CONFESIONES DE LA ÚLTIMA GUIONISTA OPTIMISTA

Febrero lo inaugura una firma invitada con una buena noticia. Sí, a veces sucede, incluso en España. Un/a guionista consigue su primer encargo para escribir un largometraje, es el caso de Mar Pastor, guionista y autora del blog de relatos Mar de Tinta, también la puedes seguir en su twitter @marpastorc

oficio guionista

Por Mar Pastor.

Esta es la primera vez que me invitan en Guionistas VLC, y no es para menos: acaban de “contratarme” para escribir una película. Si eres guionista o trabajas en el mundo audiovisual, te podrás hacer una idea de la razón de esas comillas, aunque las explicaré para todos más adelante. Ahora toca bosquejar los “inescrutables” caminos que me han traído hasta aquí. Agárrense los machos, que dicen por estos bares.

Voy a ser compasiva y me ahorraré la parte en la que, de pequeña, escribía cuentos en los cartones donde venían enrollados los pantis que se compraba mi madre. Ni siquiera contaré cuando -con 25 años y sin carrera- me replanteé la existencia mientras trabajaba en una tienda de colchones. Me remontaré a bastante después, cuando terminé Comunicación Audiovisual ya mayorcita y, antes de optar por una de las dos salidas que se me presentaban (parir como una coneja o trabajar en Mercadona), decidí darme el último homenaje de mi vida.

Sin demasiadas esperanzas, solicité una de las ayudas de formación del IVAC (Instituto Valenciano del Audiovisual y de la Cinematografía) para -nada más y nada menos- realizar un curso de Guion Cinematográfico Avanzado en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, Cuba. Sí, no me anduve con rodeos, me dejé de talleres y salté de mi precaria facultad a una de las escuelas de cine más innnnnnnnnnnxupmportantes del mundo (yo había escrito importantes, pero si mi gata ha decidido pasear por el teclado y añadir más letras a la palabra, por algo será). A lo que voy: ante mi sorpresa, me concedieron la ayuda. Llegué a la isla con muchos nervios y apenas una idea borrosa para una película, y me fui con el convencimiento de que debía abandonarlo todo con el único objetivo de dedicarme a aquello tan maravilloso que era escribir el cine. ¿Por qué no?

A esa pregunta me respondería un año más tarde, con la vida patas arriba, sin novio, sin casa, sin trabajo y sin dinero: porque hay muchos guionistas ya profesionales, mucho talento, muchos enchufes; porque nadie te contrata si no te conoce o no tienes nada que mostrarle; porque si no tienes nada, ni siquiera una débil garantía de éxito, tampoco conservas la motivación para escribir ya que cuesta mucho tiempo y esfuerzo terminar un buen guion. Además, de algo hay que vivir mientras tanto… ¡No sólo del guion vive el hambre!

Suena desalentador pero, como anunciaba al principio, me acaban de seleccionar para escribir un largometraje. Y me van a pagar un adelanto que, aunque es lo que toca, parece inusual en vista de los muchos productores que únicamente anticipan promesas de beneficios inciertos. ¿Que cómo fue? Pues respondí a un anuncio -como a tantos otros- de una red social para cineastas, músicos y artistas en general que se llama Bigopo. Buscaban un guionista con experiencia en largometrajes de ficción y me decidí a escribir. Después de todo, mi proyecto de largo había sido seleccionado entre cincuenta para una asesoría y muy bien calificado en el máster que realicé al regresar de Cuba. Tras varios skypes, el envío de un guion de corto y el análisis de la sinopsis que disponían de la futura película, me confirmaron que era “la elegida”. No se trataba de un gran sueldo (ojalá aumente con el porcentaje de beneficios), y del contrato aún no hablamos (de ahí las comillas del principio), pero al darme la noticia me hicieron la guionista más feliz sobre la faz de la Tierra.

La cuestión es que, si finalmente lo he conseguido, ha sido gracias a mantener ese optimismo inusual, esa cabezonería, u obstinación -que suena mejor-; por seguir adelante contra todo pronóstico. Ésa es la idea: seguir adelante con tus proyectos aunque parezca que van a terminar incorruptos en la carpeta de guiones de tu ordenador (así tendrás algo que enviar cuando llegue el momento), aceptar que rueden tus cortos por poco o nada de dinero (así tendrás algo que enseñar cuando te lo pidan) y trabajar en prácticas si el aprendizaje merece la pena o tu visibilidad puede aumentar. Es curioso, pero en esta profesión de invisibles, sólo se fijan en ti si consigues hacerte ver.

¿Qué otras cosas te hacen visible? Relacionarte con tus otros compañeros (como en el cole) y tratarte con el respeto que mereces. En las presentaciones ante las productoras, ayuda mostrarte seguro y reconocer los logros, por pequeños que te puedan parecer. Si has colaborado con productoras o directores de renombre, si has sido seleccionado, te han publicado o premiado, es bueno que lo menciones, la modestia no saca a nadie del paro… ¡solo te mantiene peligrosamente invisible!

Por otro lado, tampoco creo que sea bueno callar opiniones sobre la historia por temor a ofender al productor. Si piensas que algo no cuadra o no funciona, probablemente así sea y forma parte del trabajo del guionista localizar los patinazos, argumentarlos y proponer soluciones alternativas para construir una ficción impecablemente creíble. Es nuestra responsabilidad. La historia embrionaria es ahora como nuestro hijo/a: debemos alimentarla día y noche para que crezca y se mantenga con vida, defenderla ante agresores externos y responder por ella cuando llame el director con quejas porque no se comporta como se esperaba de ella. Otra cosa distinta es que por razones de presupuesto, por ejemplo, haya que eliminar o economizar más escenas de las que nos gustaría.

No obstante, considero que, si merece la pena ponerse pesado con algo, es con “el mensaje”. Quizá el productor y el director estén pensando sobre todo en el éxito y en la recaudación de la película, pero ahí estás tú para incordiar con la pregunta aquella de: ¿Qué queremos decir? Porque podemos darle miles de vueltas (o giros) a la estructura, pero eso seguirá siendo lo más importante de todo.

Ah, y si mientras llega la oportunidad no tienes más remedio que aceptar cualquier trabajo “ignominioso” como repartir propaganda, dar clases particulares, cuidar niños, servir cubatas o hamburguesas, vender móviles o hacer de payaso… no te sientas inferior. Hazle caso a la última guionista optimista y piensa que, al fin y al cabo, de ahí salen las mejores historias.

tecla fin

10 pensamientos en “CONFESIONES DE LA ÚLTIMA GUIONISTA OPTIMISTA

  1. Vaya! Cómo me identifico contigo! Aquí otra guionista optimista! Mi primera colaboración en un largo fue con un director Sueco y ya va en busca de financiación… Quien la sigue la consigue y nunca es tarde si la dicha es buena😀

  2. Qué alegría ver que a) todavía es posible acceder a algo tan complicado como los guiones de cine y b) hay vida más allá de los canales convencionales de acceso a un trabajo.

    Enhorabuena.

  3. Me siento muy agradecida y feliz por vuestros comentarios. Si mi experiencia sirve para motivar en momentos de desespero, me doy por satisfecha. He de aclarar, por lo que escribí del contrato, que ¡finalmente sí firmaré uno! :O : ) La cosa va lenta, pero segura. Gracias de nuevo y… ¡a escribir!

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