NO HACE FALTA CORRER PARA LLEGAR

Por gabkarwai

Imaginemos un futuro, lejano. No sé el 2127. Una humanidad post-apocalíptica (como decía Carlos Molinero). Todo arrasado. Y solo dos personas, allí, sentados. Sin TVE. Ni Canal 9. Tienen barbas. Indistintamente si son hombres o mujeres. Bueno allí, con sus barbas, su cara perpleja, sin saber qué hacer. Ocurriría algo así:

– Joder no.

– Sí. Tú y yo. Aquí.

– Sí.

Silencio

– ¿Tú conocías a Miguel?

– No. (…) ¿Miguel Salcedo?

– ¡Sí!

– No, no me suena.

– Bueno, da igual, tengo una historia sobre él con la que vas a flipar.

Sí, aunque no hubiera nada, aunque se hubieran quedados solos, se contarían historias. Lo harían. Porque somos seres racionales (de los que toman raciones en los bares…)

Ahora trasladémonos un momento al pasado. Año 1993 o 1994. Tom Cruise debe ser el actor de moda, no recuerdo. Spike Lee, uno de los directores en boga, y este que escribe un pardillo aprendiz a teclista. Quería hacer periodismo pero en Valencia no era pública. Irse fuera era imposible para la economía de mis padres y mandarme a la privada (algo que intenté), también. Así que me inscribo en Relaciones Laborales. Pero mientras tanto, tengo un plan. Quiero escribir, desarrollarme, contar. El plan consistía en ahorrar. Y vosotros diréis, ¿para qué? Yo también me lo pregunto ahora, pero en aquel momento lo tenía más claro: iba a producirme un corto. En 35 mm. Así, de repente. Estuve así como unos 2 años. Iba ahorrando poco a poco. Llegué a tener unas 300.000 pesetas. No sabía como, pero mientras tanto escribía un guión. Bueno escribí varios, pero mi profesor de guión me los tumbó casi todos. Al salir de la “escuela de cine” ya en el ‘95 (Videomax se llamaba la mía), servidor y Xavi Sala decidimos seguir escribiendo juntos. Él se fue a Madrid, trabajó en “Periodistas”, yo me quedé aquí, hice una prueba pésima para “7 vidas” (con 18 añitos), y seguimos escribiendo en la distancia “Un día más y otro”, el corto aquel que quería producir. De hecho subí un par de veces a Madrid para que retocáramos el guión. Pero aquello no se rodó.

No sería hasta años después, en el 2003, cuando rodaría mi primer corto en cine: “Birth, school, work, death”. De hecho, el guión no era mío.

Había una necesidad, sí, pero había también algo que con el tiempo he encontrado indispensable: no tener prisa, saber reconocer los tiempos de los proyectos.

Todo el mundo quiere rodar. La gente se compra cámaras sin parar: 5D, 7D, Epic, Red One, la-madre-que-pario-peneque, pero las historias no son tan fáciles de comprar. Hay que parirlas, hay que pensarlas. Incluso hay que errarlas.

Siempre he pensado que la poca prisa que he tenido, en general, en los proyectos propios. Es verdad que desarrollo muchas y muy diversas actividades, pero cuando tengo que dedicarle tiempo a una obra de teatro o a un proyecto audiovisual personal (corto, documental, peli), intento cuajar los tiempos para que tengan ese periodo de reflexión. Porque esto surge de la necesidad de contar, y eso, tiene sus etapas.

La gente se enamora de sus ideas, sin pensar aquello que decía Woody Allen, que a la idea hay que matarla una vez escribes.

Y ese tiempo es para no bajar la guardia. Para perseverar. Para verle otro enfoque a tu historia, para dudar, para probarla. Veo muchos compañeros que bajan la guardia, se relajan, yo, de hecho, en ocasiones lo he hecho, me he relajado. Las noticias no son nada alentadoras. Instan a coger las maletas para unos y cambiar de profesión para otros.

Pero el otro día dos pequeñas gotas de esperanza me inundaron:

– Ver que un grupo de alumnos ha montado un texto de Ravenhill en un piso, y descubrir lo brillante del resultado. Decía Roger Sterling en “Mad men” una de esas frases que se te queda en el hipotálamo: “Cada generación piensa que la siguiente acabará con todo”. Que acaben con todo. Que lo rompan de una vez.

– Beberme una fanta naranja con un amigo, e ilusionarme con un proyecto pequeño, minúsculo. Y en ese momento me di cuenta de algo tan aparentemente sencillo: no hace falta correr para llegar, o lo que es lo mismo,  pese a lo jodido está todo, no os lo creáis: vuestras historias valen oro, y siempre habrá flores debajo de los asientos.

Un pensamiento en “NO HACE FALTA CORRER PARA LLEGAR

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