10 CONSEJOS GUIONÍSTICOS QUE NADIE ME HA PEDIDO

Por Gabi Ochoa

Ha sido terminar el año (y comenzarlo) y han emergido las listas de lo mejor, lo peor, lo más fistro,… de todo. A mi, la que más gracia me ha hecho es esta lista de los corruptos de este año. Eso, de todo hay.

Y yo no iba a ser menos. Tarde, pero nunca es tarde, si la lista es fistra y la mía lo es. Porque para qué ponerse sesudos. En esto del guión tengo dos o tres certezas, y creo que las olvidé en algún momento.

En todo caso, aquí van mis 10 consejos guionísticos que nadie me ha pedido:

– “Escribe con la pistola en la nuca”. Sí. No es literal, que no está la cosa… pero piensa que la tienes, piensa que te presionan. Cuando nos relajamos no es que procrastinemos, es que somos los putos reyes de mirar vídeos de perritos y gatitos. Ah! La frase de arriba no es mía, es de Sanchis Sinisterra.

Que monos, eh! ^.^

– Insiste. No pares nunca. Nunca te rindas. O si te rindes, que sea una rendición parcial, para coger fuerzas, para cambiar de tercio. No sabéis la gente que he visto caer en el camino. Yo a veces me he rendido, de hecho últimamente y todo, pero siempre termino aplicándome aquella frase tan cutre de película de Van Damme “Retroceder nunca, rendirse, jamás”

Para muestra un botón: Mod Producciones dice en su página que no recibe gente. Aunque luego lo desmintió Fernando Bovaira en la Roda de Guions organizada por EDAV y CulturArts, yo ya lo sabía. Había pedido cita y había ido. Ellos mismos me lo corroboraron: lo hacen para evitar las avalanchas. Me pasa igual con un productor “de cuyo Velvet no quiero acordarme”. Alguna vez quedaremos aunque sea para hablar de cosas de padres 😉

– Deja Instagram, twitter y Facebook. O déjalo por un tiempo. Deja de dar likes a las fotos de López Lavigne, a los post graciosos de Ramírez Mascaró y Alberto López y favs a David Muñoz. De verdad, eso no te da trabajo, te hace estar en la pomada, pero dime la verdad: ¿Vives de comer pomada? No. Pues ale, a escribir ceporro.

No hagas caso a Sergio Barrejón. El guionista más irreverente del planeta España (aunque viva en Alemania) siempre en su afán de contagiarnos de sus obsesiones (Sergio no, no voy a hacer una maratón) nos dice que si curramos mucho podemos sacar 2 guiones al año, veremos 104 pelis (al año) y leeremos 52 guiones (al año, claro). Mentira. Seamos sensatos. Lo importante es currar, cada uno a su ritmo. Que sacas 2 guiones al año, guay, pero no te agobies. Esto me lleva a otro consejillo barato…

– Márcate tiempos. Es lo más fácil y sencillo. A mi me ha funcionado. Cuando vendí el último proyecto fue porque trabajé con un objetivo claro: en primavera tendré el proyecto para venderlo. No me digáis porqué, pero creo que primavera es el momento estupendo para “vender”. La sangre altera, los productores están tontorrones, y yo-que-sé, a mi me ha funcionado. Pamela Douglas en “Cómo escribir una serie dramática de televisión” hace un planning que pese a ser muy americano os digo que funciona.

– Lee. Así de simple y tonto. Quítate de Facebook y léete un buen libro o un buen guión. Yo soy de teatro, leo mucho porque aparte soy profe de teatro y porque para el diálogo creo que es esencial. Me hierve la sangre cuando a un guionista le hablo de Pinter o Stoppard y me dicen: Quién?

– Queda con guionistas. Un café, una pizza, un cine. Somos un ecosistema aparte, asúmelo. Siempre sabrás en qué andan los otros, podrás leer sus proyectos, que te generarán ideas, puede que lean los tuyos y te den buenas ideas. Siempre que puedo lo hago. Con mis compis de Guionistasvlc (Paco y Rafa más, Martín en DF cuando regresa y a Héctor cuando voy a Madrid), pero me veo con Marci Menéndez, con Carlos López, con Juanjo Ramírez,… (estoy abierto a verme con más, eh 😉

– Asúmelo: Nunca serás Juanjo Ramírez ni Alberto López. Tú eres más de drama. Si eres de comedia, ábrete un twitter a lo Gerardo tecé. Si lo eres, ponlo en tu currículum, que pillas curro seguro! Pero de verdad, estos chicos revientan todas las redes sociales con ver quien dice la animalada más grande. Me río mucho con algunas, otras me parecen asíasá, y otras son malas, para que engañarlos. Pero eso es lo que tiene escribir mucho.

– Sin embargo: Diversifica. El ejemplo Mr. Juanjo Ramírez. Está en veintisietemil proyectos y lo lleva de maravilla. Yo ando en 3 y voy agobiao O.o Pero es condición sine quanum. No conozco a ningún guionista que este esperando a que le llamen sin escribir nada. Que seguro que lo hay, eh.

– Sé de tu ciudad. Será una tontería, pero mira Dani Castro con sus visitas a Pamplona. Madrid solo es para trabajar, mola hacerse una paella en Valencia o un mojo picón en Gran Canaria. Eso es así. Y además, los “navarros” tenemos esta cosa curiosa del diferente. Tu idiosincrasia es propia. Como que no mola verte con un valenciano en Madrid y decir “Ie xiquet!”.

– Yo-que-sé afíliate. Yo te diría a EDAV o a FAGA, por compensar. En ALMA son muy guais, parece que todo pasa por allí. Y no. Aunque son muy majos. Pero afíliate, eso sí. Es muy importante que estemos unidos. Sí, seguro que te encuentras a algún/a guionista que te intenta hacer la zancadilla (a mi últimamente más de uno) pero sabandijas hay en todos lados. Esa gente tarde o temprano cae por su propio peso. Aquí estamos para ayudarnos, para echarte una mano, y las asociaciones y sindicatos están para eso.

– Admira a la gente que citas. Han llegado ahí por algo. Saben de lo que hablan. Juanjo, Marci, Carlos, Paco, Rafa, Martín, Héctor, Ramón, Pau, Javier, Alberto, Ángela, Vero, Antonio,… son muchos/as a los que admiro y seguiré admirando. Se enfrentan (como tú y como yo) todos los días a la incertidumbre de la página en blanco, y al final del día, hay algo. Eso es un tesoro. No lo olvides. Como dijo Trueba: “Yo no creo en Dios, creo en Billy Wilder”. Trueba creía en un guionista. Por algo sería.

Y todo esto se resumen en dos:

– “Traiciónate a ti mismo”. No escribas siempre comedia, o thriller, o scketches, o lo que sea que haces bien (sí, sé que esta no estaba arriba, pero quedaba tan bien, y es ejem… de nuevo, del maestro Sanchis SInisterra).

– Y otra vez: “Escribe con la pistola en la nuca˝. Y no te la quites nunca. Al final el cañón te va a hacer cosquillas ahí, y te sentirás más cómodo, ya verás 😉

Sí, lo sé, no son 10 son 12 o 13, pero oye, ¿quién dijo que las matemáticas era el fuerte de un guionista? O.o

Feliz año 2015. Que el trabajo venga a nosotros. Y si no, creémoslo.

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EN MADRID, UNA REESCRITURA

Por Gabi Ochoa

1. COCHE. BLABLACAR. EXT/INT. DÍA

Como otras veces, parto a Madrid. Durante el último año he viajado con relativa frecuencia a la capital. De hecho he trabajado más allí que aquí. Siempre que viajo tengo la sensación de dejarme algo, pero algo concreto (el cepillo de dientes, el peine), y luego pienso que lo que me dejo son otras cosas.

El Blablacar que he cogido es la torre de Babel: 1 inglesa, 2 alemanas, 1 argentina, 1 chico joven español, servidor y el conductor del monovolumen: un actor que está ahora con obra en el CDN.

Gran parte del viaje me lo paso durmiendo. Tengo excusa: me pasé hasta la madrugada maquetando y terminando el proyecto que llevo bajo el brazo.

Sí, es otro viaje de #moverproyectos

 

2. DIVERSAS PRODUCTORAS. INT. DÍA

El primer día me reciben 2 productoras. Llevo un proyecto que catalogo de atrevido osado, y así lo vendo desde el principio: es atrevido osado hablar de “eso” ahora. No voy a destripar de qué trata, pero aquello que para mi es atrevido osado, para mis oyentes no lo es tanto. Uno de ellos me dice que le han llegado ya varios proyectos con esa línea: “Parece que todos los guionistas queréis escribir de eso”.

Mi pitch consiste en un clip de vídeo corto de menos de 1 minutos (por cortesía de Iván Pérez, gracias Iván!), un dossier de unos 50 folios (ya lo digo yo, es excesivo) y una explicación que no pasa de 3 minutos. En ella explico la sinopsis, el porqué este proyecto y porqué nosotros (somos 2 guionistas) hemos escrito esto.

Las dos primeras recepciones son buenas, cautas, pero buenas.

 

3. COMIDA. BAR DE TODA LA VIDA. INT. DÍA

Quedo con un amigo que está intentando #moverproyectos fuera de España. Así, como suena. Consiguió un buen contacto en Sudáfrica y está leyendo proyectos que poder coproducir. Comentamos uno de los míos. En estas charlas, cuando hablas de tus proyectos es cuando ves tus aciertos y debilidades, y te motivan a seguir reescribiéndolos. Otra persona te da en los errores con más acierto determinación que lo harías tú.

 CORTE A

 

4. MATADERO. CINETECA. INT. TARDE-NOCHE

Asisto a la ponencia de Alejandro Hernández en Los martes de DAMA. Alejandro se centra en la importancia de la reescritura. Sigue algunas pautas que se ha marcado a la hora de reescribir. Me sorprende muchas de ellas, como por ejemplo cuando afirma que los guiones con muchas versiones es que no terminan de encontrar su tema y su forma, o que para saber qué querías contar, vete a la primera versión que con todos los errores que tenga es la más fiel a lo que querías contar.

Nos habla de los errores comunes, y cómo encarar una reescritura. Me llama la atención cuando habla del “scanner”, de cómo escanear tu guión a través de una serie de preguntas (“¿De quién es esta escena? o ¿Cómo he trabajado el subtexto en la escena? o ¿Son los personajes fieles a lo que son y a lo que quieren?“), y me sorprende con la técnica de la libre asociación de ideas, porque los guiones no son racionales y necesitan escarbar de manera no racional en ellos una mirada no analítica sobre ellos.

Esta técnica empieza con solo una pregunta: ¿Qué le pasa a mi guión? Y a partir de ahí sueltas todo lo que quieras, incluso palabrotas, sin pensarlo. Libre asociación, escritura automática. Encontrarás alguna línea que salga desde una verdad que no viste antes.

 

5. BAR CINETECA. INT. NOCHE

Paso un buen buen rato con Marci Menéndez y Carlos López tomando cañas y hablando de guión, cine y series. Le damos la enhorabuena a Carlos por “El Príncipe”, y pasamos un rato agradable. Debo mucho mucho a estos dos guionistas. No os podéis imaginar cuanto. Han sido unos consejeros estupendos en mis últimos proyectos.

 

6. METRO MADRID. INT. DÍA

Viajar en Madrid es ir de un lugar a otro en Metro. Soy una persona de paradas. Me sé Madrid por paradas. Me cruzo Madrid de punta a punta. Veo gente extraña, divertida, uno que entra cantando, otro que toca el acordeón, una discusión, una chica llorando,… el metro está lleno de historias, pero no me puedo quedar para (re)escribirlas y contarlas.

(ESTA ESCENA PODRÍA IR ENTRE LA 3 Y LA 4)

 

7. VARIAS PRODUCTORAS (DISTINTAS A LAS ANTERIORES). INT. DÍA

Otro par de pitchings y una entrevista-documentación charla para un proyecto de teatro. La charla me aporta algo, pero no es lo que yo pensaba habrá que repensarla cuando llegue a Valencia.

En cuanto a los pitchings… sigo sorprendiéndome por la buena acogida del proyecto. En algún caso he tenido la sensación de que no me querían dejar ir para firmar ya con ellos. En algunos casos creo que gusta mucho, en otros que pese a que gusta no está en la órbita de la empresa.

 

8. METRO. INT. DÍA

Antes de entrar al metro una llamada activa un antiguo proyecto. Me da un subidón de aúpa. Se lo digo a mi mujer por whatsApp y ponemos emoticonos de esos de la flamenca y las dos chicas que saltan ^.^

 

9. COCHE REGRESO (BLABLACAR). INT/EXT. TARDE-NOCHE

Voy con un compadre. Se llama como yo, Gabriel, y compartimos algunas cosas en común. Vamos solos él y yo. Llego a Valencia. Sigo Llevo días sin abrir Facebook. Estoy haciendo terapia de choque con redes sociales, empiezo a preferir las redes personales (cañas, tapas y buenas conversaciones). No me lo tengáis en cuenta. Escribidme un mail, llamadme y quedamos 😉

 

10. ESCRITORIO GABI. INT. TARDE-NOCHE

Reeescribo este post. Tacho algunas cosas, marco otras en rojito. Tacho y marco en rojo aquello que no interesa.

Preparo el viaje a Chicago con “El amor no es lo que era”. Del 4 al 9 de abril estaré missing 😀

 (CONTINUARÁ)

LOS NAVARROS

Por Gabi Ochoa

Los navarros son una especie rara de escritores que habitan en provincias. Difícilmente salen de ellas, pero cuando lo hacen prueban las mieles de la compañía. Los navarros tienen miedo a la clamorosa contundencia del aparato teórico, y por eso se parapetan en diversas lecturas de poesía, narrativa o novela gráfica, que es como llaman ahora al tebeo de toda la vida. En la capital existen un par de ellos (que yo conozca) como Natxo López y Dani Castro, pero a buen seguro que si te pones a rascar, encuentras a muchos más.

Me encontré con un navarro el martes pasado en Madrid. Sin querer y casi a empujones aparecí en las charlas de DAMA, los Martes de DAMA. La culpa de todo la tiene Carlos López. Y allí también sin querer, conocí a Michel Gaztambide. Yo no sabía que era navarro hasta que Michel nos definió, mejor dicho, se definió a si mismo: “Yo soy un guionistas de provincias”.

He de decir que desde hace tiempo, no sé si por apellido paterno (Ochoa) o por omisión, me reconozco navarro, pero sin querer.

El ser de provincias tienes sus pros y sus contras: todo lo miras con esa extrañeza que da una urbe como Madrid, con una ingenuidad que a veces sonroja. Pero también, todo te parece tan lejano, tan inaccesible, que temes no estar a la altura.

Y creo que Michel definió muy bien algunos de los síntomas del escritor navarro:

–       Miedo a los teóricos. No es miedo, es más bien lo apabullante que resultan las normas de Syd Field o Linda Seger o los principios de McKee. Parece que si no los sigues, estás gilipollas. Y te preguntas que qué pasó cuando Shakespeare, Calderón o Esquilo escribieron. A ellos se les entiende, no les hizo falta un McKee que les sonrojara.

–       Creer en el deseo como la clave de la creación. El punto de partida debe ser el sentido común, la intuición. Debemos escribir con una oreja pegada a la calle, porque allí están nuestras historias. Como decía Michel, no nos ocultemos detrás de un móvil o un Ipod cuando a dos metros de ti se está creando, entre esas dos señoras que hablan sin parar en la parada del bus, una buena ficción. Abramos las orejas, demos rienda suelta a las historias que vemos y oímos. Esa es la actitud.

–       Hay que aprender a leer fotografías. Aquí Michel me dejó patidifuso, aunque luego entendí lo que quería decir: el cine es imagen, escribamos en imágenes. Solo podemos fotografiar lo externo (decía Erice), y a través de lo externo, podremos entender el alma, las intenciones del ser humano. No sirve de nada que describamos todo aquello que le pasa por la cabeza al protagonista si eso no lo vemos en escena, no lo reconocemos en una intención, en un gesto. Y recordó: “nosotros escribimos con una cámara”.

–       Dio un consejo muy de navarro: Levantarse media hora antes, así los problemas no te esperan, los esperas tú a ellos.

–       Pero el mejor síntoma es este: “El cine es coito, no masturbación”. Hay una relación con el otro (espectador) y nos debemos a ella. Él quiere conocer qué les pasa a los personajes, porque se mueven y actúan como lo hacen. Demos lógica a sus movimientos, a sus acciones.

Tal vez algún navarro más me esté leyendo y quiera decir “yo también soy navarro. Y yo”. Adelante. Declararse navarro tiene sus beneficios. No tienes que hacer la pelota por twitter al productor ejecutivo de la serie que esté en boga en ese momento, tampoco tienes que rendir cuentas de si has visto tal o cual serie, o estar en esa cosa rara (y viscosa) que es “la pomada”. Simplemente lees, escribes, disfrutas de la vida, compartes amistad (si es fuera de Facebook es hasta mejor), y de vez en cuando te preguntas que es eso de la ficción, que mecanismos tiene, etc.

Ser navarro es tal vez un estado de ánimo. Pero yo no me doy cuenta.

LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE LÓPEZ

De mayores nos gustaría ser Carlos López. No sólo por sus tres nominaciones a los Goya al mejor guión. O por el privilegio de haber podido trabajar al lado del maestro Azcona… sino sobre todo por no haber perdido ni el sentido del humor ni la humildad del principiante. Un honor tenerte hoy de firma invitada, Carlos.

por Carlos López

No lo digo yo, lo dice el Instituto Nacional de Estadística: el año pasado, nada menos que 879.145 españoles teníamos LÓPEZ como primer apellido.

Los López somos legión. No nos hermana una conciencia de clase, no sentimos la patria López ni sabemos los colores de nuestra bandera. Eso sí, desde tiempos inmemoriales nos hemos debido reproducir como conejos, como si esa fuera nuestra sola misión en el mundo, así que hoy somos tantos y tantos (y tantos) que si votáramos todos en piña sumaríamos casi las mismas papeletas que Convergencia i Unió. Bastarían nuestras firmas para que una propuesta fuera aceptada como iniciativa popular. Más les valdría a los políticos pensar en nosotros, al menos en campaña, prometernos algo, no sé, un carné con descuentos, una desgravación especial, la desgravación López, o la aplicación de una Ley de Igualdad que exigiese que uno de cada diez ministros fuera un López. Un gesto representativo.

Y en cualquier caso, ojo, no conviene tenernos como enemigos: hoy llenaríamos nueve veces el Camp Nou, treinta y siete veces la plaza de toros de Las Ventas o, mira tú por dónde, la ciudad de Valencia al completo. ¿Os imagináis una ciudad López? Allá donde fueras todos seríamos López, el taxista, el policía que te multa o te aporrea, la alcaldesa en el balcón… endogamia absoluta, imposible diferenciar primos de cuñados, amigos de vecinos, adiós a la diversidad. Todos somos López.

¿Ficción? No tanto. La realidad del día a día no es muy diferente. Estamos acostumbrados a encontrar tocayos en cualquier parte. Cada vez que me preguntan nombre y apellido en el super, en el oculista, en la cola del paro… aparecen no menos de veinte que se llaman igual que yo. En mi mesa electoral hay otro yo, en mi clase del colegio había otro yo, en los telediarios siempre aparece algún otro yo. Es imposible abrir una cuenta de correo sin añadirle numeritos al apellido.

A veces la cosa no tiene ninguna gracia. Hace años me ingresaron en un hospital por una dolencia leve. Era en la otra punta de España y mis familiares, enterados del asunto, telefonearon al médico para interesarse por mi estado. Mala suerte: de los tres enfermos que compartíamos habitación, dos nos llamábamos igual. Pero el otro Carlos López estaba mucho más grave que yo; de hecho, sufría una dolencia terminal por la que falleció semanas después. El médico nos confundió y, cuando mi familia llamó preguntando, respondió lo que él creía la verdad: que me quedaba menos de un mes de vida. Glups.

Ya ves: la tragedia puede llevar escrito tu nombre y apellido.

Eso es algo que le puede pasar a cualquiera. De hecho, os puede pasar a la mayoría de vosotros, que os llamaréis Fernández, Sánchez, Gómez o González. Sabéis, pues, de qué os estoy hablando. De ser uno más. Simple y llanamente, uno del montón. Pero cuando uno se gana la vida en un trabajo en el que te llaman porque se acuerdan de tu nombre, cuando tus lentejas dependen de que sepan exactamente quién eres y qué has hecho antes, entonces sí te sientes en desventaja.

Porque tienes miedo a que no se acuerden de ti.

Es fácil imaginar el momento, aunque quizá nunca se dé de esta manera: en torno a la mesa de las decisiones alguien pide nombres para guionista del proyecto y enseguida se ponen sobre la mesa los más conocidos, claro, los que suenan. El guionista es un pesimista congénito, así que si te imaginas esa escena estás convencido de que sólo se acordarán de Guerricaechevarría, de Vigalondo, de Gaztambide… joder, ¿por qué no seré de Bilbao? Y si alguien menciona tu nombre, seguro que al llamarte te confunden con otro, seguro que le ofrecen tu trabajo a alguien cuyo mérito es llamarse como tú. Que estas cosas nos han pasado a todos: ir a un festival y que en la acreditación ponga “Carlos Gómez”, que en el currículum de alguna publicación mezclen tu historial con el de otros dos homónimos, que te lleguen correos que iban destinados a otro.

Hace unos meses, un conocido productor me envió un SMS. Lo abrí pensando que era mi día de suerte y no entendí nada: me agradecía un favor que yo no había hecho pero que, según él, me había costado mucho conseguir. No suelo llevarle la contraria a un productor antes de que me firme el contrato, así que respondí con cautela, siguiendo el rollo, hasta que se deshizo el malentendido: “Perdona, no era para ti, era otro Carlos López”. Tuve una sensación extraña. Celos de mí mismo.

Confundido en la masa, uno más de una larga lista de nombre repetidos. Así es mucho más difícil abrirse camino, destacar, entrar a formar parte de los elegidos. Antes de cumplir los veinte estuve a punto de elegir un seudónimo. No me decidí por ninguno y, cuando me quise dar cuenta, ya era demasiado tarde. ¿Me habría ido mejor si firmara con otro nombre? Quién sabe. En las tardes de lluvia, tiendo a pensar que sí.

A algunos López no les ha salido mal: Jennifer la cantante, Sergi el actor, Feliciano el tenista, Antonio el pintor… O un latino que durante algún tiempo presentó un late show en Estados Unidos, en la misma cadena de The Big Bang Theory o The Office. Un programa con un nombre que aquí suena a coña y que allí, a juzgar por reclamos como este, tampoco le anda muy lejos. Así se anunciaba el López Tonight. Lo que tenemos que hacer los López para llamar la atención…

Un dato más, el último. En el imdb, la base de datos de cine consultada por toda la profesión y muchísimos aficionados, aparecen nada más y nada menos que sesenta y dos Carlos López, de los cuales ONCE son guionistas. Hasta un personaje de Urgencias se llamó como yo. Y por alguna razón que se me escapa, en imdb aparezco como Carlos López (V), un ordinal que me trae resonancias imperiales pero ya podían haberme consultado. Tampoco me consultaron cuando alguien okupó mi ficha con su foto. Me costó lo mío conseguir que quitasen la cara de aquel rapero descerebrado –eso es lo que parecía– que durante meses encabezó mi currículum público. ¿Quién iba a contratar a ese tipo?

Quizá debería proponer a esos once tocayos guionistas que formásemos un equipo. Quizá tendría que hacer caso a Paco López Barrio, que además de abrirme gentilmente hueco en este estupendo blog me propuso hace unos días que los López de la escritura audiovisual nos asociáramos, inventáramos otro blog, formáramos grupo. El lobby López, dije yo.

Quizá lo hagamos. O quizá no. Porque los López estamos acostumbrados a vivir en manada y después de tanto quejarme os confesaré que también le encuentro el punto a pasar desapercibido, ser parte de la medianía, la chusma, la normalidad. Porque ser nadie me recuerda que escribo para todos, que en el público tengo que gustar a muchos López. Que hay muchos como yo. Que el sitio que ocupo hoy mañana será de otro. Y hasta puede que se llame igual.

Cuando empiezas en este negocio, cuando eres aún menos que nadie, la vulgaridad del apellido puede parecer un handicap: ¿cómo va a ser capaz de escribir un éxito ese que se llama como cualquiera, cómo pretende ser artista alguien sin pedigrí?

Cuando yo empecé, además, ser López, así, sin más, era algo mucho más raro que ahora. Guionistas profesionales había pocos y los directores que iba conociendo respondían básicamente al mismo perfil: la oveja negra de una familia de posibles, a quienes la vocación cinéfila había apartado de su destino al frente de una gran empresa o administrando la golosa renta heredada. Muchos eran –son– gente de talento, eso es indudable, de ellos he aprendido gran parte de lo que creo saber. Pero ninguno necesitaba vivir de lo que escribía. Algunos eran diletantes puros que perseguían el proyecto de película sin urgencia ninguna, a capricho, con la única esperanza razonable de no perder demasiado dinero. Con estos resultaba difícil mantener un punto profesional, encontrar una rutina de trabajo, un resultado a plazo, un salario. Otros, en cambio, empujaban el guión quitándose el sueño y el hambre, de manera que en pocos meses obligaban a que la cosa floreciese o se estampara, y si era esto último no se concedían tregua y enseguida inventaban otra historia de la que tirar. Su entusiasmo se contagiaba pero, en el fondo, algo te mantenía lejos de ellos: ellos podían permitirse fracasos; tú pretendías comer de esto.

Esta holgada posición económica forzaba en ellos un vínculo amateur con el cine. Actitud que daba sus frutos artísticos, pero que casi siempre los mantenía a distancia de una realidad que no conocían. Por muy desclasados que se sintieran, les costaba imaginar personajes que no vivieran en casonas, en áticos decorados con buen gusto, que no tuvieran un cochazo o no discutieran de literatura mientras se pasaban el canuto. Y rodar fuera del centro de Madrid les parecía ir de safari. Un director entusiasmado con una sinopsis en la que el protagonista viajaba mucho en metro llegó a preguntarnos a los guionistas: ¿y eso del metro… vosotros lo controláis?

Escribes de lo que conoces y hasta lo que te imaginas surge de tus lecturas o de tu experiencia. Y si tienes apellidos compuestos, ese es el mundo que estás condenado a contar. Lo quieras o no, eso va a marcar tu punto de vista sobre los personajes, sobre los conflictos que trates de plantear, sobre la vida que debiera empapar tus folios.

Hoy todo esto ha cambiado. Para mal y para bien. Probablemente, nos machacan más que antes por un sueldo inferior. Sigue siendo habitual trabajar sin contrato. El guionista es el primero al que llaman y el primero del que se olvidan. Pero esto hoy se parece a una profesión y en buena parte se debe a que un batallón de López ha inundado las mesas de trabajo. La tropa de combate del guión es mucho más numerosa y, aunque sigue costando entrar a formar parte de ella, ya no es requisito indispensable ser de buena familia. Quizá por eso sean más frecuentes las historias de género, los personajes con manos sucias, de otros barrios, de otras razas, el pulp se comió a la gran novela, hemos invadido el palacio de invierno.

Es la lopezización de la cultura audiovisual.

Estoy convencido de que esto es así. O quizá no. Perdonadme si, acostumbrado a vivir disuelto en el grupo, la firmeza de mis planteamientos dura apenas un segundo. Si alguien pregunta quién sostuvo todo esto que acabáis de leer, decidle que fue un tal López, así, sin precisar más, eso me hermanará con quien os esté escuchando.

(Algunos llevamos escrito el ansia de anonimato en la partida de nacimiento. Os lo diré, por si no lo sabíais: mi segundo apellido es García.)