DON LUIS Y DON VICENT O LA ALEGRÍA DE VIVIR

estellés-berlanga

por Paco López Barrio

I

Con D. Luis tuve muy poco trato. Asistí a un par de reuniones con él y con más gente, en el Palau de la Música, para preparar algún detalle de las ceremonias de inauguración y clausura de alguna Mostra de Valencia. Tal vez la del 87, pero no estoy muy seguro. Recuerdo que nos dimos la mano, que dijimos lo que teníamos que decir sobre el asunto que nos tenía allí sentados. Y no mucho más, porque no hay más que recordar. Si acaso alguna procacidad acerca de la actriz que iba a ser la presentadora… cosas de D. Luis. Todo lo que sé de Berlanga es lo que he leído en libros y artículos y lo que he visto en sus películas. O sea, lo que todos vosotros ya conoceis. Incluso mucho menos. Valencianos que podrían hablar y mucho de Berlanga los hay (fallecido Muñoz Suay nos queda Rafa Maluenda que estuvo en sus últimos equipos). Yo no soy uno de ellos, francamente.

Con D. Vicent si hablé muchas veces. Durante horas. En su casa y en otros lugares. Su hijo Vicent y yo éramos compañeros de colegio, pero también compartimos algunos veranos en El Perelló. Nuestra principal ocupación allí era jugar al futbolín. Pero también pasamos muy buenos ratos en la terraza de su apartamento, en primera línea de playa, con excelentes vistas sobre un puñado de muchachas en flor, a las que Vicent padre no quitaba ojo, tostándose en la arena. Esto sería en el setentaypocos, aún en vida de Franco.

A los que leeis un blog de guionistas no hace falta explicaros quién es Berlanga. Pero habrá mucha gente, sobretodo los que no sois de Valencia, que os estareis preguntando quién es el tal D. Vicent, el tipo de la derecha. O qué tendrían en común estos dos y por qué los he reunido aquí.

Luis García Berlanga y Vicent Andrés Estellés fueron lo mejor que ha dado Valencia a sus respectivas artes. Uno cineasta y el otro el mayor de los poetas valencianos desde Ausiàs March. De Berlanga he visto todas las películas. De Estellés no he leído todos los libros, porque fueron muchos y algunos inencontrables ya. De los que tengo, la mayoría llevan una afectuosa dedicatoria, porque más allá de los primeros encuentros en la adolescencia, por medio de su hijo, seguimos viéndonos durante años. Hasta que falleció en 1993, en primavera. Y estuve entre el puñado de amigos que acudieron a su entierro en Burjassot, su pueblo natal, muy cerquita de Valencia.

Ambos pertenecían a una misma generación. Berlanga nació en 1921 y Estellés en 1924. D. Luis era hijo de una familia de terratenientes de Requena, tierra de secano. Vicent el hijo del panadero de Burjassot, en la huerta. Los dos estudiaron en Madrid (Estellés estudió periodismo) y anduvieron por las cercanías del régimen (Berlanga en la División Azul y Estellés publicando sus primeros versos en revistas neo-garcilasistas) pero sin creérselo. Y, andando el tiempo, hicieron los más duros alegatos contra el franquismo. Pero sin nombrarlo directamente, simplemente haciendo un retrato fiel de la época. Berlanga era más cómico, Estellés más amargo, aunque no desdeñaba la ironía y tenia grandes toques de humor en donde menos te los esperabas. Sobre todo humor negro, en el que ambos fueron maestros.

Lo que tuvieron en común, antes que cualquier otra cosa, fue un enorme sentido de la humanidad al concebir sus obras. Los personajes de uno y otro no eran ningún estereotipo, ningún cliché. Eran pura carne mortal, con sus vicios y sus virtudes. Pero sobretodo debemos agradecerles, a ambos, la exaltación de las ganas de vivir en unos años de plomo, la alegría sencilla de la gente que no tiene nada más. Y una visión del sexo abierta y gozosa. Más sofisticada, tal vez, en el erotómano Berlanga, con sus toques fetichistas. Estellés, en ese tema, era la pura alegría de la huerta. Literalmente. Y eso en una época de feroz represión moral. Pero Vicent siempre tuvo muy clara una cosa: que en la pobreza, sin libertades políticas, en una sociedad despiadada con los más débiles… a los pobres aún les quedaba el derecho a pegarse un revolcón en cualquier parte. Y que eso bastase para iluminar la vida, que tan oscura se presentaba en todo lo demás.

En un documental que se hizo sobre Estellés hace un montón de años (y que debe andar perdido por vete a saber qué archivo de qué institución), Vicent soltó una frase que me impresionó y que estoy seguro que Berlanga suscribiría. Cito de memoria: “La posguerra fue tristísima, pero la guerra no. En la guerra los niños lo pasamos muy bien: no había colegio y nos íbamos a la orilla del rio, a ver bañarse desnudas a las milicianas”.

En otras palabras: hay mucho de estellesiano en el cine de Berlanga y mucho de berlanguiano en la poesía de Estellés. Y el mejor cine de Berlanga se rueda en los mismos años en que se escribe la mejor poesía de Estellés: finales de los 50 y primeros 60. A ambos les hermanaba también el neorrealismo, que llegaba de Italia. Berlanga, cómo no, lo conocía de primera mano y a Estellés le encantaban las películas de Vittorio de Sica o de Rossellini. No sé si alguna vez pensó en hacer cine, pero Berlanga si hizo sus pinitos como poeta (aunque no se conserva nada) y llegó a presentarse, sin éxito, al Premio Adonais.

II

Así que cabe preguntarse, siendo paisanos y de edad e inquietudes parecidas: ¿Se conocieron estos dos? ¿Qué relación hubo entre ellos? Desde luego sí sabemos que coincidieron, ya mayores, como miembros del Consell Valencià de Cultura. Pero un cementerio de elefantes no es el mejor sitio para que dos tipos como ellos disfrutasen del encuentro.

Googleando un poco encuentro una referencia de Berlanga a la tertúlia del Café Viena, en Valencia, que reunía a falangistas desengañados, anarquistas o comunistas como Muñoz Suay: “También acudia a la tertúlia otro poeta valenciano, hombre liberal y más de izquierdas que todos los que estábamos allí, que era Estellés, para mi el gran poeta valenciano. Todo eso a principio de los años cuarenta”. Y en su discurso de investidura como Doctor Honoris Causa de la UPV dice Berlanga: “Mis paseos adolescentes por Valencia, me conducían inevitablemente a las tapias de los Colegios de Monjas, Godella sobre todo, a suspirar por las muchachas allí encerradas, adorables receptoras de las ligeras y tiernas cartas de amor que junto a José Luis Colina y Vicente Andrés Estellés lanzábamos lastradas con piedras para alcanzar el otro lado del muro; piedras que, estoy seguro, descalabrarían alguna cabeza cubierta por la toca”. Muy divertido y muy estellesiano/berlanguiano.

Nos falta ahora la otra parte, el testimonio de Estellés. De eso no hay rastro en Internet. Sólo he encontrado un enlace caído a una entrevista con el hijo de Vicent, mi amigo del cole, en el que parece que mencionaba esta amistad. Pero no he tenido ocasión de leerlo ni de charlar con él sobre el tema. Quizá si nos está leyendo nos pueda ampliar algo.

III

Aunque, pensándolo mejor, ¿realmente quiero saber más? ¿Es necesario desvelar sus paseos y charlas por la Valencia del franquismo? Berlanga ha dicho de sí mismo, más de una vez, que en el fondo él era un tipo pudoroso. Pese a sus muñecas hinchables y toda su leyenda. Y Vicent, en la distancia corta, era un gran tímido. Incluso apocado. Tal vez sea mejor que lo que hablaron, o los lugares a donde les condujeron sus pasos, se queden en la intimidad de los buenos amigos. Quizá prefiero imaginarlos paseando por la Alameda, en los dias de la Feria de Julio. O comiéndose un paella en la playa y comentando las tetas de la camarera, cuando en la Malvarrosa aún habia una cuerda separando las zonas de baño de hombres y mujeres.

En esos mismo años, algún fotógrafo anónimo tomó esta foto que me conmueve siempre que la veo:

banda de música del penal de San Miguel de los Reyes en 1940
Son los presos políticos de la cárcel de San Miguel de los Reyes (lo que hoy es la Biblioteca Valenciana). Muchos de ellos con largas condenas por delante. Y aún tuvieron humor y huevos para montar una banda de música. Aunque sólo pudiesen tocar desfilando por el patio del penal, sin más auditorio que los demás presos. La cuelgo aquí porque también me resulta -estremecedora y enternecedoramente- berlanguiana y estellesiana. Porque es la celebración de la alegría de vivir en medio del mayor dolor, de la más honda tristeza. Y eso, que es un inconfundible y valiosísimo rasgo del carácter valenciano, es la esencia última del cine de uno y la poesía del otro.

Si os perezco exagerado os propongo un ejercicio: leed el “Llibre de Meravelles”, la obra maestra de Vicent, mientras volveis a ver El verdugo o Plácido. Y, probablemente, llegueis a la misma conclusión que yo: D. Luis y D. Vicent, más que amigos fueron hermanos. Les hermanó vivir los años más tristes en una tierra esencialmente alegre. Y cada uno, por su propio arte, convirtió esta contradicción en profunda humanidad. De regalo os dejo esta canción, que resume todo lo dicho pero con mucha más gracia.


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ERES IMPRESCINDIBLE (Y ADEMÁS EL ÚLTIMO MONO)

hombre-orquesta

Por Martín Román.

La crisis se ceba con todos los oficios y en esta profesión estamos volviendo a los orígenes del cine y no sólo a nivel de salarios. Me refiero a aglutinar diferentes roles en una misma persona. Ejemplos como Charles Chaplin y Buster Keaton, escritores, directores, productores y actores de sus propias películas cada vez se vuelven más comunes. No sólo desde la pasión personal de querer levantar “tu proyecto”, también aparecen ofertas de trabajo del tipo: “se busca realizador con buenas dotes sociales, facilidades para la redacción de guiones y que controle el final cut y el after effects. Se valorará que tenga una voz bonita para locutar.” Esto tiene sus cosas buenas y sólo una mala que hunde a todas las demás: señor/a contratante, existen pocos genios así que si le encarga todas esas tareas a una sola persona el resultado será una basura, y si se encuentra usted con un genio éste pronto lo abandonará porque además de pedirle que sepa hacer todas esas cosas estoy seguro de que el salario que ofrece es para echarse a llorar (o escupirle en la cara si no es tan pusilánime).

Una de las cosas buenas que tiene el adaptarse a la nueva situación es conocer el oficio de los demás y salir de esa burbuja de don importante que nos tatúan en las escuelas. Si estudias guión no faltará el profesor que te diga: “sin ti no hay película”. Si estudias dirección te dirán: “tú tienes el poder de decidir, sin ti no hay película”.  Si tu caso es de director de fotografía habrás escuchado: “moldeas la luz, creas los espacios, sin ti no hay película”. Si eres productor: “eres el responsable de organizarlo todo, sin ti no hay película”. Si eres actor: “tú eres la emoción, sin ti no hay película”. Si haces sonido: “los directores sólo miran la pantalla, no escuchan, si pasa un avión detén la grabación, sin un buen sonido no hay una buena película”. Si eres editor: “tú reescribres y rediriges la película, sin ti no hay obra”. Sí, esta es una profesión de egos y es bueno que existan, siempre que el ego no te ciegue. Afortunadamente hay otros equipos que suelen equilibrar con su humildad los rodajes como suele ser la script, eléctricos, maquillaje y peluquería, arte… Entre los otros equipos abundan los casos de rencillas. Todos se sienten infravalorados porque ¡NADIE SE DA CUENTA DE QUE SIN “MÍ” NO HAY PELÍCULA!

Bajad de la parra, haced el favor. Ese “sin mí no hay película” es falso, os han engañado. Si no se rueda tu guión se rueda otro, ya se contaron todas las historias. Si no quieres dirigir busco a otro director –Kubrick dirigió Spartacus porque Kirk Douglas despidió a, nada más ni nada menos, que Anthony Mann-. Y así con todos los profesionales. Se habla comúnmente del divismo de actores y actrices, son la cabeza de turco de los egos en un rodaje, pero muchas veces sucede que nadie sabe cómo trabajan, pedir silencio en un ensayo no es un capricho. Pongo este ejemplo pero es válido para todos. Si producción tiene un fallo también caemos sobre ellos echándoles en cara su error, eso sí, si todo corre bien nadie acude a felicitarlos y decirles qué buen trabajo.

Mi debut como actor en cortometraje fue un corto del CCC, en esta escuela cada alumno dirige su primera ficción, pero luego ha de ser el productor de la de quien fue su director de fotografía, ha de ser el script de quien fue su sonidista, ha de ser el sonidista de quien fue su productor, y así. Probablemente les toca desempeñar una función que detestan (yo me volvería loco haciendo producción) pero si su ego se lo permite se darán cuenta de lo difícil que es desempeñar algunas funciones y a la hora de profesionalizarse serán capaces de comprender las dificultades a que se enfrentan el resto de equipos e incluso proponer soluciones en lugar de echarles la culpa del retraso. Es más, serán capaces de distinguir a los mediocres de los talentosos, a los lentos de los meticulosos.

Cuando trabajé como asistente de dirección en La Pecera de Eva me enfrenté por primera vez como soldado raso a los actores, algunos famosos. Alexandra Jiménez y Antonio Muñoz de Mesa, las estrellas de la serie, fueron educados y disciplinados, del set al camerino y viceversa y si se desviaban de su camino tenían la deferencia de comunicármelo. Luego había algunos actores postadolescentes que por salir en la televisión e hincharse a follar con fans se creían importantes y había que estar buscándolos por todos lados para llevarlos al set, a muchos de ellos me temo que hoy les falta el trabajo.

Otra anécdota en esta serie fue un día que escuché una discusión entre equipos técnicos. Se quejaban de los caprichos de los guionistas: que si les da por un exterior noche, que si llueve… Escuchaba con atención y en algún momento alguien me miró con esa expresión de ¿no dices nada? Mi respuesta fue: “yo es que soy guionista y estoy escuchando porque nunca había estado en este lado y es bueno tener en cuenta vuestras impresiones, pero si en el futuro me parece imprescindible un exterior noche con lluvia lo pondré, pero sólo si es imprescindible, ¿eh?” Hubo risas, claro.

Creo que es importante saber cuál es tu profesión: yo soy un guionista, a veces dirijo y ahora también actúo, pero igual de importante es tener respeto por el resto de equipos y su trabajo. Y si te toca un divo en otro equipo hay que saber detectarlo y si eres el director o el productor hacerle ver que forma parte de un engranaje mayor que es la película, sólo se está al servicio de ella y no del guión, ni del capricho de dirección, ni del plano bonito que quiere el director de fotografía ni de si al actor le cae la lagrimilla.

Ahora, la humildad no significa resignación. Una vez eligen tu guión haz lo posible para defender tus ideas, compártelas con el director, escúchalo y escucha también al productor y trata de absorber, transformar y enriquecer tu guión con lo que te dicen. Si te conviertes en un muro, si eres impermeable a la crítica será cuando te aparten de la película. Reclama tu importancia cuando se promocione tu película, asegúrate de que en el contrato se especifique que tu nombre aparecerá en toda comunicación de prensa. Eres una pieza muy importante, recuérdalo, pero no imprescindible, recuérdalo también.

LA PROCRASTINACIÓN COMO HERRAMIENTA DE TRABAJO

Nuestra firma invitada de hoy es Álvaro Loman, guionista, diseñador de juegos de rol y una de las firmas de guionistas canariosAdemás de colaborar en varias webseries como Pendiente de Título, 100 Calabazas, Canal Friki o Pigmalión está a punto de sacar el juego de rol El Fin del Mundo con Edge Entertainment. Juego del que es creador, escritor y diseñador.

Por Álvaro Loman

Llevo cosa de un mes escribiendo sobre mil y una maneras de cómo procrastinar mejor. Alimentar la bestia de la procrastinación con viajes a la cocina, paseos por el Facebook y demás absurdas acciones sin más intención que la de perder tiempo. Excusas y más excusas para poder seguir haciéndolo sin que te pillen, ampliar fechas de entrega y demás cosas que un buen guionista no debería hacer.

Digo yo, vamos.

Pero en el fondo, atrapado en el origen del chiste, creo que nos perdemos una cuestión importante. Que la procrastinación no sólo es útil, sino necesaria.

Supongo que lo primero debería ser explicar QUÉ es la procrastinación. Probablemente ya sabéis lo que es. Aún diría más, seguro que la estáis practicando en este momento. Procrastinar es posponer algo importante dándole prioridad a cosas que no deberían tenerla. Un error habitual es confundir la procrastinación con la vaguería. No es lo mismo.

Ser vago es no querer hacer nada que implique un esfuerzo, ser un procrastinador tiene que ver con no implicarte y punto. No sería la primera ni la última vez que alguien limpia su casa, ordena su cuarto, hace la compra o va al gimnasio con tal de no afrontar lo que sea que tenga que hacer. Ya sea escribir la enésima versión de un guión o declararse a la persona de la que está secretamente enamorado.

“Luego hago eso. Primero tengo que contestar a este mail”

Todos tenemos miedos y afrontarlos es jodido, así que dedicar tu mente a algo intrascendente es una manera cobarde, inefectiva, pero real de encararte a ellos. Sip. Procrastinar es una manera irracional de no enfrentarte a un problema, a base de apilar excusas delante hasta que resulte imposible encararlo.

Aun así, hay veces que la procrastinación puede ser un aliado. Es truco es controlarla y no dejar que te controle. Usarla en tu beneficio, como un barómetro que mida tu ansiedad, y poder así delimitar su espacio. He aquí unos consejos prácticos para que la procrastinación (cual ser mitológico imposible de derrotar) no intente cogerse más tiempo del que debería:

- Desconexiones periódicas: Estar siete, ocho o nueve horas seguidas metido en un guión (y quien dice guión, dice trabajo intelectual), notando como tu cerebro se va espesando no es bueno para nadie. Tu cerebro te pide echar el freno. Hay momento donde debes estar especialmente brillante y de repente te parece importantísimo buscar en imdb la película que te recomendó alguien, o comprobar si en 9Gag hanpublicado más mierda que ni siquiera te hará reír.

Bueno, eso es un síntoma de que debes parar. Tu cerebro no da para más y necesita refrescarse, así que te intenta distraer con chorradas. El problema es controlar cuando de verdad necesitas un descanso y cuando, simplemente, quieres ser vago.

Para mí el truco es hacer una operación matemática sencilla mentalmente. Si, por ejemplo, me cuesta multiplicar dos números de dos cifras significa que mi cerebro necesita parar. No voy a poder seguir en esa situación y forzarme a ello sólo va a servir para conseguir más estrés.

- Ejercicio físico: Cuando el cerebro te pida un respiro, pasar a otra actividad intelectual no es una buena forma de enfrentarlo. Ver un capítulo de Californication, por muy inspirador que pueda resultar, no te hará liberar tensión. La cabeza te seguirá yendo a cien por hora y no conseguirás realmente nada con el parón.

Algo de actividad física te vendría bien, y si te obligas a salir del cuarto para ello, mejor. Tampoco tienes por qué hacerte una maratón, pero un paseo de 15 minutos, hacer la compra, una ducha o esos ejercicios para fortalecer el tobillo que te mandó el médico son opciones perfectamente válidas.

No te engañes, si no haces algo físico en el tiempo muerto, gana la procrastinación.

- El horario es sagrado: Todo guionista trabaja horas de más para sacar adelante su proyecto maravilloso. Eso hay que asumirlo lo antes posible, para poder asimilarlo antes de que el productor de turno te recorte tus plazos a la mitad sin mayor explicación.

Ahora viene esa perogrullada que todos pensamos, que incluso comentamos entre cervezas y quejas, pero que no nos terminamos de creer: Que necesites la capacidad de trabajar a marchas forzadas no significa que debas hacerlo.

Es importante tener un horario y no salirte de él. Para lo bueno y para lo malo. Si tu horario es de 9 a 3 de lunes a viernes, curra como un cabrón todo ese tiempo. Si necesitas parones tómalos sin problemas, pero de 9 a 3 estás rindiendo todo lo que puedas. Esto es una verdad que debe funcionar en los dos sentidos. Si un domingo a las 5 de la tarde te entra la inspiración, no agarres el portátil y te pongas a escribir como si no hubiera mañana..

Tienes un horario por algo. Tu mente debe estar libre de preocupaciones laborales cuando dichas preocupaciones no deban estar ahí. Si divagando con tus amigos en un bar tienes una epifanía sobre cómo resolver un conflicto del segundo acto, felicidades. Apúntalo para que no se te olvide y sigue disfrutando de la fiesta. Vomita toda la idea el lunes a las 9.

Seguro que hay muchos usos positivos más para la procrastinación, pero supongo que todos ellos pasan por baremar tu reacción ante situaciones externas. Igual que todo sentimiento negativo, siempre es mejor no demonizarlo ni convertirlo en un monstruo que acecha debajo de la cama. Siempre es mejor sentarle en una silla e invitarle a una cerveza, a ver qué te cuenta.

EL AMOR NO ES LO QUE ERA: IMPRE(CI)SIONES MÁLAGA 2013

Por Gabi Ochoa

Aún me dura la resaca de Málaga, pero mejor escribir así cuando el corazón te pide guerra. En plan telegráfico, breve apuntes sobre lo vivido en Málaga.

- Hemos tenido una buena acogida. No espectacular, pero sí buena. En el tete a tete con los periodistas algunos me comentaron que gustó, pero el nivel era muy alto. Aquí, por ejemplo, no nos dejan mal. “El amor no es lo que era” ha dejado buen sabor (eso quiero creer), pero le ha faltado la puntilla: el premio.

- También la prensa nos ha dado caña, como aquí. No todo iba a ser buen rollo.

- Mario Casas lo eclipsa todo. Incluso el ascensor. Me tiré 15 minutos esperando uno porque cuando llegó él como lo “acosaban” las fans, pues quería subir. Y no va solo, va con tres gorilas. Y todos no cabemos en el ascensor. Me alegro por su premio, pero chico, que eres más joven, sube por las escaleras.

- En la fiesta de clausura se pusieron un poco pesados con el aforo. Dejaron a la mitad del elenco de “Casting”, premiados en la gala, esperando. Llevaban un buen cabreo. Yo tuve que colar a unos invitados de Aida, porque se estaba poniendo la cosa fea.

- Lo de tener problemas de vista es una jodienda. En el photocall me pidieron que me quitara las gafas de sol. Me las quité, pero me molestaba mucho el sol. Les dije que si les importaba y uno fotógrafo me dijo “La noche es muy mala”. Le tuve que explicar que ojalá fuera eso, que estoy fastidiado. Lo entendieron pero el de EFE me sacó este momentazo de mafioso.

- En una entrevista me preguntaron, ¿Qué hay de ti en la película? Yo que no terminé de entender la pregunta le dije que mi tortuga Rori, ante la sonrisa de Blanca Romero que la tenía a mi lado. Bueno, creo que dice mucho de mi, aunque no sé si lo entendió (vamos, yo creo que tampoco). Es que esa pregunta y el clásico, ¿Qué querías contar? Son de poner cara de  O.o

- En la rueda de prensa Fernando Méndez-Leite me catalogo como el “increíble hombre menguante”, porque dije que era un honor y una responsabilidad cerrar Málaga y que me iría haciendo pequeñito durante todo el día por eso.

- La que se los llevó de calle fue Petra “Torbellino” Martínez. Qué vitalidad, qué energía. Compartimos micros la noche del viernes en RNE y durante la mañana siguiente estuvo estupenda. Ella de hecho, estaba en algunas quinielas para premio. Espero que lo tenga, tarde o temprano. Ella y los demás actores.

- Hay veces que predicas en el desierto. En el pase del público, al ser después de la gala de clausura, la profesión mayoritariamente se fue a cenar (normal). Quise hacer una pequeña reivindicación de nuestro oficio guionístico pero no sé si cayó en saco roto. Nuestra peli es una peli modelo ICAA: la apoyó en guión, desarrollo y producción. Pero ese modelo ya no existe, el ICAA borró de un plumazo las ayudas a guión, que es lo que tuve que recordar al presentar la peli. Espero que alguien lo oyera.

- Me alegré mucho de los premios a “Casting” porque Jorge Naranjo es muy majo. También el de dirección de Jesús Monllaó, otra gran persona. A los dos los conocí en la presentación que hubo en Madrid del festival. Y por supuesto el capazo que se llevó Dani Castro y su “Ilusión”. Ahora tengo ganas de verlas todas.

- Pero si un premio me alegró fue el de dirección para Álex Montoya por el corto “Lucas”. Conozco el proyecto desde hace tiempo y en imagen (lo vi ayer) es magistral. Álex creo que es uno de los mejores cineastas españoles con futuro (para más inri valenciano, aunque no nació aquí). No entiendo como los productores de la terreta no se pegan de hostias por producirle. De verdad, creo que los productores y creadores de aquí deberíamos sentarnos para que casos como este no pasen.

- En algunas entrevistas metí caña al crowdfunding. Dije algo así como que no es la solución. Y no porque no la sea, siempre que puedo aporto a proyectos crowdfunding (en verkami llevo 4 entre festivales, cortos, largos y teatro, y en otras plataformas un par más), sino porque aunque es un buen bofetón a la industria, una manera de decir “si quieres, puedes”, hay que ver si pasa factura al concepto de industria, a la manera de rodar y de entender cine. Sirve y mucho para decir que por mucho que nos jodan vamos a rodar, pero no es el modelo ideal. En eso creo que todos estamos de acuerdo. Y me jode no haber apoyado en su momento a “Stockholm”, una de las triunfadores. El teaser tenía muy buena pinta, pero como siempre hay que decidir pues supongo que me decidiría por otro. Por ejemplo, estoy muy contento de ser papá de “Los increíbles” de David Valero.

- Luego están los Nunca: aquello que siempre me digo que no haré pero no cumpliré: nunca volver a hacer una peli de 3 historias, nunca estar tan serio en las entrevistas, nunca hablar más de la cuenta (en alguna entrevista solté algunas perlillas, pero creo que ninguna se ha publicado), o nunca comer gazpacho andaluz que con los nervios te repite.

- Con un periodista comparé a mi productora, Paloma Mora, con Isola Passola y Marta Esteban, dos referentes de la producción catalana. Sí, necesitamos productores fuertes en Valencia y gentes con agallas, y sí, necesitamos que nos miren a nosotros, los creadores valencianos de tú a tú, y que crean en nuestros proyectos. Esto, de momento, ha pasado con “El amor no es lo que era”.

- Una vez terminado Málaga, “El amor no es lo que era” sigue peleando: de momento tenemos 2 scrennings en Cannes. Además está inscrita en numerosos festivales, y pedida ya por 3 festivales internacionales. Creo que vamos dando pasos. Siempre digo que esta peli es una lucha pasito a pasito, pero todos los que damos, aunque costosos, nos están ayudando. Gracias equipo.

- La nostalgia del futuro. Otro clásico del periodismo es preguntarte por tus proyectos de futuro. Pese a que me dije a mi mismo no decir nada, puesto que está muy en pañales, hablé largo y tendido con dos grandes periodistas sobre “90 USD” lo que estoy escribiendo ahora y lo que espero que sea mi segunda peli. Nada nuevo que no hubiera dicho por aquí, ya que es un proyecto que me acompaña desde el 2008, cuando hice un viaje a Ecuador que fue el motor de esta historia. Ahora estoy en fase de escritura, con una sinopsis de 5 folios de la que estoy muy contento.

- Por último: ayer vi, por fin “Lucas” de Álex Montoya. No solo me parecen merecidísimos los premios, no. Creo que hay que producir la primera película de Álex Montoya YA!!! Productores: ES UNA ORDEN.

http://www.canalplus.es/play/video.html?id=1059108&media=AF924502&cc=PLTVZC

LA CURVA DEL VINO

Por Rafa Ferrero

Hay un tramo de unos 80 kilómetros de la A-7 que he debido recorrer, al menos, un millar de veces.

Paso por la gran mayoría de tramos como si nada, no son más que parte del recorrido, pero hay una curva en particular que, para mí, es distinta a todas las demás. ¿Qué la convierte en especial? Un recuerdo.

Ese recuerdo se creó un domingo por la tarde. Estaba volviendo a Valencia en autobús para empezar otra semana en la universidad. Era un autobús de dos plantas y yo iba sólo, sentado en la primera fila de asientos de la segunda planta del autobús, justo encima del conductor, por lo que podía ver la carretera perfectamente a través del parabrisas. Iba escuchando la radio, no recuerdo qué programa, y estaban entrevistando a un enólogo que había adquirido una botella de vino carísima en una subasta. Dedicó unos minutos a explicar lo importante que era aquella botella. La mejor añada de una bodega muy prestigiosa desaparecida hace años, o algo así. La cuestión es que, después de comprarla, el enólogo decidió ir a recoger la botella personalmente, con la desgracia de que, en el camino de vuelta, la botella se rompió. Por suerte, para transportar aquella botella y asegurarse que la temperatura sería constante durante todo el recorrido, había usado una nevera especial. La botella se había roto dentro de la nevera, por lo que el vino no se había derramado, sino que había quedado recogido dentro de la cámara. Al llegar a su destino, colaron el vino para eliminar cualquier posible resto de vidrio y volvieron a embotellar el líquido en una botella prácticamente exacta a la original, conservando incluso el etiquetado. Una anécdota sin importancia de no ser porque, aprovechando la coyuntura, el enólogo tomó la decisión de catar el vino. El modo en que aquel hombre explicó cómo era aquel vino me impactó. Soy incapaz de reproducir la descripción, así que no lo voy ni a intentar. Lo importante, la noticia, el motivo por el que le estaban haciendo aquella entrevista, era que gracias a que había tenido la oportunidad de catar el vino, esa botella se había revalorizado muchísimo. Al parecer, existía el riesgo de que el vino no se hubiese conservado bien y, al eliminar esa posibilidad, se añadía una garantía de calidad más a un vino que, ya de por sí, se consideraba uno de los mejores de la historia de la enología mundial.

La descripción sensorial de lo que aquel hombre sintió al catar el vino coincidió con el momento en que el autobús pasaba por una curva cerca de Alberic. Recuerdo haberla escuchado con la mirada perdida en la copa de unos árboles que hay por allí, y ahora cada vez que paso por esa curva y veo esos árboles, me acuerdo de esta historia. ¿Por qué? Pues no tengo ni idea. La historia es curiosa, pero he oído muchas historias curiosas, he olvidado la mayoría y casi ninguna me vienen a la memoria de forma tan recurrente. Además, esta ha quedado fijada a un momento y un lugar concretos, algo particularmente curioso. Supongo que no hay explicación, ni la necesita, sencillamente me pasa.

La memoria es caprichosa, nunca sabes cuando, ni donde, ni por qué, algo está a punto de quedarse grabado en tu cabeza para los restos. Normalmente recordamos las cosas importantes, pero también recordamos infinidad de cosas que no lo son. A veces, incluso, recordamos cosas que preferiríamos olvidar.

Por poner un ejemplo mucho menos… elegante, confieso que no puedo evitar acordarme de esta escena prácticamente cada vez que entro en un baño público.

Torrente no aparece en mi lista de películas favoritas, pero a pesar de eso ha conseguido colarse en mi memoria. No entiendo por qué, sencillamente me pasa.

Averiguar qué convierte algo en memorable no es tarea fácil, además, la mayoría de las veces se trata de algo personal e intransferible con una explicación escondida en la parte más inconsciente de la mente. Pero, al mismo tiempo, también ocurre que algunas cosas adquieren la categoría de memorables a un nivel superior y consiguen colarse en la memoria colectiva.

En mi opinión, todo aquel que se dedica a escribir historias, en realidad, no hace más que perseguir esa memoria colectiva e individual porque, si el objetivo no es el de conseguir crear algo memorable ¿cual es?

Cuando alguien te cuenta una película que ha visto, o un libro que ha leído, suele destacar aquello que más o que menos le ha gustado. Pero si lo hace mucho tiempo después de haber visto o leído aquella historia, la descripción se limita a lo poco que recuerda y eso suele reducirse a aquello que le impactó más cuando lo vio, por el motivo que fuese.

Resulta muy curioso, por ejemplo, lo que la gente recuerda de El padrino. Si se hiciese una encuesta, probablemente las tres escenas más recordadas de esta saga serían la de el padrino en la butaca acariciando al gato, la escena de la cabeza de caballo en la cama y la escena de el padrino con la monda de naranja en la boca. En una película con decenas de asesinatos ¿por qué son estos detalles los que consiguen colarse en la memoria colectiva?

Un ejercicio que suelo hacer a menudo, sobre todo cuando el texto es mío, es preguntar a la gente que acaba de ver un monólogo cuales son los gags que más le han gustado. Cada uno suele tener los suyos, pero siempre, en cada espectáculo, suele haber dos o tres gags que consiguen colarse en la memoria de casi todo el mundo. Analizar y tratar de comprender por qué son esos gags y no otros, me ayuda a la hora de escribir en la búsqueda de nuevos gags “memorables”.

Joan Marimón, el profesor de guión con el que más he aprendido, nos regaló una gran frase en una de sus clases: “Cuando estéis escribiendo, pensad que eso podría ser lo último que alguien viese antes de morir. Procurad que esa persona no malgaste sus últimos minutos de vida.”

Sin duda, la imagen que Joan sugiere tiene mucha fuerza. Pero, ¿y si esa persona no muere? ¿es menor la responsabilidad? Aquello que un guionista escribe, con suerte, consigue llegar a mucha gente y siempre existe la posibilidad de que una frase, un personaje, o una escena, consiga colarse en la mente de alguien. La idea de que algo escrito por mí pueda llegar a formar parte de los recuerdos de alguien, conseguir crear algo así como la curva del vino en algún rinconcito de la memoria de alguien a quien ni siquiera conozco, me parece un objetivo tremendamente ambicioso.

LA BARBA DE LOS GUIONISTAS

Con una considerable trayectoria como guionista, analista de guión y creador de contenidos, Roberto Alfaro debutó en el cine el año pasado escribiendo el guión de “Ni pies ni cabeza”, de Antonio del Real. Actualmente se le acumulan los proyectos entre los que destaca la adaptación cinematográfica del cómic “De perros y de huesos”.

Por Roberto Alfaro

Bajo el techo del hogar, normalmente soy un tipo que tiende a la distracción y a procrastinar en un nivel experto-premium. Pero cuando salgo a la calle como un perrillo que tensa la correa y tira del amo como si no hubiera mañana, me convierto en un avezado observador. Supongo que esta condición viene de serie si nos queremos dedicar a juntar letras de una manera, por lo menos, medianamente decente. Por eso, bajo el prejuicio de la apariencia, suelo desconfiar de un guionista que habla más de lo que escucha, o que tiende a mirarme fijamente en los silencios antes que observar a la gente atractiva que pasa a su lado. O, ya el colmo, que simplemente pide “un café” sin reparar en que el camarero es una persona humana, y no entabla una conversación más empática del estilo “por favor, cuando puedas me traes un descafeinado con leche, de máquina, corto de café, con la leche muy caliente, en vaso, y con un vasito de agua, muchas gracias majo”.

Como veo que no acabo de explicar mi teoría de la observación, iré al grano: ¡¿Por qué coño casi todos los guionistas tenemos barba?! En serio, después de acudir a diversos actos de encuentro con compañeros y de tomar más de 470 cañas y 130 cafés (aproximadamente) empecé una tesis sobre el tema de la barba, pero a los pocos segundos la abandoné, y no por mi procrastinación innata sino porque era una auténtica chorrada de tesis. No me hacía falta perder el tiempo escribiendo folios y folios sobre un tema tan apasionante como la barba humana para coscarme de una máxima: los guionistas llevamos barba para imponer respeto. Alguna compañera del mundillo se sentirá rechazada, pero cuando hablo de barba también me refiero a bigote (más o menos poblado), perilla, pelusilla… y todas las acepciones que se os ocurran, así que todos y todas tenemos la opción (si nos da la gana) de entrar en el selecto club.

Al caso, me viene a la memoria el gran Pau Gasol. Una vez le escuché una anécdota que os relato: cuando Pau llegó a la NBA era un buen jugador que había conseguido títulos en Europa, pero aún no había explotado todo su talento en la competición de basket  más competitiva del mundo. Tenía cara de no haber roto un plato y de recibir collejillas de los All Stars. Era un fideíllo, un tirillas, y, lo peor, siempre se le veía afeitado de manera ejemplar. No jugaba mal, pero algo fallaba para triunfar en el entorno yankee: le acusaban de falta de carácter y de ser blando. Los pívots americanos se lo merendaban en el cuerpo a cuerpo. Pero entonces Pau encontró una solución: cogió kilos de musculatura, mala hostia, se atusó el pelo largo como Sansón, y lo más importante, se dejó barba. Al poco, le llegó la gloria. Ya no se amedrentaba, imponía a sus rivales, asustaba, y sobre todo, imponía RESPETO.

Gasol

Sinceramente creo que a los guionistas se nos ha perdido el respeto en esta España mía, esta España nuestra. Una buena pregunta sería saber si alguna vez lo llegamos a tener. Supongo que Azcona, sí. Pero el grado de valor actual, el que yo conozco al menos, es tirando a ínfimo.

Sabemos del poder del Sindicato USA, la labor de los agentes, la Black List, el poder de la INDUSTRIA americana, y demás. Vale, es otra liga, y es ridículo comparar. Es como pedirle al Rayo Vallecano que gane la Champions. Pero no veo tanto problema en copiar lo que funciona, en fijarnos en países como Reino Unido, Francia o Alemania, y sobre todo en dar valor a nuestra profesión. Además es gratis. No cuesta nada. Y ya no digo que nos dejemos barba (que también) para que nos respete el productor de turno o la cadena de siempre, sino para que nos respetemos y nos valoremos a nosotros mismos.

Debemos sentirnos orgullosos de lo que escribimos, sólo así no perderemos la dignidad cuando llegue la hora de negociar nuestro sueldo. Habrá veces que escribamos por amor al arte, algunas porque tenemos fe ciega en un proyecto, otras para pagar la hipoteca, y las menos para que nuestro nombre tenga un destacado en los libros de Historia del Cine/TV. Pero que todas ellas nos llenen, aprendamos, valoremos, e incluso disfrutemos con pasión y entusiasmo.

Tenemos que luchar por nuestros textos, moverlos por todas las vías posibles para que vean la luz, ser tremendamente activos, trabajar, trabajar, trabajar, ser constantes, y disfrutar del proceso. Todos hemos pasado por hacer trabajos gratis, por cobrar miserias, por escribir mierdas que nada tienen que ver con nuestro criterio de estilo, etc, etc, derrotismo, etc, etc, más derrotismo, etc, etc, etc… Pero recordad, estamos luchando día a día por lo que verdaderamente nos gusta, la mayoría de la gente no puede decir lo mismo, somos especiales, sintámonos orgullosos de ello.  

Un ejemplo. Uno, que es observador, se ha percatado de que en rarísimas ocasiones nos acordamos de nuestros propios compañeros en las entregas de premios. Creo que se vuelve a hacer patente la falta de valor a nuestro gremio. Aunque no lo comparto plenamente, me parece lícito que en estas ceremonias se critique al gobierno, a la situación del Tibet, al representante friki de Eurovisión, o al cuñado tocahuevos que no me ha pasado los langostinos en Nochebuena. Pero para treinta segundos de gloria que vamos a tener, en serio, me hubiera encantado que alguien se acordara de los propios guionistas o que se reivindicara nuestra profesión. Qué bonito sería acordarse de gente que nos inspira, que admiramos, que leemos con pasión, como Wilder, Allen, Kaufman, Goldman, Sorkin, y qué coño, Azcona, Alejandro, Guerricaechevarría, Gaztambide, y tantos otros.

Nos tenemos que citar más para darnos a conocer y conseguir romper el anonimato mediático. ¡“Guionista”, hay que decirlo más! Gente como Javier Olivares, Nacho Faerna, David Muñoz, Natxo López, Sergio Barrejón, Paco López Barrio… (que tenemos el gusto de leer por estos u otros lares), dignifican la profesión y son la punta de lanza con la que debemos asomar, aún más, la cabeza. Si os dais cuenta, ¡¡¡todos ellos con barba!!! Otros compañeros, entre los que modestamente me incluyo, como Salva Rubio, Raúl Serrano, Gabi Ochoa, Daniel Martín Novel… estamos luchando por hacernos un hueco y empezamos a saborear esas semillas que hemos ido plantando al cabo de los años. Y qué decir de aquellos que empiezan, hay talento y ganas de romper con lo establecido, y eso, estoy seguro, nos hará escribir mejores historias.

Aprovechemos que el mundillo del guión está más vivo que nunca gracias a la cantidad de vías que tenemos para mover nuestras historias y a las redes sociales: Alicia Luna es el alma máter de  #vinoguionistas, Daniel Castro y Juanjo Ramírez se han atrevido a escribir un guión en 24 horas y lo han publicado, éste último incita a que escribamos nuestro propio episodio de “Black Mirror” para demostrar nuestro potencial, con Fernando Hugo estuvimos charlando el otro día sobre una posible Black List española, guionistas patrios de postín cuelgan sus guiones en la red… y así un largo etcétera que suele venir avalado por unas simples cañitas o unos poleos para vernos las caras de vez en cuando.

Fuera de bromas, hay que seguir luchando y no desesperar a pesar de la que nos cae, estemos unidos, sin temor, sin negatividad, sin escusas, sin derrotismos. Nos dedicamos a lo que nos mola, no es ninguna cruz. Además, si la cosa no resulta, siempre nos queda la crucifixión, que no está tan mal, y silbar una alegre melodía. ¡Eric Idle simbolizaría a las compañeras guionistas (sin barba), y todos los demás a la legión masculina! Y, casualidad, ¡¡¡todos con barba!!! Os imagináis…

 

NO EXISTIR

Por Gabi Ochoa

Se ha extendido hasta la estupidez la manía de acordarse de los muertos cuando están calientes. El caso llega al paroxismo: quien antes cuelgue en su perfil de Facebook y/o twitter una necrológica sobre la persona fallecida, parece que llega primero a una carrera de obstáculos absurda, sin sentido, donde termina con un DEP descorazonador.

Estos últimos meses han sido fatídicos para el cine español: Fernando Guillen, Bigas Luna, Pepe Sancho, Sara Montiel, Mariví Bilbao, Jess Franco,… parece que enumeremos una listado de grandes profesionales, algo que en apariencia nos afecta, pero que se diluye en un tuit.

La muerte es una cosa seria. Es una cabronada, como diría Berlanga,  y es algo que nos debería hacer reflexionar, pensar, qué es la vida, qué cojones pasa cuando ya no existimos.

Este tuit de Jordi Corominas, el día de la muerte de Bigas Luna me resultó esclarecedor.

Somos una cultura del parloteo, de querer contarlo todo (una cita de Peter Handke que siempre recuerdo: “Al salir de un fuerte shock: necesidad de contar, contar, contar”) pero cuando tenemos que hablar de porqué morimos, del tabú real de la muerte, nos acojonamos.

Pienso en la muerte. La he tenido presente desde hace años. Cuando era pequeño tenía miedo que se cargaran a mi padre de un disparo cuando patrullaba por las noches. La muerte estuvo presente cuando murió Mario, mi vecino de 17 años, Luis, un amigo con apenas veintipocos años o con mis abuelos maternos y paternos.

De mi yaya (que es como llamamos en Valencia a las abuelas) que perdió la cabeza, se me quedó taladrado una frase en el cerebelo. Cuando ya no sabía de lo que hablaba, lo que decía, un día en su casa me miró fijamente y me dijo:

- Nene, yo no me quiero morir.

Me dio un vuelco al corazón, pero entendí. No queremos irnos, no sabemos donde vamos.

Pero yo sí quiero morirme. Cuando toque. Creo en que es necesario. Somos finitos. Y esos es lo que nos aterra y nos hace vivir. Y quiero morir, porque quiero vivir intensamente todo lo que ocurre, y porque creo fervientemente en la ficción como bálsamo de la realidad, y lugar para entender qué es la vida, qué es la muerte, que coño es todo esto.

Por eso me resulta extraño enunciar muertes como quien anuncia colchones: Pepe Sancho DEP, Bigas Luna DEP, XX DEP, porque no veo detrás la reflexión y el aprecio que eso significa por la persona que legó detrás todo eso, la persona que trascendió.

Si recuerdo una de las series que más me ha marcado, “Urgencias”, recuerdo dos muertes que me resultaron duras: la de Eric Foreman, personaje interpretado por Omar Epps, que decide quitarse la vida en un episodio memorable y la del gran protagonista a la sombra de Clooney, el doctor Mark Greene (el actor Anthony Daniels). La lucha de sus personajes por vivir y sus deseos encontrados fueron clave. Sufrieron, sí, pero encontraron vida (ficticia) en su arco dramático.

Hagamos de la muerte, en nuestras ficciones, algo que de verdad llene de sensatez nuestras vidas. La muerte sí, es una cabronada, pero es algo que hace esto único.

“Siempre hay por quien sufrir, por quien amar”, como dice la canción. Yo seguiré pensando que es muy importante vivir cada minuto, tener esos pequeños placeres cotidianos que hacen que todo esto, en ocasiones, tenga sentido, que de hecho, merezca la pena.

Escribid con el bálsamo de saber que aquello que ocurra en vuestras ficciones llenará de vida (y de muerte, porqué no), las vidas de otros, aunque sean en apenas dos horas.

Ese es el mayor placer de un guionista.