OPERACIÓN 2015

Por Héctor Beltrán

Y llegó el 2015. Piensa guionista novel, tienes un año entero por delante, nuevo, a estrenar y todo para ti. Todavía huele a coche nuevo, aunque ese enigmático y tóxico olor desaparecerá en unas semanas y será febrero. Ten en cuenta que vas a pasar doce meses viajando en el coche que tú elijas, así que más vale que hayas pensado en el modelo que vas a conducir, es decir, en lo que vas a escribir.

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Robert Zemeckis y Bob Gale eligieron este modelo de coche para viajar durante 1980.

Seguramente habrás coqueteado con los propósitos para el año entrante. Y no me refiero a los ya manidos, apuntarse al gimnasio, dejar de fumar y perder peso. Me refiero a los propósitos profesionales. Si no te has preguntado, en qué voy a invertir mi tiempo el año que viene, deberías preocuparte, pero calma, la respuesta a esa cuestión, en gran medida, depende de ti. Todavía tienes tiempo para pensar. De momento, puedo contarte mis propósitos para este año. Miento, no son propósitos. Son objetivos.

Escribir dos guiones de largometraje, escribir dos obras largas de teatro, desarrollar un proyecto de serie más el piloto dialogado, dirigir un cortometraje y presentarme a todas las ayudas y/o concursos —serios y profesionales— que se pongan a tiro. Todo eso, como mínimo, es lo que voy a escribir en 2015. Es cierto, que muchos de esos proyectos son coescritos, cosa que ayuda a avanzar más rápido. De todas formas, no creo que sea una cantidad exagerada de trabajo, es más bien la concreción del año anterior. Ya hay una escaleta trabajada de los largos, de las obras, etc. Simplemente se trata de acabar esos proyectos porque creo que uno de los principales errores de los guionistas noveles, es la falta de finalización de los proyectos. Además, nunca sabes cuándo te van a preguntar por tus proyectos, así que mejor tenlos preparados para sacarlos al mercado en cualquier momento.

Aunque también es cierto que si se tienen demasiados proyectos se puede caer en la desazón al ver que avanzan muy poco a poco, así que primero céntrate en un par, organízate y ve superando objetivos. No creo que aporte nada nuevo pero es que es totalmente cierto, escribir es como una carrera de fondo. Cada paso que des estarás más cerca de la meta. Habrá días en los que te habrás sentado a escribir y no habrás avanzado nada, pero no es verdad. Una muy buena actriz —y amiga— siempre me dijo que de cada siete ensayos solo se avanza realmente en uno. Es la media. Y para avanzar en uno hay que hacer los otros seis. Escribir es lo mismo, hay que generar mucho material para quedarse con lo mejor.

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Esto es lo que ocurre cuando un guionista novel le pregunta a un guionista, con años de experiencia, cuántos proyectos ha desarrollado.

Otro de los vicios, en mi opinión, de los guionistas noveles es que no se piensa antes de escribir. Y no lo digo por no pensar en cómo escribir la escena o en qué voy contar,  sino que es algo relacionado con lo anterior. La planificación y los objetivos.

Me explico, piensa que vas a invertir mucho tiempo en ese proyecto que tanto te apasiona. Piensa en que te puede dar el proyecto y que no. Piensa en el tiempo que vas a invertir y cuál es el porcentaje de beneficio, económico o de visibilidad, que puedes llegar a conseguir.

Lo sé, es una manera de ver la cosa un tanto práctica pero creo que un guionista profesional debe preguntárselo todo antes de sentarse a teclear. Más que nada porque Youtube es un cementerio de webseries inacabadas, de cortos desechados por el Notodofilmfest y de cosas peores como webseries para el Notodo.

De todas formas, animo a todos los guionistas noveles —grupo en el que me incluyo— a escribir sin parar, incluso sin pensar. Igual que un ruso puede beber chupitos de vodka en Nochevieja en la Plaza Roja de Moscú. Sin parar y sin pensar.

Pero hay que ser realista, es verdad que la cosa está difícil pero cada vez que escucho a los guionistas más mayores —deporte muy saludable para el que quiera vivir de esto— tengo más claro que siempre ha sido igual. Así que, propongo que cada mañana, como si de un mantra se tratase, un guionista novel recitase, antes de sentarse a escribir, lo siguiente:

1.- Nadie me va a llamar.

2.- De cada diez proyectos sale uno.

3.- No lo voy a petar con mi primer (o algunos más) corto.

4.- No voy a vender mi primer guión de largo.

5.- Las pruebas para series no existen.

¿Entonces?

Entonces, lo que hay que hacer es ponerse a escribir. Igual que los matemáticos se van a pasar toda su vida intentando resolver los siete problemas del milenio, un guionista novel debe demostrar, sistemáticamente, que todo eso es falso. Aunque parezca imposible se puede. Si no que se lo digan al ruso, Grigori Perelmán, que en 2002 resolvió uno de los siete problemas matemáticos que atormentaba a la humanidad.

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Grigori anotando dos cosillas que le han venido a la cabeza.

Hay que escribir, lo que sea y no desanimarse. Hace dos años que salí del Máster y ya tengo compañeros que han decidido apearse del tren. Creo que no se debe tanto a que no haya oportunidades, si no a que hay que hacer muchas cosas para ir quemando etapas. Igual que el proceso de aprendizaje en un Máster es diferente para todo el mundo, una vez estás fuera, sigue siendo diferente. Por eso, quema todas las etapas cuanto antes y sigue avanzando. Piensa que  tienes que escribir ahora mismo para poder trabajar en unos meses. Apuesta, invierte y muévete para genera tu trabajo.

Si te quedas quieto te será más complicado. Esto funciona justo al contrario que unas arenas movedizas. Intenta moverte y hacer el máximo ruido. Si es posible, búscate compañeros para gritar al máximo y hundiros lo antes posible en esas arenas movedizas. Lo idea es crear una red de trabajo entre vosotros para generar proyectos y nunca estar sin gritar ni escribir.

Así que ponte el casco de guerra, extiende el mapa en la mesa y traza un plan. Empieza la operación 2015, y tal vez este año, saquéis los vasos de chupito como hizo Grigori Perelmán, que era aquel borracho que gritaba en la Plaza Roja de Moscú el día de Nochevieja. Había resuelto la hipótesis de Poincaré. Ahora ya podía volver a su presente en el Delorean.

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Mis compañeros de piso y yo planeando el 2015.

P.S. Este es mi primer post en el blog. Olvidad todo lo que habéis leído. Cuestionad todo lo que habéis leído. Haced caso a gente más mayor y con más experiencia. Piensa. Escribe. Reescribe.

IV RODA DE GUIONS

Post coordinado por Miguel Marcos

El pasado 3 de diciembre tuvo lugar una nueva edición de la “Roda de guions”, organizada por EDAV y Culturarts con el objetivo de presentar a productores y profesionales del sector audiovisual los proyectos ganadores de la ayuda a la escritura de guión del IVAC. La dinámica del acto es muy sencilla: cada guionista dispone de cinco minutos para hacer un pitch de su proyecto y de otros cinco para responder a las preguntas del público. Para los que no pudisteis asistir u os quedasteis con ganas de saber algo más sobre sus proyectos, hemos pasado un breve cuestionario a los guionistas de los proyectos seleccionados. Hoy publicamos la primera entrega.

 LA ÚLTIMA PRIMAVERA

Me llamo Elena Escura, soy guionista y comencé mi trayectoria elaborando pequeños reportajes promocionales para ONGs en Guatemala. He trabajado como redactora y publicado relatos y cuentos en varias publicaciones. Acabo de estrenar mi primer cortometraje, “Caldo de gallina”, y actualmente trabajo en la preproducción de otro.

1.- ¿De qué va tu guión?

“La última primavera” es la historia del viaje de dos hermanas: de Marta y de Claudia. Marta, una médico fría y algo áspera, se ve obligada a viajar a Guatemala para encontrar a su hermana pequeña, Claudia, una veinteañera de aires hippies que se ha montado en su última aventura. Es 1996 y Guatemala vive un momento muy significativo: se acaba de firmar la paz en el país y centenares de refugiados indígenas regresan al país para recuperar sus tierras. Claudia se identificará de inmediato con la lucha de esta población. Marta, sin embargo, no deja de encontrar obstáculos en esa selva que a momentos le parece cada vez más hostil.

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2.- ¿Cuáles crees qué son los puntos fuertes del proyecto?

-La combinación de una historia intimista con el buen ritmo de una road movie. Mientras la historia se sumerge en la selva y se abre paso la historia de los refugiados, el corazón de la historia reside en el reencuentro de esas dos hermanas. Ése es sin duda el motor de la narración: conocer el pasado de las hermanas y por qué se alejaron.

-El estilo onírico, de “ensoñaciones”, los leit motivs en la selva, los lugares ya pisados por Claudia que se reinventan con la llegada de Marta.

-El enclave en el que se rodaría la pelicula: la selva.

3.- ¿En qué fase de desarrollo está?

El proyecto cuenta con una productora española en Madrid y una productora mexicana. Estamos en búsqueda de una “tercera pata”, idealmente valenciana, con la que poder formar un buen esquema de coproducción.

4.- Para el pitch has tenido que reducirlo a una presentación de cinco minutos. ¿Qué has aprendido en ese proceso? ¿Te ha resultado complicado? ¿Te ha hecho ver tu guión de otra manera?

He aprendido mucho sobre como seleccionar no sólo lo importante de mi historia, sino lo más atractivo y lo que puede resultar más visual a la hora de plantear el proyecto.

En algunos ejercicios, sí. Por ejemplo, cuando practicamos con el pitch de un minuto, me di cuenta de que sintetizar de nuevo a historia era casi como empezar de cero. No se trataba solo de quitar algunos datos.

Desde luego, el hecho de escoger qué se cuenta y qué no da otro enfoque a la historia.

5.- ¿Cómo fue la experiencia de presentarlo en público?

Bastante mejor de lo que esperaba, la verdad. Cuando solté las tres primeras frases, todo fue bastante fluido y estuve mucho más tranquila.

6.- ¿Qué feedback has tenido? ¿Has cerrado algún acuerdo de producción?

En general, buen feedback con el público asistente. En cuanto a acuerdos, como comentaba ya cuento con una productora y ella es más bien la encargada de buscar esa tercera productora que necesitamos.

7.- ¿Qué balance final haces de la experiencia?

Estupenda. Sólo el hecho de conocer a otros guionistas ya es algo muy positivo.

SUEÑOS VARADOS

Centro internamiento

Mi nombre es Emilio Martí López y soy vídeo artista, documentalista y animador, además de realizar trabajos de didáctica en torno a la fotografía y la animación. Mi trabajo más conocido es el cortometraje “desanimado”.

1.- ¿De qué va tu guión?

Mi guión destripa qué son los C.I.E., Centros de Internamiento de Extranjeros, con varias técnicas cinematográficas y desde un enfoque caleidoscópico. Aunque es un documental, incluye animación y un tratamiento experimental de algunos episodios.

2.- ¿Cuáles crees qué son los puntos fuertes del proyecto?

Las historias que cuenta la película, de gente que ha sido internada en estos centros, sin haber cometido delito alguno (uno de los motivos por el que se les considera similares a los campos de concentración), junto al comentario crítico de quienes estudian la cuestión desde el periodismo o el derecho. También, aquello que ha motivado la película: para realizar un trabajo plástico-artístico, yo y dos compañeras pudimos acceder a uno de estos centros (el de Fuerteventura) rodeados de secretismo, normalmente y opacos a jueces, ongs o periodistas.

3.- ¿En qué fase de desarrollo está?

La película está en preproducción, avanzando algunos elementos de la misma. El guión, siendo documental, se construye con esta misma investigación y al ir realizando la película.

4.- Para el pitch has tenido que reducirlo a una presentación de cinco minutos. ¿Qué has aprendido en ese proceso? ¿Te ha resultado complicado? ¿Te ha hecho ver tu guión de otra manera?

La experiencia es interesante, porque te obliga a saber qué historia quieres contar (a veces tenemos varias en la cabeza, y éstas son contradictorias entre sí) y cómo contarla, de cara a venderla a un productor si hiciese falta. Me ha hecho ver el guión de otra manera al contrastar en público qué interesa más a una audiencia, que a veces no es lo que uno tenía en mente.

5.- ¿Cómo fue la experiencia de presentarlo en público?

Tener un cronómetro contando cuántos minutos hablas no es agradable.
El formato se me hace antinatural: te hace sentir parte de una cadena de montaje, o de un concurso de talentos. No da tiempo a crear una química con el público, aunque afortunadamente después del pitching propiamente dicho hay una tanda de preguntas y respuestas con los asistentes que sí permite mayor acercamiento.

6.- ¿Qué feedback has tenido? ¿Has cerrado algún acuerdo de producción?

He tenido algunas ofertas de producción, pero no casan con lo que tenemos planeado.

7.- ¿Qué balance final haces de la experiencia?

Muy buena. Es estupendo tener feedback y es muy positivo que la Culturarts, la filmoteca o el IVAC cuiden todos los aspectos del desarrollo del guión, incluida esta fase en que apadrinan nuestra obra ante una serie de productores. De alguna manera, da más entidad y practicidad al hecho de ayudar a que los escritories realicemos nuestra obra y a que ésta no quede en un cajón.

LOS BRILLANTES

Hola. Soy Esther Morente y soy actriz de teatro, cine, televisión y publicidad. Licenciada en Comunicación Audiovisual en la Universitat de València. Licenciada en Arte Dramático en la ESAD Valencia. Diplomada en teatro gestual (Técnica Lecoq) en la Escuela de Teatro de Mª del Mar Navarro y Andrés Hernández (Madrid). Como guionista, “Los Brillantes” es mi primer guion.

CARTEL LOS BRILLANTES

1.- ¿De qué va tu guión?

Los Brillantes es un drama fantástico. Un tren que hace temblar todo el pueblo. Una mujer que sólo acepta consejos de su pájaro. Un boticario que cura las dolencias con la música. Y Agustina. Una enigmática anciana que descubre algo que está al alcance de muy pocos. A partir de aquí, la vida de Agustina y de su entorno se convierte en una mezcla de obsesiones, verdades y mentiras que llegan a poner en duda la salud mental de los habitantes de la aldea. Todos contra Agustina y Agustina contra todos.

2.- ¿Cuáles crees qué son los puntos fuertes del proyecto?

Los Brillantes tiene unos personajes que enganchan. Aunque está narrada en un tono fantástico e irreal, la historia se adentra en el lado más humano de cada uno de ellos. Y esta aldea mágica, de personajes extravagantes y situaciones fantásticas tiene su justificación. Toda la historia se articula a través de “Los Brillantes”, una novela que, según el autor, está construida a través del imaginario. Más adelante descubriremos que tales situaciones y actitudes de algunos de los personajes vienen provocadas por la memoria de la infancia del escritor.

3.- ¿En qué fase de desarrollo está?

Estoy preparando la segunda versión dialogada.

4.- Para el pitch has tenido que reducirlo a una presentación de cinco minutos. ¿Qué has aprendido en ese proceso? ¿Te ha resultado complicado? ¿Te ha hecho ver tu guión de otra manera?

Al preparar mi pitch me he dado cuenta de lo difícil que me resultaba decidir qué quería contar. El hecho de pasar por encima de algunas tramas, personajes y ciertos detalles me parecía injusto. Luego, con cierta distancia, aprendí que simplemente centrándome en el tronco de la historia era más concreta y, por supuesto, no fallaba al guion.

5.- ¿Cómo fue la experiencia de presentarlo en público?

Fue emocionante. Quise que me acompañara la supuesta protagonista de la historia. Simplemente como pretexto para que la gente pudiera imaginarse todo lo que tuvo que pasar.

6.- ¿Qué feedback has tenido? ¿Has cerrado algún acuerdo de producción?

Aún no he cerrado ningún acuerdo pero varios productores están leyendo el proyecto.

7.- ¿Qué balance final haces de la experiencia?

Muy positivo.

DOS REYES

Me llamo Rafa Ferrero. Me licencié en filosofía en la Universidad de Valencia, después hice un Master de guión en la FIA y desde entonces trabajo como guionista. También soy uno de los autores de este blog.

Portada

1.- ¿De qué va tu guión?

“Dos Reyes” es un thriller de ciencia ficción ambientado en el año 2047.

Ruy, el protagonista, es un chico de 18 años que ha pasado toda su vida encerrado en una habitación esterilizada, aislado, como un niño burbuja. Los mejores jugadores de ajedrez de todo el mundo acuden a jugar contra él a través de un cristal y el chico jamás ha perdido una partida.
Ruy es invencible porque es capaz de manipular la voluntad de los demás. No necesita anticiparse a los movimientos de su rival, puede decidirlos por él. Contra Ruy, el mejor jugador del mundo no es más que una marioneta.

Un día, alguien a quien no conoce consigue ponerse en contacto con él desde el exterior para hacerle llegar un mensaje: Que no está enfermo. Le mintieron desde niño para que aceptase vivir encerrado por voluntad propia.

Será entonces cuando Ruy descubra su verdadera identidad y aprenda a usar su don en toda su dimensión. Ruy es el Rey negro, el único capaz de enfrentarse a Philidor, el Rey blanco, aquel al que creía su padre.

2.- ¿Cuáles crees qué son los puntos fuertes del proyecto?

La universalidad de la historia, lo bien cimentada que está desde el punto de vista conceptual y lo atractiva que puede resultar visualmente.

3.- ¿En qué fase de desarrollo está?

En estos momentos estoy trabajando en la segunda versión del guión dialogado.
Llevo varios años trabajando en este guión. Es un thriller complejo y tardé mucho en encontrar una idea que me permitiese encajar todas las piezas. Ahora tengo un tratamiento sólido y estoy trabajando para enriquecer la historia con los diálogos.

4.- Para el pitch has tenido que reducirlo a una presentación de cinco minutos. ¿Qué has aprendido en ese proceso? ¿Te ha resultado complicado? ¿Te ha hecho ver tu guión de otra manera?

“Dos reyes” no es una historia sencilla de explicar en poco tiempo. De hecho, resulta sencillamente imposible. Por lo que lo primero que tuve que asumir es que en un pitch de cinco minutos resultaba absurdo intentar contar la historia completa. El curso con Teresa me ayudó a encontrar la forma más sencilla de contar la idea clave de la película.

He de reconocer que este proceso no me resultó sencillo. De hecho, creo que fui quien más aprovechó el curso porque mis compañeros llegaron el primer día con una idea bastante clara de cómo debían realizar la exposición y lo aprovecharon para pulir y perfeccionar esa misma idea, mientras que yo tuve que cambiar mi idea inicial. Quería contar demasiado y conseguía el efecto contrario al que buscaba. Diciendo menos encontré la forma de acabar contando más.

5.- ¿Cómo fue la experiencia de presentarlo en público?

No me acostumbro a hablar en público. Me gusta ponerme en estas situaciones porque lo considero parte del oficio del guionista, pero me queda mucho por aprender todavía.
Presentando “Dos reyes” pasé nervios, pero estoy bastante contento de cómo fue la cosa.

6.- ¿Qué feedback has tenido? ¿Has cerrado algún acuerdo de producción?

He tenido mucha suerte. Un productor valenciano que acudió a la Roda de guions se me acercó en la cafetería después de la presentación. Me dio su tarjeta y me pidió que le enviase el guión, quería leerlo antes de proponerme algo. Se lo envié esa misma tarde y a los tres días me llamó. Me dijo que el guión le había encantado y quería pedirme permiso para enviárselo a un director español que lleva unos años trabajando en Hollywood. Ellos han trabajado juntos en más de una ocasión y hace tiempo que estaban buscando un proyecto de estas características para tratar de levantar una coproducción que les abriese las puertas del mercado internacional.
A la semana recibí una llamada del director (justo el director español que yo habría elegido para dirigir esta historia). El proyecto le entusiasma y se ha comprometido personalmente.
He firmado un precontrato con el productor valenciano y me pagan para que trabaje en la segunda versión del guión a partir de las observaciones del director, con las que no podría estar más de acuerdo.

Por supuesto, todo lo anterior es falso.

7.- ¿Qué balance final haces de la experiencia?

Es un ejercicio imprescindible. Hay que agradecer a Culturarts y a EDAV que sigan organizando este evento año a año. Para los guionistas supone una oportunidad estupenda para aprender a hacer un pitch y es bueno que haya espacios en el sector donde se expongan los proyectos.

LA ÑORA DISTRIBUYE Y EL CORTO COMO ESPACIO DE LIBERTAD

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Por Martín Román.

Hay un sentir general de que el cortometraje es una especie de escuela, el primer paso que toda persona que quiera dirigir un largometraje debe dar. Ese sentir no está únicamente en el público ajeno a la creación audiovisual, también está instalado en los mismos profesionales del sector. Esa es una mentalidad mercantilista de la creación cinematográfica. Cierto que levantar un proyecto audiovisual cuesta bastante dinero, pero eso no debería restarle valor a la creación en sí. El cortometraje es un formato audiovisual con valor propio, ni menor ni mayor que el que pueda tener el largometraje, una tvmovie o una serie. ¿Alguien cree que los cuentos de Cortazar o Chejov son obras menores? No me diréis que nunca os habéis emocionado con un cortometraje porque sólo dura 5 o 20 minutos. ¿Los primeros cortos de Tim Burton son obras menores si las comparamos con sus largometrajes? La única forma de revertir esta percepción del cortometraje como escalón, y que puede perjudicar la creatividad del director, es dando visibilidad a los cortometrajes.

Si un director tras lograr filmar su primer largometraje decide que no quiere volver a dirigir un cortometraje, que es un paso atrás en su carrera, creo que está cerrando la puerta a poder experimentar con su propia creatividad. Debido al costo que conlleva levantar una obra audiovisual, en un largometraje uno se encuentra con que su visión artística empieza a estar contaminada (a veces para bien, la mayor parte de las veces para mal) por una serie de actores que al ver su dinero y negocio en juego deciden imponer (las veces que es para bien es porque proponen –y con acierto-) sus criterios: “quitas esta alusión a la religión o la política para no molestar a una parte del público“, “en lugar de este actor desconocido me pones esta cara famosa“, “hay que meter un plano en que el protagonista se sirve una pizza precocinada…” Y a veces hay que claudicar para levantar tu película (¿seguro sigue siendo tuya?). Sí, lo acepto, este último paréntesis se escribió con ciertas dosis de demagogia, a mí también me apetece dirigir largometrajes, pero he visto estos factores en preproducciones de largometraje y sé que nunca he tenido que enfrentarme a ninguna imposición de esta índole cuando he escrito y dirigido un corto.

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Pero se puede revertir esta situación. Lleva tiempo, más que años. En España empieza a haber cortometrajistas de renombre, quizá el más famoso sea Chema García Ibarra, pero también están Álex Montoya, Óscar Bernacer, (por citar algunos que además son amigos) ¿Era eso posible hace diez años? Creo que nadie se imaginaba un presente así. A ello han ayudado mucho las redes sociales, los festivales y en gran medida las distribuidoras que se han preocupado de que sus obras llegaran lo más lejos posible.

Cuando llegué a México busqué una distribuidora para uno de mis cortos. Sorpresa, no existía ninguna. Los cortos no encontraban toda la difusión deseable aunque sí existían festivales como ShortsShorts en DF, festival que recientemente ha lanzado su propuesta Noches de Cortoteca, un evento mensual que espero se consolide y aumente en fechas y sedes, o el apoyo del IMCINE a sus cortos. El caso es que junto a mis amigos, que hoy son también mis socios, era un tema recurrente. Veíamos que el cine mexicano estaba en un buen momento, su cine de autor triunfa en festivales (Reygadas, Franco, Escalante, Markovitch –aunque argentina lleva 20 años en estas tierras-) y tiene una taquilla respetable en los cines comerciales del país, y el cine comercial está arrastrando de nuevo al público mexicano a ver su cine (Alazraki, Derbez, Del Amo, Higareda, por no hablar de aquellos que triunfan en Hollywood). Además, algunos de los cortos en los que colaborábamos o llegaban a nuestras manos tenían muy buena calidad, era una representación menor pero la conclusión a la que llegamos es que si el cine mexicano vive un buen momento tiene que haber un montón de directores de cortometrajes con trabajos increíbles, “Deberíamos montar nosotros una distribuidora de cortos…” y la charla de bar se convirtió en realidad.

Unos cuantos emigrados (Llanos Gómez, Sonia Sánchez, Sam Baixauli y un servidor), y una productora mexicana (Mariana Martínez) hemos unido nuestras fuerzas e ilusiones para dar vida a La Ñora Distribuye, la primera distribuidora de cortometrajes en México. Todos somos profesionales del audiovisual y en nuestra trayectoria hemos participado en varios cortos con diferentes roles que abarcan casi todas las áreas (a excepción de sonido creo que entre todos hemos tocado todos los palos). Sabemos que como directores, una vez acabado el corto empieza el verdadero via crucis. Cuando somos principiantes pensamos que sólo por la calidad del mismo llegará a todos lados pero entonces nos encontramos con el burocrático mundo de los envíos. Horas engullidas rellenando formularios y decepcionantes noes que nos hunden en la miseria y pueden empujarnos a desistir con la distribución. Una distribuidora se puede involucrar emocionalmente en los envíos pero como su trabajo consiste en eso, en enviar cortos, nunca se va a detener por un “no”. Además La Ñora sólo acepta aquellos trabajos en los que crean sus socios, que cumplan nuestros “estándares de calidad”. Y esto tiene trampa… Los estándares no se limitan a valores técnicos, si grabas en miniDV porque era lo que tenías a mano y suples tus carencias con ingenio y nos emocionas, estás cumpliendo estos estándares, si grabas a 4k, con grúas, steadycam, cromas, drones… y nos aburres, no estás cumpliendo los estándares. Somos cinco socios más nuestra coordinadora de distribución, Ludmila Bollati, y nuestra community manager, Verónica Jiménez (de ComunikarT), y no votamos sólo según nuestros propios gustos caprichosos, sino que valoramos diferentes puntos antes de emitir nuestro veredicto.

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Iniciamos nuestra distribución en julio con 2 cortometrajes en distribución, hoy hay 7 en distribución y 3 en ventas con varios cortos a punto de incorporarse en el catálogo. Entre ellos HISTORIAS de Ana Ireri Campos, premio especial del público de la selección on-line en el Festival Internacional de Cine de Morelia 2014, uno de los festivales más importantes de Latinoamérica y del que La Ñora se convirtió en patrocinador oficial. Y como nos apasiona el cine y los cortos ya tenemos una primera coproducción junto a Fernando Gómez (quien ya produjera VOCABULARIO), titulada HIJO MÍO y dirigido Sam Baixauli. Seguimos con toda la ilusión y aprendemos cada día.

Cumplimos en breve seis meses de vida. Queremos ver tus cortometrajes y aunque radicamos en México recibimos trabajos de todo el mundo. Esperamos que estos seis meses sólo sean el germen de una labor de muchos años.

Nos puedes seguir en nuestras redes sociales: en Facebook pinchando aquí y en twitter @LaNoraDstribuye.

¡Larga vida al corto!

ENFADO, MOTOR CREATIVO

Por Gabi Ochoa

En un momento determinado, durante un tiempo, el enfado se apoderó de mi. Tal vez fueron algunos mails no contestados, proyectos que no acababan de salir, o cierta apariencia de que todo va bien entre tus compañeros cuando la realidad es una puta mierda. Sí que recuerdo que esta carta fue uno de los detonantes.

El grupo mediático nos decía a mi y a mi coguionista que no les gustaba nuestro último proyecto. Eso sí, con muy buenas palabras. Nunca me habían pegado una patada en el culo tan elegantemente.

Con todo, no creo que solo fuera eso, fue un cumulo de momentos incómodos. En esos días me di cuenta que el enfado, podría ser un buen motor creativo.

Sí. Estamos acostumbrados, los guionistas, a que nos digan que hay que estar predispuestos, con una mirada positiva, sonreír,… solo falta que lo decreten por ley. Pero creo que el enfado, el cabreo, no es solo productivo, sino que puede ser incluso creativo. Me explicaré.

Estuve buscando referencias sobre ello. Búsqueda en google: enfado motor creativo. Número de referencias, 3.680.000 resultados.

La gran mayoría de ellas, por no decir todas (a partir de la página 7 de google, dejo de mirar) hablan de la emoción, y la creatividad, de quitar el enfado para ser creativo, vamos lo que se viene diciendo pensamiento buenrollista. Es decir, obviamos la fuerza de la ira, porque nos parece que no hace avanzar nada.

No hay literatura al respecto (si alguien sabe de algo, libro, artículo, etc, bienvenido sea en los comentarios) aunque sí había un artículo de un blog que hablaba de la envidia como motor creativo (bueno, me sirve también).

No le damos la importancia que tiene al enfado, a disentir de la corriente mayoritaria. El enfado tal vez sea la reafirmación del yo, y también una manera de reventarlo por dentro sea escribir.

Recuerdo que cuando me llegó aquella carta (hace de eso un mes aproximadamente y me parece que fue hace 5, por la intensidad de este último mes) le mandé esa foto a mi coguionista por whatsApp, luego le escribí: “Ahora hay que hacerla cojonuda. Tiene que ser mucho mejor”. En un arranque, me envalentoné, vi claro que ese proyecto (a diferencia de muchos otros en los que veo que se pueden torcer en cualquier momento) saldría, tarde o temprano.

Desde hace tiempo ese proyecto lleva otros cauces, y como estuve comentándole a otro compañero guionista, el gran Juanjo Ramírez, estamos muy contentos. Es un gran curro, pero ahí andamos pico y pala.

Aquello, y todos aquellos mails no respondidos, me hicieron replantear la creatividad: creo que no debemos negar las pasiones internas. Algo tan shakesperiano. Pero debemos canalizarlas creativamente.

Hay veces que estamos en hoyos creativos, que creemos que nunca saldremos. Está bien, son hoyos. Pero en esos momentos es cuando más hay que volcarse en desarrollar el impulso creativo.

No lo he visto, pero tengo muchas ganas de ver el documental que Liv Corfixen, hizo sobre su marido, Nicolas Widing Refn, en sus días más oscuros. La frustración, el ver que aquello en el que has tirado miles de horas no va cara al viento es durísimo. Lo he vivido miles de veces, y creo que todos los creadores deberían experimentarlo más a menudo. No todo en esta vida son estados de Facebook con gatitos y frases positivas.

¿Significa que estoy enfadado ahora? No. ¿Lo he estado? Por supuesto.

Me gusta recurrir a mis libros de cabecera. Handke en “Historia del lápiz” dice:

“Cuando no estoy haciendo ningún proyecto, quiero destruir”

Ahora que estoy revisitando a Jean-Paul Sartre, hay una frase en “A puerta cerrada” que habla de ese enfado: “El infierno son los otros”, contradiciendo a esa máxima tan en boga de “el infierno es uno mismo”.

Este año no está siendo un buen año guionístico, pero sigo en la brecha escribiendo proyectos. Mientras tanto, lo está siendo a nivel teatral. Acá me tenéis, escribiendo una obra en Buenos Aires.

Como ya he estrenado web, (ejem, autobombo), viene con un clip de mi temporada, que mayoritariamente es teatral: 2 espectáculos, 1 texto teatral y 1 libro dietario.

Ya en el próximo post hablaré de la gran experiencia que está siendo Buenos Aires.

Y ya sabéis, dejaos de Coelho, frases positivas, y pamplinas, y cuando estéis cabreados, enfadados, hasta el coño o el pirri, expulsarlo en el teclado.

Tu creatividad te lo agradecerá.

 

LASA Y ZABALA: ALGUNAS DECISIONES

Joanes Urkixo lleva casi tres décadas en el oficio y ha trabajado en series y largos de animación, entre los que destacan Querida Bamako” (2007), “Cristobal Molón” (2006) o “Supertramps” (2003). Recientemente ha sido el guionista de una película incómoda: Lasa y Zabala. Porque incómodo es aún recordar el terrorismo de estado. Y el guionista, además de sus decisiones dramáticas,  se ve enfrentado a decisiones éticas.
Urkixo es también fundador y actual presidente de la Asociación de Guionistas Vascos ( EHGEP).

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por Joanes Urkixo.

La escritura de guion puede explicarse como un proceso de toma de decisiones, dependiendo de las cuales y aun partiendo de un mismo punto el resultado final puede derivar en películas muy diferentes entre sí. A lo delicado que siempre resulta decidir quién vive, muere, se enamora o sufre, qué hace o qué le sucede por el camino, añádase que hablamos de hechos reales, un tanto recientes y aún presentes en la memoria colectiva. Y añádase a eso que hablamos de un caso paradigmático de la guerra sucia del estado, el primer crimen del GAL: el caso “Lasa y Zabala”. Fueron decisiones difíciles las que tuve que tomar durante el proceso de escritura del guion, junto con el productor Joxe Portela (Abra Prod) y el director Pablo Malo, siempre a sabiendas de que serían escrutadas con extrema atención y, fueran cuales fueran, invariablemente criticadas por uno u otro flanco. He aquí algunos de los cómos y porqués de la película “Lasa y Zabala” …

QUÉ CONTAR
Parece una obviedad pero en este caso era más necesario que nunca delimitar el ámbito de nuestro relato, habida cuenta de que los hechos en que está basado se insertan en el epicentro de un largo y sangriento conflicto que nos ha enfrentado a vascos contra vascos, a vascos contra el estado, a todos contra todos, y de que por esa razón seríamos analizados con lupa hiciéramos lo que hiciéramos. Íbamos a contar un caso terrible y vergonzoso de la historia reciente, prolongado durante 17 años y resuelto en un proceso muy mediático pero desde entonces ignorado por el discurso oficial, que prefiere simplificar el conflicto como un relato de buenos y malos y ha contribuido, pasados los años, a que los hechos empiecen a recordarse fragmentariamente o se conozcan de una manera vaga entre los más jóvenes.

La decisión de centrarnos en el caso llevaba aparejada otra más delicada aún: cómo reflejar el clima de terror y muerte imperante en los años 80 y 90, cuando ETA mataba casi cada día en las calles de Euskadi. Debatimos largamente el asunto. No encontrábamos razón clara para insertar un atentado en medio de nuestra historia y, de hacerlo, podría parecer una autojustificación, una concesión aislada a la equidistancia, de modo que optamos por centrar el contexto en los diálogos de algunos personajes: así, se habla de la impotencia policial para combatir a ETA con los medios disponibles, de la impunidad de esta en su santuario al otro lado de la frontera, del secuestro de un capitán y el atentado con muerte de un guardia civil aquella misma tarde, del brutal número de muertes que se iban acumulando, en definitiva del caldo de cultivo que condujo al nacimiento del GAL. Y también se habla de la postura en el lado opuesto, de esa mentalidad de guerra y venganza sobre la que los vascos hemos discutido durante décadas hasta lograr superarla.

QUÉ HABÍAN HECHO
Más debate aún llevó decidir si debíamos contar el pasado de Lasa y Zabala, lo que habían hecho para tener que huir y vivir como refugiados. La única descripción personal completa de que disponíamos procedía de su entorno familiar y, desde luego, no queríamos mostrar una imagen empática. En el lado opuesto, existía el peligro de que parecieran ridículos y a destono con la historia si contábamos lo que habían hecho: un robo a un banco organizado por su cuenta y riesgo, que falló por coincidir con otra acción de ETA en las inmediaciones y por el que al parecer recibieron un rapapolvo ya que el banco elegido nunca era atacado por la organización. No queríamos bajo ningún concepto posicionarnos ante sus razones para unirse a ETA pues no era esa nuestra historia y, por otro lado, hasta el momento eran dos personas irrelevantes en esta organización, a las que secuestraron únicamente por ser presas fáciles. Por todas estas razones, decidimos contar lo justo y presentarlos como dos jóvenes algo despreocupados de 20 y 21 años, ya viviendo en Baiona y en un ambiente que, hasta la irrupción del GAL ese mismo día, había sido un tanto relajado.

MALOS MUY MALOS
Muy unido a lo anterior, a la hora de decidir cómo debíamos retratar a los asesinos nos encontramos con un serio problema: todas las narraciones de los hechos, las descripciones y los vídeos de aquellos años nos mostraban a seres en algunos casos desequilibrados, en otros histriónicos, protagonistas de un sinnúmero de hechos esperpénticos. Llegamos a manejar escenas como aquella en que el acusado Bayo comparece el primer día del juicio en camilla, vestido con pijama y calzoncillos, sin asearse y fingiendo una depresión profunda. O aquella en que persigue al abogado de la acusación por toda la sala de vistas intentando trincharle con la bandera española y arrojándole una máquina de escribir. Manejamos descripciones físicas como la de Dorado, siempre acompañado por su novio, moreno de rayos uva, muy musculado y vistiendo camisetas demasiado estrechas, o la de un Galindo con el pecho inflado y ofreciendo caramelos a los testigos en los recesos. Reunimos montones de declaraciones grandilocuentes y esperpénticas, comparecencias ante la prensa llenas de arrogancia y exageración… pero todo aquello sumado podía convertir la película en el show de Benny Hill y a estos personajes en malos muy malos, estereotipados. Era necesario rebajar mucho el tono, no cabía duda pero, ¿hasta dónde rebajarlo? En el debate llegamos incluso a plantearnos suprimir todo eso y mostrarlos como personas totalmente normales. Pero no lo eran, no hay un solo ejemplo que sugiera dudas al respecto, de modo que optamos por mantener algunos rasgos muy característicos de su actuación, como un par de declaraciones de Galindo o, especialmente, la consternante comparecencia de Bayo en el juicio, que fue clave para que el tribunal diera por válida su confesión anterior. Habrá sin duda quien siga pensando que esto es pura invención, pero lo cierto es que los malos parecieron en la realidad mucho más malos que en la película.

EL MENSAJE
Desde el principio hemos sentido una gran identificación y simpatía por el mensaje público que Axun Lasa y Pili Zabala, hermanas de los asesinados y portavoces familiares, llevan años difundiendo. Axun y Pili siempre nos hablan de paz y reconciliación y participan frecuentemente en encuentros con víctimas de ETA, a pesar de no tener la misma condición que estas últimas pues el estado español siempre les ha negado la categoría oficial de víctimas. Personalmente puedo afirmar que, tras conocer personalmente a estas dos grandes mujeres, mi trabajo se convirtió en una reivindicación de las verdaderas víctimas, no las que han muerto sino las que quedan atrás con su dolor a cuestas. Su mensaje, que es el nuestro, inaugura la película y se refleja también en el espíritu que la cierra: “que esto no vuelva a ocurrir jamás”.

EUSKERA Y CASTELLANO
Una de las decisiones de partida, apoyada además por ETB, primeros coproductores del proyecto, fue que la película pudiera catalogarse como producida en euskera, para lo cual sería necesario que al menos la mitad de los diálogos fueran en esta lengua. El productor asumió la idea con el interés añadido de que las ayudas a la producción son algo superiores en este caso, concebidas para impulsar la continuidad de un cine hecho en la lengua propia. Por otro lado, resultaba bastante lógico que cada entorno hablara de su forma natural: en euskera los refugiados, las familias y el entorno vasco en general, en castellano los guardias civiles, además de las secuencias del sumario y el juicio. Huelga decir que la necesidad de mantener el equilibrio entre ambos idiomas limitaba las posibilidades narrativas y nos obligó en alguna parte del proceso a devanarnos los sesos en busca de segundas opciones.

EL PROTAGONISTA
Las primeras versiones del guion tenían un tono más inclinado al documental, con un protagonista, el abogado, limitado a sus tareas judiciales y de investigación. No tomaba decisiones que hicieran cambiar el rumbo de la historia, no evolucionaba ni crecía emocionalmente, no tenía un arco dramático. Era necesario ficcionar su papel, y para ello empezamos por inventar a su ayudante e inventarle también un conflicto ético e ideológico. El resultado pretende ser un reflejo del debate en torno al conflicto vasco que ha presidido nuestras vidas en las dos últimas décadas, y cuya consecuencia más relevante hasta el momento es el cese definitivo de ETA.

EN SUMA
Los amigos suelen preguntarnos a los guionistas hasta qué punto suscribimos las películas en las que hemos participado. No sería guionista si no me incomodaran algunas cosas de “Lasa y Zabala”: cierta falta de narración por aquí, algunos insertos por allá, puede que alguna secuencia al completo… pero, en general, suscribo todas las decisiones que conforman la película, incluso cuando, acabando de escribir esto, ya se ha estrenado y hemos sido azotados con algunas críticas bastante duras.

Por cierto, lo que no termina de convencerme es que se haya doblado al castellano para el resto del estado. Esas cosas nunca quedan del todo bien. Pero, por favor, no achaquéis a eso los defectos que podáis encontrarle.

EL CINE IMPLÍCITO

Por Gabi Ochoa

Hay un tipo de cine que no dice, que se muestra en las elipsis, en las junturas, en aquel quiebro que se queda a mitad, en la mirada.

Un tipo de cine que apenas muestra palabras, de frases que comienza a mitad y terminan… si terminan claro.

Es un cine silente, pero lo mejor que tiene el silencio, como decía Bresson, es que fue inventado por el cine sonoro. Y eso lo hace más inexplicable.

Es un cine, sobre todo, que habla con imágenes. Que las junta y va creando con ellas un discurso.

Un cine en la frontera. Camina por la débil línea entre lo contado y lo experimentado. Pero sabe mantenerse ahí.

Y cuenta. Cuenta mucho, más de lo que querrías decir, más de lo querríais ver.

Todas estas reflexiones me venían a la mente mientras andaba Gran Vía madrileña abajo después de ver “La isla mínima”. Sí, la peli es una obra maestra, pero ¿por qué? ¿qué tenía esta peli que no tiene “El niño”, que no tiene “No habrá paz para los malvados”; que no tiene “Grupo 7”?

Un deseo.

Le guarda al espectador el deseo de saber más. Y ahí ha ganado la batalla al público, que quiere saber más. Los hay que se enfadan con esto. Los hay que no entienden, porque su proceso lógico no les da el punto final a la narración. Los hay que creen que hay “gato encerrado” o que imaginan más de lo que hay. O menos.

Pero la película viene cargada de un cine implícito.

¿Qué es un cine implícito? ¿Qué es para mi?

No sabría dar una definición (cuál odiosas son a veces las definiciones para marcar todo TODO lo que pasa en la narración, en el guión), pero sí que me quedaría con la máxima esa que dice que es un lugar “donde hay más preguntas que respuestas”.

El no decir, el mostrar, el ver, algo tan cinematográfico, es la esencia de esta peli, pero como lo era en otros cines, en otras maneras posibles. Renoir, Dreyer, Peckinpah, maestros que han sabido guardar en la recámara un diálogo, la sobreexposición para mostrárnoslo en imágenes. Y sí, Hitchcock claro.

Me pareció curioso que al estreno de “La isla mínima” hayan saltado las voces que la emparentan con “True detective” y obvian nuestro pasado cinéfilo más patrio. A mi me recuerda a “Furtivos” de Borau, y algo a “La caza”. Sí, argumental no tiene nada que ver (¿o sí?), pero fílmicamente, que es donde se enmarca el cine implícito, tal vez sí.

Una película implícita es una película pincelada desde guión. Una película como “La isla mínima” se podría haber contado desde el principio claramente, se podría haber explicitado todo su conflicto entre el pasado y el presente. Pero no. Sus creadores optaron por dejar tras el velo tanta información, que puede que al espectador le parezca demasiado. ¿A quién acuchilla…? ¿Quién es ese juez…?

Por lo tanto, para entender esa manera de contar, yo siempre me impongo un ejercicio que aprendí en un taller escénico-performativo.

Hagamos este ejercicio. Imaginad que dejo un objeto en el suelo. Unas llaves, por ejemplo. Ahora tenéis que sumadle otro objeto, cual sea, pero que le dé un significado al anterior, que sume (o que reste), que amplifique su significado, o que juegue por semejanza. Alguien pondrá un candado, y todos entenderemos la relación entre los dos. Pero seguimos. Tras ese candado, alguien dibuja en un papel un corazoncito, el campo del sentido se mueve. ¿Lo entendemos? Todos entenderemos la relación entre un candado y un corazón (y si está roto, más), porque los dos producen sentido.

De eso se trata cuando trabajamos con imágenes. Como guionistas siempre buscamos las palabras de los personajes, la voz, cuando en ocasiones obviamos que las imágenes nos pueden crear movimientos de sentido valiosísimos.

Ahora intentarlo con un guión que estéis escribiendo. Crear una imagen. Luego, añadidle otra que juegue con esa imagen, y a partir de ahí encontrad siempre el significado que las va uniendo, que hace que la historia vaya avanzando. (este ejercicio se lo debo a Cuqui Jérez, creadora con un potencial maravilloso. Os recomiendo, para guionistas sí, sus talleres).

En ocasiones, hay que dejar de lado las palabras, el diálogo, la estructura, y buscar los paralelismos, las semejanzas, los ecos que hay entre las imágenes. “Todo significa”, y ese todo también entra cada imagen que se proyecta.

Os dejo de postre, el avance de otra película implícita, “Under the skin”, que está llena de ecos, elogios, y grandes pasiones en cada pase festivalero que se proyecta. Tuve la suerte de verla en Glasgow Film Festival y el trago de hiel inquietante que digerí aún está rebotando en mi cerebro, como este ejercicio que os he planteado.

Una mujer que anda, en la oscuridad hacia un hombre que…

 

SER PERIFÉRICO

Nuestra firma invitada de hoy es el guionista vasco Joanes Urkixo, autor del guión “Lasa y Zabala”, película estrenada en el pasado festival de San Sebastián.

Por Joanes Urkixo

Si eres de Euskadi y te dedicas al audiovisual, tarde o temprano te saldrá al paso la disyuntiva entre mudarte a Madrid a buscarte las alubias o permanecer aquí y tratar de consolidar tu carrera en el mercado vasco. Son muchos los que optaron por lo primero y cuyos nombres de prestigio dan actualmente lustre a créditos de cine y ficción televisiva. Fuimos muchos también quienes decidimos quedarnos, fuera por una opción ideológica, por una postura vital o por una mezcla de ambas.

Dentro de nuestro colectivo, los guionistas autonómicos siempre hemos sido tratados desde Madrid con una educada consideración rayana a veces, solo a veces, en muestras más o menos manifiestas de superioridad y prepotencia, por ejemplo cuando se nos ha calificado como “periféricos”. Tan centralista visión quizá tenga su lógica desde el POV de alguien en Madrid, acostumbrado a mover con su cucharón el caldo gordo que allí se cuece y que, por ignorar lo que se cuece aquí, tiende a creer que no se cuece nada. Pero es obvio que sí se cuece: en Catalunya, al margen del daño que sin duda les ha hecho la crisis, siempre han mantenido un volumen de producción capaz de sustentar a un amplio colectivo con trabajo estable; en Valencia, muchos guionistas no han necesitado mirar hacia Madrid sino tras el cierre de Canal 9; también parece que en Galicia mantienen una producción más o menos estable. En cuanto a Euskadi… Bueno, lo cierto es que aquí se cuece bien poco, tanto que, para empezar, habría que preguntarse hasta qué punto es posible ser guionista en Euskadi. Tan crudas están las cosas.

Situémonos: de las comunidades mencionadas, la nuestra es la más pequeña. Estrenamos entre 6 y 8 películas al año sumando ambas lenguas y nuestra televisión produce en la actualidad una serie y un programa de sketches. Poco bagaje parece para mantener en activo a un grupo de profesionales, no digo ya a todo un sector que involucra a productoras, técnicos y actores. Cabría imaginar que la crisis nos ha hecho mella como en otros lugares y que, si anteriormente la situación estuvo algo mejor, es razonable esperar que mejore de nuevo en un futuro no muy lejano. Vale, llamadme irrazonable pero tengo serias dudas al respecto.

Para ilustrar mi análisis tomaré como ejemplo significativo la Asociación de Guionistas Vascos (EHGEP), colectivo que conozco bien porque contribuí a fundarlo y en cuya vida he participado activamente. Nacida en 1995, durante los primeros años c creció con rapidez hasta llegar a contar con 115 socios, aunque después comenzó un prolongado declive hasta llegar a los 67 socios actuales. Este descenso data de tiempos anteriores a la crisis y parece responder más bien a condicionantes estructurales.

Entre las bajas predominan aquellos que abandonaron la profesión por la falta de expectativas. Otros, muchos de ellos jóvenes que estaban empezando, emigraron a Madrid. Entre los que consiguieron permanecer, tanto el perfil de nuestros socios como la realidad del sector nos muestran la predominancia del guionista-director: preguntados los guionistas que han recibido ayudas públicas en la última convocatoria, dos de cada tres declaran su intención de dirigirse a sí mismos; todas las películas con producción avanzada o pendientes de estreno en 2014 son de guionistas-directores: Fuego (Luis Marías); Negociador (Borja Kobeaga); A Escondidas (Mikel Rueda); Amama (Asier Altuna); Loreak (Joxemari Goenaga y Jon Garaño), Sapos y Culebras (Francisco Avizanda)… con la única excepción de Lasa y Zabala, de la que soy guionista y cuyo director, Pablo Malo, también acostumbra a escribir sus propios guiones.

Obviamente, el doble perfil es una estrategia, la más recurrida para la supervivencia en la profesión, y le sigue la de buscarse un trabajo complementario ajeno (tenemos a funcionarios públicos, programadores de festivales, gestores culturales, profesores…); en tercer lugar está la media docena que escriben para la única serie y el único programa de sketches y, finalmente, los dos o tres guionistas contratados en el departamento de desarrollo de la única productora que produce ficción televisiva.

También está Jorge Guerricaechebarría, que lleva muchos años triunfando en el mercado español desde Gasteiz. Además estoy yo: tampoco soy director, ni voy a la oficina por las mañanas, ni tengo contrato laboral con una productora, ni me marché a Madrid, soy otro freelance de los del 20% de las encuestas… Según algunos compañeros mi caso demuestra que se puede ser guionista puro en el mercado vasco. Pues va a ser que no. Es cierto que vivo y trabajo desde Bilbao, pero durante bastantes años lo he hecho para productoras (de animación, hubo un tiempo en que esto era posible) de Madrid y Barcelona. Vaya, ahora que lo pienso… ¡soy igual que el gran Jorge! Lo sé, lo sé, no tiene gracia, pero admitid que lo tenía a huevo.

Así pues, el perfil del guionista vasco es alguien que se fue a Madrid y ahora trabaja allí. O, dicho con menos ironía y a modo de conclusión, si un vasco quiere escribir guiones tendrá que buscarse otro trabajo alimenticio o emigrar. Más arriba he apuntado a razones de tipo estructural:

La ficción televisiva. Generadora de cantera, en nuestro caso lleva muchos años reducida a la mínima expresión. Cierto es que Goenkale fue un gran vivero de guionistas pero estos, en aplastante mayoría, acabaron desapareciendo de la profesión al no encontrar demanda para su oferta más allá de la propia Goenkale, progresivamente recortada, y de Vaya Semanita y sus epígonos. Nada más, al margen de algún estreno tan esporádico como efímero y de eso ya hace años. Incluso cuando recuperemos, si alguna vez lo hacemos, el nivel de producción previo a la crisis, nuestro mercado audiovisual nunca será capaz de retener a un colectivo mínimamente estable. Nuestra asociación, tanto individualmente como desde la Plataforma del Audiovisual Vasco, ha apelado en ocasiones al valor de la ficción como herramienta transmisora de la cultura y la identidad propias, reclamando un pacto político al estilo de países como Dinamarca y que involucre no solo a los agentes del sector sino al Departamento de Cultura y la Universidad. Por el momento, ha sido como rezar en el muro de las lamentaciones.

La capacidad financiera de las productoras. O, mejor dicho, su incapacidad. Acostumbradas a manejarse en niveles de pura subsistencia, son excepción las productoras que invierten, y solo de vez en cuando, en desarrollo u opciones de compra de guiones, una práctica común en otros mercados y que podría animar un poco el nuestro, tanto en cuanto a número de guionistas trabajando como en cuanto a las opciones de producir cine de calidad. Más aún, hay productoras que, interesadas en determinado proyecto, animan al autor a presentarse a las ayudas a la escritura de guion para, sin adelantar un desembolso, conseguir una primera versión presentable con la que abordar la producción. Esto no solo pervierte el sentido original de las ayudas públicas, sino que propicia la repetición de los mismos autores (guionistas-directores) con las mismas productoras generando desesperanza entre los demás y desembocando en cierta profesionalización del ayudismo: ya que nadie va a producir mis guiones, al menos intentaré ganarme algo de dinero todos los años.

La educación universitaria. El grado de audiovisual está aquí claramente orientado a las necesidades del gran cliente, ETB, y genera sobre todo productores y desarrolladores de entretenimiento. A menudo escuchamos quejas sobre la formación en escritura de guion (y en dirección), a la que se accede tarde y resulta algo escasa y decepcionante para quien quiera dedicarse a la ficción. Iniciativas sobre el papel interesantes se plantean de forma absurdamente descoordinada: el máster ETB-EIKEN, celebrado en un par de ocasiones, no era en realidad un máster oficial pues se había organizado sin contar con la Universidad. Vuelve a resaltar aquí la necesidad de un pacto a la que aludía más arriba.

La fortaleza del cortometraje vasco. No tanto un condicionante sobre el hecho de ser guionista como son los anteriores, sí aporta una enorme sensación de impotencia la paradójicamente buena salud del cortometraje, propiciada por la apuesta exitosa de Kimuak y por la proliferación de concursos y muestras. Año tras año surge de ese vivero un importante número de profesionales con talento que, a la hora de avanzar en su carrera, se encuentran con que no hay demanda para ellos. Algunos optarán por seguir intentándolo como guionistas-directores mientras sus padres les aguanten, unos pocos conseguirán ir colocándose en puestos técnicos auxiliares, otros emigrarán con sus proyectos bajo el brazo. Pero habrá quienes abandonen.

Yo nunca he abandonado, aunque no tengo del todo claro que eso sea un mérito. A veces, cuando desde Madrid nos llega uno de esos ramalazos de condescendencia, o se nos tilda de “periféricos” en el mejor de los casos, me entran ganas de hacer la maleta e invadirles. Después me lo pienso mejor y decido seguir intentándolo aquí y desde aquí. Y respiro hondo, reafirmado, tratando de ahuyentar el déjà vu de la desesperanza.

DE TAN MALO ES BUENO

Por Rafa Ferrero

Si criticar fuese deporte olímpico, el equipo de la selección española tendría el banquillo más profundo del mundo. Cualquier españolito de a pie podría defender los colores nacionales en una final sin despeinarse y ganando de calle a cualquiera que se le pusiera por delante. Criticar se nos da bien y nos encanta. Eso, entre otras cosas, explica la aparición de un fenómeno como el del espectador social y la repercusión que está teniendo en este país. El concepto lo explica mucho mejor Teresa Díez en esta entrevista, yo me limitaré a decir una serie de chorradas una detrás de otra, que ya sé que os encanta.
Un espectador social es básicamente alguien que no se limita a ver algo en la tele, sino que además lo comenta en las redes sociales. Pero este fenómeno no se queda ahí. No se trata solamente de que la gente haya encontrado una nueva vía para comentar sus programas favoritos, este fenómeno ha evolucionado hasta tal punto que ya ha empezado a influir en la programación de los canales. Porque una cosa es ver algo y después decir a los cuatro vientos si te ha gustado o no, y otra muy distintas es comentar algo en directo, mientras lo estás viendo. Esta segunda modalidad es la que me resulta realmente interesante.
Cuando estás viendo algo que te gusta, el capítulo de una serie por ejemplo, que alguien hable o (peor) que te pida que le escuches, puede ser motivo de discusión. Toda tu atención está puesta en el monitor, el mundo que te rodea ha dejado de importarte y da igual qué se esté quemando, puede esperar.
La cosa cambia cuando lo que estás viendo no te gusta. Lo normal sería cambiar de canal, o incluso apagar la tele y buscar otra actividad (hay quien lo hace, en serio). Pero no. Gracias a las redes sociales hemos encontrado un modo de seguir viendo la tele incluso cuando lo que estamos viendo no nos gusta. Hemos perfeccionado el arte de criticar y hasta le han puesto un nombre en inglés, que siempre luce más, el Hate-Watching lo llaman.
Hace años, cuando compartía piso, creamos casi sin darnos cuenta un evento semanal que consistía básicamente en cenar y ver Operación Triunfo. En esas veladas, el volumen de la televisión solía estar bajo, para que no molestase. Porque lo realmente importante no era lo que allí se dijese o cantase, era lo que nosotros teníamos que decir. Y, la verdad, de vez en cuando se escuchaba un “Pues esta chica canta bien”, pero siempre iba seguido de un comentario del tipo “Sí, pero habla como un camionero búlgaro y se le entiende menos”. Lo de criticar ya estaba inventado.
La gran diferencia entre nuestros eventos semanales y los hashtag de hoy en día no es que los que están criticando no puedan pasarse las patatas fritas entre ellos porque no están en la misma habitación, sino el tipo de programa que están descuartizando. De un tiempo a esta parte ha aparecido una nueva clase de contenidos audiovisuales, una nueva raza mutante de programas que ha elevado la vergüenza ajena a la categoría de arte.
Los triunfitos, e incluso los grandes hermanos de las primeras ediciones, se tomaban en serio el programa y su papel en él. Y lo que es más importante, el programa los tomaba en serio a ellos. Pero eso, obviamente, ya no ocurre en Princesas de barrio, ni en Granjero busca esposa, ni en Un príncipe para Corina, ni en Mujeres ricas, ni en ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, etc.

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Puede que haya algún concursante despistado que haya acabado en el programa pensando que se le iba a tratar como a una ser humano, pero claramente se equivocaba, de pleno. Todo aquel que acepta participar en semejante esperpento está aceptando tácitamente llevar una diana en el pecho y convertirse en el blanco de los afilados comentarios de miles de twitteros empujados por una sola obsesión: Ser el autor del comentario más gracioso. Y como todo el mundo sabe, no hay nada como un buen comentario hiriente para triunfar.
Admitámoslo, lo que llamamos televisión social, en algunos casos, se parece mucho al bullying. Todos nos aliamos para poner a parir a alguien y aquel al que mejor se le da es el más guay de todos. Como en el cole, pero sin bocadillos de mortadela para el recreo.
Todo muy divertido, pero detengámonos un momento. No se me quita de la cabeza el hecho de que en algún momento del proceso alguien se paró y dijo a su equipo: “Vamos a hacer un programa malo, pero tan malo, que de malo sea bueno.” Y lo consiguieron.
Nunca he tenido la suerte de trabajar en uno de estos programas (me encantaría vivir la experiencia desde dentro, al menos una vez), pero me he tragado algunos como espectador y reconozco que me sorprenden. Siempre me queda la duda de si la magia casposa que consiguen en algunos momentos nace gracias al casting (Debe haber por ahí auténticos expertos en encontrar frikis kamikazes), a los guionistas y redactores (A veces las emboscadas son evidentes, pero otras veces surgen situaciones locas de forma tan aparentemente natural que te imaginas al equipo de guionistas arrodillándose y dando las gracias al cielo por hacerles el trabajo gratis), o al montaje (Aquí he de quitarme el sombrero. El montaje de algunos programas, el modo en que seleccionan y manipulan los cortes, es sencillamente magistral, digno del mismísimo Satanás. En algunos programas, para mi gusto, han rebasado el límite editando en exceso. Pero en general, estos programas son lo que son gracias a que se montan buscando contentar a su público más fiel, las hienas hambrientas de twitter, y no tienen ningún tipo de contemplación ni miramiento hacia los pobres concursantes. Van a acabar devorados, así que mejor servirlos bien troceados).
En definitiva, aunque la audiencia social se esté empezando a estudiar y cuantificar ahora, creo que ya llevamos unas cuantas ediciones de programas que nacieron, consciente o inconscientemente, para el consumo y disfrute de un público capaz de apreciar lo genial en lo mediocre. Siempre habrá quien califique estos programas de basura, no todo el mundo tiene estómago como para soportar según qué cosas, eso hay que comprenderlo. Pero, por escondido que esté, hay que reconocerles cierto mérito a este tipo de programas.
Un servidor seguirá entrenando, por si algún día, por fin, criticar se declara deporte olímpico. Tal vez como deportista de élite me vayan mejor las cosas.

MISTERIOS SIN RESOLVER

Firma invitada, Miguel Marcos.

Antes o después, todos los guionistas hemos de enfrentarnos a los grandes enigmas de la historia del guion. ¿Por qué los camareros de las sitcoms se pasan la vida secando vasos? Después de su brillante etapa como guionista en “Ana y los siete”, ¿qué infortunio impidió a Ana Obregón convertirse en la Aaron Sorkin patria? ¿Se puede triunfar como guionista de cine sin tener un apellido vasco y largo como Gaztambide o Guerricaechevarría? (Gracias Sergio G. Sánchez por mantener la esperanza para los que somos bisílabos).

Pero de todos ellos, el que personalmente siempre me ha resultado más esotérico es éste:

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En 2006 empecé como guionista de “Autoindefinits”, un programa de sketeches que se emitía en Canal 9. Poco después, recibí la primera de una serie de misteriosas comunicaciones con títulos sugerentes tales como “Derechos de reproducción mecánica copia privada septiembre 2006”, “Derechos de ejecución 2008” o “Liquidación semestral”. En ella, se afirmaban cosas tan asombrosas como que yo tenía el 10,22% del programa 179 o el 5,11 del 165. Como tantos guionistas, había llegado a la profesión impulsado por una vieja aversión a las matemáticas y me inquietó ver que los números me perseguían. También la precisión centesimal con que se manifestaban. Atribuí a nuestra mala relación mi incapacidad para comprender esos documentos y durante años los fui archivando conforme llegaban, con la vaga esperanza de que algún día me alcanzara la iluminación que me permitiera discernir sus secretos.

Y parece que ese feliz momento está a punto de llegar.

Concretamente, será el próximo lunes 29 de septiembre a las 16:00 en la sede de la SGAE en Valencia (C/ Blanquerías, 6). Ese día tendrá lugar a petición de EDAV una charla informativa sobre el sistema de recaudación y reparto de derechos en audiovisuales. Está dirigida a socios de SGAE y participarán Elisa García, Directora de Comunicación y Reparto; Gonzalo Ezpondaburu; Gerente de Audiovisual; Enric Gomà, guionista y miembro de la Junta Directiva de SGAE por el Colegio de Audiovisuales y Antonio Martínez, Director de SGAE en la Comunidad Valenciana.

Así que si como yo alguna vez has tenido dudas sobre las hojas informativas o cualquier otro aspecto del sistema de reparto, el día 29 tendrás una buena ocasión para resolverlas.

Te esperamos.

BLOQUEO

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Por Martín Román.

BLOQUEO: decimos lamentándonos, pero es esa una gran y cómoda excusa en que todo escritor se escuda cada cierto tiempo o al menos un par de veces en su vida. Y como toda excusa muchas veces no es la palabra acertada. Como creadores que tenemos el diccionario como libro de cabecera para contar nuestras historias deberíamos acercarnos a él para buscar el término que mejor defina la razón por la que no escribimos. Seguro que la mayoría de las veces se puede sustituir bloqueo por pereza; como artistas decir bloqueo nos da un aire atormentado mucho más interesante cuando lo dices en la barra de un bar con una cerveza en la mano, pero cualquier cinéfilo que nos escuche tendrá en mente al “perdedor” de Charlie Kaufman interpretado magistralmente por Nicolas Cage en Adaptation.

 BLOQUEO PORTADA

Ayer por la noche tomaba unos mezcales con un grupo de amigos entre los que había actores y dramaturgos. Una amiga comentaba que estaba bloqueada, que no podía avanzar con una obra de teatro que debe entregar a principios de agosto, que cuando se sienta a escribir sólo puede escribir poesía. Yo, que soy nulo escribiendo lírica, no puedo entender esto como un bloqueo, tampoco como pereza, pues está expresándose por medio de la escritura aunque no esté escribiendo aquello que está obligada a escribir.

Conozco esa sensación, tener una idea que crees genial y que no consigues materializar en el papel. Visto desde fuera tiene fácil solución, así se lo comentamos varios compañeros, pero cuando lo sufres te supera la frustración. Para romper dicho “bloqueo” se propusieron algunos ejercicios para propiciar la creatividad como por ejemplo:

  • Buscar 20 palabras al azar en un diccionario y obligarte a escribir una historia que contenga las 20 palabras. Por muy disparatado que parezca, estar obligado a utilizarlas hace que tu imaginación trabaje, te enfrentas a un problema que se te antoja menor –sólo es un divertimento- y aquel que te ocupaba y no te dejaba avanzar pasa a un segundo plano. Acabas de romper el bloqueo y seguro surgen nuevas ideas.
  • Leer el titular de una noticia, sólo el titular, y redactar tú la noticia. Lo puedes hacer con lenguaje periodístico o de forma más literaria. En muchas ocasiones nos recomiendan leer la sección de sucesos, pero a mí, que la actualidad deportiva me importa bien poco, he encontrado en esa sección cosas interesantes. También puedes optar por mezclar dos titulares o convertir en protagonista de una de las noticias a alguien que te llame la atención en la sección de contactos.
  • Fotografías y cuadros son fuentes de inspiración. Un clásico para este ejercicio es Edward Hopper, sino me creen miren sus cuadros y luego vean una película de Hitchcock. Mirando un cuadro o una fotografía pregúntate ¿quién es esa persona? ¿quién vive en esa casa? ¿de dónde vienen? ¿a dónde van? También puedes sentarte en un café, una estación de autobuses, etc., y hacerte esas preguntas con la gente que pasa.
No me digan que aquí no hay una historia.

Autovía de cuatro carriles, 1956, Edward Hopper.                                                                No me digan que aquí no hay una historia.

El bloqueo es muy absorbente y quiere que te quedes con él, es como una persona que sólo te cuenta problemas, no te permite proponerle soluciones y cuando pasas a contarle los tuyos no te quiere escuchar. El bloqueo es un mal compañero de camino, quiere quedarse en tu vida, volverse imprescindible y a veces consigue que le creas compadeciéndote de ti mismo. Al nombrarlo tú le das poder, al ignorarlo, escribiendo y dejando de nombrarlo, se lo quitas.

Como ejemplo de lo mala persona que es el bloqueo tenemos la respuesta de mi amiga: “Los ejercicios están bien pero no será la historia que quiero contar”. Varios respondimos lo mismo: si la historia la estás escribiendo tú sí será la historia que quieres contar, quizá sea otra pero descubrirás que sí quieres o querías contarla, es como cuando te encargan un guión dándote una idea de partida. A medida que la vas escribiendo se convierte en tuya porque los personajes forman parte de ti y el sentido de las escenas se definen por tu propia experiencia y visión del mundo. Tal vez descubras que esa nueva historia que surge de un pequeño ejercicio necesitaba ver la luz más que aquella que había propiciado el bloqueo, quizá el bloqueo no signifique más que “busca en otra parte, a ti esto en realidad te parece insulso pero no lo quieres ver”.

La anécdota que cuento de la pasada noche es real, si no nombro a los protagonistas de la misma es porque podría parecer como algo aleccionador a terceros y no es así, estoy aleccionándome a mí y espero que a ti también te sirva. Como mi amiga, me he encontrado antes en esa situación y es más fácil verlo desde fuera que desde dentro. Es más, me encuentro un poco en esa misma situación. Llevo un par de meses con una idea en la cabeza pero implicado en varios proyectos de distinta índole: actuando en Microteatro, trabajando en la adaptación a novela gráfica de un guión de largometraje, llevo la comunicación de la distribuidora La Ñora Distribuye y en breve arranco como guionista en un programa de televisión. Además, vivo en una ciudad donde cualquier desplazamiento te va a robar toda la mañana o toda la tarde y cuyos trayectos, si son en hora punta, te pueden llegar a agotar realmente… Y me cuesta encontrar una rutina para dedicarme a escribir y poner en papel la historia que quiero contar. Ven, aproximadamente las últimas ocho líneas las ha escrito nuestro amigo el bloqueo, excusas para no escribir historias que conmuevan. A todos nos pasa. Este artículo está escrito para romper con él.