ENFADO, MOTOR CREATIVO

Por Gabi Ochoa

En un momento determinado, durante un tiempo, el enfado se apoderó de mi. Tal vez fueron algunos mails no contestados, proyectos que no acababan de salir, o cierta apariencia de que todo va bien entre tus compañeros cuando la realidad es una puta mierda. Sí que recuerdo que esta carta fue uno de los detonantes.

El grupo mediático nos decía a mi y a mi coguionista que no les gustaba nuestro último proyecto. Eso sí, con muy buenas palabras. Nunca me habían pegado una patada en el culo tan elegantemente.

Con todo, no creo que solo fuera eso, fue un cumulo de momentos incómodos. En esos días me di cuenta que el enfado, podría ser un buen motor creativo.

Sí. Estamos acostumbrados, los guionistas, a que nos digan que hay que estar predispuestos, con una mirada positiva, sonreír,… solo falta que lo decreten por ley. Pero creo que el enfado, el cabreo, no es solo productivo, sino que puede ser incluso creativo. Me explicaré.

Estuve buscando referencias sobre ello. Búsqueda en google: enfado motor creativo. Número de referencias, 3.680.000 resultados.

La gran mayoría de ellas, por no decir todas (a partir de la página 7 de google, dejo de mirar) hablan de la emoción, y la creatividad, de quitar el enfado para ser creativo, vamos lo que se viene diciendo pensamiento buenrollista. Es decir, obviamos la fuerza de la ira, porque nos parece que no hace avanzar nada.

No hay literatura al respecto (si alguien sabe de algo, libro, artículo, etc, bienvenido sea en los comentarios) aunque sí había un artículo de un blog que hablaba de la envidia como motor creativo (bueno, me sirve también).

No le damos la importancia que tiene al enfado, a disentir de la corriente mayoritaria. El enfado tal vez sea la reafirmación del yo, y también una manera de reventarlo por dentro sea escribir.

Recuerdo que cuando me llegó aquella carta (hace de eso un mes aproximadamente y me parece que fue hace 5, por la intensidad de este último mes) le mandé esa foto a mi coguionista por whatsApp, luego le escribí: “Ahora hay que hacerla cojonuda. Tiene que ser mucho mejor”. En un arranque, me envalentoné, vi claro que ese proyecto (a diferencia de muchos otros en los que veo que se pueden torcer en cualquier momento) saldría, tarde o temprano.

Desde hace tiempo ese proyecto lleva otros cauces, y como estuve comentándole a otro compañero guionista, el gran Juanjo Ramírez, estamos muy contentos. Es un gran curro, pero ahí andamos pico y pala.

Aquello, y todos aquellos mails no respondidos, me hicieron replantear la creatividad: creo que no debemos negar las pasiones internas. Algo tan shakesperiano. Pero debemos canalizarlas creativamente.

Hay veces que estamos en hoyos creativos, que creemos que nunca saldremos. Está bien, son hoyos. Pero en esos momentos es cuando más hay que volcarse en desarrollar el impulso creativo.

No lo he visto, pero tengo muchas ganas de ver el documental que Liv Corfixen, hizo sobre su marido, Nicolas Widing Refn, en sus días más oscuros. La frustración, el ver que aquello en el que has tirado miles de horas no va cara al viento es durísimo. Lo he vivido miles de veces, y creo que todos los creadores deberían experimentarlo más a menudo. No todo en esta vida son estados de Facebook con gatitos y frases positivas.

¿Significa que estoy enfadado ahora? No. ¿Lo he estado? Por supuesto.

Me gusta recurrir a mis libros de cabecera. Handke en “Historia del lápiz” dice:

“Cuando no estoy haciendo ningún proyecto, quiero destruir”

Ahora que estoy revisitando a Jean-Paul Sartre, hay una frase en “A puerta cerrada” que habla de ese enfado: “El infierno son los otros”, contradiciendo a esa máxima tan en boga de “el infierno es uno mismo”.

Este año no está siendo un buen año guionístico, pero sigo en la brecha escribiendo proyectos. Mientras tanto, lo está siendo a nivel teatral. Acá me tenéis, escribiendo una obra en Buenos Aires.

Como ya he estrenado web, (ejem, autobombo), viene con un clip de mi temporada, que mayoritariamente es teatral: 2 espectáculos, 1 texto teatral y 1 libro dietario.

Ya en el próximo post hablaré de la gran experiencia que está siendo Buenos Aires.

Y ya sabéis, dejaos de Coelho, frases positivas, y pamplinas, y cuando estéis cabreados, enfadados, hasta el coño o el pirri, expulsarlo en el teclado.

Tu creatividad te lo agradecerá.

 

DE TAN MALO ES BUENO

Por Rafa Ferrero

Si criticar fuese deporte olímpico, el equipo de la selección española tendría el banquillo más profundo del mundo. Cualquier españolito de a pie podría defender los colores nacionales en una final sin despeinarse y ganando de calle a cualquiera que se le pusiera por delante. Criticar se nos da bien y nos encanta. Eso, entre otras cosas, explica la aparición de un fenómeno como el del espectador social y la repercusión que está teniendo en este país. El concepto lo explica mucho mejor Teresa Díez en esta entrevista, yo me limitaré a decir una serie de chorradas una detrás de otra, que ya sé que os encanta.
Un espectador social es básicamente alguien que no se limita a ver algo en la tele, sino que además lo comenta en las redes sociales. Pero este fenómeno no se queda ahí. No se trata solamente de que la gente haya encontrado una nueva vía para comentar sus programas favoritos, este fenómeno ha evolucionado hasta tal punto que ya ha empezado a influir en la programación de los canales. Porque una cosa es ver algo y después decir a los cuatro vientos si te ha gustado o no, y otra muy distintas es comentar algo en directo, mientras lo estás viendo. Esta segunda modalidad es la que me resulta realmente interesante.
Cuando estás viendo algo que te gusta, el capítulo de una serie por ejemplo, que alguien hable o (peor) que te pida que le escuches, puede ser motivo de discusión. Toda tu atención está puesta en el monitor, el mundo que te rodea ha dejado de importarte y da igual qué se esté quemando, puede esperar.
La cosa cambia cuando lo que estás viendo no te gusta. Lo normal sería cambiar de canal, o incluso apagar la tele y buscar otra actividad (hay quien lo hace, en serio). Pero no. Gracias a las redes sociales hemos encontrado un modo de seguir viendo la tele incluso cuando lo que estamos viendo no nos gusta. Hemos perfeccionado el arte de criticar y hasta le han puesto un nombre en inglés, que siempre luce más, el Hate-Watching lo llaman.
Hace años, cuando compartía piso, creamos casi sin darnos cuenta un evento semanal que consistía básicamente en cenar y ver Operación Triunfo. En esas veladas, el volumen de la televisión solía estar bajo, para que no molestase. Porque lo realmente importante no era lo que allí se dijese o cantase, era lo que nosotros teníamos que decir. Y, la verdad, de vez en cuando se escuchaba un “Pues esta chica canta bien”, pero siempre iba seguido de un comentario del tipo “Sí, pero habla como un camionero búlgaro y se le entiende menos”. Lo de criticar ya estaba inventado.
La gran diferencia entre nuestros eventos semanales y los hashtag de hoy en día no es que los que están criticando no puedan pasarse las patatas fritas entre ellos porque no están en la misma habitación, sino el tipo de programa que están descuartizando. De un tiempo a esta parte ha aparecido una nueva clase de contenidos audiovisuales, una nueva raza mutante de programas que ha elevado la vergüenza ajena a la categoría de arte.
Los triunfitos, e incluso los grandes hermanos de las primeras ediciones, se tomaban en serio el programa y su papel en él. Y lo que es más importante, el programa los tomaba en serio a ellos. Pero eso, obviamente, ya no ocurre en Princesas de barrio, ni en Granjero busca esposa, ni en Un príncipe para Corina, ni en Mujeres ricas, ni en ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, etc.

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Puede que haya algún concursante despistado que haya acabado en el programa pensando que se le iba a tratar como a una ser humano, pero claramente se equivocaba, de pleno. Todo aquel que acepta participar en semejante esperpento está aceptando tácitamente llevar una diana en el pecho y convertirse en el blanco de los afilados comentarios de miles de twitteros empujados por una sola obsesión: Ser el autor del comentario más gracioso. Y como todo el mundo sabe, no hay nada como un buen comentario hiriente para triunfar.
Admitámoslo, lo que llamamos televisión social, en algunos casos, se parece mucho al bullying. Todos nos aliamos para poner a parir a alguien y aquel al que mejor se le da es el más guay de todos. Como en el cole, pero sin bocadillos de mortadela para el recreo.
Todo muy divertido, pero detengámonos un momento. No se me quita de la cabeza el hecho de que en algún momento del proceso alguien se paró y dijo a su equipo: “Vamos a hacer un programa malo, pero tan malo, que de malo sea bueno.” Y lo consiguieron.
Nunca he tenido la suerte de trabajar en uno de estos programas (me encantaría vivir la experiencia desde dentro, al menos una vez), pero me he tragado algunos como espectador y reconozco que me sorprenden. Siempre me queda la duda de si la magia casposa que consiguen en algunos momentos nace gracias al casting (Debe haber por ahí auténticos expertos en encontrar frikis kamikazes), a los guionistas y redactores (A veces las emboscadas son evidentes, pero otras veces surgen situaciones locas de forma tan aparentemente natural que te imaginas al equipo de guionistas arrodillándose y dando las gracias al cielo por hacerles el trabajo gratis), o al montaje (Aquí he de quitarme el sombrero. El montaje de algunos programas, el modo en que seleccionan y manipulan los cortes, es sencillamente magistral, digno del mismísimo Satanás. En algunos programas, para mi gusto, han rebasado el límite editando en exceso. Pero en general, estos programas son lo que son gracias a que se montan buscando contentar a su público más fiel, las hienas hambrientas de twitter, y no tienen ningún tipo de contemplación ni miramiento hacia los pobres concursantes. Van a acabar devorados, así que mejor servirlos bien troceados).
En definitiva, aunque la audiencia social se esté empezando a estudiar y cuantificar ahora, creo que ya llevamos unas cuantas ediciones de programas que nacieron, consciente o inconscientemente, para el consumo y disfrute de un público capaz de apreciar lo genial en lo mediocre. Siempre habrá quien califique estos programas de basura, no todo el mundo tiene estómago como para soportar según qué cosas, eso hay que comprenderlo. Pero, por escondido que esté, hay que reconocerles cierto mérito a este tipo de programas.
Un servidor seguirá entrenando, por si algún día, por fin, criticar se declara deporte olímpico. Tal vez como deportista de élite me vayan mejor las cosas.

ESCALETAR

Por Gabi Ochoa

Tengo por costumbre, desde hace años y años, escaletar aquellas películas y/o series que me gustan, que me resultan entretenidas. Me enseñó mi buen amigo Xavier Sala, guionista alicantino. Con él iba a la Filmoteca Valenciana y nos veíamos los ciclo enteros de Renoir, Ford, Dreyer,… Xavi tenía especial predilección por Jean Renoir y recuerdo perfectamente como se metía en la filmo con la libreta y el boli e iba apuntando, in situ, la escaleta de la historia.

Para mi escaletar es como cortar el jamón serrano en lonchas finas finas. Aprendes muchísimo de los pulsos narrativos. Normalmente lo hago con una peli o serie en play: la pongo y sin pararla, me voy apuntando los puntos y una brevísima descripción de lo que pasa. No termina de ser una escaleta al uso, seguro que tiene menos escena que una normal, pero me sirve para hacerme una idea de cuántas tramas se utilizan, cuáles personajes aparecen más o menos, etc. Yo le llamo “pulsos” a mis puntos. Para que os hagáis una idea, “Manhattan” tiene 47 pulsos y “¡Olvídate de mi!” 114 pulsos. ¿Qué diferencia, no? Las pelis de Woody Allen tiene muy pocos pulsos, son muy dialogadas.

De hecho escaletar es algo que recomiendo a mis alumnos en las clases de guión que doy. Poner una peli o serie en play y “a escaletar!”.

Pues bien, me ha dado por escaletar 2 series que están en antena ahora, “El Príncipe” y “Velvet”. ¿Y por qué? Son dos series que sigo, que admiro su construcción y que a buen seguro sacaré algunas conclusiones de ellas. Y vaya si las he sacado, aquí van.

(NOTA: vaya por delante mi aprecio a los amigos y/o compañeros que tengo en ellas. Estas son unas conclusiones propias y no creo que sean extrapolables al trabajo que han hecho).

EL PRÍNCIPE

He escaletado 3 capítulos de la serie de Mediaset y Plano a plano, y he encontrado algunas joyitas (perdón por los spoilers):

– La serie bascula entre 46 y 61 pulsos dramáticos. No sé si eso serán secuencias, pero sí que me he dado cuenta que los capítulos con más acción tienen más pulsos. Aceleran los comportamientos y las situaciones. En una serie de policías, la acción es esencia de serie.

– Se podría dividir en 4 tramas por capítulo. Tendríamos la trama A, el caso del capítulo, que siempre está salpicado por el caso general de la serie “Encontrar a Abdu”. Esta trama está protagonizada siempre por Javier Morey. La trama B suele ser un asunto de la comisaría y que puede afectar a la trama del yihadismo y a Morey o no. Mayoritariamente el peso lo lleva Fran, y últimamente Quílez también (luego hablaré del acierto de los secundarios). En ese ámbito hemos visto la historia del hijo de Quílez, o como Raquel, mujer de Fran, mataba al “supuesto” asesino de su hijo. La trama C suele ser la amorosa entre Morey y Fátima, ese amor imposible shakesperiano que dificultad las relaciones entre ellos. Y por último la trama D suele ser una trama de continuidad de los personajes protagonistas, sobre todo de Faruq y la familia Ben Barek.

– Ahora bien, las 4 tramas no trabajan por igual. El caso (trama A) suele ocupar entre 15-30 pulsos, mientras que las de continuidad con tener 3-4 pulsos por capítulo el espectador avezado ya sabe donde está con los personajes.

– Pese a que se habló mucho en el arranque del canon “amoroso” que ha supuesto introducir una trama amorosa en “El Príncipe”, la verdad que esta historia imposible entre Morey y Fátima no está tan presente. Suele tener unos 11 pulsos, es decir un 10% de la historia más o menos. Sin embargo cobra especial relevancia la trama B de la comisaría, que es la que mejor punta le sacan (entre 10 – 15 pulsos por capítulo): ahí ahondamos en personajes y vamos conociéndoles mejor. A mi cada vez más me recuerda a “The Killing” y la manera de diseccionar personajes que tenía este policial.

– Otro de los datos que despiertan interés es que conformen avanzan los capítulos algunos secundarios cogen fuerza. Por ejemplo Quílez o Hakim. Algo que supo administrar muy bien series como “The Wire” (salvando todas las distancias) con personajes como Marlo o Presvalsky, dejando que Omar o McNulty no fueran tan omnipresentes. Paso a paso van ampliando el papel de muchos de ellos, sobre todo de los dos citados o de Serra. Creo que en un futuro (la 2ª temporada ya está a la vista) les va a venir muy bien.

– Por último y como anécdota curiosa, con la trama C, que corría el peligro de ser empalagosa (el primer capítulo nos hizo a todos temer lo peor), han sabido hacer un trabajo de cirugía: entre un pulso y otro “amoroso” suele haber un tiempo prudencial que puede oscilar entre 5 y 10 minutos. Es decir, la importancia del caso y del funcionamiento de la comisaría creo, o parece, es el tuétano de la serie.

VELVET

De la ficción de Atresmedia y Bambú he escaletado 2 capítulos. En este caso las conclusiones son absolutamente distintas, pero aún así muy interesantes para comentar:

– El peso importante de la historia recae en las historias amorosas. Dos de las múltiples tramas que presenta (ahora hablaré de la multitrama) tienen que ver con triángulos amorosos muy bien trenzados. Los pulsos de la serie suelen oscilar entre los 32 y los 45. Y sumando las 2 tramas amorosas pueden dar un arco de entre 17 – 20 pulsos, es decir, más del 50% del capítulo.

– En los capítulos analizados he llegado a contar hasta 6 tramas (!). Y diréis, ¿Cómo es posible? En verdad existen 4 tramas, como la otra serie analizada, pero la trama de continuidad, la trama D, se subdivide en muchos personajes que toman la batuta: Blanca, Luisa o Clara comienzan a tener tramas propias. Es lo que denomino series con “trama del personaje”. Es como el marcaje al hombre del fútbol. No hay tramas definidas, hay historias de personajes que vamos siguiendo.

– ¿Y cuáles son las tramas de “Velvet”? La trama A sería el triángulo amoroso entre Alberto, Ana y Cristina. Alberto se debate entre la costurera y la hija adinerada. Esto es algo muy al estilo del screwball comedy americano (otra vez salvando todas las distancias posibles, y sobre todo se ve más en la “otra” trama amorosa, la de Clara, Pedro y Rita), y sus referentes españoles como “Ella, él y sus millones”, “El destino se disculpa” o “Ángela es así”.

La trama B tendría que ver con el suceso del capítulo: la colección de Raúl no se vende, Grace Kelly en Velvet (el próximo siguiente) o hay que comprar telas en París para la colección. Es la trama que, pese a que alimenta o suele alimentar a las más románticas, tiene menos recorrido “amoroso”. Esto se agradece.

La trama C es la otra trama amorosa, la de Clara, Pedro y Rita, una línea tan bien trenzada que poco a poco va dejando cabos sueltos (Clara haciendo pinitos como modelo, su relación con Mateo, el hijo de Pedro,…). Ahora mismo es la trama mejor definida y que más giros lleva. No solo lo digo yo. Tiene peligro de comerse la principal si la primera no avanza. Suele tener entre 6 – 7 pulsiones por capítulo, y de verdad, yo no sé si han visto las películas de Rafael Durán y Josita Hernán, porque en ocasiones parece extraídas de aquellos screwball comedy patrios.

Por último, la trama D, la de continuidad de muchos personajes, para analizar aparte.

– Y es que esta multitrama D es la que hace a “Velvet” diferente a otras series. Buscar el peso adecuado de cada personaje le lleva a que todos tengan, conforme avanza la serie, sus propios pulsos. Por ejemplo: en los capítulos analizados tenemos 3-4 pulsos aparte para Clara, 2-3 pulsos para Blanca y su historia personal, y 3-4 pulsos para Luisa y su relación con Don Francisco.

– Otra de las curiosidades para mi es el caso del personaje de Emilio. Un peso importante en la serie, pero sin trama. Suele ser el “portero” que abre tramas o está pendientes de otras. Creo que el acierto que fuera un actorazo como José Sacristán ha hecho que su peso no decaiga.

– Por último y por citar referencias, a mi, más que a “Downton Abbey” o “Galerías Paradise” (esta última no la he visto, lo siento mucho), me recuerda más al teatro de Lope de Vega (!). Sí, queda lejos y los personajes no tienen nada que ver, ¿o sí? Pensar que aquí se trabaja muy bien las clases sociales, el ascenso o no, con el trasunto amoroso importante: señores y trabajadores. Esto es algo que Lope supe hacer a la perfección en “La dama boba”, “La discreta enamorada”, “El perro del hortelano” o “Lo cierto por lo dudoso”. Sé que ni por asomo lo tuvieron en cuenta, pero cuanto más nos enroquemos en nuestro acerbo literario propio, mejores productos podremos mostrar.

– Por último, creo que han sabido bien combinar todas las tramas y dar cierto terreno a las multitramas de la D, pero auguro un peligro que ya va apareciendo: que la secundaria trama C (Clara, Rita y Pedro) se coma a la principal A (Alberto, Ana y Cristina). De hecho la propia principal me plantea dudas: ¿Cristina no sabe, de verdad, que Alberto y Ana eran pareja? El personaje es un pelín inocente (y eso que Manuela Velasco lo borda. Ella, Marta Hazas y Cecilia Freire me parecen lo mejor de la serie, sin despreciar el enorme trabajo de todo el resto y su equipo).

Bueno, estas son las conclusiones que extraigo al escaletar. Creo que una labor poco agraciada pero muy importante para saber estructurar, y valiosísima como material de trabajo. Para muestra os dejo un par de fotos de mis escaletas.

Fragmento del escaletado de “El Príncipe”

Fragmento del escaletado de “Velvet”

Espero que a los fans de las respectivas series les interese, no se lo tomen a mal y que en los comments sea interesantes departir sobre los pormenores de ambas ficciones.

Cualquier duda o pregunta me las podéis hacer en los comments 😉

Una reflexión desde mi ventana

campanario_san_miguel

por Paco López Barrio

Hoy tocaba hablar de Víctor Ros. Ayer, de madrugada, un breve mensaje de Javier Olivares via Facebook me avisaba de su próximo estreno el 1 de abril. Así que he pasado la tarde dándole vueltas a qué podría decir sin spoilear. O, peor aún, sin revelar intimidades de cómo se ha cocinado esta serie, del porqué de los condimentos y aderezos que hemos puesto en ella, esas pequeñas cosas que quedan, porque ahí deben quedar, en el anecdotario del equipo. Vendemos guiones acabados y a nadie le importan las idas y venidas, ni el cómo o el porqué de las reescrituras. Me lo guardo como bagaje y punto.

Pero hace unos minutos han tocado las 12 de la noche en este campanario que vemos en la foto. La hora a partir de la cual suelo escribir: por tranquilidad, por biorritmo, por autootorgarme una ingenua aura de malditismo… Este campanario es el de la Iglesia de San Miguel, Patrón de Catarroja, el pueblo en el que nacieron mi mujer y mi hija y en donde vivo ya hace años, muy cerca de mi ciudad, Valencia. Así es como se ve desde la ventana de mi despacho. Escribo de espaldas a él, pero de vez en cuando hago una pausa y miro afuera mientras me fumo un cigarro. Abajo hay una plaza llena de naranjos. Si abro la ventana, en esta época del año, me invade un olor a azahar intensísimo. Para los valencianos, éste es el verdadero olor del paraíso, si es que tal cosa existe. Y he ido sintiendo que el post que necesitaba escribir hoy era otro muy distinto.

Os cuento: desde este rinconcito del mundo, tan furiosamente mediterráneo, he dedicado algunos meses del año pasado a imaginar el Madrid de 1895. No tiene mérito alguno: Verne soñó toda una vuelta al mundo, el fondo del mar y hasta la Luna, desde una buhardilla de París. Yo además tengo a mi favor la memoria real de mis paseos por Madrid, visitado en diferentes etapas de mi vida. Y en no pocas ocasiones he contado con la ayuda de Google Earth, para ayudarme a visualizar las aventuras de la Brigada Metropolitana.

Afortunadamente el guionista no necesita desplazarse físicamente para trabajar. Alguna reunión de vez en cuando si. Pero lo cierto es que gran parte de la coordinación se puede llevar ya a distancia, con el móvil, por email, en Facebook, mediante carpetas en Dropbox…

Víctor Ros ha sido, después de tantos años en el oficio, mi primer trabajo para fuera de Valencia. He viajado mucho por trabajo: algunos documentales me dieron la ocasión, hace años, de patearme el Himalaya o la Argentina. Pero el referente siempre había sido la televisión autonómica valenciana, o, al menos, productoras radicadas en Valencia. Pero ya me iba apeteciendo “jugar en primera división”, para alguna de las grandes cadenas estatales. Por muchas razones.

La primera debería ser porque siempre hay que aspirar a más, moverte en otros mercados, abrirte a otras mentalidades, a otras formas de trabajar… y eso suele suponer la necesidad de salir de casa. Algo de eso ha habido en el proceso que empecé hace algún tiempo de ir buscando posibilidades fuera. Pero, al final y por desgracia, tengo que trabajar para fuera porque aquí ya no se puede. El proceso de Victor Ros, desde la documentación previa a la escritura hasta el final del rodaje, ha coincidido en el tiempo con el último año de la agonía de la RadioTelevisión Valenciana, para la que trabajé tanto tiempo. No soy lo que la Ministra de Trabajo llama “un aventurero” o “emprendedor”. Soy, simplemente un exiliado, un emigrante… aunque bajo mi ventana huela a azahar, como profesional estoy ya en otra parte.

Sería bonito alternar trabajos aquí y allá, irme cuando me necesiten lejos, volver cuando me quieran cerca… asumiendo que estos trabajos creativos son, por naturaleza, itinerantes. Sería bonito volverse un profesional apátrida a base de mezclarse con los compañeros de otros orígenes, en otros lugares. Porque son necesarias todas y cada una de las sensibilidades que podamos aportar a un proyecto. Porque mi desvergüenza de la huerta combine bien con la autenticidad conquense de Javier, con el cosmopolitismo barcelonés de Anaïs… porque todo junto le dará buen sabor al guiso. Lo triste es coger el AVE sabiendo que lo que dejas a tu espalda es tierra quemada, que tal vez tarde muchos años en volver a germinar.

Un ejemplo: yo fui uno de los guionistas -que fuimos muchos- de La Alquería Blanca, el mayor éxito de toda la historia de la ficción valenciana. Lo pasé muy bien escribiendo para esa serie y lo volvería a hacer con gusto en un proyecto similar. Eso si: no deseo hacer ése tipo de serie para ése tipo de público durante toda una vida y no tener la oportunidad de hacer nada más. Pero aún deseo menos el no poder volver a hacerlo nunca. ¿Me explico? Me gusta irme, pero me gusta saber que podré volver. Me gusta tener mis años de viaje y mis años hogareños. Me gusta trabajar con nuevos compañeros, pero me gusta reencontrarme con los antiguos. No me gusta saber, por ejemplo, que uno de mis mejores operadores está ahora haciendo balances de blancos en un control de cámaras de Quatar. Y así muchos otros con los que he formado equipo.

Por eso, aunque mi participación en Víctor Ros ha sido una gran alegría, por lo que supone de alcanzar el centro de la industria y hacerlo rodeado de un equipo de maestros a los que admiro, no puedo dejar de pensar que el mundo, mi mundo profesional, tal como lo conocí durante tantos años se ha hundido.

¿Qué puedo -qué podemos- hacer entonces, por mi y por mis compañeros, por los que se han quedado aquí en una situación tan precaria? Pues se me ocurre que mi obligación para con ellos – y conmigo mismo- es trabajar lo mejor que sepa. Lo que popularmente llamamos “dejar el pabellón alto”, ayudar a que se entienda fuera que aquí hay buenos profesionales, a los que no siempre se les ha dado la oportunidad de demostrar lo que valen. Somos – la mayoría- buena gente, nos gusta nuestro trabajo, tenemos una buena formación… y aportamos chispa y buen humor. Que es una buena inversión incorporarnos a un equipo, que tenemos buenas ideas para compartir un proyecto, que somos serios… que no tenemos nada que ver con los sátrapas que nos han arruinado, que vale la pena trabajar con valencianos, yendo nosotros allá o viniendo ellos aquí. Que en este momento necesitamos, por encima de todo, que no nos olviden como colectivo. Aunque parezca que ya no estamos, estamos. Sin voz, porque nos la han cortado, pero existimos. Y sabemos y queremos.

Y otro día hablaremos de Víctor Ros. Quizá cuando ya se haya visto y podamos comentar detalles que ahora son top-secret. Cuando lo que he aprendido en ella pueda aplicarse a proyectos que ahora mismo no imagino en una industria valenciana renacida y reconocida. Para la que volveré a escribir junto a mi ventana, mi campanario y mis naranjos.

JOSE LUIS FORTEZA

La semana pasada falleció Jose Luis Forteza, realizador y productor.  Muchos de los que nos dedicamos al audiovisual en Valencia tuvimos con él nuestra primera oportunidad.  Y posiblemente nuestra trayectoria profesional habría sido otra de no habérnoslo cruzado por el camino cuando eres joven y nadie da un duro por ti.  “Un tipo raro: productor y buena persona”, así bromeamos al despedirle el pasado jueves en el crematorio de Valencia.  José Luis fue además un tipo muy divertido: todo se lo tomaba con un finísimo sentido del humor.  Y no ha dejado ningún mal recuerdo en ninguno de los que le conocimos.  Como homenaje, hemos reunido el testimonio de unos cuantos de los que fuimos compañeros y amigos, para recordarle con una sonrisa. Y con el compromiso de no echar en saco roto las palabras que nos dirigió su hijo Isaac al final del acto: “Recuerdo a mi padre siempre trabajando: en su productora, en la Mostra, en Canal 9… el mejor homenaje que podemos hacerle es seguir luchando para volver a levantar el audiovisual valenciano”.
Guionistas Vlc

fortezajoven

CARLOS PASTOR Guionista y director

Yo conocía a José Luis desde pequeño. Íbamos los dos al colegio del Pilar, en aquella época el más pijo de Valencia. Era poco mayor que yo, de la edad de mi hermano mayor del que era amigo.

El primer rodaje al que asistí en mi vida fue el de su primer corto en 35mm. Yo tenía 16 años y ya quería ser director. Lo rodaba en casa de Javier Mariscal, mi compañero de pupitre en el cole y colega. Javier y yo aún íbamos al colegio y nos fascinó que le dijera a una actriz guapísima que se apretara fuerte un cáliz contra las tetas. “Apriétalo más contra el pecho, así, muy bien”, le dijo. ¡Fantástico! pensamos Javier y yo.

Cuando llegamos a la Universidad José Luis ya era un líder estudiantil: tenía la novia más guapa de la facultad de la que Mariscal estaba enamorado en secreto, era un dirigente respetado en los movimientos políticos antifranquistas, rodaba películas, escribía textos, organizaba tertulias… Nosotros lo veíamos a distancia porque a pesar de que nos llevábamos muy pocos años, la diferencia ideológica entre su generación y la nuestra era enorme. En aquella época todos leíamos muchísimo, pero ellos a Marx y Engels y nosotros a MacLuhan y Marcuse.

En Barcelona volvimos a coincidir. Mariscal y yo habíamos montado una comuna en un piso grande del ensanche barcelonés donde lo compartíamos todo con los demás miembros. Además de Eduardo Hidalgo, otro compinche valenciano tan pijo como nosotros, vivía un puñado de gente llegada de cualquier parte del mundo a quienes les habían pasado nuestra dirección en cualquier lugar entre Katmandú y Marrakech.

En las comunas se compartía todo, a veces en algunas hasta las novias. A nosotros nos hubiera encantado hacerlo pero desgraciadamente no teníamos novia para compartir. Por eso cada vez leíamos más a Wilhelm Reich, por sentir sexo aunque fuera en los papeles.

Desgraciadamente en las comunas cada cierto tiempo habían crisis que ponían la cotidianeidad por debajo de la supervivencia y entonces cada uno se buscaba la vida como podía. A veces circulábamos de una comuna a otra. Habían varias: la de Pau Riba en la avenida del Tibidabo donde temporalmente vivía también Sisa y otros músicos, la de Pau Margall, el hermano de Pascual Maragall, que era mucho más anarquista que la nuestra, la de la Floresta, en medio de bosques y muy bucólica… Incluso había otra de valencianos, la de Albert Garcia y Vida Sanvalero en la calle Urgell pero duraron poco y se volvieron pronto a Valencia.

No sé muy bien de que vivíamos. Recuerdo a toda la gente del piso ciegos de LSD coloreando los dibujos que Mariscal hacía para ilustrar unos libros de cuentos que habíamos conseguido colocarle a una editorial infantil, … de vez en cuando vendíamos mariguana y hachís en la plaza Real…. no sé…

Cuando las crisis económicas eran muy profundas, los comuneros catalanes regresaban temporalmente a casa de los padres, pero Mariscal y yo no podíamos. Sus padres habían muerto y el mío había aprovechado un viaje de negocios para visitarme por sorpresa, se encontró con la comuna y me prohibió regresar nunca más a casa. Me desheredó desde 1970 hasta 1996 en que volvió a incluirme en su testamento. Por eso cuando Mariscal y yo estábamos de bajada, llamábamos a Forteza.

Nos lo habíamos encontrado un día por las Ramblas y habíamos cenado juntos. En plan hermano mayor nos había preguntado por nuestra vida, había hablado poco de la suya y nos había dado un teléfono y unas horas para llamarle siempre que necesitáramos algo. Le llamábamos, una o dos veces al mes cuando no teníamos nada para comer. Siempre nos invitaba y nos daba algo de dinero y reía con nuestras aventuras. Desde entonces siempre que nos veía a Javier o a mi nos decía: “sois unos rojos”. Yo le contestaba “pues mira que tú” o “ya querría yo” según lo que fuéramos a tratar. Por su actividad política lo habían expedientado de joven, tuvo que hacer la mili desterrado en Menorca y durante todo el franquismo no se le concedió el certificado de buena conducta necesario entonces para sacarse el carnet de conducir por lo que nunca condujo, siempre se movió en taxi. En la época de Malvarrosa Media, acudía cada día desde Benimamet, donde vivía, hasta la productora en Tabernes, en taxi.

Sé que el último día que le vi, cuando ya estaba en el hospital para terminales esperando la muerte, a su “Hola rojo” le contesté ”Mira quién habló” porque como él ya no oía ni podía hablar, nos comunicamos por escrito y cuándo me fui del hospital me llevé los papeles de la conversación. Por eso sé que a mi pregunta de “¿Cómo estás?” me contestó: “Yo casi nunca miento”. Luego la conversación se volvió muy críptica porque él hablaba de una película y yo no entendía a cuál se refería.

José Luis me produjo un largometraje y una tvmovie y las dos veces antes de arrancar la preproducción me dijo lo mismo: “esta la tendría que hacer yo, que tú ya has hecho” y yo las dos veces le dije “hazla tú y yo te la produzco”, y él la dos me contestó: “no, joder, que tú produces fatal”. Por eso lo de la película me dejó algo desconcertado.

Esta no vas a poder quitármela” escribió. Yo le escribí una tontería pensando que se le iba mucho la olla. Él contestó: “pero ahora tú también estás dentro”. Como no entendí nada le cogí la mano y él me miró fijo. Le molestaba una mascarilla de oxigeno y se la quitó. La enfermera me dijo que no había manera de que se la mantuviera puesta, pero que tenía que llevarla y que por favor se la pusiera cuando se la quitara. A mi me sirvió para tapar mi desconcierto. Cada vez que no entendía lo que me iba escribiendo, le ponía la mascarilla. Se durmió, se despertó y volvió a escribirme: “es música”. Yo hice ver que no comprendía. El me miró cómo taladrándome. Yo dejé pasar un tiempo y le escribí: “me alegro mucho de verte”. El me miró, se dio la vuelta y se durmió. Estuvimos así más de dos horas. Al final en un momento en que estaba profundamente dormido y yo creía que no se enteraba de nada, le di un beso en la frente y me marché. Pensé que seguramente era la última vez que lo vería. Más tarde en el entierro, Pablo Van Damm me dijo que cuando él llegó al día siguiente de mi visita, lo primero que José Luis le escribió fue que yo había ido a verle y que lo había llenado de babas, o sea que tan inconsciente no estaba.

Cuando llegué a casa miré los papeles de la conversación, vi lo que él había escrito, dejé de lado las tonterías de mi desconcierto y de golpe todo se hizo evidente. No se le iba la olla, se refería todo el tiempo al peliculón de su propia muerte, personal e intransferible.

TONIPEP RODRÍGUEZ SELLÉS Músico y activista cultural

Nadie sabe si es verdad o es mentira … yo tampoco.

Corrían los años 69 en la Univerdad de Valencia, la insurrección estudiantil era enorme, delegaciones de estudiantes tomadas al estilo Mayo 68, muchos nombres sonaban como dirigentes o activistas, Los Hermanos De Felipe, Platón (Rafael Plá), Jaime Ezcutia, Antonio Gutierrez (que sería después secretario general del CCOO) o yo mismo que me encargaba de las acitividades culturales … en la Fac de Ciencias, Cipriano Ciscar, Felipe Guardiola o Carmen Alborch en Derecho y en Económicas y la Literaria Medicina o Agrónomos estaban Peñalba Paco Marin o Paco Caurín o el pacifista Beúnza y otros muchos que no voy a nombrar y cómo no Jose Luis Forteza …

La literaria estaba en el centro (en la C/ Universidad) enfrente estaba el local del SEU donde hacian teatro Rafa Gassent y donde habìan surgido la Nova Canço valenciana (Raimon, Els 4Z, Felix Stop, Lecumberri. La vida cultural valenciana estaba en plena efervescencia tanto la castellano parlante como la autóctona, librerias como Val i Trenta, Viridiana, Tres i Quatre o la Lauria eran centros de divulgación del saber y de la política

Habia ya salido Raimón hacia Barcelona, estaba aún Marian Albero, Alberto García Hernandez los 4Z habian sido prohibidos ..  Fuster estaba en su momento más lúcido, Ventura había reunido en su Publipress muchos creativos . Las artes florecían con gentes como el Equipo Crónica, Toledo, El Equipo Realidad, Ramón de Soto, Calduch, Michavila, Horacio Silva, Uiso, Alemany, etc …

Otras sensibilidades de libertad con visiones alternativas explotaban al mismo tiempo como el Mariscal, el Sheffer (Carlos Pastor) o el Amadeu Fabregat el Rafa Ventura Meliá, o los músicos de rock  (toda una pléyade -cientos de grupos- desde Bruno hasta los Bodgies o los Pepes o los 5 Xics o el Nino Bravo) apoyados desde la radio por Enrique Ginés y la gente de la Voz de Levante. Francis Montesinos hacía sus primeros diseños…

Forteza era un tipo guapetón, campechano y muy abierto … no era como muchos de los otros que solo ejercian en las asambleas, salía de bares o tascas se mezclaba con todo tipo de gente, triunfaba con las chicas y le gustaban las francesas que venian por estos sitios y lo podías ver en sitios o tascas donde la gente se movia y se mezclaba con otros grupos heterogéneos, a mi siempre me ha gustado hacer lo mismo, yo era un chaval avispado pero no era de su quinta y me trataban según quién de tu a tu o de hombre a chiquillo en esos tiempos la barrera de pocos años era enorme … gente que había hecho la mili o no …  Él, no se por cual motivo me trataba de tu a tu … e impuso eso a sus amigos, lo que siempre le agradecí y me hizo sentir mas hombre y mas seguro..

Un dia lo vi muy pronto por la mañana, era evidente que no había dormido … lo crucé cerca de la sede de la Universidad … no me saludó pero me guiñó un ojo

Entre en la Universidad y estaba toda llena de pintadas ….

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TERESA CEBRIÁN Coordinadora de EDAV

José Luis Forteza, y perdonen la frivolidad, era un tipo tremendamente atractivo. Al menos a mí me lo parecía. Con ese porte, ese mostacho, su ironía -finísima-, su enorme sentido del humor. De su mano di mis primeros pasos en esta profesión. Empecé a trabajar en la Mostra en el verano del 86, José Luis había aterrizado en el festival ese mismo año, apenas unos meses antes. Me habían contratado por quince días para cubrir una emergencia y aquel era el primer empleo de mi vida. Me quedé cuatro años, todos los que estuvo José Luis al frente y uno más. Aquellos cuatro años marcaron definitivamente mi trayectoria profesional y personal. Sufríamos mucho pero también lo pasábamos muy bien. Éramos un equipo pequeño para un festival muy grande y, como en todas las organizaciones, había jerarquías. Sin embargo, para José Luis todos éramos igualmente importantes. Cada pieza del puzzle, por pequeña que fuera, contaba como cualquier otra. Siempre recordaré el enorme respeto que tenía por todos nosotros.

Mi primera Mostra se me vino encima sin saber muy bien dónde me había metido. Empezó el festival y empezaron los nervios, las tensiones, los roces y las broncas. Y con las broncas, las lágrimas. José Luis había acudido al Hotel Rey Don Jaime a recoger a un invitado: impecable, de camisa blanca inmaculada. Nos cruzamos de casualidad en el vestíbulo, el invitado, José Luis y yo, que venía desencajada tras un desencuentro bastante desagradable. Le pidió al invitado, seguramente alguien importante, que esperase; me recogió, me llevó a un sillón del bar y me dejó su hombro para que llorase. Después hablamos, luego me invitó a un whisky, que era una de sus maneras de arreglar las cosas, y cuando me hubo tranquilizado fue a atender a su invitado. “Cosas de chicas”, le dijo, enseñándole su camisa, antes blanca, con su mejor sonrisa. José Luis era el director de un festival que estaba en marcha y tenía un lío de narices, y yo una veinteañera con un disgusto de diletante. Y lo había dejado todo para atenderme. Cómo me sentí en ese momento. Qué importante. Y, chicas, ¡qué bien se estaba derramando lágrimas a la sombra de ese mostacho!

CARLES PALAU Periodista

Fue una de tantas visitas con proyectos bajo el brazo. En este caso el destino era Madrid. Televisión Española. Andrés Luque, uno de los productores ejecutivos del área de cultura, sería nuestro interlocutor. Era la primera reunión que teníamos con él. No lo conocíamos personalmente. Queríamos que TVE participara en la coproducción de la versión televisiva de un largometraje documental. El futuro director del documental y autor de la idea también venía con nosotros. Era un proyecto sólido por el que la tele ya había mostrado interés. Esa reunión sería el espaldarazo definitivo al acuerdo. O no.

Para romper el hielo, Forteza hizo alusión a algo que no tenía nada que ver con nuestro asunto. Se fijó en un cartel colgado en el despacho del ejecutivo. Era de la película “Agallas”, que nuestro anfitrión acababa de codirigir. “Ah, ya me habían dicho que has dirigido una película de ficción, yo pensaba que tú eras más de documentales…”. Le daba la oportunidad a su interlocutor para que comenzara hablando de sí mismo. Una triquiñuela de manual. Estudiar al “adversario” antes de entrar en materia. Lo hacía siempre y no me sorprendió. Andrés Luque estaba orgulloso de su trabajo y comenzó a hablar de su película. En un momento dado pasó la pelota a nuestro tejado. Había hecho los deberes. Sabía que Malvarrosa Media estaba preproduciendo una película de envergadura. La que sería, desgraciadamente, la última película de Bigas Luna, “DiDi Hollywood”. “Sé que estáis trabajando con Bigas. Con ese reparto la película puede ser un bombazo. Es un pedazo de proyecto”. Mientras decía esto ya estaba hojeando el dossier que le habíamos entregado, se preparaba para entrar en materia.

Pero la respuesta de Forteza le sorprendió. A mí me dejó helado. “Bueno, la verdad es que el guión no me gusta nada. Pero yo ahí ni pincho ni corto. Cosa de mis socios. Yo bastante tengo con televisión y documentales”. Luque levantó la vista del dossier. Se le quedó mirando y se echó a reír. “Joder, vaya manera de vender tu película”. “No, si ojalá me equivoque y nos forremos. Pero me temo que no va a ser con esta”. La reunión continuó durante un largo rato, centrada ya en el asunto que nos había llevado allí. Cuando salimos del despacho le recordé la jugada. “Qué huevos tienes, José Luis, ¿cómo se te ocurre?”. Su respuesta era también de manual, pero en este caso de su personal y heterodoxo manual. “Mira, ya tengo edad para decir lo que me salga de los cojones. Además, estos agradecen un poco de sinceridad, que aguantan a muchos vendecabras”.

Volvimos a Valencia con un contrato de coproducción bajo el brazo. Un tiempo después “DiDi Hollywood” se convirtió en uno de los más grandes fracasos de crítica y público del cine español. Recibió dos premios yoga, los antigoyas: el de peor película del año y el de peor actriz para Elsa Pataky. Un tiempo después recibí un email de Andrés Luque en el que nos felicitaba por la calidad del documental que le habíamos vendido en aquella reunión.

PACO LÓPEZ BARRIO Guionista y realizador

Desde que le conocí en mi primer trabajo, en 1983, he pasado muchas horas con Jose Luis Forteza. No recuerdo habernos enfadado jamás. Tenía una gran capacidad para escuchar y aceptar las opiniones ajenas, pero sobretodo un sentido del humor que salía a relucir en las situaciones más complicadas y rebajaba cualquier tensión. Le encantaba reírse de sí mismo, de ser un larguirucho desgarbado y, sobre todo, de su enorme narizota que atribuía a la herencia de sus antepasados judios.


Además de las muchas jornadas rodando o editando, también compartimos algunas noches. Como nuestros presupuestos iban siempre tan justitos (hablo de hace muchos años) no era raro que compartiésemos de vez en cuando habitación de hotel para ahorrar. Se dice que para trabajar hay que ponerse cómodos. Pues bien, nosotros desarrollamos más de un proyecto en pijama, tumbados en la cama. O sea, en plan Epi y Blas.


Como había confianza, me abordó un dia, cuando ya estábamos en Canal 9, en la cafetería de la tele y, muy tímidamente, me preguntó: “Paco, ¿te importaría invitarme a un whisky?. Es que ando pelado…”. Ningún problema, que sean dos, con mucho hielo. Semanas después volvió a repetirse la escena. Ojo, no es que fuera un gorrón, él tambien era muy generoso invitando cuando tenía. Le dije: “No sé cómo te las arreglas para ir siempre a dos velas. Si tu eres jefe y ganas un sueldazo…”. José Luis bajó la voz, en plan confidencia y me dijo, poniendo ojitos de pillo: “Tengo cinco hijos de tres mujeres diferentes. ¿Cómo quieres que esté?”. En realidad no fueron tantos sus hijos ni sus mujeres, pero uno de sus mecanismos preferidos para hacernos reir era exagerar.


El otro era inventarse, al vuelo, historias fantásticas y contarlas tan serio, como si fuesen verdad. Como aquella mañana que nos encontramos por Cánovas a su hermano, que venía corriendo con chándal, zapatillas y cinta al pelo… Cuando se marchó me dijo: “No te creas nada. ¿Sabes lo que hace en realidad? Se va corriendo por el rio, pero cuando llega a la playa se toma una cerveza y unas gambas y se vuelve a casa en taxi”.


De no haberse dedicado a producir documentales, Jose Luis Forteza habría sido un finísimo guionista de comedia. Tenía la cualidad más necesaria para serlo: asumir a los seres humanos tal cual son, con sus grandezas y sus miserias. Y saberse parte de ellos. Le vamos a echar mucho de menos.

NATHALIE MARTÍNEZ Productora

Creo que corría el año 1999, estaba en mi segundo o tercer año de carrera de Comunicación Audiovisual en la Universitat de València y surgió la posibilidad de hacer prácticas en una empresa de nombre grandilocuente: Gabinete de Comunicación Global.

El primer día me presenté a la entrevista hecha un manojo de nervios: era una pipiola sin ninguna experiencia e iba a hablar con un productor de verdad, José Luís Forteza.

Recuerdo como ayer la primera vez que me senté frente a él en aquél despacho de la calle Martínez Cubells. Me interrogaba para la entrevista con ese tono serio y a la vez con mirada traviesa. Recuerdo que me provocó tal curiosidad, que tres minutos después de sentarme dejé de preocuparme por contestar a las preguntas sobre mi currículo y, en lugar de eso, me andaba preguntando qué pasaba por su cabeza porque me parecía que se estaba divirtiendo, lo cual me hacía sentir aún más nerviosa.

  • ¿Y porqué Nathalie y no Natalia? –preguntó con gravedad, como si se tratase de una pregunta determinante.

  • Bueno, nací en Francia y ése es mi nombre, -contesté tímidamente- aunque me suelen llamar Nath.

  • Pero si te llamo “Nat” ya no es francés… ¿no? Ahí da igual si te llamo en francés o en español porque no hay diferencia… – dijo mirándome con picardía y esperando mi respuesta.

  • Bueno… – titubeé porque no espera esa pregunta en mi entrevista de trabajo, no sabía por donde salir-. Bueno, en realidad no, -le dije con disimulada seguridad- porque en realidad, al decir Nath, la hache no se pronuncia, pero sí se visualiza mentalmente…

Creo que tardó cinco segundo en reaccionar y echarse a reír con aquellas carcajadas, así hacia dentro, tan contagiosas. Ni que decir tiene que me puse coloradísima.

  • Si no te importa, yo pronunciaré la hache, ¿de acuerdo?

  • Ah, vale… – le contesté avergonzada sin atreverme a preguntar cómo la iba a pronunciar.

Acabó la entrevista, guardó mi currículo y nos despedimos, me dijo que me diría algo rápido. Salí del despacho sola y, aún no había dado dos pasos, oí que me llamaba desde su despacho:

  • ¡“Nathconhache”! Un momento… – volví sobre mis pasos- ¿mañana puedes venir a las diez?

Creo que me quedé allí casi un año, si no me fallan las cuentas, y un par o tres de programas de televisión: aprendí a producir, a montar, a hacer entrevistas, a vivir el audiovisual con intensidad y con pasión. Hubo de todo en aquella época, cosas buenas y cosas menos buenas. Pero aquél trabajo que provocaba que me asombrara cada día, disfrutando además de la maestría de Forteza siempre cerca, pasando regularmente a ver mis premontajes y a reírse con ganas cuando el resultado era divertido, hicieron que me enamorara de esta profesión y me empeñara en seguir en ella. No me atrevía decírselo así personalmente, pero tengo mucho que agradecerle.

Por cierto, ni entonces, ni después… Forteza nunca me llamó Nathalie. Tampoco Nath.
Firmado: Nathconhache

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RAFA CONTRERAS Actor

¡Qué pena! He buscado y rebuscado, pero no encuentro aquella foto cuyo autor es José Luís Forteza… Salíamos Gerardo Esteve y yo algo disfrazados haciendo un número teatral en la Plaza de la Virgen. Se publicó en la revista Dos y Dos, precursora de lo que luego sería Valencia Semanal. Corría el año 1976. Un grupo de jóvenes antifranquistas con inquietudes culturales nos reuníamos entonces convocados por Josep Vicent Marqués. Por allí solíamos acudir Paca Conesa, Rafa García Perelló, Gerardo Esteve, Julio A. Máñez, el propio Forteza (siempre cámara en ristre), junto a más gente que no consigo recordar.

Nuestro objetivo era ocupar la calle como espacio donde realizar por sorpresa acciones teatrales (los famosos “happenings”), algo considerado subversivo. La policía no tardaba en aparecer y enseguida nos disolvía. Recuerdo que la prensa local nos denominó “anarcopasotas”. Desde entonces ya nunca le perdí la pista a José Luís. Aunque no tuvimos una relación muy estrecha siempre coincidíamos a través de amigos comunes o por asuntos profesionales, incluso hemos sido vecinos en Benimàmet durante muchos años.

JORDI HIDALGO Ex jefe de Programas de Canal 9

Detrás de esa figura de alto desgarbado (con la que me identifico), José Luis era un hombre bueno. A veces, hasta podría perecer incluso inocente, pero no lo era en absoluto. Ya se moviera entre tiburones o entre amigos, su bondad siempre sobresalía por encima de los demás.

Aún así, recuerdo de él alguna mentirijilla que compartimos en su día. Él me proponía “magnificar” un resultado anual. Yo, a sus ordenes, me resistía: “¿y el año que viene que haremos?”. Finalmente, tras un café, un cigarro, un dibujo, esa risita suya, alguna gracia y más bondad, dulcificaba la situación hasta hacer desaparecer el problema. Un mago.

Pero por encima de todo, José Luis era uno de nosotros. Nunca de ellos.

PACO PICÓ Ex jefe de Ficción de Canal 9

De José Luis recorde moltes coses, moltes anècdotes, però sobre tot recorde sensacions. La sensació de complicitat en la ironia, de sintonia en les opinions i de tranquilitat en saber que, amb ell present, sempre hi hauria una possibilitat d’enteniment, sempre acabaríem més relaxats i esperançats que com havíem començat. El recorde encoratjant-nos i aconsellat-nos al meu amic Pitti i a mi quan començàrem el l’Aula de Cinema de la Universitat; el recorde parlant de política, i de la política del partit, amb tant d’escepticisme respecte les cojuntures com convicció respecte els principis; el recorde, molt més tard, dibuixant ratlletes en un paper quan les discussions sobre una producció estaven més enconades perquè això volia dir que intervindria en el moment precís, amb aquella veu greu i gastada, per a fer una proposta de síntesi que obriria noves perspectives. Era intel.ligent, era dialogant, era càustic, era honest i, sobre tot era el millor que es pot ser en la vida era una bona persona. Salut i República, amic.

CARLOS AIMEUR Periodista y escritor

El próximo brindis va por ti.

Los que le conocieron recordarán cómo miraba cuándo iba a decir una de las suyas. La primera vez que me lo hizo fue en una de esas comidas largas de entre semana que tanto le gustaban, comidas que comenzaban a las dos y media y acababan a las seis o más tarde para volver luego al trabajo. Me miró a los ojos y me dijo: “Soy judío”. Esperaba algo, una frase torpe, un gesto de sorpresa, pero yo sonreí al ver su expectativa. “Y yo un cristiano medio moro”. Rió. Brindamos por la hermandad de los pueblos. Fue con un buen whisky. Teníamos algunas cosas en común. El gusto por el agua de fuego era uno.

Hablábamos de cine cuando comíamos. Y lo hicimos más veces. En ocasiones quedábamos sólo por placer. Hablábamos. Mucho. De muchas cosas. Una vez porque Rita Barberá le quería de vuelta al frente de la Mostra y él le dijo que no, muy educadamente, con su elegancia desmañada. Otra comimos a cuenta de un documental sobre Sven Hassel que nunca hicimos. Otra por el guión de una película que tampoco hicimos. Me encantaba quedar con él para hablar de cosas que nunca haríamos. Otras, éramos más concretos. Cuando estaba en la Filmoteca, hablábamos de los vicios del sistema de subvenciones. En una de ellas me dijo: “Canal 9 va a arruinarnos a todos”. Lo aceptaba, con el escepticismo resignado de quienes han visto arder naves cerca de Orion.

En otra recuerdo la emoción con la que me relató el entierro de Salvador Puig Antich. Él estaba estudiando en Barcelona cuando ejecutaron al joven anarquista. Como otros compañeros de la universidad decidieron ir al entierro. Su relato de aquel día lluvioso, de las carreras delante de los grises, me cautivaron. Cómo contaba las cosas, qué bien lo hacía. Brindamos después, como hacíamos siempre, por la hermandad de los pueblos. Caerle bien era como gustarle a una chica guapa. Te subía la moral. Ha sido una suerte conocerte, hermano judío. Mi próximo whisky va por ti.

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XIMO PÉREZ Productor, presidente de Productors Audiovisuals Valencians

A finales de los 90 Jose Luis se cuestiona la importancia del asociacionismo en Valencia. Comienza a tener presencia a las Juntas Directivas de la asociación de productores. En las reuniones de la asociación, tenía la habilidad de no enfadarse con nadie, no enfrentarse nunca a ninguna situación comprometida pero al final siempre se aprobaba lo que el defendía. Con su finísimo sentido del humor, su pícara contestación o su socarrona argumentación, llegaba a convencer a todo el mundo. Llegamos a convencerle para que fuera Presidente de la Asociación, fue una época complicada con numerosos cambios. Siempre el interlocutor, normalmente de la administración, se rendía a sus argumentos y terminaban por ser reuniones distendidas con su fina ironía. Siempre he considerado y así se lo dije que fue mi padre con respecto al asociacionismo. Supo provocar en mi y transmitirme la tranquilidad con la que acometía cualquier problema.

Con respecto a la labor de productor, tuve la suerte de coproducir númerosos programas con él, destacando por encima de todos Casting 9 y Mira Mira. Me dejaba hacer casi todo, aunque ante cualquier problema siempre tenía una respuesta brillante y sobre todo una solución que nunca era cuestionada. Siempre te hacía sentirte líder, aunque sabías que José Luis estaría permanentemente detrás para cualquier cosa.

Persona a veces irritablemente tranquila, calculador, estratega, sarcástico, mordaz, muy amigo de sus amigos, tenaz y sobre todo una de las personas más generosas que he conocido en esta apasionante profesión.

TERESA DÍEZ RECIO Ex jefe de Programas de Entretenimiento de Canal 9

La piscina de Forteza

Clóchinas. Azulejos. Restaurante El Estela. Tavernes blanques. Preparábamos la serie ‘Altra oportunitat’ para Canal 9. Año 2007. Forteza, Laullón, fiel escudero, y yo, comíamos con asiduidad allí, mientras construíamos molinos de viento. De cada conversación podía salir uno. Una historia, un ‘docu’, una peli, una tvmovie, un programa. Lo que fuera. Era la forma que tenían Forteza y Laullón de destensar situaciones. A carcajadas. Teníamos un sindiós montado de versiones de guiones, montajes, remontajes, y un plan de producción que iba apretadísimo. La cabeza llena de problemas se nos vaciaba durante esas comidas. Hasta que llegaba el postre: “Esta tarde ya no vuelvo, me voy a casa, que la tengo en obras”, me decía serio. “¿Estás de reformas?”, le preguntaba. “No. Me estoy haciendo una piscina”, respondía con sonrisa de pillo. Volvían las carcajadas. Durante esos cinco o seis meses fue su salida recurrente cuando se sentía agotado, se iba a casa a ver a los obreros, porque se estaba haciendo una piscina.

La piscina era inflable y se metía en ella con el gintonic en la mano. Carlos Pastor es quién me ha cerrado esta anécdota tan ‘Forteza’.

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JULIO FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ.  Periodista

Año 1972, febrero, Barcelona. Yo era un recién llegado de provincias que quería estudiar cine. Apenas llevaba una semana en la ciudad, y en la escuela donde José Luis era profesor, cuando la policía me detuvo en una manifestación contra ya no recuerdo qué cosa.

En Via Layetana, mas que los golpes, sufría la angustia de pensar que nadie sabia que me encontraba allí. Nadie? José Luis lo supo, aun no se como. Y envío un abogado (el bueno de Mateu) a interesarse por mi. Apenas nos habíamos visto antes un par de veces en clase.

PACO GARCÍA DONET.  Productor

Un hombre bueno con gabardina.

La primera vez que vi a José Luis en acción fue a través de una pantalla cinematográfica. Salía como figurante en un estupendo cortometraje en blanco y negro dirigido por el entonces joven realizador Vicente Domingo. El corto se titulaba “Historias de hombres con gabardinas” y contaba con la actuación de Javier Gurruchaga y del mismísimo Luis García Berlanga. Lo programamos en un pequeño festival de cine valenciano que organizamos en mi pueblo, Cullera, y recuerdo que me fijé en el nombre de José Luis Forteza cuando salió en los créditos, seguramente porque me chocó que el flamante director de la Mostra de Valencia hubiera colaborado en el primer cortometraje de un chico joven.

Por aquella época, mediados los ochenta, yo también era un chico joven. A decir verdad, en el mundillo audiovisual yo no era nadie. Y, al igual que Vicente Domingo, también hacía cortos. Por eso me puse un poco nervioso cuando inscribí el primero que había hecho, con un grupo de amigos, en una cosa que se llamaba Mercafilm y recibí la oferta de entrevistarme con quien dirigía aquel novedoso mercado cinematográfico, que no era otro que José Luis Forteza. Fui con un compañero de fatigas a verle a la finca del punt de ganxo, sede de la Fundación Municipal de Cine de Valencia, y allí nos dijeron que lo podríamos encontrar en el Bar Almudín. Efectivamente, allí estaba, sentado en la terraza, charlando con un compañero, bebiendo whisky con hielo y riéndose con tantas ganas que se le oía desde la Plaça de l’Almoina.

Llevaba gabardina. Lo recuerdo en blanco y negro, con el Almudín casi en ruinas de fondo. Me acogió en seguida como un amigo. Yo no era nadie, no me había visto nunca, él bebía whisky con hielo a las seis de la tarde en una terraza de la capital y yo venía en un tren cochambroso desde de mi pueblo. Pero sus ojos brillaron de manera sincera desde el primer momento en que se clavaron en mí, como brillaron siempre que me miraron durante los siguientes veinticinco años, cada vez que volvíamos a vernos. Como brillan los ojos de un amigo. Llevaba gabardina, pero no era como los hombres de la historia de Vicente Domingo. Era un hombre bueno.

Me ayudó entonces, cuando yo no era nadie, cuando más lo necesitaba. Y siempre supe que podía contar con su ayuda a lo largo de los años, en todo lo que pudiera hacer por mí. Por eso le debo muchas cosas, aunque seguramente la más importante sea que me hizo saber, cuando yo veía la vida más que nunca como una jungla infestada de alimañas, que existen hombres buenos que te dan su amistad aunque no te conozcan de nada y aunque no puedan esperar nada de ti a cambio. Incluso aunque vistan gabardinas que les sientan fatal y que, por eso mismo, te caen simpáticos desde el primer golpe de vista.

LLUÍS GALLENT Dep. de Emisiones de Canal 9

En la mort d’un amic tens dos opcions a l’hora d’escriure: o li dediques el tòpic panegíric, que en el cas de José Luis seria cert, o senzillament, destaques allò més significatiu del seu caràcter. I no hi ha dubte en això, el sentit de l’humor àcid i intel·ligent i cert “gamberrisme” n’eren marca Forteza. Per a mi era una barreja física i psíquica de Groucho Marx i Tip, i com ells, era capaç de parlar sense parar i al remat alguna cosa graciosa o brillant t’amollava. Acabe amb una anècdota del seu tarannà transgressor: en els inicis de Canal 9, aquell projecte il·lusionant que ha esdevingut un sainet grotesc, era vox populi que a la segona planta -programes documentació i emissions aleshores-, regnava l’anomenat poder rosa o gay power i va tindre l’ocurrència un cap de setmana de canviar els rètols dels quarts de bany. El dilluns, la confusió, sexual o no, va ser motiu de conya general.

Crec, per últim, que després de tota una vida, haguera fet seu el títol del llibre de memòries de Pablo Neruda: “Confieso que he vivido”.

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EDUARD TORRES Periodista y documentalista

Tinc que fer un flashback a l’any 1986 per recordar aquell moment en què vaig conéixer a José Luis Forteza. Estava pegant trompades entre la Universitat i els inicis al món professional del periodisme. Volia ser guionista, escriptor, fotògraf, periodista i alpinista, tot d’una. Tontejava en editar, produïr, publicar i escriurer un fanzine de cinema (del que sols es va fer la portada) i vaig anar, per fer una crónica pel nº 0, a la visita i xerrada que feia Marcel Oms -creador de Cahiers de la Cinémathèque i moltíssimes coses més- a València. Era a la Facultat d’Història (crec recordar, dins l’Àula de Cinema, però José Antonio Hurtado –Piti- i Paco Picó poden puntualitzar) i Forteza havia de presentar al critic francés com a director de la Mostra de Cinema del Mediterrani que era en aquells anys. No va vindrer i, al seu lloc, va comparéixer Antonio Santo, en aquell moment, cap de premsa del Festival. Li vaig dir que volia entrevistar José Luis per a la publicació i em va tractar com si jo fora d’El Pais dient-me que cap problema, però que –a canvi- li passara fotografíes de l’acte que ell necessitava per a la publicació que feia el festival, aquell magnífic Mostra Notícies.

Vaig anar a Na Jordana, al Barri del Carme de València, on, en aquells anys, estava la seu, i allí em va presentar Forteza. Vint minuts per una entrevista? –em va dir- Uff, tinc mil coses que fer però si vols acompanya’m i vas preguntant-me. Aquells vint minuts es van transformar en tot un dia rere d’ell on tenia la sensació que anava entrevistant-me a mi. A la vesprada, de taxi en taxi -perquè no conduïa- i de lloc a lloc, sense que parara de fumar, va acabar donant-me dinés, convidant-me a dinar i fent-me que replegara les factures de tot. Sóc molt desastrós per aquestes coses, em comfessava. A la semana següent, Santo em va cridar de nou perquè necessitaven un fotògraf i el seu, José Luis Muñoz, estava ocupat en un altre lloc. Quan vaig? Ja havies d’estar aci… A l’arribar a la plaça Salvador Giner, m’esperava Forteza amb l’actor Lino Ventura al que, eixe any, la mostra li dedicava un homenatge. La següent feina ja va ser al juny, al mateix Ajuntament, on tenia que fotografiar l’alcalde Pérez Casado amb Forteza i l’italià Nino Manfredi, un moment històric per a mi perquè va ser on vaig cobrar la meua primera fotografía, una on apareixia José Luis. Ja no vam parar. Va ser un estiu memorable junt amb Xemi Baviera, Honorio Rancaño i molts altres col·laborant al festival. No hi havia hores.

A la tardor d’eixe any 86, Forteza em diu que necessita algú que l’ajude al treball de la seua productora audiovisual, Video Uno, de la que era soci i on feia de guionista i realitzador, perquè la feina de director de la Mostra li ocupava molt de temps. I, allí, enviat per Forteza i Santo, a Alboraia, al costat dels Estudis Tabalet, vaig estar alguns anys aprenent l’ofici, treballant i coincidint amb grans professionals com Federico Segundo, Paco López Barrio, Pep Romero, Manolo Revert, Jaume Bayarri, Lluis Moreno, Juan Ortín, Xavi Ramón i l’Enric Riera. Vam fer junts alguns reportatges institucionals i industrials per a Conselleria de Cultura, l’Impiva, la Diputació, el PSOE, la UGT, i algún altre. Entremig d’aquells moments de planificar guions i gravacions en tovallons de paper, José luis anava contant mil historietes, polítiques i periodístiques, de jueus i de cristians.

Després, amb els anys, i de passar per altres productores i televisions, vam tornar a trobar-nos a RTVV i a la productora Malvarrosa Media. Ara que ho pensé, no sé si el meu camí professional haguera sigut un altre si no arribe a conéixer-lo. Però, això, ja és una altra història.

ALICIA VIZCARRA Guionista y realizadora

A Forteza lo recuerdo con admiración y respeto. Para mí siempre fue un referente; alguien hacia quien mirar… José Luis era, ante todo, un tipo culto, extremadamente inteligente, con un fino sentido del humor, que lo había hecho todo en esta profesión, y a mí me parecía, no sé. Uno de Los Grandes…

También era todo un galanteador, y siempre que había mujeres cerca no desperdiciaba ocasión de acariciarnos con su sonrisa, acompañada de alguna frase bonita: José Luis tenía para todas…

Mi anécdota ocurrió en los despachos de la FEVA, a finales de los noventa. En las reuniones, integradas por los distintos representantes de las asociaciones del audiovisual valenciano, intentábamos vertebrar las bases de un objetivo común que pudiéramos defender, principalmente frente a la TV y a la Administración. En aquella especie de sindicato vertical que era la FEVA no resultaba nada fácil ponernos de acuerdo, y en ocasiones las reuniones eran largas y complicadas. Los votos contaban, y mucho. Había, pues, que convencer al “contrario”.

En aquella tarde había un tema muy complicado sobre la mesa. Llegaron juntos Ximo Pérez y José Luis Forteza, ambos de traje y corbata, ambos impecables; idénticos, sin una coma fuera de su sitio, dispuestos a dar batalla. Yo estaba preparando los papeles de la reunión. Cuando los vi llegar se me escapó un “¡Hostia, El Ataque de los Clones!” Y empecé a cantarles la cansoneta de Star Wars. Forteza entonces me pegó un achuchón rápido y sonriendo me lanzó un “calla, que me vas a quitar votos”…

Luego mantuve con él esa broma en varias reuniones más hasta que un día se plantó; se me acercó y me dijo al oído “en realidad yo soy más del Jedi”, me guiñó el ojo y se fue.

RAFA PIQUERAS Realizador

Mi conversación más larga con José Luis Forteza

Le conocí poco. Sé que me propuso para proyectos de Malvarrosa en alguna ocasión, a veces incluso frente a otros nombres mucho más rimbombantes. Estamos hablando de los últimos años de su productora, del inicio de la decadencia. Y realmente le conocí poco. Pero fue suficiente.

Entré a trabajar como realizador de un docu-reality y preparamos un primer programa. Y cuando tuvimos listo algo para enseñar, nos fuimos a Canal 9 a ver qué tal. Nada extraordinario, el procedimiento habitual.

Fuimos en taxi. Forteza, el co-productor ejecutivo del programa, la directora y yo. En la tele nos esperaban Teresa Díez Recio, Jefa de programas, y Jordi Hidalgo, director de antena en aquel momento, creo. El trayecto fue extraño, cada uno con sus pensamientos. La directora y el co-productor hablaban de sus cosas a veces, y Forteza permaneció fiel a su estilo, en silencio. Debo reconocer en este punto que yo le tuve siempre un respeto reverencial a Forteza, por lo que si nuestras miradas se cruzaban, solía rehuir inmediatamente y buscar algo mejor que observar. Él hacía lo mismo, no sé si por timidez, o porque yo no le interesaba demasiado. La verdad es que con él tampoco hacía falta mucho más.

En aquella reunión nadie habló demasiado, salvo Teresa, que con su acostumbrada naturalidad dirigió la conversación y la llevó por donde quiso (a ella el proyecto le entusiasmaba), y el co-productor del programa, que vendió sus virtudes y aciertos lo mejor que pudo. Visionamos el capítulo y todos pusimos cara de póker, algo habitual también. Algunas indicaciones, rehacer, potenciar esto o aquello… nada fuera de lo normal. Jordi Hidalgo disimulaba, pero yo sentí que no le gustó demasiado lo que vio. Era una primera reunión sobre un primer montaje y podía pasar.

Salimos de la tele y subimos a otro taxi de vuelta a Malvarrosa, en Tabernes Blanques. El trayecto se aprovechó para ver cómo reconducir lo que no funcionaba. Luego se hizo el silencio un rato. Hasta que mi mirada se cruzó un momento con la de José Luis. Esta vez no la aparté, tenía ganas de decirle lo que pensaba. Él también me la sostuvo.

  • No le ha gustado – susurré apenas.

Forteza sonrió cuanto apenas.

  • No.

Y volvió a mirar por la ventanilla.

Fue quizás la conversación más larga que mantuve nunca con Forteza. Pero como siempre, fue suficiente.

CARLOS LAULLÓN Guionista

Malvarrosa Media. Siete de abril de dos mil diez. Seis y media de la tarde. Despacho de José Luis Forteza.

-Yo: ¿Se puede, jefe?
-JL: Pasa, pasa y cuéntame, cuéntame… ¿Qué has hecho ahora? Si lo que quieres es dinero, ya sabes que no soy un banco… Jojojojo… (con cara de pillo).
-Yo: José Luis, no vengo a pedirte dinero. ¡Vengo a dártelo!” (Y mientras le digo esto, le escaqueo la abultada cartera que deja siempre sobre la mesa. Abultada de tarjetas de visita y cosas, porque pasta no lleva apenas…).
-JL: ¡Eh, que te he ‘pillao’! (Señalando la cartera).
-Yo: Te la estaba cogiendo para meterte dentro unos billetes… Pero si no quieres…
-JL: Va, venga, deja de jugar, Laullón, que te veo muy disperso…
-Yo: Tenemos que hablar del programa…
-JL: ¿Del programa? Desembucha… ¿Qué tripa se te ha roto ahora?
-Yo: Ninguna, pero se me va a romper en breve (le tuerzo el morro)
-JL: Jojojojojo… Ya será menos…
-Yo: Puede, pero, claro, ya sabes cómo está el patio…
-JL: Bueno, pues arréglalo, que para eso estás. Y si no puedes arreglarlo… Échale la culpa a Palau y solucionado (Cara de cachondo cómplice).
-Yo: Pobre Palau… Mejor le echo la culpa a Loles que es más nueva.
-JL: No me parece mala idea. Así, que vaya aprendiendo. Le vendrá bien. Pero mejor, échale la culpa a los dos. A Palau y a Loles.
-Yo: ¿Y si me toman manía? Ya sabes lo retorcidos y rencorosos que son…
-JL: En eso tienes razón.
-Yo:Bbueno, el caso es que… (Intento ponerme serio)
-JL: Espera, espera… Si te vas a enrollar mucho…
-Yo: Hombre, no sé… Quiero saber tu opinión…
-JL: Pues, entonces, vamos a la horchatería. Estoy harto ya del despacho por hoy…

(En la horchatería de la esquina)

-Camarero: ¿Qué les pongo?
-Yo: Una cerveza, de tercio, si puede ser. Y si regaláis cacahuetes, pues también.
-JL: A mí me vas a poner un helado de esos que tenéis ahí…
-Camarero: ¿Cuál?
-JL: Pues, el más grande, claro
-Camarero: ¡Marchando el helado más grande para el señor Forteza! (Se va)
-Yo: Lo que te decía, José Luis… Está la cosa jodida porque… Ya sabes lo que pactamos con esta gente, ¡y ahora todo les parece mal!. Que si tres cámaras no son suficientes, que si esto, que si lo otro…
-JL: Mmm… Ya, ya…
-Camarero: Una cervecita por aquí… Te pongo papas, que se me han terminado los cacaos. Y un heladito para Forteza. No le he puesto la banderita con el cartel, porque digo: ‘Me lo va a tirar a la cara…’
– JL: ¿Cómo? ¿Sin banderita? Ya no me gusta.
-Camarero: Si quiere se la pongo. A mí no me cuesta nada…
-JL: ¡Hombre, pues claro! Si en la foto sale con banderita, yo lo quiero con mi banderita.
-Camarero: (divertido) ¡Marchando una banderita para el señor Forteza! (Va a buscarla y vuelve con ella). Aquí está. ¡Hop! (La clava).
-Yo: ¿Qué pone en la banderita, José Luis?
-JL: “Date una fiesta”
-Yo: Tú sí que sabes, José Luis, tú sí que sabes… Déjame que te haga una foto. ¡Click!

helado

Nota de autor: Carles Palau y Loles Sanchís fueron estrechos colaboradores de José Luis en sus últimos años. Me consta que Forteza los adoraba y que son unos excelentes profesionales. Espero que se entienda la broma que siempre nos llevábamos con todo y con todos.

ISAAC FORTEZA Actor

Las gafas de forteza

Todos recordaréis a mi padre con sus gafas de sol calzadas. Para mi, desde niño, ha sido una de sus señas de identidad, su manera de coger distancia para observar el mundo, para reflexionar e intuyo que para crear y tomar decisiones importantes. Siempre había algo detrás de sus gafas de sol.

Yo siempre he querido tener sus gafas, ¡se las he pedido tantas veces!. Pero a él le encantaba jugar a “hacerse el judío” y nunca me las dio. Se las ponía, se sonreía y me decía: “Tienes envidia”, y tenía toda la razón.

Las llevaba siempre a mano. No daba un paso en la calle sin sus gafas de sol, ya fuese a una reunión importante o a comprar el pan.

Y allí estaban, hasta el último momento siempre a mano, en el cajón de la mesita del hospital. A veces las pedía porque decía que nos veía mejor, pero todos sabíamos que había un momento de intimidad detrás de las gafas, había una intención de soledad. Esa soledad compartida que reclamaba constantemente.

Hace unas semanas, mi padre amaneció con ganas de comerse el mundo, de escapar, de fumar, de hacer el amor y la revolución. Conseguimos plantarlo en la silla de ruedas y salir a dar un paseo. Como era de esperar, pidió sus gafas de sol (y una gorra), era su disfraz de la película “El Golpe” (1973).

La verdad es que llamaba mucho la atención, y como tenía conquistadas a todas las enfermeras de la planta, éstas se le iban acercando a hacerle carantoñas. Ésto, en la intimidad, le hacia gracia pero allí, delante de todo el mundo, no le debía parecer muy apropiado. Pero él era muy educado y muy caballero como para ser grosero, así que aguantó un rato hasta que paró a una de ellas, antes de que se le acercara, y sin dejarla mediar palabra le aclaró: “No. No soy Robert Redford”. Y desvió su mirada con una infinita dignidad.

Yo ahora tengo las anheladas gafas de mi padre. Pero cuando me las veo puestas me doy cuenta que no eran las gafas lo que admiraba, sino un estilo, una belleza, una determinación y una gran personalidad. Lo que realmente admiraba era a mi padre, a Forteza. Para mi, siempre Tito.

JERÓNIMO FORTEZA Bailarín.

Estoy leyendo mucho acerca de la ironía, y las habilidades sociales de mi padre.

Podría contar anécdotas acerca de su vida como padre, que ya os podéis imaginar no era un padre nada convencional ni ortodoxo. Lo cual, aunque en algún momento me haya podido confundir, lo agradezco. Un ejemplo de esto, es que nunca le llamé Papa, le llamé ¡Tito!, para mí esa palabra tiene exactamente el mismo significado. Eso le llenaba de un irónico orgullo que creo también le confundía. Recuerdo la cara que ponía cuando explicaba a alguien que yo era bailarín, repitiéndolo varias veces como para poder entenderlo él mismo.

Recuerdo que a veces me echaba la bronca, cuando en realidad se la echaba a él mismo, porque yo siempre escogía los trabajos que más me interesaban, aunque me fuera a morir de hambre, en vez de los trabajos mucho mejor remunerados.

Pero este último mes y medio ha sido realmente un ejemplo de que eso era algo completamente innato en él. Y que no era solo un personaje, manteniendo esa ironía hasta el último momento.

A pesar de lo dramático que pudo llegar a ser todo, y hasta en los momentos más duros, de repente salía con algo que nos hacía reír, sugiriendo que todo lo que estaba pasando era una “película”.

Es muy curioso como en cada turno del hospital siempre había una enfermera que le daba un trato especial, y casualmente era siempre la más guapa, ¡y no exagero!. Luego, en privado, nos preguntaban completamente embaucadas si mi padre había sido actor o director de cine (porque los modales que tenía no eran los que acostumbraban ver). ¡Imaginaos nuestras caras!.

Incluso en los últimos días, cuando se supone que ya no podía llegar entender mucho, tenía su enfermera favorita. La que le llevaba dos meriendas porque era lo que más le gustaba del mundo, merendar.

Acerca de la ironía, las barbaridades que ha podido llegar a decir para cortar situaciones dramáticas son increíbles:

“- Explícale que no estoy muerto, es que es un poco tonto” ó “-Hola; soy el cadáver en funciones”.

Probablemente aquí escritas suenen muy impactantes, pero tal y como él las decía eran muy divertidas. Y realmente consiguió, a su manera, que nada fuese triste ni “un dramón”. A veces, cuando te veía triste te decía muy autoritario: “-No quiero numeritos” y seguidamente se reía.

El domingo pasado fue el último día que pude estar con él y, aunque se suponía que no podía entender mucho, él sabía perfectamente que era el día que iba yo a verle desde Barcelona (tenía controladísimos cada uno de mis movimientos). Pasó el día diciendo: “-¡No, yo más!”, con cara de quinceañera y de fondo su famosa sonrisa irónica.

Todo para decirme lo que él quería sin que pareciese una despedida, y sacarme una sonrisa.

Así que: “- ¡Y YO MÁS!” .

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Nota de GuionistasVlc: Os invitamos, a todos los que le conocisteis o trabajasteis con él a compartir vuestros recuerdos o anécdotas en los comentarios. También en el grupo  de Facebook  “Amigos de Jose Luis Forteza”.

Agradecemos a Mostraviva el permiso para utilizar algunas fotografía de su archivo. Y a Giovanna Ribes por la gestión.  También a Nathalie Martínez y Gloria Guillot por el grafismo.

¿QUIÉN PILOTA AL PILOTO?

vasile

por Paco López Barrio

El gremio lleva dos dias revuelto con este anuncio de Paolo Vasile, gran jefazo de Mediaset: no se dará la orden de arranque a ninguna serie sin haber visto y aprobado su capítulo piloto. Curiosamente las reacciones, abundantes, parecen contradictorias. Por una parte se entiende que es, o debería ser, lo normal. Y nos recuerdan que así se hace por ejemplo en Estados Unidos. Y al mismo tiempo se nota una gran preocupación, por lo que puede tener de invasivo en el trabajo de los profesionales. Desde Mediaset se pone como ejemplo la ya mítica Hospital Central. En este caso se hizo así y la serie funcionó muy bien durante muchas temporadas.

Aunque, si somos rigurosos, habría que decir que el ingrediente principal del éxito de Hospital Central aún ni se olía, ni de lejos, en el momento de presentar el piloto. La gran mayoría de espectadores a los que le preguntes, a dia de hoy, cual es el personaje que más huella ha dejado en su recuerdo, van a tener una respuesta muy clara: el Dr. Vilches. Este personaje, sin duda, tenía lo que hay que tener para convertirse en un gran referente. Salvo que no era cojo, era una especie de House (antes de House) a la española. Porque su competencia profesional era tan grande como su mala leche.

Pues bien, en la primera temporada de HC (y no digamos ya en el piloto) Vilches no es más que uno de tantos secundarios como arropaban a la pareja protagonista. Es más adelante, después ya de varias temporadas, cuando el personaje ha crecido y eclipsado a los demás. A partir de cierto momento la serie gira alrededor suyo. De hecho, Jordi Rebellón, el actor que lo interpreta se convirtió en el mejor pagado de la TV de aquellos tiempos. La cadena estaba dispuesta a firmarle un cheque en blanco con tal de que no abandonase la serie. Así que soy muy escéptico acerca de los poderes proféticos de un capítulo piloto. Y si me hablan de Hospital Central aún lo soy más. Porque no sirvió para detectar el “efecto Vilches”, lo mejor de la serie.

vilches

Por supuesto, por poco fiable que sea el procedimiento del piloto, siempre será mejor que no tenerlo e ir completamente a ciegas. Los americanos lo hacen y nosotros somos devotos de las series americanas. Así que la estrategia debe ser buena. Nada hay más desastroso que estar rehaciendo el cap 1 cuando ya están escritos y casi rodados seis más. Y estas cosas pasan con cierta frecuencia, lo sabemos. ¿Por qué entonces ese escalofrío que nos recorre la espalda al escuchar la propuesta de Vasile? Porque le tenemos mucho miedo a la implementación concreta de la medida. Por muy razonable que parezca – y además lo es- sobre el papel, en la puesta en práctica existen demasiados factores que también merecerían pasar su propia prueba de fuego. “The big cagada factor” sigue estando agazapada en cualquiera de los muchos despachos implicados. No sabemos en cual. Pero estar, está.

Y me preocupa también el porqué y el porqué ahora. O mejor dicho, si el “porqué” de la cadena es el mismo que el mío. Que en parte lo es, pero en parte me temo que no. Me explico: en este país tenemos la desgraciada costumbre de “legislar en caliente”. Un ejemplo: seguramente nuestro Código Penal necesita una puesta al día. ¿Pero cuando nos acordamos de ello? Cuando algún crimen horrendo nos hiela la sangre. Entonces todo el mundo sale a pedir la pena de muerte, la cadena perpetua y lo que haga falta…

Me pregunto si, en este caso, no estaremos también ante un caso de reacción furiosa ante la sangre aún caliente. Todos sabemos, aunque sólo los muy metidos en el ajo conozcan los detalles, que la gran apuesta de ficción de Mediaset, Alatriste, está necesitando -según la dirección de la cadena- un serio trabajo de retoque que ha implicado no sólo remontar sino incluso regrabar partes enteras, con el coste que eso supone en una producción que ya es de por sí muy cara. Y que Vasile en persona ha supervisado esta cirugía mayor. Me consta que el equipo creativo es competente, mucho. Empezando por el director Enrique Urbizu y siguiendo por el equipo de guión en el que hay compañeros con un gran historial a sus espaldas. ¿Quizá otra gente -demasiada- ha querido dejar también su firma? Si alguien se anima a contarnos la verdad de Alatriste, aquí tiene nuestro blog a su disposición.

Y qué decir de Dreamland. Llevan meses trabajando en su prog. 1 sin que de momento haya obtenido el OK. Aunque en este caso el cesto parece tener los mimbres mucho más flojos. Por lo que se cuenta, y pese a un excelente equipo técnico, el programa no termina de convencer. ¿Mala dirección? ¿Mal diseño del producto? Vasile pasa con frecuencia por la sala de edición, a ver cómo va el tema, pero la luz verde no llega. Más allá de las pérdidas económicas se crea un grave problema de imagen: no ser capaces de llegar a buen puerto en un plazo razonable.  No es de extrañar que las alarmas estén saltando.

Así que, me temo, esta nueva política de pilotos para todo, más que un plan meditado, una estrategia integral de mejora de la ficción, parece ser una medida de emergencia y un aviso a navegantes. Porque otro desastre más no puede permitirse. Pero, al igual que sucede con el Código Penal, la legislación en caliente, en respuesta a  sucesos puntuales, no es nunca la mejor salida.

Hacer pilotos como práctica generalizada puede ser muy beneficioso. No sólo para las cadenas que minimizarán (no reducirán a cero, porque eso es imposible) el riesgo de darse un batacazo. Puede ser también muy bueno para el conjunto de la industria.

Hacer pilotos da trabajo. A las productoras y a la gente. Porque doy por supuesto que los pilotos se pagan y se pagan correctamente, sin rebajas, sin promesas de “si sale adelante, entonces ya tal…”. Muchos de nosotros firmaríamos por tener trabajo más o menos continuado en estos proyectos. Ojalá todo vaya bien y se conviertan en series de éxito y largo recorrido. Y para ello estamos dispuestos a echar el resto. Pero asumiendo también, con toda naturalidad, que muchos de esos proyectos se quedarán por el camino. Aún así sería beneficioso para todos: para los que han trabajado en ellos y para las propias cadenas, que tendrían sobre la mesa una variedad de propuestas para elegir. Hoy las tienen en forma de dossiers que les salen gratis, pero son menos fiables que un piloto.

Una política de pilotos generalizada y asumida como procedimiento normal entiendo que podria servir para dos cosas muy importantes: una, para elevar el nivel de riesgo de la ficción. Ideas que sobre el papel pueden parecer demasiado revolucionarias, convertidas en un piloto que convenza pueden animar a las cadenas a subir el nivel de su apuesta, que ya va haciendo falta. Y otra utilidad directa sería el que un piloto es una excelente oportunidad de testear, curtir, foguear, formar, consolidar… bajo la supervisión de otros compañeros ya veteranos, a nuevos talentos. Están haciendo mucha falta.

Ya se ha dicho en muchos foros que en España estamos trabajando en este tema con la pirámide invertida: casi todo el dinero va a producción y muy poco a desarrollo. Y debería ser al reves: echar el resto en los escalones más bajos, para que haya mucho donde elegir, y luego ir filtrando a medida que se sube. El piloto estaría ya sólo un escalon por debajo de la producción real, pero se asentaría sobre una gran masa de trabajo previo de desarrollo (que también se debe remunerar, ya que su coste es bajo en comparación). Desde ahí, a pasar, quien merezca pasar, a la fase de producción. Esto es hacer I+D audiovisual y lo demás son tonterías. Pero esto supone una actitud serena, largoplacista. No tiene nada que ver con “no soporto una cagada más y os vais a enterar: todos al examen”. Que es a lo me ha sonado, a mí y a muchos, el huracán Vasile.

Y además, si los americanos lo hacen, por algo será. Lo que ya tengo mis muy serias dudas de que el mecanismo de evaluación vaya a ser el mismo que allá. Cierto que en USA no todo es color de rosa y hay showrunners muy reputados que se han llevado un buen revolcón. Lo bonito, aunque lo veo utópico, sería hacer como nos contó Sören Sveistrup, en su master-class de junio pasado en Barcelona: tras crear una serie que fue un éxito de crítica y público la TV danesa le dijo: “Ahora haz tú lo que quieras hacer”. Y entonces creó Forbrydelsen, un éxito aún mayor, que ha tenido remake en Estados Unidos y ha sido el gran símbolo de la calidad de la ficción danesa (un país pequeñito, no lo olvidemos). Interesante canje: carta blanca como premio al éxito. Y salió bien. Pero también podría haber salido mal.  Mejor tener un piloto aunque te llames Sveistrup.

Pero, y aquí viene la madre del cordero: ¿Quién y cómo tiene que evaluarse ese piloto? Creo que sólo hay una respuesta válida: con público real, con una medición correcta de sus reacciones. Con auténticas señoras de Cuenca ¿por qué no? Ya está bien de tomar en vano su santo nombre. Ya esta bien de teorizar, sobre lo que le gusta y lo que no, desde la barra de un pub de Serrano. La señora de Cuenca tiene todo lo que necesita un buen espectador: bagaje vital. Lleva años trabajando, criando a su familia, sufriendo, teniendo esperanza, temiendo, alegrándose… la señora de Cuenca ha visto nacer y morir a los suyos, ha cosido el vestido de novia de su hija y la mortaja de sus padres. ¿Qué le vamos a contar sobre el ser humano que ella no pueda entender? Y ha  mamado muy buena tele: hace 30 años ya disfrutaron de Yo Claudio, de Poldark, de Juncal, de Arriba y abajo… No tengamos miedo a su opinión, pero dejémosle expresarla por si misma, que nadie nos ha pedido que seamos sus intermediarios.

Y, junto a la señora de Cuenca metamos en el público a jóvenes estudiantes, a taxistas, a vendedores de seguros, a cantantes de rock… incluso a algún notario, algún médico de familia (del ambulatorio del barrio, no a Emilio Aragón)… cada uno por separado tal vez no, pero todos juntos saben mucho más que cualquier directivo de TV. Saben cosas que no se enseñan en las escuelas de negocios. Saben más que el ejecutivo-bimbo, que es aquel que ha recalado en una cadena porque el grupo de inversores para el que trabaja ha diversificado sus intereses entre la bolleria industrial y la televisión. Y lo que haga falta.

Así un piloto es útil. Mucho. Así nos va a beneficiar a todos. Pero si lo tiene que evaluar un comité de autoerigidos en sabios, de simples enmendadores del trabajo ajeno porque yo lo valgo… vamos mal, muy mal. Sólo tendremos una caja de grillos ampliada y autocomplacida que de ninguna manera va a evitar que vuelvan a cometerse graves errores de cálculo. Ejemplos de grandes desastres tras órdenes “de arriba” sobran.  De momento, según avanza la prensa, el gran jurado van a ser TODA la dirección. Tendrán que encontrar la solución los mismos que antes no supieron ver el fallo.

En conclusión: la idea es muy buena. Pero hay que pensarla más y falta acertar la implementación. Porque sólo dará fruto si se cumplen estas tres condiciones: Desarrollo, respeto y tiempo por delante. Cualquier otra cosa son parches coyunturales. O reacciones de pánico.

CARTA ABIERTA A ALFONSO RUS

Con motivo de las recientes declaraciones de Alfonso Rus ofreciéndose a financiar “L’Alqueria Blanca” y sugiriendo la eliminación del personaje de Tonet, la junta directiva de EDAV (Escriptors de l’Audiovisual Valencià) ha redactado la siguiente misiva.

A la atención de Alfonso Rus, presidente de la Diputación de Valencia.

Hemos tenido conocimiento a través de los medios de comunicación de su intención de introducirse en el mundo del guion. Como asociación que representa al 80% de los guionistas de la Comunidad Valenciana, nos gustaría darle la bienvenida al oficio y hacer lo posible por ayudarle en esta nueva aventura profesional. Con ese motivo, nos permitimos dirigirnos a usted para transmitirle algunos consejos que esperamos le sean de utilidad.

En una situación como la actual, la audacia es una de las mejores cualidades que puede tener ahora mismo un guionista. Aún así, en general es más práctico formar parte del equipo de guion antes de intentar “vender” una trama. Para ello, la vía más frecuente es hacer una prueba de guion. Ahora mismo parece que L’Alqueria Blanca no está precisamente buscando guionistas, pero con una propuesta tan rompedora como la suya seguro que habrá llamado su atención.

Tonet

Algunos de ellos son socios de EDAV, así que nos ofrecemos para organizar un encuentro en el que tenga la ocasión de exponerles sus ideas con más detalle y recoger el feedback que le den al respecto. Tal vez se muestren reacios a suprimir uno de los personajes más populares y queridos de la serie sin que haya para ello ningún motivo narrativo lógico. O acaso argumenten que a un personaje solo hay que eliminarlo cuando su ciclo ya está claramente agotado, cuando después de varias temporadas hace falta renovar el reparto con nuevos protagonistas que sustituyan a los que hace tiempo que están arruinando la serie.

Alfonsorus

Si ése fuera el caso y finalmente no convence al equipo de l’Alqueria, no se desanime. Seguro que encuentra otra producción en la que sean más receptivos a sus innovadoras propuestas. Es cierto que no ha elegido el mejor momento para empezar en el oficio. El cierre de RTVV, la parálisis de la Ciudad de la Luz y el recorte en los presupuestos del IVAC y después Culturarts han provocado en la práctica la aniquilación del sector audiovisual valenciano. Los índices de paro alcanzan casi el 90%. La precariedad y los impagos están a la orden del día. A pesar de todo ello, y teniendo en cuenta el talento para géneros tan nuestros como el sainete y la parodia que ha demostrado usted a lo largo de su carrera, estamos convencidos de que conseguirá hacerse un hueco.

Y un último consejo. Tanto si encuentra trabajo como si no, asóciese a EDAV. Son tiempos difíciles y hemos de luchar todos juntos por el futuro de nuestra profesión.

Un cordial saludo.

JUNTA DE EDAV (Escriptors de l’Audiovisual Valencià).

EMPEZANDO

Por Gabi Ochoa

Uno siempre piensa que está empezando en esta profesión. Tiene verdaderos momentos de bajón y no sabe si lo que hace va en una dirección o de verdad aquello que escribe es pura basura y lo mejor que podría hacer es retirarse a tiempo.

He de decir que con la moral baja me fui a las I Jornadas de guión de Televisión. Baja por la situación, mía y de nuestro colectivo en Valencia, y por que cada cierto tiempo me pregunto, ¿por qué escribo?

O sea que el Gabi que estaba en Madrid fue una especie de Charlie Kaufman cuando va a ver a Robert McKee preguntándose si de verdad su guión está bien estructurado o es una basura. Así estaba yo.

Y lo primero que me encontré es más de 60 personas como yo. He de decir que para mi gusto las jornadas estaban muy masificadas, y que fui perdiendo autoestima cuando alguien me preguntaba: ¿Pero de verdad eres guionista, trabajas de guionista?

Sí, gran parte de las personas que había allí eran estudiantes o gentes que tenían otro oficio. Parece que escribir está en desuso. Somos una especie en peligro de extinción. Curiosa paradoja. De hecho en una comida me encontré hablando con alguien de las licitaciones de aeropuertos, porque esa persona había diseñado un proyecto para uno de ellos O.o

Anécdotas aparte (que haberlas ahílas y muchas, y curiosas), mi idea eran desgranar algunas perlas de los ponentes que por allí pasaron.

Me gustó mucho como arrancó Manuel Ríos San Martín al hacernos ver que siempre hay que baremar nuestro impulso creativo con el coste de oportunidad: escribir tirando a dar, sabiendo que puedes colocarlo en algún sitio, teniendo claro tu producto. Y es que esa fue la máxima de su primera charla (Manuel fue la estrella del encuentro), reflexionar sobre lo que escribimos, y mucho, sobre el concepto, algo que siempre pasamos por encima (este post suyo sobre la peripecia y el tema es revelador).

Me gustó sobre todo cuando hizo hincapié que escribir es pensar, y que antes de escribir, pensemos. Siempre diciendo que hay que teclear mucho y alguien sensato nos dice que por lo menos escribamos sabiendo lo que hacemos. Un 10 para él.

En el primer día gentes como Juan Carlos Cueto o Alberto Grondona nos explicaron como se desarrollaron series donde han trabajado. El primero en “Águila roja” y “Tierra de lobos” y el segundo en “El tiempo entre costuras”. Pero creo que todo el mundo se quedó con los trallazos de verdad de Olivares, que fueron comentados durante varios días. Yo tengo aún uno grabado en el hipotálamo:

Parece que hemos borrado la “emoción” de nuestro acerbo guionístico. Es más importante saber palabrejos nuevos (Grondona por ejemplo nos habló del capítulo bottle, que es aquel que es prácticamente todo hablado con pocos personajes), que pararse en lo más básico: llegar al espectador con emoción.

Esa perla más esta otra:

Creo que fueron suficientemente valiosas para una charla que empezó sin concesiones, ni siquiera a si mismo: hablar de su vida, de aquello que hizo de “Isabel” saliera de las entrañas, no tiene precio.

Al día siguiente, ya el sábado 7, empezó Noel Ceballos y le siguió Victoria Dal Vera. Tal vez lo que Noel nos relató no me venía de nuevo, y algo parecido con Victoria, aunque vino bien para refrescar, y sobre todo, en el caso de la charla sobre personajes sirvió para asentar muy bien la idea de que el conflicto tiene que ir siempre a la esencia del personaje, como señaló insistentemente Victoria.

Valentín y Javier Reguilón hablaron de diálogos y escenas. Lo que Valentín nos comentó es más o menos un avance de lo que suele desarrollar más profusamente su taller on-line de diálogos. Tal vez lo que más se me quedó fue la relación entre la comunicación verbal y no verbal. Por suerte salí corriendo de allí para comprobar empíricamente aquello que habían dicho los dos: fui a ver la increíble “La vida de Adele”. Me dejó sin aliento, sin palabras, y casi sin pantalones. Tremenda!

El último día arrancó Natxo López con la comedia, aunque como él mismo dijo, la primera regla para la comedia es no hablar de ella a las 9:30 horas de un domingo.

Cuanto queremos a nuestros personajes y cuanto nos da por defenderlos, ¿no? Creo como Natxo que en los errores están los aciertos. Y sobre todo en las contradicciones.

Tras dos charlas interesantes con Mariano Baselga y Eduardo Zaramella (de las más claras y esquemáticas la de Eduardo, sobre el fantástico y el terror), llegó un pequeño traspié por parte de María José Rustarazo. Y personalmente no creo que sea culpa de ella, sino de quien la mandó, porque empezó mal Valentín cuando la presentó diciendo que Cristóbal Garrido y Ramón Campos la mandaron a ella (¿qué no podían venir ellos?). O esto es lo que entendí. Si no fue así, los comments están para algo.

Mª José explicó muy bien como se desarrolló “Hispania”, una serie que dio mucho que hablar en las jornadas, pero me dejó helado cuando en el power point que tenía a sus espaldas sentenciaba algunas de las ficciones de Bambú con una frase. Si “Gran Hotel” era “un juego con la Historia”, lo de “Galerías Velvet” era cuanto menos curioso: “dejar de lado lo político”.

Y aquí me tengo que parar porque, pese a que iba a decir allí algo, preferí no cortar su intervención (interesante, no lo dudo) y comentarlo pausadamente aquí.

¿Podemos obviar “lo político” en una serie enmarcada en los ’50, en los ’60 en la España franquista? ¿Y sobre todo, debemos?

No sé, se me plantean muchas dudas éticas y/ morales. Unos años jodidos en este país, con la dictadura en sus momentos más duros como para obviar “lo político”. ¿De verdad pensamos que el espectador es tonto, que no recuerda su historia? Estoy convencido que  “Galerías Velvet” será un exitazo (los mimbres son buenísimos), pero me parece un error de comunicación, de planteamiento, de desarrollo, o de lo que sea, obviar lo que somos y porqué lo somos. No es la primera serie que lo hace, pero la contundencia con la que la dijo María José me dejó muy frío.

La última parte corrió por cuenta de Manuel Ríos para hablar de mini-series y tv-movies y de Virginia Yagüe y Pablo Tobías hablándonos de series diarias. Las dos tremendamente interesantes.

Y el broche final Manuel y Virginia nos hablaron de la realidad del aquí y ahora.

Me quedo con dos pinceladas que dejó Virginia en este final y que me gustaron:

– Sé crítico con lo que haces, con lo que escribes (yo diría, con lo que ves y con el oficio)

– Insértate en el oficio, para después mostrad tu voz.

Seguro que me dejo, por error y/u omisión muchas reflexiones interesantes, pero espero que alguno de mis compañeros, ponentes, o gentes en general pueda ampliarlo en los comments.

Volví a Valencia pensando en nuevas historias e ideas, en cambiar aquello o aquello otro, en crear. Y pensando que pese a que continuamente estamos empezando, comenzar ya es un buen signo.

 

TRAGICOMEDIA DE UNA NOCHE DE NOVIEMBRE

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por Paco López Barrio

No, no ha sido un tiro en el pie. El tiro en el pie no afecta órganos vitales ni deja graves secuelas. Basta un poco de cirugía menor, con anestesia local, para estar correteando de nuevo en unos pocos dias, tan campante: ahí tenéis a Froilán de Todos los Santos como ejemplo.

El tiro que se ha disparado Alberto Fabra, presidente (sobrevenido que no electo) de la Barbaridad Valenciana, ha impactado en otro lugar de su rubia anatomía de buen mozo de Castellón. No en su corazón ni en su cerebro, blancos dudosos -por presuntos- donde los haya. Yo creo, más bien, que esa bala le ha impactado en un punto mucho más crítico: en los cojones del alma, el chakra de todos los chakras, el centro de gravedad y línea de flotación de todo hombre subido a un pedestal.

Aparentemente ha estado muy mal aconsejado. Pero fuentes bien informadas me dicen que no han sido pocos en su entorno los que le han dicho: “No lo hagas, Alberto”. O al menos no lo hagas así. Pero lo hizo: cerró Radio 9 y Canal 9 en la madrugada del jueves al viernes. Buscaba la hora en que todos los gatos son pardos y ya sólo quedan putas y barrenderos por las calles. Pero lo que consiguió fue montar un reality show que alcanzó audiencias jamás soñadas. Ni en los mejores tiempos de Tómbola hubo tanta gente frente a la pantalla. Y, para acabarlo de arreglar, las redes sociales… Desde el 23 F, con el que muchos vemos similitudes, no se había quedado tanta gente toda la noche en blanco, a la espera de ver cómo se resolvía la crisis. Fabra, en plena pataleta, huye hacia adelante y comete un buen número de errores tácticos.

Error táctico nº 1: Un ataque en prime time

El mayor error táctico de Fabra ha sido confundir el horario de oficinas con el horario de la realidad. El mundo no cierra a las ocho de la tarde. Hay mucha vida a la hora de la cena: por algo a esa hora la llaman prime time y en las horas siguientes, el late night. Nadie puede tomar una decisión acertada en asuntos de medios de comunicación sin tener en cuenta estos conceptos. Fabra no lo hizo. Y provocó un escándalo mayúsculo.

A primera hora de la noche, una edición especial del Diario Oficial de la GV, ordenaba el cierre inmediato de las emisiones. En unos minutos, la Policía se presentaba en Radio 9, desalojaba a los trabajadores y apagaba la emisión. Sobre el papel un triunfo de la guerra relámpago. Pero resulta que a esa hora Radio 9 emite su programa de mayor audiencia: La Taula Esportiva, una tertúlia deportiva. Y resulta que esa misma tarde había jugado el Valencia C.F en Gales, contra el Swansea, asegurándose la primera plaza del grupo A de la Europe League. No hay forofo del Valencia que no estuviese a esas horas escuchando Radio 9. Así que la teoría de que “de noche no se va a enterar nadie” no podía funcionar.

Inmediatamente la notícia está en las redes sociales. A esas horas son muchos los trabajadores y extrabajadores de RTVV que están conectados a FB o a twitter. Y los que no, aún están despiertos y dispuestos a contestar el teléfono. “Ahora irán a cerrar la tele. Me voy para allá”. Ese fue el mensaje que leí varias veces en FB, en los muros de mis excompañeros. En Canal 9 se juntaron, en menos de media hora, los que aún no habían salido del turno de tarde, los que aún estaban por entrar para el turno de noche y los que, sin estar de servicio, quisieron acogerse a su incontestable derecho a entrar en las instalaciones de su empresa. Llegó incluso un equipo, el de Societat Anònima, que venía de recibir un premio en el Club Diario Levante. Y en lugar de felicitaciones se encontraron con el cerrojazo.

Entre ellos todo el equipo de periodistas y técnicos de informativos, que en ese momento acababan y no les costaba nada quedarse y continuar la emisión de un noticiario que terminó durando más de 12 horas. En el momento mismo de la desconexión, a las 12.19 del viernes, el share era del 30’9% y, a primera hora de la mañana, cuando la gente ve las noticias mientras desayuna, se alcanzaron picos del 49%. Sólo una final de Champions jugada por el Valencia podría dar esas cifras.

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Error táctico nº 2: Dar carnaza a las redes sociales

Pero más allá de lo que se pudo ver en directo, lo que la torpeza de Fabra ha conseguido al encerrar a tanta gente en el Centro de Producción de Programas, es que queden para la posteridad unos cuantos vídeos muy incómodos y que van a quedar ya para siempre en Youtube. En una TV, por definición, hay cámaras. Y gente que sabe utilizarlas. También mucho móvil de última generación en los bolsillos, con una calidad de imagen más que satisfactoria y conexión a Internet. Todo esto en manos de gente que ya no tiene nada que perder, ni el miedo, y que son muy conscientes de estar viviendo momentos históricos. Con el tiempo olvidaremos la retransmisión de esas ultimas horas de agonía. Pero los videos subidos seguirán recibiendo visitas durante años. Recopilo pensando sobretodo en los lectores de fuera de Valencia, que sois muchos, y no habréis tenido la ocasión de ver estas joyas. La cosa empieza a calentarse la noche del jueves, aún temprano, cuando empiezan a difundirse escenas como ésta, los trabajadores agolpados tras la valla.

Pasado poco tiempo se consigue acceder al patio exterior, desbordando a la policía y la seguridad privada. No tengo imágenes del momento en que se cruza la valla en masa, pero fue algo muy parecido a la caída del Muro de Berlín. Y, aunque se les prohibió el acceso al edificio, rápidamente se encontró la forma de hacerlo: por las ventanas y algunas puertas no controladas.

Algunos políticos de la oposición, presentes en el plató de informativos cuentan, a toda la audiencia, que también han tenido que entrar de la misma manera: “Hace dos años que soy diputado y, para ser la primera vez que puedo venir invitado, he tenido que entrar por la ventana”, cuenta uno de ellos. Es una imagen propia de un golpe de estado. Y además chapucero. Viendo estas imágenes queda muy en entredicho la eficacia de la Policía Autonómica, que no ha sido capaz (o andaba muy justita de efectivos) de sellar el edificio, que al fin y al cabo tampoco tiene un perímetro tan grande ni tantas aberturas.

También hay momentos de gran comicidad. Como éste, digno de los Monty Python: a media mañana del viernes llega la comisión de liquidadores y, con la ayuda de algunos policías que estaban en el patio exterior, intentan acceder al edificio. Pero se encuentran con las puertas que ellos mismos han cerrado:

Pese a lo tenso del momento, el plató de informativos estalla en carcajadas. Igual que hicimos quienes lo vimos en casa. Otro “gag” estelar fue la entrada de Beatriz Garrote, presidenta de la Asociación de Víctimas del Accidente del Metro, cuya cobertura informativa ha sido motivo de vergüenza para los periodistas de la casa. Las víctimas, siempre ninguneadas desde la administración valenciana, aún no habían podido expresarse ante una cámara de Canal 9. Cuando por fin su presidenta ha sido invitada a hablar, ha tenido que entrar en el edificio de esta manera:

De no haber 43 víctimas mortales por medio se podría sonorizar con la sintonía de Benny Hill. Obsérvese el detalle del pasillo que conduce al plató, atrincherado con unas butacas. Y la manera en que la arropan y conducen hasta allí. Son imágenes, éstas y las anteriores, que transmiten cualquier cosa menos normalidad democrática. Y así lo han entendido medios de comunicación de todo el mundo que han dado la noticia y han tenido un muestrario de imágenes donde elegir.

3º Error táctico: Los personajes de comedia son un poderoso agente viralizador.

En las primeras horas de la madrugada hace su aparición por los pasillos un personaje a quien nadie conoce. Es un tipo corpulento, de barba canosa, que viste ropa de trabajo con el logo de una empresa. El periodista Genar Martí acude enseguida a averiguar quien es. El que se pone más nervioso no es este señor, sino el policía que le acompaña. Vean este primer encuentro:

La respuesta a la incógnita llega desde un pueblo de la Marina Alta: Gata de Gorgos. Algunos vecinos han reconocido a Paco Signes, conocido en toda la comarca como Paco Telefunken. Regenta un pequeño negocio de reparación de televisores e instalación de antenas. No parece la mejor cualificación para proceder al apagado del Control Central de una cadena. Algunas malas lenguas dicen que es el que le hace el mantenimiento de la antena de su chalet en Moraira al Vicepresidente José Císcar. Cosas peores se han visto en esta casa…

Lo cierto es que el apodo y la manera en que la policía lo encierra en una sala de espera son elementos propicios para la comedia. En tan sólo unos minutos el hashtag #PacoTelefunken es ya Trending Topic en twitter. Porque si el cabreo dinamiza las redes sociales, el humor mucho más. Y en este caso se juntan las dos cosas. Twitter vomita 100 chistes por minuto durante horas.

La presencia de Paco Telefunken lo tiene todo. Viene de un pequeño pueblo, a más de 100 km de Valencia, a donde ha ido a buscarlo la Policía Autonómica que lo ha trasladado junto con su sobrino Pepe en un coche patrulla. Me viene a la cabeza la escena de El Verdugo en que la Guardia Civil, en barca y megáfono en mano, busca al protagonista en las Cuevas del Drac. Más allá de preguntarnos si no hay ingenieros de telecomunicaciones en Valencia, notamos como un aroma a Pepe Gotera y Otilio invade la escena.

verdugo

Luego sabremos que Paco Telefunken es un técnico bastante competente: él diseñó y montó el sistema de magafonía del Camp Nou. Y que también instaló los repetidores que permiteron que la señal de TV3 llegase a las comarcas del sur. Probablemente lo ha recomendado Abertis, la concesionaria de los repetidores que usa TVV. Pero, aún así, yo creo que el trabajo para el que le han buscado le desborda. Un control central es una gigantesca matriz en la que se “enrutan” una gran cantidad de señales. En teoría todos responden a unos mismos principios… pero la realidad es que estos sistemas complejos son en gran medida “llave en mano”: no hay dos iguales y sólo los conoce bien quien los ha diseñado o se encarga de su mantenimiento. El mejor ingeniero, sin el manual de configuración y sin los esquemas, está perdido. Como perdido se ve a Paco Telefunken en su primera entrada al CC, mirando aquellos inmensos racks, cruzados por cientos de latiguillos.

El Comité de Empresa expulsa a Paco Telefunken del Control Central tras esa primera inspección. Y además se planta impidiendo la entrada de la policía: no sin un mandato judicial. Aquí empieza otro acto del sainete, el que tengo menos claro. Los liquidadores solicitan del juez de guardia una orden de desalojo, por ocupación ilegal y usurpación. En un primer momento se deniega, horas más tarde se concede… por medio hay una intervención de la fiscalía. Y ni siquiera tengo muy claro quien es el juez que actúa en cada momento… el caso es que al final llega la orden. Pero pasan las horas y la emisión no se corta. Y entonces llega la sorpresa: Paco Telefunken anuncia que no quiere cortar la señal y se vuelve al pueblo con su sobrino.

De repente, el verdugo se convierte en un personaje simpático, un héroe popular. Más leña para el twitter, que pasa de la burla a la alabanza. Y se mantiene como TT unas cuantas horas más. Pese a las horas que ha pasado escondido es ya un rostro popular, tiene página de seguidores en FB y otras televisiones solicitan entrevistas con él. Paco Telefunken se ha convertido en la versión valenciana del camarero de la cafetería del Paseo del Prado de Madrid.

Tras una noche de esperpento, el “éxito” de Fabra se apoya en estos tres puntales: la “discreta maniobra nocturna” ha pulverizado todos los records de audiencia de la cadena, se ha nutrido a Youtube de una buena colección de vídeos, las fotografías del encierro están en las portadas de toda la prensa. Y, encima, el imaginario colectivo de la “resistencia civil” cuenta con un nuevo miembro en su santoral. ¡Buen balance para una operación que se esperaba discreta!

El gran apagón y una ironía final.

Con la orden del juez en la mano los liquidadores ya pueden cortar la señal y desalojar a los trabajadores. La orden de Fabra va a cumplirse, pero el “cautivo y desarmado” esta vez va a ser el vencedor. Porque el coste político es inmenso. No sólo ante la sociedad valenciana, sino incluso dentro de su propio partido, en el que nunca ha sido un líder sólido. Sus propios correligionarios, en privado por ahora, le acusan de haber manejado la crisis con una torpeza infinita. De haberse dejado llevar por la rabieta, de no haber escuchado a sus consejeros… y aún están por verse las consecuencias judiciales últimas de todo este affaire, en el que parecen haberse violado unas cuantas leyes. Y porque queda un estropicio legal, económico y político sobre el que aún no se ha dicho la última palabra.

Son las 12.19 del viernes. Desde la sala de máquinas (no desde el Control Central) se corta la corriente a la brava, ignorando todo el protocolo de apagado que requiere el CC. Habrá que evaluar los daños en aparatos y archivos digitalizados. Y se hace a una hora perfecta para que todas las televisiones de España puedan abrir sus informativos, poco después, con estas imágenes. De fondo se escucha el grito de los trabajadores en el plató: “Això és un colp d’estat” (Esto es un golpe de estado).

Y así se vió desde el control de realización del Estudio 3:

¿Saben qué es lo más divertido de todo este asunto? Que el Sr. Fabra se podía haber ahorrado todo este circo. El Control Central se podía haber apagado desde su propio despacho. Y en su entorno hay una persona que sabe cómo hacerlo. Es lo que tiene el ordeno y mando, que a fuerza de despreciar las opiniones ajenas se quedan sin escuchar datos y sugerencias que pueden ser muy útiles. Vamos a explicar esta ironía final y ojalá me lean la gente del PP y vean qué clase de mentecato tienen como Presidente (aunque me parece que ya se están haciendo una idea).
Verán, esto es el Control Central de TVV:

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Enorme, complejo, lleno de aparatos y cables… pero, que en pleno siglo XXI no se maneja a mano, enchufando y desenchufando latiguillos, como una telefonista de 1920. Esto, Sr. Fabra, está gobernado por un software que automatiza las operaciones. Esto quiere decir que el técnico que lo controla simplemente tiene que sentarse ante un ordenador. Y con él, accede al sistema operativo y hace y deshace, conecta y desconecta, conmuta señales, recibe y envía de un estudio a otro, del Centro de Producciones hacia las Unidades Móbiles y viceversa, y, por supuesto, lo apaga y lo arranca… El corazón del Control Central es un ordenador, uno corriente como el que usted y yo tenemos en casa sirve. El resto de lo que se ve, por mucho que impresione, no son más que periféricos más o menos sofisticados, dispositivos esclavos de este ordenador. Y desde él se debió apagar, siguiendo el protocolo técnico.

Que eso lleva un tiempo está claro. Y falta que el operador quiera hacerlo o pueda hacerlo, con la presión de sus compañeros fuera… Hay sólo cuatro personas que saben hacerlo. Una de ellas Lluis Sabater, el “padre técnico” de la TV valenciana, hoy jubilado. Y con muy pocas ganas de hacerle ningún favor a ustedes, pues, por obedecerles, se encuentra hoy procesado en el sumario de la trama Gürtel siendo un hombre honrado. No cuenten con él. Otros dos están en la plantilla de la casa. Y el cuarto hombre que sabe cómo hacerlo está muy cerca de usted, en la misma Presidencia. No me pregunten su nombre porque lo ignoro. El caso es que, sin necesidad de entrar siquiera en las instalaciones, podría haber apagado él el sistema, siguiendo el protocolo. Porque los ordenadores hace años que tienen la costumbre de trabajar en red. Tan sólo hace falta conocer las contraseñas – y en Presidencia debe haber copia- para acceder remotamente a la aplicación de control.

Su orden se podría haber cumplido de madrugada, con la población y los políticos de la oposición durmiendo, con un mínimo de trabajadores dentro del centro que no se darían cuenta casi hasta el final, no habría hecho falta que la policía ocupase el edificio, sin efecto llamada a los otros trabajadores, no se habría llenado Youtube de momentos patéticos, la prensa no tendría fotografías que mostrar…  Su nerviosismo, sus prisas por cortar de raíz toda disidencia le han jugado una mala pasada. Tenía los elementos necesarios para minimizar el escándalo pero no los puso en juego porque no tuvo la paciencia o la humildad de estudiar las posibles soluciones. Vamos, lo que ha venido haciendo desde hace tiempo en este tema: dar coces y no ver más allá. Legalmente sería problemático, pero eso no es novedad: toda su actuación de aquella noche estuvo llena de presuntas ilegalidades que, tarde o temprano, van a llegarle a un juez.

Personalmente no lo lamento. Incluso le doy las gracias por haber mostrado al mundo mundial su verdadera talla de gobernante. Es usted un cadáver político y lo sabe. Y lo saben sus compañeros de partido.

Viví con pena la noche del apagón, porque aquella fue mi casa en algunas etapas de mi vida. Allí hice lo que sé: escribir y dirigir. No deseo hacer otra cosa como profesional. Y confío en que no me jubilaré sin haber creado alguna nueva historia para esta cadena, porque va a renacer. Para que renazca, para que renazcan tantas cosas, va a ser necesario echarles a ustedes del gobierno. No dude que pondré mi granito de arena en ello.

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30N

Des de GuionistasVlc volem donar difusió i suport tant al comunicat dels nostres companys de EDAV en contra del tancament de RTVV, com a la convocatòria per a la manifestació d’esta vesprada a les 18:00h en la plaça de Sant Agustí. Allí ens vegem.

Desde GuionistasVlc queremos dar difusión y apoyo tanto al comunicado de nuestros compañeros de EDAV en contra del cierre de RTVV, como la convocatoria para la manifestación de esta tarde a las 18:00 h en la plaza de San Agustín. Allí nos vemos.

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COMUNICAT DE EDAV FRONT AL TANCAMENT DE RTVV

Hui, 29 de novembre de 2013, passarà a la història com un dia negre per a tots aquells que creiem en el dret a la informació, els serveis públics i la democràcia. Perquè hui, d’una manera autoritària, irracional i vergonyosa, s’ha amputat un servei públic al poble valencià. RTVV, malgrat els seus treballadors i la voluntat del poble, ha deixat d’emetre el seu senyal.

Des de EDAV, l’associació de guionistes valencians, volem expressar el nostre rotund rebuig a aquesta decisió presa per 49 persones, els consellers del Partit Popular que van votar ahir en les Corts a favor de l’extinció de la cadena amb el vot unànime i en contra de tota l’oposició.

Aquestes persones han furtat als ciutadans valencians un dels seus serveis públics amb la fal·laç excusa de protegir la resta dels drets bàsics. I ho fan mentre afectats i representants de la sanitat, l’educació o els discapacitats estan al carrer cada dia com a protesta per totes les retallades i retards en els pagaments que estan afectant els seus sectors.

No enganyen ningú. No poden fer-ho. No podem permetre que els seus absurds arguments, per mil vegades repetits, aconseguisquen suplantar la veritat. RTVV no ha deixat d’emetre per motius econòmics, l’han callada per interessos polítics.

Per açò és necessari que tota la societat, la valenciana i l’espanyola en el seu conjunt, es pronuncie contra aquest fet. És necessari que prenguem consciència del moment històric que estem vivint abans que siga massa tard. Perquè més enllà del dret a una televisió digna, pública, en valencià i de qualitat, hem de lluitar per defensar tots i cadascun dels nostres drets que avui dia s’estan veient amenaçats.

I també volem llançar una crida a tots els agents públics i del sector audiovisual per a que es posen a treballar des de ja mateix. És responsabilitat nostra fer tot el que calga per a garantir que RTVV torne el més aviat possible i que ho faça amb la lliçó ben apresa. EDAV vol formar part d’este procés i lluitarà per aconseguir una televisió pública digna i lliure de pressions polítiques que siga l’orgull de tot el poble valencià.

Hui és el primer dia de la nova RTVV.

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 COMUNICADO DE EDAV CONTRA EL CIERRE DE RTVV

Hoy, 29 de noviembre de 2013, pasará a la historia como un día negro para todos aquellos que creemos en el derecho a la información, los servicios públicos y la democracia. Porque hoy, de un modo autoritario, irracional y vergonzoso, se ha amputado un servicio público al pueblo valenciano. RTVV, a pesar de sus trabajadores y de la voluntad del pueblo, ha dejado de emitir su señal.

Desde EDAV, la asociación de guionistas valencianos, queremos expresar nuestro rotundo rechazo a esta decisión tomada por 49 personas, los consejeros del Partido Popular que votaron ayer en las Cortes a favor de la extinción de la cadena con el voto unánime y en contra de toda la oposición.

Estas personas han hurtado a los ciudadanos valencianos uno de sus servicios públicos con la falaz excusa de proteger el resto de los derechos básicos. Y lo hacen mientras afectados y representantes de la sanidad, la educación o los discapacitados están en la calle cada día como protesta por todos los recortes y retrasos en los pagos que están afectando a sus sectores.

No engañan a nadie. No pueden hacerlo. No podemos permitir que sus absurdos argumentos, por mil veces repetidos, consigan suplantar la verdad. RTVV no ha dejado de emitir por motivos económicos, la han callado por intereses políticos.

Por eso es necesario que toda la sociedad, la valenciana y la española en su conjunto, se pronuncie contra este hecho. Es necesario que tomemos conciencia del momento histórico que estamos viviendo antes de que sea demasiado tarde. Porque más allá del derecho a una televisión digna, pública, en valenciano y de calidad, hemos de luchar por defender todos y cada uno de nuestros derechos que hoy en día se están viendo amenazados.

Y también queremos lanzar un llamamiento a todos los agentes públicos y del sector audiovisual para que se pongan a trabajar desde ya mismo. Es responsabilidad nuestra hacer todo el que haga falta para garantizar que RTVV vuelva lo antes posible y que lo haga con la lección muy bien aprendida. EDAV quiere formar parte de este proceso y luchará para conseguir una televisión pública digna y libre de presiones políticas que sea el orgullo de todo el pueblo valenciano.

Hoy es el primer día de la nueva RTVV.