ni pincho ni corto. Cosa de mis socios. Yo bastante tengo con televisión y documentales”. Luque levantó la vista del dossier. Se le quedó mirando y se echó a reír. “Joder, vaya manera de vender tu película”. “No, si ojalá me equivoque y nos forremos. Pero me temo que no va a ser con esta”. La reunión continuó durante un largo rato, centrada ya en el asunto que nos había llevado allí. Cuando salimos del despacho le recordé la jugada. “Qué huevos tienes, José Luis, ¿cómo se te ocurre?”. Su respuesta era también de manual, pero en este caso de su personal y heterodoxo manual. “Mira, ya tengo edad para decir lo que me salga de los cojones. Además, estos agradecen un poco de sinceridad, que aguantan a muchos vendecabras”.

Volvimos a Valencia con un contrato de coproducción bajo el brazo. Un tiempo después “DiDi Hollywood” se convirtió en uno de los más grandes fracasos de crítica y público del cine español. Recibió dos premios yoga, los antigoyas: el de peor película del año y el de peor actriz para Elsa Pataky. Un tiempo después recibí un email de Andrés Luque en el que nos felicitaba por la calidad del documental que le habíamos vendido en aquella reunión.

PACO LÓPEZ BARRIO Guionista y realizador

Desde que le conocí en mi primer trabajo, en 1983, he pasado muchas horas con Jose Luis Forteza. No recuerdo habernos enfadado jamás. Tenía una gran capacidad para escuchar y aceptar las opiniones ajenas, pero sobretodo un sentido del humor que salía a relucir en las situaciones más complicadas y rebajaba cualquier tensión. Le encantaba reírse de sí mismo, de ser un larguirucho desgarbado y, sobre todo, de su enorme narizota que atribuía a la herencia de sus antepasados judios.


Además de las muchas jornadas rodando o editando, también compartimos algunas noches. Como nuestros presupuestos iban siempre tan justitos (hablo de hace muchos años) no era raro que compartiésemos de vez en cuando habitación de hotel para ahorrar. Se dice que para trabajar hay que ponerse cómodos. Pues bien, nosotros desarrollamos más de un proyecto en pijama, tumbados en la cama. O sea, en plan Epi y Blas.


Como había confianza, me abordó un dia, cuando ya estábamos en Canal 9, en la cafetería de la tele y, muy tímidamente, me preguntó: “Paco, ¿te importaría invitarme a un whisky?. Es que ando pelado…”. Ningún problema, que sean dos, con mucho hielo. Semanas después volvió a repetirse la escena. Ojo, no es que fuera un gorrón, él tambien era muy generoso invitando cuando tenía. Le dije: “No sé cómo te las arreglas para ir siempre a dos velas. Si tu eres jefe y ganas un sueldazo…”. José Luis bajó la voz, en plan confidencia y me dijo, poniendo ojitos de pillo: “Tengo cinco hijos de tres mujeres diferentes. ¿Cómo quieres que esté?”. En realidad no fueron tantos sus hijos ni sus mujeres, pero uno de sus mecanismos preferidos para hacernos reir era exagerar.


El otro era inventarse, al vuelo, historias fantásticas y contarlas tan serio, como si fuesen verdad. Como aquella mañana que nos encontramos por Cánovas a su hermano, que venía corriendo con chándal, zapatillas y cinta al pelo… Cuando se marchó me dijo: “No te creas nada. ¿Sabes lo que hace en realidad? Se va corriendo por el rio, pero cuando llega a la playa se toma una cerveza y unas gambas y se vuelve a casa en taxi”.


De no haberse dedicado a producir documentales, Jose Luis Forteza habría sido un finísimo guionista de comedia. Tenía la cualidad más necesaria para serlo: asumir a los seres humanos tal cual son, con sus grandezas y sus miserias. Y saberse parte de ellos. Le vamos a echar mucho de menos.

NATHALIE MARTÍNEZ Productora

Creo que corría el año 1999, estaba en mi segundo o tercer año de carrera de Comunicación Audiovisual en la Universitat de València y surgió la posibilidad de hacer prácticas en una empresa de nombre grandilocuente: Gabinete de Comunicación Global.

El primer día me presenté a la entrevista hecha un manojo de nervios: era una pipiola sin ninguna experiencia e iba a hablar con un productor de verdad, José Luís Forteza.

Recuerdo como ayer la primera vez que me senté frente a él en aquél despacho de la calle Martínez Cubells. Me interrogaba para la entrevista con ese tono serio y a la vez con mirada traviesa. Recuerdo que me provocó tal curiosidad, que tres minutos después de sentarme dejé de preocuparme por contestar a las preguntas sobre mi currículo y, en lugar de eso, me andaba preguntando qué pasaba por su cabeza porque me parecía que se estaba divirtiendo, lo cual me hacía sentir aún más nerviosa.

  • ¿Y porqué Nathalie y no Natalia? –preguntó con gravedad, como si se tratase de una pregunta determinante.

  • Bueno, nací en Francia y ése es mi nombre, -contesté tímidamente- aunque me suelen llamar Nath.

  • Pero si te llamo “Nat” ya no es francés… ¿no? Ahí da igual si te llamo en francés o en español porque no hay diferencia… – dijo mirándome con picardía y esperando mi respuesta.

  • Bueno… – titubeé porque no espera esa pregunta en mi entrevista de trabajo, no sabía por donde salir-. Bueno, en realidad no, -le dije con disimulada seguridad- porque en realidad, al decir Nath, la hache no se pronuncia, pero sí se visualiza mentalmente…

Creo que tardó cinco segundo en reaccionar y echarse a reír con aquellas carcajadas, así hacia dentro, tan contagiosas. Ni que decir tiene que me puse coloradísima.

  • Si no te importa, yo pronunciaré la hache, ¿de acuerdo?

  • Ah, vale… – le contesté avergonzada sin atreverme a preguntar cómo la iba a pronunciar.

Acabó la entrevista, guardó mi currículo y nos despedimos, me dijo que me diría algo rápido. Salí del despacho sola y, aún no había dado dos pasos, oí que me llamaba desde su despacho:

  • ¡“Nathconhache”! Un momento… – volví sobre mis pasos- ¿mañana puedes venir a las diez?

Creo que me quedé allí casi un año, si no me fallan las cuentas, y un par o tres de programas de televisión: aprendí a producir, a montar, a hacer entrevistas, a vivir el audiovisual con intensidad y con pasión. Hubo de todo en aquella época, cosas buenas y cosas menos buenas. Pero aquél trabajo que provocaba que me asombrara cada día, disfrutando además de la maestría de Forteza siempre cerca, pasando regularmente a ver mis premontajes y a reírse con ganas cuando el resultado era divertido, hicieron que me enamorara de esta profesión y me empeñara en seguir en ella. No me atrevía decírselo así personalmente, pero tengo mucho que agradecerle.

Por cierto, ni entonces, ni después… Forteza nunca me llamó Nathalie. Tampoco Nath.
Firmado: Nathconhache

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RAFA CONTRERAS Actor

¡Qué pena! He buscado y rebuscado, pero no encuentro aquella foto cuyo autor es José Luís Forteza… Salíamos Gerardo Esteve y yo algo disfrazados haciendo un número teatral en la Plaza de la Virgen. Se publicó en la revista Dos y Dos, precursora de lo que luego sería Valencia Semanal. Corría el año 1976. Un grupo de jóvenes antifranquistas con inquietudes culturales nos reuníamos entonces convocados por Josep Vicent Marqués. Por allí solíamos acudir Paca Conesa, Rafa García Perelló, Gerardo Esteve, Julio A. Máñez, el propio Forteza (siempre cámara en ristre), junto a más gente que no consigo recordar.

Nuestro objetivo era ocupar la calle como espacio donde realizar por sorpresa acciones teatrales (los famosos “happenings”), algo considerado subversivo. La policía no tardaba en aparecer y enseguida nos disolvía. Recuerdo que la prensa local nos denominó “anarcopasotas”. Desde entonces ya nunca le perdí la pista a José Luís. Aunque no tuvimos una relación muy estrecha siempre coincidíamos a través de amigos comunes o por asuntos profesionales, incluso hemos sido vecinos en Benimàmet durante muchos años.

JORDI HIDALGO Ex jefe de Programas de Canal 9

Detrás de esa figura de alto desgarbado (con la que me identifico), José Luis era un hombre bueno. A veces, hasta podría perecer incluso inocente, pero no lo era en absoluto. Ya se moviera entre tiburones o entre amigos, su bondad siempre sobresalía por encima de los demás.

Aún así, recuerdo de él alguna mentirijilla que compartimos en su día. Él me proponía “magnificar” un resultado anual. Yo, a sus ordenes, me resistía: “¿y el año que viene que haremos?”. Finalmente, tras un café, un cigarro, un dibujo, esa risita suya, alguna gracia y más bondad, dulcificaba la situación hasta hacer desaparecer el problema. Un mago.

Pero por encima de todo, José Luis era uno de nosotros. Nunca de ellos.

PACO PICÓ Ex jefe de Ficción de Canal 9

De José Luis recorde moltes coses, moltes anècdotes, però sobre tot recorde sensacions. La sensació de complicitat en la ironia, de sintonia en les opinions i de tranquilitat en saber que, amb ell present, sempre hi hauria una possibilitat d’enteniment, sempre acabaríem més relaxats i esperançats que com havíem començat. El recorde encoratjant-nos i aconsellat-nos al meu amic Pitti i a mi quan començàrem el l’Aula de Cinema de la Universitat; el recorde parlant de política, i de la política del partit, amb tant d’escepticisme respecte les cojuntures com convicció respecte els principis; el recorde, molt més tard, dibuixant ratlletes en un paper quan les discussions sobre una producció estaven més enconades perquè això volia dir que intervindria en el moment precís, amb aquella veu greu i gastada, per a fer una proposta de síntesi que obriria noves perspectives. Era intel.ligent, era dialogant, era càustic, era honest i, sobre tot era el millor que es pot ser en la vida era una bona persona. Salut i República, amic.

CARLOS AIMEUR Periodista y escritor

El próximo brindis va por ti.

Los que le conocieron recordarán cómo miraba cuándo iba a decir una de las suyas. La primera vez que me lo hizo fue en una de esas comidas largas de entre semana que tanto le gustaban, comidas que comenzaban a las dos y media y acababan a las seis o más tarde para volver luego al trabajo. Me miró a los ojos y me dijo: “Soy judío”. Esperaba algo, una frase torpe, un gesto de sorpresa, pero yo sonreí al ver su expectativa. “Y yo un cristiano medio moro”. Rió. Brindamos por la hermandad de los pueblos. Fue con un buen whisky. Teníamos algunas cosas en común. El gusto por el agua de fuego era uno.

Hablábamos de cine cuando comíamos. Y lo hicimos más veces. En ocasiones quedábamos sólo por placer. Hablábamos. Mucho. De muchas cosas. Una vez porque Rita Barberá le quería de vuelta al frente de la Mostra y él le dijo que no, muy educadamente, con su elegancia desmañada. Otra comimos a cuenta de un documental sobre Sven Hassel que nunca hicimos. Otra por el guión de una película que tampoco hicimos. Me encantaba quedar con él para hablar de cosas que nunca haríamos. Otras, éramos más concretos. Cuando estaba en la Filmoteca, hablábamos de los vicios del sistema de subvenciones. En una de ellas me dijo: “Canal 9 va a arruinarnos a todos”. Lo aceptaba, con el escepticismo resignado de quienes han visto arder naves cerca de Orion.

En otra recuerdo la emoción con la que me relató el entierro de Salvador Puig Antich. Él estaba estudiando en Barcelona cuando ejecutaron al joven anarquista. Como otros compañeros de la universidad decidieron ir al entierro. Su relato de aquel día lluvioso, de las carreras delante de los grises, me cautivaron. Cómo contaba las cosas, qué bien lo hacía. Brindamos después, como hacíamos siempre, por la hermandad de los pueblos. Caerle bien era como gustarle a una chica guapa. Te subía la moral. Ha sido una suerte conocerte, hermano judío. Mi próximo whisky va por ti.

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XIMO PÉREZ Productor, presidente de Productors Audiovisuals Valencians

A finales de los 90 Jose Luis se cuestiona la importancia del asociacionismo en Valencia. Comienza a tener presencia a las Juntas Directivas de la asociación de productores. En las reuniones de la asociación, tenía la habilidad de no enfadarse con nadie, no enfrentarse nunca a ninguna situación comprometida pero al final siempre se aprobaba lo que el defendía. Con su finísimo sentido del humor, su pícara contestación o su socarrona argumentación, llegaba a convencer a todo el mundo. Llegamos a convencerle para que fuera Presidente de la Asociación, fue una época complicada con numerosos cambios. Siempre el interlocutor, normalmente de la administración, se rendía a sus argumentos y terminaban por ser reuniones distendidas con su fina ironía. Siempre he considerado y así se lo dije que fue mi padre con respecto al asociacionismo. Supo provocar en mi y transmitirme la tranquilidad con la que acometía cualquier problema.

Con respecto a la labor de productor, tuve la suerte de coproducir númerosos programas con él, destacando por encima de todos Casting 9 y Mira Mira. Me dejaba hacer casi todo, aunque ante cualquier problema siempre tenía una respuesta brillante y sobre todo una solución que nunca era cuestionada. Siempre te hacía sentirte líder, aunque sabías que José Luis estaría permanentemente detrás para cualquier cosa.

Persona a veces irritablemente tranquila, calculador, estratega, sarcástico, mordaz, muy amigo de sus amigos, tenaz y sobre todo una de las personas más generosas que he conocido en esta apasionante profesión.

TERESA DÍEZ RECIO Ex jefe de Programas de Entretenimiento de Canal 9

La piscina de Forteza

Clóchinas. Azulejos. Restaurante El Estela. Tavernes blanques. Preparábamos la serie ‘Altra oportunitat’ para Canal 9. Año 2007. Forteza, Laullón, fiel escudero, y yo, comíamos con asiduidad allí, mientras construíamos molinos de viento. De cada conversación podía salir uno. Una historia, un ‘docu’, una peli, una tvmovie, un programa. Lo que fuera. Era la forma que tenían Forteza y Laullón de destensar situaciones. A carcajadas. Teníamos un sindiós montado de versiones de guiones, montajes, remontajes, y un plan de producción que iba apretadísimo. La cabeza llena de problemas se nos vaciaba durante esas comidas. Hasta que llegaba el postre: “Esta tarde ya no vuelvo, me voy a casa, que la tengo en obras”, me decía serio. “¿Estás de reformas?”, le preguntaba. “No. Me estoy haciendo una piscina”, respondía con sonrisa de pillo. Volvían las carcajadas. Durante esos cinco o seis meses fue su salida recurrente cuando se sentía agotado, se iba a casa a ver a los obreros, porque se estaba haciendo una piscina.

La piscina era inflable y se metía en ella con el gintonic en la mano. Carlos Pastor es quién me ha cerrado esta anécdota tan ‘Forteza’.

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JULIO FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ.  Periodista

Año 1972, febrero, Barcelona. Yo era un recién llegado de provincias que quería estudiar cine. Apenas llevaba una semana en la ciudad, y en la escuela donde José Luis era profesor, cuando la policía me detuvo en una manifestación contra ya no recuerdo qué cosa.

En Via Layetana, mas que los golpes, sufría la angustia de pensar que nadie sabia que me encontraba allí. Nadie? José Luis lo supo, aun no se como. Y envío un abogado (el bueno de Mateu) a interesarse por mi. Apenas nos habíamos visto antes un par de veces en clase.

PACO GARCÍA DONET.  Productor

Un hombre bueno con gabardina.

La primera vez que vi a José Luis en acción fue a través de una pantalla cinematográfica. Salía como figurante en un estupendo cortometraje en blanco y negro dirigido por el entonces joven realizador Vicente Domingo. El corto se titulaba “Historias de hombres con gabardinas” y contaba con la actuación de Javier Gurruchaga y del mismísimo Luis García Berlanga. Lo programamos en un pequeño festival de cine valenciano que organizamos en mi pueblo, Cullera, y recuerdo que me fijé en el nombre de José Luis Forteza cuando salió en los créditos, seguramente porque me chocó que el flamante director de la Mostra de Valencia hubiera colaborado en el primer cortometraje de un chico joven.

Por aquella época, mediados los ochenta, yo también era un chico joven. A decir verdad, en el mundillo audiovisual yo no era nadie. Y, al igual que Vicente Domingo, también hacía cortos. Por eso me puse un poco nervioso cuando inscribí el primero que había hecho, con un grupo de amigos, en una cosa que se llamaba Mercafilm y recibí la oferta de entrevistarme con quien dirigía aquel novedoso mercado cinematográfico, que no era otro que José Luis Forteza. Fui con un compañero de fatigas a verle a la finca del punt de ganxo, sede de la Fundación Municipal de Cine de Valencia, y allí nos dijeron que lo podríamos encontrar en el Bar Almudín. Efectivamente, allí estaba, sentado en la terraza, charlando con un compañero, bebiendo whisky con hielo y riéndose con tantas ganas que se le oía desde la Plaça de l’Almoina.

Llevaba gabardina. Lo recuerdo en blanco y negro, con el Almudín casi en ruinas de fondo. Me acogió en seguida como un amigo. Yo no era nadie, no me había visto nunca, él bebía whisky con hielo a las seis de la tarde en una terraza de la capital y yo venía en un tren cochambroso desde de mi pueblo. Pero sus ojos brillaron de manera sincera desde el primer momento en que se clavaron en mí, como brillaron siempre que me miraron durante los siguientes veinticinco años, cada vez que volvíamos a vernos. Como brillan los ojos de un amigo. Llevaba gabardina, pero no era como los hombres de la historia de Vicente Domingo. Era un hombre bueno.

Me ayudó entonces, cuando yo no era nadie, cuando más lo necesitaba. Y siempre supe que podía contar con su ayuda a lo largo de los años, en todo lo que pudiera hacer por mí. Por eso le debo muchas cosas, aunque seguramente la más importante sea que me hizo saber, cuando yo veía la vida más que nunca como una jungla infestada de alimañas, que existen hombres buenos que te dan su amistad aunque no te conozcan de nada y aunque no puedan esperar nada de ti a cambio. Incluso aunque vistan gabardinas que les sientan fatal y que, por eso mismo, te caen simpáticos desde el primer golpe de vista.

LLUÍS GALLENT Dep. de Emisiones de Canal 9

En la mort d’un amic tens dos opcions a l’hora d’escriure: o li dediques el tòpic panegíric, que en el cas de José Luis seria cert, o senzillament, destaques allò més significatiu del seu caràcter. I no hi ha dubte en això, el sentit de l’humor àcid i intel·ligent i cert “gamberrisme” n’eren marca Forteza. Per a mi era una barreja física i psíquica de Groucho Marx i Tip, i com ells, era capaç de parlar sense parar i al remat alguna cosa graciosa o brillant t’amollava. Acabe amb una anècdota del seu tarannà transgressor: en els inicis de Canal 9, aquell projecte il·lusionant que ha esdevingut un sainet grotesc, era vox populi que a la segona planta -programes documentació i emissions aleshores-, regnava l’anomenat poder rosa o gay power i va tindre l’ocurrència un cap de setmana de canviar els rètols dels quarts de bany. El dilluns, la confusió, sexual o no, va ser motiu de conya general.

Crec, per últim, que després de tota una vida, haguera fet seu el títol del llibre de memòries de Pablo Neruda: “Confieso que he vivido”.

forteza acto

EDUARD TORRES Periodista y documentalista

Tinc que fer un flashback a l’any 1986 per recordar aquell moment en què vaig conéixer a José Luis Forteza. Estava pegant trompades entre la Universitat i els inicis al món professional del periodisme. Volia ser guionista, escriptor, fotògraf, periodista i alpinista, tot d’una. Tontejava en editar, produïr, publicar i escriurer un fanzine de cinema (del que sols es va fer la portada) i vaig anar, per fer una crónica pel nº 0, a la visita i xerrada que feia Marcel Oms -creador de Cahiers de la Cinémathèque i moltíssimes coses més- a València. Era a la Facultat d’Història (crec recordar, dins l’Àula de Cinema, però José Antonio Hurtado –Piti- i Paco Picó poden puntualitzar) i Forteza havia de presentar al critic francés com a director de la Mostra de Cinema del Mediterrani que era en aquells anys. No va vindrer i, al seu lloc, va comparéixer Antonio Santo, en aquell moment, cap de premsa del Festival. Li vaig dir que volia entrevistar José Luis per a la publicació i em va tractar com si jo fora d’El Pais dient-me que cap problema, però que –a canvi- li passara fotografíes de l’acte que ell necessitava per a la publicació que feia el festival, aquell magnífic Mostra Notícies.

Vaig anar a Na Jordana, al Barri del Carme de València, on, en aquells anys, estava la seu, i allí em va presentar Forteza. Vint minuts per una entrevista? –em va dir- Uff, tinc mil coses que fer però si vols acompanya’m i vas preguntant-me. Aquells vint minuts es van transformar en tot un dia rere d’ell on tenia la sensació que anava entrevistant-me a mi. A la vesprada, de taxi en taxi -perquè no conduïa- i de lloc a lloc, sense que parara de fumar, va acabar donant-me dinés, convidant-me a dinar i fent-me que replegara les factures de tot. Sóc molt desastrós per aquestes coses, em comfessava. A la semana següent, Santo em va cridar de nou perquè necessitaven un fotògraf i el seu, José Luis Muñoz, estava ocupat en un altre lloc. Quan vaig? Ja havies d’estar aci… A l’arribar a la plaça Salvador Giner, m’esperava Forteza amb l’actor Lino Ventura al que, eixe any, la mostra li dedicava un homenatge. La següent feina ja va ser al juny, al mateix Ajuntament, on tenia que fotografiar l’alcalde Pérez Casado amb Forteza i l’italià Nino Manfredi, un moment històric per a mi perquè va ser on vaig cobrar la meua primera fotografía, una on apareixia José Luis. Ja no vam parar. Va ser un estiu memorable junt amb Xemi Baviera, Honorio Rancaño i molts altres col·laborant al festival. No hi havia hores.

A la tardor d’eixe any 86, Forteza em diu que necessita algú que l’ajude al treball de la seua productora audiovisual, Video Uno, de la que era soci i on feia de guionista i realitzador, perquè la feina de director de la Mostra li ocupava molt de temps. I, allí, enviat per Forteza i Santo, a Alboraia, al costat dels Estudis Tabalet, vaig estar alguns anys aprenent l’ofici, treballant i coincidint amb grans professionals com Federico Segundo, Paco López Barrio, Pep Romero, Manolo Revert, Jaume Bayarri, Lluis Moreno, Juan Ortín, Xavi Ramón i l’Enric Riera. Vam fer junts alguns reportatges institucionals i industrials per a Conselleria de Cultura, l’Impiva, la Diputació, el PSOE, la UGT, i algún altre. Entremig d’aquells moments de planificar guions i gravacions en tovallons de paper, José luis anava contant mil historietes, polítiques i periodístiques, de jueus i de cristians.

Després, amb els anys, i de passar per altres productores i televisions, vam tornar a trobar-nos a RTVV i a la productora Malvarrosa Media. Ara que ho pensé, no sé si el meu camí professional haguera sigut un altre si no arribe a conéixer-lo. Però, això, ja és una altra història.

ALICIA VIZCARRA Guionista y realizadora

A Forteza lo recuerdo con admiración y respeto. Para mí siempre fue un referente; alguien hacia quien mirar… José Luis era, ante todo, un tipo culto, extremadamente inteligente, con un fino sentido del humor, que lo había hecho todo en esta profesión, y a mí me parecía, no sé. Uno de Los Grandes…

También era todo un galanteador, y siempre que había mujeres cerca no desperdiciaba ocasión de acariciarnos con su sonrisa, acompañada de alguna frase bonita: José Luis tenía para todas…

Mi anécdota ocurrió en los despachos de la FEVA, a finales de los noventa. En las reuniones, integradas por los distintos representantes de las asociaciones del audiovisual valenciano, intentábamos vertebrar las bases de un objetivo común que pudiéramos defender, principalmente frente a la TV y a la Administración. En aquella especie de sindicato vertical que era la FEVA no resultaba nada fácil ponernos de acuerdo, y en ocasiones las reuniones eran largas y complicadas. Los votos contaban, y mucho. Había, pues, que convencer al “contrario”.

En aquella tarde había un tema muy complicado sobre la mesa. Llegaron juntos Ximo Pérez y José Luis Forteza, ambos de traje y corbata, ambos impecables; idénticos, sin una coma fuera de su sitio, dispuestos a dar batalla. Yo estaba preparando los papeles de la reunión. Cuando los vi llegar se me escapó un “¡Hostia, El Ataque de los Clones!” Y empecé a cantarles la cansoneta de Star Wars. Forteza entonces me pegó un achuchón rápido y sonriendo me lanzó un “calla, que me vas a quitar votos”…

Luego mantuve con él esa broma en varias reuniones más hasta que un día se plantó; se me acercó y me dijo al oído “en realidad yo soy más del Jedi”, me guiñó el ojo y se fue.

RAFA PIQUERAS Realizador

Mi conversación más larga con José Luis Forteza

Le conocí poco. Sé que me propuso para proyectos de Malvarrosa en alguna ocasión, a veces incluso frente a otros nombres mucho más rimbombantes. Estamos hablando de los últimos años de su productora, del inicio de la decadencia. Y realmente le conocí poco. Pero fue suficiente.

Entré a trabajar como realizador de un docu-reality y preparamos un primer programa. Y cuando tuvimos listo algo para enseñar, nos fuimos a Canal 9 a ver qué tal. Nada extraordinario, el procedimiento habitual.

Fuimos en taxi. Forteza, el co-productor ejecutivo del programa, la directora y yo. En la tele nos esperaban Teresa Díez Recio, Jefa de programas, y Jordi Hidalgo, director de antena en aquel momento, creo. El trayecto fue extraño, cada uno con sus pensamientos. La directora y el co-productor hablaban de sus cosas a veces, y Forteza permaneció fiel a su estilo, en silencio. Debo reconocer en este punto que yo le tuve siempre un respeto reverencial a Forteza, por lo que si nuestras miradas se cruzaban, solía rehuir inmediatamente y buscar algo mejor que observar. Él hacía lo mismo, no sé si por timidez, o porque yo no le interesaba demasiado. La verdad es que con él tampoco hacía falta mucho más.

En aquella reunión nadie habló demasiado, salvo Teresa, que con su acostumbrada naturalidad dirigió la conversación y la llevó por donde quiso (a ella el proyecto le entusiasmaba), y el co-productor del programa, que vendió sus virtudes y aciertos lo mejor que pudo. Visionamos el capítulo y todos pusimos cara de póker, algo habitual también. Algunas indicaciones, rehacer, potenciar esto o aquello… nada fuera de lo normal. Jordi Hidalgo disimulaba, pero yo sentí que no le gustó demasiado lo que vio. Era una primera reunión sobre un primer montaje y podía pasar.

Salimos de la tele y subimos a otro taxi de vuelta a Malvarrosa, en Tabernes Blanques. El trayecto se aprovechó para ver cómo reconducir lo que no funcionaba. Luego se hizo el silencio un rato. Hasta que mi mirada se cruzó un momento con la de José Luis. Esta vez no la aparté, tenía ganas de decirle lo que pensaba. Él también me la sostuvo.

  • No le ha gustado – susurré apenas.

Forteza sonrió cuanto apenas.

  • No.

Y volvió a mirar por la ventanilla.

Fue quizás la conversación más larga que mantuve nunca con Forteza. Pero como siempre, fue suficiente.

CARLOS LAULLÓN Guionista

Malvarrosa Media. Siete de abril de dos mil diez. Seis y media de la tarde. Despacho de José Luis Forteza.

-Yo: ¿Se puede, jefe?
-JL: Pasa, pasa y cuéntame, cuéntame… ¿Qué has hecho ahora? Si lo que quieres es dinero, ya sabes que no soy un banco… Jojojojo… (con cara de pillo).
-Yo: José Luis, no vengo a pedirte dinero. ¡Vengo a dártelo!” (Y mientras le digo esto, le escaqueo la abultada cartera que deja siempre sobre la mesa. Abultada de tarjetas de visita y cosas, porque pasta no lleva apenas…).
-JL: ¡Eh, que te he ‘pillao’! (Señalando la cartera).
-Yo: Te la estaba cogiendo para meterte dentro unos billetes… Pero si no quieres…
-JL: Va, venga, deja de jugar, Laullón, que te veo muy disperso…
-Yo: Tenemos que hablar del programa…
-JL: ¿Del programa? Desembucha… ¿Qué tripa se te ha roto ahora?
-Yo: Ninguna, pero se me va a romper en breve (le tuerzo el morro)
-JL: Jojojojojo… Ya será menos…
-Yo: Puede, pero, claro, ya sabes cómo está el patio…
-JL: Bueno, pues arréglalo, que para eso estás. Y si no puedes arreglarlo… Échale la culpa a Palau y solucionado (Cara de cachondo cómplice).
-Yo: Pobre Palau… Mejor le echo la culpa a Loles que es más nueva.
-JL: No me parece mala idea. Así, que vaya aprendiendo. Le vendrá bien. Pero mejor, échale la culpa a los dos. A Palau y a Loles.
-Yo: ¿Y si me toman manía? Ya sabes lo retorcidos y rencorosos que son…
-JL: En eso tienes razón.
-Yo:Bbueno, el caso es que… (Intento ponerme serio)
-JL: Espera, espera… Si te vas a enrollar mucho…
-Yo: Hombre, no sé… Quiero saber tu opinión…
-JL: Pues, entonces, vamos a la horchatería. Estoy harto ya del despacho por hoy…

(En la horchatería de la esquina)

-Camarero: ¿Qué les pongo?
-Yo: Una cerveza, de tercio, si puede ser. Y si regaláis cacahuetes, pues también.
-JL: A mí me vas a poner un helado de esos que tenéis ahí…
-Camarero: ¿Cuál?
-JL: Pues, el más grande, claro
-Camarero: ¡Marchando el helado más grande para el señor Forteza! (Se va)
-Yo: Lo que te decía, José Luis… Está la cosa jodida porque… Ya sabes lo que pactamos con esta gente, ¡y ahora todo les parece mal!. Que si tres cámaras no son suficientes, que si esto, que si lo otro…
-JL: Mmm… Ya, ya…
-Camarero: Una cervecita por aquí… Te pongo papas, que se me han terminado los cacaos. Y un heladito para Forteza. No le he puesto la banderita con el cartel, porque digo: ‘Me lo va a tirar a la cara…’
– JL: ¿Cómo? ¿Sin banderita? Ya no me gusta.
-Camarero: Si quiere se la pongo. A mí no me cuesta nada…
-JL: ¡Hombre, pues claro! Si en la foto sale con banderita, yo lo quiero con mi banderita.
-Camarero: (divertido) ¡Marchando una banderita para el señor Forteza! (Va a buscarla y vuelve con ella). Aquí está. ¡Hop! (La clava).
-Yo: ¿Qué pone en la banderita, José Luis?
-JL: “Date una fiesta”
-Yo: Tú sí que sabes, José Luis, tú sí que sabes… Déjame que te haga una foto. ¡Click!

helado

Nota de autor: Carles Palau y Loles Sanchís fueron estrechos colaboradores de José Luis en sus últimos años. Me consta que Forteza los adoraba y que son unos excelentes profesionales. Espero que se entienda la broma que siempre nos llevábamos con todo y con todos.

ISAAC FORTEZA Actor

Las gafas de forteza

Todos recordaréis a mi padre con sus gafas de sol calzadas. Para mi, desde niño, ha sido una de sus señas de identidad, su manera de coger distancia para observar el mundo, para reflexionar e intuyo que para crear y tomar decisiones importantes. Siempre había algo detrás de sus gafas de sol.

Yo siempre he querido tener sus gafas, ¡se las he pedido tantas veces!. Pero a él le encantaba jugar a “hacerse el judío” y nunca me las dio. Se las ponía, se sonreía y me decía: “Tienes envidia”, y tenía toda la razón.

Las llevaba siempre a mano. No daba un paso en la calle sin sus gafas de sol, ya fuese a una reunión importante o a comprar el pan.

Y allí estaban, hasta el último momento siempre a mano, en el cajón de la mesita del hospital. A veces las pedía porque decía que nos veía mejor, pero todos sabíamos que había un momento de intimidad detrás de las gafas, había una intención de soledad. Esa soledad compartida que reclamaba constantemente.

Hace unas semanas, mi padre amaneció con ganas de comerse el mundo, de escapar, de fumar, de hacer el amor y la revolución. Conseguimos plantarlo en la silla de ruedas y salir a dar un paseo. Como era de esperar, pidió sus gafas de sol (y una gorra), era su disfraz de la película “El Golpe” (1973).

La verdad es que llamaba mucho la atención, y como tenía conquistadas a todas las enfermeras de la planta, éstas se le iban acercando a hacerle carantoñas. Ésto, en la intimidad, le hacia gracia pero allí, delante de todo el mundo, no le debía parecer muy apropiado. Pero él era muy educado y muy caballero como para ser grosero, así que aguantó un rato hasta que paró a una de ellas, antes de que se le acercara, y sin dejarla mediar palabra le aclaró: “No. No soy Robert Redford”. Y desvió su mirada con una infinita dignidad.

Yo ahora tengo las anheladas gafas de mi padre. Pero cuando me las veo puestas me doy cuenta que no eran las gafas lo que admiraba, sino un estilo, una belleza, una determinación y una gran personalidad. Lo que realmente admiraba era a mi padre, a Forteza. Para mi, siempre Tito.

JERÓNIMO FORTEZA Bailarín.

Estoy leyendo mucho acerca de la ironía, y las habilidades sociales de mi padre.

Podría contar anécdotas acerca de su vida como padre, que ya os podéis imaginar no era un padre nada convencional ni ortodoxo. Lo cual, aunque en algún momento me haya podido confundir, lo agradezco. Un ejemplo de esto, es que nunca le llamé Papa, le llamé ¡Tito!, para mí esa palabra tiene exactamente el mismo significado. Eso le llenaba de un irónico orgullo que creo también le confundía. Recuerdo la cara que ponía cuando explicaba a alguien que yo era bailarín, repitiéndolo varias veces como para poder entenderlo él mismo.

Recuerdo que a veces me echaba la bronca, cuando en realidad se la echaba a él mismo, porque yo siempre escogía los trabajos que más me interesaban, aunque me fuera a morir de hambre, en vez de los trabajos mucho mejor remunerados.

Pero este último mes y medio ha sido realmente un ejemplo de que eso era algo completamente innato en él. Y que no era solo un personaje, manteniendo esa ironía hasta el último momento.

A pesar de lo dramático que pudo llegar a ser todo, y hasta en los momentos más duros, de repente salía con algo que nos hacía reír, sugiriendo que todo lo que estaba pasando era una “película”.

Es muy curioso como en cada turno del hospital siempre había una enfermera que le daba un trato especial, y casualmente era siempre la más guapa, ¡y no exagero!. Luego, en privado, nos preguntaban completamente embaucadas si mi padre había sido actor o director de cine (porque los modales que tenía no eran los que acostumbraban ver). ¡Imaginaos nuestras caras!.

Incluso en los últimos días, cuando se supone que ya no podía llegar entender mucho, tenía su enfermera favorita. La que le llevaba dos meriendas porque era lo que más le gustaba del mundo, merendar.

Acerca de la ironía, las barbaridades que ha podido llegar a decir para cortar situaciones dramáticas son increíbles:

“- Explícale que no estoy muerto, es que es un poco tonto” ó “-Hola; soy el cadáver en funciones”.

Probablemente aquí escritas suenen muy impactantes, pero tal y como él las decía eran muy divertidas. Y realmente consiguió, a su manera, que nada fuese triste ni “un dramón”. A veces, cuando te veía triste te decía muy autoritario: “-No quiero numeritos” y seguidamente se reía.

El domingo pasado fue el último día que pude estar con él y, aunque se suponía que no podía entender mucho, él sabía perfectamente que era el día que iba yo a verle desde Barcelona (tenía controladísimos cada uno de mis movimientos). Pasó el día diciendo: “-¡No, yo más!”, con cara de quinceañera y de fondo su famosa sonrisa irónica.

Todo para decirme lo que él quería sin que pareciese una despedida, y sacarme una sonrisa.

Así que: “- ¡Y YO MÁS!” .

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Nota de GuionistasVlc: Os invitamos, a todos los que le conocisteis o trabajasteis con él a compartir vuestros recuerdos o anécdotas en los comentarios. También en el grupo  de Facebook  “Amigos de Jose Luis Forteza”.

Agradecemos a Mostraviva el permiso para utilizar algunas fotografía de su archivo. Y a Giovanna Ribes por la gestión.  También a Nathalie Martínez y Gloria Guillot por el grafismo.

2 pensamientos en “JOSE LUIS FORTEZA

  1. Pingback: Último homenaje al productor cinematográfico José Luis Forteza

  2. Lamento no haber llegado a tiempo para contribuir en este post, pero quiero contar algo sobre José Luis.
    La primera vez que hablé con él sería el año 1997, yo empezaba en el sector audiovisual y coincidimos en algún lugar, nos presentamos y José Luis me hablo con tranquilidad, respeto,seguridad, picardía, con una complicidad que yo no espera de un peso pesado del audiovisual. Me gustó recibir ese trato tan amable, humano y natural. Me trató de tu a tu…
    Dos años después y sin haber vuelto a coincidir, Forteza me llamo para formar parte de la Junta Directiva de PAV, era la única chica en aquel grupo, muy joven y con poca experiencia…pero él me llamo y me propuso estar, y yo acepté. Antes sólo había hablado una vez con José Luis, pero me llamo. Le debo y agradezco ese ejercicio de confianza en mi, en mis inicios.
    Desde entonces en todas las producciones que he hecho he dado la oportunidad a gente joven que quería empezar en el audiovisual.
    Luego coincidí muchas veces con José Luis y siempre parecía de buen humor, riéndose de todo, que era su forma.
    La última vez que lo vi fue en una cafetería, con el grupo que estábamos en Mostra Viva, más triste de lo habitual, creo que porque Carmen ya no estaba hacia tiempo. Se encendió un cigarro con la colilla del anterior y le dije: “José Luis para qué fumas tanto”, me miro con cara de pillo, se encogió de hombros y siguió encendiéndose el cigarro

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