DIARIO DE UN PACIENTE (UN POST GUIONÍSTICO)

Por Gabi Ochoa

DÍA -3

Vamos camino del estudio de postproducción en el metro de Madrid. Falta casi nada para ver el resultado final de “El amor no es lo que era” y tengo una extraña sensación de emoción y vacío por algo que se acaba. Me gustan los procesos. En el metro recibo una llamada. Dice más o menos así:

“Le llamo del hospital XXX. La doctora me ha dicho que le llame porque hay un donante de córnea para operarse”. Nunca una llamada me había sacado tanto de la realidad. “- Sí, claro, ¿cuándo?” “- Ingresa el domingo, el lunes le operan”.

Durante el día trato de asimilar la noticia. A ello se une el magnífico comentario de Javier Olivares sobre el oficio del guionista en una entrada de Natxo López. Óscar Bernácer desde su Facebook me pone tras esa pista (gracias Óscar).

El día se convierte en una mezcla extraña entre lo que ocurre y lo que va a ocurrir, y todo con las sensatas y extremecedoras palabras de Olivares rondándome la cabeza.

DÍA 0

Salgo a andar-correr antes de ingresar en el hospital. Desde hace casi tres meses es una rutina que mantiene despejada mi cabeza. Sigo pensando en lo que pasará mañana, en la operación. Paciencia, me digo. Ingreso pasadas las 18 horas en el hospital. Me faltan firmar unos papeles de conformidad y me recuerdan que será anestesia general.

DÍA 1: ANESTESIA

No fue como en las películas. Nadie me hizo contar para que me durmiera, y temblé como todo hijo de vecino. Solo recuerdo que cuando desperté dije: “Me meo, me meo, me meo,” y alguien me trajo un recipiente. Luego en la habitación, mientras oía como en otro cuarto alguien vomitaba su anestesia, yo hacía esfuerzos horribles por mearla. Quería levantarme pero no me dejaban. “Tienes que estar tumbado”. Pero no podía, y me dolía horrores. Finalmente cuando salieron de la habitación urdí un plan: mi hermano se quedó solo conmigo y le dije que cerrara la puerta y me levantara la cama. Salté como un resorte y apoyé mis pies desnudos en el suelo. Le obligué a abrir la pila del baño y a mantenerla un rato. Al fin, aquello, salió. No lo pasaba tan mal desde hacia tiempo. No me dolía la operación en la vista, tenía la vejiga rota de dolor. Pero salió. Aquello que quieres, si te esfuerzas, sale. Pero por momentos, ante las prohibiciones de las enfermeras me asusté. Temí lo peor. Mi dignidad se fue a la puta mierda. Ahora sí, ya he podido mear tranquilo. Será una jodida tontería pero esa lucha fue mi día.

DÍA 2: VÍA DOLOROSA

De mis continuas visitas a las secciones de libros de teatros de todas las librerías, siempre recuerdo un texto de David Hare (que nunca me compré) de título “Vía dolorosa”. No tengo ni idea de qué va, pero me acuerdo de él mientras me miro la mano derecha, donde está la vía de suero que cuando entra, duele.  ¿Cuándo me quitarán esa vía? ¿Por qué va tan lenta?

En mi desesperación, cuando va más rápida duele más. Incluso el último gotero que me pusieron (sí, hubo un último) no entraba y la enfermera tuvo que apretarme varias veces para que entrara. Ese gotero, de hecho, se cayó y no me lo pude terminar (bonita metáfora final para las vías).

El segundo día me destaparon el ojo. Recuerdo dolor, sensación de arenilla (que aún me dura) y claridad.

DÍA 3: ALUCINACIONES

La noche del 2 al 3 fue la peor. Aluciné. No es broma. Tuve alucinaciones. Se lo contaba al día siguiente a un amigo que vino a verme y se reía, pero lo pasé fatal. No sé si era todavía la anestesia a alguno de los medicamentos que me hicieron tomar, pero por las noches veía que la manta se convertía en el pelo de dos señoras que hablaban entre si y había un pájaro en medio. Luego vi en la pared de la habitación muchas figuras extrañas (flores, cuerpos, no sé) que se movían. Deliré. Llamé a la enfermera. Para no decir que alucinaba, dije que no podía dormir. Me dieron un orfidal. Los sueños lisérgicos siguieron y al final, no es broma, hubo un momento que se despidieron y todo. Se fueron y pude dormir.

DIA 4: EL ALTA

Desde mi ventana veo times-lapses a tiempo real. El aburrimiento era esto. Los días y las noches se confunden. Creo llevar 1 mes aquí y solo son cuatro días. La doctora me da la buena nueva: te puedes ir a casa.

Mi rutina es la de un jubilado que no sabe que hacer: oigo el Ipod constantemente, ya puedo leer algo (poco a poco me voy acercando a las pantallas), por lo que devoro obras de teatro (en estos días ha pasado por mis manos “La lengua a pedazos” de Juan Mayorga, “Juicio a una zorra” de Miguel del Arco, “Incendios” y “Litoral” de Majdi Mouawad, más otros libros teóricos).

¿Y qué hace un guionista cuando no puede escribir, cuándo le es imposible sentarse ante el teclado?

Pensar.

He apuntado miles de ideas en la libretita que tengo al lado del sofá. No me acerco al ordenador hasta pasadas dos semanas. Pero esta rutina de la libretita te sirve para moldear ideas, con las que te enamoras, luego sufres conflicto, incluso muchas deshechas, pero piensas.

Me viene a la mente una anécdota de una reunión de guionistas en la que estuve con un productor, y este metía prisa a los guionistas por tener una nueva versión, por los tiempos, ya sabéis. Y uno de los guionistas dijo:

– Si pero el problema no es ese, el problema es que no me pagas para escribir.

– ¿No te pago para escribir?

– No, me pagas para pensar.

Y sí, trabajamos para pensar y para que eso, se convierta en palabras, ideas, oraciones, acotaciones, diálogos, que puedan enamorar a nuestra audiencia. Eso.

Ahora que por fuerza obligada voy a estar un tiempo fuera de las teclas (que no fuera de la palabra, el lápiz y el papel son grandes aliados), me encuentro en una etapa que he denominado “de barbecho”.

Agradezco las muestras de cariño de amigos y familiares (Pau y Pilar, Pedro y César, Nacho y Ara, Sergio, Xavi, Gonçal, Paloma, Gio, mis compañeros Martín, Rafa y sobre todo Paco –iremos alguna vez a la ópera juntos Paco-, Ferran y María, Marina, Iris, Rosa y mis suegros, Jacobo, mis actores de “Den Haag” y Jaume y los Catervos, y todos los que me han escrito para interesar por mi. Especialmente a mi mujer Marta y mi hermano Joaquín que tuvieron que aguantar unas cuantas noches a mi lado. Y a mis padres y mi otro hermano, David, que nos ha traído junto con su mujer a otro sobrino a la familia Ochoa, Pablo).

Y sí, como todos tengo miedo de cuál será mi futuro laboral, y sobre todo mi futuro personal. Pero también creo estar en el momento creativo más propicio para que aquellas ficciones que desarrollaré en el futuro sean memorables.

Es hora de poner el ordenador en reposo. Por un tiempo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s