CENSURAS Y AUTOCENSURAS EN EL GUIÓN

Por gabkarwai

“Hay mentiras que se deslizan y parecen grandes verdades. Una es, a mi entender, que la censura aviva, agudiza el ingenio. O como la hambre aguza el ingenio. Es mentira. La hambre produce avitaminosis y anemia. Y la censura lo que hace es castrar al tipo que debe contar algo. Porque hay cosas que no puede contar. Si fuera verdad que la censura aguza el ingenio, un padre para tener una mejor calidad en sus espermatozoides, se daría un martillada en un testículo, sería prácticamente lo mismo.”

Rafael Azcona, en una entrevista para “Històries del cinema”

Esta frase me resuena siempre cuando alguien habla de cómo crear en entornos adversos. Recuerdo que cuando vi la entrevista de Azcona en la sala de edición solo pensé que alguien ponía en palabras aquello que yo sospechaba pero nunca pensé decir: la libertad genera creatividad, la censura una patada en los huevos. Se había extendido mucho esa máxima del ingenio y la hostia en vinagre con la censura, pero la verdad es que ponerte un palo en las ruedas es una putada, se mire por donde se mire.

Ahora que vivimos un tiempo de no censura (jajaja), nos cuesta más sacar aquellas historias tan nuestras que Azcona y Berlanga nos hacían disfrutar. Porque, ¿existe la censura?

Tal vez la nuestra, la que nos ha tocado vivir hoy en día, es la económica, la que no se ve, la más rastrera y peligrosa de todas. Escribir pensando que con tus palabras puedes encontrar un despido es algo tan maquiavélico que no tienes más remedio que aplicarte una autocensura, la peor de las censuras.

Censura en los textos ha existido siempre. En esa misma serie en la que Azcona nos dejó esa maravillosa frase para la historia, Berlanga, su compañero de andanzas, nos lanzaba una última pulla final, al decirnos algo así como que el guión se lo había inventado la censura para saber qué se decía en los rodajes. Una ocurrencia muy berlanguiana.

Es curioso, algo que cuenta Borau en este enlace, como era la relación con el comité de la censura: escribías el guión, se lo pasaban a los censores que les decían que partes no iban del texto, las que tenías que modificar. Esto parece que no ha cambiado.

A este punto, me hago una serie de preguntas que tal vez os haréis vosotros. ¿Cuál es el límite para censurar algo? ¿Qué es censurable en un guión?

El censor clásico, el del franquismo, siempre tenía unas preocupaciones claras y determinadas: evitar cualquier relación con la política, evitar los temas religiosos y los sociales. Pero es curioso como él sí que podía leerlos, verlos, opinarlos. ¿Qué lee el “censor” de ahora que no pueden ver el resto de los mortales? ¿Hay miedo a ver, a reflexionar, a analizar algunas imágenes?

Cuando el término “censura” ya no existía, cuando se pensaba que era cosa del pasado, se empezó a utilizar, vamos a denominarlo así, “el criterio creativo”. Se podía ver una familia feliz en televisión porque generaba confianza. No se podía ver una madre soltera con su hija en brazos mientras tenía una conversación subida de tono por teléfono, porque creaba una imagen confusa de la familia (esta anécdota es veraz). Ese “criterio creativo” o llámese lo políticamente correcto, nos ha inundado, incluso diría más, nos ha comido.

Ahora nadie asume que está censurando. Nadie. La censura es un término ruin, que el tiempo ha empeorado y tiene una connotación negativa.

Recuerdo oír a Joaquim Jordá cagarse en la puta madre de un directivo de TVE que no le dio el visto bueno a un trabajo suyo. E incluso más que eso, le hizo la vida imposible desde que se enfrentó a él. La censura no era ni siquiera a las palabras, era a la persona.

(Hago un aparte. No me quiero olvidar recomendaros estos documentales, precisamente de TVE, sobre la censura. Luces y sombras sobre la censura franquista y también de la republicana. Muy interesantes)

Hablaba más arriba de la autocensura, práctica que prima ahora más que nunca. Sin ni siquiera darte cuenta escoges unos hábitos como guionista que han castrado tu manera de escribir, de expresarte libremente. A bote pronto yo he descubierto algunos mecanismos de cómo reconocer la autocensura:

– Decir a los demás lo que no deben hacer y/o escribir, porque es una manera de no hacerlo tú. Autoinflinges respeto por algo que tú ni siquiera respetas. Lo sé, es algo irónico, y macabro, pero es así.

– Ironizas sobre aquello que harías y nunca haces. Te vuelves un cínico de aúpa al hablar sobre qué podrías escribir y nunca escribes. Muchos guionistas en Valencia descubrimos “Crematorio” con cierto escepticismo. Yo de los primeros. De hecho al saber que se iba a hacer la serie me compré el libro en el que se basa, de Rafael Chirbes, y me lo tragué. No me pareció gran cosa, dicho de paso. Al verlo en pantalla, más allá de los hallazgos técnicos (creo que junto a “Hispania” son las dos series españolas con mejor acabado técnico, según mi parecer), me pareció que la historia no avanzaba, perdía fuelle. Solo me interesaba el personaje que interpretaba Pep Tosar, ese perdedor que es un nido de problemas. Pero el segundo visionado (el que hice gracias a la Sexta) me sorprendió gratamente. Tal vez mi autocensura, esa que decía “eso seguro que yo lo haría mejor, es más, lo conozco mucho más”, me había impedido ver el producto con una distancia necesaria.

– Echas la culpa a los demás de tu (in)capacidad creativa. Como si ellos te impusieran tus límites, cuando eso lo haces tú, consciente o inconscientemente.

– Debes saber diferenciar la autocensura del límite. Me resulta curioso como define la psicología el término censura: “Vigilancia que ejercen el yo y el superyó sobre el ello, para impedir el acceso a la conciencia de impulsos nocivos para el equilibrio psíquico”. ¿Dónde está la censura, dónde el límite? ¿Dónde está el yo escritor, dónde el yo censor?

En definitiva es el miedo el que inflinge estos mecanismos, es el miedo quien nos lleva a la censura, el que nos alienta a la autocensura.

Me voy dejándoos con él, Mr Johnny Cash y esta canción que me persigue

3 pensamientos en “CENSURAS Y AUTOCENSURAS EN EL GUIÓN

  1. Hola gabi, enhorabuena por el post. Fantástico. Un comentario para tocar un poco las pelotas, como es habitual en mí, jajaja. Es sobre el ejemplo que pones de lo que le pasó a Jordá. Me he puesto en la piel del tipo de TVE y automáticamente me he preguntado si el tipo le ponía pegas a su trabajo por censura o porque no le gustaba el resultado sin más. Es decir, que te tiren por tierra en una cadena tu curro no tiene porque ser únicamente por censura, sino por diferencia de criterios. Vaya, que he pensado que era importante diferenciarlo.

  2. Si puede ser Teresa. El problema es que no recuerdo porqué era el enfado de Jordá (me refiero concretamente) pero tenía que ver con la poca mano izquierda de esa persona con el trabajo de Jordá. Si alguien recuerda la anécdota con más claridad, por favor, la podría contar…

  3. Interesante artículo, Gab. Desde luego te hace reflexionar sobre este mecanismo que nos lleva a autocensurarnos. La censura tiene siempre una connotación negativa, en cualquier orden de la vida, pero quizás en la creatividad más que en ningún otro. Sin embargo, pienso que la autocensura a la hora de crear es en parte necesaria para garantizar la supervivencia de la propia obra. ¿Dónde está el límite? Supongo que, la misma experiencia adquirida en este sentido, te va marcando el camino a seguir, te sugiere pararte, retroceder o por el contrario seguir avanzando. Pero lo que está claro, es que no podemos estar sólo al servicio del “ello”. Necesitamos reconocer nuestros límites, al igual que debemos marcar esos límites a nuestros hijos para que su evolución en las diferentes etapas del crecimiento sea adecuada y equilibrada. Al fin y al cabo, el “yo”, que procura nuestra autoconservación, utilizando todos los mecanismos psicológicos de defensa, lo que hace es aportar una organización a los instintos del “ello”. Muy necesaria por otra parte, para encontrar un equilibrio, y evitar el peligro de desbordamiento. Vivir al límite es una máxima poco recomendable, y a la hora de crear ocurre lo mismo.

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