OLVÍDATE DE CHARLIE KAUFMAN

Por Gabi Ochoa (AKA gabkarwai)

“Vuelve y al menos inventa una despedida.

Finjamos que la tuvimos.”

Clementine Kruczynski en ¡Olvídate de mi!

Ha sido un verano intenso. No lo digo ni por Aguirre, ni por los recortes, ni por los incendios, ni por la lamentable pérdida de Carrillo. Este año me he podido olvidar de Charlie Kaufman.

Hace ahora cinco años comenzaba un blog de guión, cine, teatro y televisión con este post. En él dejaba caer que uno de los retos era escribir una tesina sobre la obra de Charlie Kaufman. La tesina la entregué hace apenas una semana.

Para quitarme de la cabeza a Kaufman he tardado cinco años. Cinco años con proyectos que bebían de su imaginario, cuando no tomaban prestado (copiar, se dice copiar) algunas imágenes, ideas, recuerdos. Porque los recuerdos son el material con el que este guionista americano ha tejido su filmografía que hoy todo el mundo idolatra.

 

No voy a exponer aquí toda una tesina de más de setenta páginas, pero sí algunas ideas comunes, algunas reflexiones que he podido sacar de sus guiones, sus leiv-motivs más curiosos, sus neuronas que puede que a algún guionista le puedan ayudar en su bloqueo creativo (un tema muy kaufmaniano).

1) El tratamiento en el guión de Charlie Kaufman es cercano a las ideas de Kafka en la literatura (el yo atrapado en una sociedad de El castillo o el yo dentro de otro yo distinto de La metamorfosis), o a conceptos freudianos sobre el consciente y el inconsciente, o sobre el sueño y la realidad. Lo importante en el guionista americano son sus referentes literarios y filosóficos, la posibilidad de ver mundos más allá del ámbito cinematográfico. Creamos o no en su ‘ideología’, nos conduce por los caminos subjetivos de la mente humana de una manera brillante. ¿Y cómo lo hace?

2) La voz en off es pues la posibilidad de un escape mental. Pensar equivale a reflexionar. Ese momento de introspección que nos lleva a una mirada freudiana sobre la mente humana. Nos culpamos por nuestro pasado (o por lo que no ha pasado), pero no podemos hacer nada por deshacerlo. El Charlie Kaufman ficcionado (¿recordáis Adaptation (el ladrón de orquídeas)?) nunca sabrá dar el paso para conquistar a Amelia, su amiga de la que se ha enamorado. Sin embargo vivirá pegado a su teclado sin saber qué hacer, qué escribir, cómo procesarlo. Solo su voz en off será la conciencia de él, la única con la que podemos empatizar.

3) En ocasiones el mundo onírico, el sueño, es la estructura que emplea Kaufman. La subjetividad que le da adquiere tintes freudianos. Sus personajes, sufren, padecen, se compadecen “Soy patético, soy un fracasado”, llega a decir Charlie Kaufman, el personaje, cuando se ve perdido en su guión. Pero no es el único. Todos ellos pasan gran parte de sus historias perdidos, no encontrando su salida, su objetivo. Kaufman sustituye el clásico termino guionístico de “objetivos” por “anhelos”. Personajes que anhelan poder salir de sus situaciones, sin hacer nada, como en un laberinto del que no saben salir.

4) El universo de Kaufman es un lugar de relaciones que transcurren como tramas espejo. Lo es en Human nature en ese amor que sienten el doctor Nathan y Lila, para luego pasar a la prohibida relación que supone el encuentro sexual entre Nathan y Gabrielle, llegando a una extraña relación de complicidad animal entre Lila y Puff, y terminando con la pasión que atisbamos ver en un futuro entre Puff y Gabrielle. El deseo está desplazado, nunca es alcanzado (¿No recordamos qué es lo que pasa en ¡Olvídate de mi! con la historia de amor entre Joel, Clementine y Patrick? Nunca se querrán cuando quieren quererse. El amor es sufrimiento).

5) Tal vez la característica más utilizada por Charlie Kaufman en sus guiones sea la alteridad, el suplantar el yo, el yo soy tú (o él). Todos sus personajes protagonistas intentan ser otro o parecerlo. Craig Schwartz (Cómo ser John Malkovich) metiéndose en la cabeza de John Malkovich, Joel Barish (¡Olvídate de mi!) borrándose aquel que fue (o es), o Caden Cotard (Synecdoche New York) representando su vida con alter egos propios.

“¿Alguna vez has deseado ser otra persona?” le pregunta Maxine a Craig, buscando el titular para su anuncio en Cómo ser John Malkovich. El trabajo del yo parte del concepto de identidad, de reconocer quienes somos. Kaufman no quiere ser quien es, y mediante la ficción inventa aquello que podría llegar a ser. Un psicoanálisis jugado en la ficción: “Todo el mundo es decepcionante”, sentencia Adele en Synecdoche New York. Ante la realidad, el juego de la narración, de la ficción. Con ello logra escapar de si mismo.

6) Por último, resulta curioso que tres de sus seis películas como guionista arranquen con el protagonista (normalmente un hombre, alter ego del propio Kaufman) despertándose. La acción de despertarse, de salir del imperio de los sueños hace ver que la línea entre lo soñado (onírico) y lo vivido es tan leve que se puede cruzar sin tener claras las consecuencias. Craig en Cómo ser John Malkovich, Joel en ¡Olvídate de mi! y Caden en Synecdoche New York se despiertan, salen del sueño (¿no es acaso entrar en el cine un lugar donde ir a soñar ficciones? ¿No es la pantalla el inicio de los sueños?) para iniciar ese día que nos van a contar.

Estas son algunas de las reflexiones extraídas de la tesina. Ahora es momento de olvidarse de Kaufman. Ya vendrán otros tiempos.

EL AMOR NO ES LO QUE ERA

Porque otra cosa que me ha tenido en vilo este verano (¿puede ser el verano la época más intensa del año, para bien o para mal?) es mi primera película como director El amor no es lo que era.

Mucho estoy hablando de ella por aquí y por aquí, y se empezará a hablar por aquí. El próximo post lo dedicaré en exclusiva a ella. Queda un mes y pico para arrancar el rodaje. La historia es una comedia romántica, si podemos quitarle el estigma que tienen las dos palabras juntas.

La historia surgió, al inicio, muy al inicio, allá por el 2006, de una frase de Peter Handke: “El amor como la distracción esencial”. Y eso, quiero creer, de alguna manera me devuelve a Kaufman.

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