DE PEORIA A SPOON RIVER: UN PASEO ENTRE FANTASMAS

por Paco López Barrio

Cuando recibí el jueves pasado el texto de Javier Olivares, La señora de Burgos (o el efecto Peoria), que publicamos el viernes, me quedé pensando por qué razón el nombre de la pequeña ciudad de Peoria me resultaba muy familiar. No eran horas de ponerme a consultar en Google, sino de dejar el artículo listo para que apareciese a las ocho de la mañana siguiente. Así lo hice y me fui a dormir.

A la mañana siguiente, antes de poner en marcha el ordenador, se me conectaron un par de neuronas que andaban por ahí perdidas almacenando recuerdos de viejas lecturas. Junto al nombre de Peoria me vinieron otros dos a la cabeza: Spoon River y Edgar Lee Masters. Sabía que entre estos dos recién aparecidos en la memoria (que si sé muy bien de qué van) y Peoria existía alguna relación que no era capaz de recordar. Tras el desayuno, Google me sacó de dudas. La intuición era correcta: Peoria es la capital del condado de Spoon River, en el estado de Illinois. El Spoon River es un pequeño rio, afluente del Illinois (que es afluente a su vez del Mississipi), que cruza el condado y le da nombre. Pero Spoon River es también el nombre de un pueblo imaginario, situado en aquella comarca, muy cerca de Peoria, y cuyos habitantes (mejor dicho: sus difuntos) son el protagonista colectivo de la Antología de Spoon River, uno de los grandes títulos de la poesía norteamericana. El autor de este libro fue Edgar Lee Masters. Ya tenía la ecuación completa, con los tres nombres relacionados.

Resulta que la Antología de Spoon River es uno de mis libros preferidos y aprovecho cualquier ocasión para recomendarlo. Hace años le regalé un ejemplar a Albert Espinosa, a quien estaba muy agradecido por un curso que tuve la suerte de hacer con él y que me ayudó mucho a recuperar la autoconfianza en un momento difícil. También les di la paliza con la Antología de Spoon River a Gabi Ochoa y a Ana Sanz Magallón, una tarde de cervezas en Valencia. Ellos son testigos de que mi devoción por Edgar Lee Masters viene de antiguo (“Es un libro que todo guionista debería leer”, les dije). Y además hace mucho tiempo quería dedicarle un post al tema pero otros asuntos se me adelantaban siempre. Así que al ver el nombre de Peoria en el artículo de Javier, lo entendí como una señal: el momento de hablar de Spoon River ya había llegado.

Edgard Lee Masters fue un abogado de Chicago, de ideas socialistas y pacifistas, que abandonó la profesión para dedicarse sólo a la escritura. Formó parte del movimiento poético Chicago Renaissance. Pero, a excepción de la Antología, el resto de su obra fue un completo fracaso. Pasó sus últimos años en el Hotel Chelsea (¡cuántas historias en este hotel!) viviendo de los sablazos a sus amigos.

La falsa Antología de Spoon River es una colección de epitafios del falso cementerio de Spoon River, una población imaginaria. Masters recoge más de 200 pequeñas historias que implican a gente de todas las clases sociales. Cada uno de los personajes proclama, desde la tumba, un brevísimo resumen de su vida. Hay crítica social, pero sobretodo una mirada intimista sobre las vidas vividas, en oposición a los sueños no cumplidos. En conjunto resulta un libro amargo a la vez que lleno de ternura.

Muchas de estas historias se entrecruzan y complementan. Es lógico en un pueblo pequeño donde todos se conocen e incluso son familia. Y así, el epitafio de un hijo desmiente al epitafio de su padre, el de la esposa al esposo, el de la criada al de sus señores… un ejemplo:

Knolt Hoheimer:

Yo fui el primer fruto de la batalla de Misionary Ridge./ Cuando sentí la bala entrar en mi corazón/ deseé haberme quedado en casa y haber ido a la cárcel/ por aquel robo de los cerdos de Curl Trenary,/ en vez de escapar y enrolarme en el ejército./Mil veces mejor la cárcel del distrito/ que yacer debajo de esta estatua de mármol alada,/ y este pedestal de granito/ soportando las palabras “Pro Patria”. /Por cierto, ¿qué significan?

Lydia Puckett:

Knolt Hoheimer huyó a la guerra/ el dia antes que Curl Trenary/ lo denunciara ante el juez Arnett/ por aquel robo de cerdos./ Pero no es esa la razón por la que se hizo soldado./ Descubrió mi entusiasmo por Lucius Atherton./ Reñimos y le dije que nunca más/ se cruzara en mi camino./ Entonces robó los cerdos y se fue a la guerra;/detrás de cada soldado hay una mujer.

También el grajero Curl Trenary, Lucius Atherton (un casanova rural) y el metódico juez Arnett tienen su epitafio. El juez Arnett, por ejemplo, murió al caerle en la cabeza un archivador de su despacho, por la onda expansiva de la explosión en la fábrica de cerveza.  Lo que más le dolió no fue morirse, sino que sus fichas se desordenaron. En esa explosión murió “Butch” Weldy, quien también nos da su versión desde el más allá, etc. A lo largo del libro encontramos grupos de tres, cuatro, cinco… personajes que componen juntos pequeñas tramas, sin dejar de ser cada uno de ellos una historia completa.

Entre todos ofrecen un catálogo completo de emociones y actitudes: la soledad, el miedo, la ambición, el arrepentimiento, la crueldad, la sumisión, la venganza, la frustración… Hay críticos que han comparado la Antología con la Divina Comedia, por la amplitud con que contempla al ser humano.

Como os decía, es uno de mis libros de cabecera: tiene momentos estremecedores y otros francamente divertidos. Pero lo que admiro, sobretodo, es su capacidad de síntesis. La buena poesía necesita pocas líneas para dibujar toda una vida y una manera de “estar” en ella. A diferencia de la novela, la buena poesía enseña a ser concisos, a no escribir una palabra de más. Y nos hace capaces de imaginar todo un mundo a partir de una imagen o una breve anécdota. La Antología de Spoon River cumple plenamente con este mandato. Por eso siempre he dicho que debería ser lectura obligada para todo guionista, profesional o aspirante. Pero los guionistas, en general, me parece que son poco lectores de poesía. Y me quedaba siempre con el temor de que la recomendación se tomase como una extravagancia mía, más que como un consejo dado en serio. Hasta que vino en mi ayuda un sabio de Buenos Aires, un tipo que junta la ironía porteña con el finísimo sentido del humor del judío centroeuropeo, heredado de sus padres.

Fue hace algunos años, en la UIMP, cuando asistí a una serie de master-class de Jorge Goldenberg. Una buena experiencia a la que le debo, entre otras cosas, el haber conocido un poco mejor los mundos de Cassavetes o Tarkovski. Un dia, Goldenberg nos propuso un ejercicio práctico. Él nos iba a dar unos textos breves sobre diversos personajes. A partir de ahí debíamos imaginar cómo era su mundo, cómo vestían, cómo eran sus casas, su manera de hablar o de moverse, cómo se relacionaban con sus vecinos… un típico ejercicio de taller de escritura. Cuando repartió las fotocopias me di cuenta de que el material que nos estaba proponiendo como punto de partida eran algunos de los poemas de Spoon River. Los reconocí al instante. Y me dió una gran alegria: ni estoy sólo ni estoy loco. Lo comentamos después, durante el coffee break, y él pensaba lo mismo que yo sobre el valor de éste libro como herramienta de formación para guionistas.

Hace tiempo, ya os dije, que quería escribir sobre esto. Y en eso llegó Javier Olivares y habló de Peoria (allí precisamente está la cárcel del distrito en la que el pobre Knolt Hoheimer habria estado preso). Los recuerdos se asociaron y decidí que este asunto ya había estado demasiado tiempo en espera y era ya la hora de compartirlo.

NOTAS: Aqui podeis descargar el original en inglés (se publicó en 1915 y está en dominio público). En castellano hay una buena edición en Cátedra.
Me acaban de pasar por Facebook el enlace a una selección en castellano.

7 pensamientos en “DE PEORIA A SPOON RIVER: UN PASEO ENTRE FANTASMAS

  1. Gracias por la recomendación, Paco. Seguro que merece mucho la pena, y resulta inspirador, para los que nos consideramos más conceptistas que culteranistas.

  2. Una buena forma de descubri un libro que, yo al menos, desconocía. Gracias, Paco.
    Como no sé descargarme casi nada, he mirado por si el libro está a la venta en alguna librería, y sí que lo está, previo pedido y esperando unos días.

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