LA HARMÓNICA DE ISAAC

Por Gabi Ochoa

Una de las motivaciones que tenemos como personas es conseguir algo. Sí. Nos han educado en una cultura donde lo material, aquello que se evidencia en un objeto y/o cosa, es lo que cuenta. Más allá de eso está lo inmaterial, lo deseable pero no palpable (amor, felicidad, honor, deseo, placer,…). Pero parece que si no sigues los preceptos de ese estilo de vida, estás abocado al desastre.

Recuerdo perfectamente el día que me fui de casa de mis padres. Les dije: estas son las 3 cosas que son mías, el móvil, el ordenador y el coche. Ese era yo. Fue una declaración de principios. Cuando corté el cordón umbilical quise posicionarme sobre quien era por los objetos que me llevaba.

Muy bien, muy bonito, ¿y todo esto?

Desde hace 4 años soy profesor de guión. Desde hace 8 profesor de literatura dramática. Uno estudia los errores comunes de los principiantes al tiempo que se sumerge en los clásicos para encontrar algunas verdades, algunas certezas (si es que las hay). Lo primero: no hay certezas (o no que yo haya encontrado). Segundo, se aprende leyendo y escribiendo, pero mucho mucho.

Uno de los errores habituales que me encuentro en los guiones primerizos (los hay y muchos, y Sergio Barrejón ya los comentó aquí más detenidamente), es no concretar el conflicto del protagonista, no hacer físico por aquello que sufre, ama o miente nuestro protagonista y que le lleva a una transformación.

Somos animales iconológicos. Le damos lógica a todos los objetos, a todo aquello que llevamos encima y que marca al personaje. ¿Por qué un avión perseguía a Cary Grant en “Con la muerte en los talones”? ¿Por qué un reloj marcaba el día a día de Bill Murray en “Atrapado en el tiempo”? ¿Qué es la diligencia en la propia “La diligencia”? Y sobre todo, ¿Por qué Isaac mira insistentemente esa harmónica en esta sublime escena de “Manhattan”?

Suelo poner el ejemplo de “Manhattan” porque el cine de Woody Allen suele ser el que menos acción tiene en sus historias, pero justamente las decisiones de sus personajes y sus acciones, nos lleva a objetos que materializan su historia.

Hagamos un poco de historia:

Isaac sale con Tracey, mucho menor que él, pero ella siente una profunda admiración por Isaac. Él intenta evitar que aquello llegue a mayores y le insiste a ella que todavía es muy joven (tiene 17 años) y que debería conocer a otros hombres. Pero Tracey se niega y le regala una harmónica. En apariencia el regalo es nimio, o lo es en ese momento la película.

Escenas más tarde vemos que Isaac y Tracey lo dejan, y poco después que él juguetea con la harmónica, y la toca. Pero ya está en otra relación, está saliendo con Mary (Diane Keaton), y eso, parece, es lo que le hace feliz.

La relación con Mary no sale todo lo bien que él pensaba. Mary, ex amante de su amigo Jake, sigue enamorada de él, por lo que deciden romper. Isaac, que se siente solo, piensa que cometió un error al apartar de su vida a Tracey. Y llega la escena arriba descrita. Sí, todos nos acordamos del genial monólogo Woody Allen sobre las cosas por las que vale la pena vivir (porque todos hemos pensado lo mismo alguna vez), pero pocos se acuerdan de la harmónica. Ese objeto le recuerda a Tracey, solo que ya será tarde.

Los objetos crean recuerdo, el recuerdo es memoria. La memoria nos hace avanzar en la historia, nos crea mecanismos dentro del relato donde asirnos a la historia. Son nuestras picas, la manera que tenemos de escalar en la historia, de conocer a nuestros personajes, de motivarlos, y de afianzarlos.

Efectivamente no es solo eso, esto tal vez sea una piedra más. Si tu personaje no es activo y no hace nada en pos de serlo, no servirá de nada que tenga un objeto que lo marque, ya sea como catalizador, como impulsor, o como lo que sea. Es decir no insistáis en ponerle esto a un guión porque sí.

Pero está bien fijarse que los conflictos se concretan en algo, en algo material, en algo que todos entendemos. El banco del parque en “Historia del zoo” de Edward Albee o más recientemente, el pañuelo (yihab) que cae en la excelente “El Príncipe” de Tele 5.

Sí, lo iconológico lo entendemos todos, porque todos tenemos una cultura universal forjada gracias a nuestros maestros, y por eso entendemos los múltiples y varios significados de los objetos.

Sí, marcar nuestros conflictos con algo que es intrínseco del personaje hace que adquiera una fuerza mayor. Ahora, no es la panacea. En vuestra labor como escribientes esta la decisión.

Un pensamiento en “LA HARMÓNICA DE ISAAC

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