MACGUFFIN DE FRESA

Alejandro Portaz es director de un buen número de cortometrajes y el máximo responsable de Ochovideos, su productora. Es actor de la compañía Teatro Instantáneo y organizador de eventos lúdicos como subastas y cinefórums. Al respecto de esto último, acaba de publicar su primer libro y amenaza con escribir más.

portada macguffin

He escrito mi primer libro. Se llama MacGuffin de Fresa, o Sobre cómo hacer un buen cinefórum sin necesidad de hablar de las películas. Aunque el título completo, reflejado en su portada es MacGuffin de Fresa, o sobre cómo hacer un buen cinefórum sin necesidad de hablar de las películas, o sobre cómo crear un ciclo semanal al que nadie acude pero conseguir que la propia convocatoria al cineclub tenga más interés que el de las películas propuestas por muy interesantes, alternativas y selectas que estas sean y conseguir que una invitación hecha por correo electrónico tenga seguidores aunque no sea más que una excusa para visionar pelis incluso si al final resulta que son las películas la excusa para contar otra cosa más excéntrica y absurda para acabar haciendo un libro recopilatorio sobre cómo hacer un buen cinefórum sin necesidad de hablar de las películas.

El pretexto para escribir tal cosa, en cómoda edición de bolsillo, a dos tintas y repleto de ilustraciones (que no suelen ilustrar el texto, inaudito), fue el hecho, explicado en el título, de realizar un cinefórum. Este fue un éxito. Lo propuse en verano de 2010 e invité a un selecto círculo de amigos. Lo dicho, el primer día fue tremendo: la gente vino más o menos puntual, traían ganchitos, cocacolas, algo de chocolate, las populares palomitas de maíz y ganas de ver una película. Arrancamos con ¿Qué fue de Baby Jane?, precedida de un cortometraje. A mi me gustan las ceremonias cuando el evento reúne gente, comida y conversación. Y el ritual de estas sesiones era ver un cortometraje, seleccionado por mi de mi videoteca o de Internet, seguido de una cortinilla animada con referentes a carteles de cine y culminando con la proyección de la película elegida cada semana. El nombre de MacGuffin de Fresa, personaje atemporal que firma el invento, se quedaba fotoimpresionado en la pantalla hasta que comenzaba la peli. Todo ello en proyección de 72’’ sobre una pared blanca (no estucada, esto es esencial). Los invitados guardaban más o menos respeto durante el pase. Nos abastecimos convenientemente de bebidas y piscolabis y no fueron muchas las interrupciones para rellenar vasos, hornear más palomitas o silenciar comentarios excesivamente pesados y largos (en un evento social de esta clase, se puede hacer algún comentario sobre la peli, pero eso de estar de cháchara sin fin está algo feo, además, para eso está el forum posterior). Al terminar el pase, se aplaudió y tuvimos un coloquio bastante distendido.

Este fue el detonante de una rutina que yo pensé, sería del agrado de la muchachada. Así que continuamos con Giuletta de los espíritus, El Apartamento… La peculiaridad del resto de sesiones, y aquí es donde se gesta la idea de escribir MacGuffin de Fresa, es que mis invitados perdieron el interés por los ciclos programados. Muy extraño, pensaba yo, pues los géneros eran muy variados y, pensaba yo, lo chulo era poder disfrutarlos en comunidad y, pensaba yo, lo interesante era el coloquio posterior y, pensaba yo, ¡qué bueno era reunirse y ver cine! Pensé mal. Dejaron de venir.

Desde el primer día yo, o mejor dicho, Mr MacGuffin, acostumbró a redactar una invitación adecuada al tema y película elegida. Los invitados recibían esta convocatoria mediante correo electrónico. Sí, hace tres años ya éramos unos nostálgicos y el uso de Facebook para este tipo de cosas se nos hacía grandes. Usábamos el email. Pues el caso es que el tipejo MacGuffin es un socarrón y le gusta confundir sus divagaciones y dilataciones entre el ayer, el hoy, un kilo de plátanos y la erosión del zinc. Así era este señor con bigote al ralentí. Con un lenguaje retro-absurdo se dedicó a presentar el cinefórum sin necesidad de hablar de la película. O si lo hacía, era de soslayo. Y cuando no hablaba de esta, hablaba de cualquier cosa. En serio, muchas veces sin pies ni cabeza.

La propia convocatoria tuvo su aquel. Resultó tan atractiva que este fue el segundo factor que propició la elaboración del libro. Los invitados fueron cayendo uno a uno a medida que pasaban las semanas. Yo ya notaba algo extraño cuantas más sesiones pasaban: primero fueron quince, más tarde unos diez, luego seis, cuatro… Hasta que un día reparé en que estaba solo viendo La Soga, de Hitchcok, y que no era la primera vez que sucedía. De hecho, llevaba ocho meses de cinefórum en los que no había más espectador que un servidor. Y MacGuffin de Fresa, que a estas alturas, ya parece hasta mi mejor amigo imaginario. Tengo otros, no os creáis. Pero hasta estos dejaron de venir. Lo más curioso de la situación, y esto me hizo ponerme en marcha con las páginas del librito, es que, a nada que dejaba pasar una semana sin proponer ciclo, ahí que aparecían correos contestatarios de los desaparecidos invitados reclamando la convocatoria de Mr de Fresa. Con cierto punto de preocupación, me escribían rogando que siguiéramos escribiendo la propuesta semanal, pues era del agrado del personal. ¡Tan divertida sería que la aplaudían pero no eran capaces de hacer caso a la recomendación! ¿Qué era lo interesante? ¿Hablar de cine o hablar de un circo de pulgas bielorrusas? Pues bien, MacGuffin continuó escribiendo y programando su ciclo. El señor Hitchcok me hizo ver ese día que el nombre del personaje, y posteriormente del libro, no era una casualidad: el propio libro hablaba de una excusa para continuar un relato, el propio libro era la excusa para ver cine u oir hablar de él, el propio libro era un macguffin de sí mismo. El macguffin, o mcguffin, o magufin es un término cinematográfico creado por Hitchcok para introducir un elemento en el film que resulta anodino pero que es fundamental para hilar la historia… Y sí, es cierto, yo también pienso en magdalenas. ¡Esos muffins tan deliciosos!

El macguffin… una excusa para llegar al meollo de la historia. Consigue que la trama avance a través de sus personajes, pero no tiene mayor relevancia. Creo que nos dejamos llevar por cualquier elemento que despierte curiosidad o que sea un acento en el relato. Cuando nos queremos dar cuenta, nadie nos ha explicado el por qué de ese macguffin, pero ya estamos en otro lugar, con la historia más hilada, con los personajes evolucionados… Nos sorprendemos. En la vida real, esa que va paralela al cine, estamos rodeados de macguffins. Esas pequeñas excusas que hacen que la rueda de la vida siga girando.

¿De dónde saldrían aquellos espectadores? Incluso aquéllos que nunca asistieron al cinefórum… Personajes atentos a su bandeja de entrada esperando la invitación al ciclo como quien espera una postal o la newsletter semanal para compra online. Los creía desaparecidos. Pero ahí estaban: – Eh, tú, no he recibido la convocatoria para esta semana. Sí, sí, esa película a la que no asistiré jamás. Pues eso, escribe o me enfadaré. ¡Diviérteme! –. Espero que estés contento, ahora puedes ver todos los textos editados en un libro muy molón.

Quiero que haya una segunda parte de MacGuffin de Fresa. Lo que ocurre es que el motor de partida para ese futuro segundo volumen no parece ser el mismo que el que motivó el primero. De momento no hay programado otro cinefórum y la gente no lo demanda demasiado… Espero poder realizarlo pronto. En cuanto a ver cine, no me preocupa, yo sigo teniendo mi dosis de cine semanal, con o sin MacGuffin. Pero si es de Fresa, mejor.

Por cierto, presento el libro este viernes 22 de marzo en Azulcasirojo. Esto está en calle Sorní, 40, 4º, en Valencia. Os invito a que vengáis a oir hablar un poco más de él a eso de las 19.30. ¡En primicia leeré dos páginas al azar! Y a los cinco primeros que lo compren regalaremos muffins en imán o en posavasos, diseñados por las artistas Paula Aparici y Peli Pixel, respectivamente. ¿Firmaré ejemplares? Claro, ¿por qué no?

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