OPERACIÓN 2015

Por Héctor Beltrán

Y llegó el 2015. Piensa guionista novel, tienes un año entero por delante, nuevo, a estrenar y todo para ti. Todavía huele a coche nuevo, aunque ese enigmático y tóxico olor desaparecerá en unas semanas y será febrero. Ten en cuenta que vas a pasar doce meses viajando en el coche que tú elijas, así que más vale que hayas pensado en el modelo que vas a conducir, es decir, en lo que vas a escribir.

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Robert Zemeckis y Bob Gale eligieron este modelo de coche para viajar durante 1980.

Seguramente habrás coqueteado con los propósitos para el año entrante. Y no me refiero a los ya manidos, apuntarse al gimnasio, dejar de fumar y perder peso. Me refiero a los propósitos profesionales. Si no te has preguntado, en qué voy a invertir mi tiempo el año que viene, deberías preocuparte, pero calma, la respuesta a esa cuestión, en gran medida, depende de ti. Todavía tienes tiempo para pensar. De momento, puedo contarte mis propósitos para este año. Miento, no son propósitos. Son objetivos.

Escribir dos guiones de largometraje, escribir dos obras largas de teatro, desarrollar un proyecto de serie más el piloto dialogado, dirigir un cortometraje y presentarme a todas las ayudas y/o concursos —serios y profesionales— que se pongan a tiro. Todo eso, como mínimo, es lo que voy a escribir en 2015. Es cierto, que muchos de esos proyectos son coescritos, cosa que ayuda a avanzar más rápido. De todas formas, no creo que sea una cantidad exagerada de trabajo, es más bien la concreción del año anterior. Ya hay una escaleta trabajada de los largos, de las obras, etc. Simplemente se trata de acabar esos proyectos porque creo que uno de los principales errores de los guionistas noveles, es la falta de finalización de los proyectos. Además, nunca sabes cuándo te van a preguntar por tus proyectos, así que mejor tenlos preparados para sacarlos al mercado en cualquier momento.

Aunque también es cierto que si se tienen demasiados proyectos se puede caer en la desazón al ver que avanzan muy poco a poco, así que primero céntrate en un par, organízate y ve superando objetivos. No creo que aporte nada nuevo pero es que es totalmente cierto, escribir es como una carrera de fondo. Cada paso que des estarás más cerca de la meta. Habrá días en los que te habrás sentado a escribir y no habrás avanzado nada, pero no es verdad. Una muy buena actriz —y amiga— siempre me dijo que de cada siete ensayos solo se avanza realmente en uno. Es la media. Y para avanzar en uno hay que hacer los otros seis. Escribir es lo mismo, hay que generar mucho material para quedarse con lo mejor.

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Esto es lo que ocurre cuando un guionista novel le pregunta a un guionista, con años de experiencia, cuántos proyectos ha desarrollado.

Otro de los vicios, en mi opinión, de los guionistas noveles es que no se piensa antes de escribir. Y no lo digo por no pensar en cómo escribir la escena o en qué voy contar,  sino que es algo relacionado con lo anterior. La planificación y los objetivos.

Me explico, piensa que vas a invertir mucho tiempo en ese proyecto que tanto te apasiona. Piensa en que te puede dar el proyecto y que no. Piensa en el tiempo que vas a invertir y cuál es el porcentaje de beneficio, económico o de visibilidad, que puedes llegar a conseguir.

Lo sé, es una manera de ver la cosa un tanto práctica pero creo que un guionista profesional debe preguntárselo todo antes de sentarse a teclear. Más que nada porque Youtube es un cementerio de webseries inacabadas, de cortos desechados por el Notodofilmfest y de cosas peores como webseries para el Notodo.

De todas formas, animo a todos los guionistas noveles —grupo en el que me incluyo— a escribir sin parar, incluso sin pensar. Igual que un ruso puede beber chupitos de vodka en Nochevieja en la Plaza Roja de Moscú. Sin parar y sin pensar.

Pero hay que ser realista, es verdad que la cosa está difícil pero cada vez que escucho a los guionistas más mayores —deporte muy saludable para el que quiera vivir de esto— tengo más claro que siempre ha sido igual. Así que, propongo que cada mañana, como si de un mantra se tratase, un guionista novel recitase, antes de sentarse a escribir, lo siguiente:

1.- Nadie me va a llamar.

2.- De cada diez proyectos sale uno.

3.- No lo voy a petar con mi primer (o algunos más) corto.

4.- No voy a vender mi primer guión de largo.

5.- Las pruebas para series no existen.

¿Entonces?

Entonces, lo que hay que hacer es ponerse a escribir. Igual que los matemáticos se van a pasar toda su vida intentando resolver los siete problemas del milenio, un guionista novel debe demostrar, sistemáticamente, que todo eso es falso. Aunque parezca imposible se puede. Si no que se lo digan al ruso, Grigori Perelmán, que en 2002 resolvió uno de los siete problemas matemáticos que atormentaba a la humanidad.

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Grigori anotando dos cosillas que le han venido a la cabeza.

Hay que escribir, lo que sea y no desanimarse. Hace dos años que salí del Máster y ya tengo compañeros que han decidido apearse del tren. Creo que no se debe tanto a que no haya oportunidades, si no a que hay que hacer muchas cosas para ir quemando etapas. Igual que el proceso de aprendizaje en un Máster es diferente para todo el mundo, una vez estás fuera, sigue siendo diferente. Por eso, quema todas las etapas cuanto antes y sigue avanzando. Piensa que  tienes que escribir ahora mismo para poder trabajar en unos meses. Apuesta, invierte y muévete para genera tu trabajo.

Si te quedas quieto te será más complicado. Esto funciona justo al contrario que unas arenas movedizas. Intenta moverte y hacer el máximo ruido. Si es posible, búscate compañeros para gritar al máximo y hundiros lo antes posible en esas arenas movedizas. Lo idea es crear una red de trabajo entre vosotros para generar proyectos y nunca estar sin gritar ni escribir.

Así que ponte el casco de guerra, extiende el mapa en la mesa y traza un plan. Empieza la operación 2015, y tal vez este año, saquéis los vasos de chupito como hizo Grigori Perelmán, que era aquel borracho que gritaba en la Plaza Roja de Moscú el día de Nochevieja. Había resuelto la hipótesis de Poincaré. Ahora ya podía volver a su presente en el Delorean.

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Mis compañeros de piso y yo planeando el 2015.

P.S. Este es mi primer post en el blog. Olvidad todo lo que habéis leído. Cuestionad todo lo que habéis leído. Haced caso a gente más mayor y con más experiencia. Piensa. Escribe. Reescribe.

ENFADO, MOTOR CREATIVO

Por Gabi Ochoa

En un momento determinado, durante un tiempo, el enfado se apoderó de mi. Tal vez fueron algunos mails no contestados, proyectos que no acababan de salir, o cierta apariencia de que todo va bien entre tus compañeros cuando la realidad es una puta mierda. Sí que recuerdo que esta carta fue uno de los detonantes.

El grupo mediático nos decía a mi y a mi coguionista que no les gustaba nuestro último proyecto. Eso sí, con muy buenas palabras. Nunca me habían pegado una patada en el culo tan elegantemente.

Con todo, no creo que solo fuera eso, fue un cumulo de momentos incómodos. En esos días me di cuenta que el enfado, podría ser un buen motor creativo.

Sí. Estamos acostumbrados, los guionistas, a que nos digan que hay que estar predispuestos, con una mirada positiva, sonreír,… solo falta que lo decreten por ley. Pero creo que el enfado, el cabreo, no es solo productivo, sino que puede ser incluso creativo. Me explicaré.

Estuve buscando referencias sobre ello. Búsqueda en google: enfado motor creativo. Número de referencias, 3.680.000 resultados.

La gran mayoría de ellas, por no decir todas (a partir de la página 7 de google, dejo de mirar) hablan de la emoción, y la creatividad, de quitar el enfado para ser creativo, vamos lo que se viene diciendo pensamiento buenrollista. Es decir, obviamos la fuerza de la ira, porque nos parece que no hace avanzar nada.

No hay literatura al respecto (si alguien sabe de algo, libro, artículo, etc, bienvenido sea en los comentarios) aunque sí había un artículo de un blog que hablaba de la envidia como motor creativo (bueno, me sirve también).

No le damos la importancia que tiene al enfado, a disentir de la corriente mayoritaria. El enfado tal vez sea la reafirmación del yo, y también una manera de reventarlo por dentro sea escribir.

Recuerdo que cuando me llegó aquella carta (hace de eso un mes aproximadamente y me parece que fue hace 5, por la intensidad de este último mes) le mandé esa foto a mi coguionista por whatsApp, luego le escribí: “Ahora hay que hacerla cojonuda. Tiene que ser mucho mejor”. En un arranque, me envalentoné, vi claro que ese proyecto (a diferencia de muchos otros en los que veo que se pueden torcer en cualquier momento) saldría, tarde o temprano.

Desde hace tiempo ese proyecto lleva otros cauces, y como estuve comentándole a otro compañero guionista, el gran Juanjo Ramírez, estamos muy contentos. Es un gran curro, pero ahí andamos pico y pala.

Aquello, y todos aquellos mails no respondidos, me hicieron replantear la creatividad: creo que no debemos negar las pasiones internas. Algo tan shakesperiano. Pero debemos canalizarlas creativamente.

Hay veces que estamos en hoyos creativos, que creemos que nunca saldremos. Está bien, son hoyos. Pero en esos momentos es cuando más hay que volcarse en desarrollar el impulso creativo.

No lo he visto, pero tengo muchas ganas de ver el documental que Liv Corfixen, hizo sobre su marido, Nicolas Widing Refn, en sus días más oscuros. La frustración, el ver que aquello en el que has tirado miles de horas no va cara al viento es durísimo. Lo he vivido miles de veces, y creo que todos los creadores deberían experimentarlo más a menudo. No todo en esta vida son estados de Facebook con gatitos y frases positivas.

¿Significa que estoy enfadado ahora? No. ¿Lo he estado? Por supuesto.

Me gusta recurrir a mis libros de cabecera. Handke en “Historia del lápiz” dice:

“Cuando no estoy haciendo ningún proyecto, quiero destruir”

Ahora que estoy revisitando a Jean-Paul Sartre, hay una frase en “A puerta cerrada” que habla de ese enfado: “El infierno son los otros”, contradiciendo a esa máxima tan en boga de “el infierno es uno mismo”.

Este año no está siendo un buen año guionístico, pero sigo en la brecha escribiendo proyectos. Mientras tanto, lo está siendo a nivel teatral. Acá me tenéis, escribiendo una obra en Buenos Aires.

Como ya he estrenado web, (ejem, autobombo), viene con un clip de mi temporada, que mayoritariamente es teatral: 2 espectáculos, 1 texto teatral y 1 libro dietario.

Ya en el próximo post hablaré de la gran experiencia que está siendo Buenos Aires.

Y ya sabéis, dejaos de Coelho, frases positivas, y pamplinas, y cuando estéis cabreados, enfadados, hasta el coño o el pirri, expulsarlo en el teclado.

Tu creatividad te lo agradecerá.

 

CURIOSIDADES Y CHASCARRILLOS SOBRE “EL AMOR NO ES LO QUE ERA”

Por Gabi Ochoa

Ya ha pasado más de un año desde que la peli que dirigí y coescribí, “El amor no es lo que era”, se presentó en el Festival de Cine Español de Málaga 2013. En aquel momento comenté lo que había sido el festival.

Hoy toca balance, algunas curiosidades y carpetazo fin de ciclo (o eso empiezo a intuir yo).

Pero antes, a los que paren por Valencia tendrá la oportunidad de verla en Cinema Jove en 2 pases especiales y hacernos las preguntas que consideren oportunas en la charla de la tarde del viernes 27.

JUEVES 26 DE JUNIO

20:00 – El amor no es lo que era, de Gabi Ochoa. Presentación a cargo del director y los actores protagonistas. Sala Luis G. Berlanga (Ed. Rialto).

VIERNES 27 DE JUNIO

19:00 Encuentro Making Of con Gabriel Ochoa, director de El amor no es lo que era. Room Service Lounge Bar, Ayre Hotel Astoria Palace.

22:30 – El amor no es lo que era, de Gabi Ochoa. Sala José Sancho (Ed. Rialto).

Y para todos,… ALGUNAS CURIOSIDADES

Para los fans, los amigos, o los curiosos, la peli está llena de pinceladas frikis para todos los gustos. Voy a desvelar algunas de ellas a ver si luego las pilláis en pantalla.

– Guiño guionístico: Para los que siguen este blog y a los guionistas más activos en redes sociales va a ver una sorpresa. No, no sale Dani Castro en la peli (porque no lo pensé antes!), pero sí Paco López Barrio. El decano del guión valenciano, y uno de las mejores plumas guionísticas en las redes sociales (y fueras de ellas, aviso: atentos a “Víctor Ros”), se marca un cameo es-pec-ta-cu-lar. Ya habló él por aquí, pero mejor verlo en pantalla. Lucha de titanes: Paco y Aida Folch.

– Guiños musicales: para los fans de la música indie, también hay tomate. Julio de la Rosa no solo hace la BSO, también aparece en la peli. Y su banda es de lo más variopinta. Combina músicos de Tortel, con el todoterreno de Abraham Boba, alma mater de León Benavente, la sensación del año.

La banda de Julio, Paloma y servidor con los cascos de direstor

La banda de Julio, Paloma y servidor con los cascos de direstor!!!

Pero además, atentos a la música: desde guiños a los ochenta muy muy reconocibles para una generación, pasando por tracks de grupos valencianos como Llum. Y ojocuidao! Atentos al chelista. Se llama Pau de Nut y se marca un par de versiones de aúpa.

– Autoguiños: Sí, todo director que se precie se autocita o se autoparodia o se autoautoalgo. No iba a ser menos. Por un lado sale mi talismán, Rori, la tortuga de mis padres. Lamentablemente murió este año y no podrá ver la peli 😦

Por otro, un guiño a uno de mis primeros cortos, “Birth, school, work, death”: uno de sus protas, Fran de la Torre, aparece al inicio de la peli. A ver si lo veis. Cuando hizo el corto conmigo era un imberbe de apenas 17 años y creo que no tenía ni intención de ser actor. Míralo ahora.

– Guiños al moderneo valenciano: jejejeje. Aquí siempre algunos cameos de amigos y colegas que se han pasado por la pantalla. Sí, solo lo van a saber ellos y cuatro más, pero siempre tiene su gracia (para esos cuatro). Desde las apariciones estelares de miembros del grupo Caterva Teatre (Jaume Ibáñez y Fernando Soler), pasando por dos tesoros de actrices como Lorena López en un papel pequeñito y Nuria Herrero como la gran sorpresa (ya veréis, ya veréis!) hasta el pope del indie teatral valenciano, Nacho López Murria, que comparte pantalla con Petra Martínez y Carlos Álvarez-Nóvoa ni más ni menos!!!

Pobre Nuria, con las gafas no veía tres en un burro jejeje

Pobre Nuria, con las gafas no veía tres en un burro jejeje

– Guiño equipo técnico: y como toda película que se precie tiene sus cameos del equipo técnico. La productora saliendo de un tren ^.^, una sala de espera con parte del equipo de producción o una sala de operaciones con los jefes de equipo incluido yo mismo que hago de enfermero O.o Si me reconocéis es que sois muy muy frikis!!!

CHASCARRILLOS, FESTIVALES Y OTRAS COSAS DEL METER

No solo el rodaje ha estado lleno de guiños y  frikismo vario. El paso por festivales nos ha dado multitud de momentazos.

En London Spanish Film Festival nos sorprendió no solo que el embajador, Federico Trillo, viniera al pase, sino que además se lo pasó bien O.O

Además, al acabar la proyección nos “neutralizó” un grupo de “jóvenas” londineses que estaban estudiando español y través de su profesor nos preguntaron que le pasaba a la pareja de Jorge y Paz. Pero el mejor momento, esa envidia sana que me tienen mis amigas y mi mujer al haber compartido mesa y charlas con Andrés Velencoso.

En Glasgow hacia frío frío

En Glasgow hacia frío frío

En Glasgow, aparte del frío, nos sorprendió la pasión de la directora por “Calos”, es decir, Carlos Álvarez-Nóvoa que recrea un personaje del que todo el mundo le coge cierto cariño. Para él fue, por ejemplo, el premio al mejor actor en el Uptown Film Festival, también en Inglaterra, donde nos llevamos 2 premios más: mejor película y mejor fotografía del gran Gabo Guerra. Oé!!!!!

Enseña el premio, que se vea Gabo!

Enseña el premio, que se vea Gabo!

De Chicago me llevé el compadreo y la piña enorme creada por el equipo del festival capitaneado por Pepe Vargas, y también la alegría por haber conocido tantos y tantos cineastas de Chile, Colombia, México, Argentina, Venezuela,… y compartir días con Octavio, Elisa, Gus, Josue y muchos más. Pero sobre todo el momento estelar fue aquel en el que después del Q&A con el público, en el que había hablado que la película se había rodado en Valencia, una señora se me acercó emocionada y me dijo que le había gustado mucho la película, las historias y la ciudad que salía, y que tenía que visitar esa ciudad, Venecia O.o

Con Gus Domínguez y Octavio Guerra en Chicago

Con Gus Domínguez y Octavio Guerra en Chicago

De Vittorio Veneto Film Festival, al que no pude ir, me quedo con estas palabras de una espectadora, que después de ver la película me buscó por Facebook y me escribió esto: “I don’t speak it very well too, but better than spanish!! I just would like to say that your film makes me think about a lot of things of life! the link with the Fisica in particular (a very original and genial choice) and the different kind of love relationships when you are young, adult and old. I hope your film will win the festival!!! good luck for the future!!! Adiós”

Y en España fueron muchas y muy variadas: las conversaciones con Rosana Pastor sobre cine y teatro en Marbella Film Festival, las risas en Abycine con Ernesto y Fran, directores de “El rayo”, las noches de la Seminci con el tsunami Blanca Romero, las confesiones divertidísimas de Alberto Sanjuan y donde Mariló García nos dedicó un piropo en Cinemanía (gracias Mariló!),…

…piropo sobre todo para Aida Folch, que se vio refrendado meses después en el Festival de Alicante con el premio a mejor actriz por la peli. Y es que esta rubia se lo merece todo. En el rodaje me mandaba por las mañanas fotos como esta ^.^

Foto hecha después de un laaaaargo día de rodaje 😀

Quietoparao! Se me olvidaba este pedazo de selfie que nos hicimos con Paco Léon en Tarazona, en el festival de Comedia de Tarazona y Moncayo. Gente maja, maja!

El feo soy yo, luego Paloma, la productora, y Paco que siempre sale apañao y guapo

Pero lo mejor de todo es que he/hemos conocido gente mucha gente, personas que se han enamorado de la película, que la han llevado como estandarte, con las que has hablado sobre cine, vida, sobre el amor, en todas partes del mundo. Desde Víctor Pao o Adrián Ferrer en Londres, o Corinne Orton y sus amigas en Glasgow, pasando por Hedda Kage y Eduardo Pávez en Berlín, o Pepe Vargas y todo su equipo en Chicago, especialmente Josue Barredo.

Espero que a partir de ahora seáis vosotros nuestros embajadores. Vuestros tuits, RTs, vuestros selfies con el cartel, vuestros boca-oreja de toda la vida va a hacer que podamos estar en taquilla cuanto más tiempo mejor. Si es gusta, ayudadnos.

Gracias a Paloma, a TV ON Producciones y a todo el equipo que ha estado ahí, desde el guión hasta el rótulo final. Ellos han hecho realidad un sueño, y solo puedo que estarles eternamente agradecido.

Espero que hayáis pasado un ratillo agradable leyendo todas estas cosillas sobre “El amor no es lo que era”. Gracias por llegar hasta el final (¿habéis llegado?) y os veo en los cines, en Cinema Jove o en las salas comerciales.

Y como dijo Woody Allen, “intento hacer cada película lo mejor que sé. Si gusta a la gente, perfecto. Y si no… «por favor, déjenme que lo vuelva a intentar»”.

Gracias por leer y a por el siguiente proyecto 😉

ESCALETAR

Por Gabi Ochoa

Tengo por costumbre, desde hace años y años, escaletar aquellas películas y/o series que me gustan, que me resultan entretenidas. Me enseñó mi buen amigo Xavier Sala, guionista alicantino. Con él iba a la Filmoteca Valenciana y nos veíamos los ciclo enteros de Renoir, Ford, Dreyer,… Xavi tenía especial predilección por Jean Renoir y recuerdo perfectamente como se metía en la filmo con la libreta y el boli e iba apuntando, in situ, la escaleta de la historia.

Para mi escaletar es como cortar el jamón serrano en lonchas finas finas. Aprendes muchísimo de los pulsos narrativos. Normalmente lo hago con una peli o serie en play: la pongo y sin pararla, me voy apuntando los puntos y una brevísima descripción de lo que pasa. No termina de ser una escaleta al uso, seguro que tiene menos escena que una normal, pero me sirve para hacerme una idea de cuántas tramas se utilizan, cuáles personajes aparecen más o menos, etc. Yo le llamo “pulsos” a mis puntos. Para que os hagáis una idea, “Manhattan” tiene 47 pulsos y “¡Olvídate de mi!” 114 pulsos. ¿Qué diferencia, no? Las pelis de Woody Allen tiene muy pocos pulsos, son muy dialogadas.

De hecho escaletar es algo que recomiendo a mis alumnos en las clases de guión que doy. Poner una peli o serie en play y “a escaletar!”.

Pues bien, me ha dado por escaletar 2 series que están en antena ahora, “El Príncipe” y “Velvet”. ¿Y por qué? Son dos series que sigo, que admiro su construcción y que a buen seguro sacaré algunas conclusiones de ellas. Y vaya si las he sacado, aquí van.

(NOTA: vaya por delante mi aprecio a los amigos y/o compañeros que tengo en ellas. Estas son unas conclusiones propias y no creo que sean extrapolables al trabajo que han hecho).

EL PRÍNCIPE

He escaletado 3 capítulos de la serie de Mediaset y Plano a plano, y he encontrado algunas joyitas (perdón por los spoilers):

– La serie bascula entre 46 y 61 pulsos dramáticos. No sé si eso serán secuencias, pero sí que me he dado cuenta que los capítulos con más acción tienen más pulsos. Aceleran los comportamientos y las situaciones. En una serie de policías, la acción es esencia de serie.

– Se podría dividir en 4 tramas por capítulo. Tendríamos la trama A, el caso del capítulo, que siempre está salpicado por el caso general de la serie “Encontrar a Abdu”. Esta trama está protagonizada siempre por Javier Morey. La trama B suele ser un asunto de la comisaría y que puede afectar a la trama del yihadismo y a Morey o no. Mayoritariamente el peso lo lleva Fran, y últimamente Quílez también (luego hablaré del acierto de los secundarios). En ese ámbito hemos visto la historia del hijo de Quílez, o como Raquel, mujer de Fran, mataba al “supuesto” asesino de su hijo. La trama C suele ser la amorosa entre Morey y Fátima, ese amor imposible shakesperiano que dificultad las relaciones entre ellos. Y por último la trama D suele ser una trama de continuidad de los personajes protagonistas, sobre todo de Faruq y la familia Ben Barek.

– Ahora bien, las 4 tramas no trabajan por igual. El caso (trama A) suele ocupar entre 15-30 pulsos, mientras que las de continuidad con tener 3-4 pulsos por capítulo el espectador avezado ya sabe donde está con los personajes.

– Pese a que se habló mucho en el arranque del canon “amoroso” que ha supuesto introducir una trama amorosa en “El Príncipe”, la verdad que esta historia imposible entre Morey y Fátima no está tan presente. Suele tener unos 11 pulsos, es decir un 10% de la historia más o menos. Sin embargo cobra especial relevancia la trama B de la comisaría, que es la que mejor punta le sacan (entre 10 – 15 pulsos por capítulo): ahí ahondamos en personajes y vamos conociéndoles mejor. A mi cada vez más me recuerda a “The Killing” y la manera de diseccionar personajes que tenía este policial.

– Otro de los datos que despiertan interés es que conformen avanzan los capítulos algunos secundarios cogen fuerza. Por ejemplo Quílez o Hakim. Algo que supo administrar muy bien series como “The Wire” (salvando todas las distancias) con personajes como Marlo o Presvalsky, dejando que Omar o McNulty no fueran tan omnipresentes. Paso a paso van ampliando el papel de muchos de ellos, sobre todo de los dos citados o de Serra. Creo que en un futuro (la 2ª temporada ya está a la vista) les va a venir muy bien.

– Por último y como anécdota curiosa, con la trama C, que corría el peligro de ser empalagosa (el primer capítulo nos hizo a todos temer lo peor), han sabido hacer un trabajo de cirugía: entre un pulso y otro “amoroso” suele haber un tiempo prudencial que puede oscilar entre 5 y 10 minutos. Es decir, la importancia del caso y del funcionamiento de la comisaría creo, o parece, es el tuétano de la serie.

VELVET

De la ficción de Atresmedia y Bambú he escaletado 2 capítulos. En este caso las conclusiones son absolutamente distintas, pero aún así muy interesantes para comentar:

– El peso importante de la historia recae en las historias amorosas. Dos de las múltiples tramas que presenta (ahora hablaré de la multitrama) tienen que ver con triángulos amorosos muy bien trenzados. Los pulsos de la serie suelen oscilar entre los 32 y los 45. Y sumando las 2 tramas amorosas pueden dar un arco de entre 17 – 20 pulsos, es decir, más del 50% del capítulo.

– En los capítulos analizados he llegado a contar hasta 6 tramas (!). Y diréis, ¿Cómo es posible? En verdad existen 4 tramas, como la otra serie analizada, pero la trama de continuidad, la trama D, se subdivide en muchos personajes que toman la batuta: Blanca, Luisa o Clara comienzan a tener tramas propias. Es lo que denomino series con “trama del personaje”. Es como el marcaje al hombre del fútbol. No hay tramas definidas, hay historias de personajes que vamos siguiendo.

– ¿Y cuáles son las tramas de “Velvet”? La trama A sería el triángulo amoroso entre Alberto, Ana y Cristina. Alberto se debate entre la costurera y la hija adinerada. Esto es algo muy al estilo del screwball comedy americano (otra vez salvando todas las distancias posibles, y sobre todo se ve más en la “otra” trama amorosa, la de Clara, Pedro y Rita), y sus referentes españoles como “Ella, él y sus millones”, “El destino se disculpa” o “Ángela es así”.

La trama B tendría que ver con el suceso del capítulo: la colección de Raúl no se vende, Grace Kelly en Velvet (el próximo siguiente) o hay que comprar telas en París para la colección. Es la trama que, pese a que alimenta o suele alimentar a las más románticas, tiene menos recorrido “amoroso”. Esto se agradece.

La trama C es la otra trama amorosa, la de Clara, Pedro y Rita, una línea tan bien trenzada que poco a poco va dejando cabos sueltos (Clara haciendo pinitos como modelo, su relación con Mateo, el hijo de Pedro,…). Ahora mismo es la trama mejor definida y que más giros lleva. No solo lo digo yo. Tiene peligro de comerse la principal si la primera no avanza. Suele tener entre 6 – 7 pulsiones por capítulo, y de verdad, yo no sé si han visto las películas de Rafael Durán y Josita Hernán, porque en ocasiones parece extraídas de aquellos screwball comedy patrios.

Por último, la trama D, la de continuidad de muchos personajes, para analizar aparte.

– Y es que esta multitrama D es la que hace a “Velvet” diferente a otras series. Buscar el peso adecuado de cada personaje le lleva a que todos tengan, conforme avanza la serie, sus propios pulsos. Por ejemplo: en los capítulos analizados tenemos 3-4 pulsos aparte para Clara, 2-3 pulsos para Blanca y su historia personal, y 3-4 pulsos para Luisa y su relación con Don Francisco.

– Otra de las curiosidades para mi es el caso del personaje de Emilio. Un peso importante en la serie, pero sin trama. Suele ser el “portero” que abre tramas o está pendientes de otras. Creo que el acierto que fuera un actorazo como José Sacristán ha hecho que su peso no decaiga.

– Por último y por citar referencias, a mi, más que a “Downton Abbey” o “Galerías Paradise” (esta última no la he visto, lo siento mucho), me recuerda más al teatro de Lope de Vega (!). Sí, queda lejos y los personajes no tienen nada que ver, ¿o sí? Pensar que aquí se trabaja muy bien las clases sociales, el ascenso o no, con el trasunto amoroso importante: señores y trabajadores. Esto es algo que Lope supe hacer a la perfección en “La dama boba”, “La discreta enamorada”, “El perro del hortelano” o “Lo cierto por lo dudoso”. Sé que ni por asomo lo tuvieron en cuenta, pero cuanto más nos enroquemos en nuestro acerbo literario propio, mejores productos podremos mostrar.

– Por último, creo que han sabido bien combinar todas las tramas y dar cierto terreno a las multitramas de la D, pero auguro un peligro que ya va apareciendo: que la secundaria trama C (Clara, Rita y Pedro) se coma a la principal A (Alberto, Ana y Cristina). De hecho la propia principal me plantea dudas: ¿Cristina no sabe, de verdad, que Alberto y Ana eran pareja? El personaje es un pelín inocente (y eso que Manuela Velasco lo borda. Ella, Marta Hazas y Cecilia Freire me parecen lo mejor de la serie, sin despreciar el enorme trabajo de todo el resto y su equipo).

Bueno, estas son las conclusiones que extraigo al escaletar. Creo que una labor poco agraciada pero muy importante para saber estructurar, y valiosísima como material de trabajo. Para muestra os dejo un par de fotos de mis escaletas.

Fragmento del escaletado de “El Príncipe”

Fragmento del escaletado de “Velvet”

Espero que a los fans de las respectivas series les interese, no se lo tomen a mal y que en los comments sea interesantes departir sobre los pormenores de ambas ficciones.

Cualquier duda o pregunta me las podéis hacer en los comments 😉

EN MADRID, UNA REESCRITURA

Por Gabi Ochoa

1. COCHE. BLABLACAR. EXT/INT. DÍA

Como otras veces, parto a Madrid. Durante el último año he viajado con relativa frecuencia a la capital. De hecho he trabajado más allí que aquí. Siempre que viajo tengo la sensación de dejarme algo, pero algo concreto (el cepillo de dientes, el peine), y luego pienso que lo que me dejo son otras cosas.

El Blablacar que he cogido es la torre de Babel: 1 inglesa, 2 alemanas, 1 argentina, 1 chico joven español, servidor y el conductor del monovolumen: un actor que está ahora con obra en el CDN.

Gran parte del viaje me lo paso durmiendo. Tengo excusa: me pasé hasta la madrugada maquetando y terminando el proyecto que llevo bajo el brazo.

Sí, es otro viaje de #moverproyectos

 

2. DIVERSAS PRODUCTORAS. INT. DÍA

El primer día me reciben 2 productoras. Llevo un proyecto que catalogo de atrevido osado, y así lo vendo desde el principio: es atrevido osado hablar de “eso” ahora. No voy a destripar de qué trata, pero aquello que para mi es atrevido osado, para mis oyentes no lo es tanto. Uno de ellos me dice que le han llegado ya varios proyectos con esa línea: “Parece que todos los guionistas queréis escribir de eso”.

Mi pitch consiste en un clip de vídeo corto de menos de 1 minutos (por cortesía de Iván Pérez, gracias Iván!), un dossier de unos 50 folios (ya lo digo yo, es excesivo) y una explicación que no pasa de 3 minutos. En ella explico la sinopsis, el porqué este proyecto y porqué nosotros (somos 2 guionistas) hemos escrito esto.

Las dos primeras recepciones son buenas, cautas, pero buenas.

 

3. COMIDA. BAR DE TODA LA VIDA. INT. DÍA

Quedo con un amigo que está intentando #moverproyectos fuera de España. Así, como suena. Consiguió un buen contacto en Sudáfrica y está leyendo proyectos que poder coproducir. Comentamos uno de los míos. En estas charlas, cuando hablas de tus proyectos es cuando ves tus aciertos y debilidades, y te motivan a seguir reescribiéndolos. Otra persona te da en los errores con más acierto determinación que lo harías tú.

 CORTE A

 

4. MATADERO. CINETECA. INT. TARDE-NOCHE

Asisto a la ponencia de Alejandro Hernández en Los martes de DAMA. Alejandro se centra en la importancia de la reescritura. Sigue algunas pautas que se ha marcado a la hora de reescribir. Me sorprende muchas de ellas, como por ejemplo cuando afirma que los guiones con muchas versiones es que no terminan de encontrar su tema y su forma, o que para saber qué querías contar, vete a la primera versión que con todos los errores que tenga es la más fiel a lo que querías contar.

Nos habla de los errores comunes, y cómo encarar una reescritura. Me llama la atención cuando habla del “scanner”, de cómo escanear tu guión a través de una serie de preguntas (“¿De quién es esta escena? o ¿Cómo he trabajado el subtexto en la escena? o ¿Son los personajes fieles a lo que son y a lo que quieren?“), y me sorprende con la técnica de la libre asociación de ideas, porque los guiones no son racionales y necesitan escarbar de manera no racional en ellos una mirada no analítica sobre ellos.

Esta técnica empieza con solo una pregunta: ¿Qué le pasa a mi guión? Y a partir de ahí sueltas todo lo que quieras, incluso palabrotas, sin pensarlo. Libre asociación, escritura automática. Encontrarás alguna línea que salga desde una verdad que no viste antes.

 

5. BAR CINETECA. INT. NOCHE

Paso un buen buen rato con Marci Menéndez y Carlos López tomando cañas y hablando de guión, cine y series. Le damos la enhorabuena a Carlos por “El Príncipe”, y pasamos un rato agradable. Debo mucho mucho a estos dos guionistas. No os podéis imaginar cuanto. Han sido unos consejeros estupendos en mis últimos proyectos.

 

6. METRO MADRID. INT. DÍA

Viajar en Madrid es ir de un lugar a otro en Metro. Soy una persona de paradas. Me sé Madrid por paradas. Me cruzo Madrid de punta a punta. Veo gente extraña, divertida, uno que entra cantando, otro que toca el acordeón, una discusión, una chica llorando,… el metro está lleno de historias, pero no me puedo quedar para (re)escribirlas y contarlas.

(ESTA ESCENA PODRÍA IR ENTRE LA 3 Y LA 4)

 

7. VARIAS PRODUCTORAS (DISTINTAS A LAS ANTERIORES). INT. DÍA

Otro par de pitchings y una entrevista-documentación charla para un proyecto de teatro. La charla me aporta algo, pero no es lo que yo pensaba habrá que repensarla cuando llegue a Valencia.

En cuanto a los pitchings… sigo sorprendiéndome por la buena acogida del proyecto. En algún caso he tenido la sensación de que no me querían dejar ir para firmar ya con ellos. En algunos casos creo que gusta mucho, en otros que pese a que gusta no está en la órbita de la empresa.

 

8. METRO. INT. DÍA

Antes de entrar al metro una llamada activa un antiguo proyecto. Me da un subidón de aúpa. Se lo digo a mi mujer por whatsApp y ponemos emoticonos de esos de la flamenca y las dos chicas que saltan ^.^

 

9. COCHE REGRESO (BLABLACAR). INT/EXT. TARDE-NOCHE

Voy con un compadre. Se llama como yo, Gabriel, y compartimos algunas cosas en común. Vamos solos él y yo. Llego a Valencia. Sigo Llevo días sin abrir Facebook. Estoy haciendo terapia de choque con redes sociales, empiezo a preferir las redes personales (cañas, tapas y buenas conversaciones). No me lo tengáis en cuenta. Escribidme un mail, llamadme y quedamos 😉

 

10. ESCRITORIO GABI. INT. TARDE-NOCHE

Reeescribo este post. Tacho algunas cosas, marco otras en rojito. Tacho y marco en rojo aquello que no interesa.

Preparo el viaje a Chicago con “El amor no es lo que era”. Del 4 al 9 de abril estaré missing 😀

 (CONTINUARÁ)

Una reflexión desde mi ventana

campanario_san_miguel

por Paco López Barrio

Hoy tocaba hablar de Víctor Ros. Ayer, de madrugada, un breve mensaje de Javier Olivares via Facebook me avisaba de su próximo estreno el 1 de abril. Así que he pasado la tarde dándole vueltas a qué podría decir sin spoilear. O, peor aún, sin revelar intimidades de cómo se ha cocinado esta serie, del porqué de los condimentos y aderezos que hemos puesto en ella, esas pequeñas cosas que quedan, porque ahí deben quedar, en el anecdotario del equipo. Vendemos guiones acabados y a nadie le importan las idas y venidas, ni el cómo o el porqué de las reescrituras. Me lo guardo como bagaje y punto.

Pero hace unos minutos han tocado las 12 de la noche en este campanario que vemos en la foto. La hora a partir de la cual suelo escribir: por tranquilidad, por biorritmo, por autootorgarme una ingenua aura de malditismo… Este campanario es el de la Iglesia de San Miguel, Patrón de Catarroja, el pueblo en el que nacieron mi mujer y mi hija y en donde vivo ya hace años, muy cerca de mi ciudad, Valencia. Así es como se ve desde la ventana de mi despacho. Escribo de espaldas a él, pero de vez en cuando hago una pausa y miro afuera mientras me fumo un cigarro. Abajo hay una plaza llena de naranjos. Si abro la ventana, en esta época del año, me invade un olor a azahar intensísimo. Para los valencianos, éste es el verdadero olor del paraíso, si es que tal cosa existe. Y he ido sintiendo que el post que necesitaba escribir hoy era otro muy distinto.

Os cuento: desde este rinconcito del mundo, tan furiosamente mediterráneo, he dedicado algunos meses del año pasado a imaginar el Madrid de 1895. No tiene mérito alguno: Verne soñó toda una vuelta al mundo, el fondo del mar y hasta la Luna, desde una buhardilla de París. Yo además tengo a mi favor la memoria real de mis paseos por Madrid, visitado en diferentes etapas de mi vida. Y en no pocas ocasiones he contado con la ayuda de Google Earth, para ayudarme a visualizar las aventuras de la Brigada Metropolitana.

Afortunadamente el guionista no necesita desplazarse físicamente para trabajar. Alguna reunión de vez en cuando si. Pero lo cierto es que gran parte de la coordinación se puede llevar ya a distancia, con el móvil, por email, en Facebook, mediante carpetas en Dropbox…

Víctor Ros ha sido, después de tantos años en el oficio, mi primer trabajo para fuera de Valencia. He viajado mucho por trabajo: algunos documentales me dieron la ocasión, hace años, de patearme el Himalaya o la Argentina. Pero el referente siempre había sido la televisión autonómica valenciana, o, al menos, productoras radicadas en Valencia. Pero ya me iba apeteciendo “jugar en primera división”, para alguna de las grandes cadenas estatales. Por muchas razones.

La primera debería ser porque siempre hay que aspirar a más, moverte en otros mercados, abrirte a otras mentalidades, a otras formas de trabajar… y eso suele suponer la necesidad de salir de casa. Algo de eso ha habido en el proceso que empecé hace algún tiempo de ir buscando posibilidades fuera. Pero, al final y por desgracia, tengo que trabajar para fuera porque aquí ya no se puede. El proceso de Victor Ros, desde la documentación previa a la escritura hasta el final del rodaje, ha coincidido en el tiempo con el último año de la agonía de la RadioTelevisión Valenciana, para la que trabajé tanto tiempo. No soy lo que la Ministra de Trabajo llama “un aventurero” o “emprendedor”. Soy, simplemente un exiliado, un emigrante… aunque bajo mi ventana huela a azahar, como profesional estoy ya en otra parte.

Sería bonito alternar trabajos aquí y allá, irme cuando me necesiten lejos, volver cuando me quieran cerca… asumiendo que estos trabajos creativos son, por naturaleza, itinerantes. Sería bonito volverse un profesional apátrida a base de mezclarse con los compañeros de otros orígenes, en otros lugares. Porque son necesarias todas y cada una de las sensibilidades que podamos aportar a un proyecto. Porque mi desvergüenza de la huerta combine bien con la autenticidad conquense de Javier, con el cosmopolitismo barcelonés de Anaïs… porque todo junto le dará buen sabor al guiso. Lo triste es coger el AVE sabiendo que lo que dejas a tu espalda es tierra quemada, que tal vez tarde muchos años en volver a germinar.

Un ejemplo: yo fui uno de los guionistas -que fuimos muchos- de La Alquería Blanca, el mayor éxito de toda la historia de la ficción valenciana. Lo pasé muy bien escribiendo para esa serie y lo volvería a hacer con gusto en un proyecto similar. Eso si: no deseo hacer ése tipo de serie para ése tipo de público durante toda una vida y no tener la oportunidad de hacer nada más. Pero aún deseo menos el no poder volver a hacerlo nunca. ¿Me explico? Me gusta irme, pero me gusta saber que podré volver. Me gusta tener mis años de viaje y mis años hogareños. Me gusta trabajar con nuevos compañeros, pero me gusta reencontrarme con los antiguos. No me gusta saber, por ejemplo, que uno de mis mejores operadores está ahora haciendo balances de blancos en un control de cámaras de Quatar. Y así muchos otros con los que he formado equipo.

Por eso, aunque mi participación en Víctor Ros ha sido una gran alegría, por lo que supone de alcanzar el centro de la industria y hacerlo rodeado de un equipo de maestros a los que admiro, no puedo dejar de pensar que el mundo, mi mundo profesional, tal como lo conocí durante tantos años se ha hundido.

¿Qué puedo -qué podemos- hacer entonces, por mi y por mis compañeros, por los que se han quedado aquí en una situación tan precaria? Pues se me ocurre que mi obligación para con ellos – y conmigo mismo- es trabajar lo mejor que sepa. Lo que popularmente llamamos “dejar el pabellón alto”, ayudar a que se entienda fuera que aquí hay buenos profesionales, a los que no siempre se les ha dado la oportunidad de demostrar lo que valen. Somos – la mayoría- buena gente, nos gusta nuestro trabajo, tenemos una buena formación… y aportamos chispa y buen humor. Que es una buena inversión incorporarnos a un equipo, que tenemos buenas ideas para compartir un proyecto, que somos serios… que no tenemos nada que ver con los sátrapas que nos han arruinado, que vale la pena trabajar con valencianos, yendo nosotros allá o viniendo ellos aquí. Que en este momento necesitamos, por encima de todo, que no nos olviden como colectivo. Aunque parezca que ya no estamos, estamos. Sin voz, porque nos la han cortado, pero existimos. Y sabemos y queremos.

Y otro día hablaremos de Víctor Ros. Quizá cuando ya se haya visto y podamos comentar detalles que ahora son top-secret. Cuando lo que he aprendido en ella pueda aplicarse a proyectos que ahora mismo no imagino en una industria valenciana renacida y reconocida. Para la que volveré a escribir junto a mi ventana, mi campanario y mis naranjos.

DE ÁNGELES, VOCES Y TALLERES

creacion

por Paco López Barrio

Yo soy el Ángel Necesario de la Tierra, porque en mis ojos se ve de nuevo la Tierra”. Lo escribió, a mediados del siglo pasado, el poeta norteamericano Wallace Stevens. El verso pertenece a Las Auroras de Otoño, uno de sus libros fundamentales, y de él tomó el título – El ángel necesario- para una interesantísima recopilación de sus ensayos sobre la imaginación del artista. Hay que decir que Stevens no se refiere a sí mismo, que se consideraba un simple amanuense del ángel, sino a esa poderosa energía que transforma cualquier material del que podamos servirnos en una visión renovada del mundo y de nuestro paso por él.

También yo me di en mi juventud a ese vicio solitario: la poesía. Y aunque no se me daba del todo mal -publiqué un par de libros- terminé disfrutando muchísimo más como lector. Creo que no hay ningún poeta importante, de los siglos XIX y XX en las principales lenguas, del que no tenga como mínimo alguna pequeña referencia. Eso son muchas horas de lectura y, sobretodo, una enorme variedad de universos personales visitados.

De esas lecturas, y de los consejos de algún maestro, me quedé con una lección fundamental: No se es poeta hasta que no se encuentra la propia voz. Y eso no quiere decir técnica -que bienvenida sea y cuanta más mejor- ni temática. La voz es otra cosa: es algo más que el simple estilo o la frecuentación de determinados tópicos. Es una forma de estar frente al papel, de mirar a las cosas y a las gentes, es un gesto personal e intrasferible de hacerle un guiño al mundo, de acariciar lo que nos rodea, es un conjunto de estrategias de aproximación al texto que no vienen descritas en ningún manual de estilística. Es simplemente “la voz”, esa manera de decir y construir que hemos hecho nuestra trabajándola durante años y que se distingue de cualquier otra voz ajena.

No sé si yo llegué a tener mi propia voz o hasta qué punto estuve cerca de tenerla. Antes de que la poesía y yo nos abándonasemos mútuamente (y de forma muy civilizada pues más que bronca hubo olvido) ya andaba yo metido en este otro oficio de ahora. Aunque no aún en la ficción: durante años mi campo de trabajo fue el documental. Allí no tenía mucha ocasión para preguntarme por esta voz, simplemente intentaba reflejar la realidad de la manera más exacta y estimulante posible, pero ateniéndome siempre a hechos que alguien había vivido realmente. Quizá no tenía “voz”, pero si “mirada”. Que no es exactamente lo mismo, pero sí es el principio necesario. Ahora ya me dedico más a inventar las historias. Y, tal vez por eso, no hace mucho, volví a preguntarme por “la voz”.

¿Podemos los guionistas, los de ficción especialmente, permitirnos tener una voz? ¿De la manera que la tienen los poetas? Todo parece jugar en contra: nuestro trabajo, las más de las veces es un encargo que nos llega con los parámetros muy definidos. Y porque, sea encargo o empeño personal, siempre implica equipo. Y donde hay un equipo no ha lugar a expresiones personales sino a consensos, pactos y compromisos. Y, ciertamente, ganaremos en perspectiva en ese trabajo común, al sumar la imaginación de cada uno. Sin duda perderemos en capacidad de expresión personal. Luego intervienen otras lógicas imposibles de obviar: los productos de nuestra imaginación son costosos de poner en pie. Y el que ha invertido en ellos querrá recuperar su dinero. Además, a diferencia del lector que se basta a sí mismo para imaginar los escenarios que le proponemos sobre el papel, el espectador necesita que alguien construya, materialmente, esos decorados, elija a unos actores, los vista, maquille e ilumine… y habrá tantas posibilidades de alejarse de lo imaginado por nosotros como combinaciones de equipos técnicos puedan intervenir. La literatura, afortunada ella, no entiende de presupuestos: el mismo dinero cuesta escribir una batalla de diez mil soldados en la China feudal como la conversación de una pareja en un bar del Barrio del Carmen.

Por mucho que nos consideremos a nosotros mismos artistas – y tenemos todo el derecho y toda la razón para hacerlo- no contamos con las bazas con que cuentan los practicantes de otras artes. La mayor de ellas la libertad personal casi – entiéndase lo de “casi” en su justa medida- absoluta. El guionista está más proletarizado, aunque los contratos como autónomo lo disimulen. Hay división del trabajo como en las factorías: argumentistas, escaletistas, dialoguistas… hay normas y hay plazos. Y, sobre todo, hay un patrón y nosotros somos marineros. Además, no nos engañemos, la carga de trabajo que puede suponer una serie es inviable para una persona sola.

Tal vez sea ésta una buena razón para que tantos guionistas se estén lanzando por su cuenta a la escritura de novelas, de teatro: para salir de la fábrica. O una más de ellas: hay que hacer algo mientras no hay otros encargos. También porque apetece probar cosas nuevas. Quizá habrá casos en los que se pretenda ganar, con la novela o el teatro, un prestigio personal que suba nuestra cotización a la hora de volver al guión… no es ninguna totería: así funciona el pedigree.

O quizá simplemente porque es en esos otros territorios donde podemos encontrar y desarrollar esa voz personal, tan necesaria, pero que tan incómoda resulta en una fábrica de guiones.

Lo reconozco, el post de hoy parece muy pesimista. De lo leído hasta aquí podría deducirse que no habrá esperanza para nosotros – como dueños de nuestra propia voz- mientras no abandonemos este oficio de putas. Por pura incompatibilidad metafísica entre lo que significa ser creador y las exigencias de la industria audiovisual. Y digo metafísica porque este desajuste no responde a problemas coyunturales sino, al parecer, a la propia e inmutable naturaleza de las cosas.

Pero este pesimismo tiene mucho que ver con un determinado enfoque del problema. Lo que lo hace irresoluble no es tan sólo el poder -evidente- de la industria, sino en gran medida una cierta actitud romántica y residual: estamos demasiado acostumbrados a pensar en el creador como individuo. Solo frente al mundo y -peor aún- aislado de los otros individuos. Pero ¿debemos descartar radicalmente la posibilidad de una voz colectiva? O dicho de otra manera: ¿pueden surgir productos de gran calidad, interés y originalidad de un trabajo común? Me refiero a productos reconocibles por su origen y estilo, por su “sello inconfundible”, que son como son porque los ha hecho quien los ha hecho y si no serían de otra manera.

Creo que si es posible en la medida en que seamos capaces de acercarnos a un cierto modelo inspirado en los talleres renacentistas. Pero eso supone algunas exigencias:

El Médici de turno – la cadena- encarga directamente al taller: no es un intermediario el que reune, casi al azar, a profesionales que muchas veces no han trabajado juntos ni se conocen. Y es el jefe del taller el que responde de su propio personal.

El taller es, a la vez que un centro de trabajo, un centro de formación. La enseñanza “reglada” hoy por hoy es bastante deficiente como vivero de profesionales. Porque el guión es sólo una asignatura entre cincuenta más y muchas veces la imparten profesores que jamás ejercieron. Vale como formación preliminar, pero donde de verdad se aprende es en el taller y con trabajos reales, no prácticas de estudiante.

La pertenencia al taller es deseable que sea a largo plazo – con las salvedades que haya que hacer con quien “no funcione” o prefiera seguir otro camino- pero la tendencia debe ser a la formación de equipos estables y bien compenetrados.

El taller tendrá a gala el desarrollar un estilo propio (con toda la versatilidad que la variedad de proyectos implique y sin cerrar la puerta a la experimentación) pero con unos modos de hacer fundados en la autoexigencia. Y con su propio control de calidad.

Y que haya muchos talleres, no un oligopolio en el que sólo dos empresas se llevan las tres cuartas partes del pastel

Estamos hablando de “talleres de guionistas”, con un maestro-showrunner a la cabeza. Que creen estilo y creen escuela. Y que se entiendan directamente con quien tenga que financiar: o sea, asumiendo la producción ejecutiva.

En esas condiciones si puede crearse, con el tiempo, un perfil de guionista que no se sienta ahogado por tener que ir siempre de Herodes a Pilatos, trabajando hoy con unos y mañana con otros. O peor aún: obligado a trabajar siempre con el mismo, al que detesta, porque no hay otro. Al que el trabajo en equipo le haga brillar más que trabajar solo, porque no es un equipo casual, sino con el que comparte una visión de las cosas que avanza en la misma dirección. Un equipo en el que pueda ser algo más que un empleado coyuntural e intercambiable, sino un co-creador que se sienta orgulloso de lo hecho junto a sus compañeros, a quienes les une algo más que compartir pagador.

Tiene mucho de utópico, desde luego. Y más en la situación actual de debilidad del colectivo dentro de una industria también débil. Pero lo que nos queda, si no, es la resignación y el sálvese quien pueda. Así que, por dificil que sea y por duras que sean las resistencias es el modelo por el que valdría la pena unirnos y luchar. Sobre todo porque en una primera fase (la consolidación de equipos de escritura) depende sólo de nosotros mismos. Aunque sea coescribiendo cosas que de momento no vendamos. Pero sin estos proyectos a fondo perdido tampoco tendríamos ningún argumento con el que pedir un cambio de actitudes en la industria.

Un grupo de guionistas bien avenidos que trabajase así, si tendría una voz personal y reconocible frente a otras voces. Y en sus historias se vería de nuevo el mundo, que es lo que pretendemos cada vez que escribimos. Y si se ve de nuevo el mundo, con miradas renovadas, ya nadie nos podría discutir eso que en el fondo intentamos ser: ángeles necesarios.

ESCRIBIR CON / SIN MÚSICA

writer

por Paco López Barrio y Gabi Ochoa

Hace unos dias, Javier Olivares escribió en su  facebook este pequeño pero precioso texto:

“Escribir. Ese oficio que te salva. Donde puedes contar tus miedos, tus alegrías, tus penas y otra vez tus alegrías. Y que perdura más allá de todo ello, como si todo estuviera en su sitio cada vez que otro (al que no conoces) ve lo que has inventado.

Escribir. Esa posibilidad de vivir las vidas de otros porque con la tuya sola no te es suficiente. De que los personajes te chisten que lo que has puesto en su boca, nunca lo dirían ellos.

Es duro de cojones. pero es un oficio maravilloso. Porque aunque un día ya no lo hagas, otros seguirán viviendo lo que has escrito.

Y si escribes con la música que te gusta, ya es la hostia.”

En pocos minutos el post se llenó de “me gusta”, nuestros y de muchos otros compañeros. Aunque hubo alguna discrepancia justo en la última línea. ¿Escribir con o sin música? Aqui van las razones para ambas posturas.

NO: Es una amante exigente que se presenta a deshoras.  (Paco)

Aunque prefiero el silencio, me he acostumbrado a trabajar con ruido. Quizá porque viví muchos años en una avenida ruidosa. Y, después, porque si no eres capaz de aislarte te tienes que plantear renunciar a la escritura o renunciar a la paternidad. Puedo escribir mientras un martillo neumático levanta el asfalto de la calle o el vecino hace bricolaje. Aunque use la herramienta más escandalosa: la radial.

No puedo escribir con música. Si es una música que detesto me molesta mucho. Pero aún es peor si me gusta. Y cuanto más me guste, peor. Me voy tras ella, sin poder evitarlo. De pequeño tuve una época en que me habría gustado ser no ya músico, sino director de orquesta (por pedir que no quede). Me solía poner discos de música clásica, a buen volumen. Y, sin darme cuenta, empezaba a bracear como si tuviese la orquesta delante. Lo bueno de no tener que compartir habitación con los hermanos es te permite estas pequeñas extravagancias.

Lo que vengo a decir es que soy muy aficionado y lo soy desde hace muchos años. Con el tiempo cambié mis intereses hacia la literatura y, más tarde, a la escritura de guiones. Pero siempre llevé dentro a ese pequeño músico frustrado. Siempre tuve muy claro que no hay mejor manera de escuchar música que no hacer nada. Bueno, si: escuchar música cuando haces música, tocando en conjunto con otros. Pero no siempre los tienes a mano. La situación ideal, para mí, es dejarme caer en un sillón cómodo y mantener la luz ambiente baja. Incluso escucharla en completa oscuridad. Me gusta dejarme llevar por una melodía que enganche, que sorprenda, que envuelva. Pero también me gusta sentir como los diferentes planos sonoros se van combinando: percibir cómo las armonías van creando el colchón sobre el que todo reposa, disfrutar de cómo se mezclan en mi cabeza el canto y el contracanto, disfrutar de los cambios de tonalidad, de una disonancia bien puesta… dejarme acariciar por las texturas de cada instrumento y de sus combinaciones con otros.

Todo esto distrae mucho. Pero lo peor, para mí, es el poder evocador de la música. Hay músicas que me llevan a tiempos y lugares reales, pero otras me conducen a momentos no vividos, en lugares no visitados, con gente no conocida… pero que sin embargo me producen la sensación de una vieja familiaridad. A veces es sólo un pequeño fraseo, una ligera modulación, un qué se yo muy tenue y que parece surgido de la nada, pero que tiene el poder de levantar una visión muy poderosa ante mi: la de las vidas que no he vivido y ya sólo puedo encontrar en los sueños y en la música.

¿Que todo eso es reciclable en relato? Por supuesto que lo es. Incluso hay escenas que he imaginado como acción dramática porque antes las he “escuchado”. Hay músicas que suenan a lluvia como otras suenan a amanecer, hay músicas que suenan a soledad como otras suenan a reencuentro. Te dan un tema, un decorado, incluso una luz… pero todo eso ya se aprovechará más tarde, debidamente digerido y meditado. Habrá servido para despertar los sentidos, pero, en el mismo momento de teclear me sobra. Porque me sigue seduciendo en exceso y me entrego. A veces, hay que reconocerlo, una música me sirve de magdalena de Proust. Pero qué habría sido del pobre Proust si, mientras escribía, le hubiesen lanzado magdalenas a la cabeza todo el rato.

Las palabras, para mí, necesitan nacer con un ritmo bien trabajado. Pero es un ritmo verbal que si se mezcla en mi cabeza con otro ritmo musical me quedo tan confuso como el que se frota la barriga en círculos con una mano mientras se da golpes con la palma abierta en la cabeza con la otra. Hay quien sale airoso de ese juego, yo no. Quizá, de haber sido pianista, habría aprendido a mover las manos independientemente y, con ellas, las dos mitades del cerebro. Pero no es el caso.

Que no falte la música en mi vida: para mí sería casi tan dramático quedarme sordo como ciego o paralítico. Pero cuando abro el procesador de textos me molesta. Mucho. Como una amante exigente que te visita a deshoras.

De regalo una pequeña pieza que me hizo soñar – y después escribir- una pequeña historia que rodaremos cualquier dia de estos.

SI: Sin música la vida sería un error (Gabi)

Escribir. Aquello que hacemos, aquello que duele y que amas, por partes iguales. Así es como lo he vivido yo desde hace muchos años este proceso. La frase de arriba pertenece a Nietzsche, el de “Así habló Zarastrusta”, el que mató a Dios, pero creo que esta pequeña máxima fue su creación más perfecta.

Sin música no podría escribir, tal vez no podría vivir. A Paco y a servidor nos sirvió este texto de Javier Olivares para reflexionar sobre la música en el proceso de la escritura. Paco sostiene que no puede escucharla cuando está escribiendo. Yo, por el contrario, no podría escribir sin estar oyéndola. Ahora escucho “California dreamin”, una canción que me hace recordar a tanto y tanto escrito, a tanto y tanto vivido,…

El proceso de escritura, que es solitario, necesita de algún amigo. Yo lo encontré oyendo música. Conforme pasan los años cada escritor se acoge a una serie de hábitos que le son difíciles de desprender. Yo puedo escribir en oficinas (lo he hecho mucho tiempo en mi etapa de guionista de programas), en cafeterías (algo que he experimentado alguna vez), o en casa (mi rutina más habitual). Pero siempre intento tener, aunque sea bajito, una música, algo que me esté diciendo. Además suelo hacer listas de reproducción. Los que me sigáis por Spotify veréis que tengo carpetas con nombres de iniciales, otras con proyectos ya desarrollados (“El amor no es lo que era”, “Den Haag” o “Deseo y placer”) y otras con nombres que nadie entiende, solo yo.

Y en ella entro cuando me pongo con ese o aquel proyecto. Incluso a veces las utilizo para escribir otras cosas, por lo que las músicas de un proyecto contaminan otro. Este pequeño desliz lo dejo si es lógico, si es posible, si hay algo que los una (que puede ser que estén interconectados entre si de una manera más íntima). Ahora estoy escuchando las músicas de una carpeta que he denominado “The beauty”. Sí, es un nombre encriptado, pero al hablar de la música solo podría pensar en una manera de verla, analizarla, sentirla: la belleza.

Puedo entender a aquellos que como Paco no puedan oír la música mientras escriben, porque tal vez el proceso de escritura sea analítico, cerebral, pero yo me entronco más a un proceso sintético, creativo y creo que la música te da un entorno, una manera de ver el mundo, incluso te propone personajes, situaciones, acciones, te hace de frontón en todo lo que tu imaginación desborda.

Sé que cada uno la usará de una manera. Recuerdo haber entrevistado a Molina Foix una vez y confesarme que escribía con música, pero con la música de la radio, una radio fórmula que no recuerdo. A mi me costaría más hacerlo con algo así. Prefiero la selección, las cápsulas para un determinado tiempo, y crear una atmósfera. Se trata pues de sentarme frente al ordenador e irme a ese mundo que me transporta la música y escribir, y vivirlo.

Ahora suena la última canción de esta carpeta con apenas 7 temas, uno de los temas que más me apasiona oír. El día que escriba algo que este a la altura de esta pieza de Debussy, seré un poquito más feliz.

EMPEZANDO

Por Gabi Ochoa

Uno siempre piensa que está empezando en esta profesión. Tiene verdaderos momentos de bajón y no sabe si lo que hace va en una dirección o de verdad aquello que escribe es pura basura y lo mejor que podría hacer es retirarse a tiempo.

He de decir que con la moral baja me fui a las I Jornadas de guión de Televisión. Baja por la situación, mía y de nuestro colectivo en Valencia, y por que cada cierto tiempo me pregunto, ¿por qué escribo?

O sea que el Gabi que estaba en Madrid fue una especie de Charlie Kaufman cuando va a ver a Robert McKee preguntándose si de verdad su guión está bien estructurado o es una basura. Así estaba yo.

Y lo primero que me encontré es más de 60 personas como yo. He de decir que para mi gusto las jornadas estaban muy masificadas, y que fui perdiendo autoestima cuando alguien me preguntaba: ¿Pero de verdad eres guionista, trabajas de guionista?

Sí, gran parte de las personas que había allí eran estudiantes o gentes que tenían otro oficio. Parece que escribir está en desuso. Somos una especie en peligro de extinción. Curiosa paradoja. De hecho en una comida me encontré hablando con alguien de las licitaciones de aeropuertos, porque esa persona había diseñado un proyecto para uno de ellos O.o

Anécdotas aparte (que haberlas ahílas y muchas, y curiosas), mi idea eran desgranar algunas perlas de los ponentes que por allí pasaron.

Me gustó mucho como arrancó Manuel Ríos San Martín al hacernos ver que siempre hay que baremar nuestro impulso creativo con el coste de oportunidad: escribir tirando a dar, sabiendo que puedes colocarlo en algún sitio, teniendo claro tu producto. Y es que esa fue la máxima de su primera charla (Manuel fue la estrella del encuentro), reflexionar sobre lo que escribimos, y mucho, sobre el concepto, algo que siempre pasamos por encima (este post suyo sobre la peripecia y el tema es revelador).

Me gustó sobre todo cuando hizo hincapié que escribir es pensar, y que antes de escribir, pensemos. Siempre diciendo que hay que teclear mucho y alguien sensato nos dice que por lo menos escribamos sabiendo lo que hacemos. Un 10 para él.

En el primer día gentes como Juan Carlos Cueto o Alberto Grondona nos explicaron como se desarrollaron series donde han trabajado. El primero en “Águila roja” y “Tierra de lobos” y el segundo en “El tiempo entre costuras”. Pero creo que todo el mundo se quedó con los trallazos de verdad de Olivares, que fueron comentados durante varios días. Yo tengo aún uno grabado en el hipotálamo:

Parece que hemos borrado la “emoción” de nuestro acerbo guionístico. Es más importante saber palabrejos nuevos (Grondona por ejemplo nos habló del capítulo bottle, que es aquel que es prácticamente todo hablado con pocos personajes), que pararse en lo más básico: llegar al espectador con emoción.

Esa perla más esta otra:

Creo que fueron suficientemente valiosas para una charla que empezó sin concesiones, ni siquiera a si mismo: hablar de su vida, de aquello que hizo de “Isabel” saliera de las entrañas, no tiene precio.

Al día siguiente, ya el sábado 7, empezó Noel Ceballos y le siguió Victoria Dal Vera. Tal vez lo que Noel nos relató no me venía de nuevo, y algo parecido con Victoria, aunque vino bien para refrescar, y sobre todo, en el caso de la charla sobre personajes sirvió para asentar muy bien la idea de que el conflicto tiene que ir siempre a la esencia del personaje, como señaló insistentemente Victoria.

Valentín y Javier Reguilón hablaron de diálogos y escenas. Lo que Valentín nos comentó es más o menos un avance de lo que suele desarrollar más profusamente su taller on-line de diálogos. Tal vez lo que más se me quedó fue la relación entre la comunicación verbal y no verbal. Por suerte salí corriendo de allí para comprobar empíricamente aquello que habían dicho los dos: fui a ver la increíble “La vida de Adele”. Me dejó sin aliento, sin palabras, y casi sin pantalones. Tremenda!

El último día arrancó Natxo López con la comedia, aunque como él mismo dijo, la primera regla para la comedia es no hablar de ella a las 9:30 horas de un domingo.

Cuanto queremos a nuestros personajes y cuanto nos da por defenderlos, ¿no? Creo como Natxo que en los errores están los aciertos. Y sobre todo en las contradicciones.

Tras dos charlas interesantes con Mariano Baselga y Eduardo Zaramella (de las más claras y esquemáticas la de Eduardo, sobre el fantástico y el terror), llegó un pequeño traspié por parte de María José Rustarazo. Y personalmente no creo que sea culpa de ella, sino de quien la mandó, porque empezó mal Valentín cuando la presentó diciendo que Cristóbal Garrido y Ramón Campos la mandaron a ella (¿qué no podían venir ellos?). O esto es lo que entendí. Si no fue así, los comments están para algo.

Mª José explicó muy bien como se desarrolló “Hispania”, una serie que dio mucho que hablar en las jornadas, pero me dejó helado cuando en el power point que tenía a sus espaldas sentenciaba algunas de las ficciones de Bambú con una frase. Si “Gran Hotel” era “un juego con la Historia”, lo de “Galerías Velvet” era cuanto menos curioso: “dejar de lado lo político”.

Y aquí me tengo que parar porque, pese a que iba a decir allí algo, preferí no cortar su intervención (interesante, no lo dudo) y comentarlo pausadamente aquí.

¿Podemos obviar “lo político” en una serie enmarcada en los ’50, en los ’60 en la España franquista? ¿Y sobre todo, debemos?

No sé, se me plantean muchas dudas éticas y/ morales. Unos años jodidos en este país, con la dictadura en sus momentos más duros como para obviar “lo político”. ¿De verdad pensamos que el espectador es tonto, que no recuerda su historia? Estoy convencido que  “Galerías Velvet” será un exitazo (los mimbres son buenísimos), pero me parece un error de comunicación, de planteamiento, de desarrollo, o de lo que sea, obviar lo que somos y porqué lo somos. No es la primera serie que lo hace, pero la contundencia con la que la dijo María José me dejó muy frío.

La última parte corrió por cuenta de Manuel Ríos para hablar de mini-series y tv-movies y de Virginia Yagüe y Pablo Tobías hablándonos de series diarias. Las dos tremendamente interesantes.

Y el broche final Manuel y Virginia nos hablaron de la realidad del aquí y ahora.

Me quedo con dos pinceladas que dejó Virginia en este final y que me gustaron:

– Sé crítico con lo que haces, con lo que escribes (yo diría, con lo que ves y con el oficio)

– Insértate en el oficio, para después mostrad tu voz.

Seguro que me dejo, por error y/u omisión muchas reflexiones interesantes, pero espero que alguno de mis compañeros, ponentes, o gentes en general pueda ampliarlo en los comments.

Volví a Valencia pensando en nuevas historias e ideas, en cambiar aquello o aquello otro, en crear. Y pensando que pese a que continuamente estamos empezando, comenzar ya es un buen signo.

 

DE PROFESIÓN: FRANCOTIRADOR

Nuestra firma invitada de hoy ha trabajado como guionista en multitud de programas, series y películas. Como director ha dirigido dos largometrajes “Carne cruda” y “Blockbuster”. Recientemente ha sido el coordinador de guiones de “Gran Reserva. el Origen”. Es alicantino (más concretamente de Alcoi) y responde al nombre de Tirso Calero.

Por Tirso Calero

 Desde que empecé como guionista, siempre he sentido que era como un francotirador que iba superando misiones para seguir sobreviviendo en la jungla. Y me han tocado objetivos de lo más diversos, desde rellenar guiones de “Ana y los siete” con gags, hasta escribir teatrillos para “La Campos” o hacer cuñas publicitarias de una famosa empresa de pizzas a domicilio. Al principio, esas aventuras eran divertidas. Para mí, recién llegado de provincias, todo lo que me ofrecía Madrid me gustaba, y no sólo porque compartía piso con un jefe de seguridad de la discoteca Pachá.

Era un Licenciado en Derecho que, de carambola, había acabado en un plató de TV trabajando para una de las productoras más importantes de la época (de esto hace ya 13 años) y charlando con Nuria Roca, Ramón García o Juan Imedio (grandes estrellas de la televisión… de entonces, claro)

Pero en este país, si alguien quiere ser un guionista de verdad, debe llevarse unas buenas hostias para ir entrando en calor… En aquella época, “vendí” el guión de un largometraje a una productora de Barcelona pero a la hora de cobrar, no hubo rastro de ellos. (Si esto no te ha pasado alguna vez, no eres un guionista de verdad… o eres la excepción que confirma la regla). También me llevé una buena sorpresa en el mundo del teatro. Resulta que dos actorcillos de medio pelo, bastante famosos por aparecer en una serie diaria de la época, me piden que les escriba una obra de teatro. Lo hago. Les gusta mucho. Se hacen posters y ya hay fecha para el estreno en Madrid. ¡Genial! Pero me llaman diciendo que todo se ha ido al garete. Bueno, son cosas que pasan… Pero a los seis meses veo anunciada la misma obra, con los mismos actores y el título cambiado. ¡Joder! ¿Eso se puede hacer? En este país, sí. (Por cierto, el próximo mes de enero estreno en Madrid una obra que he escrito titulada “Love Room”. Aprovecho este post como prueba por si me vuelve a pasar lo mismo).

Sin duda, iba por el buen camino del guionista. Me iba forjando a base de leñazos. De mi primera experiencia seria en el cine, la película “Miguel y William”, podría escribir mucho, demasiado… No lo voy a hacer. La iba a dirigir Manuel Gutiérrez Aragón y mi compañero Miguel Ángel Gómez y yo habíamos escrito en colaboración con ese reputado director un guión que era una especie de western crepuscular. Evidentemente, la película que surgió finalmente fue… otra cosa.

Pero la forja del guerrero iba bien. El francotirador se iba formando.

Y llega mi primera película como director, “Carne Cruda”. ¿Por qué un guionista se convierte en director? En España, por el sistema de producción existente, casi te obligan a ello si quieres sacar adelante tus propias historias. Con “Carne Cruda” descubrí el “maravilloso” mundo del cine español. Aluciné y comprendí una cosa. No se puede hacer cine comercial sin un buen presupuesto para ello. Con un presupuesto irrisorio pretendía yo reventar las taquillas de toda España. ¿Estaba loco? Lo que pasa es que no sabía cómo funciona la “industria” del cine patrio. Ahora ya lo sé. Por eso, en mi segunda película he hecho lo que he querido. “Blockbuster” es una historia muy personal, en blanco y negro, que habla de mi amistad con Sancho Gracia y de la muerte de mi padre…

Y eso me recuerda otro mal trago por el que tuve que pasar como guionista. Resulta que, siendo yo uno de los creadores y coordinador de guión de una importante serie, debí ausentarme durante unos meses para cuidar a mi padre enfermo porque, obviamente, no tenía la cabeza para escribir… Tras el fatal desenlace, me tuve que buscar la vida fuera de esa serie… Como rezaba la película “Network”, la televisión es un mundo implacable. De todas maneras, aquello me ayudó en mi formación como francotirador.

Afortunadamente, he estado en series maravillosas, he compartido escritura con excelentes compañeros y he podido rodar dos películas como director. En comparación con muchos otros guionistas, sé que he tenido suerte y no me quejo de nada.

Simplemente, me gustaría que este post sirviera para dar ánimos. Vosotros, guionistas, os encontraréis con muchos obstáculos en el camino, con decepciones, con frustraciones… Pero todo eso os hará más fuertes porque nada ni nadie os podrá arrebatar la pasión que da sentido a vuestra vida: escribir.