EMPEZANDO

Por Gabi Ochoa

Uno siempre piensa que está empezando en esta profesión. Tiene verdaderos momentos de bajón y no sabe si lo que hace va en una dirección o de verdad aquello que escribe es pura basura y lo mejor que podría hacer es retirarse a tiempo.

He de decir que con la moral baja me fui a las I Jornadas de guión de Televisión. Baja por la situación, mía y de nuestro colectivo en Valencia, y por que cada cierto tiempo me pregunto, ¿por qué escribo?

O sea que el Gabi que estaba en Madrid fue una especie de Charlie Kaufman cuando va a ver a Robert McKee preguntándose si de verdad su guión está bien estructurado o es una basura. Así estaba yo.

Y lo primero que me encontré es más de 60 personas como yo. He de decir que para mi gusto las jornadas estaban muy masificadas, y que fui perdiendo autoestima cuando alguien me preguntaba: ¿Pero de verdad eres guionista, trabajas de guionista?

Sí, gran parte de las personas que había allí eran estudiantes o gentes que tenían otro oficio. Parece que escribir está en desuso. Somos una especie en peligro de extinción. Curiosa paradoja. De hecho en una comida me encontré hablando con alguien de las licitaciones de aeropuertos, porque esa persona había diseñado un proyecto para uno de ellos O.o

Anécdotas aparte (que haberlas ahílas y muchas, y curiosas), mi idea eran desgranar algunas perlas de los ponentes que por allí pasaron.

Me gustó mucho como arrancó Manuel Ríos San Martín al hacernos ver que siempre hay que baremar nuestro impulso creativo con el coste de oportunidad: escribir tirando a dar, sabiendo que puedes colocarlo en algún sitio, teniendo claro tu producto. Y es que esa fue la máxima de su primera charla (Manuel fue la estrella del encuentro), reflexionar sobre lo que escribimos, y mucho, sobre el concepto, algo que siempre pasamos por encima (este post suyo sobre la peripecia y el tema es revelador).

Me gustó sobre todo cuando hizo hincapié que escribir es pensar, y que antes de escribir, pensemos. Siempre diciendo que hay que teclear mucho y alguien sensato nos dice que por lo menos escribamos sabiendo lo que hacemos. Un 10 para él.

En el primer día gentes como Juan Carlos Cueto o Alberto Grondona nos explicaron como se desarrollaron series donde han trabajado. El primero en “Águila roja” y “Tierra de lobos” y el segundo en “El tiempo entre costuras”. Pero creo que todo el mundo se quedó con los trallazos de verdad de Olivares, que fueron comentados durante varios días. Yo tengo aún uno grabado en el hipotálamo:

Parece que hemos borrado la “emoción” de nuestro acerbo guionístico. Es más importante saber palabrejos nuevos (Grondona por ejemplo nos habló del capítulo bottle, que es aquel que es prácticamente todo hablado con pocos personajes), que pararse en lo más básico: llegar al espectador con emoción.

Esa perla más esta otra:

Creo que fueron suficientemente valiosas para una charla que empezó sin concesiones, ni siquiera a si mismo: hablar de su vida, de aquello que hizo de “Isabel” saliera de las entrañas, no tiene precio.

Al día siguiente, ya el sábado 7, empezó Noel Ceballos y le siguió Victoria Dal Vera. Tal vez lo que Noel nos relató no me venía de nuevo, y algo parecido con Victoria, aunque vino bien para refrescar, y sobre todo, en el caso de la charla sobre personajes sirvió para asentar muy bien la idea de que el conflicto tiene que ir siempre a la esencia del personaje, como señaló insistentemente Victoria.

Valentín y Javier Reguilón hablaron de diálogos y escenas. Lo que Valentín nos comentó es más o menos un avance de lo que suele desarrollar más profusamente su taller on-line de diálogos. Tal vez lo que más se me quedó fue la relación entre la comunicación verbal y no verbal. Por suerte salí corriendo de allí para comprobar empíricamente aquello que habían dicho los dos: fui a ver la increíble “La vida de Adele”. Me dejó sin aliento, sin palabras, y casi sin pantalones. Tremenda!

El último día arrancó Natxo López con la comedia, aunque como él mismo dijo, la primera regla para la comedia es no hablar de ella a las 9:30 horas de un domingo.

Cuanto queremos a nuestros personajes y cuanto nos da por defenderlos, ¿no? Creo como Natxo que en los errores están los aciertos. Y sobre todo en las contradicciones.

Tras dos charlas interesantes con Mariano Baselga y Eduardo Zaramella (de las más claras y esquemáticas la de Eduardo, sobre el fantástico y el terror), llegó un pequeño traspié por parte de María José Rustarazo. Y personalmente no creo que sea culpa de ella, sino de quien la mandó, porque empezó mal Valentín cuando la presentó diciendo que Cristóbal Garrido y Ramón Campos la mandaron a ella (¿qué no podían venir ellos?). O esto es lo que entendí. Si no fue así, los comments están para algo.

Mª José explicó muy bien como se desarrolló “Hispania”, una serie que dio mucho que hablar en las jornadas, pero me dejó helado cuando en el power point que tenía a sus espaldas sentenciaba algunas de las ficciones de Bambú con una frase. Si “Gran Hotel” era “un juego con la Historia”, lo de “Galerías Velvet” era cuanto menos curioso: “dejar de lado lo político”.

Y aquí me tengo que parar porque, pese a que iba a decir allí algo, preferí no cortar su intervención (interesante, no lo dudo) y comentarlo pausadamente aquí.

¿Podemos obviar “lo político” en una serie enmarcada en los ’50, en los ’60 en la España franquista? ¿Y sobre todo, debemos?

No sé, se me plantean muchas dudas éticas y/ morales. Unos años jodidos en este país, con la dictadura en sus momentos más duros como para obviar “lo político”. ¿De verdad pensamos que el espectador es tonto, que no recuerda su historia? Estoy convencido que  “Galerías Velvet” será un exitazo (los mimbres son buenísimos), pero me parece un error de comunicación, de planteamiento, de desarrollo, o de lo que sea, obviar lo que somos y porqué lo somos. No es la primera serie que lo hace, pero la contundencia con la que la dijo María José me dejó muy frío.

La última parte corrió por cuenta de Manuel Ríos para hablar de mini-series y tv-movies y de Virginia Yagüe y Pablo Tobías hablándonos de series diarias. Las dos tremendamente interesantes.

Y el broche final Manuel y Virginia nos hablaron de la realidad del aquí y ahora.

Me quedo con dos pinceladas que dejó Virginia en este final y que me gustaron:

– Sé crítico con lo que haces, con lo que escribes (yo diría, con lo que ves y con el oficio)

– Insértate en el oficio, para después mostrad tu voz.

Seguro que me dejo, por error y/u omisión muchas reflexiones interesantes, pero espero que alguno de mis compañeros, ponentes, o gentes en general pueda ampliarlo en los comments.

Volví a Valencia pensando en nuevas historias e ideas, en cambiar aquello o aquello otro, en crear. Y pensando que pese a que continuamente estamos empezando, comenzar ya es un buen signo.

 

¿QUÉ TIENE QUE VER UN TREN CON UNA SERIE DE TV?

Manuel Ríos Sanmartín, nuestra firma invitada de hoy, es productor ejecutivo, director y guionista. Tras su paso por Globomedia y Boca a boca, ha dejado su firma en series como Compañeros o Médico de familia.  Participa en numerosas actividades docentes y twittea con el nick @fantasma.

Tren1web

por Manuel Ríos San Martín

La mayoría de las escuelas de guión hablan de la escritura y no tanto de la creación de una serie. A mí me resulta más interesante este segundo aspecto. También se dice mucho que para aprender a escribir hay que escribir. Es obvio, pero yo creo que antes hay que dedicar tiempo a pensar, a leer y a documentarse. He visto proyectos de biblia y doce guiones terminados que fallaban en las bases. Se pusieron a escribir demasiado pronto. El ansia por hacerlo no suele ser buena. Mejor dedicarle más tiempo al concepto.

A finales de noviembre voy a dar un curso en Requena1 (Valencia), y estas clases me hacen plantearme ciertos aspectos teóricos y cómo explicárselos a mis alumnos. Para ello trato de pensar en imágenes que les puedan quedar grabadas. Estamos en un medio audiovisual. Aunque muchos de los consejos podrían parecer evidentes, en ocasiones, las series profesionales, tanto las de aquí como las de fuera, no cumplen con premisas que deberían ser básicas.

Los motivos pueden ser muy variados, pero es habitual encontrar dos:

  1. Nos dejamos deslumbrar por un concepto. La serie se vende sola gracias al titular y se avanza con prisa, sin documentarse, sin la suficiente reflexión. La Cúpula es un buen ejemplo de esto. Idea brillante, personajes flojos, desarrollo que pierde interés. Para mi otro caso es The Following, aunque el público americano no parece estar de acuerdo conmigo.

  1. – Lo contrario; en la creación de la serie interviene tanta gente que se acaba desnaturalizando. Se pierde el concepto inicial. Y no es sustituido por otro nuevo. Una serie no puede ser una sucesión de elementos que vamos colocando porque nos parezca que es un poco pobre la tesis de partida. Si no sirve, todo lo que le vayamos poniendo encima no lo arreglará. Hay que volver al origen y analizar de qué va realmente y si eso creemos que puede interesar al espectador. Pero una serie se vende por motivos muy variados, no siempre por ella misma.

El resultado de ambos problemas es que hay proyectos incompletos, a los que les falta algo. O mucho. La imagen que utilizo para intentar analizar este problema es la del tren, por eso la foto de arriba. Podríamos decir que una serie de ficción es COMO UN TREN donde viajan pasajeros.

  1. EL TREN (ESPACIO/CONCEPTO)

El tren debe unificar el concepto con el espacio principal donde se desarrolla la ficción. Voy a poner ejemplos que ayuden a entender lo que quiero decir. El Barco, la serie de Antena 3 y Globomedia. El tren no es otro que el propio barco (en un mundo que ha desaparecido). Brillante, nos mueve a la acción, nos fascina. Tenemos el espacio perfectamente relacionado con la idea principal: un velero perdido en el mar (espacio) tras el fin del mundo (concepto). Y ahí puede pasar de todo, monstruos, tormentas, cambios en las leyes de la física. El concepto genera historias por sí mismo. El espacio era más problemático porque resultaba agobiante según pasaban los episodios.

La Fuga, de Telecinco y BocaBoca. La cárcel en una plataforma petrolífera (donde encierran a la Resistencia, en un futuro apocalíptico); el colegio (con un determinado ideario) en Compañeros, el hospital en Hospital Central, la escuela de Artes en UPA, el misterio en un Gran Hotel, la casa familiar en Médico de familia. Hay trenes de todo tipo como veis: puede ser un lugar de trabajo, un barrio, un sitio donde vivir. Si el proyecto está bien diseñado, el lugar físico debe representar el concepto de la serie. Como decíamos, el barco, pero en un mundo desaparecido; un colegio, pero que da segundas oportunidades; un hotel, pero lleno de misterios, etc. El concepto debe estar unido a un contenedor espacial que debe ser algo más que un mero lugar donde sucede la acción. Debe ser casi un personaje.

En la serie americana Urgencias, una vez por temporada, sacaban a dos actores fuera del hospital y hacían una trama especial con ellos. Muchas veces era una especie de road movie. Eran capítulos estupendos, distintos, pero al final, estabas deseando volver a ver el County General (el tren). Como frivolidad estos viajes estaban bien, como adorno; sin embargo la ficción no habría aguantado quince años en parrilla con nueve o diez capítulos así cada temporada. En Compañeros, la serie era más la serie cuando los personajes estaban en el colegio. Eso no quiere decir que no deba haber exteriores, pero tu tren debe tener valor por si solo. Las secuencias de exteriores son el vehículo para contar historias más complejas y dar aire al plató.

El tren brillante, (ahora lo llamamos en gran medida Highconcept) va a atraer el interés del espectador durante varios capítulos como un juguete nuevo, pero es un arma de doble filo. ¿Qué pasa si prometes hombres lobo y luego no salen en toda la temporada? Hay que evaluar la capacidad de producción que tenemos en España. Por eso, no todos los proyectos pueden tener un tren tan caro como El Barco o La Fuga. A veces puede ser un barrio, incluso una familia, como hemos apuntado antes. Debemos valorar si ese tren más pequeño también funciona, si nos apetecerá viajar en él muchos capítulos o se nos quedará corto, aburrido, feo, en poco tiempo.

¿Cuál es el tren de tu serie?

¿Es brillante, original?

¿Es caro? ¿Puedes mantenerlo?

¿Te llevará lejos?

¿Descarrilará?

¿Servirá para que convivan tus personajes?

¿Ayudará a definirlos a generarles historias?

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  1. LOS PASAJEROS (LOS PERSONAJES)

Como muestra la foto de El Barco, ¿qué sería de este decorado sin sus viajeros? No basta con el concepto del tren, en él tienen que relacionarse nuestros protagonistas. Las series deben poder vivir en gran medida de lo que pasa dentro de esos vagones, de los personajes, de su vida, de sus relaciones. Hay que dedicarles tiempo, desarrollarlos, no dejarse deslumbrar por el concepto. El tren de House son los casos médicos imposibles (concepto) en un hospital privado (espacio), pero eso, sin la personalidad del doctor, se habría quedado muy corto. Si solo hay tren nos aburriremos del juguete, del artificio, aunque sea ingenioso. Para mí, esto le sucede a La Cúpula o a Flashforward, incluso a Walking Dead.

Hay trenes pequeños, como la familia de Emilio Aragón o el barrio de Vive cantando, pero en los que sus personajes funcionan, y si el público se encariña con ellos pueden durar muchos años. Siempre será más complicado generar tramas en las temporadas siguientes, ya que el tren aporta poco y habrá que vivir de las relaciones personales e intentar no ser repetitivo con ellas. Por eso llegó un momento en que en Médico se plantearon dar más presencia a un nuevo tren y sacar a Emilio de la consulta pasando a trabajar en una ambulancia.

Yo creo que un verdadero éxito de larga duración se da cuando se combinan y se conectan ambos elementos para el espectador. Águila Roja es un buen caso, concepto brillante y personajes que llegan al gran público. Cuéntame es un caso muy particular, donde el tren es una familia y su entorno (espacio) pero enmarcada en el transcurso de la Historia reciente de España (concepto). Aporta la noción de tiempo a este análisis de una manera interesante.

Todo este planteamiento, de unir un espacio con un concepto y en el que vivan unos personajes está pensado sobre todo para series que pretendan tener una duración de al menos cincuenta episodios. Eso no quita para que, como creadores, hacer series de una o dos temporadas es también un planteamiento muy atractivo, cada vez más habitual.

En cualquier caso, debemos exigirnos más y definir bien nuestros proyectos antes de ponernos a redactar una biblia, y mucho antes de lanzarnos a escribir los guiones. Esto no quita para que pueda haber momentos de inspiración dónde no respetemos estas normas. Pero conviene conocer la teoría. El propio Picasso, antes de pintar como pintó, aprendió a dibujar tan bien como Velázquez.