ESCRIBE SERIES, ESCUPE FICCIÓN

Por Guionistas Vlc

En alguna reunión lo habíamos hablado, pero no quedó más allá de un futuro proyecto. Guionistasvlc llevamos más de 3 años y además de compaginar nuestros proyectos personales con trabajo y con el blog, queríamos seguir con algo conjunto, seguir asentando nuestra manera de ver la ficción.

¿Por qué no un taller de guión de series?

Todos, de una u otra manera hemos dado clases. Paco imparte un estupendo taller sobre escritura, Rafa lleva más de cinco años impartiendo distintos cursos de guión y monólogos, y Gabi también lleva impartidos unos cuantos cursos sobre guión de cortometrajes y el trabajo de estilo. Martín seguía en DF y no podía estar en las clases presenciales (de momento).

A esto se unía otro valor. Actualmente y dada la coyuntura en Valencia todos habíamos hecho nuestros pinitos fuera de la terreta: Paco trabajando en el equipo de Victor Ros, Gabi desarrollando proyectos de serie para diversas productoras en Madrid y Rafa moviendo los suyos también.

No solo éramos nosotros sino que teníamos un buen puñado de amigos, que aparte son excelentes profesionales, que darían masterclass, vendrían a dar charlas y estarían codo con codo con los estudiantes. Apetecía dar el paso y poco a poco asentar algo en Valencia, aquí, y desde aquí hacia donde sea.

Con ello, presentamos nuestra propuesta a EDAV, la asociación de guionistas valencianos, que lleva varios años colaborando con la Universitat de València y ofreciendo una oferta formativa conjunta. El proyecto Certificado de escrituras de series dramáticas fue muy bien acogido y finalmente fue uno de los seleccionados junto con el taller de Certificado en la escritura de comedia de situación y sketch de humor de Carlos García (que se inicia en junio y tiene la matrícula abierta ahora mismo), El cine independiente y la ficción low cost de Pau Martínez y el de Serie diaria de Televisión de Joana Martínez.

Durante octubre y noviembre de este año estaremos impartiendo clases los tres (Paco López Barrio, Gabi Ochoa y Rafa Ferrero) de los 4 módulos que vamos a desarrollar en el taller:

1) La idea, el proyecto, qué es la biblia

2) Argumentos, escaleta, tratamiento

3) Los personajes, los diálogos y su ejecución final: el guión piloto

4) El documento final y el pitching: presentación de los proyectos.

Pero esto no va a ser lo único. Con la base de los 4 módulos, que ayudará a los estudiantes a terminar un proyecto de serie para presentar a las cadenas, se sumará las masterclass con grandes profesionales (y grandes amigos) que han apoyado nuestra iniciativa:

En este caso se unen al Certificado Javier Olivares, el alma mater de Isabel (TVE) y Víctor Ros (TVE) y con una dilatadísima carrera a sus respaldas como guionista y director argumental de series; Verónica Fernández, con un currículum envidiable fogueado en múltiples películas y series (desde El bola pasando por El síndrome de Ulises o El Príncipe) y que actualmente coordina el equipo de Ciega a citas; y Virginia Yagüe responsable de éxitos como La señora o 14 de abril. La República.

Tres grandísimos profesionales que sabrán sacar jugo al trabajo y las dudas que los alumnos planteen en las clases.

Esperemos que esta sea la primera piedra en los nuevos proyectos de Guionistasvlc. No va a ser el único. La marca “pedagogía guionistasvlc”se ha puesto en marcha. Queremos levantar piedras, hacer que esto funcione, ver como se pueden escribir series y llevarlas a cabo desde Valencia. Es un reto, pero creemos mucho en él.

Este es el primer paso.

Si os interesa aquí tenéis el enlace al certificado de escrituras de series dramáticas. Vamos a hacer todo lo posible (e imposible) para extraer un buen puñado de proyectos que podáis llevar a las cadenas de televisión.

Hace falta que la creación valenciana se dé a conocer y se retroalimente. Y vamos a por ello.

ESCRIBIR CON / SIN MÚSICA

writer

por Paco López Barrio y Gabi Ochoa

Hace unos dias, Javier Olivares escribió en su  facebook este pequeño pero precioso texto:

“Escribir. Ese oficio que te salva. Donde puedes contar tus miedos, tus alegrías, tus penas y otra vez tus alegrías. Y que perdura más allá de todo ello, como si todo estuviera en su sitio cada vez que otro (al que no conoces) ve lo que has inventado.

Escribir. Esa posibilidad de vivir las vidas de otros porque con la tuya sola no te es suficiente. De que los personajes te chisten que lo que has puesto en su boca, nunca lo dirían ellos.

Es duro de cojones. pero es un oficio maravilloso. Porque aunque un día ya no lo hagas, otros seguirán viviendo lo que has escrito.

Y si escribes con la música que te gusta, ya es la hostia.”

En pocos minutos el post se llenó de “me gusta”, nuestros y de muchos otros compañeros. Aunque hubo alguna discrepancia justo en la última línea. ¿Escribir con o sin música? Aqui van las razones para ambas posturas.

NO: Es una amante exigente que se presenta a deshoras.  (Paco)

Aunque prefiero el silencio, me he acostumbrado a trabajar con ruido. Quizá porque viví muchos años en una avenida ruidosa. Y, después, porque si no eres capaz de aislarte te tienes que plantear renunciar a la escritura o renunciar a la paternidad. Puedo escribir mientras un martillo neumático levanta el asfalto de la calle o el vecino hace bricolaje. Aunque use la herramienta más escandalosa: la radial.

No puedo escribir con música. Si es una música que detesto me molesta mucho. Pero aún es peor si me gusta. Y cuanto más me guste, peor. Me voy tras ella, sin poder evitarlo. De pequeño tuve una época en que me habría gustado ser no ya músico, sino director de orquesta (por pedir que no quede). Me solía poner discos de música clásica, a buen volumen. Y, sin darme cuenta, empezaba a bracear como si tuviese la orquesta delante. Lo bueno de no tener que compartir habitación con los hermanos es te permite estas pequeñas extravagancias.

Lo que vengo a decir es que soy muy aficionado y lo soy desde hace muchos años. Con el tiempo cambié mis intereses hacia la literatura y, más tarde, a la escritura de guiones. Pero siempre llevé dentro a ese pequeño músico frustrado. Siempre tuve muy claro que no hay mejor manera de escuchar música que no hacer nada. Bueno, si: escuchar música cuando haces música, tocando en conjunto con otros. Pero no siempre los tienes a mano. La situación ideal, para mí, es dejarme caer en un sillón cómodo y mantener la luz ambiente baja. Incluso escucharla en completa oscuridad. Me gusta dejarme llevar por una melodía que enganche, que sorprenda, que envuelva. Pero también me gusta sentir como los diferentes planos sonoros se van combinando: percibir cómo las armonías van creando el colchón sobre el que todo reposa, disfrutar de cómo se mezclan en mi cabeza el canto y el contracanto, disfrutar de los cambios de tonalidad, de una disonancia bien puesta… dejarme acariciar por las texturas de cada instrumento y de sus combinaciones con otros.

Todo esto distrae mucho. Pero lo peor, para mí, es el poder evocador de la música. Hay músicas que me llevan a tiempos y lugares reales, pero otras me conducen a momentos no vividos, en lugares no visitados, con gente no conocida… pero que sin embargo me producen la sensación de una vieja familiaridad. A veces es sólo un pequeño fraseo, una ligera modulación, un qué se yo muy tenue y que parece surgido de la nada, pero que tiene el poder de levantar una visión muy poderosa ante mi: la de las vidas que no he vivido y ya sólo puedo encontrar en los sueños y en la música.

¿Que todo eso es reciclable en relato? Por supuesto que lo es. Incluso hay escenas que he imaginado como acción dramática porque antes las he “escuchado”. Hay músicas que suenan a lluvia como otras suenan a amanecer, hay músicas que suenan a soledad como otras suenan a reencuentro. Te dan un tema, un decorado, incluso una luz… pero todo eso ya se aprovechará más tarde, debidamente digerido y meditado. Habrá servido para despertar los sentidos, pero, en el mismo momento de teclear me sobra. Porque me sigue seduciendo en exceso y me entrego. A veces, hay que reconocerlo, una música me sirve de magdalena de Proust. Pero qué habría sido del pobre Proust si, mientras escribía, le hubiesen lanzado magdalenas a la cabeza todo el rato.

Las palabras, para mí, necesitan nacer con un ritmo bien trabajado. Pero es un ritmo verbal que si se mezcla en mi cabeza con otro ritmo musical me quedo tan confuso como el que se frota la barriga en círculos con una mano mientras se da golpes con la palma abierta en la cabeza con la otra. Hay quien sale airoso de ese juego, yo no. Quizá, de haber sido pianista, habría aprendido a mover las manos independientemente y, con ellas, las dos mitades del cerebro. Pero no es el caso.

Que no falte la música en mi vida: para mí sería casi tan dramático quedarme sordo como ciego o paralítico. Pero cuando abro el procesador de textos me molesta. Mucho. Como una amante exigente que te visita a deshoras.

De regalo una pequeña pieza que me hizo soñar – y después escribir- una pequeña historia que rodaremos cualquier dia de estos.

SI: Sin música la vida sería un error (Gabi)

Escribir. Aquello que hacemos, aquello que duele y que amas, por partes iguales. Así es como lo he vivido yo desde hace muchos años este proceso. La frase de arriba pertenece a Nietzsche, el de “Así habló Zarastrusta”, el que mató a Dios, pero creo que esta pequeña máxima fue su creación más perfecta.

Sin música no podría escribir, tal vez no podría vivir. A Paco y a servidor nos sirvió este texto de Javier Olivares para reflexionar sobre la música en el proceso de la escritura. Paco sostiene que no puede escucharla cuando está escribiendo. Yo, por el contrario, no podría escribir sin estar oyéndola. Ahora escucho “California dreamin”, una canción que me hace recordar a tanto y tanto escrito, a tanto y tanto vivido,…

El proceso de escritura, que es solitario, necesita de algún amigo. Yo lo encontré oyendo música. Conforme pasan los años cada escritor se acoge a una serie de hábitos que le son difíciles de desprender. Yo puedo escribir en oficinas (lo he hecho mucho tiempo en mi etapa de guionista de programas), en cafeterías (algo que he experimentado alguna vez), o en casa (mi rutina más habitual). Pero siempre intento tener, aunque sea bajito, una música, algo que me esté diciendo. Además suelo hacer listas de reproducción. Los que me sigáis por Spotify veréis que tengo carpetas con nombres de iniciales, otras con proyectos ya desarrollados (“El amor no es lo que era”, “Den Haag” o “Deseo y placer”) y otras con nombres que nadie entiende, solo yo.

Y en ella entro cuando me pongo con ese o aquel proyecto. Incluso a veces las utilizo para escribir otras cosas, por lo que las músicas de un proyecto contaminan otro. Este pequeño desliz lo dejo si es lógico, si es posible, si hay algo que los una (que puede ser que estén interconectados entre si de una manera más íntima). Ahora estoy escuchando las músicas de una carpeta que he denominado “The beauty”. Sí, es un nombre encriptado, pero al hablar de la música solo podría pensar en una manera de verla, analizarla, sentirla: la belleza.

Puedo entender a aquellos que como Paco no puedan oír la música mientras escriben, porque tal vez el proceso de escritura sea analítico, cerebral, pero yo me entronco más a un proceso sintético, creativo y creo que la música te da un entorno, una manera de ver el mundo, incluso te propone personajes, situaciones, acciones, te hace de frontón en todo lo que tu imaginación desborda.

Sé que cada uno la usará de una manera. Recuerdo haber entrevistado a Molina Foix una vez y confesarme que escribía con música, pero con la música de la radio, una radio fórmula que no recuerdo. A mi me costaría más hacerlo con algo así. Prefiero la selección, las cápsulas para un determinado tiempo, y crear una atmósfera. Se trata pues de sentarme frente al ordenador e irme a ese mundo que me transporta la música y escribir, y vivirlo.

Ahora suena la última canción de esta carpeta con apenas 7 temas, uno de los temas que más me apasiona oír. El día que escriba algo que este a la altura de esta pieza de Debussy, seré un poquito más feliz.

EMPEZANDO

Por Gabi Ochoa

Uno siempre piensa que está empezando en esta profesión. Tiene verdaderos momentos de bajón y no sabe si lo que hace va en una dirección o de verdad aquello que escribe es pura basura y lo mejor que podría hacer es retirarse a tiempo.

He de decir que con la moral baja me fui a las I Jornadas de guión de Televisión. Baja por la situación, mía y de nuestro colectivo en Valencia, y por que cada cierto tiempo me pregunto, ¿por qué escribo?

O sea que el Gabi que estaba en Madrid fue una especie de Charlie Kaufman cuando va a ver a Robert McKee preguntándose si de verdad su guión está bien estructurado o es una basura. Así estaba yo.

Y lo primero que me encontré es más de 60 personas como yo. He de decir que para mi gusto las jornadas estaban muy masificadas, y que fui perdiendo autoestima cuando alguien me preguntaba: ¿Pero de verdad eres guionista, trabajas de guionista?

Sí, gran parte de las personas que había allí eran estudiantes o gentes que tenían otro oficio. Parece que escribir está en desuso. Somos una especie en peligro de extinción. Curiosa paradoja. De hecho en una comida me encontré hablando con alguien de las licitaciones de aeropuertos, porque esa persona había diseñado un proyecto para uno de ellos O.o

Anécdotas aparte (que haberlas ahílas y muchas, y curiosas), mi idea eran desgranar algunas perlas de los ponentes que por allí pasaron.

Me gustó mucho como arrancó Manuel Ríos San Martín al hacernos ver que siempre hay que baremar nuestro impulso creativo con el coste de oportunidad: escribir tirando a dar, sabiendo que puedes colocarlo en algún sitio, teniendo claro tu producto. Y es que esa fue la máxima de su primera charla (Manuel fue la estrella del encuentro), reflexionar sobre lo que escribimos, y mucho, sobre el concepto, algo que siempre pasamos por encima (este post suyo sobre la peripecia y el tema es revelador).

Me gustó sobre todo cuando hizo hincapié que escribir es pensar, y que antes de escribir, pensemos. Siempre diciendo que hay que teclear mucho y alguien sensato nos dice que por lo menos escribamos sabiendo lo que hacemos. Un 10 para él.

En el primer día gentes como Juan Carlos Cueto o Alberto Grondona nos explicaron como se desarrollaron series donde han trabajado. El primero en “Águila roja” y “Tierra de lobos” y el segundo en “El tiempo entre costuras”. Pero creo que todo el mundo se quedó con los trallazos de verdad de Olivares, que fueron comentados durante varios días. Yo tengo aún uno grabado en el hipotálamo:

Parece que hemos borrado la “emoción” de nuestro acerbo guionístico. Es más importante saber palabrejos nuevos (Grondona por ejemplo nos habló del capítulo bottle, que es aquel que es prácticamente todo hablado con pocos personajes), que pararse en lo más básico: llegar al espectador con emoción.

Esa perla más esta otra:

Creo que fueron suficientemente valiosas para una charla que empezó sin concesiones, ni siquiera a si mismo: hablar de su vida, de aquello que hizo de “Isabel” saliera de las entrañas, no tiene precio.

Al día siguiente, ya el sábado 7, empezó Noel Ceballos y le siguió Victoria Dal Vera. Tal vez lo que Noel nos relató no me venía de nuevo, y algo parecido con Victoria, aunque vino bien para refrescar, y sobre todo, en el caso de la charla sobre personajes sirvió para asentar muy bien la idea de que el conflicto tiene que ir siempre a la esencia del personaje, como señaló insistentemente Victoria.

Valentín y Javier Reguilón hablaron de diálogos y escenas. Lo que Valentín nos comentó es más o menos un avance de lo que suele desarrollar más profusamente su taller on-line de diálogos. Tal vez lo que más se me quedó fue la relación entre la comunicación verbal y no verbal. Por suerte salí corriendo de allí para comprobar empíricamente aquello que habían dicho los dos: fui a ver la increíble “La vida de Adele”. Me dejó sin aliento, sin palabras, y casi sin pantalones. Tremenda!

El último día arrancó Natxo López con la comedia, aunque como él mismo dijo, la primera regla para la comedia es no hablar de ella a las 9:30 horas de un domingo.

Cuanto queremos a nuestros personajes y cuanto nos da por defenderlos, ¿no? Creo como Natxo que en los errores están los aciertos. Y sobre todo en las contradicciones.

Tras dos charlas interesantes con Mariano Baselga y Eduardo Zaramella (de las más claras y esquemáticas la de Eduardo, sobre el fantástico y el terror), llegó un pequeño traspié por parte de María José Rustarazo. Y personalmente no creo que sea culpa de ella, sino de quien la mandó, porque empezó mal Valentín cuando la presentó diciendo que Cristóbal Garrido y Ramón Campos la mandaron a ella (¿qué no podían venir ellos?). O esto es lo que entendí. Si no fue así, los comments están para algo.

Mª José explicó muy bien como se desarrolló “Hispania”, una serie que dio mucho que hablar en las jornadas, pero me dejó helado cuando en el power point que tenía a sus espaldas sentenciaba algunas de las ficciones de Bambú con una frase. Si “Gran Hotel” era “un juego con la Historia”, lo de “Galerías Velvet” era cuanto menos curioso: “dejar de lado lo político”.

Y aquí me tengo que parar porque, pese a que iba a decir allí algo, preferí no cortar su intervención (interesante, no lo dudo) y comentarlo pausadamente aquí.

¿Podemos obviar “lo político” en una serie enmarcada en los ’50, en los ’60 en la España franquista? ¿Y sobre todo, debemos?

No sé, se me plantean muchas dudas éticas y/ morales. Unos años jodidos en este país, con la dictadura en sus momentos más duros como para obviar “lo político”. ¿De verdad pensamos que el espectador es tonto, que no recuerda su historia? Estoy convencido que  “Galerías Velvet” será un exitazo (los mimbres son buenísimos), pero me parece un error de comunicación, de planteamiento, de desarrollo, o de lo que sea, obviar lo que somos y porqué lo somos. No es la primera serie que lo hace, pero la contundencia con la que la dijo María José me dejó muy frío.

La última parte corrió por cuenta de Manuel Ríos para hablar de mini-series y tv-movies y de Virginia Yagüe y Pablo Tobías hablándonos de series diarias. Las dos tremendamente interesantes.

Y el broche final Manuel y Virginia nos hablaron de la realidad del aquí y ahora.

Me quedo con dos pinceladas que dejó Virginia en este final y que me gustaron:

– Sé crítico con lo que haces, con lo que escribes (yo diría, con lo que ves y con el oficio)

– Insértate en el oficio, para después mostrad tu voz.

Seguro que me dejo, por error y/u omisión muchas reflexiones interesantes, pero espero que alguno de mis compañeros, ponentes, o gentes en general pueda ampliarlo en los comments.

Volví a Valencia pensando en nuevas historias e ideas, en cambiar aquello o aquello otro, en crear. Y pensando que pese a que continuamente estamos empezando, comenzar ya es un buen signo.

 

EL GUIONISTA, EL EXCEL Y EL PRODUCTOR EJECUTIVO

Por Fernando Hugo (Firma invitada)

Fernando Hugo Rodrigo (@fernanhugo) es guionista, lector de guiones y ahora se ha pasado al mundo de la producción, trabajando en departamentos de desarrollo.

Participar en el máster Mega Plus de la Media Business School ha sido de una intensidad que requiere perspectiva. Dejaré para otro momento y lugar uno o dos posts sobre “cómo sobrevivir al Mega” porque la cosa tiene miga. Además, ustedes estarán más interesados en temas profesionales.

En España, el guionista, en general, no se permite el lujo (o el vicio) de encerrarse en su mundo, pegar la vista a su pantalla de ordenador, y vivir entre tarjetas escritas y rescritas con escenas y diálogos. En mi caso, se trataba de levantar la vista del ordenador un poco más hacia arriba. O más hacia el fondo, según se mire. Para descubrir el misterio oculto tras las palabras “productor ejecutivo”.  No lo es tanto ya, claro. Es un camino abierto por Javier Olivares, Nacho Faerna, o, me lo recuerdan las crónicas del III Encuentro de Guionistas, Xabi Puerta  (el primero que me dio una oportunidad, por cierto).

“Un productor ejecutivo es un guionista que le ha perdido el miedo a la hoja de Excel” dijo Puerta, según twitearon. Muy cierto. Este curso, con sus contenidos dispuestos y divididos en módulos, te recuerda que cualquier profesión, también ésta, se basa en conocimientos y habilidades concretas. Que se pueden aprender. Los que defendemos que escribir guiones es un trabajo más ya sabíamos que lo del guión también tiene normas, reglas.

A la vez, y ahí está la sabrosa contradicción, al igual que el guionista, el productor trabaja entre una serie de abstracciones que proporcionan el mismo potencial grado de ansiedades varias.

Christophe Vidal, representante de la rama de un banco (francés, claro) que financia películas, nos disparó la primera salva. El cine no es una industria. No producimos en serie. Producimos prototipos. Ahí estaba: avisando de la máxima que gravitaría sobre todas y cada una de las clases. Nadie sabe nada. No tenemos ni idea de qué va a funcionar.

No me entiendan mal. Muchos de los expertos que acudieron dicen saberlo. Nadie oferta un servicio a un cliente diciéndole “bueno, vamos a poner toda nuestra experiencia y conocimiento, pero oiga, con esto nunca se sabe”. Ya en el primer mes, era comentario común entre mis compañeros. Cuando cambiábamos de experto era como cuando uno ve una noticia en distintos canales. Una película diferente. Quien hablaba de televisión, crowdfunding, transmedia, remakes, defendían lo suyo, a veces sólo lo suyo, como la tabla de salvación del audiovisual. “Comedy does not travel”, pero confirmé que Los hombres de Paco se vendió y se vio mucho en Bulgaria. Rodar en inglés te asegura más ventas internacionales… pero el mercado estadounidense le puso las cosas difíciles incluso a The Impossible[i]. El “murder mystery”  (sobre todo, con giro “oscuro”) tiene audiencias fieles en Alemania y los países escandinavos también en televisión, pero hay casos de éxito y casos de fracaso. Un buen “package”, con director y actores populares, es la mejor carta de presentación, y nos encanta hablar de House of Cards, que parece que justifica su éxito por Kevin Spacey o David Fincher. Pero se nos olvida que, en el mismo Netflix, Hemlock Grove también ha tenido su efecto en las audiencias, sin cast conocido. Y con malas críticas, por cierto. Porque eso también se nos olvida. El éxito o el fracaso no tiene nada que ver con la (tan subjetiva) calidad.

Normal, que en el máster en algunos momentos nos tentara gritar a pleno pulmón: ¿pero entonces qué demonios es “seguro”?

Supongo que a muchos les hubiera gustado más coherencia. Más “las cosas son de esta (única) manera”. A mi que en parte las reglas sean endebles, subjetivas, parciales, me encanta. Me estresa, a ratos, es verdad. Pero me pasa como cuando, como (deformación profesional) guionista escuchaba y observaba cómo una acción o unas palabras de un compañero eran juzgadas por los otros de maneras tan distintas. Perspectivismo, que creo que se llama. El Mega lo que facilita es el “saque usted sus propias conclusiones”.

“Nadie sabe nada” es una canción que lleva sonando décadas. Pero es como si la música se aceptara pero la letra, el pie de la letra, se ignorara a propósito. Ahora ya no es tan fácil. La piratería, el descenso de las ventas de DVD/BlueRay[ii], las tendencias diferentes (a veces opuestas) de consumo de cine en distintos países, y de consumo de televisión, con las dobles pantallas, lo ha cambiado todo. Tras este terremoto, hasta el más sordo se ha parado a escuchar la letra de la canción. Un segundo, claro. En un negocio que mueve billones a nivel mundial, la singularidad tiene que absorberse. Que forme parte del paradigma.

“Ok. La industria ha cambiado. Aceptamos barco. Y ahora, por favor, ¿podemos seguir funcionando aunque sea con una nueva pila de reglas?”

Un compañero, un tipo inteligente, definía este ejercicio. Coger cada black swam, cada cisne negro, cada “irregularidad” que prueba que lo que decíamos ayer que era “la norma” es “bullshit” (mi compañero es británico), y asimilarlo al sistema. No sea que se nos venga abajo el castillo de naipes.

Ahora es fácil afirmar que The Walking Dead iba a ser un fenómeno. Pero el agente internacional de ventas de esta serie, uno importante, con una sinceridad aplastante[iii], nos reconoció que leyó el guión del piloto que le enviara AMC. Y su primera conclusión fue “Esto está muy bien, pero es producto de nicho”. Para frikis, para el fandom que se pirra por algo que no es sino un subgénero. Creo recordar que leí a alguien en Bloguionistas (diría que David Muñoz) contando la anécdota de que hace unos años un productor le dijo que eso de los vampiros no tenía salida.

Pero es que es imposible anticipar que querrá el público. Ahora, y más, dentro de tres años, la media para que una película consiga la financiación. Con las series de las cadenas en abierto, sí, los tiempos son menores (por eso, hay quien juzga la tele más cerca del concepto “convencional” de “industria”), pero saber que hasta las cadenas de cable americanas requieren años y complicadas negociaciones, te hace darte cuenta. Cuánto de intuición, de irracionalidad, tiene el proceso de crear un producto audiovisual.

Spielberg estuvo a punto de hacer Lincoln para televisión. Kathryn Bigelow tuvo que acudir a una heredera millonaria para financiar Zero Dark Thirty . La otra broma que hacíamos en el Mega es preguntarnos qué contendría el project proposal, el dossier, que elaboraran los productores de The Artist. Uno de los requisitos exigidos para este documento que entregamos al final de máster es el análisis de comparables: películas o series similares, que demuestren que ese género, ese tono, ese tipo de historia, ha tenido éxito, en taquilla o índices de audiencia. ¿Se imaginan qué “comparables” usaron los autores de una película muda en blanco y negro? Yo tampoco.

Es esa contradicción. No producimos para una cadena de montaje, pero igualmente necesitamos dinero: cash-flow (nuestra pesadilla durante el máster, por cierto). Tenemos que convencer a banqueros, cadenas de televisión, fondos privados (en España, no los hay; en el mundo, algunos) y fondos públicos que nuestra apuesta se sostiene sobre argumentos racionales.

¿Cómo se resuelve esta posición tan ilógica? Fácil. “Nadie sabe nada”, ya lo decía, no se escucha al pie de la letra, pero su música sigue siendo asumida por todos. Lo saben los distribuidores locales, los agentes de ventas internacionales, los exhibidores, las cadenas de televisión, los fondos privados o públicos.  No lo admitirán en público; tal vez ni siquiera a nivel consciente. Pero lo saben. Las cifras y los datos son una mera excusa. Las previsiones de “revenues” en tal país son entelequias. Apostar porque una tendencia (pongamos la ciencia ficción, ahora en alza) va a mantenerse en los próximos años es eso, una apuesta. Tan segura como jugar a la lotería.

Los mejores expertos que acudieron al Mega Plus defendían lo opuesto a lo que sugieren ciertos gurús (por cierto, normalmente ajenos al cine) que leo en Twitter o en blogs. Eso de “primero veamos qué quiere el público, y a partir de ahí, creemos el producto que están buscando”. No. Es el camino inverso. Primero, encontremos una propuesta de película o de serie que nos apasione. Luego busquemos cómo convencer a los demás. Un posible truco puede ser que abramos el abanico y busquemos esa gente más allá de nuestras fronteras.

En todo caso, si te vas a tirar tres años empujando un proyecto, que sea por algo en lo que creas. Los datos y cifras apoyarán mejor o peor tus argumentos, pero, al cabo, lo que quieren oír es pasión. Por una historia, por cierto. Lo crean o no, fuera de España lo que tiene mucho pero que mucho peso es el guión. Una buena historia. Una historia bien contada.

Algunos me dirán que exagero. Bueno. Aceptemos barco. Seguro que hay un mínimo de normas comunes de qué puede y qué no puede funcionar. Seguro. A ver quién las encuentra.


[i] Vean las recaudaciones en Estados Unidos, y las que hizo en el mercado internacional. Pareciera que el “package” con actores de renombre ayudan a vender al mundo, pero no tanto en el gigante americano.

[ii] Por cierto, menos acusada en Estados Unidos de lo que muchos creerían. El fenómeno es más propio de Europa.

[iii] Tanto que, por cierto, descubrimos con cierta grima el grado de hijoputez supina que este brazo del proceso puede llegar a tener; por ejemplo, haciendo teasers/trailers engañosos, para vender películas a distribuidores locales que no ven el producto completo.

Verano de 2013. Crónica personal

Me toca a mí romper el hielo tras este largo y pegajoso verano durante el que hemos tenido el blog de vacaciones. Hemos estado todos más o menos ocupados. Para ser franco, creo que también hemos sufrido un ataque de pereza colectiva y simultánea. Pero o nos ponemos las pilas o alargamos las vacaciones hasta Navidad. Y no es plan. Así que allá va. Dejaré los artículos sesudos para cuando el cerebro recupere un poco su velocidad habitual de crucero, en una o dos semanas, y os contaré, simplemente, mi resumen de los últimos meses.

Por Paco López Barrio

victor_ros

VICTOR ROS

A finales de primavera terminé mi trabajo en la miniserie Victor Ros, producida por New Atlantis para TVE. Policíaca y de época, ahí es ná. A mí me tocó coescribir el capítulo 4 (de 6) junto con Javier Olivares. Reconozco que empecé el encargo con un cierto miedo. Ha sido mi primera experiencia en ficción para prime time fuera del ámbito valenciano. Pero es que además, Olivares es mucho Olivares. Da vértigo ver su ficha en IMBD: ¡mucha serie y qué series! Y teniendo aún muy fresca la impresión que me causó la primera temporada de Isabel, probablemente lo mejor que se ha escrito en TV en España en años. De repente me vi metido en el mismo equipo que escribió esa maravilla (y unas cuantas joyas más como Infidels o KMM para TV3). Escribir con Javier, con Anaïs Schaaff, con Pablo Olivares ha sido como pasar de jugar en el Levante a fichar por el Barça. Es una de estas situaciones en las que sientes que te juegas mucho más que un partido: te juegas el ganarte un puesto en el mejor equipo de la Primera División o seguir en la liguilla regional para los restos. Pero la cosa, creo, ha salido bien (a falta de lo que opine el público).

Para superar el miedo escénico me marqué una estrategia que recomiendo a todo el mundo: No intentes escribir imitando a tu jefe de equipo. O pensando en qué le gustará y qué no. Porque vas a escribir en falso y no acertarás. Empápate de la biblia, sobre todo de los personajes para que sean consistentes de capítulo a capítulo, y a partir de ahí sé tú mismo. Escribe como honestamente creas que debes hacerlo y será mucho más fácil, gustándote a tí mismo, que le guste a él. Relájate y disfruta aportando lo tuyo. La gracia de un equipo no es ser clones, sino que las diferentes sensibilidades se complementen y enriquezcan el resultado final. Aunque, lo sé, no siempre se tiene la suerte de que tu jefe lo entienda así. Aquí funcionó.

Desde el 2 de septiembre está ya en rodaje. Ya avisaré de la fecha de emisión cuando se sepa, para que podáis pelarnos a gusto. No he visto aún los decorados (espero visitarlos pronto) pero me dicen que son espectaculares. Ahora a esperar que cuaje el próximo proyecto.

rosa_vidal

DURMIENDO CON EL ENEMIGO

A finales de junio asistí a las Jornadas de Dinamización que, por segundo año consecutivo, organizó EDAV, el sindicato de guionistas al que pertenezco. Jornada intensa, con ponencias más interesantes unas que otras. Sólo hay una cosa que no me gustó: la invitación a Rosa Vidal, actual directora de Canal 9. Como no me gustó la presencia, el año pasado, de Lola Johnson. Argumento oficial: hay que sentarlos en nuestra mesa, para que escuchen lo que tenemos que decirles. Impecable si se programase su presencia en una mesa redonda, con otros participantes críticos y posibilidad de hacer preguntas incómodas desde el público.

Pero si se les invita para la inauguración, lo que hacemos es concederles un lugar protocolario destacado, como si fuesen organizadores del acto. Llegan, saludan y se van… no se les puede preguntar, no se les puede decir nada a la cara y además les regalamos la oportunidad de salir guapos en la foto sin merecerlo. Esta gente son el brazo ejecutor de la gran matanza del audiovisual valenciano. No me digáis: “A ellos también les duelen los recortes”, que no me lo creo. Como me comentó un colega en la pausa del café: “Una cosa es quedar con el asesino para conminarle a que deje de matar. Y otra para debatir con él cómo limpiamos la sangre”. Por favor, si el año que viene se vuelve a organizar, no les llaméis. O no, al menos, para sonreír y cortar la cinta. Ponedlos a tiro de nuestras preguntas impertinentes o que no vengan. Que no pierdan su tiempo ni nosotros el nuestro.

PASSEJANT PER BARCELONA

sveistrup

Junio terminó con una visita relámpago a Barcelona. Los colegas del GAC habían organizado una master-class con el guionista danés Sören Sveistrup (el alto y rubio de la foto), el creador de Forbrydelsen (para muchos la mejor serie europea reciente). Luego los americanos compraron los derechos y de ahí salió The Killing.

A destacar la impecable labor de Anaïs Schaaff como moderadora del debate. Si alguien quiere escuchar lo que se dijo aquí está el vídeo. Eso si, son dos horas de escuchar catalán por una oreja e inglés por la otra.

Aparte de eso siempre es un placer tomarse una cerveza en la Plaza de San Felipe Neri, a la sombra de Santa María del Pi. Así lo hice con Joan Álvarez (el de Barcelona, no el valenciano) con quien ya tenía amistad virtual desde hace un par de años. Un tipo estupendo, como lo es también Nacho Cabana (el padre de Nacho Muppet, el crítico de cine más rompedor de los últimos tiempos) y a quien pude también “materializar”. A Nacho le agradezco, a raíz de este viaje, haber superado mis recelos hacia la cocina japonesa.

Por la noche cena en el barrio de Gracia con Javier Olivares y Anaïs Schaaff. Con Anaïs comparto la curiosidad por las cocinas orientales. Y con los dos, algunos proyectos que están a la espera de luz verde. En el paseo posterior me enseñaron un lugar muy especial para los dos: “En esta esquina nos quedamos hablando por primera vez, hasta las tantas, de un nuevo proyecto y empezamos a darle forma”. Aquello se convirtió, tiempo después, en la serie de TV3 Kubala, Moreno i Manchón. No hay placa señalando el lugar, pero os lo digo yo: calle Verdi, esquina con La Perla.

paco_zarzoso_portada_2013

NUEVE SEMANAS DE LOCURA ZARZOSIANA

Ya metidos en julio, llegamos al final del Taller de Escritura Dramática que me ocupó dos tardes por semana durante dos meses y pico, bajo la dirección del dramaturgo Paco Zarzoso. De algún aspecto de este taller ya hablé aquí anteriormente.

Mis motivaciones para participar en él fueron variadas. Una de ellas el abrirme a nuevos campos de trabajo. Pero, sobre todo, había una especie de deseo de bajar a los orígenes del oficio. Nuestra manera de construir escenas está tan mediatizada por la posibilidad de rodar fragmentariamente y sentarse luego en una mesa de montaje que perdemos, tal vez, un poco de vista el qué significa verdaderamente eso de la unidad de acción, de tiempo y de espacio. Me pareció interesante y productivo el intentar acercarme al manejo de tiempos y espacios de una manera más natural, sin mediación de las exigencias técnicas de una cámara. Y al mismo tiempo recuperar otro pulso en el lenguaje, más poético, más calmado, más reflexivo. También por explorar otra manera de poner en relación lo posible y lo creíble. Siempre he tenido la sensación – y en el taller la confirmé- de que el manejo de lo imaginario en su relación con lo real es mucho más libre en el teatro que en otras formas de representación. Y no me refiero a cuan fantástica sea una historia y los mundos que visita sino a otra especie de fantasía que se manifiesta a corta distancia en la propia construcción del momento. No se si me explico muy bien, en todo caso sería materia para otro post.

Fue muy estimulante y divertido. Paco Zarzoso nos puso en más de una ocasión contra las cuerdas, planteando ejercicios de impromtu. Ahí o te desinhibes y reaccionas en segundos o te hundes. Tambien disfruté mucho de los ejercicios de escritura “a la manera de”, que desarrollamos a partir de una simple historieta de una página de las Hermanas Gilda. Yo la reescribí tres veces: a lo Tennessee Williams, a lo Eurípides y a lo Chejov. Y me lo pasé de puta madre las tres veces.

Pero me quedo sobre todo con el descubrimiento de Paco Zarzoso como ser humano. Sabe de teatro lo que no está escrito, pero por encima de todo es un tipo todo cordial, próximo y muy divertido. El grupo de alumnos muy bien. Me encantó coincidir allí con Joana Ortueta, que cumplió como una leona pese a su avanzado embarazo (temíamos que rompiese aguas en medio de alguna sesión). Pero aguantó hasta el final.

Si vuelve a organizar este taller os lo recomiendo muy en serio.

teclas

SETENTA TECLAS

Desde hace unos dias soy la tecla / del Proyecto 70 teclas, una iniciativa surgida de un grupo de guionistas clientes asiduos de la Librería 8 ½ de Madrid. La cosa surgió a raíz de un homenaje a Jesús, el dueño de la librería recientemente fallecido.

La finalidad del colectivo es financiar, con una pequeña contribución personal, la edición en libro de dos guiones de cine por año. La idea me gustó y entre los promotores hay unos cuantos compañeros que aprecio y respeto. No doy nombres que la lista es larga, pero el que me terminó de convencer fue Carlos López que ha sido un captador muy activo. Los detalles en la web de ALMA (aunque la lista de teclistas no está actualizada).

En broma he dicho que, más allá de la edición, deberíamos constituirnos como lobby. Como una especie de masonería guionística y terminar controlando el mundo. Y no lo descarto del todo. Gente que se junta para editar libros es muy posible que acaben poniendo en marcha con el tiempo otras iniciativas. Y yo quiero estar ahí.

tots

TOTS A UNA VEU

A mediados de septiembre asistí al estreno en el Centre Octubre de Valencia del largometraje Tots a una veu. Se trata de una colección de cortometrajes con un leit motiv común (al estilo de Paris, je t’aime) que tienen todos la peculiaridad de estar ubicados en Valencia. Y, a través de ellos, denunciar la situación en que vivimos. La iniciativa partió, hace un año de Rafa Ferrero y Guadalupe Sáez, que han coordinado el proyecto hasta el final.

Rafa o Guada os lo podrán explicar mejor que yo. Simplemente contaros que fui invitado a participar desde el primer momento. Y llegué a tener mi corto escrito y los actores apalabrados. Pero por circunstancias personales (hace unos meses se me complicaron algunos problemas familiares) decidí dejar el tema para otra ocasión. Os confieso que, visto lo que vi en el estreno, me ha dado mucha pena no estar yo ahí también. Porque les ha salido redonda, pese a la variedad de temas y estilos y, sobre todo, la precariedad de los medios. El presupuesto era 0 euros. Ni uno más ni uno menos. En FB podreis encontrar fechas y lugares de las próximas proyecciones. Os la recomiendo.

Al final mi aportación fue prestar a mi hija como actriz. La niña que sale en el corto de Rafa Ferrero, en la escena de la tienda de videojuegos, es mi hija Patricia. Mi corto… pues espero rodarlo dentro de este curso que empieza si no se tuerce nada otra vez.

adeuRTVV-2

ADÉU, RTVV

 

 

Adéu, RTVV. Crònica del penúltim fracàs de la societat valenciana, es un libro colectivo en el que se recogen articulos de 21 colaboradores, publicados en diarios y blogs, acerca del proceso de hundimiento de la radio y televisión pública valenciana.  La recopilación es obra de Vicent Climent y Borja Flors y ha sido editado por la Universidad de Valencia.

En el libro se recogen tres artículos míos. Dos publicados en este mismo blog y un tercero en la revista digital Los Ojos de Hipatia.   Aunque ya estaba en las librerias desde mediados de julio el acto de presentación oficial se retrasó para pillar a la gente de vuelta de vacaciones.

El acto se celebró en el Colegio Mayor Rector Peset. Allí tuve la oportunidad de dar un abrazo a compañeros que no veía hace años.  Sobretodo a mis cámaras de los primeros programas, en el 89/90.

Si queréis tener una buena visión de conjunto de cómo se destroza un hermoso proyecto colectivo, os lo recomiendo. Pero aviso: pone de muy mal humor.

bilbao

SIEMPRE NOS QUEDARÁ BILBAO

Y allí nos veremos pronto, porque ha sido la ciudad elegida como sede del III Encuentro de Guionistas, tras los celebrados en Valencia (2010) y Madrid (2011). El año pasado, como ya había encuentro internacional en Barcelona (al que también asistí) no se convocó.

Sobre el encuentro escribí una parida en twitter (@pacolb) que cayó en gracia y se convirtió en uno de los eslogans de la convocatoria. Así que no puedo faltar. Y porque además Ana Hormaetxea y Asier Guerricaetxeberría me han prometido llevarme a sus chiringuitos preferidos. No me lo voy a perder.

LA RESACA DE LA NOCHE DEL GUIÓN

Aarón, el Inquilino. Foto: Itzel Enciso

Aarón, el Inquilino. Foto: Itzel Enciso

Por Martín Román.

Ayer se celebró el tercer aniversario del blog de El Inquilino Guionista coordinado por el guionista Aarón Romera, almassorí afincado en México desde hace 10 años. Si visitaste su página o Facebook durante las últimas semanas seguro te enteraste de las actividades preparadas: mesa redonda, proyección del cortometraje “El Manual Vaquero” (del que hablé en este post), un monólogo de Tío Rober y el DJ Ed Moreno.

Nada más llegar, en la fila de entrada ya empecé a encontrarme caras conocidas, y había cola, la noche se presentaba agitada. A Aarón y Talía, principales responsables del evento, se les veía nerviosos y emocionados de recibirnos a todos. Con la entrada de 30 pesos (2’5€) nos ponían una pulserita como en todo gran festival y nos servían un chupito de mezcal, supongo que para soltar la lengua y ayudar a superar la agorafobia de los guionistas acostumbrados a vivir y escribir en soledad.

Aarón me había pedido que escribiese al día siguiente una crónica para este blog y accedí, así que busqué buena posición para escuchar a los ponentes y tomar notas. Cuando lo logré Aarón me informó de que había una baja de última hora, Marcela Fuentes Berain no podía acudir, me preguntaba si quería participar en la mesa redonda. Me entraron los nervios pero no podía dejar pasar la oportunidad de conversar con Adrián Zurita (co-guionista de Nosotros los Nobles, la película mexicana más taquillera de la historia), Rafael Gaytán (co-guionista de El cielo en tu mirada, uno de los éxitos del pasado año), Ximena Escalante (dramaturga, maestra del CCC y guionista de televisión) y Michael Rowe (ganador de la Cámara de Oro en Cannes 2010 por Año Bisiesto).

La pregunta que abría la mesa redonda era “¿Cómo vivir del guión?”, claro, no fue el momento de mayor derroche de alegría. Casi todos lo complementamos con labor docente o realizando otras labores dentro del audiovisual (producción, continuidad…). Michael Rowe puso una nota de humor: “Cuando salí del CCC me propuse vivir del guión, comí un año pero porque como poco y con poca frecuencia”, él optaba por realizar otros trabajos antes que guiones que no le gustasen. Rafa y yo coincidíamos en aceptar los trabajos variados pues de todos se aprende hasta estar en posición de poder elegir qué quieres hacer (no siempre se consigue). Como a veces en este tipo de reuniones se considera la televisión como un producto menor, Ximena rompió una lanza a su favor: “Aproximadamente cada dos años escribo una telenovela y lo disfruto mucho, es un ejercicio increíble”. Adrián Zurita fue el más optimista y creo que tiene razón, “México vive el mejor momento de la historia y se demandan guiones e historias nuevas en todo el mundo. Los Angeles está a tres horas de avión y se hacen secuelas de Batman sin parar porque no tienen historias novedosas”.

Los ponentes.

Los ponentes.

En la tanda de preguntas y respuestas nos preguntaron cosas como ¿por qué escribir un guión?, ¿cómo es el trabajo con directores? o ¿cómo abordan su trabajo? Michael Rowe hablaba de su poca constancia y facilidad para la procrastrinación, cosa que nos sucede a muchos pero también deslizó una gran frase: “Somos empleados y nuestros jefes son los personajes”. Ximena Escalante también fue clara: “el objetivo de un escritor es acotar sus obligaciones para escribir lo que uno quiere” y “lo que le pido a la vida son más horas de capacidad creativa”. Rafael Gaytán consideraba que él no puede “guardarse las cosas, tiene que sacarlas y escribirlas”. Yo les animé a realizar otros trabajos dentro del audiovisual para conocer mejor el trabajo del guionista al conocer en qué aprietos colocamos a técnicos y actores a la hora de construir las imágenes que nosotros hemos escrito.

Aarón moderaba y ya iba a concluir la mesa para dar paso al siguiente evento. Yo iba de suplente pero me había animado con la charla (y por supuesto las 2 cervezas y el mezcal) y pedí de nuevo la palabra. Enlacé el optimismo de Adrián Zurita sobre las grandes posibilidades que existen hoy día para vivir del guión con una reflexión que le escuché a Javier Olivares sobre la importancia de hacer visible la figura del guionista exigiendo por contrato que en las comunicaciones de prensa el nombre del escritor aparezca, que el nombre del escritor aparezca en mismo tamaño de fuente, veces y duración que la del director. Y Michael Rowe sentenció: “En los créditos debería aparecer ‘Una película de (nombre del escritor) dirigida por (nombre del director)’.”

manual V

Tras la mesa redonda se proyectó el cortometraje El Manual Vaquero. Hace un año que lo grabamos y todavía no lo había visto. Fue una alegría poder verlo con tanta gente y escuchar los momentos que conectaba con el público sacando algunas risas, que para sus cinco minutos de duración fueron varias veces. La lástima fue el sonido y que al haber mucha gente de pie no pude ver del todo bien la imagen pues le dieron al play cuando yo estaba en la barra pidiendo una chela.

Tras el monólogo sobre guionistas de Tío Rober llegó el momento distendido de la noche, cervezas, saludos entre guionistas, editores, actores y actrices que se acercaron a saber más del evento. Fue un gusto ver tantas caras conocidas y brindar con ellos, por su culpa (y sólo suya, yo no tuve nada que beber, digo ver) acabo de escribir este artículo con cierta resaca.

LA BARBA DE LOS GUIONISTAS

Con una considerable trayectoria como guionista, analista de guión y creador de contenidos, Roberto Alfaro debutó en el cine el año pasado escribiendo el guión de “Ni pies ni cabeza”, de Antonio del Real. Actualmente se le acumulan los proyectos entre los que destaca la adaptación cinematográfica del cómic “De perros y de huesos”.

Por Roberto Alfaro

Bajo el techo del hogar, normalmente soy un tipo que tiende a la distracción y a procrastinar en un nivel experto-premium. Pero cuando salgo a la calle como un perrillo que tensa la correa y tira del amo como si no hubiera mañana, me convierto en un avezado observador. Supongo que esta condición viene de serie si nos queremos dedicar a juntar letras de una manera, por lo menos, medianamente decente. Por eso, bajo el prejuicio de la apariencia, suelo desconfiar de un guionista que habla más de lo que escucha, o que tiende a mirarme fijamente en los silencios antes que observar a la gente atractiva que pasa a su lado. O, ya el colmo, que simplemente pide “un café” sin reparar en que el camarero es una persona humana, y no entabla una conversación más empática del estilo “por favor, cuando puedas me traes un descafeinado con leche, de máquina, corto de café, con la leche muy caliente, en vaso, y con un vasito de agua, muchas gracias majo”.

Como veo que no acabo de explicar mi teoría de la observación, iré al grano: ¡¿Por qué coño casi todos los guionistas tenemos barba?! En serio, después de acudir a diversos actos de encuentro con compañeros y de tomar más de 470 cañas y 130 cafés (aproximadamente) empecé una tesis sobre el tema de la barba, pero a los pocos segundos la abandoné, y no por mi procrastinación innata sino porque era una auténtica chorrada de tesis. No me hacía falta perder el tiempo escribiendo folios y folios sobre un tema tan apasionante como la barba humana para coscarme de una máxima: los guionistas llevamos barba para imponer respeto. Alguna compañera del mundillo se sentirá rechazada, pero cuando hablo de barba también me refiero a bigote (más o menos poblado), perilla, pelusilla… y todas las acepciones que se os ocurran, así que todos y todas tenemos la opción (si nos da la gana) de entrar en el selecto club.

Al caso, me viene a la memoria el gran Pau Gasol. Una vez le escuché una anécdota que os relato: cuando Pau llegó a la NBA era un buen jugador que había conseguido títulos en Europa, pero aún no había explotado todo su talento en la competición de basket  más competitiva del mundo. Tenía cara de no haber roto un plato y de recibir collejillas de los All Stars. Era un fideíllo, un tirillas, y, lo peor, siempre se le veía afeitado de manera ejemplar. No jugaba mal, pero algo fallaba para triunfar en el entorno yankee: le acusaban de falta de carácter y de ser blando. Los pívots americanos se lo merendaban en el cuerpo a cuerpo. Pero entonces Pau encontró una solución: cogió kilos de musculatura, mala hostia, se atusó el pelo largo como Sansón, y lo más importante, se dejó barba. Al poco, le llegó la gloria. Ya no se amedrentaba, imponía a sus rivales, asustaba, y sobre todo, imponía RESPETO.

Gasol

Sinceramente creo que a los guionistas se nos ha perdido el respeto en esta España mía, esta España nuestra. Una buena pregunta sería saber si alguna vez lo llegamos a tener. Supongo que Azcona, sí. Pero el grado de valor actual, el que yo conozco al menos, es tirando a ínfimo.

Sabemos del poder del Sindicato USA, la labor de los agentes, la Black List, el poder de la INDUSTRIA americana, y demás. Vale, es otra liga, y es ridículo comparar. Es como pedirle al Rayo Vallecano que gane la Champions. Pero no veo tanto problema en copiar lo que funciona, en fijarnos en países como Reino Unido, Francia o Alemania, y sobre todo en dar valor a nuestra profesión. Además es gratis. No cuesta nada. Y ya no digo que nos dejemos barba (que también) para que nos respete el productor de turno o la cadena de siempre, sino para que nos respetemos y nos valoremos a nosotros mismos.

Debemos sentirnos orgullosos de lo que escribimos, sólo así no perderemos la dignidad cuando llegue la hora de negociar nuestro sueldo. Habrá veces que escribamos por amor al arte, algunas porque tenemos fe ciega en un proyecto, otras para pagar la hipoteca, y las menos para que nuestro nombre tenga un destacado en los libros de Historia del Cine/TV. Pero que todas ellas nos llenen, aprendamos, valoremos, e incluso disfrutemos con pasión y entusiasmo.

Tenemos que luchar por nuestros textos, moverlos por todas las vías posibles para que vean la luz, ser tremendamente activos, trabajar, trabajar, trabajar, ser constantes, y disfrutar del proceso. Todos hemos pasado por hacer trabajos gratis, por cobrar miserias, por escribir mierdas que nada tienen que ver con nuestro criterio de estilo, etc, etc, derrotismo, etc, etc, más derrotismo, etc, etc, etc… Pero recordad, estamos luchando día a día por lo que verdaderamente nos gusta, la mayoría de la gente no puede decir lo mismo, somos especiales, sintámonos orgullosos de ello.  

Un ejemplo. Uno, que es observador, se ha percatado de que en rarísimas ocasiones nos acordamos de nuestros propios compañeros en las entregas de premios. Creo que se vuelve a hacer patente la falta de valor a nuestro gremio. Aunque no lo comparto plenamente, me parece lícito que en estas ceremonias se critique al gobierno, a la situación del Tibet, al representante friki de Eurovisión, o al cuñado tocahuevos que no me ha pasado los langostinos en Nochebuena. Pero para treinta segundos de gloria que vamos a tener, en serio, me hubiera encantado que alguien se acordara de los propios guionistas o que se reivindicara nuestra profesión. Qué bonito sería acordarse de gente que nos inspira, que admiramos, que leemos con pasión, como Wilder, Allen, Kaufman, Goldman, Sorkin, y qué coño, Azcona, Alejandro, Guerricaechevarría, Gaztambide, y tantos otros.

Nos tenemos que citar más para darnos a conocer y conseguir romper el anonimato mediático. ¡“Guionista”, hay que decirlo más! Gente como Javier Olivares, Nacho Faerna, David Muñoz, Natxo López, Sergio Barrejón, Paco López Barrio… (que tenemos el gusto de leer por estos u otros lares), dignifican la profesión y son la punta de lanza con la que debemos asomar, aún más, la cabeza. Si os dais cuenta, ¡¡¡todos ellos con barba!!! Otros compañeros, entre los que modestamente me incluyo, como Salva Rubio, Raúl Serrano, Gabi Ochoa, Daniel Martín Novel… estamos luchando por hacernos un hueco y empezamos a saborear esas semillas que hemos ido plantando al cabo de los años. Y qué decir de aquellos que empiezan, hay talento y ganas de romper con lo establecido, y eso, estoy seguro, nos hará escribir mejores historias.

Aprovechemos que el mundillo del guión está más vivo que nunca gracias a la cantidad de vías que tenemos para mover nuestras historias y a las redes sociales: Alicia Luna es el alma máter de  #vinoguionistas, Daniel Castro y Juanjo Ramírez se han atrevido a escribir un guión en 24 horas y lo han publicado, éste último incita a que escribamos nuestro propio episodio de “Black Mirror” para demostrar nuestro potencial, con Fernando Hugo estuvimos charlando el otro día sobre una posible Black List española, guionistas patrios de postín cuelgan sus guiones en la red… y así un largo etcétera que suele venir avalado por unas simples cañitas o unos poleos para vernos las caras de vez en cuando.

Fuera de bromas, hay que seguir luchando y no desesperar a pesar de la que nos cae, estemos unidos, sin temor, sin negatividad, sin escusas, sin derrotismos. Nos dedicamos a lo que nos mola, no es ninguna cruz. Además, si la cosa no resulta, siempre nos queda la crucifixión, que no está tan mal, y silbar una alegre melodía. ¡Eric Idle simbolizaría a las compañeras guionistas (sin barba), y todos los demás a la legión masculina! Y, casualidad, ¡¡¡todos con barba!!! Os imagináis…

 

DIARIO DE UN PACIENTE (UN POST GUIONÍSTICO)

Por Gabi Ochoa

DÍA -3

Vamos camino del estudio de postproducción en el metro de Madrid. Falta casi nada para ver el resultado final de “El amor no es lo que era” y tengo una extraña sensación de emoción y vacío por algo que se acaba. Me gustan los procesos. En el metro recibo una llamada. Dice más o menos así:

“Le llamo del hospital XXX. La doctora me ha dicho que le llame porque hay un donante de córnea para operarse”. Nunca una llamada me había sacado tanto de la realidad. “- Sí, claro, ¿cuándo?” “- Ingresa el domingo, el lunes le operan”.

Durante el día trato de asimilar la noticia. A ello se une el magnífico comentario de Javier Olivares sobre el oficio del guionista en una entrada de Natxo López. Óscar Bernácer desde su Facebook me pone tras esa pista (gracias Óscar).

El día se convierte en una mezcla extraña entre lo que ocurre y lo que va a ocurrir, y todo con las sensatas y extremecedoras palabras de Olivares rondándome la cabeza.

DÍA 0

Salgo a andar-correr antes de ingresar en el hospital. Desde hace casi tres meses es una rutina que mantiene despejada mi cabeza. Sigo pensando en lo que pasará mañana, en la operación. Paciencia, me digo. Ingreso pasadas las 18 horas en el hospital. Me faltan firmar unos papeles de conformidad y me recuerdan que será anestesia general.

DÍA 1: ANESTESIA

No fue como en las películas. Nadie me hizo contar para que me durmiera, y temblé como todo hijo de vecino. Solo recuerdo que cuando desperté dije: “Me meo, me meo, me meo,” y alguien me trajo un recipiente. Luego en la habitación, mientras oía como en otro cuarto alguien vomitaba su anestesia, yo hacía esfuerzos horribles por mearla. Quería levantarme pero no me dejaban. “Tienes que estar tumbado”. Pero no podía, y me dolía horrores. Finalmente cuando salieron de la habitación urdí un plan: mi hermano se quedó solo conmigo y le dije que cerrara la puerta y me levantara la cama. Salté como un resorte y apoyé mis pies desnudos en el suelo. Le obligué a abrir la pila del baño y a mantenerla un rato. Al fin, aquello, salió. No lo pasaba tan mal desde hacia tiempo. No me dolía la operación en la vista, tenía la vejiga rota de dolor. Pero salió. Aquello que quieres, si te esfuerzas, sale. Pero por momentos, ante las prohibiciones de las enfermeras me asusté. Temí lo peor. Mi dignidad se fue a la puta mierda. Ahora sí, ya he podido mear tranquilo. Será una jodida tontería pero esa lucha fue mi día.

DÍA 2: VÍA DOLOROSA

De mis continuas visitas a las secciones de libros de teatros de todas las librerías, siempre recuerdo un texto de David Hare (que nunca me compré) de título “Vía dolorosa”. No tengo ni idea de qué va, pero me acuerdo de él mientras me miro la mano derecha, donde está la vía de suero que cuando entra, duele.  ¿Cuándo me quitarán esa vía? ¿Por qué va tan lenta?

En mi desesperación, cuando va más rápida duele más. Incluso el último gotero que me pusieron (sí, hubo un último) no entraba y la enfermera tuvo que apretarme varias veces para que entrara. Ese gotero, de hecho, se cayó y no me lo pude terminar (bonita metáfora final para las vías).

El segundo día me destaparon el ojo. Recuerdo dolor, sensación de arenilla (que aún me dura) y claridad.

DÍA 3: ALUCINACIONES

La noche del 2 al 3 fue la peor. Aluciné. No es broma. Tuve alucinaciones. Se lo contaba al día siguiente a un amigo que vino a verme y se reía, pero lo pasé fatal. No sé si era todavía la anestesia a alguno de los medicamentos que me hicieron tomar, pero por las noches veía que la manta se convertía en el pelo de dos señoras que hablaban entre si y había un pájaro en medio. Luego vi en la pared de la habitación muchas figuras extrañas (flores, cuerpos, no sé) que se movían. Deliré. Llamé a la enfermera. Para no decir que alucinaba, dije que no podía dormir. Me dieron un orfidal. Los sueños lisérgicos siguieron y al final, no es broma, hubo un momento que se despidieron y todo. Se fueron y pude dormir.

DIA 4: EL ALTA

Desde mi ventana veo times-lapses a tiempo real. El aburrimiento era esto. Los días y las noches se confunden. Creo llevar 1 mes aquí y solo son cuatro días. La doctora me da la buena nueva: te puedes ir a casa.

Mi rutina es la de un jubilado que no sabe que hacer: oigo el Ipod constantemente, ya puedo leer algo (poco a poco me voy acercando a las pantallas), por lo que devoro obras de teatro (en estos días ha pasado por mis manos “La lengua a pedazos” de Juan Mayorga, “Juicio a una zorra” de Miguel del Arco, “Incendios” y “Litoral” de Majdi Mouawad, más otros libros teóricos).

¿Y qué hace un guionista cuando no puede escribir, cuándo le es imposible sentarse ante el teclado?

Pensar.

He apuntado miles de ideas en la libretita que tengo al lado del sofá. No me acerco al ordenador hasta pasadas dos semanas. Pero esta rutina de la libretita te sirve para moldear ideas, con las que te enamoras, luego sufres conflicto, incluso muchas deshechas, pero piensas.

Me viene a la mente una anécdota de una reunión de guionistas en la que estuve con un productor, y este metía prisa a los guionistas por tener una nueva versión, por los tiempos, ya sabéis. Y uno de los guionistas dijo:

– Si pero el problema no es ese, el problema es que no me pagas para escribir.

– ¿No te pago para escribir?

– No, me pagas para pensar.

Y sí, trabajamos para pensar y para que eso, se convierta en palabras, ideas, oraciones, acotaciones, diálogos, que puedan enamorar a nuestra audiencia. Eso.

Ahora que por fuerza obligada voy a estar un tiempo fuera de las teclas (que no fuera de la palabra, el lápiz y el papel son grandes aliados), me encuentro en una etapa que he denominado “de barbecho”.

Agradezco las muestras de cariño de amigos y familiares (Pau y Pilar, Pedro y César, Nacho y Ara, Sergio, Xavi, Gonçal, Paloma, Gio, mis compañeros Martín, Rafa y sobre todo Paco –iremos alguna vez a la ópera juntos Paco-, Ferran y María, Marina, Iris, Rosa y mis suegros, Jacobo, mis actores de “Den Haag” y Jaume y los Catervos, y todos los que me han escrito para interesar por mi. Especialmente a mi mujer Marta y mi hermano Joaquín que tuvieron que aguantar unas cuantas noches a mi lado. Y a mis padres y mi otro hermano, David, que nos ha traído junto con su mujer a otro sobrino a la familia Ochoa, Pablo).

Y sí, como todos tengo miedo de cuál será mi futuro laboral, y sobre todo mi futuro personal. Pero también creo estar en el momento creativo más propicio para que aquellas ficciones que desarrollaré en el futuro sean memorables.

Es hora de poner el ordenador en reposo. Por un tiempo.

A VUELTAS CON EL CULEBRÓN

por Javier Olivares

Tras nueve capítulos ya emitidos de “Isabel”, serie de la que -como director argumental de la misma- ya escribí en esta casa (Isabel: la Historia, las historias…), hay dos temas que me han llamado la atención de entre los muchos comentarios que ha suscitado la serie. Uno, la acusación de falta de rigor histórico. Dos, la catalogación de “Isabel” como un culebrón.

Sobre el primer tema decir que mi principal temor al empezar a crear los argumentos de la serie era que los historiadores se me lanzaran a degüello. No sólo no lo han hecho, sino que guardo mensajes, comunicados e incluso críticas de historiadores y asociaciones de dicho gremio alabando el trabajo documental realizado. Una serie que se somete a una second screen que cuenta los datos históricos reales de todo lo que se va contando mientras se emite, es porque dispone de una documentación férrea. Y hasta aquí puedo leer.

Respecto al segundo tema (el del culebrón), creo que merece la pena extenderse un poco más, hablando de “Isabel” e incluso abarcando el tema en general, porque creo que hay muchos equívocos al respecto que convienen ser debatidos. Empiezo por lo general.

ENTRE LO DESPECTIVO Y LO FRIKI: HISTORIA DE UN CONCEPTO

Culebrón” es un término peyorativo. Cuando el fichaje de un futbolista se alarga en exceso se dice “continúa el culebrón”. El juicio sobre el expolio de Marbella es un culebrón (con personajes típicos del mismo, por cierto). Habitualmente, denominamos así a las series diarias de origen latinoamericano, producciones de gran cantidad de episodios a lo largo de los cuales se establecen intensas relaciones sentimentales de amor/odio y venganza entre muchos personajes. Ojo, las denominamos así nosotros, porque allí las llaman telenovelas o sencillamente novelas, términos más técnicos y respetables para unas producciones que han pasado ya de los sesenta años de vida como nacimiento del género (herederas del serial radiofónico).

Pero, además, también se llaman así a aquellas series que, sin ser diarias, plantean historias de poder, ambición y amores imposibles y personajes radicalmente opuestos en cuanto a su bondad o a su maldad, ambas impermeables. En este sentido, históricamente, hay dos escuelas: la inglesa (con obras como La línea Onedin, Poldark, Arriba y abajo…) y la norteamericana, que prefiere residir en lo contemporáneo y huir de épocas pasadas (salvo Norte y Sur). Ejemplos claros: Dallas, Falcon Crest, Dinastía. Personalmente, prefiero el melodrama británico por tener más matices, hablar de paisajes como la revolución industrial, las clases sociales (en este sentido, la excelente Downton Abbey es heredera directa de Arriba y Abajo) y tener unos diálogos, interpretación y realización también más matizada, con elipsis, subtexto… sin el remarcamiento verbal o el excesivo fruncir de cejas de las americanas (aunque hay excepciones, como la excelente Hombre rico, hombre pobre o, a un nivel muy inferior, El Pájaro Espino).

Tan exageradas eran las historias de Dallas o Falcon Crest, que hasta entraron en el lenguaje popular con frases como “eres más mala que Angela Channing”, con chistes abundantes sobre su criado chino y hasta con un rap divertidísimo que Pepe Da Rosa dedicó a J.R. Y aquí entramos en el terreno de lo friki. Mientras amas de casa esperaban anhelantes y crédulas cada capítulo, éstos eran seguidos también por un público que esperaba su emisión para “estar al día” en sus relaciones sociales. Para hacer chistes y bromas sobre tan desaforadas historias. El hecho de que el culebrón también adaptara nuevos géneros (sobre todo juveniles) cerró el círculo entre lo despectivo y lo friki, del que hay ejemplos actuales tan evidentes como Revenge, pasando por las mil bromas sobre los nombres compuestos venezolanos.

Sin embargo, este análisis tan simple no debe hacernos olvidar grandes obras de la inicial telenovela latina. Nunca me gustó Delia Fiallo, pero he encontrado pocos escritores tan brillantes, analizando las emociones, como José Ignacio Cabrujas. Una de sus obras teatrales (El día que me quieras, 1979) es una de las obras magnas del teatro escrito en castellano. Sin duda. Habla de la última actuación de Gardel antes de su accidente en avión, creo que en Colombia. Para pasar desapercibido, se aloja en una casa de una familia con varias hermanas solteronas. Pocas veces he visto una disección tan emocionante del fenómeno del fan, de ese tipo de mujeres que serían sin duda (varias décadas más tarde) seguras espectadoras de sus telenovelas.

Otro hito de la telenovela (para otros culebrón) es Por estas calles de Ibsen Martínez (que colaboró con Cabrujas en otras producciones), donde la dicotomía buenos-malos se definía en corruptos empresarios y explotados trabajadores. Un anticipo de los tiempos, sin duda.

Tampoco conviene olvidar la excelente producción de la telenovela brasileña con obras maestras como Roque Santeiro (con una cabecera espectacular para su tiempo). Nadie como los brasileños para manejar la telenovela haciendo historias de época, contemporáneas, históricas, policiales e incluso de ciencia ficción. Añaden algo que me llama especialmente la atención: la ironía y el humor.

Por último, no podemos olvidarnos de la escuela catalana, con Poble Nou como origen. Joan Bas convenció a José Maria Benet i Jornet para diseñar una historia cercana que generó un modelo de narración y un modelo de producción: el de lo que luego sería (junto a Jaume Banacolocha) Diagonal TV. Series como Temps de Silenci y luego la mismísima Amar en Tiempos Revueltos son herederas directas. En ellas, lo cotidiano, lo social… se hacía televisión. Bien es cierto que Benet tiene una tendencia a la truculencia que no comparto (y que nos costó una profunda discusión cuando trabajamos juntos), pero es un maestro indiscutible de la creación de personajes. Si a eso añadimos la suma de Rodolf Sirera -otro maestro- y de Antonio Onetti, entenderemos las excelentes primeras temporadas de ATR. O las tramas, más recientes, del cura pederasta. O la humanidad y la ironía popular del bar El Asturiano. Eso es lo que la ha hecho grande, además de algo tan innovador como cambiar a la mayoría de sus personajes de una temporada a otra.

No quiero abandonar este repaso a la telenovela española sin citar dos series. Una, para mí, una obra maestra en sus primeras temporadas (de la mano del excelente Lluís Arcarazo): El Cor de la Ciutat. La otra, una sorpresa reciente: El secreto del Puente Viejo. Tomando el modelo Diagonal, han hecho una obra en la que todo fluye natural, con un casting excelente y con un arriesgado salto en el tiempo.

En definitiva, no soy un detractor del culebrón. Hay unos que me gustan mucho, otros menos y algunos, nada (Dallas, Falcon Crest… nunca pude con ellas, tampoco la escuela Fiallo ni la factoría Televisa). Soy un detractor de lo maniqueísta, lo simple y lo truculento por lo truculento. Y considero un error llevar el género al prime time. Porque con el avance de la ficción como arte narrativo, el culebrón, en su sentido más negativo y aplicado al prime time, es una evasión (sea de época o no), una simplificación guionística en historias de personajes buenísimos y otros malísimos. Un paso atrás derivado de creer que cuando más simple es la historia (por muy bien producida que esté, aunque se vista de seda, culebrón se queda) más audiencia va a tener. Algo que, los últimos datos parecen desmentir como regla incuestionable.

CONFUSIONES DE GÉNERO

Creo que el mundo, la vida, es algo complejo, como para contar las cosas de manera simple. Que un ciudadano anónimo pasa por pruebas cotidianas que ya quisieran muchos héroes mitológicos, vive una vida “líquida” que definiera Bauman. Y que la ficción tiene que hablar de ello, de manera popular pero adulta, en vez de edulcorar la realidad en universos de bondad impoluta y maldad a prueba de bombas. Creo, también, que se tiende a confundir “melodrama” con “culebrón”. Y que el mismo “culebrón” se ha regenerado con ejemplos magistrales y modernos, dejando de serlo. Y sin necesidad de dicotomías maniqueístas. Citaré dos series.

Una es un ejemplo de reconstrucción del género que llega a ser una de las mejores series de todos los tiempos: Dos metros bajo tierra. ¿Su metodo? La reconstrucción de las emociones, la ironía, la fragmentación y búsqueda de identidad de sus personajes… Y el hecho de trasladar el añadido del “oficio”: una funeraria. Por ello trasciende del género (cosa que no hace True Blood por muchos vampiros que muerdan).

Otra es Call the Midwife, ambientada en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial en Londres. Reúne todos los elementos típicos para hacer un culebrón típico. En manos de algunos productores patrios se habría convertido en una interminable saga queriendo imitar Amar en Tiempos Revueltos. Al contrario (y a espera de un especial la próxima Navidad) se ha conformado con seis excelentes capítulos en los que sí, hay una historia de amor imposible… pero no se ve jamás al hombre por el que la protagonista sufre. Sí, hay otro joven que la quiere a ella… pero su historia se elipsa y no llega a un final feliz.

Call the Midwife parece una historia para amas de casa ya entradas en años. Pero (y todo mi respeto hacia ellas: son un público tan digno como cualquier otro) es algo más. Es una historia cuyo tema esencial es la bondad y la solidaridad en tiempos difíciles. Y es la narración del origen del servicio de salud pública británico. Hablar de ese tema hoy es, en época de recortes y privatizaciones, revolucionario. Otra genialidad: no hay malvado malísimo personalizado en nadie. La maldad es la miseria y la incultura. Y es otra obra maestra, porque huye de simplificaciones y maniqueísmos. Si antes de su estreno alguien me llega a decir que me emocionaría tanto una historia de monjas y parteras, le hubiera llamado loco.

Y es que no es tiempo de simplezas (por mucho que la LOGSE y sus herederos y ministros de la talla ínfima de Wert insistan en ello). No puede serlo cuando en Luther el protagonista tiene como principal colaboradora a una psicópata asesina. Cuando en Breaking Bad un padre de familia enfermo y frustrado trafica con droga. Cuando, ya desde Expediente X, conocemos la teoría de la conspiración. Cuando Dexter la protagoniza un asesino en serie (que da la vuelta a lo que es bondad y es maldad) y Damages una bruja maravillosa como Glenn Close. No después de Broen, Forbrydelsen (con protagonistas femeninas asociales y en la primera un asesino que es apreciado en redes sociales), Homeland (donde no se sabe quién es el verdadero terrorista), The Good Wife (donde todos son unos cínicos), Boss (donde nadie es bueno)… Mientras los tiempos avanzan, no es cuestión de quedarse quieto.

VOLVIENDO A “ISABEL”

La primera vez que se tachó a “Isabel” de ser un culebrón fue en el programa “La Script”, en la cadena SER. La última ha sido recientemente. En concreto en un blog (chicadelatele), en dos posts sucesivos sobre Isabel y sobre qué es un culebrón, éste último casi dedicado a mi persona, honor que sin duda no merezco.

Lo primero que llama la atención (tanto en el comentario de “La Script” como en el primero de los textos reseñados del blog) es pensar que las tramas contadas en “Isabel” son inventadas para ajustarlas al género del culebrón. Es como cuando te dicen que “Isabel” bebe de “Juego de Tronos”, cuando una tiene como base la Historia y la segunda la mera invención (excelente por cierto y basada, quiero recordar, en el estudio de textos medievales). Es como si no hubiera vida más allá del propio conocimiento. Como si el mundo hubiera nacido en la fecha que naces tú. El carro delante de los caballos. La simpleza y el maniqueísmo aplicada al análisis (¿) de una serie.

Se dice en el blog, en el primer post referido, que la remontada en audiencia de “Isabel” viene dada “no solo por la indiscutible calidad de la serie sino también por el elemento culebronesco de la historia en el punto en el que se encuentran las tramas. Hechos históricos aparte, lo ocurrido con Isabel justo antes de contraer matrimonio, las decisiones tomadas, los impedimentos que surgían y especialmente la manera en que han sido contados y explotados para el dramatismo de la historia, son dignos de cualquier serial rosa que se precie y han servido para incrementar el interés y la tensión dramática de una historia cuyos detalles objetivables ya conocíamos”.

Agradeciendo el piropo inicial, dudo que quien escribe esto supiera de esos detalles objetivables que todo el mundo parece que conoce. Porque no los conocía ni yo (y soy historiador de carrera). Porque una de las sorpresas durante el trabajo de documentación fue encontrarme con tramas reales que jamás recibí en clase de una época que se desconoce, como bien apuntó el historiador Pascual Tamburri en una crítica a la novela que escribí sobre Isabel. Porque me gustaría remarcar que no hay “hechos históricos aparte”: son los hechos que se pueden leer en libros de Historia escritos por afamados historiadores como Fernández Álvarez, Joseph Pérez… Y que no van “aparte”. No se han añadido para generar un estilo “culebrón”. Son los que son.

Cuando dice que “son dignos de cualquier serial rosa”, también discrepo. “Isabel” cuenta el ascenso al poder de un personaje histórico. De hecho, mis principales discusiones a la hora de producir la serie fueron defender ese concepto. Siempre tuve claro que “Isabel” debía ser un proyecto más cercano a “Yo, Claudio” que a “Los Tudor” (eso escribí en el documento de venta a TVE), algo de lo que más de uno (como Antonio Rico) se ha dado cuenta. Y que las referencias no son precisamente Dallas o Revenge, como parece que también se ha dado cuenta Marcos Ordóñez. Y no cito a dos señores que empiezan en estas lides.

Es cierto que “Isabel” es una serie y no un documental. Y que, por lo tanto, hay que “inventar”. La trama de Gonzalo Fernández de Córdoba es, por poner un ejemplo, la más ficcionada. Pero el hecho de que Fernando, tras la muerte de Isabel en 1504, se deshiciera en cuanto pudo de Gonzalo (cuando las famosas Cuentas del Gran Capitán) y que Isabel y Gonzalo se conocieran desde niños me dio pie a ello. Pero ojo, siempre en una dirección: de Gonzalo a Isabel. No hay amor imposible para los dos. Isabel tiene como ambición ser reina y en cuanto conoce a Fernando se queda impactada, como muestran sus episodios de celos y tristeza como esposa, históricamente certificados. Y se corta la historia de Gonzalo: no hay triángulo que continúe, como se haría en cualquier culebrón.

A continuación, se añade: “No quiero con esto restar mérito a la producción de Diagonal, que no se me malinterprete, al contrario, creo que han sabido explotar a la perfección los elementos únicos de una historia que al principio era de la de unos pobres niños abandonados, manipulados y desgraciados para luego convertirse en historia de amor y poder, de ambición y lucha, elementos básicos de cualquier narración que, en este caso, pasa por un contexto histórico que nos resulta cercano y bastante atractivo en tiempos en los que, como país, seguramente añoremos aquellos años en los que éramos poderosos”.

Insisto, la historia de niños abandonados está en los libros y en cartas de la propia Isabel. La negociación de su boda con Fernando es un tema de supervivencia política y también documentada. Y ella misma duda de ella antes de aceptar el enlace, como se ve en la serie. Insisto, aún más, NO HEMOS ESCRITO ESTA HISTORIA PARA SERVIR A UN GÉNERO, SINO PORQUE SON LOS HECHOS REALES. Y aunque pudieran parecer propios de un culebrón, diálogos, escaletas, estructuras se alejan del género. Por completo. Creo que una de las claves de la serie es, pese a su título, que es una serie coral. Una niña no puede ser la protagonista de intrigas tan complejas porque no estaba preparada. Chacón, Pacheco, el rey Enrique… acaban siendo tan protagonistas como Isabel. Y si quisiera haber escrito un culebrón, Fernando habría aparecido desde el primer capítulo de manera constante. O habríamos empezado la serie con los previos de la boda.

Otra de las claves es que NINGÚN CAPÍTULO COMPARTE ESTRUCTURA DRAMÁTICA frente a una reiteración estructural básica del culebrón. En “Isabel” hay capítulos que cubren cuatro años. Otros, apenas una semana. Otros son una road movie (el viaje de Fernando), otros son un puro debate político (el próximo 12, con Borgia de protagonista), otros tienen como protagonista –y de forma autoconclusiva- a un personaje anónimo que nunca vuelve a aparecer más en la serie (como el asesino de Pedro Girón en el 3, en puro género de thriller). Es decir, cada capítulo se cuenta en espacios temporales diferentes, en estructuras que puede ser de tres actos o de cuatro… En capítulos multitrama y otros más básicos…. Si hay algo que define un culebrón (uno bueno) es que la sorpresa está en los giros, pero nunca en el cambio de su estructura.

Y si hay otra cosa que define un culebrón es la simplificación de sus personajes: por un lado los buenos, buenísimos. Por otro los malos, malísimos. No es mi estilo. Ni como espectador ni como guionista ni como productor ejecutivo. Procuro no escribir personajes estereotipados, básicos, sin aristas. Busco que el bueno tenga su lado oscuro. Que el malo tenga sus razones para hacer lo que hace y el público lo entienda. Evitar la simplificación. Siempre. Y no verbalizar. Manejar la elipsis y el subtexto (algo poco habitual en el culebrón). Y, sobre todo, escribir las escenas dramáticas de la manera más corta posible. Como las escenas amorosas. Y si el azúcar es excesivo, descaramelizar inmediatamente. Y eso, no es culebrón.

Un buen ejemplo es el personaje de Enrique IV y sus dudas (gran acierto de Jordi Frades en la elección de Pablo Derqui)… La creciente ambición por el poder de una niña como Isabel que aprende bien pronto a mentir para su beneficio, la frialdad y capacidad de tergiversación de Fernando (atención al capítulo 11 o en la trama de la boda en la que le busca una amante a Gonzalo)… E, incluso en un personaje como Pacheco (al que se han reducido sus acciones malignas: históricamente era aún peor) se le ha visto con su hija, esperanzado en casarla con un rey… en la muerte de su esposa… En situaciones en las que se le pudiera ver su humanidad. Como ocurre en Juana de Avis, especialmente en el capítulo 10.

Y eso, tampoco es un culebrón. Ni siquiera una tele novela. Con todo el respeto para unos y para otros. Incluso la admiración. Porque yo nunca escribiré tan bien como Cabrujas. Soy incapaz de lograr una maestría en ese género como la de Arcarazo en sus temporadas de El Cor de la Ciutat. O la de Benet en Mirall Trancat. No tengo la capacidad de invención mezclada con organización de biblia de un Sirera. Por eso, tal vez, me dedico a hacer otras cosas. Lo que pasa es que ellos, si se identifica culebrón con simpleza y dicotomía buenos-malos, tampoco escriben culebrones. Escriben estupendas series de televisión.

Eso aspira ser Isabel (y hablo de lo que a mí me toca: ésta primera temporada, la única que haré), lejos de los parámetros del culebrón, cerca de un público que, lejos de huir de complejas intrigas políticas, parece disfrutar de ellas. Tal vez porque nuestra Historia tenga relatos tan apasionantes como éste, sin necesidad de inventar demasiado sobre ellos. Tal vez porque les recuerde que los que mandan ahora no son tan distintos de los que mandaban en el siglo XV. Tal vez porque, como decía Shakespeare hay emociones que siempre moverán al ser humano mientras éste exista, como el amor, el sexo, el poder y la muerte. Y se puede hablar de ellas sin necesidad de hacer un culebrón.

Los viajes de Sullivan (de guiones y crisis)

Cerramos temporada con la firma de Javier Olivares y un post que da que pensar – y mucho – sobre la práctica del oficio en tiempos difíciles. Tenemos todo agosto para meditar sobre sus palabras. ¡Feliz verano!

por Javier Olivares

1.

Cada cual tiene su pequeña (o gran) lista de películas que forman parte de su vida. Películas que ves más de una vez porque te impactaron cuando las descubriste y, además, te siguen emocionando cuando te vuelves a encontrar con ellas. En mi lista, ocupa un lugar importante Los viajes de Sullivan.

Dirigida y escrita por Preston Sturges en 1941, cuenta la historia de John Lloyd Sullivan, un director de comedia en la cima de su carrera, una estrella de Hollywood, que decide contra la opinión de todos (esencialmente su productora) dejar la comedia y contar el drama de la miseria, de los que viven en la calle (pese a ser del 41 parece un repaso a otra gran crisis, la del 28).

Por ello, se disfraza de sintecho para documentarse cómo es la vida allá lejos del paraíso de los ricos. Para ver la tristeza, la desesperación de no tener nada… En ese viaje a los infiernos, pierde su carné, es acusado de un asesinato y va a parar a un penal de trabajos forzados rodeados de los peores criminales y de otros que tal vez no lo fueron, pero que en su miserable vida no han encontrado otro destino mejor que ser tachados de culpables de algún crimen. Allí no hay salida. Allí no hay, por cierto, ningún banquero ni ladrón de guante blanco (los tiempos, en estas cosas, no cambian). Y Sullivan descubre, más allá de lo que él podía imaginar, lo que es estar marcado por la derrota, la angustia y el miedo. Días y días sin esperanza… Hasta que un buen día, toca sesión de cine y proyectan una de dibujos animados (creo que de Tom y Jerry) y ve cómo esos hombres que no tienen nada, ríen y disfrutan como posesos unos minutos de su vida. Cuando sale de la cárcel, lo tiene claro: volverá a hacer comedia.

Los viajes de Sullivan es una película tan maravillosa que, pese a que no descarto que su mensaje de carpe diem oculte tintes evidentemente reaccionarios, sigue formando parte de mis películas preferidas. Las dudas que tengo, ahora que nos toca vivir una nueva crisis a nivel mundial, es si tenemos que evadirnos haciendo unas risas en vez de, como guionistas, afrontar contar nuestro tiempo. Analizarlo críticamente. Desvelar y denunciar lo que hay detrás de esta crisis y sus resultados. Ser la voz de los que no la tienen. Evidentemente, soy partidario de lo segundo. Aunque, como espectador, me encantaría que alguien que fuera partidario de la teoría Sullivan hiciera algo igual de maravilloso.

Porque no se trata de marcar una línea única de pensamiento. Todo lo contrario. Sumidos en un audiovisual sin ninguna capacidad de crítica, precisamente ha ocurrido lo contrario: que se nos ha obligado a hacer series alejadas de la realidad para sólo evadirnos de nuestras vidas. De lo que se nos venía encima. De lo que se nos viene.

Por lo menos eso es así (salvo excepciones contadas), desde que Berlanga y Azcona (otros maestros) dejaron de trabajar juntos. O desde que López Vázquez, Cassen, Alexandre, Gracita Morales, Pepe Orjas y otros planearan un atraco a las tres, contándonos desde la comedia el drama de unos desheredados sin ilusiones., en un país, el nuestro en el que la palabra crisis no se decía, de cotidiana que era.

2.

Sin duda, el cine español de los 50 contó la crisis profunda de nuestro país, de nuestra vida diaria desde la comedia y elevó nuestro cine a una categoría de obra de arte que, salvo excepciones muy contadas, no ha vuelto a llegar.

Como ocurre con la ciencia ficción, la comedia es un género que permite contar la triste realidad o las situaciones políticas más duras salvando censuras y, de paso, atrayendo la atención del público. Divirtiendo y emocionando mientras estás delante de la pantalla (y si estás en casa agarrándote del alma impidiendo que cambies de canal ante un tema tan tremendo) y que cuando poses esa misma noche tu cabeza en la almohada, des un brinco porque de repente te des cuenta de la tristeza insondable que paseaba por debajo de gracias, chistes y gags.

En este sentido, el audiovisual inglés ha generado grandes obras maestras, como Full Monty, Billy Elliot u otra de esas películas que están en mis lista sagrada: Tocando el viento. En todas ellas se hablaba del destrozo social y humano generado por las políticas neoliberales de Margareth Thatcher. Los resultados finales de la misma. Ponían cara y ojos a lo que en las listas de desempleo son sólo números. Se enfrentaban con una capacidad crítica a la altura de su valía artística. Hurgaban la herida. La mostraban a sus conciudadanos y exportaron al mundo esa queja.

En realidad, los ingleses nunca abandonan por lo general el retrato social ni la crítica traten el género que traten. Tal vez por eso, la continuidad de ese concepto en televisión haya generado obras maestras como Shameless o Exile, con un excelente Paul Abbott como ejemplo, como motor de expresión de que algo se ha roto y hay que comprar pegamento para pegarlo. Pero sobre todo, antes, hay que recordar cómo era lo que se ha roto y quién la rompió. Y en ese viaje son tan protagonistas como sus personajes la corrupción, los malos hábitos de los políticos, la excesiva sumisión ciudadana, un individualismo al que no le importa que a los demás les vaya mal si a uno le va bien. ¿Os suena de algo?

No es Paul Abbott el único. Cuando uno ve Call the Midwife, una historia de parteras a finales de los 50 en los barrios deprimidos de Londres, se da cuenta de que entonces, la solidaridad y el apoyo social del Estado estaba generando la gran evolución que luego vendría. Y te paras a pensar si no te están diciendo que ahora es justo lo contrario.

Cuando ves Occupation, te das cuenta de que las guerras son indisociables de política y de economía. Y que muchos han muerto en Iraq para defender las ganancias de grandes multinacionales como ahora encuentras gente bien vestida hurgando en los cubos de basura porque sus ahorros se los ha quitado un banco al que no le pedirán explicaciones. Y van y te lo cuentan.

Como en Line of Duty se muestra la corrupción policial y cómo incide en las clases bajas hasta tal punto que Scotland Yard ha decidido no colaborar con la BBC al no gustarle este excelente mini The Wire a la inglesa.

Precisamente David Simon y Ed Burns podrían ser otros excelentes narradores de la crisis. Autor el primero del libro “Homicidio”, que sirvió para que Tom Fontana hiciera una de las mejores (si no la mejor) series policiales de la Historia, luego aplicó lo aprendido de Fontana (otro mago de contar la miseria del sistema en su Oz) precisamente en The Corner, con Burns. En ella, rayando el documental (los personajes reales –los que aún vivían, vaya- en los que se basaba la historia se encontraban con los actores que les habían encarnado) se contaba el declive social de un barrio a través del crack.

The Wire es la mezcla perfecta de Homicidio y The Corner. El cierre antológico del círculo. En ella, utilizando el género policial, se da un repaso crítico a la justicia, la policía, la crisis y el empobrecimiento de la clase obrera, la política municipal, el papel cómplice de la prensa y la educación. Lees sus dossieres de presentación y parece que estás leyendo tesis de una jornada de conferencias. No. Es una serie que da la cara, que se moja. Que cuenta una crisis que no es repentina, que viene de hace tiempo.

Una crisis que no es sólo económica. Es una crisis de valores morales y humanos. Y políticos. Una crisis ética heredera directa de un capitalismo sin control que destroza ciudades y arrincona personas. De una política de ojos cerrados que se define inmejorablemente el maestro Sorkin en The Newsroom, tanto en la autocrítica patriótica del arranque de la serie como en una magnífica secuencia del capítulo 3. En esta última se habla del perdón que deben pedir políticos y medios de comunicación por fallar a la sociedad. Y es de aplicación no sólo para EEUU: es universal.

¿Es poco tema como para que no escribamos de ello? Creo que estos ejemplos demuestran que no. No son los únicos, pero esto es un post y no una tesis doctoral. Aún así, se hace obligado recordar a Michael Moore y su Roger & Me como máximo ejemplo de cómo narrar una crisis y sus efectos devastadores en las personas. Inicio de lo que es el nuevo documental, Roger & Me se cierra con una obra más reciente de Moore: Capitalismo, una historia de amor.

Otras citas obligadas serían Inside Job (es difícil narrar mejor la crisis financiera), la no tan conocida y excelente La doctrina del shock (del polifacético Michael Winterbottom), Food Inc (el tema llevado al asunto alimentario), En un mundo libre (del siempre atento a estos temas Ken Loach), la peculiar El empleo del tiempo, del francés Laurent Cantet o la comprometida obra de otro francés, Robert Guediguian con obras como Marius et Janette o Á l´attaque, en la que, como en otra de sus obras –La ville est tranquille– relata el panorama social cotidiano surgido de una Europa entendida exclusivamente como asunto económico y no cultural ni social.

Sirvan estas citas como ejemplo de que el cine y la televisión deben mostrar la vida porque ellos mismos son la vida. Que no se puede vivir escondiendo la cabeza debajo del ala, evadiéndose de la realidad ni repitiendo y repitiendo comedias evasivas, familiares y sin alma. Y más en los tiempos que vivimos.

3

Volvamos a la pequeña pantalla. Se podría decir que los ejemplos expuestos son BBC y HBO, la cumbre del arte televisivo. Los que se pueden permitir todo. No son los únicos. Ver la crítica política y social de series danesas como Borgen (corrupción política como tema principal), Broen (en coproducción con Suecia) o Forbrydelsen (The Killing en su versión USA, que está muy por debajo de la original). El atrevimiento para arañar en lo más profundo de series israelíes… O francesas… que he citado tantas veces aquí… O canadienses, como expongo a continuación:

Hace veinte años, cuando las grandes empresas rescataron a nuestros gobiernos quebrados, nos lo vendieron como la salvación. Ahora vemos que pagamos ese rescate con la libertad. Hemos despertado a la verdad de que nos hemos convertidos en esclavos del Consejo Corporativo de esas empresas. Hay que cambiar la situación. Hay que dejar correr la voz de que la antorcha ha pasado a una nueva generación que no consentirá la supresión de los derechos humanos y de la dignidad. Y que toda empresa sepa que pagaremos cualquier precio para conseguir la supervivencia y el triunfo de la libertad”.

Así empieza la serie canadiense Continuum, donde en el 2077 un grupo considerado terrorista lucha contra las grandes empresas que dominan el mundo. Detenidos tras poner una bomba en el “congreso” de las Corporaciones con miles de muertos, escapan antes de la ejecución con el anhelo de viajar al pasado, siete años antes, a cambiar la situación. Un error de cálculo les trae a ellos y a la policía que les persigue al 2012.

No es una serie de culto. Es un producto (más que correcto) de serie producida por Show Case que desarrolla tramas y personajes de manera impoluta pero convencional con un presupuesto limitado. Sin embargo, cuando empecé a verla, al oír el discurso de arranque, no pude menos que sorprenderme de la profundidad de campo de estas previsiones de futuro y ver lo bien que cuadraban en la realidad actual. El hecho de plantear un futuro en el que gobiernan bancos y grandes corporaciones, donde ya no hay elecciones y donde los ciudadanos trabajan a cambio de lo indispensable para pagar sus deudas a quienes ahora les gobiernan me pareció de una intuición brillante.

Creo que todos estos ejemplos indican que contar la crisis de nuestra sociedad (insisto, no sólo económica) no es un lujo que sólo pueden permitirse unos privilegiados. Sencillamente es ya una corriente de la que, como de tantas otras, nuestra industria ha asumido el reaccionario mensaje de “que inventen ellos”.

4

Desde la perspectiva nacional, plantear que productos como Con el culo al aire o Aida (buenos productos comerciales, a la vista están) asuman el desarraigo, el desclasamiento o la fractura social es un acto de fe que pocos pueden asumir.

Plantear que tanta serie histórica que no cuestiona el presente es la meta de nuestra creatividad (Amar en tiempos revueltos es una excepción que ha tenido, con tanta humildad como talento, esa virtud en su arranque y sus mejores temporadas y, sin duda, es clave de su merecido éxito). Que alejarse de la realidad al contar historias recreándonos en una indudable mejora de producción es el objetivo final, es un error de consecuencias incalculables.

No culpo a nadie en concreto y todo lo que tenía que decir al respecto lo hice aquí mismo en mi texto La señora de Burgos o el efecto Peoria. O en Bloguionistas en El alma de las series. Asumo que esto es una industria que da de comer a mucha gente y valoro el esfuerzo realizado (sobre todo de excelentes productoras que vienen de la periferia y que han refrescado nuestro panorama de manera indispensable). Pero creo que hay que ir más lejos por parte de cadenas y productoras (insisto, compañeras de viaje y no enemigas), y -sobre todo- por parte de nosotros, los guionistas. Insistir hasta por mucho que nos rechacen proyectos. Crear series que hablen de la vida en vez de ser mero encargo alimentario. ¿Queremos ser imprescindibles? Ésta es la única manera: luchando con nuestra ética, nuestro oficio y nuestro talento. Con nuestra capacidad de contar la vida y lo que nos pasa. De pelear por proyectos que cuenten no LA VERDAD, pero si nuestra verdad. Y de hacerlo bien sin ser cómplices de un sistema que no funciona y que, además está cambiando: hay señales que lo indican.

El pasado jueves 19 de julio del 2012, se produjo, en lo que se refiere a audiencias televisivas, un dato extraordinario: el prime time (un 9,2) más bajo nunca visto. La fragmentación llevada al máximo, lo que facilitaría productos, por fin, que no quieran abarcar un target universal, familiar, anticuado y ya imposible.

Más señales: series como Pulseras Rojas (made in aquí), triunfan. Una serie, recuerdo, de 50 minutos, con el sello de un autor (Espinosa) y un director (Freixas) que trabajan en común y sin divismos y a los que se dejan expresar sus conceptos creativos. Una serie que habla de un drama duro y que no suena a mil veces vista. En la que no hay culto al cuerpo ni tías estupendas. Una historia personal llevada a lo universal. Una estructura narrativa distinta y peculiar. Con actores de verdad, no con nombres ni modelis. Una serie cuyo coste por capítulo calculo en una tercera parte (si llega) de las grandes series nacionales al uso. Y tiene audiencia. Y la compra Spielberg para que la produzca Martha Kauffman.

¿Las razones? Aparte del mérito personal de Espinosa, un proceso de trabajo en el que el alma del creador (lo sé por experiencia) no se diluye con correcciones y más correcciones de lectores que acaban de salir de una facultad (se trabaja con profesionales), se puede ser productor ejecutivo de tus ideas, hay un diálogo profesional, se marcan objetivos y targets al inicio del proyecto y, luego, se trabaja con confianza y libertad por parte de cadena y productoras que han creído en estos proyectos. Puedo decirlo de primera mano. En TV3 he podido crear series como Infidels o Kubala, Moreno i Manchon. No hay los presupuestos de las grandes producciones, pero se resuelven los problemas con creatividad y trabajo en equipo. Puedes contar tu historia sin cortes ni imposiciones. Y llega al público fresca y diáfana. Cuando al día siguiente de cada emisión ves que, por lo general, ese público te ha elegido por encima de los productos de cadenas generalistas, que has ganado a Gran Hermano, el biopic de la Pantoja, empatado con Águila Roja… en tu cara se dibuja una sonrisa. Lo has conseguido (por fin): que tus series sean de todos sin dejar de ser tuyas. Ése es el secreto y la clave del éxito de Pulseras rojas. Un éxito del que, como en las otras series citadas, no se puede excluir a la cadena ni a las productoras. Porque ellas lo han propiciado.

Porque, cara a la crisis, se pueden hacer productos ajustados. Pero con creatividad y concepto. Porque las series, cuando se alejan del calor de quienes las crean, pasan mucho frío y se convierten en algo tan estándar, tan políticamente correcto, tan dirigidas a un público generalista (que ya no existe) que se alejan de las emociones, de la vida… De hablar de lo que nos pasa.

Otra más: se emite en abierto la primera temporada de Juego de Tronos y le quita el trono a Jorge Javier Vázquez. Lástima que los Lannister no entraran espada en mano en el plató de Tele 5.

Nunca se podrá agradecer suficientemente a Antena 3 (y lo dice alguien que no ha tenido un gran éxito precisamente en su relación con esta cadena) la apuesta que está haciendo este verano. Un verano atípico (y de gran consumo televisivo, propio de tiempos de crisis) que está utilizando para experimentar en otra línea. Y está demostrando que se puede. Y que se debe.

Mientras, otros siguen prefiriendo alimentar al poco público que les queda que intentar recuperar el que se fue, harto de telebasura, series que no cuentan nada y hechas por ejecutivos antes que por guionistas, de informativos que beben en el youtube… Utilizando una licencia estatal (no lo olvidemos) para satisfacer un abstruso mercado publicitario que ha perdido el norte, tan fragmentaria es nuestra realidad televisiva. Sé que pronto intentarán recuperar el pulso de su ficción (en cine, hay que agradecer sus esfuerzos, sin duda): no les va a quedar más remedio. Para eso, deberán recuperar el público que les ha abandonado, harto de charlas de peluquería.

Y otros, con intereses ajenos a este negocio, siguen desmantelando una cadena pública sin dar pautas ni mostrar criterio alguno, ni comiendo ni dejando comer, hundiendo productoras que llevaron a esa cadena a su máximo esplendor y ahora reciben como premio un absoluto ninguneo por no se sabe qué razones. Esas razones no son sólo económicas, que no nos cuenten milongas.

Allá ellos. Si no rectifican, perderán el tren cuando volvamos a recuperar el pulso. El que no quiera ver el panorama, que no lo vea. Pero que no se crea, además, un gran profesional. Porque, si lo fueran, sabrían que el cine y la televisión son industria, son marca. Son riqueza. No es una riqueza tan inmediata como la del mercado inmobiliario, desde luego. Pero es más estable y más digna. Son vida. A veces (HBO y la BBC lo demuestran) hasta vanguardia popular.

y 5.

Ahora, si alguien sabe leer estas señales y propagarlas (les auguro éxito), si alguien se da cuenta de que no se puede (por ejemplo) seguir haciendo capítulos de 70 minutos con los medios existentes (porque no se pueden vender: no hay parrilla que no sea la nuestra que admita esta aberración), puede llegar la ocasión. Y no podemos desaprovecharla. Debemos estar preparados. Más de lo que lo estamos.

Debemos asumir vivencias de la sociedad que nos rodea, para contar lo que pasa. Y hacerlo bien y pelear por ello. De hacernos necesarios y defender nuestras ideas en el papel y en el plató. Luchar por un método de producción que no nos aleje de nuestra propia obra hasta el punto de no reconocerla cuando la emiten. Porque si con esta crisis (que hay que contar de alguna manera, éste es el tema de este post) nos olvidamos de que antes ya había otra de talento, de excesiva sumisión, de “mientras me paguen me callo”, de no reciclarse… esta crisis será eterna.

Porque sólo con calidad y comunicando emociones al público se puede luchar junto con productoras y cadenas en demostrar a quien corresponda que formamos parte de una industria cultural que ahora se desprecia. Pero esa industria será grande no sólo porque haya proyectos que den de comer. Sino porque sean de calidad y exportables (nuestra lengua lo merece). Productos que generen marca en el exterior (estoy hablando de branding) y orgullo en nuestro público (también estoy hablando de branding), cómplice del asunto y al que nunca hay que tratar como si fuera imbécil. Porque no lo es y porque eso supondría que nos creemos más que ellos. Y trabajamos para comunicar, no para mirarnos el ombligo.

Si no hacemos eso y nos creemos unos artistas de tres al cuarto, estaremos perdiendo el horizonte (si no lo hemos perdido ya demasiado). Si no luchamos con nuestra calidad y ética delante del ordenador lo mismo que hay que luchar en la calle contra unos recortes injustos y suicidas, estamos lavándonos las manos. Porque los derechos no sólo se defienden en asambleas o congresos, sino también en oficinas y en la propia mesa de tu estudio.

Si no estudiamos otras maneras de expresarse (tenemos más tiempo que nunca ahora, visto lo poco que se va a producir), creyéndonos que nuestro estilo es tan perfecto que es lo demás lo que se tiene que adaptar a nosotros, si no estamos al día en lo que se hace, si no sabemos leer las señales que la calle nos proporciona, si –como repite muchas veces el compañero Sergio Barrejón- no escribimos a diario vendamos o no lo que escribimos, no seremos nunca capaces de dar el salto ni de contar lo que está pasando. Entre otras cosas, esta crisis. Que no es nueva.

Estaremos, en definitiva, jugando a viajar con Sullivan. Pero sin el talento de Sturges.