EL REALISMO VS LA VEROSIMILITUD

Por Gabi Ochoa

Existe una práctica muy extendida entre los actores en buscar la verosimilitud, la verdad escénica, en conocer a fondo a sus personajes y eliminar las quiebras que puedan tener desde la historia (ya sea guión u obra de teatro). A mi, por ejemplo, me han sorprendido actores que redactaban 7 páginas de preguntas sobre su posible personaje. Y no para mal, no se vayan a creer, esa persona se había tomado muy en serio su trabajo, había buscado las grietas de su personaje y las había mostrado en formato duda.

Existe por otro lado una práctica muy extendida entre los guionistas en dar la mayor dosis de realismo a las situaciones que creamos. Ya sea a través de San Google o algo más lógico, investigando sobre la historia que tenemos que contar. Nuestros confidentes nos pondrán tras la pista para hacernos más realista aquello que ocurre.

Ahora, ¿por qué el realismo y la verosimilitud chocan constantemente?

En ocasiones, desde mi humilde opinión, pecamos (nosotros, los guionistas) de ilusionistas. Cuando escribimos esa historia en la que creemos fehacientemente, en la que de hecho, hemos investigado tanto o más que el periodista medio, nos creemos parte de ella, creemos que somos ellos, que aquello es normal. Hay una empatía con nuestros personajes, y por lo tanto nos salimos de una realidad, de la realidad creada. Para mi esa es uno de los errores que comentemos cuando escribimos aquello de lo que ya conocemos mucho o que lo hemos vivido incluso.

Me pasaba el otro día hablando con otro compañero guionista. En un momento de la historia le hice ver que su personaje no era lógico, no actuaba con verosimilitud, y que ello hacia que su “realidad”, que entraba dentro del código realista, no fuera creíble. Él, defendiendo su trabajo decía que aquello no solo era real, sino que conocía a esa persona, que su actitud era así. Ahí es cuando se me encendió la alarma: ¿que la persona en el que estaba basada fuera así hacia que el personaje fuera verosímil? No. Un personaje es la suma de sus conquistas, frustraciones, anhelos, objetivos y todo dentro de un túrmix de realidad. La excepción no hace la regla, solo la sitúa dentro de un marco. Para hacer un personaje realista tienes que hacer un mundo realista. Crea unas reglas del juego y a partir de ese momento serás el amo de la partida.

Nunca está de más contrastar los personajes con situaciones límites para saber qué harían en ese caso. Así adivinarás más cosas de los personajes. Se dice que John Ford les pedía a los guionistas una biblia de personajes, algo que luego no utilizaba, pero que servía de marco para la historia.

Pero no olvidemos que ese “personaje” exista o no como persona no le dará entidad de personaje. Lo será cuando sus acciones y contradicciones sea verosímiles. Creo que para esto es siempre interesante irse a los biopics, películas que hablan de personajes reales. Una de las que me gustó mucho fue “Ray”, la vida de Ray Charles. Aparte de conocer como vivía él de ciego, y su trauma (excepcional las escenas con el agua hasta los tobillos que recordaban cómo se quedó ciego), veíamos su cara b, la del malvividor y cabrón que fue. No había, no tenía que haber, compasión. Uno es aquello que dice y aquello que calla. Y eso era lo que trataba la película de mostrar luces y sombras sobre este gran creador.

No hacer panegíricos de nuestros personajes es en gran medida hacer que realismo y verosimilitud se cojan de la mano, sean verdaderas piezas de una historia que nos conmoverá. No los salvemos porque sí, o porque ocurrió en la realidad, porque la realidad es otra cosa, allí no existían (ni existen, lamentablemente) elipsis.

2 pensamientos en “EL REALISMO VS LA VEROSIMILITUD

  1. Interesante. Le he dado yo muchas vueltas a este tema. Me preocupa.

    Yo diría que esto se da también cuando el guionista se documenta mucho. Por ejemplo, si es un contexto histórico particular. Hay detalles que, para que sean verosímiles, requerirían más escenas para explicar dicho contexto, y esto a veces se cae. Y si se cae, lo que pasó, el hecho o más bien el detalle histórico se haga eso, inverosímil, aunque sí sucediera.

    Pero luego yo creo que hay una especie de verosimilitud que no es, digamos, “interna”, o procedentes de las normas dramáticas y narrativas. Leyendo cómo asumen o no asumen el público (cierto público) algunos hechos o acontecimientos de series o de películas, te das cuenta de que a veces ni siquiera lo que es verosímil lo es para la gente. Vamos a llamarlo “grado de verosimilitud de la audiencia”.

    Se me ocurre el ejemplo que ya hablaba yo aquí, en otro post, con Javier Olivares. Ahora mismo, en España parece improbable hacer una serie ambientada en la Edad Media que no sea “sucia”, porque Game of Thrones ha impuesto una estética. Mucha gente ha aplicado ese baremo a Imperium o a la misma Isabel: no se la creían porque no era lo suficientemente “sucia”. Eso, que es un detalle, no ya de la historia en sí, sino del contexto, y tan secundario, hacía que la ficción ambientada en esas épocas ya les pareciera “inverosímiles”.

    Otro caso, en este caso más hipotético: ¿se podría hacer en España ahora mismo una película policíaca donde el héroe fuera un buen policía, o Grupo 7 y sobre todo No habrá paz para los malvados ya han cerrado esa puerta? ¿Serían verosímil para la audiencia, aunque estuviera “justificado” por motivos dramáticos?

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