UNA INVITACIÓN*

 

Por Martín Román.

Aquí estoy. Te doy miedo. Es tu particular salto al vacío. Me miras desde el borde del precipicio. ¿Es vértigo lo que sientes? El terror al fracaso o tu deseo de café y magdalenas de plátano y nueces como diría Charlie Kaufman. Tienes tu historia en la cabeza, o eso crees. Me miras con la intención de vomitármela encima, del tirón, pero cuando tus dedos se acercan al teclado empiezan a temblar. Te das cuenta de lo desordenada que está la habitación, de que te falta comprar un litro de leche de avena (que es lo que está de moda ahora), deberías apuntarte a un gimnasio, ser guionista no es excusa para estar fofo…

Soy la página en blanco, siempre soy la misma, siempre soy distinta. Da igual que decidas escribir en folios de color amarillo. Mi inmaculada presencia te intimida pero sólo es una fachada, quiero que vengas y te vacíes sobre mí, apasionado, salvaje pero con amor, sino por mucho que escribas no será más que un ejercicio de onanismo y para eso no quieres una página en blanco, te basta con un pedazo de papel higiénico.

Si no te atreves conmigo busca a mi prima. Ya la conoces, dejaste tus pensamientos sobre ella. Pero sabes que le hace falta una reescritura. Ese diálogo tan explicativo la sonroja, agárralo sin miedo del cuello y elimínalo. Nadie te va a condenar por ese crimen, piensa si no en esas películas de acción tan americanas en las que se aplaude la pena de muerte ejecutada por Chuck Norris. Ves, ya está mejor. Pasa la página y fíjate en ese personaje secundario, su universo podría ser muy rico ¿por qué no le das una oportunidad de experimentar una vida propia, rica, plena, una de esas que dura 90 minutos o 90 páginas? ¿No te convence la idea? Perdona, sólo quería ayudar.

¡Oye! ¿Dónde vas? ¡No tires la toalla! Coge el periódico. A veces tienes la sensación de que leer el periódico o ver una película durante el tiempo que querías dedicarme te parece una infidelidad. Pues si tu aventura, esa canita al aire que estás pensando echar hace que vuelvas a mí con mayores atenciones y como amante con nuevos recursos te la voy a perdonar. Miraré hacia otro lado…

Vuelves a mí. ¿Otro gatillazo? Tranquilo, les pasa a todos. A ellas también alguna vez. No, no te lo digo para consolarte. Es verdad. Piensa que todos los días que pasas que pasas con la mente en blanco tratando de sacar la historia que llevas dentro se traducirá el día menos esperado en un torrente que se desparrama con un orden sobre mí. Es el acto de amor, engendras vidas que el lector, el espectador está ansioso por vivir. Mientras, yo sigo esperándote.

 *Ron Shelton, guionista y director de Los búfalos de Durham, declara en el documental Tales from the Script que para él el folio en blanco más que darle miedo se lo toma como una invitación a la creación.

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