POR QUÉ NOS VAMOS

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Por Gabi Ochoa

El otro día escribí esto en Facebook:
“Alguien debería pensar en un programa que fuera “Valencianos por Madrid”. Me he encontrado con Rafa (Montesinos), hemos hablado de Vicente (Ibáñez). Me he guasapeao con Nacho (López Murria) que para por allí y ha salido el nombre de (Toni) de Paco. Me he pasado rápidamente por Yorick a ver si estaba la mediovalenciana Carnetti (Encarna Sancho). Ir a Madrid es encontrarse a media Valencia cultural. Alguien debería pensar en porqué se da esto”.

Muchos lo comentaron. Otros que por allí andan como Mariola Cubells, Tirso Calero o Héctor Beltrán, o gente que va y viene como Fede Calabuig o mi caso. Pero me quedo con esto que escribió el maestro López Barrio:
“Sería un buen programa para Canal 9, si Canal 9 funcionase como debe. Pero si Canal 9 -la cultura en Valencia en general- funcionase no habría tantos valencianos en Madrid. Me temo que es un círculo vicioso. Por lo demás aquí tienes un post.”

Parece una ironía pero no lo es. Cuando ya no queda nada en esta tierra baldía, tal vez hay que pensar en emigrar.

No lo elegí. Nunca quise salir de Valencia, irme fuera a trabajar. De hecho aquí sigo, aunque cada vez viajo más fuera, me encuentro con más oportunidades de las que creía en otro sitio que no sea la terreta. De esto hablábamos Rafa y yo el otro día en la capi. Esta semana vuelvo a Madrid (esta vez iré con Vicente), como hace ya más de dos meses que hago con bastante asiduidad.

Recuerdo la primera vez que lo hice, allá por el ’97 o ’98. Un amigo, Xavi Sala (valenciano, of course), se había ido a trabajar a Madrid. Entró en ˝Periodistas”. Desde allí me insistía que fuera, que allí buscaban guionistas para un nuevo proyecto (aquello terminó siendo “7 vidas”). Hice, de hecho, una prueba que consistía en guionizar un capítulo ficticio de “Friends”. Pero claro, yo tenía 21 o 22 años, y mi experiencia era tan corta, que tras hacer ese capítulo (aún lo guardo, creo) me pidieron otra prueba. No la hice, por desconocimiento.

Con el tiempo he estado meses en Barcelona y en Madrid indistintamente, buscando curro o desarrollando proyectos. Recuerdo de hecho como después de una época de mucho trabajo, ya con 24 o 25 años, terminé en una productora y me fui a Barcelona con el proyecto de un documental debajo del brazo. Logré rodarlo, pero nunca lo pudimos vender a TV3, que era nuestra intención. Sueños de un veinteañero.

Ahora es distinto. Hace ya más de un año que Canal 9 – RTVV no produce nada. Ni ficción, ni documental, ni entretenimiento. Nada. Esto es el desierto. Algunos guionistas han emigrado. Otros se han pasado al teatro o se sostienen con curros menores en pedagogía, en rodajes, vídeos, etc.

Hablo constantemente con aquellos que se han ido, los que van y vienen. Quiero saber cómo les va. Me preocupa mi gente, que le voy a hacer. Irse es una puta mierda. Es jodido. Nadie quiere deshacerse de aquellas raíces que le tienen cogido a esta tierra en la que se vive genial sí, pero donde se ha hecho una gestión pésima, horrible, de la cultura.

En unas semanas despido a uno de mis mejores amigos porque cruza el charco para currar. Hace meses, ya ha pasado un año, lo hizo Martín Román.

Animo a aquellos que manejan CulturArts y Televisió Valenciana, perdón más bien les exijo, que se sienten con ellos, con esa gente que se fue a trabajar fuera. Ellos tuvieron una razón de peso para irse. Darles una razón para volver a trabajar en aquello tan falsario del “audiovisual valenciano”.

Este recuerdo va especialmente a amigos como Rafa, Vicente, Pau, Adán, Martín, Xavi, y tantos tantos otros que no queriendo dejar atrás “les seues arrels”, dijeron “ahí os quedáis”.

http://www.menoslobos.org/?p=97

NOTA: Este documental “Del primer Tripartit al ConCA” debería ser de obligada visión para todos los gestores culturales valencianos. Tres capos de la cultura catalana con el Tripartit reflexionan sobre cómo crear unas mínimas infraestructuras y potenciar la cultura catalana desde las Instituciones. Para reflexionar.
Son varios archivos. Para verlo entero (es más de una hora), tenéis que pinchar las flechas de la izquierda y de la derecha donde hay más vídeos.

NO HACE FALTA CORRER PARA LLEGAR

Por gabkarwai

Imaginemos un futuro, lejano. No sé el 2127. Una humanidad post-apocalíptica (como decía Carlos Molinero). Todo arrasado. Y solo dos personas, allí, sentados. Sin TVE. Ni Canal 9. Tienen barbas. Indistintamente si son hombres o mujeres. Bueno allí, con sus barbas, su cara perpleja, sin saber qué hacer. Ocurriría algo así:

– Joder no.

– Sí. Tú y yo. Aquí.

– Sí.

Silencio

– ¿Tú conocías a Miguel?

– No. (…) ¿Miguel Salcedo?

– ¡Sí!

– No, no me suena.

– Bueno, da igual, tengo una historia sobre él con la que vas a flipar.

Sí, aunque no hubiera nada, aunque se hubieran quedados solos, se contarían historias. Lo harían. Porque somos seres racionales (de los que toman raciones en los bares…)

Ahora trasladémonos un momento al pasado. Año 1993 o 1994. Tom Cruise debe ser el actor de moda, no recuerdo. Spike Lee, uno de los directores en boga, y este que escribe un pardillo aprendiz a teclista. Quería hacer periodismo pero en Valencia no era pública. Irse fuera era imposible para la economía de mis padres y mandarme a la privada (algo que intenté), también. Así que me inscribo en Relaciones Laborales. Pero mientras tanto, tengo un plan. Quiero escribir, desarrollarme, contar. El plan consistía en ahorrar. Y vosotros diréis, ¿para qué? Yo también me lo pregunto ahora, pero en aquel momento lo tenía más claro: iba a producirme un corto. En 35 mm. Así, de repente. Estuve así como unos 2 años. Iba ahorrando poco a poco. Llegué a tener unas 300.000 pesetas. No sabía como, pero mientras tanto escribía un guión. Bueno escribí varios, pero mi profesor de guión me los tumbó casi todos. Al salir de la “escuela de cine” ya en el ‘95 (Videomax se llamaba la mía), servidor y Xavi Sala decidimos seguir escribiendo juntos. Él se fue a Madrid, trabajó en “Periodistas”, yo me quedé aquí, hice una prueba pésima para “7 vidas” (con 18 añitos), y seguimos escribiendo en la distancia “Un día más y otro”, el corto aquel que quería producir. De hecho subí un par de veces a Madrid para que retocáramos el guión. Pero aquello no se rodó.

No sería hasta años después, en el 2003, cuando rodaría mi primer corto en cine: “Birth, school, work, death”. De hecho, el guión no era mío.

Había una necesidad, sí, pero había también algo que con el tiempo he encontrado indispensable: no tener prisa, saber reconocer los tiempos de los proyectos.

Todo el mundo quiere rodar. La gente se compra cámaras sin parar: 5D, 7D, Epic, Red One, la-madre-que-pario-peneque, pero las historias no son tan fáciles de comprar. Hay que parirlas, hay que pensarlas. Incluso hay que errarlas.

Siempre he pensado que la poca prisa que he tenido, en general, en los proyectos propios. Es verdad que desarrollo muchas y muy diversas actividades, pero cuando tengo que dedicarle tiempo a una obra de teatro o a un proyecto audiovisual personal (corto, documental, peli), intento cuajar los tiempos para que tengan ese periodo de reflexión. Porque esto surge de la necesidad de contar, y eso, tiene sus etapas.

La gente se enamora de sus ideas, sin pensar aquello que decía Woody Allen, que a la idea hay que matarla una vez escribes.

Y ese tiempo es para no bajar la guardia. Para perseverar. Para verle otro enfoque a tu historia, para dudar, para probarla. Veo muchos compañeros que bajan la guardia, se relajan, yo, de hecho, en ocasiones lo he hecho, me he relajado. Las noticias no son nada alentadoras. Instan a coger las maletas para unos y cambiar de profesión para otros.

Pero el otro día dos pequeñas gotas de esperanza me inundaron:

– Ver que un grupo de alumnos ha montado un texto de Ravenhill en un piso, y descubrir lo brillante del resultado. Decía Roger Sterling en “Mad men” una de esas frases que se te queda en el hipotálamo: “Cada generación piensa que la siguiente acabará con todo”. Que acaben con todo. Que lo rompan de una vez.

– Beberme una fanta naranja con un amigo, e ilusionarme con un proyecto pequeño, minúsculo. Y en ese momento me di cuenta de algo tan aparentemente sencillo: no hace falta correr para llegar, o lo que es lo mismo,  pese a lo jodido está todo, no os lo creáis: vuestras historias valen oro, y siempre habrá flores debajo de los asientos.