SE BUSCAN GUIONES

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Por Martín Román.

Querido/a lector/a, siento que hayas llegado a este artículo emocionado por la ilusión de vender uno de esos guiones que tienes, como muchos tenemos, en un cajón o deseoso por mostrarle a alguien ese tratamiento en el que vives sumergido los últimos meses. A lo largo de mis doce años de carrera me he encontrado con anuncios de “se buscan guiones” en muchas ocasiones. Cuando somos novatos (no se lea en tono peyorativo) no nos planteamos el tema mucho más allá de “alguien va a leernos y quizá se convierta en una película y quizá me gane un Goya a mejor guión…”. Somos propensos al cuento de la lechera. Es normal, creemos en lo que escribimos.

En los últimos seis meses ha habido varios anuncios al respecto que con las redes sociales han generado cierto revuelo en mi entorno virtual. El más reciente ha sido el de la productora ValenArts de Valencia que busca guiones de cortometraje y que se plantea pagarlos entre 800 y 1000 euros. Como está el panorama esta propuesta es muy loable y les felicito por la iniciativa.

A finales del año pasado una productora buscaba guiones de terror aquí en México, casualmente estaba ubicada a quince minutos andando de mi casa. Gracias a que El Inquilino Guionista publicó el anuncio en Facebook varios amigos españoles me escribieron preguntándome si me parecían de fiar porque querían enviar sus guiones. Yo todavía no conocía la productora pero como cuento con un par de guiones de zombis me concerté una cita. Si existe la oportunidad de contactar con los productores personalmente es algo que prefiero hacer antes de enviar mi guión. Me recibieron con mucha cordialidad y mantuvimos una reunión de aproximadamente una hora. Salí bastante satisfecho dejando allí mis guiones y esperando respuesta para el mes siguiente. Creo que era octubre, hoy todavía no sé nada al respecto. No me preocupa haberlos dejado allí pues están registrados pero la ilusión de quedarse esperando sí es un poco frustrante.

A principios de este 2014, de nuevo El Inquilino en su labor de difusión del mundo del guión, publicaba un nuevo anuncio de búsqueda de guiones. No recuerdo bien el anuncio pero si bien quedaba claro que buscaban guiones no se especificaba de qué tipo, así que escribí el siguiente e-mail:  “Me dirijo a usted tras leer en la página de El Inquilino Guionista que buscan guiones para producir. Quisiera tener algo más de información antes de enviarlo. Qué tipo de género buscan, si es low buget o producciones grandes, si historias mexicanas o con vistas a co-producción, etc… 

Muchas gracias por su atención.”

La respuesta fue: “Hola Martín, la idea es recibir proyectos para su posible filmación en México. En nuestro país existe un estímulo fiscal que otorga a las empresas si invierten en cine, para eso necesitas a una productora con experiencia y nosotros la tenemos. Ya contamos con el dinero pactado de diferentes empresas pero necesitamos un proyecto atractivo para que el gobierno lo acepte. No hay garantías, pero si el guion interesa a nuestro comité de selección y entregamos la carpeta, existe una gran posibilidad de que se filme. Ya que se selecciona (de nuestra parte), hacemos un contrato para saber en cuánto lo quieres vender o en cuanto estamos dispuestos a comprarlo. De preferencia que sean película de medio presupuesto y preferimos comedia pero en realidad puede ser cualquier proyecto que se pueda vender bien.

Saludos,”

La respuesta fue rápida pero ambigua, ¿se quería presentar a las ayudas sin pagar nada por los derechos? Era algo que había que aclarar:

“Gracias por la pronta respuesta. Llevo año y medio acá en DF y conozco el 226. Tengo un largometraje en 3ª versión de aventuras y zombies. Creo que no es excesivamente caro, aunque es postapoclíptico evito las ciudades grandes y casi todo sucede en campo abierto. Comentas que ya que se selecciona se realiza un contrato, ¿eso significa antes de presentar la carpeta? ¿Hay un primer pago al presentarla al 226?

Saludos.”

Y respondían:

“Tendríamos que ver el guion y en cuanto al pago, no se tiene contemplado pagar si no se acepta, pero eso también depende de ti. Si nos gusta y tú crees que debemos hacer un pago antes de presentar la carpeta entonces ya lo consideramos. Lo importante es que tengas todos tus derechos del guion en regla para que no haya malentendidos. Y como te digo, depende mucho que al comité de selección le interese pujar por ese guion porque como bien sabes, es una buena chamba aventarse la carpeta y sobre todo, tener a las personas interesadas en invertir.

Esa última frase me tocó la moral, quizá respondí un poco en caliente:

“Entiendo que para decidir si pagan por un guión y lo quieren presentar tienen que leerlo. Pero también soy de los que creen que lo que no se paga no se valora, entonces si se presentara la carpeta con un guión se podría hacer una cesión de derechos por un año con un pago. Sé que presentar la carpeta y buscar los inversionistas es una buena chamba, como también lo es escribir un guiónSi lo deseas, consúltalo con el comité y tus socios si estuvieran interesados en este tipo de fórmula de trabajo y en la temática, les envío el guión.”

Parece ser que me hice entender.

“Claro Martín, entiendo. Lo voy a comentar con los responsables para ver en primer lugar si nos interesa presentar un proyecto de zombies y si sí, entiendo que nos pasarías el guion, y ya si queremos hacer la carpeta es cuando tenemos que darte un anticipo. ¿es correcto? Más que anticipo, un pago por cesión de derechos.”

Y respondía:

“Sí, sería un pago en concepto de cesión de derechos para poder mover el guión y convertirlo en película por un tiempo determinado. 

Saludos.”

Su último e-mail fue:

“Gracias Martín, lo consulto. Un abrazo.”

Y nunca más recibí otro e-mail… Durante el proceso de esta conversación cometí la imprudencia de compartirlo en Facebook omitiendo al igual que aquí los datos de con quién la mantenía. Pero un amigo copió mi comentario y lo pegó en el mismo anuncio de El Inquilino y me etiquetaba. Luego otro guionista también copiaba mi comentario y lo pegaba en su muro. Mi interlocutor en dicha productora es amigo de ambos así que no puedo saber si la falta de respuesta fue que no les gustaban los zombies, si no les gustó el que quisiera cobrar por presentarlo a unas ayudas o se sintió ofendido por los comentarios que a partir del mío se generaron en las redes sociales. Aunque pedí que lo borraran es fácil que llegara a leerlo. Para mí la moraleja es que merece la pena no tener respuesta por pedir que tu guión se valore económicamente a no tener respuesta después de enviar tu trabajo.

Es importante saber a quién envías tu trabajo. Lo ideal es que tu guión se valore entre el 3% y 5% del presupuesto final de la película. Si es una productora pequeña que conoces obviamente puedes bajar tu sueldo y cambiarlo por puntos de producción, también si no la conoces. Si te dicen somos pequeños y no podemos pagar más pero tampoco están abiertos a otras fórmulas tal vez no sean tan de fiar. Antes de enviar tu guión infórmate de las condiciones, eso evita sorpresas por ambas partes. ¡Y mucha mierda!

 

POSTDATA:

Si llegaste hasta el final del artículo, ¡hay premio! En http://www.guionnews.com, página de noticias también administrada por El Inquilino Guionista apareció esta semana una convocatoria de guiones de cortometrajes para ser producido. Toda la información en este link: http://www.guionnews.com/2014/03/estudio-mexicano-de-guionistas-quiere.html

LA RESACA DE LA NOCHE DEL GUIÓN

Aarón, el Inquilino. Foto: Itzel Enciso

Aarón, el Inquilino. Foto: Itzel Enciso

Por Martín Román.

Ayer se celebró el tercer aniversario del blog de El Inquilino Guionista coordinado por el guionista Aarón Romera, almassorí afincado en México desde hace 10 años. Si visitaste su página o Facebook durante las últimas semanas seguro te enteraste de las actividades preparadas: mesa redonda, proyección del cortometraje “El Manual Vaquero” (del que hablé en este post), un monólogo de Tío Rober y el DJ Ed Moreno.

Nada más llegar, en la fila de entrada ya empecé a encontrarme caras conocidas, y había cola, la noche se presentaba agitada. A Aarón y Talía, principales responsables del evento, se les veía nerviosos y emocionados de recibirnos a todos. Con la entrada de 30 pesos (2’5€) nos ponían una pulserita como en todo gran festival y nos servían un chupito de mezcal, supongo que para soltar la lengua y ayudar a superar la agorafobia de los guionistas acostumbrados a vivir y escribir en soledad.

Aarón me había pedido que escribiese al día siguiente una crónica para este blog y accedí, así que busqué buena posición para escuchar a los ponentes y tomar notas. Cuando lo logré Aarón me informó de que había una baja de última hora, Marcela Fuentes Berain no podía acudir, me preguntaba si quería participar en la mesa redonda. Me entraron los nervios pero no podía dejar pasar la oportunidad de conversar con Adrián Zurita (co-guionista de Nosotros los Nobles, la película mexicana más taquillera de la historia), Rafael Gaytán (co-guionista de El cielo en tu mirada, uno de los éxitos del pasado año), Ximena Escalante (dramaturga, maestra del CCC y guionista de televisión) y Michael Rowe (ganador de la Cámara de Oro en Cannes 2010 por Año Bisiesto).

La pregunta que abría la mesa redonda era “¿Cómo vivir del guión?”, claro, no fue el momento de mayor derroche de alegría. Casi todos lo complementamos con labor docente o realizando otras labores dentro del audiovisual (producción, continuidad…). Michael Rowe puso una nota de humor: “Cuando salí del CCC me propuse vivir del guión, comí un año pero porque como poco y con poca frecuencia”, él optaba por realizar otros trabajos antes que guiones que no le gustasen. Rafa y yo coincidíamos en aceptar los trabajos variados pues de todos se aprende hasta estar en posición de poder elegir qué quieres hacer (no siempre se consigue). Como a veces en este tipo de reuniones se considera la televisión como un producto menor, Ximena rompió una lanza a su favor: “Aproximadamente cada dos años escribo una telenovela y lo disfruto mucho, es un ejercicio increíble”. Adrián Zurita fue el más optimista y creo que tiene razón, “México vive el mejor momento de la historia y se demandan guiones e historias nuevas en todo el mundo. Los Angeles está a tres horas de avión y se hacen secuelas de Batman sin parar porque no tienen historias novedosas”.

Los ponentes.

Los ponentes.

En la tanda de preguntas y respuestas nos preguntaron cosas como ¿por qué escribir un guión?, ¿cómo es el trabajo con directores? o ¿cómo abordan su trabajo? Michael Rowe hablaba de su poca constancia y facilidad para la procrastrinación, cosa que nos sucede a muchos pero también deslizó una gran frase: “Somos empleados y nuestros jefes son los personajes”. Ximena Escalante también fue clara: “el objetivo de un escritor es acotar sus obligaciones para escribir lo que uno quiere” y “lo que le pido a la vida son más horas de capacidad creativa”. Rafael Gaytán consideraba que él no puede “guardarse las cosas, tiene que sacarlas y escribirlas”. Yo les animé a realizar otros trabajos dentro del audiovisual para conocer mejor el trabajo del guionista al conocer en qué aprietos colocamos a técnicos y actores a la hora de construir las imágenes que nosotros hemos escrito.

Aarón moderaba y ya iba a concluir la mesa para dar paso al siguiente evento. Yo iba de suplente pero me había animado con la charla (y por supuesto las 2 cervezas y el mezcal) y pedí de nuevo la palabra. Enlacé el optimismo de Adrián Zurita sobre las grandes posibilidades que existen hoy día para vivir del guión con una reflexión que le escuché a Javier Olivares sobre la importancia de hacer visible la figura del guionista exigiendo por contrato que en las comunicaciones de prensa el nombre del escritor aparezca, que el nombre del escritor aparezca en mismo tamaño de fuente, veces y duración que la del director. Y Michael Rowe sentenció: “En los créditos debería aparecer ‘Una película de (nombre del escritor) dirigida por (nombre del director)’.”

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Tras la mesa redonda se proyectó el cortometraje El Manual Vaquero. Hace un año que lo grabamos y todavía no lo había visto. Fue una alegría poder verlo con tanta gente y escuchar los momentos que conectaba con el público sacando algunas risas, que para sus cinco minutos de duración fueron varias veces. La lástima fue el sonido y que al haber mucha gente de pie no pude ver del todo bien la imagen pues le dieron al play cuando yo estaba en la barra pidiendo una chela.

Tras el monólogo sobre guionistas de Tío Rober llegó el momento distendido de la noche, cervezas, saludos entre guionistas, editores, actores y actrices que se acercaron a saber más del evento. Fue un gusto ver tantas caras conocidas y brindar con ellos, por su culpa (y sólo suya, yo no tuve nada que beber, digo ver) acabo de escribir este artículo con cierta resaca.

APRENDIENDO DELANTE DE LA CÁMARA

Con Gash Fernández (vestuario), Carla Larrea (dirección) y Carol Félix (actriz)

Con Gash Fernández (vestuario), Carla Larrea (dirección) y Carol Félix (actriz)

Por Martín Román.

Cumplí mi objetivo. Cuando empecé los cursos de iniciación actoral en DF deseaba realizar el trayecto completo y ponerme a las órdenes de un director con una historia con la que no tuviera nada que ver como guionista. Fue una directora, Carla Larrea Sánchez, estudiante del Centrode Capacitación Cinematográfica, quien me brindó la oportunidad tras la mediación de El Inquilino Guionista.

Cómo actor tenía nervios, como guionista y director tenía miedo de entrometerme en terrenos que no me atañían desde mi faceta de actor. Es decir, empezar a opinar sobre el guión como guionista o la planificación como director. Eso generaba una batalla interna diferente a la que debía lidiar y algunas dudas que me surgían las planteaba advirtiendo ese conflicto mío: “No sé si esto que voy a decir lo digo como actor o guionista…”.

Del guión se agradecía la sencillez, el deseo de contar una historia y no esa intención de dar lecciones cinematográficas en que caen a veces los directores noveles. Carla también es actriz y da mucha libertad a sus actores para proponer. A medida que pasaba el tiempo el guión iba sufriendo modificaciones. En la última versión aparecieron unos diálogos que a mí me parecieron un poco explicativos, directos, con el subtexto demasiado presente. Me daba cierto reparo comentarlo, no sabía si los actores deben hacerlo o no. Tras darle varias vueltas a la cabeza se lo comenté a Carla, su respuesta me tranquilizó: “No soy partidaria de diálogos de hierro, sí me doy cuenta que son más explícitos que los anteriores y es para que quede claro lo que quiero contar. Pero no estoy cerrada a cambios, podéis proponer hasta el día antes del rodaje.”

El día previo al rodaje quedamos en la localización (aquí la llaman “locación” adoptando el location del inglés) para bloquear la escena, es decir, ensayar en el set para ganar tiempo al día siguiente y plantear la iluminación y los tiros de cámara a partir de nuestros movimientos. En los ensayos previos no habíamos trabajado sobre las escenas ni los diálogos, sólo sobre los personajes y siempre en silencio, sin mediar palabra; era el momento de ver cómo adaptábamos esos diálogos en la puesta en escena. La máxima “menos es más” siempre trato de tenerla presente. Alguna vez he escuchado a algún actor quejarse (no pretende ser una generalización) de que le han quitado líneas de diálogo. Yo como guionista tiendo a eliminar diálogos en mis reescrituras, como actor creo que perseguiré lo mismo. Mi parlamento más largo, también más explicativo, propuse recortarlo. Llegué a entendimiento con la directora y lo que eran cuatro líneas quedó en dos.

Llegó el día del rodaje. Sorprendentemente me encontraba bastante tranquilo. Ese estado es algo que hay que atribuir a la directora, gracias a los vínculos y seguridad que se habían creado durante los ensayos con el resto del elenco: Yollotl Manzur (Mariana), Fernando Cervantes (Julio), con quienes rodé el sábado, y Carol Félix (María), el domingo.

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Yollotl Manzur, Fernando Cervantes y Carol Félix.

Ante la primera toma afloraron los nervios, una vez superada me tranquilicé. Aunque empecé a sentir cierta desorientación en la fragmentación de los planos. Que la escena se grabara cronológicamente me ayudó mucho. Los dos últimos planos eran un plano medio y un primer plano de Gabriel, mi personaje. El momento más emotivo. Había que cambiar luces, tenía 10 minutos para prepararme. Me encerré en el baño (rodamos en una casa y no había espacio que no estuviera ocupado). Ejecuté ejercicios de concentración, revisé mis notas de los ensayos, los subtextos e imágenes metafóricas que había creado… Y regresaron los nervios. A los cinco minutos salí: “Carla, necesito ayuda”. Me ayudó a relajarme. Me guió hacia un momento del ensayo en que, sin mediar palabra, había acabado llorando. Poco a poco fui habitando el sentimiento. Salí al set. Todo estaba preparado. Me senté. En la escena me levantaba y caminaba unos pasos hacia el frente. “Cuando estés preparado” dijo Carla. Cerré los ojos e intenté concentrarme. Por un instante me bloqueé, sentí las miradas de todo el equipo posándose sobre mí. Probablemente no fue así, pero me había autosugestionado. Pedí hacer un ensayo mecánico, estar ante mis compañeros me ayudó, también posar la mano sobre el mueble del fregadero. Sentí el frío del metal y mi dedo lo presionaba, eso me ayudó a crear el estado. “Preparado”. Filmaban en 16mm y no contaban con mucha película (aunque al final sobró). A la segunda toma la directora quedó satisfecha. “Ahora el primer plano”, dijo. Su director de fotografía, Santiago Celorio avisó que debía cambiar de lente. El estado emocional me ganó, me separé del equipo y me fui a un rincón a llorar mientras la cambiaban. No quería soltar el estado distrayéndome. Pero con los retoques de maquillaje y sonarme todos los mocos me tranquilicé un poco. En realidad fue mejor porque era un primer plano y “menos es más”. Hicimos la toma y al decir corten descubrí que la directora también tenía los ojos vidriosos. Eso es lo que se llama acompañar al actor, lo demás son tonterías.

Al día siguiente las complicaciones fueron diferentes. Llegaba el momento de los exteriores. Empezamos con una toma en una calle poco transitada, a primera hora del domingo. Pero luego nos trasladábamos a la entrada del parque de Chapultepec, su homólogo en España sería el Retiro de Madrid o Viveros en Valencia. Se montó un travelling, pantallas para rebotar luz… Éramos la atracción. Como director ya lo había vivido, como actor no. La capacidad de concentración en exteriores, sin un espacio propio y reservado es más difícil o quizá requiera de mayor entrenamiento como actor. Pero además técnicamente era la toma más complicada, con el travelling se pasaba de un primerísimo primer plano a un súper general. Yo empezaba con los ojos cerrados (terror a mirar a cámara) y representaba el final de un número de clown. Intentaba concentrarme pero escuchaba a producción pidiendo que la gente no se detenga, que no mire a cámara… abres los ojos y varias personas hacen fotos, las luces rebotadas no me dejaban ver bien. Aún así conseguí concentrarme. “¡Acción!” Y actué. Espero que quedara bien, a Carla se la veía satisfecha. Yo empiezo a comprender mejor la inseguridad que invade a veces a los actores y cuanto más profundizo en su trabajo más lo respeto.

Con esta experiencia se reafirma mi decisión de ser también actor, de continuar estudiando y preparándome. También, a cada paso que doy en esta nueva profesión encuentro más herramientas que se pueden utilizar en la escritura de guiones.

Este artículo es independiente pero si quieres saber mas cosas sobre este rodaje puedes entrar en El Inquilino Guionista.

DOS SEMANAS EN DF

Llegué en un momento movidito al DF.

Por Martín Román.

Se cumplen dos semanas de mi llegada a México y como es lógico mis compañeros de blog me piden que el artículo verse sobre las primeras impresiones.

Pues uno de los sentimientos que más me han acompañado durante estas semanas es el de “pena“. Pena que se parece mucho a la rabia porque he seguido informándome de lo que sucede en España a nivel ecológico, económico, político y social.

Afortunadamente otros sentimientos me han acompañado estas dos semanas.

Temor. Entre la decisión de venirme a México y aterrizar en DF pasaron sólo tres semanas. Todos los miedos en los que podía haber pensado en ese tiempo aparecieron durante las 15 horas de vuelo. Afortunadamente desaparecieron al cruzar la aduana.

Calidez. Con la que me recibió El Inquilino Guionista en el aeropuerto, calidez sólo comparable con la vehemencia de algunas de sus afirmaciones del facebook. Fue una suerte que me recogiera y empezara a introducirme en la vida social de México. Ayuda que sirve para conocer que expresiones como “sí” no significan mucho y que a veces hay que conseguir que te digan “siempre sí” para confirmar. ¡Gracias, cuate!

Desconcierto. Al segundo día de estar en México una productora quería conocerme tras haber visto mi bobina. No lo podía creer ¿¡Llegaba y besaba el santo!? Me quería tener en cuenta para varios proyectos. En España hace mucho que no pasa eso. Falta ver condiciones y plazos, pero sentir que las cosas se mueven te hacen afrontar los días con otra actitud.

Emoción. Porque al tercer día tras poner un anuncio en Fric Martínez, comunidad de cine, televisión y publicidad, recibía una oferta de trabajo que consistía en guionizar y dirigir una serie documental sobre turismo cinegético.

Desilusión. Al asistir a la cita con El Productor Taxidermista (esto se merece un artículo a parte y estará disponible en la página de El Inquilino próximamente). Aunque no me gusta especialmente la caza, el trabajo era atractivo: viajar por el país recorriendo diversas reservas de caza y no sólo hablar de caza, también de la riqueza ecológica que encierran sus parajes. La desilusión vino al hablar del sueldo. Decliné la oferta.

Alegría. Al encontrarme aquí con dos amigos editores de vídeo: Sam Baixauli y Sonia Sánchez Carrasco, con quienes me salté la ley seca del fin de semana de las elecciones. Aquí durante los dos días previos a la votación no se puede vender alcohol. Ambos empezaron montando un largometraje y ahora se encuentran montando una serie documental dirigida por Jorge Ramírez Suárez. A continuación empalman con otro largo documental en el que se desarrolla la idea del corto de la joven promesa del cine mexicano Betzabé García. El corto lo podéis ver pinchando aquí.

Con Sonia y con Sam en Teotihuacán. No todo va a ser trabajar.

Pesadez. Aunque la comida está muy rica, el exceso de harina de maíz y de grasa se nota.

Sorpresa. Por lo bien que funciona el transporte público. Un viaje en metro vale 3 pesos, unos 18 céntimos de euro y los trenes pasan cada tres minutos. Curiosamente este dato no aparecía en los anuncios que la Comunidad de Madrid ponía diciendo que el metro de Madrid era de los más baratos del mundo.

Compromiso. El Inquilino me invitó a la presentación de un videoclip. El productor y director del mismo va a producirle un corto que ha escrito con Talía Juana y que van a codirigir. Tras un par de vinos empezaron a hablar del proyecto, yo me alejé por no molestar. Pero como Sergio Solares, que así se llama el productor de FungiFilms, estaba de estreno y era requerido en sucesivas ocasiones la conversación era entrecortada. En una de las interrupciones me acerqué a los directores y les dije que si bien soy guionista podían contar conmigo aunque fuera para cargar camiones. El Inquilino me preguntó “Tú también eres ayudante de dirección, ¿no?“. Me subía al barco. Empiezo mi andadura en al audiovisual mexicano. Ya hemos tenido la primera reunión para ir preparando el plan de rodaje.

Talía y el “lisérgico” Inquilino, directores de El Manual Vaquero.

Humedad. Llueve todas las tardes, a veces diluvia. Si te olvidas del paraguas llegarás todo mojado. Si lo llevas te puede pasar que lo único que no se te moje sea de los hombros a la cabeza.

Solidaridad. La que me ha brindado la Asociación El Garfio de Escritores CinematográficosRaúl Flores y Antonella Samaniego me recibieron en la sede y me explicaron en qué consistían sus actividades y me invitaban a su taller semanal que consiste en leer en voz alta el trabajo uno de los guionistas y luego entre todos critican para buscar la forma de mejorar la obra. Tuve la suerte de escuchar el trabajo de Arturo y junto a ElíasHoracioRaúl y Antonella sacar conclusiones. Nunca había escuchado la lectura de un guión completo. Es importante que el lector aporte a los personajes la entonación y la intención y Arturo lo clavó. Fue ameno e instructivo. Lo recomiendo como actividad para amigos guionistas. Además te obliga a escribir pues cada cierto tiempo has de mostrar tu trabajo al resto de compañeros.

El Garfio, ese gancho con el que atrapar al espectador.

Embriaguez. Con las chelas literarias a las que me invitó a asistir Raúl Flores, de El Garfio. Los miércoles se reúnen en una cantina de Coyoacán, hermoso barrio al sur del DF, novelistas, guionistas, productores, directores alrededor de una mesa para echar unos tragos e intercambiar experiencias e impresiones. Allí conocí a tres directores José Luis Gutierrez, Victor Ugalde e Iván Lipkies, éste último me habló de un director español que se afincó en México y hoy es uno de los decanos del cine de este país, en su IMDB cuenta con 74 entradas como director. Ahora tiene 103 años, uno más que Manoel d’Oliveira. Su nombre, Miguel Morayta. A ver si consigo conocerlo.

Reafirmación. En mi decisión de emigrar porque pasando revista ganan por goleada las buenas sensaciones a las malas. Si seguirá todo siendo tan chido nadie lo sabe pero los ánimos están altos y eso da ánimos para seguir levantándome por las mañanas y luchar por hacerme un hueco en la industria audiovisual de este país y de esta megalópolis. Espero estar el tiempo suficiente para entender la letra de la canción que cierra este artículo, entonces, dicen, seré un verdadero chilango.