A VUELTAS CON EL CULEBRÓN

por Javier Olivares

Tras nueve capítulos ya emitidos de “Isabel”, serie de la que -como director argumental de la misma- ya escribí en esta casa (Isabel: la Historia, las historias…), hay dos temas que me han llamado la atención de entre los muchos comentarios que ha suscitado la serie. Uno, la acusación de falta de rigor histórico. Dos, la catalogación de “Isabel” como un culebrón.

Sobre el primer tema decir que mi principal temor al empezar a crear los argumentos de la serie era que los historiadores se me lanzaran a degüello. No sólo no lo han hecho, sino que guardo mensajes, comunicados e incluso críticas de historiadores y asociaciones de dicho gremio alabando el trabajo documental realizado. Una serie que se somete a una second screen que cuenta los datos históricos reales de todo lo que se va contando mientras se emite, es porque dispone de una documentación férrea. Y hasta aquí puedo leer.

Respecto al segundo tema (el del culebrón), creo que merece la pena extenderse un poco más, hablando de “Isabel” e incluso abarcando el tema en general, porque creo que hay muchos equívocos al respecto que convienen ser debatidos. Empiezo por lo general.

ENTRE LO DESPECTIVO Y LO FRIKI: HISTORIA DE UN CONCEPTO

Culebrón” es un término peyorativo. Cuando el fichaje de un futbolista se alarga en exceso se dice “continúa el culebrón”. El juicio sobre el expolio de Marbella es un culebrón (con personajes típicos del mismo, por cierto). Habitualmente, denominamos así a las series diarias de origen latinoamericano, producciones de gran cantidad de episodios a lo largo de los cuales se establecen intensas relaciones sentimentales de amor/odio y venganza entre muchos personajes. Ojo, las denominamos así nosotros, porque allí las llaman telenovelas o sencillamente novelas, términos más técnicos y respetables para unas producciones que han pasado ya de los sesenta años de vida como nacimiento del género (herederas del serial radiofónico).

Pero, además, también se llaman así a aquellas series que, sin ser diarias, plantean historias de poder, ambición y amores imposibles y personajes radicalmente opuestos en cuanto a su bondad o a su maldad, ambas impermeables. En este sentido, históricamente, hay dos escuelas: la inglesa (con obras como La línea Onedin, Poldark, Arriba y abajo…) y la norteamericana, que prefiere residir en lo contemporáneo y huir de épocas pasadas (salvo Norte y Sur). Ejemplos claros: Dallas, Falcon Crest, Dinastía. Personalmente, prefiero el melodrama británico por tener más matices, hablar de paisajes como la revolución industrial, las clases sociales (en este sentido, la excelente Downton Abbey es heredera directa de Arriba y Abajo) y tener unos diálogos, interpretación y realización también más matizada, con elipsis, subtexto… sin el remarcamiento verbal o el excesivo fruncir de cejas de las americanas (aunque hay excepciones, como la excelente Hombre rico, hombre pobre o, a un nivel muy inferior, El Pájaro Espino).

Tan exageradas eran las historias de Dallas o Falcon Crest, que hasta entraron en el lenguaje popular con frases como “eres más mala que Angela Channing”, con chistes abundantes sobre su criado chino y hasta con un rap divertidísimo que Pepe Da Rosa dedicó a J.R. Y aquí entramos en el terreno de lo friki. Mientras amas de casa esperaban anhelantes y crédulas cada capítulo, éstos eran seguidos también por un público que esperaba su emisión para “estar al día” en sus relaciones sociales. Para hacer chistes y bromas sobre tan desaforadas historias. El hecho de que el culebrón también adaptara nuevos géneros (sobre todo juveniles) cerró el círculo entre lo despectivo y lo friki, del que hay ejemplos actuales tan evidentes como Revenge, pasando por las mil bromas sobre los nombres compuestos venezolanos.

Sin embargo, este análisis tan simple no debe hacernos olvidar grandes obras de la inicial telenovela latina. Nunca me gustó Delia Fiallo, pero he encontrado pocos escritores tan brillantes, analizando las emociones, como José Ignacio Cabrujas. Una de sus obras teatrales (El día que me quieras, 1979) es una de las obras magnas del teatro escrito en castellano. Sin duda. Habla de la última actuación de Gardel antes de su accidente en avión, creo que en Colombia. Para pasar desapercibido, se aloja en una casa de una familia con varias hermanas solteronas. Pocas veces he visto una disección tan emocionante del fenómeno del fan, de ese tipo de mujeres que serían sin duda (varias décadas más tarde) seguras espectadoras de sus telenovelas.

Otro hito de la telenovela (para otros culebrón) es Por estas calles de Ibsen Martínez (que colaboró con Cabrujas en otras producciones), donde la dicotomía buenos-malos se definía en corruptos empresarios y explotados trabajadores. Un anticipo de los tiempos, sin duda.

Tampoco conviene olvidar la excelente producción de la telenovela brasileña con obras maestras como Roque Santeiro (con una cabecera espectacular para su tiempo). Nadie como los brasileños para manejar la telenovela haciendo historias de época, contemporáneas, históricas, policiales e incluso de ciencia ficción. Añaden algo que me llama especialmente la atención: la ironía y el humor.

Por último, no podemos olvidarnos de la escuela catalana, con Poble Nou como origen. Joan Bas convenció a José Maria Benet i Jornet para diseñar una historia cercana que generó un modelo de narración y un modelo de producción: el de lo que luego sería (junto a Jaume Banacolocha) Diagonal TV. Series como Temps de Silenci y luego la mismísima Amar en Tiempos Revueltos son herederas directas. En ellas, lo cotidiano, lo social… se hacía televisión. Bien es cierto que Benet tiene una tendencia a la truculencia que no comparto (y que nos costó una profunda discusión cuando trabajamos juntos), pero es un maestro indiscutible de la creación de personajes. Si a eso añadimos la suma de Rodolf Sirera -otro maestro- y de Antonio Onetti, entenderemos las excelentes primeras temporadas de ATR. O las tramas, más recientes, del cura pederasta. O la humanidad y la ironía popular del bar El Asturiano. Eso es lo que la ha hecho grande, además de algo tan innovador como cambiar a la mayoría de sus personajes de una temporada a otra.

No quiero abandonar este repaso a la telenovela española sin citar dos series. Una, para mí, una obra maestra en sus primeras temporadas (de la mano del excelente Lluís Arcarazo): El Cor de la Ciutat. La otra, una sorpresa reciente: El secreto del Puente Viejo. Tomando el modelo Diagonal, han hecho una obra en la que todo fluye natural, con un casting excelente y con un arriesgado salto en el tiempo.

En definitiva, no soy un detractor del culebrón. Hay unos que me gustan mucho, otros menos y algunos, nada (Dallas, Falcon Crest… nunca pude con ellas, tampoco la escuela Fiallo ni la factoría Televisa). Soy un detractor de lo maniqueísta, lo simple y lo truculento por lo truculento. Y considero un error llevar el género al prime time. Porque con el avance de la ficción como arte narrativo, el culebrón, en su sentido más negativo y aplicado al prime time, es una evasión (sea de época o no), una simplificación guionística en historias de personajes buenísimos y otros malísimos. Un paso atrás derivado de creer que cuando más simple es la historia (por muy bien producida que esté, aunque se vista de seda, culebrón se queda) más audiencia va a tener. Algo que, los últimos datos parecen desmentir como regla incuestionable.

CONFUSIONES DE GÉNERO

Creo que el mundo, la vida, es algo complejo, como para contar las cosas de manera simple. Que un ciudadano anónimo pasa por pruebas cotidianas que ya quisieran muchos héroes mitológicos, vive una vida “líquida” que definiera Bauman. Y que la ficción tiene que hablar de ello, de manera popular pero adulta, en vez de edulcorar la realidad en universos de bondad impoluta y maldad a prueba de bombas. Creo, también, que se tiende a confundir “melodrama” con “culebrón”. Y que el mismo “culebrón” se ha regenerado con ejemplos magistrales y modernos, dejando de serlo. Y sin necesidad de dicotomías maniqueístas. Citaré dos series.

Una es un ejemplo de reconstrucción del género que llega a ser una de las mejores series de todos los tiempos: Dos metros bajo tierra. ¿Su metodo? La reconstrucción de las emociones, la ironía, la fragmentación y búsqueda de identidad de sus personajes… Y el hecho de trasladar el añadido del “oficio”: una funeraria. Por ello trasciende del género (cosa que no hace True Blood por muchos vampiros que muerdan).

Otra es Call the Midwife, ambientada en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial en Londres. Reúne todos los elementos típicos para hacer un culebrón típico. En manos de algunos productores patrios se habría convertido en una interminable saga queriendo imitar Amar en Tiempos Revueltos. Al contrario (y a espera de un especial la próxima Navidad) se ha conformado con seis excelentes capítulos en los que sí, hay una historia de amor imposible… pero no se ve jamás al hombre por el que la protagonista sufre. Sí, hay otro joven que la quiere a ella… pero su historia se elipsa y no llega a un final feliz.

Call the Midwife parece una historia para amas de casa ya entradas en años. Pero (y todo mi respeto hacia ellas: son un público tan digno como cualquier otro) es algo más. Es una historia cuyo tema esencial es la bondad y la solidaridad en tiempos difíciles. Y es la narración del origen del servicio de salud pública británico. Hablar de ese tema hoy es, en época de recortes y privatizaciones, revolucionario. Otra genialidad: no hay malvado malísimo personalizado en nadie. La maldad es la miseria y la incultura. Y es otra obra maestra, porque huye de simplificaciones y maniqueísmos. Si antes de su estreno alguien me llega a decir que me emocionaría tanto una historia de monjas y parteras, le hubiera llamado loco.

Y es que no es tiempo de simplezas (por mucho que la LOGSE y sus herederos y ministros de la talla ínfima de Wert insistan en ello). No puede serlo cuando en Luther el protagonista tiene como principal colaboradora a una psicópata asesina. Cuando en Breaking Bad un padre de familia enfermo y frustrado trafica con droga. Cuando, ya desde Expediente X, conocemos la teoría de la conspiración. Cuando Dexter la protagoniza un asesino en serie (que da la vuelta a lo que es bondad y es maldad) y Damages una bruja maravillosa como Glenn Close. No después de Broen, Forbrydelsen (con protagonistas femeninas asociales y en la primera un asesino que es apreciado en redes sociales), Homeland (donde no se sabe quién es el verdadero terrorista), The Good Wife (donde todos son unos cínicos), Boss (donde nadie es bueno)… Mientras los tiempos avanzan, no es cuestión de quedarse quieto.

VOLVIENDO A “ISABEL”

La primera vez que se tachó a “Isabel” de ser un culebrón fue en el programa “La Script”, en la cadena SER. La última ha sido recientemente. En concreto en un blog (chicadelatele), en dos posts sucesivos sobre Isabel y sobre qué es un culebrón, éste último casi dedicado a mi persona, honor que sin duda no merezco.

Lo primero que llama la atención (tanto en el comentario de “La Script” como en el primero de los textos reseñados del blog) es pensar que las tramas contadas en “Isabel” son inventadas para ajustarlas al género del culebrón. Es como cuando te dicen que “Isabel” bebe de “Juego de Tronos”, cuando una tiene como base la Historia y la segunda la mera invención (excelente por cierto y basada, quiero recordar, en el estudio de textos medievales). Es como si no hubiera vida más allá del propio conocimiento. Como si el mundo hubiera nacido en la fecha que naces tú. El carro delante de los caballos. La simpleza y el maniqueísmo aplicada al análisis (¿) de una serie.

Se dice en el blog, en el primer post referido, que la remontada en audiencia de “Isabel” viene dada “no solo por la indiscutible calidad de la serie sino también por el elemento culebronesco de la historia en el punto en el que se encuentran las tramas. Hechos históricos aparte, lo ocurrido con Isabel justo antes de contraer matrimonio, las decisiones tomadas, los impedimentos que surgían y especialmente la manera en que han sido contados y explotados para el dramatismo de la historia, son dignos de cualquier serial rosa que se precie y han servido para incrementar el interés y la tensión dramática de una historia cuyos detalles objetivables ya conocíamos”.

Agradeciendo el piropo inicial, dudo que quien escribe esto supiera de esos detalles objetivables que todo el mundo parece que conoce. Porque no los conocía ni yo (y soy historiador de carrera). Porque una de las sorpresas durante el trabajo de documentación fue encontrarme con tramas reales que jamás recibí en clase de una época que se desconoce, como bien apuntó el historiador Pascual Tamburri en una crítica a la novela que escribí sobre Isabel. Porque me gustaría remarcar que no hay “hechos históricos aparte”: son los hechos que se pueden leer en libros de Historia escritos por afamados historiadores como Fernández Álvarez, Joseph Pérez… Y que no van “aparte”. No se han añadido para generar un estilo “culebrón”. Son los que son.

Cuando dice que “son dignos de cualquier serial rosa”, también discrepo. “Isabel” cuenta el ascenso al poder de un personaje histórico. De hecho, mis principales discusiones a la hora de producir la serie fueron defender ese concepto. Siempre tuve claro que “Isabel” debía ser un proyecto más cercano a “Yo, Claudio” que a “Los Tudor” (eso escribí en el documento de venta a TVE), algo de lo que más de uno (como Antonio Rico) se ha dado cuenta. Y que las referencias no son precisamente Dallas o Revenge, como parece que también se ha dado cuenta Marcos Ordóñez. Y no cito a dos señores que empiezan en estas lides.

Es cierto que “Isabel” es una serie y no un documental. Y que, por lo tanto, hay que “inventar”. La trama de Gonzalo Fernández de Córdoba es, por poner un ejemplo, la más ficcionada. Pero el hecho de que Fernando, tras la muerte de Isabel en 1504, se deshiciera en cuanto pudo de Gonzalo (cuando las famosas Cuentas del Gran Capitán) y que Isabel y Gonzalo se conocieran desde niños me dio pie a ello. Pero ojo, siempre en una dirección: de Gonzalo a Isabel. No hay amor imposible para los dos. Isabel tiene como ambición ser reina y en cuanto conoce a Fernando se queda impactada, como muestran sus episodios de celos y tristeza como esposa, históricamente certificados. Y se corta la historia de Gonzalo: no hay triángulo que continúe, como se haría en cualquier culebrón.

A continuación, se añade: “No quiero con esto restar mérito a la producción de Diagonal, que no se me malinterprete, al contrario, creo que han sabido explotar a la perfección los elementos únicos de una historia que al principio era de la de unos pobres niños abandonados, manipulados y desgraciados para luego convertirse en historia de amor y poder, de ambición y lucha, elementos básicos de cualquier narración que, en este caso, pasa por un contexto histórico que nos resulta cercano y bastante atractivo en tiempos en los que, como país, seguramente añoremos aquellos años en los que éramos poderosos”.

Insisto, la historia de niños abandonados está en los libros y en cartas de la propia Isabel. La negociación de su boda con Fernando es un tema de supervivencia política y también documentada. Y ella misma duda de ella antes de aceptar el enlace, como se ve en la serie. Insisto, aún más, NO HEMOS ESCRITO ESTA HISTORIA PARA SERVIR A UN GÉNERO, SINO PORQUE SON LOS HECHOS REALES. Y aunque pudieran parecer propios de un culebrón, diálogos, escaletas, estructuras se alejan del género. Por completo. Creo que una de las claves de la serie es, pese a su título, que es una serie coral. Una niña no puede ser la protagonista de intrigas tan complejas porque no estaba preparada. Chacón, Pacheco, el rey Enrique… acaban siendo tan protagonistas como Isabel. Y si quisiera haber escrito un culebrón, Fernando habría aparecido desde el primer capítulo de manera constante. O habríamos empezado la serie con los previos de la boda.

Otra de las claves es que NINGÚN CAPÍTULO COMPARTE ESTRUCTURA DRAMÁTICA frente a una reiteración estructural básica del culebrón. En “Isabel” hay capítulos que cubren cuatro años. Otros, apenas una semana. Otros son una road movie (el viaje de Fernando), otros son un puro debate político (el próximo 12, con Borgia de protagonista), otros tienen como protagonista –y de forma autoconclusiva- a un personaje anónimo que nunca vuelve a aparecer más en la serie (como el asesino de Pedro Girón en el 3, en puro género de thriller). Es decir, cada capítulo se cuenta en espacios temporales diferentes, en estructuras que puede ser de tres actos o de cuatro… En capítulos multitrama y otros más básicos…. Si hay algo que define un culebrón (uno bueno) es que la sorpresa está en los giros, pero nunca en el cambio de su estructura.

Y si hay otra cosa que define un culebrón es la simplificación de sus personajes: por un lado los buenos, buenísimos. Por otro los malos, malísimos. No es mi estilo. Ni como espectador ni como guionista ni como productor ejecutivo. Procuro no escribir personajes estereotipados, básicos, sin aristas. Busco que el bueno tenga su lado oscuro. Que el malo tenga sus razones para hacer lo que hace y el público lo entienda. Evitar la simplificación. Siempre. Y no verbalizar. Manejar la elipsis y el subtexto (algo poco habitual en el culebrón). Y, sobre todo, escribir las escenas dramáticas de la manera más corta posible. Como las escenas amorosas. Y si el azúcar es excesivo, descaramelizar inmediatamente. Y eso, no es culebrón.

Un buen ejemplo es el personaje de Enrique IV y sus dudas (gran acierto de Jordi Frades en la elección de Pablo Derqui)… La creciente ambición por el poder de una niña como Isabel que aprende bien pronto a mentir para su beneficio, la frialdad y capacidad de tergiversación de Fernando (atención al capítulo 11 o en la trama de la boda en la que le busca una amante a Gonzalo)… E, incluso en un personaje como Pacheco (al que se han reducido sus acciones malignas: históricamente era aún peor) se le ha visto con su hija, esperanzado en casarla con un rey… en la muerte de su esposa… En situaciones en las que se le pudiera ver su humanidad. Como ocurre en Juana de Avis, especialmente en el capítulo 10.

Y eso, tampoco es un culebrón. Ni siquiera una tele novela. Con todo el respeto para unos y para otros. Incluso la admiración. Porque yo nunca escribiré tan bien como Cabrujas. Soy incapaz de lograr una maestría en ese género como la de Arcarazo en sus temporadas de El Cor de la Ciutat. O la de Benet en Mirall Trancat. No tengo la capacidad de invención mezclada con organización de biblia de un Sirera. Por eso, tal vez, me dedico a hacer otras cosas. Lo que pasa es que ellos, si se identifica culebrón con simpleza y dicotomía buenos-malos, tampoco escriben culebrones. Escriben estupendas series de televisión.

Eso aspira ser Isabel (y hablo de lo que a mí me toca: ésta primera temporada, la única que haré), lejos de los parámetros del culebrón, cerca de un público que, lejos de huir de complejas intrigas políticas, parece disfrutar de ellas. Tal vez porque nuestra Historia tenga relatos tan apasionantes como éste, sin necesidad de inventar demasiado sobre ellos. Tal vez porque les recuerde que los que mandan ahora no son tan distintos de los que mandaban en el siglo XV. Tal vez porque, como decía Shakespeare hay emociones que siempre moverán al ser humano mientras éste exista, como el amor, el sexo, el poder y la muerte. Y se puede hablar de ellas sin necesidad de hacer un culebrón.

20 pensamientos en “A VUELTAS CON EL CULEBRÓN

  1. Hola Javier,
    Totalmente de acuerdo con lo que nos explicas. No sé si será que en este país nos gusta tirar por tierra los triunfos, si es que hoy día se tiende a simplificarlo todo al máximo o cualquier otro motivo; de hecho, ni me interesan…
    Lo cierto es que “Isabel” es una estupenda serie de TV que no tiene nada que ver con una telenovela. Otra cosa es que viniendo como viene de la única productora nacional capaz de hacer buenas telenovelas, es lógico e inteligente valerse de cierto Know how que consiga personajes más interesantes y tramas que enganchen… bendito problema.
    Si hay gente que se queda en ver las promos de TVE en las últimas dos semanas (muy centradas en el aspecto romántico entre Isabel y Fernando y demasiado edulcoradas para los seguidores de la serie, pues no reflejan el espítiru principal de la misma) y de ahí extraen que se trata de un culebrón, pues oye, peor para ellos.
    Como ya adelanté hace unas semanas en un post de mi blog, “Isabel” estaba remontando en audiencias y estaba claro que volvería a liderar el prime time de los lunes noche. Pero ello no se debe a sus virtudes “culebronescas”, no. La solución es más sencilla, “Isabel” es un producto televisivo que en cada entrega aporta cosas nuevas a los espectadores, que agasaja a sus seguidores con giros, sorpresas y nuevas emociones mientras que sus competidores de Antena 3 y Telecinco son dos estupendos programas y series, pero que se mueven en estándares mucho más repetitivos y cansinos. Vista una actuación de imitación, vistas todas; vista una trama de enredos y escuchadas las muletillas de personajes, vistas y escuchadas todas…
    “Isabel” se impone porque es mejor producto y porque el público agradece el consumo de éstos. Así de simple… y lo afirmo con esta rotundidad a pesar de que me arriesgo a caer en el mismo reduccionismo simplista que al comienzo denostaba.

    Por último, comentar que me entristece saber que la 2ª temporada de la serie (recién firmada o a punto de hacerlo) no cuente con tu participación. Ojalá los sustitutos estén a tu altura.

    Saludos!

  2. No creo que sea un culebron, es una serie de calidad tiene mucho de historia y como es natural algo de ficciòn, pero la serie como tal es magnifica ojala que hubieran mas asi. Felicitaciones a todos lo que hacen posible esta serie.

  3. No soy fan del formato, pese a que tuve que trabajarlo (hace, buf, muuucho tiempo). No, no da mucha ocasión al matiz. Pero tiene sus códigos, y siempre se pueden hacer cosas interesantes dentro, si tienes margen.

    Nunca he entendido Isabel como culebrón. No entiendo las comparaciones, que las ha habido, con Los Tudor. En cualquier caso, Los Tudor tampoco tenía mucho de culebrón. Recuerdo la escena en que Thomas Moro quemaba en la hoguera a un protestante; la otra, en la que, capítulos después, era él el sentenciado… No, no vi mucho culebrón, ni buenos y malos ahí. Sí había, creo, un poco de eso que sigue como tendencia de la reconstrucción histórica con barro, sangre y sexo, al modo de Roma (y hace ya…), que sigue tan vigente en Juego de Tronos. Recuerdo a algunas personas comentando que Hispania les parecía justamente “poco sucia”. Me parece bien que se cree un estilo, y una cierta mirada, pero no habría que demonizar posturas alternativas.

    En todo caso, el tema de la verosimilitud y la Historia me parece un tema apasionante. Vengan los sociólogos a hacer sus estudios, pero pareciera que el espectador, o cierto espectador, tiene (pre) concepciones muy fuertes sobre épocas y personajes históricos, hasta el punto de que no creen ni siquiera lo que está, es posible confirmarlo, como has explicado, en los propios libros. Será que ese mismo estilo, a lo Juego de tronos, hace que muchos ya no crean en historias de amor en la Edad Media, sino que todo es poder, violencia, etc. Lo peculiar es que esto ha sucedido con nuestra propia Historia. Se ve que no la conocemos. O que sólo creemos conocerla.

    En todo caso, esto abre un debate muy interesante. Otro sería, pero eso no lo toco, esto de la facilidad con la que se ha extendido la crítica de series de televisión (o de cine) por blogs de todo tipo, desde posiciones no tan informadas (o tan sosegadas) como sería conveniente. No me refiero al mencionado aquí, en concreto, por cierto, que luego esto se lía, y…

    Un saludo.

    • Muchas gracias. Son cosas que me rondan la cabeza desde hace tiempo. Me choca mucho qué encuentran los espectadores como verosímil y qué no. Eso llega hasta el propio lenguaje que se utilice. Recuerdo la que se lió cuando en aquel capítulo de Hispania se soltó una frase “actual” en un diálogo. Un saludo. Ah, y avisa de cuando sacas ese otro post.

  4. Podría hasta ser un añadido al texto. Y el apartado final, el de la extensión de la crítica, será un tema que trate próximamente… pero cuando acabe Isabel.

  5. Javier, hace bien en rebatir con rigor y objetividad algunas críticas emitidas sobre la serie, y que a mi parecer se han quedado más en meras apreciaciones subjetivas, al no molestarse siquiera en comprobar que efectivamente, los hechos históricos presentados en la ficción son más verosímiles de lo que pudiera parecer en un principio.
    Claro que, eso sería admitir que se conoce a medias y mal ese episodio de nuestra história, del que por cierto, no existen precedentes en la pantalla. Me temo que, si la serie hubiera fracasado, no hubiera tenido la misma acogida, ni el mismo interés creciente, los argumentos esgrimidos por los detractores hubieran sido los mismos.
    Hay que ver el tiempo que pierden algunos en subestimar o desmantelar el éxito de “Isabel”, la generosidad de Amancio Ortega o los principios éticos de Javier Marias, por poner algunos ejemplos recientes.
    Nada nuevo por otra parte, es la actitud más mediocre y habitual del que carece de ese éxito, de esa generosidad y de esos principios.
    Si no me he informado mal, la serie acaba de recibir merecidamente el premio ondas (enhorabuena), y como comentaba con acierto un articulista del Confidencial, a través de los capítulos, Isabel se ha revelado como un auténtico juego de tronos histórico. El que no quiera ver, que cierre los ojos.

  6. Amiga Regla, estoy con usted que se critica mucho desde la mediocridad y la ignorancia. Pero no estoy muy de acuerdo con los otros dos ejemplos que pone. Sobre Javier Marías tengo mi opinión, pero como reconozco que está basada más en intuiciones que en hechos ciertos me guardaré de dejarla aquí por escrito.
    Pero lo de Amancio Ortega… por ahí si que no paso. Vale que 20 millones de euros son muchos euros. Y que a Cáritas, que los merece, le habrán venido muy bien. Pero no lo convirtamos en un paladín de la filantropía. En relación a sus ingresos esta donación se estima que viene a ser un 0’03%. O sea, como si usted o yo nos privásemos de tomar un café.
    Pero sobretodo porque este gesto no me hace olvidar que este señor tiene toda su producción localizada en países del tercer mundo, en donde paga sueldos de miseria y ha sido denunciado por emplear mano de obra infantil. Y además es sabido que sus empresas tributan en paraísos fiscales. Aqui ni crea puestos de trabajo ni paga impuestos. 20 millones de euros no me resultan suficientes para un lavado de cara. La generosidad es otra cosa. Me alegro por Cáritas, pero no hagamos un héroe de este villano.

  7. Amigo Paco, ya sabía que el ejemplo de Amancio Ortega no iba a caer en saco roto… No se trata de convertirle en ningún héroe, ni voy a entrar en que la cantidad que ha donado, para él puede representar un propina. Lo importante es el hecho en sí y lo necesario que resulta para una entidad como Cáritas. Siempre hubiera podido decidir guardarse esa propina. La diferencia la marca el hecho en sí, no la actitud, ni las razones que le hayan hecho llevarlo a cabo. Y por la misma regla de tres, me parece más cuestionable la actitud de ciertos personajes mediáticos, que pudiendo realizar una donación material importante, sólo prestan su imagen para convencer a todos aquellos como usted y como yo con unos recursos infinitamente más modestos que los de Amancio Ortega.

  8. Pingback: [Opinión] Llamad a la partera | FrikArte

  9. Gracias por la admisión. Soy un guionista de origenes valencianos que trabaja en el otro lado del charco. Permítanme mantener mi anónimato por razones que no vienen al caso. Además acà igualmente se piensa que el guionista nunca debe poseer ningún protagonismo en los títulos de crédito de una serie. ¡Dios quisiera que esto fuera Hollywood!
    Quería transmitirle al licenciado Javier Olivares la serie de sinergías y reconocimientos que está despertando acà el guión firmado por él. La serie es seguida por la mayoría de los gallegos que conozco a través del streaming. Si me lo permite, Don Javier, totalmente de acuerdo con sus apreciaciones sobre el género del “culebrón” o la “novela” como dicen acà. Así y todo algunos nos ganamos la poca plata que poseemos dignamente.
    “Isabel” obviamente es ficción. Don Javier, como bien demuestra en su post, usted es Doctor en Historia. Como profesional, que sufre este tipo de presiones, sería para mí y mis compañeros todo un honor que contestara a la siguiente pregunta: ¿Desde producción se ha impuesto en el desarrollo argumental de su ficción la ausencia de temas tan reales como el de la falta de higiene personal de la Católica o el hecho de ser la fundadora de la Santa Inquisición? Hoy, sin duda, posiblemente considerados como “políticamente incorrectos” y seguro que no asimilable por el visionador medio de hoy.
    Quisiera transmitirle mi admiración por su trabajo. Toda una pena que no siga usted trabajando en la segunda temporada. He llegado a leer que la primera no salió suficientemente rentable. Seguro que no será por la calidad del guión. ¡Enhorabuena Don Javier!
    PS. Podría disertar sobre lo que ustedes denominan tema Ortega. Ahora me permitiran mi derecho a permanecer en silencio. Quizá lo tenga demasiado cerca… Si me lo permiten déjenme incluir este maravilloso trabajo de Darío Fo sobre Doña Isabel. http://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/5686/1/ASN_09-10_22.pdf

  10. No soy doctor en Historia. Simplemente, licenciado.
    Desde producción no se me ha impuesto NADA en absoluto en “Isabel”.
    Sobre la Inquisición, cronológicamente debe ser tratado en una siguiente temporada, pues esta primera llega sólo hasta su coronación. Pero la Inquisición es un invento no fundado por Isabel. En 1148 ya hubo un tribunal de Inquisición contra cátaros en Francia. Y en Aragón en el siglo XIII.
    Lo de la higiene de Isabel es un tópico que no merece mayor atención, te lo aseguro.

  11. Don Javier, ya sabe usted que por acà a los licenciados se les llama doctores. Me alegra saber que producción sigue sin inmiscuirse en otros terrenos en Europa, no como suele suceder acà en América.
    Entiendo lo de la omisión del tema de la higiene de Isabel, no es “políticamente correcto” como dicen allà. Y eliminaría el halo angelical que se la ha dado al personaje. Estoy seguro que la afisión de Fernando por el sexo femenino sí que aparesca en la próxima temporada de la novela. Si no se perderá su historicidad.
    ¡Espectacular final! Nada que envidiar a series como “Tudor”. ¡Enhorabuena por su trabajo! ¿Tuvo tiempo de leer el hilo que le envié? ¿Qué piensa de la visión de Fo un historiador? ¡Cuídese! y !Qué Dios le bendiga!
    PS. ¡Que vaya óptimo la venta de su libro! ¿Está lista una edición para Suramérica? Gracias.

  12. Acabo de terminar de ver la temporada y estoy impresionada por la calidad de Isabel. Mi más sincera enhorabuena Javier por su excepcional trabajo en la serie. En España solemos criticar mucho las series y películas españolas, pero Isabel está a la altura de las grandes producciones de la BBC o americanas. A priori parecía difícil sintetizar tantos años y hechos, sin embargo lo han logrado de forma magnífica, consiguiendo una serie entretenidísima y, además, sin perder el rigor histórico, salvo lógicas licencias de ficción.
    Es una verdadera pena que no continúe usted en la segunda temporada, una gran pérdida para la serie que su jefe de guión no siga.
    Espero que trabaje en nuevas series y podamos disfrutar de su trabajo.

  13. Todo aceptable, si exceptuamos el monólogo de Isabel en la escena final tipo Vivian Leigh en “Lo que el viento se llevó”. ¡Enhorabuena Javier, ha desarrollado usted de forma excelente el subgénero de la “telenovela histórica”!
    ¡Suerte con las ventas de su libro sobre el que se ha basado la serie! Con permiso, le informo que algún día adaptaré la última frase de Isabel. ¡Qué fuerza tan dramática!
    ¡Un abrazo, boludo, y suerte!

  14. es una serie mediocre como mucho pero eso no quita para que sea de las mejores series nacionales de los ultimos tiempos, claro que al competir con aida o aguila roja tampoco tiene mucho merito y no es por que no me gusten las series españolas por que fringe es una basura, y los tudor siendo mejor que isbel tampoco es que sea una hobra de arte y ya no hablo de la aclamada breaking bad

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s