EL CINE IMPLÍCITO

Por Gabi Ochoa

Hay un tipo de cine que no dice, que se muestra en las elipsis, en las junturas, en aquel quiebro que se queda a mitad, en la mirada.

Un tipo de cine que apenas muestra palabras, de frases que comienza a mitad y terminan… si terminan claro.

Es un cine silente, pero lo mejor que tiene el silencio, como decía Bresson, es que fue inventado por el cine sonoro. Y eso lo hace más inexplicable.

Es un cine, sobre todo, que habla con imágenes. Que las junta y va creando con ellas un discurso.

Un cine en la frontera. Camina por la débil línea entre lo contado y lo experimentado. Pero sabe mantenerse ahí.

Y cuenta. Cuenta mucho, más de lo que querrías decir, más de lo querríais ver.

Todas estas reflexiones me venían a la mente mientras andaba Gran Vía madrileña abajo después de ver “La isla mínima”. Sí, la peli es una obra maestra, pero ¿por qué? ¿qué tenía esta peli que no tiene “El niño”, que no tiene “No habrá paz para los malvados”; que no tiene “Grupo 7”?

Un deseo.

Le guarda al espectador el deseo de saber más. Y ahí ha ganado la batalla al público, que quiere saber más. Los hay que se enfadan con esto. Los hay que no entienden, porque su proceso lógico no les da el punto final a la narración. Los hay que creen que hay “gato encerrado” o que imaginan más de lo que hay. O menos.

Pero la película viene cargada de un cine implícito.

¿Qué es un cine implícito? ¿Qué es para mi?

No sabría dar una definición (cuál odiosas son a veces las definiciones para marcar todo TODO lo que pasa en la narración, en el guión), pero sí que me quedaría con la máxima esa que dice que es un lugar “donde hay más preguntas que respuestas”.

El no decir, el mostrar, el ver, algo tan cinematográfico, es la esencia de esta peli, pero como lo era en otros cines, en otras maneras posibles. Renoir, Dreyer, Peckinpah, maestros que han sabido guardar en la recámara un diálogo, la sobreexposición para mostrárnoslo en imágenes. Y sí, Hitchcock claro.

Me pareció curioso que al estreno de “La isla mínima” hayan saltado las voces que la emparentan con “True detective” y obvian nuestro pasado cinéfilo más patrio. A mi me recuerda a “Furtivos” de Borau, y algo a “La caza”. Sí, argumental no tiene nada que ver (¿o sí?), pero fílmicamente, que es donde se enmarca el cine implícito, tal vez sí.

Una película implícita es una película pincelada desde guión. Una película como “La isla mínima” se podría haber contado desde el principio claramente, se podría haber explicitado todo su conflicto entre el pasado y el presente. Pero no. Sus creadores optaron por dejar tras el velo tanta información, que puede que al espectador le parezca demasiado. ¿A quién acuchilla…? ¿Quién es ese juez…?

Por lo tanto, para entender esa manera de contar, yo siempre me impongo un ejercicio que aprendí en un taller escénico-performativo.

Hagamos este ejercicio. Imaginad que dejo un objeto en el suelo. Unas llaves, por ejemplo. Ahora tenéis que sumadle otro objeto, cual sea, pero que le dé un significado al anterior, que sume (o que reste), que amplifique su significado, o que juegue por semejanza. Alguien pondrá un candado, y todos entenderemos la relación entre los dos. Pero seguimos. Tras ese candado, alguien dibuja en un papel un corazoncito, el campo del sentido se mueve. ¿Lo entendemos? Todos entenderemos la relación entre un candado y un corazón (y si está roto, más), porque los dos producen sentido.

De eso se trata cuando trabajamos con imágenes. Como guionistas siempre buscamos las palabras de los personajes, la voz, cuando en ocasiones obviamos que las imágenes nos pueden crear movimientos de sentido valiosísimos.

Ahora intentarlo con un guión que estéis escribiendo. Crear una imagen. Luego, añadidle otra que juegue con esa imagen, y a partir de ahí encontrad siempre el significado que las va uniendo, que hace que la historia vaya avanzando. (este ejercicio se lo debo a Cuqui Jérez, creadora con un potencial maravilloso. Os recomiendo, para guionistas sí, sus talleres).

En ocasiones, hay que dejar de lado las palabras, el diálogo, la estructura, y buscar los paralelismos, las semejanzas, los ecos que hay entre las imágenes. “Todo significa”, y ese todo también entra cada imagen que se proyecta.

Os dejo de postre, el avance de otra película implícita, “Under the skin”, que está llena de ecos, elogios, y grandes pasiones en cada pase festivalero que se proyecta. Tuve la suerte de verla en Glasgow Film Festival y el trago de hiel inquietante que digerí aún está rebotando en mi cerebro, como este ejercicio que os he planteado.

Una mujer que anda, en la oscuridad hacia un hombre que…

 

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