NAVIDADES DE CINE EN LA LIBRERÍA OCHO Y MEDIO (Y ALGUNAS REFLEXIONES)

Por Martín Román.

Nos acercamos al final del año, el año que viene parece ser que se acaba el mundo. La crisis que se han inventado los banqueros nos acecha, rumores catastrofistas como que se quiere suprimir el Ministerio de Cultura o que las televisiones quedarán exentas de invertir ese 5% de sus beneficios en el cine español tratan de intimidarnos. Pero los creadores, aunque todos en algún momento nos quejemos, no perdemos la ilusión de crear.

Mi visita a Madrid se está enfrentando a una serie de adversidades que poco a poco se convierten en oportunidades. Mi objetivo era mantener una entrevista con una productora y empezar a desarrollar una idea de Olaf González para convertirla en un documental y paralelamente, mientras nos documentásemos y realizásemos el documental, ir elaborando el guión de una comedia para un largometraje.

El primer objetivo lo cumplí. El segundo queda prorrogado al surgir un nuevo proyecto que nos ha ilusionado más. Pero este tema lo aparco unos párrafos.

La librería Ocho y medio de Madrid acoge estos días el evento Navidades de Cine organizado y coordinado por la actriz Natalia Mateo que ya colaboró en este blog. Cada día una o varias personas ligadas al cine de este país acuden a tomar un café o unas cañas a partir de las 19h con cualquiera que tenga curiosidad y le apetezca pasarse por allí. Yo he podido estar dos días y alargo mi estancia para acudir también mañana y poder escuchar a Santiago Segura, Nacho Vigalondo y Carolina Bang.

El primer encuentro fue con Icíar Bollaín. Dos intereses nos movían a Olaf y a mí, por un lado escuchar a alguien a quien admiras por su cine y por otro entregarle el documental 24 Mentiras en el que ella participa como entrevistada y el corto Primer domingo de mayo en el que se inspira el documental.

La mayor parte de los asistentes eran actores, luego algunos directores y había poca presencia de guionistas y completa ausencia de productores. A pesar de todo pudimos hablar de asuntos más allá de la dificultad de acceder a un casting. La última reflexión de Icíar versó sobre la crisis y fue optimista respecto a la creación de historias: “Nunca antes ha habido tantos medios al alcance de todos para grabar historias ni tantas vías para hacer que tu obra pudiese verse”. Otro tema sería rentabilizar la inversión (ya sea esta económica o en fuerza de trabajo que nuestro tiempo y dedicación bien se merecen unos euros).

En este encuentro conocí a María Ballesteros, una actriz menuda con unos ojos tan grandes sólo comparables a su energía y alegría. Ella y Olaf habían estado hablando de un proyecto documental que a grandes rasgos consistiría en el seguimiento de una compañía teatral y sus representaciones en cinco ciudades distintas a lo largo del mundo. Quedamos en reunirnos el sábado por la tarde para hablar del tema. Fue una de esas tardes que pasan volando, nos sentábamos a las 17h y nos despedíamos a las 23h pero para todos era como si sólo hubieran pasado 2 horas. La energía y la ilusión lo envolvían todo.

Ayer domingo acudían al encuentro Gracia Querejeta, Paco Plaza y Leticia Dolera. También acudieron muchos actores y actrices. Fueron menos directores y yo fui el guionista. Bueno, no el único. Paco Plaza aseguraba haberse convertido en guionista por necesidad, no le gustaban los guiones que le llegaban y empezó a escribir los suyos propios. Tanto Natalia Mateo como Leticia Dolera les sucedió lo mismo con sus facetas como guionistas y directoras. Al no llegarles proyectos interesantes empezaron a contar sus historias.

Volvió a surgir el tema de los directores de casting, que cansina la cantinela ¡y qué cara más dura tienen algunos directores de casting con sus cursos sacacuartos!

El encuentro de ayer fue un poco menos optimista. Surgió el tema de lo mal que está el cine ¡¿cómo no?! “El cine que se hacía antes ya no se puede hacer porque las coproducciones han decaído”, “las fuentes de financiación cada vez son menores”, “estamos a merced de los gustos de las televisiones” y casi obligados a mostras los pectorales y la tableta de chocolate del galán de turno”. Hoy también he sabido que hay quienes se las implantan… No comment.

El caso es que este discurso chocaba contra el que habíamos mantenido unos días antes. Y me he acordado de casos, excepcionales eso sí, como el de Santiago Segura cuando consiguió hacer Torrente, película que llevaba promocionando durante dos años sin haberse filmado, o la más reciente de El Cosmonauta financiada por crowdfounding. Y me he dado cuenta de que mientras Olaf, María y yo nos planteábamos la historia que queríamos contar paralelamente también íbamos pensando en fuentes de financiación, como abaratar costes, dónde encontrar los patrocinadores, cómo generar expectativas para el estreno como por ejemplo ir colgando clips que estarán o no en el montaje final de la película, etcétera.

Si los directores y las actrices se convierten en guionistas, todos nos convertimos convertimos a su vez en productores y publicistas. La especialización que se sugería hace unos años empieza a desaparecer y al final estamos volviendo a los orígenes del cine donde todos podían hacer de todo. Como ejemplo mi relación profesional con Olaf: ha montado un videoclip que yo dirigí, he sido su ayudante de dirección en su cortometraje, un personaje de su documental, seré su guionista en el proyecto que ha nacido estos días y quizá coguionistas si seguimos adelante con el proyecto de documental y largometraje por el que vine a pasar unos días a su casa.

La crisis del cine no viene dada únicamente por una crisis económica, simplemente asistimos a la desaparición de un modelo de producción y distribución. Estamos asustados porque nos enfrentamos a lo desconocido pero siempre habrá historias que contar. Tenemos que empezar a eliminar a los intermediarios, eliminar el divismo, involucrarnos en lo que hacemos y hacer realidad esa máxima que tanto se repite de que el cine es un trabajo de equipo.

GUIONISTASVLC’s GREATEST HITS: PORNO

 

 

 

Estos días nos hemos enterado del rodaje del teaser de “Lázaro Z”, próximo proyecto como guionista de Martín Román. Y es que uno de los post más visitados este curso pasado fue “Porno”, que volvemos a publicar.

Por Martín Román

Confieso que una vez escribí una película pornográfica. Sí, amig*s, esas películas a veces tienen un guión aunque vosotr*s os empeñéis en darle al fast forward cada vez que alguien se pone a hablar. La firmé con seudónimo, voy a mantener en el anonimato también su título y la de algunas personas implicadas, espero que a lo largo del artículo comprendáis porqué lo prefiero así.

Creo que todos los guionistas hemos soñado alguna vez con hacer una buena película porno (algunos como Winterbottom lo han intentado), es decir, que la gente quiera seguir la trama que hay entre polvo y polvo. Que haya sexo explícito pero también erotismo, personajes creíbles, actores y actrices atractivos pero con apariencia normal, fotografía, sonido y banda sonora cuidada… A mí se me presentó la oportunidad cuando empezaba a dar mis primeros pasos en esta profesión.

Hace unos siete años, un compañero de trabajo me contó que estaba montando una productora con un amigo realizador para hacer porno. Que le había hablado al realizador de mí. Me decía que no había dinero (frase recurrente en esta profesión) pero que si la vendían me pagarían. A modo de favor, acepté reunirme con el realizador.

El realizador era verborréico y avasallador en las formas, aparentaba tener las cosas muy claras: “El porno se ha convertido en un National Geographic con trozos de carne entrando y saliendo de otros trozos de carne con primerísimos planos de pollas destrozando culos ¡¿QUÉ ES ESO?! Ya no hay erotismo, no se cuida la fotografía ni la producción. Queremos hacer un porno sensual. Además, si sale bien y lo petamos habrá más pelis y te podrás dejar este programilla y dedicarte a escribir guiones de porno”. “Perdona”, le dije, “disfruto mucho haciendo este programa, esto es un favor que le hago a … y si va bien pues a lo mejor continúo escribiendo para vosotros, pero este programa no lo dejo”. Esa actitud de desprecio hacia el trabajo que me encontraba haciendo debió advertirme de lo que se me venía encima.

¿Cómo se escribe una película porno?

A partir de una estructura sexual, no dramática, “tenemos 3 chicos, 4 chicas y 5 polvos distribuidos durante la película”. El elenco de actores estaba formado por 3 chicas profesionales, una que todavía no había cumplido los 20 años y que iba a ser su primera película y tres chicos que también debutaban. Cada uno de ellos cobra por escena sexual y cambian las tarifas según el tipo de sexo:

    • Polvo 1: Chica 1 y Chico 1 mientras Chica 2 se masturba viéndolos.

    • Polvo 2: Chica 3 y Chico 2.

    • Polvo 3: Chica 1, Chico 1 y Chica 4.

    • Polvo 4: Chica 2, Chico 2 y Chico 3.

    • Polvo 5: Chica 1, Chica 2, Chico 2 y Chico 3.

En una película porno para público heterosexual tiene que haber alguna escena lésbica (polvo 3 y 5) y una escena de una chica con dos hombres (polvo 4).

Me puse manos a la obra. Querían erotismo y lo intenté. La protagonista de la historia era una chica que ha roto con su novio y que sólo es capaz de hacer el amor si está enamorada. Una amiga suya quiere incluirla en sus juegos sexuales y la invita a un fin de semana en una casa de campo. A ese fin de semana se suman el hermano de la protagonista y su novia. En la casa les esperan el jardinero y la ama de llaves. El jardinero es mudo y tiene un instinto animal. En definitiva, una historia de desinhibición sexual

Tras desarrollar el guión y tener el visto bueno por parte de mi amigo y el realizador, les pedí hacer el making of junto a mi amigo Olaf González.

La película de unos 80 minutos se iba a rodar en tres días en un chalet de un pueblo marítimo de la costa alicantina de cuyo nombre no quiero acordarme. Quedamos en la explanada de Nuevo Centro en Valencia para ir todos juntos.

Olaf y yo fuimos los segundos en llegar. Vi a una chica muy joven y modosita leyendo unos papeles. Discretamente me acerqué y vi que era el guión que había escrito. Me presenté. Era la actriz debutante. “Será la protagonista”, pensé, “buena elección para el papel”. Charlamos y poco a poco fue llegando el resto del equipo.

Llegaron los actores. Un taxista parco en palabras, un chico ¿¡gay!? y un tipo bastante parlanchín que alardeaba de haberse follado un melón en el plató de una televisión local. Los dos últimos estaban encantados de que “les pagasen por follar” y no paraban de comentarlo. El taxista, en cambio, sólo emitía monosílabos y se reía. Estaba destinado a ser el jardinero mudo.

Llegaron el resto de actrices. El aspecto de una de ellas me llamó la atención, estaba extremadamente siliconada en labios y pechos ¡¿dónde estaba el erotismo?! Me la presentaron, “es la protagonista”. ¿Quién se iba a creer que esta mujer sólo follaba por amor? Todo empezaba a parecerme un despropósito.

Llegamos tarde a la localización. Los eléctricos empezaron a hacer su trabajo y montar el set mientras se hacía la lectura técnica del guión. Olaf y yo íbamos grabando recursos del ambiente. Charlando con las actrices, los actores, planteando las preguntas para las entrevistas…

Llegó el momento de rodar la primera escena: el Polvo 3. La actriz debutante se convertía en el ama de llaves, la otra actriz sí era profesional y el actor era el chico gay.

“¡Acción!”.

Yo tenía curiosidad por ver cómo era un rodaje de una peli porno y debo decir que fue muy incómodo. En el salón seríamos unas 20 personas observando a otras tres montándoselo, o no: a la actriz profesional le daba igual el guión, iba al tema, y la debutante no vocalizaba pero nadie cortaba, sólo se cortaba nuestra respiración. Veía cómo el realizador daba indicaciones a los técnicos pero le daba igual todo lo demás. A la chica debutante le daba bastante asco que la otra actriz la tocara así que la ignoraba y se dedicaba al chico pero, por mucho que lo intentó… “¡Corten!”.

Primera escena y primer gatillazo.

“¡Todos fuera!”, gritó el director, reacción lógica. Pero los gritos continuaron.

A la media hora salían todos del salón. Se posponía la escena al día siguiente. El actor no se empalmaba… (¿un gay entre dos chicas y recibiendo gritos? No me extraña.)

Llegó la hora de cenar. Mi amigo … que se ocupaba de la producción se dirigió al director para tratar de cuadrar el planning del día siguiente pues al posponer la escena había que reorganizarlo todo. Los gritos del director diciéndole que había acabado su jornada y no lo molestase más me dejaron a cuadros. Si eres director tu jornada no acaba, ¡pero es que además también era productor!

Al día siguiente se sucedían los gritos y los gatillazos mientras Olaf y yo continuábamos con nuestras entrevistas. Para nuestra sorpresa, las actrices nos contaron que los gritos eran una constante en la profesión, lo que no era tan habitual era tener un guión y estaban encantadas con ello ya que algunas querían dar el salto al “cine convencional”. Esta etiqueta no la había escuchado nunca antes pero parece ser bastante común entre l*s trabjador*s del porno para referirse a cualquier peli no pornográfica.

El único actor que dio la talla fue el taxista. Se le comparaba en el set con el mítico Ron Jeremy, siempre firme y dispuesto aunque acabara de finalizar una escena. Los gatillazos obligaban a cambiar el guión, ya sólo se confiaba en el taxista. Pero para reescribir ya era tarde pues Olaf y yo ya habíamos grabado las entrevistas y, hartos de tanto grito, habíamos decidido volvernos a Valencia por nuestra cuenta.

Al cabo de unos meses la película cayó en mis manos. Debo decir que es la peor película porno que he visto nunca entera (remarco esto último porque pocas son las que he visto enteras): Ausencia total de erotismo, errores de raccord no sólo al cambiar de plano sino de una escena a otra con cambios de noche y día, planos de penes completamente flácidos a mitad polvo, posturas repetidas desde otro ángulo para alargar el metraje, saltos de sonido entre planos…

Pero no todo fue malo. Olaf y yo conseguimos un making of bastante divertido, nuestra curiosidad se se vio satisfecha al estar en el rodaje de una película porno, supe que era un campo al que no quería dedicarme y confirmé que gritar no otorga ni experiencia ni razón a los directores.

Moraleja: desconfiad de alguien que quiera hacer erotismo en el porno, pues el porno porno es. Y vosotras, estad atentas la próxima vez que cojáis un taxi en Valencia.

Ya que el tema era picantón, aquí van algunas recomendaciones de películas eróticas con sexo explícito:

Ken Park, de Larry Clark.

Intimidad, de Patrice Chéreau.

El imperio de los sentidos, Nagisa Ôshima.

Soñadores y El último tango en París, de Bernardo Bertolucci.

Deseo, peligro, de Ang Lee.

La pasión de China Blue, de Ken Russell.

PORNO

Por Martín Román.

Confieso que una vez escribí una película pornográfica. Sí, amig*s, esas películas a veces tienen un guión aunque vosotr*s os empeñéis en darle al fast forward cada vez que alguien se pone a hablar. La firmé con seudónimo, voy a mantener en el anonimato también su título y la de algunas personas implicadas, espero que a lo largo del artículo comprendáis porqué lo prefiero así.

Creo que todos los guionistas hemos soñado alguna vez con hacer una buena película porno (algunos como Winterbottom lo han intentado), es decir, que la gente quiera seguir la trama que hay entre polvo y polvo. Que haya sexo explícito pero también erotismo, personajes creíbles, actores y actrices atractivos pero con apariencia normal, fotografía, sonido y banda sonora cuidada… A mí se me presentó la oportunidad cuando empezaba a dar mis primeros pasos en esta profesión.

Hace unos siete años, un compañero de trabajo me contó que estaba montando una productora con un amigo realizador para hacer porno. Que le había hablado al realizador de mí. Me decía que no había dinero (frase recurrente en esta profesión) pero que si la vendían me pagarían. A modo de favor, acepté reunirme con el realizador.

El realizador era verborréico y avasallador en las formas, aparentaba tener las cosas muy claras: “El porno se ha convertido en un National Geographic con trozos de carne entrando y saliendo de otros trozos de carne con primerísimos planos de pollas destrozando culos ¡¿QUÉ ES ESO?! Ya no hay erotismo, no se cuida la fotografía ni la producción. Queremos hacer un porno sensual. Además, si sale bien y lo petamos habrá más pelis y te podrás dejar este programilla y dedicarte a escribir guiones de porno”. “Perdona”, le dije, “disfruto mucho haciendo este programa, esto es un favor que le hago a … y si va bien pues a lo mejor continúo escribiendo para vosotros, pero este programa no lo dejo”. Esa actitud de desprecio hacia el trabajo que me encontraba haciendo debió advertirme de lo que se me venía encima.


 

¿Cómo se escribe una película porno?

A partir de una estructura sexual, no dramática, “tenemos 3 chicos, 4 chicas y 5 polvos distribuidos durante la película”. El elenco de actores estaba formado por 3 chicas profesionales, una que todavía no había cumplido los 20 años y que iba a ser su primera película y tres chicos que también debutaban. Cada uno de ellos cobra por escena sexual y cambian las tarifas según el tipo de sexo:

    • Polvo 1: Chica 1 y Chico 1 mientras Chica 2 se masturba viéndolos.

    • Polvo 2: Chica 3 y Chico 2.

    • Polvo 3: Chica 1, Chico 1 y Chica 4.

    • Polvo 4: Chica 2, Chico 2 y Chico 3.

    • Polvo 5: Chica 1, Chica 2, Chico 2 y Chico 3.

En una película porno para público heterosexual tiene que haber alguna escena lésbica (polvo 3 y 5) y una escena de una chica con dos hombres (polvo 4).

Me puse manos a la obra. Querían erotismo y lo intenté. La protagonista de la historia era una chica que ha roto con su novio y que sólo es capaz de hacer el amor si está enamorada. Una amiga suya quiere incluirla en sus juegos sexuales y la invita a un fin de semana en una casa de campo. A ese fin de semana se suman el hermano de la protagonista y su novia. En la casa les esperan el jardinero y la ama de llaves. El jardinero es mudo y tiene un instinto animal. En definitiva, una historia de desinhibición sexual

Tras desarrollar el guión y tener el visto bueno por parte de mi amigo y el realizador, les pedí hacer el making of junto a mi amigo Olaf González.

La película de unos 80 minutos se iba a rodar en tres días en un chalet de un pueblo marítimo de la costa alicantina de cuyo nombre no quiero acordarme. Quedamos en la explanada de Nuevo Centro en Valencia para ir todos juntos.

Olaf y yo fuimos los segundos en llegar. Vi a una chica muy joven y modosita leyendo unos papeles. Discretamente me acerqué y vi que era el guión que había escrito. Me presenté. Era la actriz debutante. “Será la protagonista”, pensé, “buena elección para el papel”. Charlamos y poco a poco fue llegando el resto del equipo.

Llegaron los actores. Un taxista parco en palabras, un chico ¿¡gay!? y un tipo bastante parlanchín que alardeaba de haberse follado un melón en el plató de una televisión local. Los dos últimos estaban encantados de que “les pagasen por follar” y no paraban de comentarlo. El taxista, en cambio, sólo emitía monosílabos y se reía. Estaba destinado a ser el jardinero mudo.

Llegaron el resto de actrices. El aspecto de una de ellas me llamó la atención, estaba extremadamente siliconada en labios y pechos ¡¿dónde estaba el erotismo?! Me la presentaron, “es la protagonista”. ¿Quién se iba a creer que esta mujer sólo follaba por amor? Todo empezaba a parecerme un despropósito.

Llegamos tarde a la localización. Los eléctricos empezaron a hacer su trabajo y montar el set mientras se hacía la lectura técnica del guión. Olaf y yo íbamos grabando recursos del ambiente. Charlando con las actrices, los actores, planteando las preguntas para las entrevistas…

Llegó el momento de rodar la primera escena: el Polvo 3. La actriz debutante se convertía en el ama de llaves, la otra actriz sí era profesional y el actor era el chico gay.

¡Acción!”.

Yo tenía curiosidad por ver cómo era un rodaje de una peli porno y debo decir que fue muy incómodo. En el salón seríamos unas 20 personas observando a otras tres montándoselo, o no: a la actriz profesional le daba igual el guión, iba al tema, y la debutante no vocalizaba pero nadie cortaba, sólo se cortaba nuestra respiración. Veía cómo el realizador daba indicaciones a los técnicos pero le daba igual todo lo demás. A la chica debutante le daba bastante asco que la otra actriz la tocara así que la ignoraba y se dedicaba al chico pero, por mucho que lo intentó… “¡Corten!”.

Primera escena y primer gatillazo.

¡Todos fuera!”, gritó el director, reacción lógica. Pero los gritos continuaron.

A la media hora salían todos del salón. Se posponía la escena al día siguiente. El actor no se empalmaba… (¿un gay entre dos chicas y recibiendo gritos? No me extraña.)

Llegó la hora de cenar. Mi amigo … que se ocupaba de la producción se dirigió al director para tratar de cuadrar el planning del día siguiente pues al posponer la escena había que reorganizarlo todo. Los gritos del director diciéndole que había acabado su jornada y no lo molestase más me dejaron a cuadros. Si eres director tu jornada no acaba, ¡pero es que además también era productor!

Al día siguiente se sucedían los gritos y los gatillazos mientras Olaf y yo continuábamos con nuestras entrevistas. Para nuestra sorpresa, las actrices nos contaron que los gritos eran una constante en la profesión, lo que no era tan habitual era tener un guión y estaban encantadas con ello ya que algunas querían dar el salto al “cine convencional”. Esta etiqueta no la había escuchado nunca antes pero parece ser bastante común entre l*s trabjador*s del porno para referirse a cualquier peli no pornográfica.

El único actor que dio la talla fue el taxista. Se le comparaba en el set con el mítico Ron Jeremy, siempre firme y dispuesto aunque acabara de finalizar una escena. Los gatillazos obligaban a cambiar el guión, ya sólo se confiaba en el taxista. Pero para reescribir ya era tarde pues Olaf y yo ya habíamos grabado las entrevistas y, hartos de tanto grito, habíamos decidido volvernos a Valencia por nuestra cuenta.

Al cabo de unos meses la película cayó en mis manos. Debo decir que es la peor película porno que he visto nunca entera (remarco esto último porque pocas son las que he visto enteras): Ausencia total de erotismo, errores de raccord no sólo al cambiar de plano sino de una escena a otra con cambios de noche y día, planos de penes completamente flácidos a mitad polvo, posturas repetidas desde otro ángulo para alargar el metraje, saltos de sonido entre planos…

Pero no todo fue malo. Olaf y yo conseguimos un making of bastante divertido, nuestra curiosidad se se vio satisfecha al estar en el rodaje de una película porno, supe que era un campo al que no quería dedicarme y confirmé que gritar no otorga ni experiencia ni razón a los directores.

Moraleja: desconfiad de alguien que quiera hacer erotismo en el porno, pues el porno porno es. Y vosotras, estad atentas la próxima vez que cojáis un taxi en Valencia.

Ya que el tema era picantón, aquí van algunas recomendaciones de películas eróticas con sexo explícito:

Ken Park, de Larry Clark.

Intimidad, de Patrice Chéreau.

El imperio de los sentidos, Nagisa Ôshima.

Soñadores y El último tango en París, de Bernardo Bertolucci.

Deseo, peligro, de Ang Lee.

La pasión de China Blue, de Ken Russell.