AMOUR, DE MICHAEL HANEKE

Por Martín Román.

HANEKE_2012_Amour_official_poster

Anne:
Es hermosa.
Georges:
¿El qué?
Anne:
Una vida larga.

Ayer domingo tuve la oportunidad de ver la última película de Michael Haneke dentro de la programación de la 54 Muestra Internacional de la Cineteca de México  en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco. Una proyección mala con ruido en la imagen no consiguió despegarme de la emoción que emanaba de la pantalla.

Cada vez que Haneke estrena película evito leer críticas, ver trailers, entrevistas… Me gusta llegar libre de prejuicios, bueno, con uno que consiste en la seguridad de encontrarme con una buena película y de momento nunca me ha defraudado. Si tú, lector o lectora, actúas como yo deja ya de leer, no voy a soltar más spoiler que el de la primera escena que plantea el tema de la película pero para mí ya habría sido demasiado:

La película arranca con unos policías que irrumpen en un apartamento de alta burguesía parisina. Las puertas están precintadas, las ventanas cerradas. Un fuerte olor molesta al detective encargado del caso que abre las ventanas para ventilar el salón. Acto seguido entra en un dormitorio donde un policía observa el cadáver de una anciana impecablemente vestida que reposa sobre la cama y alrededor de su cabeza coloridas flores.  La ventana está abierta. El detective le pregunta al policía si abrió él la ventana. Éste responde que no, la encontró tal cual. Si la casa estaba precintada pero donde está el cadáver la ventana estaba abierta,  eso significa que ya había fallecido antes.

Haneke firma su película más intimista y creo que por primera vez se separa del tema que vertebra su filmografía: la violencia. Ya sea su representación en la ficción (Funny Games), su percepción por los más jóvenes (El vídeo de Benny), los crímenes que por mucho que traten de enterrarse no se olvidan (Caché) o el origen del nazismo (La cinta blanca), por poner algunos ejemplos. Aunque como en estas obras, el austriaco mantiene las distancias con aquello que filma y al mismo tiempo consigue que nos impliquemos en los problemas de los protagonistas. Amour es, como el título indica, una historia de amor pero principalmente habla de la eutanasia, muertes que no tienen que ver con la violencia. Una muerte para salvar la dignidad, una muerte para acabar con un sufrimiento sinsentido. Haneke elabora su tesis sin cursilerías, sin debates entre personajes sobre si es lícito o no como sucediera en la sensiblera y algo tramposa Mar Adentro. Sabes que va a suceder, entiendes por qué sucede y no juzgas.

Los protagonistas, Jean-Louis Trintignant (1930) y Emmanuelle Riva (1927) superan los 80 años y transmiten la vida plena que han compartido. Un trabajo de actuación que seguro les supuso dificultades porque a veces es bastante físico. En la actualidad, donde las salas las pueblan jóvenes hombres lobos metrosexuales y vampiros asexuados, pocos directores pueden plantear una película protagonizada por octogenarios y conseguir reunir el presupuesto para lograrlo. Y además demostrar que son historias que interesan a público de todas las edades (en la sala había desde adolescentes a una adorable anciana que nos chistó al público cuando nos reímos en un momento dado diciendo “¡No es una película de risa!”, pero la escena estaba puesta para liberar la tensión del espectador, y la risa es una forma de protegerse y liberarse).

Hablar del papel de Isabelle Hupert tal vez sería desvelar demasiado de la trama, sólo decir que está como siempre, excelente.

Os recomiendo que cuando llegue en enero a las salas españolas no os la perdáis. Ahora ya puedo empezar a leer las críticas publicadas, en filmaffinity.com leo una frase de Boyero: “Te deja abrumado, con el cuerpo y el espíritu revueltos, deseando que se acabe y volver a respirar en la calle. O sea, Haneke ha vuelto a lograr lo que se propone con su cine sombrío, retorcido y perverso”. Creo que no he visto la misma película que él. Amour no es sombría, retorcida ni perversa. Es su cinta más amable y luminosa.

Un pensamiento en “AMOUR, DE MICHAEL HANEKE

  1. Yo pienso como tú, al terminar primer párrafo de tu artículo interrumpí la lectura porque no quiero que saber nada… Para defraudarme yo solo me basto, pues Haneke hace ya tiempo que me defrauda… qué mal.😦

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