CURSO PARA PRODUCTORES AUDIOVISUALES (VALENCIANOS)

Por Gabi Ochoa y José Jaime Linares

 Agosto extraño para el sector audiovisual de la terreta (si es que existe esto).

Nos preocupa nuestro oficio, nuestro sector, nuestro territorio. Por eso nos juntamos a tomar un café a hablar sobre él.

¿Existe el audiovisual valenciano?

Directamente no. Existen muchas agentes dentro del sector, pero nadie rema en dirección alguna. Otros directamente se dedican a ver qué se hace o criticar desde las gradas.

Dos noticias nos han reunido:

– De un lado RTVV lanza 3 lotes de contenidos para externalizar la producción de programas.

– De otro, el ICAA da un fuerte varapalo a la producción valenciana: solo una película valenciana entre las producciones que el Instituto ha subvencionado. Fuera se quedan algunas que tenían el apoyo del IVAC, y parte de su producción armada. Curiosamente la agraciada es de una productora con escasa actividad en el sector.

Nos preguntamos quién defiende el cine valenciano en esas comisiones, si alguien defiende la territorialidad o se defiende las buenas o malas películas. Porque siempre salen agraciadas películas de Cataluña, Euskadi o Galicia, pero Valencia, ay Valencia, o no proponemos proyectos interesantes, con lo cual las demás son mejores o directamente no contamos para nada.

¿Existen comisionistas? ¿hay gente que nos defiende? Y si es así, ¿Quiénes son y qué hacen? Porque su trabajo parece que no surte efecto. La administración autonómica tal vez debería preguntar a qué es debido este desajuste y si tiene que tomar cartas en el asunto, si de verdad tiene la intención de defender lo que queda.

En el otro extremo, los paquetes de contenidos de RTVV. Los productores se arman en tres grupos y hay tres paquetes. ¿Habrá reparto equitativo o ganará el mejor? ¿Habrá pucherazo? Lo haya o no es paradigmático como todos los productores están interesados en los contenidos de RTVV y nadie dice nada (ni siquiera alza la voz) por lo que ha ocurrido en el ICAA. Es como quien entra a recolectar en un campo de naranjas y solo recoge UN árbol, y llega otro y recoge en el mismo árbol, y finalmente todos se pelean por un mismo árbol cuando en realidad hay todo un naranjal. Visto así, además de absurdo provoca total perplejidad.

Hay que enseñar a los productores. No nos equivoquemos, mal que nos pesen, para bien o para mal serán los mismos hoy y ahora, que mañana, o que lo eran antes. Las guerras kamikazes contra ellos no sirven de nada si van a seguir siendo los mismos. ¿O es que conocemos una nueva hornada de jóvenes productores capaces de financiar en los bancos los futuros proyectos? ¿No sería mejor educarlos? ¿No sería mejor que aprendieran de una vez qué es ser productor ejecutivo, qué se debe hacer para levantar una película y convertirla en algo en lo que estés orgulloso? ¿No sería mejor apoyarlos a la coproducción de nuestros proyectos animándolos a participar en mercados internacionales?

Y de esas no nos libramos los equipos técnicos (desde attrezzistas hasta guionistas, todos). En algo en lo que estamos de acuerdo es la capacidad de autocrítica. Se hace mucho producto malo, pésimo. Deberíamos poner un listón para ello, no todo lo valenciano es bueno, ni todo lo que nos viene de fuera es malo. Hay que insistir, resistir y darle vueltas a nuestros productos siendo sinceros. ¿Qué no tengamos una marca #cinevalenciano no es sintomático de que algo mal estamos haciendo todos? Pero todos todos. Y no hace falta flagelarse, simplemente ser conscientes cuando eso ocurra e intentar ayudar a quien hierra. No hay peor halago a un trabajo que aquel que es falso. Lo está hundiendo en la miseria. Y de eso somos fans en la “nostra terreta” audiovisual.

Pero volvamos al curso. Es curioso como nos hemos puesto al día en 3D, Canons, Epics, Avids y demás tecnología. Los equipos técnicos están muy bien formados, todos conocemos compañeros que se buscan la vida en otras capitales, y algunos con gran éxito. Pero de nada sirve si los que nos mandan, aquellos que deben tomar decisiones no se forman en su especialidad “saber producir”. ¿No sería lógico, que nuestros productores en vez de esperar a verlas venir, estuvieran peleando, buscando, formándose en otros países? ¿No sería mejor que no cometiéramos errores del pasado y que construyéramos buenos productos con nuestros técnicos? Ni siquiera hay que inventar nada con copiar, en ocasiones, a nuestros vecinos sería suficiente.

Lo sabemos, un mundo ideal de piruleta que nunca se da. Pero que no se da por lo cerrados que somos a veces con el del al lado. Nos encanta criticar, ahora arrimar el hombro, nanaí, eso que lo hagan los otros. Siempre sale aquello de “el primero” y de ahí no salimos. De verdad, nunca seremos una industria veraz hasta que no nos creamos que nuestro jefes pueden sacar adelante nuestros proyectos, y cuando ellos confíen plenamente en nosotros, si repetimos esto: creer en nuestros productores y que ellos confíen en que podemos sacarlo adelante.

Por último intentamos hacer una reflexión sobre el cineasta, guionista o creador valenciano actual que más no podría llamar, que de verdad está marcando pasos hacia delante.

Silencio.

Mucho silencio y pensamiento.

Tenemos claro uno o dos vascos, madrileños, gallegos o andaluces. ¿Valencianos? Seguimos pensando.

Nadie.

Bueno, hablamos claro de muchos: Sigfrid Monléon, se nombra a Adán Aliaga, a Paco Plaza, o a Miquel Peidró y Rafa Montesinos en el ámbito televisivo, pero nada más. De hecho la mayoría no trabajan desde la Comunidad o muy puntualmente. ¿A qué creéis que es debido? ¿Por qué cuando nos vamos a Madrid nos encontramos constantemente creadores andaluces, vascos, catalanes o gallegos y sin embargo valencianos –que haberlos haylos- se les ve menos?

Lo sabemos, muchas preguntas para la reflexión, para el debate.

Esperemos que esto cree un debate sensato, sincero, sin pullas, sin “porque tú más”, sino de argumentos hablando de tú a tú (esto va también a la administración y a los productores), porque de verdad, hay ganas, muchas, de que las cosas salgan bien, de ver equipos técnicos valencianos volver a sonreír, a trabajar.

Porque hay ganas de quitarnos en sambenito de ser “la zona cero de la crisis” y mostrar con orgullo (o con lo que sea) que desde la Comunidad Valenciana se pueden hacer trabajos muy muy interesantes en la industria audiovisual.

Ahora, hay que remar todos para el mismo lado y no ver enemigos donde no los hay. Tal vez seamos unos ilusos, pero amigos, os lo dicen dos que están trabajando día a día allá donde se nos llama o fuera de la Comunidad Valenciana y tienen muchas ganas de volver a ver esto emerger y que se hagan cosas que merezcan la pena ser aplaudidas, porque sobre todo, da rabia pensar que calidad y ganas hay de sobra por estas tierras.

¿Damos el paso?

POR QUÉ NOS VAMOS

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Por Gabi Ochoa

El otro día escribí esto en Facebook:
“Alguien debería pensar en un programa que fuera “Valencianos por Madrid”. Me he encontrado con Rafa (Montesinos), hemos hablado de Vicente (Ibáñez). Me he guasapeao con Nacho (López Murria) que para por allí y ha salido el nombre de (Toni) de Paco. Me he pasado rápidamente por Yorick a ver si estaba la mediovalenciana Carnetti (Encarna Sancho). Ir a Madrid es encontrarse a media Valencia cultural. Alguien debería pensar en porqué se da esto”.

Muchos lo comentaron. Otros que por allí andan como Mariola Cubells, Tirso Calero o Héctor Beltrán, o gente que va y viene como Fede Calabuig o mi caso. Pero me quedo con esto que escribió el maestro López Barrio:
“Sería un buen programa para Canal 9, si Canal 9 funcionase como debe. Pero si Canal 9 -la cultura en Valencia en general- funcionase no habría tantos valencianos en Madrid. Me temo que es un círculo vicioso. Por lo demás aquí tienes un post.”

Parece una ironía pero no lo es. Cuando ya no queda nada en esta tierra baldía, tal vez hay que pensar en emigrar.

No lo elegí. Nunca quise salir de Valencia, irme fuera a trabajar. De hecho aquí sigo, aunque cada vez viajo más fuera, me encuentro con más oportunidades de las que creía en otro sitio que no sea la terreta. De esto hablábamos Rafa y yo el otro día en la capi. Esta semana vuelvo a Madrid (esta vez iré con Vicente), como hace ya más de dos meses que hago con bastante asiduidad.

Recuerdo la primera vez que lo hice, allá por el ’97 o ’98. Un amigo, Xavi Sala (valenciano, of course), se había ido a trabajar a Madrid. Entró en ˝Periodistas”. Desde allí me insistía que fuera, que allí buscaban guionistas para un nuevo proyecto (aquello terminó siendo “7 vidas”). Hice, de hecho, una prueba que consistía en guionizar un capítulo ficticio de “Friends”. Pero claro, yo tenía 21 o 22 años, y mi experiencia era tan corta, que tras hacer ese capítulo (aún lo guardo, creo) me pidieron otra prueba. No la hice, por desconocimiento.

Con el tiempo he estado meses en Barcelona y en Madrid indistintamente, buscando curro o desarrollando proyectos. Recuerdo de hecho como después de una época de mucho trabajo, ya con 24 o 25 años, terminé en una productora y me fui a Barcelona con el proyecto de un documental debajo del brazo. Logré rodarlo, pero nunca lo pudimos vender a TV3, que era nuestra intención. Sueños de un veinteañero.

Ahora es distinto. Hace ya más de un año que Canal 9 – RTVV no produce nada. Ni ficción, ni documental, ni entretenimiento. Nada. Esto es el desierto. Algunos guionistas han emigrado. Otros se han pasado al teatro o se sostienen con curros menores en pedagogía, en rodajes, vídeos, etc.

Hablo constantemente con aquellos que se han ido, los que van y vienen. Quiero saber cómo les va. Me preocupa mi gente, que le voy a hacer. Irse es una puta mierda. Es jodido. Nadie quiere deshacerse de aquellas raíces que le tienen cogido a esta tierra en la que se vive genial sí, pero donde se ha hecho una gestión pésima, horrible, de la cultura.

En unas semanas despido a uno de mis mejores amigos porque cruza el charco para currar. Hace meses, ya ha pasado un año, lo hizo Martín Román.

Animo a aquellos que manejan CulturArts y Televisió Valenciana, perdón más bien les exijo, que se sienten con ellos, con esa gente que se fue a trabajar fuera. Ellos tuvieron una razón de peso para irse. Darles una razón para volver a trabajar en aquello tan falsario del “audiovisual valenciano”.

Este recuerdo va especialmente a amigos como Rafa, Vicente, Pau, Adán, Martín, Xavi, y tantos tantos otros que no queriendo dejar atrás “les seues arrels”, dijeron “ahí os quedáis”.

http://www.menoslobos.org/?p=97

NOTA: Este documental “Del primer Tripartit al ConCA” debería ser de obligada visión para todos los gestores culturales valencianos. Tres capos de la cultura catalana con el Tripartit reflexionan sobre cómo crear unas mínimas infraestructuras y potenciar la cultura catalana desde las Instituciones. Para reflexionar.
Son varios archivos. Para verlo entero (es más de una hora), tenéis que pinchar las flechas de la izquierda y de la derecha donde hay más vídeos.

CANCIÓN TRISTE DE HILL EDAV ó LA SERIE DE LOS GUIONISTAS

La firma invitada de hoy es Nacho Sánchez. Nacho ha trabajado en infinidad de equipos de producción como jefe y director de producción. Entre sus trabajos destacan “Faltas leves”, “Alan muere al final de la película” y “Orson West”.

I

El otro día, pensaba en el gran Paco López Barrio y su afición al montañismo. La verdad es que acostumbrado a la imagen del deportista fibroso y un poco chulo (sí, tengo prejuicios con la gente que está en forma), Paco no parecía representar el estereotipo. Su imagen sosegada, un poco de profesor de literatura clásica, no invitaba a imaginar un hobby así. Pensando en ello, me di cuenta que daría para un gran personaje: un comisario de policía en la brigada de delitos monetarios con actitud tranquila y aspecto de profesor. Ya la habíamos liado, porque estas cosas sabes como empiezan pero nunca como acaban, los Gedankenexperiments se te van de las manos en cuanto te descuidas.

Porque un personaje así está en una serie, y era fácil construir el escenario a su alrededor. Dejaremos de lado al posible némesis de nuestro personaje (¿Un malvado defraudador de dinero público aficionado a los relojes y con apoyo político?), esa brigada y la gente a su alrededor iban apareciendo casi solos: el joven que llega con mucho ímpetu, ideas y diferentes formas de ver el trabajo: Rafa Ferrero. Ese trabajador incansable y honesto, Gabi Ochoa, que se atreve con casos grandes y pequeños, e incluso está empezando a colaborar con Homicidios (que tienen más presencia en los medios y más glamour). Todo el trabajo de la brigada siempre se debe presentar ante el fiscal para saber si hay caso, y ahí estaría Juanjo Moscardó, asegurándose que la investigación tiene base y avanza bien. El pobre Martín Román es el eterno undercover, siempre metido en líos y lejos de los suyos. Y cuidado con el departamento de Delitos Informáticos, capitaneado por Toni García.

Por supuesto, no pueden faltar las chicas en la brigada, Joana Ortueta y Ada Hernández, que empezaron en Tráfico pero ahora están en esta brigada. Especializadas en lo más duro, son capaces de llevar adelante cualquier trabajo: igual te saca una confesión que te baten las calles buscando a un sospechoso en pocos días. Pero no todos los personajes pueden ser miembros de la brigada, alguno puede ser ese detective privado que ha dejado la policía pero aún les ayuda, como César Sabater.

Llegados a este punto, la analogía se dispara y empiezo a ver todo el organigrama de las Fuerzas de Seguridad: la gente de Homicidios, importantes y muy venerados por la opinión pública, como Pau Martínez o Rafa Montesinos. La policía Científica, con su tecnología y sus avances, tanto de campo con Miguel Llorens o Jose Sospedra, como en el laboratorio donde trabajan casi a oscuras Ivan Martínez-Rufat y Carles Candela.

Narcóticos y sus excentricidades, representados por Charly Ramón o Uxúa Castelló; y los pobres que siempre se llevan lo peor, la abnegada gente de Tráfico: Araceli Isaac y Jordi Llorca.

II

Homenajes y bromas aparte, creo que este pequeño retrato hecho de la profesión en Valencia podría ser extrapolable a cualquier gremio en cualquier ciudad de cualquier país occidental. Y es en este momento en que entiendes un poco mejor el funcionamiento interno de las llamadas “series profesionales”. Desde aquellos inmensos trabajos de Stephen Bochco en los 80 hasta ejemplos más recientes como “Mad Men” o “The Wire”, vemos como el entorno laboral se ha convertido en fuente de arquetipos que nos permiten identificarnos con rudos policías, sofisticados creativos publicitarios o abnegados cirujanos e implacables abogados.

Más allá de las series “facilonas”, que recaen en la repetición de tramas sea cual sea la profesión representada (¿Fue HomoZapping quien hizo el sketch de “Mecánicos”?), sí que es cierto que la buena ficción sobre profesiones parece estar aportando nuevos arquetipos al catálogo clásico. El entorno laboral es una gran fuente de conflicto (base para la creación de historias) en nuestra sociedad productivista, y en ausencia del conflicto aristocrático clásico (con sus guerras, asesinatos e intrigas palaciegas) nos permite un amplio campo en el que mostrar las luchas, victorias y derrotas del día a día de cualquier persona, incluido el espectador. Cuando alguien ve a un personaje rebajar su dignidad para medrar económicamente y “ayudar” a su empresa puede ver los pequeños sacrificios y renuncias que cada uno hace a diario, aunque lo que vea sea a Joan acostándose con el rijoso representante de Jaguar. Los tejemanejes internos para medrar en cualquier serie policiaca son fácilmente extrapolables a todos esos momentos en que uno debe decidir si hacer su trabajo simplemente o empezar a manejar recursos para que el resultado del mismo sea más visible y poder medrar en su propia profesión.

Y no sólo situaciones, ¿quien no tiene en su entorno laboral a un caradura mal trabajador pero encantador con quien no te puedes enfadar, como Arturo Valls en Cámera Café?

¿Quien no ha sufrido a un jefe duro y despótico que al final demuestra ser quien saca lo mejor de nuestro trabajo, como Don Draper y Peggy? ¿O quien no ha visto medrar a un vendido que ha perjudicado a gente a su alrededor por llegar más alto? Y tantos y tantos otros ejemplos que vemos capítulo a capítulo y que tantos ecos despiertan en la mente del espectador.

O quizá sean sólo reinterpretaciones de estos arquetipos clásicos, como el hierofante o el bufón actualizados a nuestro particular panteón arquetípico, y, como muchos sospechamos, llevamos cinco mil años contándonos las mismas anécdotas y los mismos chistes.

LO DICHO, LO NO DICHO, LO SOBREENTENDIDO Y LO SUBENTENDIDO

Por Gabi Ochoa

Creo que me comí las uñas, me tiré de la barba, me alegré, me emocioné y por supuesto me cabreé.

El otro día tuve el primer pase con amigos y conocidos de “El amor no es lo que era”. Pasé de la euforia a la depresión en cuestión de segundos. Pero nadie dijo que fuera fácil.

Eso me hizo plantearme cómo habíamos montado la película, qué habíamos dicho o dejado de decir, y muchos de ellos (de vosotros, gracias) me señalasteis caminos sobre cómo contar algunas lagunas de la película. Y eso me hizo reflexionar sobre lo que decimos o lo que obviamos.

Y es que una de las cosas de las que se cuida bien un guionista es cómo suministrar la información en el guión. Muchas veces nuestros guiones son una suma de información que va de un personaje a otro y de ahí al público, pero siempre he pensado que estos canales son estupendos para lanzar muchas y muy variadas ideas sobre cuestiones trascendentes o intrascendentes. Y más que lo que se dice, es más interesante aquello que se omite.

“Lo dicho” pues es casi el primer eslabón de la comunicación. Es importante aquello que decimos y cómo lo decimos. Hagan un ejercicio: oigan una radio-novela o una obra de teatro radiofónica. Se darán cuenta que gran parte de la información se da en la palabra, en el lenguaje. Los gestos, maneras o miradas no sirven de nada. Esto, lo dicho, es tan importante que es fundamental escuchar como se dice “culpable” o “fue él” (nunca veremos el dedo acusador). En la palabra se pone el acento. Y eso también llega a las pantallas (ya sean grandes o pequeños). Mucho se ha hablado de la sobreinformación de “lo dicho” en el cine (y la televisión), pero a veces hay que romper una lanza a favor de las palabras, de aquello que decimos para intencionar la acción. Aunque tal vez lo importante es no señalar con el verbo, sino dejar intuir con el lenguaje aquello que está pasando. Brillante son los diálogos llenos de información de Neil Simon, o de los Wilder y Diamond de la época.

Luego hay un territorio de lo “no dicho”, aquello que se omite, porque entendemos que el espectador atento va a saber llegar a ese sitio.

En este estupendo y extenso artículo sobre Pinter encontré una definición muy interesante sobre su teatro, teatro de lo “no dicho”. ¿Qué era aquello de “no dicho”? La omisión es una de las claves de su teatro, para hacer reflexionar al espectador hasta qué punto sabe o no sabe algo fundamental de la historia, y sobre todo, si puede adivinarlo.

Hace poco vi “Amour”, la película de Haneke que tanto ha dado que hablar. Hay una secuencia que me parece esclarecedora de aquello que no decimos pero múltiples interpretaciones (y todas interesantísimas). En ella (SPOILER), Jean-Louis Trintignant se encuentra una paloma dentro de la casa. La paloma ha entrado ya otras veces. Al final, va cerrando puertas hasta que se quedan él y ella. En una suerte casi ritual, la va siguiendo hasta que la atrapa. Quien haya visto la película la recordará y sabrá que ha de “no dicho” en ella.

A este territorio yo lo denomino las zonas oscuras: son aquellas partes de la historia donde omites deliberadamente información para que el espectador rellene esos huecos con lo que él cree que será.

Lo “no dicho” es un territorio explorado mucho más por las artes visuales, gráficas. La fotografía ha llegado a grandes cotas con pequeñas muestras.

"País" (1997)Poema visual de Joan Brossa

“País” (1997)
Poema visual de Joan Brossa

Parece que mientras que “lo dicho” se acoge al territorio del oído, lo “no dicho” se inyecta en la mirada.

Pero de estas dos maneras de narrar emergen dos malformaciones que pervierten las ideas que queremos mostrar: lo sobreentendido y lo “subentendido”.

Lo sobreentendido sería, creo yo, la enfermedad de la palabra. Decir mucho sin acabar de cerrar nada. Hablar por hablar. Dar algo con tanta claridad que termina por no interesarte. Un amigo me hablaba el otro día de una obra de teatro donde un suceso traumático de la misma ocurría tres veces en escena sin aportar y ni añadir nada más a la primera. Entonces, ¿por qué volvemos a plantearlo? La necesidad de contar, diría Handke. La falta de reescritura, añado yo.

Lo “subentendido”, ese palabro que me acabo de inventar, es el cáncer de la imagen. Omitir tanto que finalmente no se termina de entender qué quiere decir la imagen, o que se podría entender. El espectador se queda con la mosca detrás de la oreja porque no logra cerrar su círculo de entendimiento.

En lo “subentendido” puede ocurrir, sin querer, que el espectador de una interpretación diferente a la que se preveía. Creo que no es malo si de alguna manera gana significados, pero puede llegar a ser contraproducente si lo que expresa o la sensación que le da al espectador es la contraria a la deseada.

¿Qué pensáis que provoca este tráiler? Yo tengo dos opiniones y las dos están enfrentadas entre si.

Bueno, todas estas dudas y preguntas me surgieron montando y remontado la película. En el montaje hemos reescrito continuamente. Quiero agradecer a mi equipo de montaje (Vicente Ibáñez y Rafa Montesinos) y en general a todos y cada uno que habéis aportado un granito de arena con vuestros visionados, sugerencias, ideas, relatos, etc.

Os estaré eternamente agradecido.

OPERA PRIMA

 

Por Martín Román.

La ciudad de Valencia perdió el año pasado uno de sus festivales de cine. Dentro de dos meses se celebrará Cinema Jove que como cualquier actividad cultural cuyos ingresos dependen en parte del apoyo institucional imagino que vive momentos difíciles. Espero que podamos gozar de su programación durante muchos años, por bien del gremio y de la salud cultural de la ciudad. Una ciudad sin cultura se muere y si sólo invertimos la parte cultural en las fallas al final sólo nos quedarán cenizas.

Y como la situación está tan jodida -disculpen que sea tan comedido en el lenguaje- me alegra saber que a pesar de la crisis el festival opta por crear una nueva actividad dentro de su programación que lleva por nombre “Opera Prima”.

No hace mucho, el productor Cristian Guijarro nos echaba un puro vía Facebook a todos los que publicábamos elegías dedicadas al cine con cada noticia de recortes que suponía una nueva herida en el sector (parecían heridas de muerte, pero aquí seguimos aguantando). En resumen nos animaba a no regodearnos en el dolor, si cambia el modelo cambiemos también nosotros. Y “Opera Prima” está enfocada a buscar a jóvenes emprendedores (aunque carentes de experiencia previa), a quienes a pesar de la que está cayendo tienen el deseo de dedicarse a esto, un acto casi heroico.

“Opera Prima” pretende formar un equipo de rodaje: equipo de dirección, de producción, de cámara, sonido, vestuario… y reproducir durante la semana en que se desarrolla la actividad los pasos que se dan para la creación de un largometraje. Dos días de preproducción, dos de rodaje y dos de montaje. La última jornada se realizará un estreno en sala y on-line. Cada uno de los equipos contará con el asesoramiento de un profesional con el que trabajará codo con codo entre quienes se encuentran Rafa Montesinos (director), Carles Pastor (productor), Óscar Montesinos (director de fotografía), el sonido correrá a cargo de Godfader, Vicen Beti (maquillaje y FX)…

Pero para poder preparar el rodaje de un cortometraje primero hay que contar con un guión. Y aquí es donde entra la colaboración de quien les escribe. Como esta es una experiencia piloto y no había tiempo para crear un concurso de guiones, sabiendo los organizadores que me encuentro impartiendo un curso de escritura de cortometrajes en la Universidad de Valencia dentro del Aula Oberta d’Escriptura Creativa, me preguntaron si entre mi alumnado alguien se animaría a escribirlo. Eso sí, con ciertas limitaciones: máximo 3 minutos, entre 2 y 4 personajes, 2-3 interiores. Lancé la propuesta y algunos ya se han puesto a ello. De entre los guiones recibidos los organizadores de Opera Prima seleccionarán uno. Una vez elegido tendré el honor de analizar y tutorizar su re-escritura junto al/la autor/a o autores, además éstos tendrán la oportunidad de asistir a cada una de las actividades y observar cómo se enfrenta cada equipo a las ideas que plasmaron en papel y como un problema con sonido o fotografía, por ejemplo, puede hacer buscar nuevas soluciones que pueden enriquecer el relato. Esto último es muy recomendable para conocer mejor nuestro oficio, y no siempre contamos con esa oportunidad.

En breve tendrán operativa su página web y podréis encontrar toda la información en: http://operaprima.cinemajove.com/.