CANCIÓN TRISTE DE HILL EDAV ó LA SERIE DE LOS GUIONISTAS

La firma invitada de hoy es Nacho Sánchez. Nacho ha trabajado en infinidad de equipos de producción como jefe y director de producción. Entre sus trabajos destacan “Faltas leves”, “Alan muere al final de la película” y “Orson West”.

I

El otro día, pensaba en el gran Paco López Barrio y su afición al montañismo. La verdad es que acostumbrado a la imagen del deportista fibroso y un poco chulo (sí, tengo prejuicios con la gente que está en forma), Paco no parecía representar el estereotipo. Su imagen sosegada, un poco de profesor de literatura clásica, no invitaba a imaginar un hobby así. Pensando en ello, me di cuenta que daría para un gran personaje: un comisario de policía en la brigada de delitos monetarios con actitud tranquila y aspecto de profesor. Ya la habíamos liado, porque estas cosas sabes como empiezan pero nunca como acaban, los Gedankenexperiments se te van de las manos en cuanto te descuidas.

Porque un personaje así está en una serie, y era fácil construir el escenario a su alrededor. Dejaremos de lado al posible némesis de nuestro personaje (¿Un malvado defraudador de dinero público aficionado a los relojes y con apoyo político?), esa brigada y la gente a su alrededor iban apareciendo casi solos: el joven que llega con mucho ímpetu, ideas y diferentes formas de ver el trabajo: Rafa Ferrero. Ese trabajador incansable y honesto, Gabi Ochoa, que se atreve con casos grandes y pequeños, e incluso está empezando a colaborar con Homicidios (que tienen más presencia en los medios y más glamour). Todo el trabajo de la brigada siempre se debe presentar ante el fiscal para saber si hay caso, y ahí estaría Juanjo Moscardó, asegurándose que la investigación tiene base y avanza bien. El pobre Martín Román es el eterno undercover, siempre metido en líos y lejos de los suyos. Y cuidado con el departamento de Delitos Informáticos, capitaneado por Toni García.

Por supuesto, no pueden faltar las chicas en la brigada, Joana Ortueta y Ada Hernández, que empezaron en Tráfico pero ahora están en esta brigada. Especializadas en lo más duro, son capaces de llevar adelante cualquier trabajo: igual te saca una confesión que te baten las calles buscando a un sospechoso en pocos días. Pero no todos los personajes pueden ser miembros de la brigada, alguno puede ser ese detective privado que ha dejado la policía pero aún les ayuda, como César Sabater.

Llegados a este punto, la analogía se dispara y empiezo a ver todo el organigrama de las Fuerzas de Seguridad: la gente de Homicidios, importantes y muy venerados por la opinión pública, como Pau Martínez o Rafa Montesinos. La policía Científica, con su tecnología y sus avances, tanto de campo con Miguel Llorens o Jose Sospedra, como en el laboratorio donde trabajan casi a oscuras Ivan Martínez-Rufat y Carles Candela.

Narcóticos y sus excentricidades, representados por Charly Ramón o Uxúa Castelló; y los pobres que siempre se llevan lo peor, la abnegada gente de Tráfico: Araceli Isaac y Jordi Llorca.

II

Homenajes y bromas aparte, creo que este pequeño retrato hecho de la profesión en Valencia podría ser extrapolable a cualquier gremio en cualquier ciudad de cualquier país occidental. Y es en este momento en que entiendes un poco mejor el funcionamiento interno de las llamadas “series profesionales”. Desde aquellos inmensos trabajos de Stephen Bochco en los 80 hasta ejemplos más recientes como “Mad Men” o “The Wire”, vemos como el entorno laboral se ha convertido en fuente de arquetipos que nos permiten identificarnos con rudos policías, sofisticados creativos publicitarios o abnegados cirujanos e implacables abogados.

Más allá de las series “facilonas”, que recaen en la repetición de tramas sea cual sea la profesión representada (¿Fue HomoZapping quien hizo el sketch de “Mecánicos”?), sí que es cierto que la buena ficción sobre profesiones parece estar aportando nuevos arquetipos al catálogo clásico. El entorno laboral es una gran fuente de conflicto (base para la creación de historias) en nuestra sociedad productivista, y en ausencia del conflicto aristocrático clásico (con sus guerras, asesinatos e intrigas palaciegas) nos permite un amplio campo en el que mostrar las luchas, victorias y derrotas del día a día de cualquier persona, incluido el espectador. Cuando alguien ve a un personaje rebajar su dignidad para medrar económicamente y “ayudar” a su empresa puede ver los pequeños sacrificios y renuncias que cada uno hace a diario, aunque lo que vea sea a Joan acostándose con el rijoso representante de Jaguar. Los tejemanejes internos para medrar en cualquier serie policiaca son fácilmente extrapolables a todos esos momentos en que uno debe decidir si hacer su trabajo simplemente o empezar a manejar recursos para que el resultado del mismo sea más visible y poder medrar en su propia profesión.

Y no sólo situaciones, ¿quien no tiene en su entorno laboral a un caradura mal trabajador pero encantador con quien no te puedes enfadar, como Arturo Valls en Cámera Café?

¿Quien no ha sufrido a un jefe duro y despótico que al final demuestra ser quien saca lo mejor de nuestro trabajo, como Don Draper y Peggy? ¿O quien no ha visto medrar a un vendido que ha perjudicado a gente a su alrededor por llegar más alto? Y tantos y tantos otros ejemplos que vemos capítulo a capítulo y que tantos ecos despiertan en la mente del espectador.

O quizá sean sólo reinterpretaciones de estos arquetipos clásicos, como el hierofante o el bufón actualizados a nuestro particular panteón arquetípico, y, como muchos sospechamos, llevamos cinco mil años contándonos las mismas anécdotas y los mismos chistes.

EN PRIMERA PERSONA

yo_graphic2

Por Martín Román.

Cuando se estrenó La Bicicleta más de una persona me preguntó, ¿quién eres tú en la película? Muchos pensaban que Santi (Javier Pereira), supongo que por el look y lo soñador utópico. En realidad yo me identificaba más con Julia (Barbara Lennie) o Aurora (Pilar Bardem) aunque en aquella época envidiaba el aplomo de Luis (Alberto Ferreiro)… En resumen, que todos los personajes tenían algo de mí, para lo bueno y para lo malo.

* * *

En septiembre de 2012 empecé a estudiar actuación en la escuela Casazul de México DF con el maestro Ortos Soyuz. Mi objetivo en este curso era conocer las herramientas del actor para mejorar mi dirección y por otro lado tener una visión nueva del análisis del texto dramático, cómo lo estudian los actores para conocer su personaje. Confiaba en que esta nueva forma de acercarme al guión me ayudara a mejorar el mundo interior de los personajes que creara en un futuro.

Hace dos fines de semana tomé un taller llamado “El actor ante la cámara” destinado a actores y directores. Lo impartió Luis Mandoki que en su carrera ha tenido la oportunidad de dirigir a actores y actrices de la talla de Paul Newman y Liv Ullman. Cuando me apunté al taller no tenía claro si lo iba a tomar como actor o director, tras la charla introductoria podía tomar la decisión, no había prisa. Esta experiencia se merece un artículo aparte, sólo diré que decidí tomarlo como actor y creo que fue la decisión acertada.

En las dos últimas semanas he escuchado a ambos maestros hablar de la biografía del personaje. Mandoki comentó que lo mínimo eran cinco cuartillas pero lo deseable es que fueran más de diez. Ortos contó que el maestro Eduardo Arroyuelo recomienda cien, en mi opinión, en este caso el actor escribirá –permitidme el símil grosero- mucha mierda que servirá de abono para que crezcan los detalles verdaderamente importantes. El propósito de hacer la biografía es conocer tan bien a tu personaje que siempre sepas responder como él lo haría ante cualquier pregunta del director o cualquier estímulo que recibas, eso te puede permitir improvisar si algo inesperado sucede en la escena.

El 9 y 10 de marzo voy a debutar como actor en un cortometraje que dirige Carla Larrea Sánchez. Tras el primer ensayo me puso como tarea escribir “Cómo es la mujer ideal emocional y físicamente de Gabriel”, así se llama el personaje que interpretaré. Empecé a escribir en una libreta: “A Gabriel le gustan…” y llené como dos páginas de cómo es la mujer ideal para él. Empezaba a conocerlo un poco.

Al día siguiente me animé a escribir su biografía: “Gabriel es el segundo de tres hermanos varones…” Me desconcerté, algo estaba mal. Arranqué la hoja, la arrugué y la tiré. Esa no era la forma, sentí que debía hacerlo así: “Soy el segundo de tres hermanos varones. Nací el uno de enero de 1980…” De repente las palabras empezaron a brotar, construyendo imágenes, momentos de la infancia de Gabriel, su preadolescencia… Tomaba cosas mías, anécdotas de amigos, de amigas, fantaseaba con sucesos que me hubiera gustado vivir, estaba conociendo a Gabriel. Y en un momento dado me emocioné, se me empañaron los ojos. No porque hubiera escrito unas letras maravillosas, sino porque contaba una anécdota con la que podía conectar y no era algo de mi pasado, era algo real que le había pasado a Gabriel. La imagen es lo suficientemente potente para que me sirva a la hora de trabajar en la escena.

* * *

Retomo con el principio del artículo y con el mundo del guión que al fin y al cabo es el tema de este blog. Cuando escribí las biografías de los personajes de La Bicicleta o de otros guiones se hayan llevado a cabo o no, siempre lo hice en tercera persona. Pero como apuntaba más arriba, y si eres guionista lo sabes, todos los personajes que creamos forman parte de nosotros, de nuestras luces y nuestras sombras, ya trates de escribir inspirado por Haneke o por Mariano Ozores.

Estos días he llegado a la conclusión siguiente: las próximas biografías de personajes que escriba como guionista van a ser abordadas en primera persona, creo que será la forma de conocer mejor al personaje. Cuando hablas en tercera persona te distancias y si el personaje te cae antipático te va a resultar fácil criticarlo y sacarle defectos. Así, “el malo” será malísimo y “el bueno” probablemente un pamplinas. En cambio, cuando abordas su creación en primera persona te sientes impelido a encontrar tus justificaciones para comprenderte, implicarte y escuchar lo que sucede a tu alrededor.

CARTA DESDE EL EXILIO A UN PRODUCTOR ESPAÑOL

El Art1

Por Martín Román

Estimado/a productor/a español/a,

Nos conocemos o no. Desde hace unos meses encontrarnos en su despacho, en una cafetería o en un estreno se ha vuelto muy difícil (aunque nunca fue fácil encontrarlo a pesar de sus reiteradas quejas de que faltan buenos guiones en nuestra industria); aproximadamente 10.000 km me separan de usted. A finales de junio de 2012 emigré a México, a principios de julio empezaba a considerar, viendo las medidas del (des)Gobierno de España, que más que emigrante era un exiliado cultural. Usted no tiene la culpa de que los cortos de miras que dirigen ese país, esos patriotas amantes del cine de Hollywood (amantes sumisos), no quiera que haya una industria cultural ni audiovisual capaz de promocionar su amada España en festivales, salas de cine y cadenas de televisión en el extranjero para atraer el turismo y alguna que otra inversión.

Sé que como yo y otros compañeros de profesión (no me olvido de otros sectores como la sanidad o la construcción, pero este es un blog de guión) usted está pasando un mal momento. Si es de aquellos que cuando vendía una nueva temporada de una serie invirtió en comprarse un chalet para especular en el mercado inmobiliario tal vez se encuentre hoy tratando de venderlo sin suerte. Ese quebradero de cabeza podría haberlo evitado invirtiendo en proyectos creativos. No es un gasto superfluo, es inversión, y no es una burbuja como la inmobiliaria. Quizá sea de los que piense que como somos artistas no valoramos el dinero y nos sobra y basta con vivir de la ilusión, o cree que nuestra profesión es tan romántica que necesitamos pasarlas canutas para poder experimentar el dolor y escribir una buena obra.

Me podrá decir lo mismo que nuestro gobierno: que en tiempos duros todos debemos arrimar el hombro y que conforme están las cosas mejor que escriba un guión y luego con sus contactos usted se ocupará de moverlo. Podrá decirlo ahora. Pero lo decía usted también en aquellos años de bonanza económica, de burbuja inmobiliaria, y de burbuja audiovisual inmovilista. La culpa no fue sólo de usted, también fue mía y de algunos compañeros que aceptamos sus condiciones. En mi caso, una suma de juventud, ilusión y estupidez –principalmente esta última, no voy a negarlo-. Si recibió un guión mío sin pagarme un adelanto probablemente se lo entregué en un periodo que usted consideró largo para las páginas que recibió. Con toda seguridad pensó: “estos guionistas son unos vagos”.

Como le dije más arriba, ya no vivo en España. Me vine a vivir a México, un país que, según sus propios habitantes, siempre está en crisis. A los dos días de aterrizar conocí por casualidad a una productora. Unas semanas después conocía a sus socios, querían encargarme un guión. Negociamos. Me pagaron un adelanto. Una primera versión dialogada estuvo lista en sólo 4 meses. “Ojalá todos los guionistas escribieran así de rápido”, debe estar pensando si ha leído hasta aquí. O quizá piense “esto tiene truco”. Sí, lo tiene pero está a la vista, se ha saltado usted la frase “Me pagaron un adelanto”, entiendo que esa última palabra de cuatro sílabas y ocho letras siempre le ha resultado difícil de descifrar. He podido dedicarme a escribir ese guión sin estar pensando al mismo tiempo como reunir el dinero para pagar mis facturas. También me he encontrado con otros productores que actuaban como usted, no todo el monte es orégano, recordemos que México vivió muchos años bajo dominio español y obviamente algo queda.

Creo que sí, es usted en gran parte responsable de la precariedad en que se encuentra el sector del cine y la televisión. Si usted hubiera invertido en su día, aquellos años de bonanza en que colocaba con facilidad una serie en una televisión o conseguía contratos para tvmovies o películas, en su equipo humano probablemente la situación de los profesionales del sector (y la suya) sería otra.

PD: Por supuesto no todos los productores españoles son así, pero como dicen por aquí esta carta va dirigida “a quien le quede el saco”.

PD2: Después de escribir este artículo leo que los productores franceses acaban de firmar con los guionistas un acuerdo de buenas prácticas contractuales. Tanto su gremio como el mío hemos mirado siempre a esa industria como ejemplo a seguir. Le insto a que se reunan sus representantes con los míos y siga la senda marcada por sus vecinos homólogos del norte. Sabe que por nuestra parte encontrará la disposición necesaria para reunirnos.

Saludos y un camino plagado de éxitos (siempre y cuando se decida a contar con nosotros).

exilio

178 DÍAS EN DF, BALANCE

621912_10150974276823435_1441179678_o

Foto: Jorge Guadarrama en http://www.facebook.com/yotmbamodf

Por Martín Román.

Faltan dos días para que se cumplan 180 de mi llegada a México. La burocracia obliga a salir del país, si entras como turista ese es tu límite de estancia y cuando llegas lo has de hacer con un billete de regreso, así que el próximo miércoles viajo a España a pasar las fiestas navideñas entre familia y amigos. Mi vuelta coincide con el fin de año, momento para echar la vista atrás y hacer balance.

Durante estos seis meses he recibido muchos e-mails de colegas que se plantean México como posible destino. Soy el encargado de responder ahora las mismas preguntas que le planteaba yo a El Inquilino Guionista en su día (cuando se publiquen estas líneas estarás viajando tú, ¡suerte, cuate!).

Esta es mi historia: existe el mito de que en México es muy fácil encontrar trabajo. A las dos semanas de estar aquí publiqué un post hablando de mis primeras impresiones y comentaba que una productora me había contactado al ver mi showreel y que me consideraba para algunos proyectos. Bien, aquello se concretó, me encargaron el guión de largometraje de comedia romántica. Hace una semana entregué la primera versión de guión dialogado. Hoy me reúno con los productores y el director de la cinta para escuchar sus impresiones. Y la respuesta a la gran pregunta: sí, me han pagado por escribirlo.

-¿Significa esto que hay trabajo debajo de las piedras?

-No.

Me considero muy afortunado, como Chico Santamano. Vine buscando la suerte y la encontré, de momento (en Madrid y Londres la suerte laboral me esquivó). He de decir que también he tenido muchas reuniones de trabajo, algunas de ellas prometían grandes oportunidades que resultaron humo. También me han ofrecido trabajar a la valenciana: “Tú lo escribes y cuando lo vendamos te pagamos”. Hay que ser insistente, pero es más fácil acceder a productores importantes que en España, supongo que aquí buscan talentos y allí se dedican a buscar subvenciones (¿esto que he dicho es un prejuicio?).

Pero mi primera colaboración en el cine mexicano no fue como guionista. El Inquilino Guionista y Talía Juana confiaron en mí para ser su Asistente de Dirección en El manual vaquero, cortometraje que esperamos se estrene en febrero de 2013.

Crew de El Manual Vaquero.

Crew de El Manual Vaquero.

Y si no sale trabajo de lo tuyo… Es una ciudad y un país con muchas oportunidades si estás dispuesto a reconvertirte. Un amigo vino queriendo abrir aquí una sede de su empresa de publicidad y dos meses después está planteándose alquilar una posada en un pequeño paraíso en la costa del Pacífico y cambiar de vida radicalmente. Yo prefiero que opte por lo segundo y tener un lugar donde retirarme a escribir de vez en cuando.

Respecto a reconvertirse, como sabéis, aquí también he cursado un taller de iniciación actoral. He aprendido mucho de mis compañeros y del maestro Ortos Soyuz. Mi respeto por estos profesionales ha aumentado exponencialmente. Trabajan con material inflamable. Recuerdo una clase en la que habíamos hecho un autorretrato. Empezaron a pasar mis compañeros y al escuchar sus trabajos pensé: “Vaya mamada he preparado yo”. La chica que representó antes que yo contó cosas personales muy fuertes. Tanto que a mí me costó arrancar mi relato tras ella. Y de repente, a mitad de mi narración, cuando iba a contar cosas positivas sobre mí arranqué a llorar. Estuve a punto de salir corriendo del aula. Algo dentro de mí se había abierto camino inesperadamente, creo que la nostalgia del emigrado, el amor que recibo en la distancia de familia y amigos, explotó. Estuve llorando hasta el final de la clase con el resto de las historias de mis compañeros.

Tomar la decisión de estudiar actuación me ha traído más alegrías, también de la mano de El Inquilino. Carla Larrea Sánchez, estudiante del Centro de Capacitación Cinematográfica le escribió diciéndole que buscaba a un actor español. Él la puso en contacto conmigo, tuvimos una entrevista y decidió que yo sería Gabriel en su primer cortometraje rodado en B/N y 16mm. Mis compañeros en esta aventura serán Fernando Cervantes, Yollotl Manzur y Carol Félix.

Yollotl Manzur, Fernando Cervantes y Carolina Félix

Yollotl Manzur, Fernando Cervantes y Carol Félix

Cumpliré así mi objetivo de meterme completamente en la piel del actor, siendo dirigido en una historia en la que no tenga nada que ver como creador a priori. Con un plus, Carla también es actriz. Su metodología en los ensayos estará enfocada a cómo le gusta que la dirijan a ella. Hasta ahora los personajes que he creado los creaba desde cero, aquí he de enfrentarme a construir un personaje a partir de uno ya existente. Estoy muy emocionado con esta nueva aventura y con todo lo que voy a aprender.

El mundo de la actuación no ha estado exento de alguna decepción. Con compañeros de clase empezamos un proyecto de teatro musical callejero. Algunos de los actores implicados lo han dado todo, pero otros faltaban a los ensayos sin avisar. Íbamos a representar antes de fin de año pero estos inconvenientes minaron nuestras fuerzas y hemos pospuesto a finales de enero. Se supone que ésta (como cualquier oficio artístico) es una vocación que tira de ti, pero parece que no a todo el mundo le pasa.

También he tenido contacto con el mundo docente. Junto a Sergio Umansky, director de la comedia romántica que he escrito, impartí una charla en la Universidad Intercontinental de DF. Durante hora y media platicamos con los alumnos en un aula que superó su aforo acerca de cómo abordar un guión, como trabajar con un director, la presencia del guionista en el rodaje… Espero el año entrante dar alguna charla más y pequeños seminarios de guión en alguna de las múltiples escuelas de cine y teatro que hay por la ciudad.

Con Sergio Umansky.

Con Sergio Umansky.

¿Se vive bien en DF, es peligrosa, te tratan bien los mexicanos? DF es una ciudad que trata muy bien a los extranjeros. Los alquileres están algo más baratos que en Valencia. Mucho más que en Madrid. Mi última habitación en aquella capital estaba en el Barrio de las Letras, era amplia pero no tenía ventana. Pagaba 300 euros. Aquí con 300 euros puedes encontrar pisos con techos altos y 2 habitaciones. DF es la ciudad más segura de México, tomando ciertas precauciones no tiene porqué pasarte nada. Eso sí, vas a oír de asaltos, secuestros exprés… Y un día te despertaras por la noche porque tiembla toda la casa. Sí, los terremotos son habituales.

A nivel cultural hay una oferta espectacular. No se puede dar abasto. Teatro, cine, danza… A principios de noviembre coincidían el DocsDF (festival dirigido por Pau Montagut, valenciano del Cabanyal) y la 54 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional, películas a precios muy populares.

Espero que este breve balance de mi estadía en México capital os pueda servir para haceros una idea de cómo es la vida en esta megalópolis, de las dificultades y oportunidades que ofrece.

Mi conclusión: en enero estoy de vuelta en DF a la caza de nuevos proyectos y de cumplir nuevos objetivos.

AMOUR, DE MICHAEL HANEKE

Por Martín Román.

HANEKE_2012_Amour_official_poster

Anne:
Es hermosa.
Georges:
¿El qué?
Anne:
Una vida larga.

Ayer domingo tuve la oportunidad de ver la última película de Michael Haneke dentro de la programación de la 54 Muestra Internacional de la Cineteca de México  en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco. Una proyección mala con ruido en la imagen no consiguió despegarme de la emoción que emanaba de la pantalla.

Cada vez que Haneke estrena película evito leer críticas, ver trailers, entrevistas… Me gusta llegar libre de prejuicios, bueno, con uno que consiste en la seguridad de encontrarme con una buena película y de momento nunca me ha defraudado. Si tú, lector o lectora, actúas como yo deja ya de leer, no voy a soltar más spoiler que el de la primera escena que plantea el tema de la película pero para mí ya habría sido demasiado:

La película arranca con unos policías que irrumpen en un apartamento de alta burguesía parisina. Las puertas están precintadas, las ventanas cerradas. Un fuerte olor molesta al detective encargado del caso que abre las ventanas para ventilar el salón. Acto seguido entra en un dormitorio donde un policía observa el cadáver de una anciana impecablemente vestida que reposa sobre la cama y alrededor de su cabeza coloridas flores.  La ventana está abierta. El detective le pregunta al policía si abrió él la ventana. Éste responde que no, la encontró tal cual. Si la casa estaba precintada pero donde está el cadáver la ventana estaba abierta,  eso significa que ya había fallecido antes.

Haneke firma su película más intimista y creo que por primera vez se separa del tema que vertebra su filmografía: la violencia. Ya sea su representación en la ficción (Funny Games), su percepción por los más jóvenes (El vídeo de Benny), los crímenes que por mucho que traten de enterrarse no se olvidan (Caché) o el origen del nazismo (La cinta blanca), por poner algunos ejemplos. Aunque como en estas obras, el austriaco mantiene las distancias con aquello que filma y al mismo tiempo consigue que nos impliquemos en los problemas de los protagonistas. Amour es, como el título indica, una historia de amor pero principalmente habla de la eutanasia, muertes que no tienen que ver con la violencia. Una muerte para salvar la dignidad, una muerte para acabar con un sufrimiento sinsentido. Haneke elabora su tesis sin cursilerías, sin debates entre personajes sobre si es lícito o no como sucediera en la sensiblera y algo tramposa Mar Adentro. Sabes que va a suceder, entiendes por qué sucede y no juzgas.

Los protagonistas, Jean-Louis Trintignant (1930) y Emmanuelle Riva (1927) superan los 80 años y transmiten la vida plena que han compartido. Un trabajo de actuación que seguro les supuso dificultades porque a veces es bastante físico. En la actualidad, donde las salas las pueblan jóvenes hombres lobos metrosexuales y vampiros asexuados, pocos directores pueden plantear una película protagonizada por octogenarios y conseguir reunir el presupuesto para lograrlo. Y además demostrar que son historias que interesan a público de todas las edades (en la sala había desde adolescentes a una adorable anciana que nos chistó al público cuando nos reímos en un momento dado diciendo “¡No es una película de risa!”, pero la escena estaba puesta para liberar la tensión del espectador, y la risa es una forma de protegerse y liberarse).

Hablar del papel de Isabelle Hupert tal vez sería desvelar demasiado de la trama, sólo decir que está como siempre, excelente.

Os recomiendo que cuando llegue en enero a las salas españolas no os la perdáis. Ahora ya puedo empezar a leer las críticas publicadas, en filmaffinity.com leo una frase de Boyero: “Te deja abrumado, con el cuerpo y el espíritu revueltos, deseando que se acabe y volver a respirar en la calle. O sea, Haneke ha vuelto a lograr lo que se propone con su cine sombrío, retorcido y perverso”. Creo que no he visto la misma película que él. Amour no es sombría, retorcida ni perversa. Es su cinta más amable y luminosa.

AYER YO NO HICE HUELGA

Valencia 14N

Valencia 14N

Por Martín Román.

Ayer me pasé el día trabajando (sí, tengo la suerte de estar trabajando). Estaba en casa. No corría peligro alguno de que los piquetes aparecieran para evitar que hiciera mi trabajo y me llamaran esquirol. Tampoco tuve un jefe encima mía amenazándome con que perdería mi puesto de trabajo si prefería ejercer mi derecho al trabajo frente a mi derecho a la huelga (y parece que este tipo de piquetes es el que de verdad abunda según el CIS).

No hice huelga y estuve trabajando porque ya no ejerzo mi profesión de guionista en España. Como sabéis soy uno de esos cientos de miles de jóvenes (o no tan jóvenes) que han tenido que emigrar a consecuencia de la nefasta política económica del actual gobierno, del anterior y del de más allá. Y las circunstancias le recuerdan a uno que no es el único: hace dos semanas recibía en DF a un amigo productor musical, ayer a un postproductor de sonido y hoy aterriza un director y ayudante de dirección de cine. Alguno viene a quedarse, otros a tantear el panorama.

Aunque no hice huelga mi cabeza no podía evitar seguir lo que acontecía en España y mientras leía y escribía iba recibiendo noticias vía Facebook y Twitter y compartiendo la información con el resto del mundo para que se sepa lo que está sucediendo en ese país.

El guión de la jornada de huelga se repite. Para unos ha sido un éxito, para otros un fracaso, en algunas casos incluso se insulta a cualquier persona que no padezca de ceguera como en el caso de Cristina Cifuentes, la Delegada del Gobierno de Madrid, que concluía que en Madrid se habían manifestado 35.000 personas.

Madrid 14N

¿35.000 personas en Madrid?

Para otros daba igual lo que hubiera sucedido durante la jornada, Herman Tersch ya lo sabía.

Mi estupor llegó cuando en mi muro de Facebook colgaba la siguiente fotografía:

Y recibía el siguiente comentario: “Igual de mal está esto que los que impiden que el que quiera trabajar no pueda trabajar…

Yo respondía: “si te parece que está igual de mal, (1) ¿Cuánto falta para que tus hijos tengan 13 años? (2) Échale un vistazo a un artículo sobre una encuesta del CIS sobre porcentajes de los que se ven obligados a secundar la huelga y los que se ven obligados a trabajar.

Él: “Es que no veo normal que un chico de 13 años este metido en eso…ya tendra tiempo.

Yo: “¿Cuándo le hayan robado todo su futuro? […] A mí me parece que es importante que empiecen a conocer a su Gobierno… y a este no se le olvida.

Luego la conversación discurría sobre si era una pataleta de los sindicatos. Pero me hizo recordar en este vídeo viral para una ONG que realicé el año pasado:

A la gente se le llena la boca (y el muro de Facebook con frasecitas del mismo estilo) diciendo que quiere dejar un mundo mejor a sus hijos, pero no se quiere esforzar en cambiar el mundo de mierda en que lo están transformando. De haber estado en España yo habría salido a protestar. No habría salido en nombre de ningún sindicato. Habría salido en mi nombre, a defender mis derechos, los de mis padres a una jubilación digna y los de mis hijos, si algún día los tengo, por una educación de calidad, entre otras muchas razones como la sanidad para todos. Aunque viendo mi disposición a procrear, probablemente habría salido en nombre del futuro de los hijos de este amigo mío que cree que abrirle la cabeza a un chico de 13 años es igual que poner silicona en una cerradura. Y tal vez por salir a protestar me habría llevado algún porrazo por ellos como les ha pasado a este chaval y otros ciudadanos más comprometidos.

También recibí alguna alegría como saber que algún que otro votante del PP salía a manifestarse indignado por sus mentiras y su forma de gobernar, además de hacer huelga ya les han retirado el voto. Espero que entre votantes del PSOE también cunda el ejemplo. La democracia no es una cuestión de equipos y colores para votar siempre lo mismo, cambiar de equipo no es ser chaquetero (bueno, para Rafael Blasco sí).

PD: Muchas gracias a todas aquellas personas que salieron a protestar a la calle.

PD2: Este blog es de guión, ya te habrás dado cuenta de que el artículo no, pero lo escribe un guionista que se siente exiliado más que emigrado.

MINUTOS MUSICALES

Por Martín Román.

Hace un año escribía un artículo con el título Yo antes escribía dramas sociales en el que contaba como un guionista (concretamente yo) empezó escribiendo dramas sociales con componentes políticos y diez años después se encontraba con dos guiones sobre zombies. En febrero, en una entrevista de radio sobre el rodaje de 19/03 me preguntaron qué si Primer domingo de mayo llevaba implícito en el título una alusión al día de la madre y éste último el del día del padre, qué iba a ser lo próximo, ¿una película sobre el día de San Valentín? Yo dije que sí, una comedia romántica… Y luego remarcaba que era broma, que era un género que me atraía especialmente.

Me trago mis palabras.

Al poco de llegar a México conocí a unos productores, habían visto mi showreel y el tráiler de Lazarillo Z, querían que escribiera para ellos una película de terror, pero tenían más ideas. Les propuse que me las contaran y que, para que vieran mi capacidad como escritor, les proponía tres sinopsis y que ellos eligieran cuál preferían. Cuando escribí las tres sinopsis me di cuenta de que había una película de terror demasiado parecida a muchos títulos anteriores, una comedia de terror que me apetecería dirigir y que la historia que más me motivaba como guionista era una comedia romántica. Se me presentaba como un reto y además creo que he encontrado un punto de partida con mucho gancho y que la sinopsis se sostenía perfectamente. Cuando se la leí a mis productores supe que era así por la atención, interés y sonrisas cómplices con que escucharon ésta frente a la de terror, principalmente. La comedia de terror también les gustó pero es algo más arriesgada. Esperaremos.

El caso es que ya llevo como un mes y medio en el proceso de escritura de este guión, los diálogos los escribiré con su director (perdonadme que no ponga nombres pero no sé si cuento con el permiso de airear este tipo de detalles).  La escritura es contrarreloj, así que tras escribir un argumento de 25 páginas, tuvimos una reunión, detectamos puntos flacos y el siguiente paso es modificar ese argumento (eliminar personajes, transformar otros, reforzar la personalidad de los protagonistas…) directamente en el tratamiento secuenciado.

Como muchas comedias románticas parte de la fábula del patito feo: unos perdedores que se convierten en ganadores, pero esta transformación sucede en el primer acto gracias a un curso al que se apuntan, mucha información en un muy poco tiempo. Así que he recurrido al montaje con minutos musicales. Aquí un par de clásicos:

Estos dos momentos cinematográficos son icónicos al menos para los nacidos entre los años 1970 y 1982. Han sido plagiados y parodiados a partes iguales. Personalmente, no suelen gustarme este tipo de montajes pero funcionan.

Los referentes son claros, es difícil escapar a ellos pero también es muy complicado aportar esa información de una forma diferente cuando lo que quieres es que al espectador le quede claro la evolución física y psicológica que experimenta el personaje pero sin demorarte, tu objetivo es llegar a un punto diferente para que nazca el conflicto. En el guión que me ocupa, el cambio de vestuario y el trabajo deportivo entran en juego, ambos guiados por el mismo “asesor”. Esto me asusta bastante, no me gustaría naufragar en ese terreno tan pantanosos. Objetivo: encontrar un gag diferente, darle la vuelta, autoparodiarse. No es tarea fácil, menos aún cuando trabajas contrarreloj, pero vamos a intentarlo.

Y como esto es nuevo para mí os lanzo las siguientes preguntas: ¿Os habéis enfrentado alguna vez a ellos? ¿Cómo lo hicisteis? ¿Teníais los mismos miedos? Si lo hicisteis, ¿estáis satisfechos con el resultado? ¿Qué es aquello que los convirtió en algo original?

DE GUIÓN, DIRECCIÓN Y ACTUACIÓN

Los compañeros del Taller de Iniciación Actoral I en Casazul.

Por Martín Román.

Los que vivimos, sobrevivimos o malvivimos con oficios relacionados con actividades artísticas trabajamos con materiales sensibles, muchas veces nuestros propios sentimientos y experiencias son los pilares que sustentan nuestras obras. En las reuniones de guión, mientras se discuten ideas siempre llega el momento en el que se abren los corazones y se cuentan historias que de normal no contarías a ninguno de esos extraños. Aquella vez que te rompieron el corazón por ser demasiado buena persona (o tonto), o aquella ocasión en que fuiste un ser ruin y despreciable para conseguir tu objetivo pero por la que todavía te lamentas y algunas mañanas al despertar se te hace un nudo en el estómago. Y estas confesiones aparecen desde la primera o segunda reunión.

Si hay unos profesionales que trabaja con los sentimientos a flor de piel son esos seres que son el centro de atención en platós y escenarios: los actores y las actrices.  Tras mi última experiencia como director sentí que entre todo el barullo que se monta durante las fallas y al tener tantos personajes hubo cosas que no supe explicarles bien del todo. Estoy contento con el trabajo actoral en 19/03, afortunadamente contábamos con un elenco de gran talento, pero no poder comunicarme con ellos debidamente me resultó frustrante. Hacía años que quería tomar un curso de actuación pero la timidez o falta de dinero me detenían. Creo que cambiar de país me ha servido para despojarme de parte de esa timidez, así que empecé a buscar algún curso de iniciación. Encontré varios pero me recomendaron los de Casazul y una amiga actriz me habló bien de Ortos Soyuz, el profesor que impartía el taller que me interesó: Iniciación actoral. Entre los temas que se iban a tratar se encontraba construcción de personajes y análisis de texto y subtexto, así que además de cómo director también me iba a servir para mi faceta como guionista, recordando teoría o conociendo algunas nuevas.

Apenas llevo un mes recibiendo el taller. Aunque no tomo el curso para convertirme en actor sí que participo como si fuera a serlo, me sirve para vencer la timidez y sé que como mero espectador no me lo pasaría ni la mitad de bien que me lo estoy pasando.

Todo empezó con mucho juego, con lanzamientos de estímulos, una forma de entrenarnos para escuchar al compañero que tenemos enfrente y empezar a controlar nuestro cuerpo. Eso ha llevado varias sesiones, siempre aumentando la complejidad poco a poco, lo que además aumentaba la confianza entre los compañeros. Ahora ya empezamos a realizar escenas sencillas, sencillas sobre el papel: dos actores, dos frases cotidianas, saludo mutuo, invitación a café y rechazo. Cuando salí a realizar mi escena ya se había acabado. ¿Qué había sucedido? ¿Dónde había mirado? Me había preparado la actuación en casa, pero de repente no me había enterado de nada. No había atendido a mi compañera, sólo había estado “a lo mío”. La segunda vez que pasamos la escena conseguí atenderla y me sorprendió cómo reaccionó a mi forma de responderle lo que me hizo matizar la forma en que decía mi última frase. A dónde quiero llegar con este ejemplo es que se está trabajando constantemente con los sentimientos y, además, cuestionándolos. Da bastante vértigo porque muchas veces preferimos no escucharnos y examinarnos a nosotros mismos, quizá no vaya a gustarnos lo que oímos y vemos. Pero es un ejercicio muy interesante. Siento que además de cómo director y guionista, también me va a servir para conocerme mejor.

Y mi objetivo principal, adquirir herramientas para mejorar mi comunicación con los actores y las actrices para dirigirlos también se está cumpliendo. Poco a poco adquiero el lenguaje e imágenes que utilizan. Una de las lecciones directas que he aprendido quizá sea una obviedad pero voy a compartirla. Es que muchas veces tratamos de explicarle al actor cómo debe sentirse: triste, enfadado… Pero ahí no estamos dirigiendo, estamos mandando. Debemos guiar al actor para que llegue hasta ese sentimiento pero no decirle el sentimiento que debe adoptar pues es fácil caer en esa representación exagerada del sainete. A través de las acciones físicas que realice será como mostrará sus sentimientos. Al fin y al cabo es parecido al guión, es mejor escribir una declaración de amor hablando sobre cómo se cambia la rueda de un coche que escribir “Te amo”.

Estos comentarios me han hecho recapacitar sobre el trabajo con los actores en mis cortos y llego a la conclusión de que he aplicado las dos opciones. En Primer domingo de mayo, prácticamente la totalidad del metraje la ocupaba Pilar Matas. En un principio pensé en ensayar las escenas del corto pero luego opté por tomar cafés y cervezas con ella y hablar de su personaje. En 19/03 optamos por lo segundo, por ensayar las escenas, sobretodo porque teníamos niños y pensamos que era lo mejor. Las circunstancias de los rodajes fueron muy diferentes pero estoy seguro de que la primera opción es la que aplicaré en futuras filmaciones.

RELATOS DE VERANO #4: DE MI MADRE APENAS QUEDAN HUESOS

Por Martín Román.

Ya perdí la cuenta. Creo que a cualquiera en mi situación le sucedería lo mismo. Les veo pasar en mis mismas condiciones pero no tengo el valor de preguntarles. ¿Valor o capacidad? Bajo la cabeza  -no consigo calmar este hambre atroz- y me encuentro con mis pies. En otro tiempo no habría permitido llevar los zapatos tan sucios, ahora no importa.

Un leve y líquido ruido anuncia el excremento de una paloma que ha caído sobre mi hombro. Meses atrás la hubiera mirado con aprensión antes de descubrir a varios paisanos, conocidos o desconocidos, observando mi cara de lelo amagando sus incontenibles risas. Dependiendo de mi estado de humor bien hubiera podido unirme al regocijo general y reírme con ellos de mi infortunio o por el contrario maldecirlo acordándome de su creador y su congénere, el Espíritu Santo. Pero hoy levanto la vista al cielo deseando que la maldita paloma esté al alcance de mi mano.

El cielo está blanco. Finas mantas de nubes superpuestas ocultan el azul que solía predominar en esta ciudad. Una esfera plateada resplandece entre las nubes y me ciega. Caigo en la cuenta del calor abrasador. Debe ser mediodía de agosto. Por el día los olores se agudizan. Vuelvo a mirar la cagada del pájaro sobre mi hombro izquierdo cuando algo choca contra mi hombro derecho. Miro alejarse lentamente a la mujer que se chocó conmigo. Lleva un vestido blanco ajustado estampado con rosas rojas sangre y restos de tierra a los lados de los muslos. Algún día fue apetitosa, hoy está hambrienta como los demás. Ella se mira también el hombro que colisionó contra el mío, pero no repara en mi presencia. Tampoco en la cagada de paloma que tengo en mi otro hombro. A mí ya se me había olvidado pero una leve e inconsistente brisa me ha traído su aroma y reavivado mi recuerdo. No ha sido un golpe doloroso pero me hace cambiar de dirección. Veinte grados más al norte, o al sur, qué se yo. Es mediodía y no voy volver a mirar al sol para intentar orientarme, no sé si serviría de algo saber hacia donde camino pero no lo hago porque me da miedo aplicar ese conocimiento para darme cuenta de que lo tengo completamente olvidado.

Se ha esfumado el olor a guano. Predomina el olor a sudor y… Pero no ese olor agradable en el que me gustaba regodearme olisqueándome el sobaco tras darme una ducha y echar un polvo salvaje. No. Olor a sudor seco acumulado. El sudor nuevo que se superpone a él no huele bien. Perdí la cuenta de la última vez que probé el agua, pero sigo sudando. También he olvidado la última vez que follé, ni siquiera lo echo de menos. No he pensado en ello por la chica del vestido blanco ajustado, ha sido al pensar en el sudor. Pero junto al olor a sudor también convive el olor a carne putrefacta que me recuerda cuál es mi objetivo primordial. ¿Me recuerda? Nunca se olvida, siempre está presente aunque me esfuerce por no pensar en ello tratando de rescatar recuerdos de mi vida anterior. La vida de casi todos… Cuánto hace que no veo a nadie que mantenga su vida pasada. Un hombre o una mujer que piense en hacerle un favor a sus amigos, saltarse un semáforo, pagar la factura de la electricidad, dudar sobre qué vestido ponerse, abrazar a sus hijos, colarse en la cola del supermercado, fumarse un buen porro, votar voluntariamente por un partido político que le engañaría, celebrar los goles de su equipo o manifestarse por defender sus derechos. Y tengo muchas ganas de encontrármelo. Distraído, confiado, indefenso.

¿Existen Dios y el Diablo? ¿A quién debería agradecerle que mis plegarias se vean recompensadas? Debo darme prisa. No soy el único que ha visto al chico, algunos ya van por delante de mí. Aprieto el paso. Pierdo la suela de uno de mis zapatos. Lo sé porque noto como el asfalto rasga las plantas de mis pies. Lo siento pero no me duele. Nada duele ya, sólo el hambre. Un dolor que se agudiza cuando ves a un ser humano que mantiene intacta su condición. O que lucha por mantenerla intacta porque sus prioridades han cambiado: ya no tiene que ahorrar para pagar una casa o endeudarse para comprar un coche que lo convierta en la envidia del vecindario. Ahora sólo quiere escapar, sobrevivir un día más. Para ello tiene que eludir nuestra presencia y asegurarse que aquellos iguales con que se encuentre no vayan a traicionarlo. Demasiadas preocupaciones. Yo tengo claro mi objetivo, si le robo un trozo de comida a uno de los míos no lo hago por maldad ni egoísmo, lo hago por hambre. Nadie lo va a tomar como algo personal.

El chico ha caído al suelo. Se levanta deprisa y entra en un callejón. Por delante de mí sólo han entrado cinco. Creo que tendré suerte y podré comer. Un humano se giraría para ver cuánta gente le va a la zaga. Segundos preciosos que podrían significar la diferencia entre conseguir o perder su presa o entre ser o no apresado. Doblo la esquina del callejón y agradezco a Dios y al Diablo, tanta generosidad no puede sino deberse a un esfuerzo conjunto. Siete humanos al fondo del callejón, hay comida para todos, su aroma me hace aullar de alegría. Levanto la cabeza y me encuentro con más humanos asomados en los balcones. La punzada que siento en el estómago se agudiza. El hambre aumenta exponencialmente. No huyen como suele ser habitual. Si se han cansado o no de escapar poco importa, importa saciar mi apetito. Acuden a nuestro encuentro, a diferencia de nuestra determinación en linea recta hacia ellos, los humanos tienen esa manía de caminar hacia nosotros de un lado a otro, zigzaguean temerosos de su destino. El chico se raspó la rodilla cuando cayó. Puedo saborear su sangre y su carne a pesar de los 10 metros que nos separan. Camina hacia mí con un pico en su mano. Alargo los brazos hacia él, en mi boca noto el sabor metálico de sangre reseca mezclada con mi saliva pastosa. La cara del chico se torna una mueca estúpida pero no me hace perder el apetito. Ha tropezado y vuelve a caer. Estúpido, pero sabroso. Mientras cae, su pico se le resbala de las manos y acaba a una distancia corta de sus manos pero por como se agita al chico esa distancia se le antoja decisiva. Yo caigo también, intencionadamente, sobre él. Abro mi boca, ansioso. El chico me agarra del pelo con su mano derecha y tira de mi cabeza hacia atrás. Yo sólo veo su estómago, mi objetivo es morderlo para saciarme. Reparo en que con su mano izquierda trata de alcanzar el pico, pero no le doy importancia. Hago fuerza con el cuello y noto como un mechón de mi cabeza se queda atrapado en la mano del chico. Qué más da, mi cabeza se estrella contra su estómago. Saboreo la carne y la sangre que arranco de un mordisco. El chico grita. La carne sabe mejor cuando se estremece de terror. Un insulto desesperado y el chico en un último esfuerzo alcanza su pico. Lo alza en el aire al mismo tiempo que trago su carne y vuelvo a morderle. Mi hambre desaparece poco a poco. No porque me sacie, por mucho que comiese en las épocas de bonanza, aquellas en que había más humanos que de los nuestros, nunca me sentí saciado. Tampoco ahora. Mi hambre desaparece al mismo tiempo que noto como la punta del pico atraviesa poco a poco mi cráneo, un hierro frío que hiela más si cabe mi carne sin riego sanguíneo, el hueso se astilla, y como una aguja, el pico se introduce en mi cerebro. Con un último bocado mi hambre desaparece. Y con mi hambre, todo.

*     *     *

Me duele el estómago, mamá. Noto un vacío en él, como un pozo sin fondo. Hambre. No sé si me despiertan los llantos de mi madre o el hambre que siento. Abro los ojos y veo que mi madre me tiene en su regazo, llora desconsolada la muerte de su hijo. Hay cadáveres de zombis a mi alrededor. Entre todos los hemos matado, ¿nunca acabará esta plaga? Mi madre se ha quedado sola. Malditos. Nunca debimos fiarnos de ellos, la han abandonado a su suerte. Cuando empezó la plaga prometí cuidarla, pero muchos años antes ella prometió ser mi sustento; y tengo tanta hambre. No se ha dado cuenta que me he despertado. Como cuando era un bebé, me alimento de su pecho, pero ahora no lo succiono. Lo muerdo y lo arranco. Se desmaya de dolor, lo que facilita mi festín.

De mi madre apenas quedan huesos. Pero sigo teniendo hambre.

DOS SEMANAS EN DF

Llegué en un momento movidito al DF.

Por Martín Román.

Se cumplen dos semanas de mi llegada a México y como es lógico mis compañeros de blog me piden que el artículo verse sobre las primeras impresiones.

Pues uno de los sentimientos que más me han acompañado durante estas semanas es el de “pena“. Pena que se parece mucho a la rabia porque he seguido informándome de lo que sucede en España a nivel ecológico, económico, político y social.

Afortunadamente otros sentimientos me han acompañado estas dos semanas.

Temor. Entre la decisión de venirme a México y aterrizar en DF pasaron sólo tres semanas. Todos los miedos en los que podía haber pensado en ese tiempo aparecieron durante las 15 horas de vuelo. Afortunadamente desaparecieron al cruzar la aduana.

Calidez. Con la que me recibió El Inquilino Guionista en el aeropuerto, calidez sólo comparable con la vehemencia de algunas de sus afirmaciones del facebook. Fue una suerte que me recogiera y empezara a introducirme en la vida social de México. Ayuda que sirve para conocer que expresiones como “sí” no significan mucho y que a veces hay que conseguir que te digan “siempre sí” para confirmar. ¡Gracias, cuate!

Desconcierto. Al segundo día de estar en México una productora quería conocerme tras haber visto mi bobina. No lo podía creer ¿¡Llegaba y besaba el santo!? Me quería tener en cuenta para varios proyectos. En España hace mucho que no pasa eso. Falta ver condiciones y plazos, pero sentir que las cosas se mueven te hacen afrontar los días con otra actitud.

Emoción. Porque al tercer día tras poner un anuncio en Fric Martínez, comunidad de cine, televisión y publicidad, recibía una oferta de trabajo que consistía en guionizar y dirigir una serie documental sobre turismo cinegético.

Desilusión. Al asistir a la cita con El Productor Taxidermista (esto se merece un artículo a parte y estará disponible en la página de El Inquilino próximamente). Aunque no me gusta especialmente la caza, el trabajo era atractivo: viajar por el país recorriendo diversas reservas de caza y no sólo hablar de caza, también de la riqueza ecológica que encierran sus parajes. La desilusión vino al hablar del sueldo. Decliné la oferta.

Alegría. Al encontrarme aquí con dos amigos editores de vídeo: Sam Baixauli y Sonia Sánchez Carrasco, con quienes me salté la ley seca del fin de semana de las elecciones. Aquí durante los dos días previos a la votación no se puede vender alcohol. Ambos empezaron montando un largometraje y ahora se encuentran montando una serie documental dirigida por Jorge Ramírez Suárez. A continuación empalman con otro largo documental en el que se desarrolla la idea del corto de la joven promesa del cine mexicano Betzabé García. El corto lo podéis ver pinchando aquí.

Con Sonia y con Sam en Teotihuacán. No todo va a ser trabajar.

Pesadez. Aunque la comida está muy rica, el exceso de harina de maíz y de grasa se nota.

Sorpresa. Por lo bien que funciona el transporte público. Un viaje en metro vale 3 pesos, unos 18 céntimos de euro y los trenes pasan cada tres minutos. Curiosamente este dato no aparecía en los anuncios que la Comunidad de Madrid ponía diciendo que el metro de Madrid era de los más baratos del mundo.

Compromiso. El Inquilino me invitó a la presentación de un videoclip. El productor y director del mismo va a producirle un corto que ha escrito con Talía Juana y que van a codirigir. Tras un par de vinos empezaron a hablar del proyecto, yo me alejé por no molestar. Pero como Sergio Solares, que así se llama el productor de FungiFilms, estaba de estreno y era requerido en sucesivas ocasiones la conversación era entrecortada. En una de las interrupciones me acerqué a los directores y les dije que si bien soy guionista podían contar conmigo aunque fuera para cargar camiones. El Inquilino me preguntó “Tú también eres ayudante de dirección, ¿no?“. Me subía al barco. Empiezo mi andadura en al audiovisual mexicano. Ya hemos tenido la primera reunión para ir preparando el plan de rodaje.

Talía y el “lisérgico” Inquilino, directores de El Manual Vaquero.

Humedad. Llueve todas las tardes, a veces diluvia. Si te olvidas del paraguas llegarás todo mojado. Si lo llevas te puede pasar que lo único que no se te moje sea de los hombros a la cabeza.

Solidaridad. La que me ha brindado la Asociación El Garfio de Escritores CinematográficosRaúl Flores y Antonella Samaniego me recibieron en la sede y me explicaron en qué consistían sus actividades y me invitaban a su taller semanal que consiste en leer en voz alta el trabajo uno de los guionistas y luego entre todos critican para buscar la forma de mejorar la obra. Tuve la suerte de escuchar el trabajo de Arturo y junto a ElíasHoracioRaúl y Antonella sacar conclusiones. Nunca había escuchado la lectura de un guión completo. Es importante que el lector aporte a los personajes la entonación y la intención y Arturo lo clavó. Fue ameno e instructivo. Lo recomiendo como actividad para amigos guionistas. Además te obliga a escribir pues cada cierto tiempo has de mostrar tu trabajo al resto de compañeros.

El Garfio, ese gancho con el que atrapar al espectador.

Embriaguez. Con las chelas literarias a las que me invitó a asistir Raúl Flores, de El Garfio. Los miércoles se reúnen en una cantina de Coyoacán, hermoso barrio al sur del DF, novelistas, guionistas, productores, directores alrededor de una mesa para echar unos tragos e intercambiar experiencias e impresiones. Allí conocí a tres directores José Luis Gutierrez, Victor Ugalde e Iván Lipkies, éste último me habló de un director español que se afincó en México y hoy es uno de los decanos del cine de este país, en su IMDB cuenta con 74 entradas como director. Ahora tiene 103 años, uno más que Manoel d’Oliveira. Su nombre, Miguel Morayta. A ver si consigo conocerlo.

Reafirmación. En mi decisión de emigrar porque pasando revista ganan por goleada las buenas sensaciones a las malas. Si seguirá todo siendo tan chido nadie lo sabe pero los ánimos están altos y eso da ánimos para seguir levantándome por las mañanas y luchar por hacerme un hueco en la industria audiovisual de este país y de esta megalópolis. Espero estar el tiempo suficiente para entender la letra de la canción que cierra este artículo, entonces, dicen, seré un verdadero chilango.