ENFADO, MOTOR CREATIVO

Por Gabi Ochoa

En un momento determinado, durante un tiempo, el enfado se apoderó de mi. Tal vez fueron algunos mails no contestados, proyectos que no acababan de salir, o cierta apariencia de que todo va bien entre tus compañeros cuando la realidad es una puta mierda. Sí que recuerdo que esta carta fue uno de los detonantes.

El grupo mediático nos decía a mi y a mi coguionista que no les gustaba nuestro último proyecto. Eso sí, con muy buenas palabras. Nunca me habían pegado una patada en el culo tan elegantemente.

Con todo, no creo que solo fuera eso, fue un cumulo de momentos incómodos. En esos días me di cuenta que el enfado, podría ser un buen motor creativo.

Sí. Estamos acostumbrados, los guionistas, a que nos digan que hay que estar predispuestos, con una mirada positiva, sonreír,… solo falta que lo decreten por ley. Pero creo que el enfado, el cabreo, no es solo productivo, sino que puede ser incluso creativo. Me explicaré.

Estuve buscando referencias sobre ello. Búsqueda en google: enfado motor creativo. Número de referencias, 3.680.000 resultados.

La gran mayoría de ellas, por no decir todas (a partir de la página 7 de google, dejo de mirar) hablan de la emoción, y la creatividad, de quitar el enfado para ser creativo, vamos lo que se viene diciendo pensamiento buenrollista. Es decir, obviamos la fuerza de la ira, porque nos parece que no hace avanzar nada.

No hay literatura al respecto (si alguien sabe de algo, libro, artículo, etc, bienvenido sea en los comentarios) aunque sí había un artículo de un blog que hablaba de la envidia como motor creativo (bueno, me sirve también).

No le damos la importancia que tiene al enfado, a disentir de la corriente mayoritaria. El enfado tal vez sea la reafirmación del yo, y también una manera de reventarlo por dentro sea escribir.

Recuerdo que cuando me llegó aquella carta (hace de eso un mes aproximadamente y me parece que fue hace 5, por la intensidad de este último mes) le mandé esa foto a mi coguionista por whatsApp, luego le escribí: “Ahora hay que hacerla cojonuda. Tiene que ser mucho mejor”. En un arranque, me envalentoné, vi claro que ese proyecto (a diferencia de muchos otros en los que veo que se pueden torcer en cualquier momento) saldría, tarde o temprano.

Desde hace tiempo ese proyecto lleva otros cauces, y como estuve comentándole a otro compañero guionista, el gran Juanjo Ramírez, estamos muy contentos. Es un gran curro, pero ahí andamos pico y pala.

Aquello, y todos aquellos mails no respondidos, me hicieron replantear la creatividad: creo que no debemos negar las pasiones internas. Algo tan shakesperiano. Pero debemos canalizarlas creativamente.

Hay veces que estamos en hoyos creativos, que creemos que nunca saldremos. Está bien, son hoyos. Pero en esos momentos es cuando más hay que volcarse en desarrollar el impulso creativo.

No lo he visto, pero tengo muchas ganas de ver el documental que Liv Corfixen, hizo sobre su marido, Nicolas Widing Refn, en sus días más oscuros. La frustración, el ver que aquello en el que has tirado miles de horas no va cara al viento es durísimo. Lo he vivido miles de veces, y creo que todos los creadores deberían experimentarlo más a menudo. No todo en esta vida son estados de Facebook con gatitos y frases positivas.

¿Significa que estoy enfadado ahora? No. ¿Lo he estado? Por supuesto.

Me gusta recurrir a mis libros de cabecera. Handke en “Historia del lápiz” dice:

“Cuando no estoy haciendo ningún proyecto, quiero destruir”

Ahora que estoy revisitando a Jean-Paul Sartre, hay una frase en “A puerta cerrada” que habla de ese enfado: “El infierno son los otros”, contradiciendo a esa máxima tan en boga de “el infierno es uno mismo”.

Este año no está siendo un buen año guionístico, pero sigo en la brecha escribiendo proyectos. Mientras tanto, lo está siendo a nivel teatral. Acá me tenéis, escribiendo una obra en Buenos Aires.

Como ya he estrenado web, (ejem, autobombo), viene con un clip de mi temporada, que mayoritariamente es teatral: 2 espectáculos, 1 texto teatral y 1 libro dietario.

Ya en el próximo post hablaré de la gran experiencia que está siendo Buenos Aires.

Y ya sabéis, dejaos de Coelho, frases positivas, y pamplinas, y cuando estéis cabreados, enfadados, hasta el coño o el pirri, expulsarlo en el teclado.

Tu creatividad te lo agradecerá.

 

LA BARBA DE LOS GUIONISTAS

Con una considerable trayectoria como guionista, analista de guión y creador de contenidos, Roberto Alfaro debutó en el cine el año pasado escribiendo el guión de “Ni pies ni cabeza”, de Antonio del Real. Actualmente se le acumulan los proyectos entre los que destaca la adaptación cinematográfica del cómic “De perros y de huesos”.

Por Roberto Alfaro

Bajo el techo del hogar, normalmente soy un tipo que tiende a la distracción y a procrastinar en un nivel experto-premium. Pero cuando salgo a la calle como un perrillo que tensa la correa y tira del amo como si no hubiera mañana, me convierto en un avezado observador. Supongo que esta condición viene de serie si nos queremos dedicar a juntar letras de una manera, por lo menos, medianamente decente. Por eso, bajo el prejuicio de la apariencia, suelo desconfiar de un guionista que habla más de lo que escucha, o que tiende a mirarme fijamente en los silencios antes que observar a la gente atractiva que pasa a su lado. O, ya el colmo, que simplemente pide “un café” sin reparar en que el camarero es una persona humana, y no entabla una conversación más empática del estilo “por favor, cuando puedas me traes un descafeinado con leche, de máquina, corto de café, con la leche muy caliente, en vaso, y con un vasito de agua, muchas gracias majo”.

Como veo que no acabo de explicar mi teoría de la observación, iré al grano: ¡¿Por qué coño casi todos los guionistas tenemos barba?! En serio, después de acudir a diversos actos de encuentro con compañeros y de tomar más de 470 cañas y 130 cafés (aproximadamente) empecé una tesis sobre el tema de la barba, pero a los pocos segundos la abandoné, y no por mi procrastinación innata sino porque era una auténtica chorrada de tesis. No me hacía falta perder el tiempo escribiendo folios y folios sobre un tema tan apasionante como la barba humana para coscarme de una máxima: los guionistas llevamos barba para imponer respeto. Alguna compañera del mundillo se sentirá rechazada, pero cuando hablo de barba también me refiero a bigote (más o menos poblado), perilla, pelusilla… y todas las acepciones que se os ocurran, así que todos y todas tenemos la opción (si nos da la gana) de entrar en el selecto club.

Al caso, me viene a la memoria el gran Pau Gasol. Una vez le escuché una anécdota que os relato: cuando Pau llegó a la NBA era un buen jugador que había conseguido títulos en Europa, pero aún no había explotado todo su talento en la competición de basket  más competitiva del mundo. Tenía cara de no haber roto un plato y de recibir collejillas de los All Stars. Era un fideíllo, un tirillas, y, lo peor, siempre se le veía afeitado de manera ejemplar. No jugaba mal, pero algo fallaba para triunfar en el entorno yankee: le acusaban de falta de carácter y de ser blando. Los pívots americanos se lo merendaban en el cuerpo a cuerpo. Pero entonces Pau encontró una solución: cogió kilos de musculatura, mala hostia, se atusó el pelo largo como Sansón, y lo más importante, se dejó barba. Al poco, le llegó la gloria. Ya no se amedrentaba, imponía a sus rivales, asustaba, y sobre todo, imponía RESPETO.

Gasol

Sinceramente creo que a los guionistas se nos ha perdido el respeto en esta España mía, esta España nuestra. Una buena pregunta sería saber si alguna vez lo llegamos a tener. Supongo que Azcona, sí. Pero el grado de valor actual, el que yo conozco al menos, es tirando a ínfimo.

Sabemos del poder del Sindicato USA, la labor de los agentes, la Black List, el poder de la INDUSTRIA americana, y demás. Vale, es otra liga, y es ridículo comparar. Es como pedirle al Rayo Vallecano que gane la Champions. Pero no veo tanto problema en copiar lo que funciona, en fijarnos en países como Reino Unido, Francia o Alemania, y sobre todo en dar valor a nuestra profesión. Además es gratis. No cuesta nada. Y ya no digo que nos dejemos barba (que también) para que nos respete el productor de turno o la cadena de siempre, sino para que nos respetemos y nos valoremos a nosotros mismos.

Debemos sentirnos orgullosos de lo que escribimos, sólo así no perderemos la dignidad cuando llegue la hora de negociar nuestro sueldo. Habrá veces que escribamos por amor al arte, algunas porque tenemos fe ciega en un proyecto, otras para pagar la hipoteca, y las menos para que nuestro nombre tenga un destacado en los libros de Historia del Cine/TV. Pero que todas ellas nos llenen, aprendamos, valoremos, e incluso disfrutemos con pasión y entusiasmo.

Tenemos que luchar por nuestros textos, moverlos por todas las vías posibles para que vean la luz, ser tremendamente activos, trabajar, trabajar, trabajar, ser constantes, y disfrutar del proceso. Todos hemos pasado por hacer trabajos gratis, por cobrar miserias, por escribir mierdas que nada tienen que ver con nuestro criterio de estilo, etc, etc, derrotismo, etc, etc, más derrotismo, etc, etc, etc… Pero recordad, estamos luchando día a día por lo que verdaderamente nos gusta, la mayoría de la gente no puede decir lo mismo, somos especiales, sintámonos orgullosos de ello.  

Un ejemplo. Uno, que es observador, se ha percatado de que en rarísimas ocasiones nos acordamos de nuestros propios compañeros en las entregas de premios. Creo que se vuelve a hacer patente la falta de valor a nuestro gremio. Aunque no lo comparto plenamente, me parece lícito que en estas ceremonias se critique al gobierno, a la situación del Tibet, al representante friki de Eurovisión, o al cuñado tocahuevos que no me ha pasado los langostinos en Nochebuena. Pero para treinta segundos de gloria que vamos a tener, en serio, me hubiera encantado que alguien se acordara de los propios guionistas o que se reivindicara nuestra profesión. Qué bonito sería acordarse de gente que nos inspira, que admiramos, que leemos con pasión, como Wilder, Allen, Kaufman, Goldman, Sorkin, y qué coño, Azcona, Alejandro, Guerricaechevarría, Gaztambide, y tantos otros.

Nos tenemos que citar más para darnos a conocer y conseguir romper el anonimato mediático. ¡“Guionista”, hay que decirlo más! Gente como Javier Olivares, Nacho Faerna, David Muñoz, Natxo López, Sergio Barrejón, Paco López Barrio… (que tenemos el gusto de leer por estos u otros lares), dignifican la profesión y son la punta de lanza con la que debemos asomar, aún más, la cabeza. Si os dais cuenta, ¡¡¡todos ellos con barba!!! Otros compañeros, entre los que modestamente me incluyo, como Salva Rubio, Raúl Serrano, Gabi Ochoa, Daniel Martín Novel… estamos luchando por hacernos un hueco y empezamos a saborear esas semillas que hemos ido plantando al cabo de los años. Y qué decir de aquellos que empiezan, hay talento y ganas de romper con lo establecido, y eso, estoy seguro, nos hará escribir mejores historias.

Aprovechemos que el mundillo del guión está más vivo que nunca gracias a la cantidad de vías que tenemos para mover nuestras historias y a las redes sociales: Alicia Luna es el alma máter de  #vinoguionistas, Daniel Castro y Juanjo Ramírez se han atrevido a escribir un guión en 24 horas y lo han publicado, éste último incita a que escribamos nuestro propio episodio de “Black Mirror” para demostrar nuestro potencial, con Fernando Hugo estuvimos charlando el otro día sobre una posible Black List española, guionistas patrios de postín cuelgan sus guiones en la red… y así un largo etcétera que suele venir avalado por unas simples cañitas o unos poleos para vernos las caras de vez en cuando.

Fuera de bromas, hay que seguir luchando y no desesperar a pesar de la que nos cae, estemos unidos, sin temor, sin negatividad, sin escusas, sin derrotismos. Nos dedicamos a lo que nos mola, no es ninguna cruz. Además, si la cosa no resulta, siempre nos queda la crucifixión, que no está tan mal, y silbar una alegre melodía. ¡Eric Idle simbolizaría a las compañeras guionistas (sin barba), y todos los demás a la legión masculina! Y, casualidad, ¡¡¡todos con barba!!! Os imagináis…