CHEJOV PARA TOMAR O PARA LLEVAR

Por gabkarwai

Un amigo con problemas de conflicto (en su guión), me llamó:

– Gab, esto no entra ni a martillazos (que diría Paco López Barrio).

Yo que ando liado y centrado en lo mío me hice el remolón, pero finalmente accedí a echarle un vistazo a su guión. Después de leerlo me acordé de Joaquín Oristrell y de Anton Chejov. Lo sé, no viven en el mismo edificio, pero de los dos saqué algo de provecho.

Del primero, catalán y guionista, maestro y mejor persona, siempre recordaré, no solo aquel seminario que dio en La Enana Marrón en Madrid (¿ese sitio sigue existiendo?) donde se merendó a Yolanda García Serrano (perdónenme la expresión), sino por sus palabras en ese magnífico libro de Alicia Luna “Matad al guionista… y acabaréis con el cine”. Hay una frase que me servía para esto de mi amigo: “PUTEAR AL PROTAGONISTA.- Intento dejarme llevar más por la idea y el protagonista y no ceñirme mucho a normas, pero sí es cierto que hay un momento que sientes que evidentemente la película empieza. Y tiene que empezar de verdad. Creo que, en general, los guionistas en España tenemos el defecto de hacer los primeros actos muy largos.

Sí: dedicamos innumerables secuencias iniciales a presentar a los protagonistas, que majos que son, cuál es su rutina, que vida tan ajetreada, etc, pero olvidamos que el espectador medio quiere saber en qué lío están metidos, y qué piensan hacer para salir de él y eso, si lo damos en los 5 primeros minutos, ya tenemos algo ganado.

Esto fue lo primero que le dije a mi amigo.

Lo del Chejov vino tiempo después (o sea el sábado 7 de julio) después de reflexionar sobre el guión, y regresar de Madrid donde vi, entre otras cosas, el “Ivan-Off” de La casa de la portera.

Cualquiera que conozca la dramaturgia de Chejov sabe que trabaja siempre con personajes atormentados que tienen dos conflictos: uno externo que le impide moverse, por lo que está hierático, enfermo, asustadizo, quebrado; y otro interno que tiene que ver con su conciencia. Es decir, algo más prosaico y algo más del alma humana.

Si analizamos a Treplev, el protagonista de “La Gaviota”, tendríamos un joven escritor al que su esbozo de primera obra no acaba de cuajar, y un hijo bajo la influencia de su madre, y su padrastro, que nunca logra despuntar. Un conflicto concreto y otro más abstracto.

Si nos quedamos con ese Ivanov que tan magistralmente crea Raul Tejón (vayan a verla), veremos un joven que tiene una deuda con sus vecinos, y un hombre traumatizado porque no quiere a su mujer y se deja seducir por su vecina. Conflicto concreto claro (la deuda) y abstracto determinante (los designios del amor).

Pero lo importante para el guión de mi amigo viene del arranque de esos dos conflictos: tanto en una obra como en otra (como en “Tio Vania” o “Las tres hermanas”), esos conflictos arranca antes incluso del inicio de la obra: Treplev está nervioso por el estreno de su obrita ante su madre y padrastro, su obra ya está escrita, su conflicto ya está en escena. Lo mismo ocurre con Ivanov y su deuda, ya la tenía cuando empieza la función. De alguna manera Chejov arranca con unos personajes con sus problemas, evitando ese primer acto presentativo donde no ocurre nada, al que aludía Oristrell.

Lo importante de todo esto es que al hacer esto, Chejov puede dedicar el arranque a algo verdaderamente importante: el alma de los personajes. Cómo son, cuáles son sus pecados, donde nacen sus conflictos y porqué no les hacen frente, etc.

Cuando me compré “Cuaderno de notas” de Chejov en Buenos Aires me atrapó esta frase: “Se dice: al final del final la verdad triunfará. Pero no es cierto”. La dramaturgia de Chejov traza su conflicto en una suma de incertezas de las que nos sentimos profundamente reconocidos. Cada paso en falso de un héroe chejoviano, somos nosotros quien lo damos. En este cuaderno de notas, muy anárquico, priman, sobre todo, descripciones abruptas de personajes:

“La madre de Petrushka, aun ahora que es vieja, se maquilla los párpados.”

“Un vecino parte a Florencia para curarse el mal de amor. Allá lejos, se siente aún más enamorado.”

“Una abuela tiene seis hijos y tres hijas… pero su preferido es el borracho, el que está en prisión.”

Y así podría seguir… en los personajes pone su acento. En sus conflictos su esmero.

Por ser un poco anárquico, “Buried” bien podría ser una película escrita por Chejov. Me tildaréis de loco. O “En la ciudad sin límites” o “Revolutionary road”.

Tenemos mucho que aprender de los creadores rusos de finales del siglo XIX y principios del XX. Siempre pensamos en cómo crear el gran guión que maravillará al mundo, pero nunca nos damos cuenta que están escritos y que simplemente con saber reinterpretar estas comedias y tragedias encontraremos la esencia de una gran historia.

No quería terminar este post sin recomendaros este taller de escritura teatral diferente: partiendo de materiales de clásicos rusos, Draft-inn plantea que cada uno descubra su dramaturgia. Ya lo dije hace más o menos un año: todo guionista debería tener unos mínimos conocimientos de escritura teatral.

Buen verano.

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