CLIFFHANGER

por Javier Olivares

I

Literalmente, como en la película de Stallone, cliffhanger significa estar colgando de un acantilado. También sirve para decir que estás al borde del abismo. En cine o series de televisión (o en el comic) tiene otro sentido: se refiere a esas secuencias (normalmente la última), en la que ocurre algo que te deja enganchado… Y tienes que esperar al siguiente capítulo para resolver el misterio. Es puro suspense. Y no es nuevo. En realidad, los buenos escritores, como Dumas y Cervantes, ya lo habían utilizado antes que en Lost o 24 (obras maestras en este tema) sin tener que subirse a una montaña.

Como guionistas, debemos valorar si un cliffhanger es la consecuencia de una narración bien construida o simplemente un truco oportunista (como el que nos brindan tantas series de mediodía en las que alguien llamado Luis Ernesto –o algo así- oculta que tiene familia numerosa a la mujer que ama y le cree soltero). Bueno, pese a que puede ser discutible, a veces también funciona. Pero una serie, en continuidad, necesita de este shock para el espectador, de este suspense que crea adicción.

En España, a nivel individual, hay excelentes guionistas. Y otros que no lo somos tanto. De la obra de cada uno hablan las críticas, las audiencias y el IMDB e incluso algo tan maravilloso e intangible como las emociones que hayamos generado.

Pero, como colectivo, si nuestra historia -nuestro presente- como guionistas fuera un guión, no llegaría a poder calificarlo de excelente. Porque nos falta un cliffhanger.

Porque, cuando hablamos de lo nuestro, en cada encuentro, en cada blog, uno tiene la constatación de que nada cambia. Todo lo contrario, incluso empeora para el protagonista de la trama: nosotros. No hay sorpresas, vaya.

Bueno, las hay, pero desagradables. Y no generan ningún suspense ni giro. En todo caso, por la insistencia en el drama, desazón. Incluso hay noticias en prensa que hablan de la necesidad de huir a la novela o el teatro por parte de guionistas.

II

A día de hoy, por ejemplo, se prohíbe mostrar en las webs de nuestras asociaciones el precio estándar y lógico de nuestro trabajo por normativa dicen que europea. Se dijo que “legalmente” podría ser considerada manipulación interesada del precio de mercado. Recuerdo a quienes piensen eso que un servidor está cobrando por guión en prime time lo mismo que hace veinte años. Y que no hace mucho me llevé la sorpresa de que en determinadas series se cobraba 2.500 euros menos.

Ayer leí en facebook a un guionista que decía que trabajaba para un largo (él y otros guionistas) por apenas 500 euros al mes. ¿Es eso precio de mercado? Este compañero decía que le dolía “ver al principal eslabón en la parte más baja de la cadena”. Y cierto: tal vez no seamos siempre el principal eslabón. Dependiendo de quién venga la idea o el encargo pueden serlo otros: cadena, productor o director. Pero, desde luego, si esto fuera una industria seria, no deberíamos ser nunca el último.

Lo peor es que hay más ejemplos de este asunto. Sin ir más lejos, la imposibilidad de estar en las mesas de negociación del sector con voz y voto, es otro ejemplo. Y eso que hace poco la que era ministra de Cultura se ufanaba de ser guionista (lo era), y de que tenía el honor de compartir esa experiencia (cargo y oficio) con Jorge Semprún. Si cree que ha ayudado al sector (el mismo que nada le dijo del tema cuando estuvo en el último Encuentro de Guionistas) sólo le puedo responder con el título de una de sus últimas obras magnas: es mentira. Y gorda.

Más ejemplos. El peso del guionista como productor ejecutivo de la serie por él creada se diluye incluso en productoras que solían hacer gala de ello, dando paso al director como alma mater del asunto. Incluso, como hace poco escribí en Bloguionistas, somos cada día más invisibles y ni se nos nombra en notas de prensa o se nos menosprecia en ruedas de prensa de presentación o en la entrega de premios de nuestras propias series.

Carecemos de presencia para acceder (como en los países punteros en este mercado) a presentar la serie en la cadena, principal cliente de nuestro trabajo. Somos un instrumento útil al inicio, pero –al parecer- un estorbo después. Es decir, justo lo contrario que ocurre en las series que tanto nos gustan y que son la cima del mercado: las americanas y las inglesas (y las danesas, y las israelíes, y las francesas…).

III

¿Cómo podemos mejorar nuestra situación? Hace unos meses, un excelente actor (y mejor persona), tras saber que abandonaba una serie harto de la situación a la que me veía sometido1, me dio una solución: ¿por qué no te haces director?

Ésa era la clave: hacerse director para mandar de una vez por todas. Yo le respondí que no me apetecía ni necesitaba serlo para producir (o por lo menos, estar informado de ella) una serie que había surgido de mi cabeza. Que para eso existe la figura (que tan bien funciona fuera, insisto, en esas series que admiramos y tendemos a copiar) del productor ejecutivo. En ningún momento pienso que un director deba ser menos que un guionista. Y menos si es productor ejecutivo. Si se hicieran en España programas como America in Primetime, ni saldríamos. No hablo ya de programas como Showrunners.

Sé que en España estamos lejos de eso (demasiado). Y creo que debe haber una producción ejecutiva compartida de la serie (creador / productor / director). De igual a igual. Cuatro ojos (y seis) ven más que dos. Y lo que uno sabe de una cosa, el otro lo sabe de otra (y es necesario que él sepa de guión y dirección de actores –no hablo de “intuición”, hablo de formación y el guionista de dirección de actores y de saber pisar un plató).

Y el productor (alma mater del asunto: si este trabajo se hiciera como se debe, el papel del productor es el más creativo de este asunto: y lo dice un guionista) que defina su sello, escuche y elija. Que para eso es el jefe, contrata con la cadena y el que paga. Pero nunca, nunca… un creador de una serie puede ser el eslabón más débil de la cadena. Ni sus guionistas, tampoco.

No era la primera vez que me aconsejaban ser director para resolver los problemas del ninguneo de ser guionista y creador de la serie. Pero últimamente está de moda como consejo. Tanto que muchos guionistas parece que anhelan ser directores (cosa que si es su vocación, aplaudo) no sé si buscando la solución en ese destino.

Si eso ocurre, y consiguen serlo, espero que tengan mejor trata que tuve yo en el primer (y único largometraje) que se produjo con guión mío. El director, y también guionista antes que director, cambió el guión sin avisarnos a los otros dos guionistas. Ni una llamada. No nos llamó ni para la rueda de prensa. Ni para el estreno. A mi hermano Pablo (el otro guionista) la situación le recordó el chiste de la máquina que convierte a los negros en blancos. Ése que cuenta cómo un padre negro, en la época del Ku-Klux-Klan, lleva esa máquina a su familia, logra que su primogénito se meta en ella y éste, tras salir hecho un rubiales, rompe la máquina y dice a sus hermanos “Ahora a trabajar, negros de mierda”.

Como se ve, a veces (espero que sea la excepción que confirma la regla… aunque sé de otros casos que repiten esta misma historia) parece que ni siquiera haber compartido el oficio de guionista sirve para que la cosa se arregle.

IV

Repito: ¿cómo podemos arreglar el problema?.Y hago otra pregunta: ¿debemos darnos por vencidos ante esta situación? Yo creo que no. Y no estoy hablando de huelgas (me da la risa) ni de suicidios profesionales personales.

En primer lugar, y más en tiempos de crisis, debemos dar la cara. Con nuestra dignidad y con la calidad de nuestro trabajo. Ése que tan pocas veces criticamos, echando la culpa a la situación. Y la situación no debe justificar nunca una mala línea de diálogo. Nuestro deber es salvar todos los problemas, no dejarnos vencer pensando que “es lo que hay”.

En segundo lugar, debemos organizarnos. En este sentido, no todo son malas noticias. Algo ha mejorado –y mucho- en el paisaje del guión español. Nos conocemos más. Gracias a Encuentros varios (esencialmente los dos organizados por la SGAE y, por supuesto el Encuentro de Guionistas) y blogs varios, cruzamos opiniones, debatimos, nos vemos cara a cara… Y hablamos de la profesión y nos informamos, nos damos pistas de cómo trabajamos, para quién, en qué condiciones…

El problema es que, tal vez, en esos encuentros no hablemos de TODO lo que debemos hablar. Nos reunimos y hablamos de nuestra manera de trabajar. De derechos de autor. De nuestro status laboral… Temas IMPORTANTÍSIMOS. Pero no los únicos.

¿Cuándo hemos hablado de nuestra calidad global como profesionales? ¿Del nivel de la ficción española del que no podemos lavarnos las manos? ¿De si estamos a la altura y, si no es así, por qué? ¿Cuándo hemos hablado de nuestra ética? Ética incluso con nosotros mismos y nuestro colectivo, quiero dejar claro. Yo no lo recuerdo.

Recientemente hablaba de estos temas en facebook, en una nota que titulé Valor y valores (o de cómo los guionistas echamos la culpa a los demás cuando nosotros también la tenemos).

En ella, relataba los problemas existentes en toda la cadena (la de los eslabones, no la televisiva) de esta profesión. Hablo de la falta de riesgo de cadenas, de la falta de lucha por sus proyectos de determinadas productoras, de la falta de diálogo cuando mi experiencia con las cadenas (ahora sí, de televisión) es que están abiertas a él en la mayoría de las ocasiones… Y de que nosotros hemos cedido tanto en todo (más que las propias productoras con las cadenas) que somos tan culpables de la situación como los demás. Porque ni siquiera nos hemos sabido respetar a nosotros mismos.

Si alguien, tras leer el link anterior no le suena conocido, que lo comente. Y lo siento, no dudo que los que puedan hacer esto no sean insignes padres de familia o madres cariñosas y excelentes amigos de sus amigos. Pero no estamos hablando de eso, lo siento. Para hablar de eso hay revistas y blogs de psicología y vida familiar. Y éste es de guión. De eso hablo.

V

No podemos (ni debemos) decir a una cadena cómo organiza su casa. Lo mismo pasa con las productoras. Pero hay que tener clara una cosa: les necesitamos. Y, aunque algún aventurero de este negocio crea lo contrario, se necesitan y se necesitarán historias y quienes las escriban. Siempre. Y ésa es nuestra fuerza.

No podemos (ni debemos) pretender ser los reyes del mambo. Pero sí podemos y debemos defender nuestra dignidad. Pensar qué herencia dejamos a los que vengan después si no la tenemos. Nuestras obligaciones como escritores y como profesionales. Y podemos y debemos organizarnos.

Para ello, cuando nos veamos en encuentros y dialoguemos en blogs, mirarnos bien a la cara y dejar claro que cuando uno cede derechos está quitándoselos al que viene después.

Tal vez debiéramos hablar de cómo constituirnos en productoras de formatos y remodelar nuestras asociaciones en patronales de dichas productoras creativos (no es una revolución: es el sistema americano)… O buscar al menos una solución alternativa original a unos problemas que no se solucionan. Somos creativos, ¿no? Pues cambiemos el chip.

Tal vez debiéramos analizar nuestra formación y el resultado de lo que firmamos y por qué es ése el resultado. Y saber qué parte de culpa tenemos en ello.

Nos defendemos desde lo intangible de nuestro supuesto talento (a veces hasta que nuestro ombligo nos impide ver el bosque), pero no hablamos de cosas igualmente importantes e intangibles, como la solidaridad. Como el no decir a un compañero “la cagaste” cuando es él (un guionista) quien ha fallado y no un productor ni una cadena. Y que nos cuesta demasiado decir que no al compañero, al productor y a la cadena aún cuando nos lleven a límites que no se deben traspasar (condiciones de trabajo, tiempos, precio, respeto…).

Dicen que nos quejamos mucho. Yo creo que cuando hay razones, uno debe quejarse y denunciar. Pero también creo, como dijo un inseparable compañero que en esta profesión “sobran quejas y faltan cojones” (perdón por lo machista: podéis poner ovarios. El tema es ser fiel a la cita y que se entienda). Y que tragamos con demasiadas cosas sin pensar en lo que eso supone después. Para nosotros y para nuestra profesión.

Tal vez debiéramos hacer algo de esto para que el guión de nuestro oficio, en la España actual, tenga por fin un cliffhanger y consigamos interesar a alguien. No es mucho lo que se pide: es poner orden en nuestra propia casa antes de quejarnos de lo sucias que están las demás. Es implantar unas reglas de comportamiento que debemos cumplir entre nosotros y cara a quienes nos contraten.

Porque si no lo hacemos, el término cliffhanger también servirá para definir nuestra situación. Pero no en el sentido de suspense dramático, sino en el meramente alpinista: estar al borde del abismo.

1 La situación se define en no poder ni asistir a las lecturas de los guiones que dirigía argumentalmente, ni de saber si era rubia o morena la asesora histórica elegida tras escribir la biblia y primeros guiones (tiene bemoles la cosa), y tras no aparecer en las primeras notas de prensa e incluso no ser nombrado en la propia web de la productora. Cosas que se han ido arreglando poco a poco… pero con insistencia y apelando a una cláusula del contrato (en la que se leía la obligatoriedad de cumplir con todo lo que se estaba incumpliendo en cuanto a comunicación en prensa y difusión de mi autoría). Cosas que jamás debieran haber ocurrido y ante las que decidí dejar mi trabajo y dos series creadas por mí.

4 pensamientos en “CLIFFHANGER

  1. Interesenta artículo, Javier, como siempre.

    ¿500 euros al mes todos los meses? Conozco a quien escribe largos por 3000 euros todo incluido, es decir, revisiones interminables, y desplazamientos a las reuniones de su bolsillo.

    Debo ser el ejemplo del guionista que escribe una novela.

    Por cierto, ¿dónde puedo encontrar una traducción de la entrevista a Albert Espinosa?

    Para acabar, tu artículo podría ser complementado con la entrevista a Mckee publicada en EL PAÍS. Este hombre, cuestionable en algunas cuestiones, dice y con razón:

    “Hollywood, está en crisis porque la televisión entendió la importancia de darle poder y libertad a los escritores. Y dinero”.

    “Los escritores quieren escribir sin limitaciones y hoy en día solo la televisión les ofrece eso, además de poder y dinero. Yo me pregunto: ¿qué va a ser de Hollywood sin escritores?”

    Es lo que falta en España. Pero el poder habrá que pedirlo, supongo:

    ¿Por qué no querer ser director o showrunner?

    (Enlace entrevista a Mckee: http://goo.gl/B7Jkz)

  2. Olivares, te veo decidido a sacudir el pasmo en el que está sumida la profesión. Olé!

    Quizás porque provengo que otro mundo profesional, siempre me ha llamado la atención la tendencia al victimismo y a cierta complacencia de este colectivo. Las soluciones siempre se han colocado en manos ajenas, justo en las de aquellos que se ha tachado, además, como los “enemigos”.
    Desde que empecé a frecuentar estos foros siempre he defendido la opción de buscar soluciones que estén en nuestras manos. ¿Qué los productores te putean? ¿Por qué no te haces productor? Y algunos decían que no, que cada uno a lo suyo. Con cierta arrogancia, intuyo. Se cuentan anécdotas de productores que rozan el retraso mental pero ninguno de esos inteligentísimos y creativos guionistas se atrevía a hacer su trabajo. Y los bobos eran capaces de levantar películas, aunque fuesen truños. Pero parece que había que preservar la virginal pureza de la creación evitando el contacto con el vil metal.

    Intuyo que ese ego influye también en el fracaso continuado de las asociaciones. Son una especie de sindicato de francotiradores, a los que su supuesto talento les pone por encima del resto de colegas. En realidad, muchos están convencidos de que no necesitan a los demás.
    Después de todo, ¿cómo hacer que sean solidarios entre sí aquellos que se ven como competidores? Quizás haciendo que compartan intereses como empresarios, formando productoras de contenidos, por ejemplo.

    Habrá que hacer algo para que las cosas cambien y no seguir esperando al “Deus ex machina” salvador. Hay que romper estructuras, sí, y eso da pereza, pero, ¡coño!, es lo que pedimos – exigimos – que hagan los demás.

    El otro día comentaba a raíz de otro post, que los guionistas tienen los mismos problemas que cualquier otro profesional que requiere de intermediarios para que su producto llegue al consumidor. Igualito que los agricultores que se quejan del precio al que le pagan los tomates los intermediarios pero parece que nadie intenta vender los tomates por su cuenta, asociandose con fruteros y transportistas, a los que también dan por saco.
    Sé que a muchos les escocerá esta comparación pero, a efectos de negocio, son intercambiables.

  3. Gracias por los comentarios. En realidad, no soy nadie para remover nada ni sacar del pasmo a nuestra profesión. Sólo un guionista veterano que cuenta sus experiencias y que ve que cada día se nos va más todo de nuestras manos mientras estamos atentos a otras cosas.Y que los que llegan no pueden jugar fino porque el campo está demasiado embarrado.

    Sencillamente, creo que cada uno debe actuar según su conciencia y su ética. Y sí, entiendo que escribir acaba siendo algo muy personal e individual, pero si esa es nuestra actitud con respecto a nuestro oficio, acabaremos definitivamente fuera de juego.

    Personalmente, siempre queda la opción de seguir cada uno a lo suyo. El mercado está ahí y cada cual tiene su porción del mismo acorde con el trabajo que tiene (que le dan y que se inventa).

    Desgraciadamente, ahí está nuestra situación y ahí está la estadística: cuando se habla de quejas y afrentas, cientos de compartidos en facebook (no exagero), infinidad de comentarios, debate…

    Cuando se habla de las cosas en las que nosotros fallamos, el entusiasmo y la participación no son, desde luego, los mismos. Por eso os agradezco especialmente lo positivo de vuestros comentarios.

    Un abrazo.

  4. Debería haber más gente que pensara así… El único problema es que veo que los que pensáis así ya estáis en el negocio -debo ser la excepción que confirma la regla: Me han ofrecido re-guionizar gratis (es que la productora no tenía dinero y esperaba tener líquido a principios-mediados de 2013) pero prometiéndome el oro y el moro (y todo lo que quisiera el “productor” -si no tiene dinero, es como decir que alguien es escritor siendo analfabeto-) y dije que no: Es bien simple, nada por nada, sigo con lo mío, que al menos son ideas propias… Pero estoy seguro que otr@s hubieran aceptado (de hecho, el proyecto en cuestión ya había pasado por las manos de otros dos… ¿”guionistas”?). El caso es que estas cosas las suelen aceptar los que están en la base, ya que piensan que así se meterán en el negocio… y como leí en BlogGuionistas hace tiempo, alguien respondía a un novel que aceptó algo similar (sí, creo que eran 3.000€ por un guión completo, borradores incluídos): “Si empiezas bajándote los pantalones ahora, ves despidiéndote de ellos ya, porque no los necesitarás…”
    Estoy completamente a favor de instaurar un sistema sindical como el yankee, donde te obligan a cobrar unos mínimos y a trabajar unos máximos, donde todo está puntualizado y concretado y se revisa periódicamente… pero parece que no hay intención de ello (estoy en el GAC y como comenté hace tiempo: me sirve para darme aires de “profesional” y para tener descuentos en algunas actividades, pero a la hora de la verdad, yo no puedo hacer nada contra el intrusismo de trabajar gratis -¡qué gran contradicción!- que existe en las “industrias” audiovisuales de aquí).
    Lo que me alegra es lo de Internet. Ahora estamos más cerca, no es necesario que vivamos en la misma ciudad para compartir opiniones, debatir y proponer cosas… es un paso, creo que un paso que nos va a permitir movernos más rápido de lo que pensamos…
    Y sí, el guionista es muy importante -siempre lo recalco, pero es así: estudié dirección, no guión-: Entrégale 200 páginas en blanco a un director y a un productor, a ver qué mierda hacen con eso.
    Pero, siempre alego a que el trabajo audiovisual es un trabajo en equipo y comunitario y por eso estoy también de acuerdo en la autocrítica del sector guionista… en España se estila demasiado eso de “si algo no sale bien, la culpa es de los demás” y por eso los Productores culpan a los Directores y éstos, a su vez, culpan a los Guionistas… Pero cuando la cosa sale bien, la fórmula es inversa: Todo es mérito de cada uno, nunca de los demás.
    Pues como trabajo en equipo que es -o debería ser-, tanto los logros como los fracasos han de ser examinados, -unos para aprender de ellos y otros para saber cómo se ha logrado-, en equipo. Y ponerse la medalla o tirarse la mierda a la cara, también en equipo. Quizás así comenzarían a hacer mejores producciones.🙂

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