UN RASTRO DE CARMÍN

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por Paco López Barrio

” En su paso por el siglo XX este emblemático lugar, además de salón de baile, albergó: Un cine, el burdel favorito de los Borbones, una sede anarco-sindicalista, un hospital de guerra, una cárcel de represión franquista, la Casa de Aragón, un atelier de pintores post-impresionistas y un bingo setentero.”

El texto anterior pertenece a la presentación de Salón Primavera, un montaje teatral sobre textos de Paco Zarzoso y Lluïsa Cunillé, y dirigido por Lola López, que se está representando estos días en Valencia, en la Sala Ultramar. Aún no he tenido ocasión de ver el espectáculo (prometo que de este fin de semana no pasa), pero sí he podido ver la escenografía. Las sesiones del taller de escritura dramática que empecé hace unas semanas, bajo la dirección de Paco Zarzoso,  tienen lugar en el escenario de la Ultramar. Hasta esta semana era un espacio vacío, una simple caja negra. Pero ahora convivimos con el atrezzo del espectáculo.

En la sesión de ayer, Paco nos invitó a observar la mesa de la foto.  Fijándonos en cada detalle, para a partir de ahí lanzar nuestras hipótesis acerca de quienes podrían haber ocupado aquella mesa.

El cartón de bingo era lo normal en una sala de bingo. Pero sólo había uno: o compartieron cartón o uno jugaba y los demás acompañaban. La campanilla tampoco merece mayor comentario: para hacerla sonar en caso de cantar bingo. Si acaso destacar el detalle divertido de la Virgen de los Desamparados en la parte superior de la campanita. Un toque localista: en estas fechas se venden muchas como ésta, en las inmediaciones de la basílica.  Los tres lápices tampoco permiten saber cuanta gente había allí. Habiendo sólo un cartón en juego hay que suponer que forman parte del utillaje normal de la mesa de un bingo. O sea, hay que tener varios dispuestos por si son varios los jugadores.

La clave está en las copas: una de coñac y cuatro Martinis. ¿Cinco personas? ¿Una que bebía coñac y dos que repitieron lingotazo de Martini? ¿Un hombre y dos mujeres? ¿Amigas o rivales? Quizá un hombre se bebió el coñac mientras le rompía el corazón a una mujer que aguantó el mal trago zampandose ella sola las cuatro copas… a partir de este punto la imaginación dramática se pone en marcha y cada uno recrea una historia. Su historia, la que le motiva o le da juego. La que se adapta mejor a lo que querría transmitir.

Pero, aunque en la foto no puede apreciarse, las cinco copas estaban manchadas de carmín en el borde: Todas las bebedoras eran mujeres (alguien apunta, juiciosamente, que no descartemos la posibilidad de algún/os travestis en el grupo).  Ninguno de nosotros se había dado cuenta del carmín hasta que Paco nos invitó a acercarnos más y observar bien todos los detalles: “Un autor dramático debe observar la realidad con la misma atención que un detective”. Ya no cabía una escena de pareja (al menos de pareja heterosexual). Pero aparte de amantes lesbianas, las ocupantes de la mesa podían ser amigas, compañeras de trabajo, familiares…

Durante unos minutos cada cual lanzó sus hipótesis. Los datos eran lo bastante ambiguos como para que cupiesen un montón de posibilidades. Todas igualmente válidas a priori (su valor, de llegar a tenerlo, más que en el “qué” estaría en el “cómo”) . Y empezamos a divagar y crear posibilidades que diesen juego dramático a aquella mesa, que hasta entonces habia sido un objeto en un rincón y que ahora parecía llenarse de vida.

La gracia de este ejercicio es demostrar que no hay bloqueo creativo a poco que observemos la realidad. Cada día somos testigos de escenas que se nos ofrecen fragmentadas: dos retazos de conversación en el metro, en la cola del supermercado, en cualquier parte. Aunque captadas a medias, pueden dar pie a buscar por nuestra cuenta las piezas que faltan. Ni siquiera hace falta una presencia humana directa: cualquier objeto abandonado en la calle, o en la tienda de un anticuario, tiene una historia detrás y puede ser muy estimulante intentar recrear cual fue el proceso que los llevó hasta allí. O qué nuevos sucesos pueden desencadenar en el futuro.

Para esto nos pueden servir muchas otras cosas: una vieja fotografía, por ejemplo. ¿Quienes eran la pareja que se besó ante la cámara de Doisneau en las calles de París? ¿Quiénes eran y a dónde marchaba esta familia que carga su coche en los años de la Gran Depresión? (foto de Jack Delano, en los años 30).

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La pintura también puede servirnos: ¿Que tal se llevaban ese matrimonio Arnolfini que pintó Van Eyck? ¿Quien está liado con quién de entre los que aparecen en El desayuno en la hierba de Manet?

Todas estas historias imaginadas a partir de los pequeños detalles que la vida o el arte nos regalan son gimnasia mental de primera categoría para nosotros. Normalmente no irán a ninguna parte, pero crean “músculo” creativo y mantienen los reflejos despiertos.

Volviendo al misterio de las cinco copas manchadas de carmín, llegamos a un consenso sobre el ejercicio: eran dos mujeres. Una había bebido el coñac y la otra los cuatro Martinis. A partir de aqui, a crear cada uno una escena con diálogos rápidos. Yo imaginé a una de las mujeres, la del coñac, bastante mayor que la otra. Tomé como hipótesis de trabajo que su manera de beber reflejaba sus personalidades: la más vieja (B) acostumbrada a jugar fuerte, pero sin imprudencias (coñac, que raspa la graganta, pero sólo una copa) y la joven (A) más atolondrada (el Martini entra sin darse cuenta, pero cuatro son muchos Martinis).  Trasládese esto al amor, por ejemplo, y ya tenemos una metáfora de alguna utilidad (aunque no se concrete en el texto, espero que me sirva de referencia, de caracterización rápida e intuitiva).

Y en eso estaba cuando el tocahuevos de Zarzoso (que lo es) nos obligó, a traición, a dar un giro muy brusco. Un tercer personaje C debe entrar en escena, interrumpiendo ese diálogo. Les soltará  un discurso en al menos diez frases que obligatoriamente debe empezar así: “¿Por qué odiais tanto a mi madre?” y luego continuar su speech como queramos. Ellas no contestarán. Cuando C se marche, una de las dos dirá algo sobre C (al menos cinco frases). Y fin.

Todo lo que tenía en la cabeza hasta ese momento me resultaba inservible. La irrupción de C era un trastorno que no sabía como integrar en la composición de lugar que ya me había hecho.  Lo malo es que el ejercicio tenía un tiempo limitado y yo me sentía completamente bloqueado.  Así que dejé el bolígrafo y salí a la calle a fumar, bastante frustrado y un poco de mal humor, para qué negarlo.  Aunque fuese un simple ejercicio de taller en el que no me jugaba nada.

Volví en unos minutos, dando por perdido el envite. Pero un rato más tarde se me encendió la lucecita. Dejé de atender a lo que se hablaba en ése momento y me puse a escribir, ahora ya muy rápido. No era una maravilla, pero las piezas que me habían dado ya encajaban y habían dejado de molestarme. En menos de cinco minutos tenía esto:

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Me había pasado del tiempo marcado para pensar la historia. Pero me daba igual, porque ya podía creérmela. Aunque en la vida real del que escribe por encargo los plazos son apretados, nunca lo son tanto como para entregar la primera mierda que hayamos sido capaces de escribir. Hay mucha gente esperando tu trabajo, cierto, pero ellos también se curan en salud al fijar una fecha.  Todo el mundo asume que te van a hacer reescribir y en sus cálculos ya se cuenta con el retraso que eso va a provocar. Así que mucha calma, que vale la pena perder (no se pierden, los palos de ciego son los que retrasan) uno o dos dias para que la cosa esté mucho más clara. Al menos para que tú mismo te la creas. Porque si ni tú te la crees, no se la va a creer nadie.  Aguanta la presión y no te pongas nervioso.

Y, si no se te ocurre nada, sal a dar una vuelta. Tienes ya muy vistos el teclado y la pantalla. Pasea, fuma si eres fumador, y observa, escucha, palpa… hay miles de historias que te pueden resultar útiles y estimulantes en una tienda, en la parada del bus, en la mesa de un café… pero, sobre todo, pon la suficiente atención para que no se te pasen por alto esos pequeños rastros de carmín. En ellos está el meollo de la historia. Son ellos las que nos dan el tema y el tono.

Y si tenéis un rato, acercaos a ver Salón Primavera. Igual nos encontramos allí.

Un pensamiento en “UN RASTRO DE CARMÍN

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