CUANDO LA REALIDAD PLAGIÓ A LA FICCIÓN

Por Rafa Ferrero

Este artículo sigue la misma línea que una de las clases del curso de Mensajes ocultos del lenguaje audiovisual que estoy impartiendo. Para explicar esto utilicé dos horas en las que mi exposición se intercaló con el debate con los alumnos y el visionado de fragmentos de un documental. Leyendo este el post os parecerá mentira, pero la clase fue divertida.

Hoy en día todos somos espectadores, consumimos ficción televisiva y cinematográfica a diario, por lo que todos, incluso los que no saben qué es eso, conocen multitud de tramas arquetípicas.

Una trama arquetípica no es otra cosa que una linea argumental que se ha repetido muchas veces a lo largo de la historia y que se ha convertido en un modelo. Cuando una de esas tramas se inicia todo el mundo sabe a qué atenerse porque tiene referentes.

Pero esto no sólo ocurre en la ficción, en la vida diaria también. Las tramas arquetípicas son usadas continuamente por los medios de comunicación que supuestamente venden verdad porque contar las cosas siguiendo estos modelos ayuda a hacer inteligible la realidad.

Pero a veces incluso ya no se trata sólo de una forma de contar lo que ocurre, sino que se da un paso más y se hace lo que sea necesario para que la realidad se ajuste al arquetipo.

Como ejemplo, veremos qué ocurrió en los medios de comunicación a partir del momento en que un par de aviones chocaron contra las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001.

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El atentado de las torres gemelas fue ideado a la medida de la televisión. Se emitió en directo a todo el mundo ofreciendo un espectáculo que recordaba enormemente a una larga lista de películas apocalípticas que habían elegido Manhattan como escenario emblemático ideal para representar la destrucción en estado puro. A través de la gran pantalla ya habíamos visto antes cómo Manhattan era arrasado por olas gigantes, por fragmentos de meteorito e incluso por rayos de naves extraterrestres. El cine ha imaginado mil y una formas de destruir esa isla. Por eso no es de extrañar que aquel día los informativos, envenenados ya hace años por la necesidad de conseguir audiencia, aprovechasen al máximo la espectacularidad de la noticia.

Los ejemplos con los que el imaginario colectivo contaba para medir aquello eran cinematográficos y eso, en muchos casos, provocó que el sentido del espectáculo se sobrepusiese a la sensibilidad y la objetividad. Teníamos la sensación de estar viviendo una película y por eso no fuimos capaces de entender realmente la dimensión de lo que estaba pasando hasta días después.

Fue entonces cuando llegó la reflexión y la gran pregunta: ¿Cómo es posible que alguien haga esto? Y, como era de esperar, las respuestas simplistas se impusieron.

Al mismo tiempo que nacían con fuerza multitud de historias que animaban a recuperar la fe en la humanidad, sobre todo historias de bomberos y policías que corrieron en dirección contraria a todo el mundo aquel día, aparecía la figura del terrorista islámico como la explicación de todo.

Aquel atentado era el final de una larga historia. Un grupo de terroristas suicidas se había estado instruyendo para perpetrarlo y detrás de ellos, posibilitando toda la infraestructura necesaria, aparecía la figura del MALO por excelencia, Osama Bin Laden.

Ese personaje encajaba a la perfección con el arquetipo de malo de película. Un millonario excéntrico con un odio visceral hacia la humanidad.

Personalmente dudo mucho que en el mundo real haya existido alguna vez a lo largo de la historia de la humanidad alguien así. Los malos sin matices sólo existen en la ficción, más concretamente en la ficción mal hecha. Si Osama hizo lo que dicen que hizo no fue porque sí, sus motivos tendría y muy probablemente serían comprensibles para cualquiera de nosotros desde un punto de vista sentimental (ver la primera temporada de Homeland, por ejemplo, puede ayudar). Y si Estados Unidos fue el objetivo elegido, lo sano y lo inteligente habría sido pararse a pensar por qué. Hubo quien lo hizo, pero fue una corriente minoritaria. Los grandes medios de comunicación se emplearon a fondo en crear la falsa idea de que el 11S era responsabilidad en exclusiva de un loco que actuaba empujado por un odio irracional. Era importante difundir el mensaje: Nosotros no hemos hecho nada malo, sencillamente hay gente malvada en el mundo.

Las imágenes de los cadáveres se eliminaron de la televisión y la imagen de las torres gemelas desapareció del cine. Se borraron de películas que todavía no se habían estrenado, se reescribió a toda prisa el guión de algunas que todavía no se habían rodado e incluso se retrasó durante meses el estreno de alguna otra. En definitiva, se hizo todo lo que se consideró necesario para cuidar la sensibilidad del público. Y algo importantísimo para que esa sensibilidad se repusiese era recuperar la sensación de seguridad. Identificar al malo no era suficiente, había que hacer algo para reponer el equilibrio.

Muchas películas empiezan mal. Alguien mata a alguien, algo malo pasa, una amenaza surge… esto es lo que lleva a los protagonistas a actuar. Durante todo el segundo acto los personajes avanzan en esa dirección sin desfallecer a pesar de las dificultades y en el tercero se lleva a cabo la consecución de su plan con gran éxito.

Este tipo de trama arquetípica provoca gran satisfacción y sensación de seguridad en el espectador. El mensaje que transmiten es: Da igual lo que nos amenace, siempre encontraremos la forma de combatirlo. Por lo que era un esquema que encajaba a la perfección con lo que Estados Unidos y la civilización occidental en general necesitaba en ese momento.

Para reproducir ese patrón en el mundo real lo primero que había que hacer era marcar un objetivo. Osama Bin Laden funcionaba bien como enemigo a batir, pero no se le puede hacer la guerra a una organización terrorista. Al menos no el tipo de guerra que se necesitaba. Por eso se atacó Afganistán e Irak, para escenificar la guerra al terrorismo.

Esta guerra se luchó en dos bandos, en el frente y en los medios de comunicación. Y en lo que a lo segundo se refiere, la guerra se ganó el día que el ejército americano consiguió derrocar la estatua de Sadam Hussein en la plaza Firdos de Bagdad.

A STATUE OF PRESIDENT SADDAM HUSSEIN FALLS IN CENTRAL BAGHDAD

Fue una imagen buscada, preparada y cuidada. Simbolizaba la victoria, era el final feliz que la película necesitaba. Desde un punto de vista argumental la guerra había terminado.

Lo que en un primer momento parecía el final de una historia en la que los terroristas habían ganado, se había convertido en el principio, en el detonante de otra historia con un final y un mensaje completamente distinto: Los buenos siempre ganan y los buenos somos nosotros.

No imagino a George W. Bush frente a una mesa repleta de señores con galones cosidos a sus americanas gritando algo así como: ¡¡Necesitamos un punto de giro y un final en alto para la guerra!! Pero obviamente los medios de comunicación afines a él sí debieron utilizar estos términos u otros parecidos.

Vivimos en un mundo en el que lo real y lo verosímil se confunden intencionadamente. No dejarse llevar por la versión de los hechos que nos ofrecen sin más, es la obligación de cada uno. Seamos espectadores con sentido crítico.

9 pensamientos en “CUANDO LA REALIDAD PLAGIÓ A LA FICCIÓN

  1. Fantástica entrada.

    Me ha recordado la película “Cortina de humo”. También me ha recordado la anécdota de William Goldman yendo a socorrer a un matrimonio que había tenido un accidente en la carretera. Goldman dice que en ese momento no pudo evitar pensar “esta es una escena magnífica”, sobre como todo lo que ocurre es objeto de guión.

    ¿Qué quieres que te diga? Yo sí imagino a Bush diciendo “necesitamos un punto de giro” aunque el diría algo como “necesitamos que ahora venga un tío como John Wayne”.

  2. +1 a la entrada, y otra +1 a Meléndez por la frase “necesitamos que ahora venga un tío como John Wayne”, en boca de un hipotético Bush hijo. Jajajaa
    A ver, Bush es ese hombre que decía que hablaba con Dios por teléfono y la duda fue si se refería que hablaba de forma metafórica, o realmente hablaba solo, con una voz que oía en su cabeza… jajaja

    En cuanto a los “buenos” y “malos”… a ver, lo que sucede con Bin Laden, es que era la sombra de Bush. No cabe duda. Mucho dinero, ansias de poder y desetabilización mental, amén de falta de empatía, solamente por los que le siguen. Uno, ultra-islamista, el otro, ultra-católico… ambos con riquezas venidas del petróleo, ambos pensando que la mejor respuesta es la violencia (eso de sentarse y hablar… si no es con Dios -o Alá-, mejor no… ¿No? Jjaaa). Así que creo, que en la realidad, sí que hay “malos malosos” de cliché. Lo que yo creo que no existe en la realidad es el “bueno casto y puro”, porque ese, si es en la realidad, siempre es un “malo maloso” disfrazado, un “lobo con piel de cordero”… jajaa

  3. Para mí, la diferencia entre los malos de película mal construidos y los malos que se pasean por el mundo es fundamentalmente que los primeros se reconocen a sí mismos como malos e incluso se regodean de ello y los segundos, en su foro interno, no se ven a sí mismos como a los malos sino todo lo contrario. Estoy convencido de que Osama pensaba que con el 11S estaba haciendo justicia. Del mismo modo que Bush pensó que organizar una guerra era la mejor forma de hacer justicia, otra vez. Al pensar de este modo los dos hicieron gala de su bajeza moral y su miopía intelectual, pero ninguno de ellos se sintió incómodo consigo mismo al hacerlo. Es más, como digo en el post, si hubiésemos tenido la oportunidad de escuchar a Osama explicar qué le llevó a organizar el atentado, probablemente seríamos capaces de entenderle. No compartiríamos sus argumentos y nos seguiría pareciendo una aberración lo que hizo, pero veríamos que no era un monstruo sino un hombre muy equivocado o muy ignorante.

    Muchas gracias a ambos por vuestros comentarios y viva John Wayne.

  4. Sí, a mí también me ha recordado “Cortina de humo”… A ver, a bote pronto 3 cosas:

    1-Interesante reflexión sobre la consecuencia de que los modernos medios de comunicación nos cuentan la realidad con los mecanismos de la ficción: que al final, la realidad se parece a las (malas) películas.

    2-Una pregunta: según esto, ¿Pensáis que la percepción refuerza nuestras creencias? ¿O que ocurre más bien al contrario, y son nuestras creencias las que refuerzan nuestra percepción?

    3-Un ruego: chicos de GuionistasVLC, por favor, no escribáis artículos tan densos, que luego se nos indigestan los comentarios.

  5. Amigo Tonipauan, lo de la densidad no es deliberado. Salen como salen. Pero creemos, o al menos yo lo creo, que la utilidad de un blog se valora, en gran medida, por su capacidad de servir como instrumento de reflexión. Internet ya está lleno de sitios dedicados al entretenimiento ligero. Que también es una opción muy digna e interesante, pero ése ya sería otro proyecto.

  6. Claro, Paco, no puedo dejar de estar de acuerdo contigo. Por eso os leo siempre que puedo. Solo insinúo que, a veces, algunas de las reflexiones que proponéis superan el “espacio físico” de un post.

    No es cuestión de “tema”, sino de “estructura”… O por hacer una de esas analogías musicales que tanto nos gustan a ti y a mi… “No es la melodía, sino el “compás”.

    O a lo mejor soy yo, que doy “enagrama plano”.

  7. Amigo Tonipauan, tienes razón. Probablemente un post no sea el mejor soporte para esta clase de reflexiones. De hecho, como comento al inicio del post, el verdadero origen de esta reflexión es un curso presencial de veinte horas en el que he podido despacharme a gusto con los alumnos.
    Pero como dice Paco, los post salen como salen. Y yo añadiría que salen como salen porque somos como somos y porque hacemos lo que hacemos. Este curso y preparar el contenido de sus clases, me ha tenido muy ocupado las últimas semanas y me pareció que lo más natural era compartir parte de todo esto también aquí. Tal vez no sea el vehículo ideal, pero mira, este post ha provocado que por ejemplo tú te plantees la relación entre creencias y percepción. Sólo por eso ya me doy por satisfecho.
    Procuraré que el próximo post sea mucho más ligerito para compensar.

  8. Pingback: Cuando la realidad plagió la ficción

  9. Gracias, Rafa. El caso es que el tema es apasionante, y supongo que tu curso también. Por cierto… guardo de cuando estudié en la UOC, un par de módulos didácticos sobre los conceptos de “verdad” y “realidad” en la Sociedad de la Información que a lo mejor te podrían interesar. Su autora es Imma Tubella.

    Y para todas estas cuestiones también puedes consultar un libro del gran Manuel Castells titulado “Comunicación y Poder”… ¡es magnífico!

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