AMOR, SEXO, GUIONES Y RUTINAS

por Paco López Barrio

Hace unos dias publiqué en mi facebook este comentario: “Son manías mías? ¿O las tramas amorosas son, con diferencia, lo más flojo, flojo, flojísimo de la ficción televisiva española?” . Aunque era una de estas tonterias publicadas ya de madrugada y suelen pasar desapercibidas, sí recibí, en las horas siguientes, unos cuantos comentarios de compañeros. Los más activos fueron Natxo López y Javier Olivares.

Natxo dió una de las claves: “Supongo que tb. influye que las tramas amorosas suelen protagonizarlas los peores actores de todo el elenco (los protas guapos). Eso y que todo el mundo se cree con derechos y capacidad para opinar -e influir- en una historia amorosa, porque todos hemos amado y sufrido por amor (quizá con otro tipo de conflictos se cortan más)”. Y, más adelante, añade: “Si yo os enviara una escena de amor escrita por un afamado productor ejecutivo… lloraríais.”

De Olivares llegó esta otra reflexión: “A menudo, las situaciones y los diálogos carecen no ya de verdad, sino de intenciones y subtexto. Se dice lo que siente el personaje. Y esto, en la vida sólo ocurre en situaciones desesperadas. Nuestras series son muy poco adultas. Desde la historia. Y ésta, no nos olvidemos, suele atender a clichés de mercado. Es decir, lo que la cadena y la productora piensan que “funciona”. No obedecen a criterios de dramaturgia, de emoción o de verdad.” Y finalmente: “No hay profundidad de personaje. Tienen mentalidad de estudiantes no ya de COU, sino de catequesis general básica. Porque se creen que ése es el nivel del público. Y lo único que consiguen es que el público acabe teniendo ese nivel eternamente adolescente.”

Con las dos afirmaciones estoy completamente de acuerdo. Aún se dijeron unas cuantas cosas más y, al final, me quedé con ganas de hablar del tema con un poco más de extensión. Y aquí está.

Vaya por delante que no soy un experto en ficción española. No soy de esos que triunfarían en un quizz respondiendo preguntas sobre qué pasó en tal o cual capítulo. Es más, las series que menos me han gustado son también las que menos he visto. No creo que la “obligación profesional” de estar al dia deba sobreponerse a mi poca afición al masoquismo. Mi tiempo es limitado y no quiero perderlo con cosas que ni fú ni fa. En mi defensa diré que sí soy un fiel espectador de capítulos 1: siempre hay que dar una oportunidad. Si lo que veo no es infumable llego a ver el 2. A partir de ahí ya tiene que gustarme de verdad o no sigo. Pero, sin comerlo ni beberlo, sigo viendo cosas porque las cadenas son muy agresivas con sus promos y te gusten o no te encuentras con esos momentos que, en teoria, deben ser “lo mejor” de la serie.

Este es un post que corre un gran peligro de caer en la generalización. Lo sé. Advierto pues al lector para que no se tome las cosas demasiado literalmente. No hay un estudio estadístico ni nada parecido detrás de mis opiniones. Pero de una manera intuitiva he ido dándome cuenta de algunos factores que, en mi opinión, se repiten con una cierta frecuencia. Vamos allá:

LO IMPORTANTE ES PILLAR CACHO

Un buen número de estas tramas amorosas son tramas “de consecución”. Si chico conoce a chica, chico ha de conquistar chica. Y a partir de ahí se diseña todo un mapa de tramas cargado de intentos de acercamiento, de primeras citas, de malentendidos que dificultan el tema… hasta que, al final de temporada, llega la consumación: ambos caen en brazos del otro, superadas las dificultades. Trama cerrada. Porque una vez son felices y comen perdices no hay más agua que sacar del pozo.

Porque existe, por otra parte, una regla no escrita que dice que en las tramas de Tensión Sexual No Resuelta, hay que demorar al máximo el encuentro carnal de la pareja protagonista. “Una vez los metes en la cama, inevitablemente lo que venga después tiene menos interés”. Vale, en la propia definición está implícito: Cuando se resuelve deja de ser “no resuelta”. El esquema tiene una utilidad indudable dentro del género de comedia, y es incluso “obligatorio” en la sitcom. Este tipo de historias las suelen protagonizar perdedores: el feo, el tímido… y la comicidad viene con frecuencia del empecinamiento del protagonista en lograr aquello que queda fuera de su alcance. Capítulo tras capítulo nos reímos de los fracasos de alguien que jamás cambia ni aprende. Es la esencia del género.

Pero no hay ninguna necesidad de trasladar este esquema a otro tipo de historias. Nate y Brenda, de A dos metros bajo tierra, pegan su primer polvo en el almacén de un aeropuerto cuando aún no han pasado ni cinco minutos del primer capítulo de la primera temporada. Ni siquiera saben aún sus nombres. Y estaremos todos de acuerdo en que ahí empieza una historia de amor muy interesante, con combustible suficiente para aguantar cinco temporadas.

La diferencia está en que las tramas “de consecución” responden un patrón bastante universal, fácil de construir para el guionista y más fácil aún de asumir para el público. No necesitan una mayor exploración del interior de los personajes, basta con asumir toda la carga tópica del “chico conoce a chica” y ya funcionan. Aún con toda su mediocridad dramática el público las digiere bien y agradece. Y como los protas son jóvenes y guapos, mejor.

 LO QUE SUCEDE DESPUÉS DE LOS 35 AÑOS NO TIENE INTERÉS

Se da por supuesto que, a partir de cierta edad, el amor ya está conseguido. Si el personaje sigue desemparejado, es que algo raro le pasa (probablemente no es trigo limpio). Y si tiene pareja y está en crisis, esta crisis será pasajera y a la vuelta de unos capítulos volverá a la normalidad, con las heridas cerradas. Además esta crisis de la pareja no será trama principal, sino una dificultad añadida a otro tipo de trama “adulta”. Posiblemente acompañe a una crisis de negocios o similar.

Un alivio para el perezoso, porque el “amor en marcha” es mucho más dificil de trabajar. Las tensiones del dia a dia van más allá del “hoy me ha mirado, qué alegria”, sino que piden un terreno más profundo: la exploración de los abismos y las contradicciones de cada cual. Y eso, amigo, ya son palabras mayores. Ya no basta con plantear personajes arquetípicos sino que es obligatoria una construcción de personajes mucho más sólida. Es decir: obligan a pensar en el amor en términos más parecidos a Mad Men, que no en términos de Fisica o Química. Es mucho más curro para el guionista, los actores y el público. Y un terreno mucho más incómodo para el ejecutivo de la cadena, poco dado a entusiasmarse con problemas existenciales.

Así que, por seguridad, muchas series se aferran a una visión del amor completamente adolescente. Eso también empobrece la calidad de los conflictos.

CONFLICTO TIPO A: EL MALENTENDIDO

No sé si por incompetencia, por influencia del culebrón venezolano o por ambas cosas a la vez, se abusa del malentendido como fuente de conflicto: “la chica guapa con la que me viste en actitud cariñosa es mi prima” (situación que daría pie a una trama interesantísima, si ciertos asuntos no les diesen tanto miedo) , “no bailé contigo porque no te quiera, sino porque me salió un grano en el culo y preferia estar sentado”. Una vez explicadas estas embarazosas situaciones el agua vuelve a su cauce y los protagonistas se reafirman en su amor.

 CONFLICTO TIPO B: “NO ESTOY PREPARADO”

Lo más parecido a un conflicto interno es eso de “no me siento preparado/a para una relación”. O sea, un cliché tan grande como la Catedral de Burgos. Lo es en la realidad como lo es en la ficción: una escapatoria facilona para no tener que preguntarse: “¿Quien soy yo y qué quiero?”. Y en el fondo no deja ser ser también una solución encubiertamente moralista. El personaje no tiene huevos para decir: “En realidad es que lo que ahora deseo es lanzarme a una vida de promiscuidad y experimentación, en la que tú, persona convencional y sexualmente apocada, no cabes”. Ni aunque sea en subtexto. Porque los dos tienen que ser, siempre, “buenas personas”. Su maldad, si la hay, ha de ser aparente (el malentendido otra vez) o, si es real, debe dar pie a un proceso de “regeneración” en el la que la otra mitad de la pareja pueda lucir sus dotes de Teresa de Calcuta.

Es decir, que a toda costa se evita legitimar la “bajada a los infiernos” de ningún protagonista que no sea el villano. En cierta ocasión, uno de mis coordinadores al que propuse una reacción moralmente poco convencional de uno de los personajes (aunque luego rectificaba) me dijo algo así como: “no puede ser, porque ensuciaríamos al personaje”. Mensaje captado: la bondad de un personaje es tan poco recosible como un himen. Al menos en “su” serie. Yo sigo creyendo que sin bajada a los infiernos no hay educación sentimental completa.

 PUES ESO, BAJEMOS…

Echo de menos amores de ficción adultos, en los que no se tape el hecho de que la pasión puede llevar al desastre, en el que nos comeremos más de un sapo por amor, en el que descubramos hasta qué punto el amor puede volvernos malvados o cornudos, en el que un adulterio no sólo sea un acto reprobable que se resuelve con castigo y arrepentimiento, sino una via posible y legítima por la que el personaje da un giro a su vida, necesario y beneficioso, en la que las parejas se amplien de vez en cuando a trios sin que hayan necesariamente bofetadas, en el que no se huya del abismo que se abre bajo nuestros pies cuando decidimos mirarnos al espejo tal cual somos de verdad.

Eso si, que la contrapartida no sea Escenas de matrimonio, por favor.

Antes cité Mad Men y A dos metros bajo tierra, pero, como he visto más cine que series,  quiero recordar también algunas grandes películas que se han atrevido a transitar por estos caminos de la “diferencia”: Jules et Jim, de Truffaut, es una gozosa celebración del ménage à trois. Harold y Maud o Lolita exploran la pasión con grandes diferencias de edad, La pianista o La Pasión de China Blue tienen heroínas que exploran su lado oscuro, Lunas de Hiel o Las edades de Lulú plantean la búsqueda en pareja de otros modelos de relación, El declive del imperio americano o La tempestad recurren al intercambio de parejas, Belle de Jour se atreve a afrontar la fantasia de la burguesa que quiere vivir la experiencia de la prostitución, En Amantes y Therèse Raquin la pasión lleva al asesinato, El imperio de los sentidos nos advierte de que el amor tiene mucho de autodestrucción, Caniche nos recuerda que la zoofilia existe, como también existe el incesto… Y tantas otras: La pasión turca, Amantes, Ossessione, El cartero llama dos veces, La golfa, De aquí a la eternidad, La noche de la iguana, El último tango en París… algunas llevan ya muchos años rodadas y no se ha hundido el mundo por mostrarlo tal como es, por reconocer que estos asuntos también existen.

Olvidémonos de una puta vez de Dafnis y Cloe, Pretty Woman y La Bella y la Bestia, que es lo que estamos reescribiendo una y otra vez cuando necesitamos una trama amorosa. Asumamos la gran verdad de Woody Allen: “El sexo es sucio si se practica como es debido”. Sin el lado oscuro, cualquier historia de amor es falsa.

La ficción española ha sido capaz en los últimos años de idear escenarios y situaciones de partida muy audaces. Porque, reconozcámoslo, es audaz imaginar un barco lleno de gente joven y cargada de hormonas que se han librado del fin del mundo, mientras el resto de la humanidad ha perecido. Me imagino las consecuencias tan brutales que podría tener un hecho así sobre la sexualidad de los personajes, qué profundos cambios en su manera de ver las cosas… y todo lo que me dan a cambio es una especie de Gran Hermano flotante. ¡Por favor!.

Por supuesto que hay excepciones. Pero sólo han sido posible en cadenas con capacidad de riesgo, como TV3. La serie Infidels, de Javier Olivares , por ejemplo. Las protagomistas eran cinco mujeres en el tránsito de la juventud a la madurez. Las cinco adúlteras. Si entendí bien, el sentido de la serie venía a ser: “La infidelidad a la pareja es un mal menor, comparado con la pérdida de la fidelidad a una misma”. Años antes, el culebrón de mediodia Nissaga de poder se basaba en un doble incesto (entre hermanosy madre-hijo, éste último no consumado). Me cuesta imaginar un planteamiento así en Antena 3 o Tele 5. Aunque no será posible si ni siquiera se intenta. Ojo, ya sé que en estas series “spanish mainstream” también hay infidelidades y “cosas raras”, pero se presentan como una disfución, como algo a “rectificar”. O a condenar. Sin duda como algo que va a traer serios problemas. Nunca como una parte de una vida normal. O al menos de una vida encontrable a poco que busquemos entre nuestros amigos y conocidos.

De momento se reescribe sin cesar Física o Química. Se construye la narración en dirección al final feliz o, cuando menos, ejemplarizante. No hay otro punto de llegada. Y si, como guionista, me tendré que ceñir a lo que digan el coordinador o la cadena, almenos déjenme decir aquí que, como espectador, ya me empalaga tanta ñoñería, tanto infantilismo, tanta Catequesis General Básica. Me aburre. Lo que de verdad me gustaría saber es qué había en la caja del cliente japonés de Belle de Jour.

 

16 pensamientos en “AMOR, SEXO, GUIONES Y RUTINAS

  1. Buen artículo, Paco. Estoy de acuerdo con lo que escribes.

    Lo de ‘pillar cacho’ lastra muchas series y películas. ‘Fuga de cerebros’ fue vendida como el ‘Algo pasa con Mary’ español. No estaba mal Mario Casas imitando a Ben Stiller, y los chistes de los Farrelly son más bestias (y divertidos), pero la película entretiene.

    El tema es el mismo: conseguir el amor de la chica soñada. ¿El amor? A mitad de la película hay una escena de sexo entre Mario Casas y Amaia Salamanca que nos saca de la película. Es un sueño en el que Casas aparece como un tipo fortachón (no como tonto) y Amaia digna de calendario Pirelli. Esta escena me parece inadecuada con el tono de comedia gamberra porque el personaje, aunque sea en un sueño, tiene sexo con la protagonista.

    Los espectadores vemos desnuda a Amaia y el personaje de ella pierde magia.

    Hubiera sido impensable una escena de sexo a mitad de ‘Algo pasa con Mary’.

    Esto es algo que no acabo de entender en la ficción española. Si hacemos ‘Las edades de Lulú’ hacemos ‘Las edades de Lulú’, pero si hacemos una comedia gamberra con tintes de comedia romántica, hay que ceñirse al tema. Más chistes gamberros y menos carne de la protagonista.

  2. Por algún motivo el anterior intento de dejar un comentario no ha funcionado. Lo intento de nuevo.

    Decía que buen post. Ofrece dos claves interesantes: la primera es que creer que el espectador es imbécil – un mantra clavado como una bala en el cerebro de productores y responsables de programación – puede conducirnos a que a la larga lo acabe siendo de veras. Y así la vida puede acabar copiando a la mala ficción. No es extraño ver a gente que ama como en física y química y que debate como en Sálvame. No es tanto que esos espacios reproduzcan la estupidez, como que la estén ahondando.

    Lo segundo es aquello de “manchar el personaje”. Gaztambide lo explicaba al hablar de La Vida Mancha. En un momento la camisa inmaculada de la adolescencia se llena de sangre, de sudor, de miedo, de remordimientos. Los armarios se llenan de cadáveres. Cualquiera que sobreviva lo hace a costa de sus muertos, etc. Pero la televisión no es eso. Es un adhesivo familiar, un homenaje a la inmovilidad de las familias felices. O no tan felices, pero innegociablemente familias. Estáticas. A salvo de la alarma. Por eso el amor ha de ser plano en la tele. Por eso tiene una función educativa, moralizante: una fuente de escarnios que solo son purgados en el matrimonio. Esas cosas.

    Es la separación entre el mundo de los adolescentes (que merecen una especie de compasión didáctica y una pequeña dosis de purgatorio) y los hombres modelo, los adultos que abandonan la duda y se centran en su papel de garantes de la producción y la buena sociedad.

    Por eso las historias se centran en lo que pasa antes del primer polvo. Porque luego no hay historia. Hay tele y sofá. Debe haber tele y sofá. Sería terrible que no hubiese tele y sofá.

    Es una cuestión ideológica que no solo afecta a la ficción televisiva, sino que condiciona toda la realidad. ¿Dónde se jodió la economía? En el ladrillo. ¿Quién es el cliente modelo del ladrillo? Las familias. O las parejas que aspiraban a familia. Esa hostia solo se la podía comer un país conservador.

    No es la tele. Somos nosotros.

  3. Palabras de un “Jefe” al leer una trama sexual en una comedia que incluía autoasfixia erótica: “Esas cosas no pasan” y “No hay tele en el mundo que emita una cosa así”.

  4. Lo que no me queda claro es qué necesitaría un diálogo entre una pareja de protagonistas que intentan conquistarse el uno al otro, para que no quede como una escena de Física o química o bien un trocito de Crepúsculo. ¿Qué matices habría que darle a la escena para que quedara auténtica?
    Me gustaría aportar un ejemplo que creo quedaría como un guión más trabajado
    Hay una escena de la serie “Anillos de oro” en el último capítulo, en la que Ramón (Imanol) le forma una buena a Lola (Ana Diosdado) porque no quiere que lo quieran para vivir una vida convencional; para cumplir con lo que la sociedad espera de dos personas maduras y solas sino porque él quiere sera amado por la necesidad de la protagonista no para cumplir con el matrimonio aceptado socialmente.
    Creo que la escena del coche, cuando ella se va e Imanol entra con la cajita de su regalo, que no es otra cosa que un anillo, queda muy natural y dramática tras la “pelea” que ha dejado al espectador algo sorprendido.
    ¿Qué os parece?

    Por cierto, me ha encantado el post.
    Saludos

  5. Victoria, no conozco concretamente la escena de la que hablas, pero tiene buena pinta.

    En cuanto a tu pregunta, sería un tema para hablar largo y tendido. Paco ya ha contestado en cierto modo.

    Si lo que quieres es una “pista fácil”, mi opinión es que la mejor manera de detectar una mala escena de amor es aquella en la que todo el rato verbalizan sus sentimientos, en plan “te amo locamente, pero al mismo tiempo tengo miedo…”. O bien, exageran el componente romántico con líneas huecas y tópicas tipo “nuestro amor durará para siempre, te quiero más que a mi vida”.

    Nadie habla así en la vida real. Y, sin embargo, el 90 por ciento de los enamorados televisivos abusan de esas tropelías guionísticas.

    Enhorabuena por el texto, Paco, y gracias por la mención.

    • Hola:
      Es una serie un poco antigua y yo la vi online. Aunque tengo tenues recuerdos de esta serie de verla cuando era pequeña. Son dos abogados matrimonialistas en el boom del divorcio pues son los comienzos de los 80. Él es un joven abogado soltero; ella, está viuda desde hace dos años. Son compañeros de trabajo. La tensión sexual se palpa a lo largo de toda la serie, nunca explícitamente. Pero el sentimiento de ambos lo puedes notar en todos los capítulos. En el útlimo se resuelve con estas dos escenas. Y te pongo el link de Youtube para que las veas si quieres . Vete al minuto 44:08 hasta el final del video. Saludos

      • Una demostración de que existía ficción española antes de Médico de Familia. Y buena.

  6. Enhorabuena por el post. Yo también creo que es lo más flojo. A veces he sido testigo de lo mal que se ha hecho. Bueno, testigo, cómplice y hasta ejecutor. La cosa es así:

    En casi todas las series, a todo el mundo le parece importante que los protas se deseen y no acaben de entenderse. Eso interesa, dicen. Una historia de amor. Potente. Eso es muy importante, corean todos. Pero muy importante.

    Tan importante, que se mira con lupa cada escena de amor. Todo les parece poco. Que si no queda claro. Que si no diría esto. Que si no es potente. Informes, sugerencias, idas y venidas. Reescrituras. Guionistas, productores, directores, montadores y hasta músicos son aleccionados de lo importante que es la historia de amor. Y todos quieren contribuir. Un subrayado encima de otro.

    Lo que se habría contado estupendamente con una sola mirada, o con un roce, o con algo que no se atreven a decirse… Al final, es una manida escena sobredialogada, sobreplanificada y sobremusicada.

    Y al espectador, que no le gusta que lo tomen por tonto, se le revuelven las tripas.

  7. Una de las mejores series de amor que he visto en mi vida. Comprensión perfecta de la psicología de pareja y de familia en general. Simplemente genial.

  8. Hola Paco, maestro. Fantástico artículo. leyendo los comentarios coincido con Javier Melendez, y no he parado de acordarme de McKee y la famosa escena de casablanca y el subtexto. Para decirte que te quiero, lo que te digo es que te odio, etc.

    Gran análsis compañero.

    Guionistas valencianos, os quiero más que a mi vida🙂

  9. No conocia este sitio pero vine desde el tema en bloguionistas y lo encuentro bastante agradable, justamente ahora estoy diseñando una historia donde el eje es una pareja que tiene un romance de lo mas suave, sin malentendidos ni alargamiento de tension ni nada de eso, se conocen, se gustan y andan y me preguntaba si no tienen mas posts de cliches para facilitarme el ver lo que no debo hacer, de todos modos voy a escarbar pero una direcion nunca esta de mas

  10. GIn Hindew 110, huye de los clichés pero no huyas de todo conflicto o te quedarás sin nada. Algo debe suceder. Bienvenido al blog. Dále un repaso general y seguro que encontrarás cosas útiles.

  11. Es fácil pensar que los deseos internos deberían ponerse en una pantalla a la vista de todos, pero al final, si de verdad somos responsables con lo que hacemos, ni de lejos nos atrevemos a llevarlo a cabo en la vida real, ni en la ficción, porque sabemos lo que podemos perder. Quien lo ha hecho, y todos conocemos a alguien, pudo haberle salido bien, pero no es lo frecuente, o tan solo es la apariencia. La ficción cine-tv nos pone una señal en el camino, de forma que o bien mientes dando una mala salida, o bien basas la trama en los conflictos que genera (Mad Men).

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