ENTRE EL FIN DEL MUNDO Y CAMPOFRÍO

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por Paco López Barrio

Queridos lectores, hoy es el fin del mundo según los mayas. Por eso dejé el post programado anoche para que apareciese hoy de manera automática. Si me estáis leyendo es que todo ha quedado en una falsa alarma. Si no, a mí me habrá pillado durmiendo porque suelo trasnochar. Espero que tenga un bonito sueño y no una pesadilla, ya que me tendré que quedar viviendo en él para toda la eternidad. Hasta aquí la parte pesimista y agorera del final de año.

Pero, para levantarnos la moral frente a los mayas y otras desgracias, acaba de aparecer el vídeo de Campofrío 2012. El del año pasado, aunque recibió algunas críticas dejó, en general, buen sabor de boca. Pero éste de ahora ha dividido el mundo del guionismo en dos: a unos les parece entrañable y a otros un bodrio. Delicada cuestión, cuando algunas de las personas que han intervenido en su creación son compañeros y amigos. Y además, muy competentes y respetados en el mundillo.

Yo me encuentro en el lado de aquellos a los que no les ha gustado. No pasa nada, anuncios se hacen muchos y unos gustan más y otros menos. Mi desacuerdo con éste no es tanto estético como político. Confieso que ha llegado a irritarme y no soy el único que se ha sentido molesto con el mensaje de fondo. Se ha intentado, y es de agradecer, darnos un chute de optimismo colectivo, que buena falta nos hace. Pero la sensación final, al menos la que a mi me provoca, es que, bajo esa capa buenrrollista de superficie, hay un transfondo ético/político muy equívoco. Por no decir decididamente reaccionario.

Cierto que en el spot se exponen realidades muy sangrantes: los jóvenes con talento que tienen que emigrar o la viejecita que alimenta con su pensión a toda la familia. Ni siquiera me parece mal que se ponga una pincelada de humor negro, por ejemplo al hablar de este éxodo juvenil como “éxito de nuestras exportaciones”. No me parece mal esta ironía y el recurso a la paradoja. En otras cosas la ambigüedad me resulta difícil de resolver: tenemos muchos aeropuertos y muchos AVE. Y no termino de tener claro si eso se nos presenta como bueno o como malo. Yo diría que como malo, si no fuera porque esto se expone ya en la parte dedicada a los logros y puede resultar confuso para algunos espectadores.

Pero lo que me ha hecho cabrearme es la enumeración de cosas positivas. Somos campeones del mundo de fútbol. Vaya… alegrémonos, que el opio del pueblo aún está de nuestro lado. Da igual que los clubs españoles sean campeones en fraude fiscal o que el fichaje de una superestrella cueste lo que un hospital. Podemos estar contentos porque uno de los mecanismos tradicionales de alienación está cumpliendo su papel de unirnos al grito de “yo soy español, español, español…”

¡Qué bien, tenemos siete Oscars! Pero un IVA cultural al 21% y el ICAA no sabe no contesta cuándo volveremos a recibir alguna ayuda. Y, en las otras artes, tampoco están mejor las cosas.

La mención al Quijote… Es justo que estemos orgullosos de nuestra tradición literaria. Pero recurrir a cosas tan lejanas para reafirmar nuestras virtudes, aquí y ahora, reproduce el mecanismo que ya tuve que soportar cuando estudié la primaria en pleno franquismo. Vivíamos en una dictadura que nos provocó un retraso histórico de décadas. Pero lo sublimábamos a base de glorias pasadas: los Tercios de Flandes, el Imperio en el que jamás se ponía el sol. Si, somos una mierda. Pero tuvimos, hace siglos, el mundo a nuestros pies. Y eso nos basta para llenarnos de orgullo patrio.

Puestos a enumerar cosas positivas hubiese preferido referencias de nuestro presente. Por ejemplo habría sido precioso meter una imagen de las grandes manifestaciones en las que el off dijese algo así como: “Estamos muy mal, pero no tiramos la toalla. No hemos perdido las ganas de luchar por un futuro mejor”. Por ejemplo esta tan hermosa del pueblo de Madrid recibiendo la marcha de los mineros.

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Comprendo que éste mensaje quizás habría resultado demasiado audaz para una empresa que, al fin y al cabo, sólo pretende vender chorizos. Pero al menos no tendría el tufo a naftalina que desprende el fantasma de Cervantes, tan sacado de contexto.

Pero lo más indignante es el final, el momento en que se envía por correo una rodaja de chorizo a quienes nos están jodiendo. Pero ¿qué leemos en los sobres?. Angela Merkel, Standard & Poor’s, el FMI… de nuevo un reflejo franquista: la culpa de todo esto la tienen “los de fuera”. Aquí no hemos hecho nada para merecer esto, no hay ninguna rodaja para la corrupción, para las privatizaciones de las que se van a beneficiar gente como el marido de la Cospedal, ni para los Urdangarines ni los Diaz Ferrán… estos no existen. Quienes nos joden son los alemanes y los organismos internacionales. El enemigo exterior, porque aquí todos vivimos compartiendo fraternalmente nuestro triste destino y los malos están al norte de los Pirineos. Comprendo que es utópico reflejar esto, en toda su crudeza, en un mensaje comercial de una empresa privada. Pero entendamos también que, tal y como está, este mensaje buenrrollista tiene graves carencias y errores de bulto. Gracias por intentar levantarnos la moral, pero no a costa de falsear la realidad.

Por lo demás, nada que objetar. La factura técnica es más que correcta. El casting podría haber sido mejor y podría haber sido peor. Es lo que hay y para gustos colores. Y reconozco que, si no entramos en análisis como el que acabo de hacer, la emotividad se ha trabajado con eficacia. Hay buenos guionistas detrás y se nota. Pero más allá de su buen hacer hay unas cortapisas ideológicas que me dejan con la sensación de que me han querido dar gato conformista por liebre indignada. La crítica no es, pues, a su trabajo, que bastante han hecho siendo las circunstancias las que son. Pero entiéndase tambien que, a poco espiritu crítico que le echemos, este mensaje buenrrollista no hay quien se lo coma. Aunque son tantas las ganas que tenemos de escuchar una buena noticia que mucha gente se ha rendido ante el mensaje. Aqui lo dejo por si alguien no lo ha visto aún.

 

Por mi parte, sólo deseo que el mundo no se acabe. Para darme el gustazo de seguir incordiando en donde me dejen para ayudar a darle la vuelta a la tortilla en 2013. Si no nos vemos antes, felices fiestas.

8 pensamientos en “ENTRE EL FIN DEL MUNDO Y CAMPOFRÍO

  1. Pingback: Por que no me ha gustado el anuncio de Campofrío | Critica al spot de navidad | Marketing Online Bilbao

  2. Genial, Paco. Reconozco que cuando he visto el anuncio (antes de leer tu blog, por lo tanto no estaba “contaminado”) he sentido la misma nausea que tú, así que al leer tus reflexiones he pensado: ¡este tío ha vuelto a quitarme las palabras de la boca/teclado! Gracias: ¡Me ahorras un post! :)) Un saludo

  3. El anuncio para mi gusto no es bueno porque no sube para nada la moral lo que intenta, a mi modo de ver es producir la lágrima fácil. Más bien genera sensación de hundimiento y declive en el espectador.
    Supongo que es difícil eso de meter una foto de las manifestaciones ya que entonces se criticaría por ser un anuncio con connotaciones políticas. (Y no digo que no estaría bien incluirlo).
    Enhorabuena por el post🙂
    ¡Felices fiestas!

  4. Veo que sigues escribiendo, Paco, dejando pistas, indicios. Bien, hombre, bien. Y también veo que, además de joderme la vida, encima eres un antiespañol de esos, uno de los que se limpian el culo con la bandera. Tú sigue, sigue, que ya te agarraré. Estoy cada vez más cerca. Sí, ya lo se: no puedo moverme de la isla Perejil pero tengo contactos, Paco, y ya te he localizado por la zona de Betanzos ¡que la policía no es tonta, chaval! En cuanto mi confidente averigüe tu dirección y yo consiga un permiso de fin de semana me planto en tu casa. Prepárate, no te digo más.

  5. Muy bueno Paco. Las cosas se pueden decir de muchas maneras y posiblemente la tuya es la mas acertada.

  6. Pingback: Campofrío y el marketing emocional, ¿una combinación triunfadora? |

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