LA BARBA DE LOS GUIONISTAS

Con una considerable trayectoria como guionista, analista de guión y creador de contenidos, Roberto Alfaro debutó en el cine el año pasado escribiendo el guión de “Ni pies ni cabeza”, de Antonio del Real. Actualmente se le acumulan los proyectos entre los que destaca la adaptación cinematográfica del cómic “De perros y de huesos”.

Por Roberto Alfaro

Bajo el techo del hogar, normalmente soy un tipo que tiende a la distracción y a procrastinar en un nivel experto-premium. Pero cuando salgo a la calle como un perrillo que tensa la correa y tira del amo como si no hubiera mañana, me convierto en un avezado observador. Supongo que esta condición viene de serie si nos queremos dedicar a juntar letras de una manera, por lo menos, medianamente decente. Por eso, bajo el prejuicio de la apariencia, suelo desconfiar de un guionista que habla más de lo que escucha, o que tiende a mirarme fijamente en los silencios antes que observar a la gente atractiva que pasa a su lado. O, ya el colmo, que simplemente pide “un café” sin reparar en que el camarero es una persona humana, y no entabla una conversación más empática del estilo “por favor, cuando puedas me traes un descafeinado con leche, de máquina, corto de café, con la leche muy caliente, en vaso, y con un vasito de agua, muchas gracias majo”.

Como veo que no acabo de explicar mi teoría de la observación, iré al grano: ¡¿Por qué coño casi todos los guionistas tenemos barba?! En serio, después de acudir a diversos actos de encuentro con compañeros y de tomar más de 470 cañas y 130 cafés (aproximadamente) empecé una tesis sobre el tema de la barba, pero a los pocos segundos la abandoné, y no por mi procrastinación innata sino porque era una auténtica chorrada de tesis. No me hacía falta perder el tiempo escribiendo folios y folios sobre un tema tan apasionante como la barba humana para coscarme de una máxima: los guionistas llevamos barba para imponer respeto. Alguna compañera del mundillo se sentirá rechazada, pero cuando hablo de barba también me refiero a bigote (más o menos poblado), perilla, pelusilla… y todas las acepciones que se os ocurran, así que todos y todas tenemos la opción (si nos da la gana) de entrar en el selecto club.

Al caso, me viene a la memoria el gran Pau Gasol. Una vez le escuché una anécdota que os relato: cuando Pau llegó a la NBA era un buen jugador que había conseguido títulos en Europa, pero aún no había explotado todo su talento en la competición de basket  más competitiva del mundo. Tenía cara de no haber roto un plato y de recibir collejillas de los All Stars. Era un fideíllo, un tirillas, y, lo peor, siempre se le veía afeitado de manera ejemplar. No jugaba mal, pero algo fallaba para triunfar en el entorno yankee: le acusaban de falta de carácter y de ser blando. Los pívots americanos se lo merendaban en el cuerpo a cuerpo. Pero entonces Pau encontró una solución: cogió kilos de musculatura, mala hostia, se atusó el pelo largo como Sansón, y lo más importante, se dejó barba. Al poco, le llegó la gloria. Ya no se amedrentaba, imponía a sus rivales, asustaba, y sobre todo, imponía RESPETO.

Gasol

Sinceramente creo que a los guionistas se nos ha perdido el respeto en esta España mía, esta España nuestra. Una buena pregunta sería saber si alguna vez lo llegamos a tener. Supongo que Azcona, sí. Pero el grado de valor actual, el que yo conozco al menos, es tirando a ínfimo.

Sabemos del poder del Sindicato USA, la labor de los agentes, la Black List, el poder de la INDUSTRIA americana, y demás. Vale, es otra liga, y es ridículo comparar. Es como pedirle al Rayo Vallecano que gane la Champions. Pero no veo tanto problema en copiar lo que funciona, en fijarnos en países como Reino Unido, Francia o Alemania, y sobre todo en dar valor a nuestra profesión. Además es gratis. No cuesta nada. Y ya no digo que nos dejemos barba (que también) para que nos respete el productor de turno o la cadena de siempre, sino para que nos respetemos y nos valoremos a nosotros mismos.

Debemos sentirnos orgullosos de lo que escribimos, sólo así no perderemos la dignidad cuando llegue la hora de negociar nuestro sueldo. Habrá veces que escribamos por amor al arte, algunas porque tenemos fe ciega en un proyecto, otras para pagar la hipoteca, y las menos para que nuestro nombre tenga un destacado en los libros de Historia del Cine/TV. Pero que todas ellas nos llenen, aprendamos, valoremos, e incluso disfrutemos con pasión y entusiasmo.

Tenemos que luchar por nuestros textos, moverlos por todas las vías posibles para que vean la luz, ser tremendamente activos, trabajar, trabajar, trabajar, ser constantes, y disfrutar del proceso. Todos hemos pasado por hacer trabajos gratis, por cobrar miserias, por escribir mierdas que nada tienen que ver con nuestro criterio de estilo, etc, etc, derrotismo, etc, etc, más derrotismo, etc, etc, etc… Pero recordad, estamos luchando día a día por lo que verdaderamente nos gusta, la mayoría de la gente no puede decir lo mismo, somos especiales, sintámonos orgullosos de ello.  

Un ejemplo. Uno, que es observador, se ha percatado de que en rarísimas ocasiones nos acordamos de nuestros propios compañeros en las entregas de premios. Creo que se vuelve a hacer patente la falta de valor a nuestro gremio. Aunque no lo comparto plenamente, me parece lícito que en estas ceremonias se critique al gobierno, a la situación del Tibet, al representante friki de Eurovisión, o al cuñado tocahuevos que no me ha pasado los langostinos en Nochebuena. Pero para treinta segundos de gloria que vamos a tener, en serio, me hubiera encantado que alguien se acordara de los propios guionistas o que se reivindicara nuestra profesión. Qué bonito sería acordarse de gente que nos inspira, que admiramos, que leemos con pasión, como Wilder, Allen, Kaufman, Goldman, Sorkin, y qué coño, Azcona, Alejandro, Guerricaechevarría, Gaztambide, y tantos otros.

Nos tenemos que citar más para darnos a conocer y conseguir romper el anonimato mediático. ¡“Guionista”, hay que decirlo más! Gente como Javier Olivares, Nacho Faerna, David Muñoz, Natxo López, Sergio Barrejón, Paco López Barrio… (que tenemos el gusto de leer por estos u otros lares), dignifican la profesión y son la punta de lanza con la que debemos asomar, aún más, la cabeza. Si os dais cuenta, ¡¡¡todos ellos con barba!!! Otros compañeros, entre los que modestamente me incluyo, como Salva Rubio, Raúl Serrano, Gabi Ochoa, Daniel Martín Novel… estamos luchando por hacernos un hueco y empezamos a saborear esas semillas que hemos ido plantando al cabo de los años. Y qué decir de aquellos que empiezan, hay talento y ganas de romper con lo establecido, y eso, estoy seguro, nos hará escribir mejores historias.

Aprovechemos que el mundillo del guión está más vivo que nunca gracias a la cantidad de vías que tenemos para mover nuestras historias y a las redes sociales: Alicia Luna es el alma máter de  #vinoguionistas, Daniel Castro y Juanjo Ramírez se han atrevido a escribir un guión en 24 horas y lo han publicado, éste último incita a que escribamos nuestro propio episodio de “Black Mirror” para demostrar nuestro potencial, con Fernando Hugo estuvimos charlando el otro día sobre una posible Black List española, guionistas patrios de postín cuelgan sus guiones en la red… y así un largo etcétera que suele venir avalado por unas simples cañitas o unos poleos para vernos las caras de vez en cuando.

Fuera de bromas, hay que seguir luchando y no desesperar a pesar de la que nos cae, estemos unidos, sin temor, sin negatividad, sin escusas, sin derrotismos. Nos dedicamos a lo que nos mola, no es ninguna cruz. Además, si la cosa no resulta, siempre nos queda la crucifixión, que no está tan mal, y silbar una alegre melodía. ¡Eric Idle simbolizaría a las compañeras guionistas (sin barba), y todos los demás a la legión masculina! Y, casualidad, ¡¡¡todos con barba!!! Os imagináis…

 

EL HUEVO Y LA GALLINA (pero antes, el huevo)

Un dia, entre tanta memez como llena el Facebook, nos encontramos con una estupenda página, Script Matters!, creada por un colega malagueño: Daniel Martín Novel. Si, el guión importa y mucho.  Y Daniel dice cosas muy inteligentes sobre el tema. Asi que nos propusimos ficharlo como firma invitada. Y aquí está.

por Daniel Martín Novel

«¿Qué es un personaje sino la determinación de un incidente? ¿Qué es un incidente sino la ilustración de un personaje?»

Esta cita es atribuida a Henry James. Es una cita interesante que a la mayoría de los que nos sentamos delante del ordenador (o de cualquier otra herramienta) para escribir nuestras historias nos puede parecer merecedora de al menos unos segundos de reflexión.

Esta cita nos habla del equilibrio entre la historia (el huevo) y el personaje (la gallina). La elección de los papeles (el huevo y la gallina) para estos actores no ha sido al azar, sino que responden a mi propia visión en lo referente a la construcción de historias de ficción.

Empezaré respondiendo con una nueva cita:

«Nada de actores.

(Nada de dirección de actores).

Nada de personajes.

(Nada de estudio de personajes).

Nada de puesta en escena.

Sino el empleo de modelos, tomados de la vida.

SER (modelos) en lugar de PARECER (actores).»

Esta otra cita pertenece a la obra NOTAS SOBRE EL CINEMATÓGRAFO, de Robert Bresson. Si bien pueden parecer citas antagónicas (sólo a medias), estas dos maneras de ver el proceso de creación cinematográfica son compatibles e incluso complementarias, a pesar de suponer para algunos, los más conservadores, un auténtico dislate.

Entrando en materia, me citaré a mi mismo, algo que, por otro lado, es una redundancia porque ya lo es el mismo hecho de escribir este artículo:

El personaje nace necesariamente de la historia.

El personaje es “lo que se ve y lo que se oye” (o lo que se lee en un guión) durante el transcurso de tu historia.

El personaje, durante el proceso de creación, modifica la historia del mismo modo que la historia lo modifica a él, a posteriori y con una vinculación directa al curso de los acontecimientos.

El personaje NO existe antes ni después de la historia, sólo en la medida en que la misma historia haga referencia a su existencia anterior o posterior, ya sea mediante imágenes o mediante diálogos.

Esto no significa la negación, el vaciado, del personaje. Esto significa acabar con las absurdas manías de algunos de crear personajes recargados, repelentes, absurdos, preñados de clichés, inverosímiles, que no hacen más que complicar el trabajo real del guionista, que es el de escribir una historia en lenguaje audiovisual. Decía Tarkovski que «un guión se parece más a la narración de lo que ha visto un ciego.» Estoy completamente de acuerdo con ello. El personaje debe estar a merced de la historia, es un elemento más de la historia.

Escribió también Bresson aquello de «suprime radicalmente las intenciones en tus modelos.» Las notas de Bresson sobre la dirección de actores son más que aplicables a nuestros métodos de construcción de historias y personajes.

El objetivo de la creación de un background para un personaje determinado previamente a la construcción de una historia que no es más, en ese momento, que un esbozo, no es más que el intento fallido de dotar al personaje de una dimensión “más real”.

La búsqueda de lo real a partir de lo falso, de lo ficticio, no lleva más que al fracaso. Hay que tener en cuenta que la realidad, tal y como la conocemos, no existe en el cine. El cine es un medio que expresa sus propias realidades enmarcadas en un rectángulo blanco, es una dimensión distinta, ajena a lo que llamamos vida real; aunque se pueda parecer a ella, aunque se trate de una representación de lo real, la vida del cine es otra cosa. Las imágenes viven por ellas solas y son precisamente los momentos vacíos en las imágenes los que nos aproximan en mayor medida a la vida real.

Presentar a un personaje ficticio que pretende ser real en un medio como el cine, que vive en la irrealidad, es algo incompatible.

«Modelos mecanizados exteriormente. Intactos, vírgenes interiormente.»

Sí, podéis llamarme dogmático porque estoy defendiendo un dogma, pero no es un dogma nuevo, es bastante antiguo, se remonta al cine mudo, cuando una sola expresión facial era suficiente para resumir/superar/derribar cualquier background; es una cruzada por recuperar lo perdido, lo realmente bello del cine, las imágenes que viven por sí solas.