BLACK MIRROR, ¿DÓNDE NOS REFLEJAMOS?

Por Martín Román.

Cuando acabas de ver una serie cuyas tramas y personajes parecen haberse hecho imprescindibles en tu vida te preguntas ¿y qué serie veo ahora? Me pasó hace una semana con Downton Abbey, echaré de menos a Anna, Sybil, Mr Bates, Carson y, como no, a Violet. Las redes sociales como Facebook se convierten en muros de nuestros pensamientos y dudas como antes nuestros diarios o blogs, una ayuda para encontrar una respuesta en tu interior pero ahora enseguida llega una avalancha de respuestas de amistades apasionadas con las series. No sabía si empezar Breaking Bad, también me recomendaron Homeland y vi que la temporada 2 de Boardwalk Empire ya está compartida pero si nadie lo comenta por ahí será por algo…

Necesitaba algo que sirviera a modo de entremés, una miniserie de la que la gente había hablado bien en las redes pero sin llegar a destriparla: Black Mirror. Cuando me enteré de que su creador era Charlie Brooker, culpable de la mejor serie de zombis de la televisión Dead Set, ¿cómo podía resistirme? Voy a hablar de ella intentando no lanzar spoilers.

Black Mirror se presenta como una miniserie de capítulos independientes. No se repiten personajes, tampoco escenarios, ni tan siquiera universos. Algo sí tienen en común y es, como habréis percibido en la introducción, la presencia cada vez más apabullante de las tecnologías y las redes sociales en nuestra vida.

El primer episodio “The National Anthem” está ambientado en la actualidad, año arriba año abajo. Una llamada telefónica despierta al Primer Ministro británico para mostrarle un vídeo en el que un miembro de la aristocracia muy querido por las masas anuncia que ha sido secuestrada. La princesa Susanah, así se llama, dice que la matarán a no ser que el Primer Ministro mantenga relaciones sexuales con un cerdo ante las cámaras de la televisión en directo. El Primer Ministro quiere mantener el tema en secreto cosa imposible pues el vídeo fue colgado en youtube y por cada uno que retiran aparecen 6 nuevos. Empieza así un thriller por intentar encontrar a la princesa al tiempo que se repasan las reacciones de los medios de comunicación, intrigas palaciegas, el público, la primera dama…

“15 Million Merits”, transcurre en una especie de prisión/residencia/turbina para jóvenes. Cada uno de ellos cuenta con su propia habitación rodeada de pantallas de las que no pueden escapar obligados a consumir las imágenes que en ellas aparecen o sufrir una penalización en créditos que tienen acumulados. La relación de los jóvenes con las pantallas es muy similar al funcionamiento de los teléfonos táctiles y iPhones. Cada uno tiene su avatar y consiguen créditos canjeables por comida pedaleando ante pantallas en las que van apareciendo sus héroes y heroínas mediáticas: mucha gente guapa que canta sin personalidad y canales de sexo. Cuando llegan a 15 millones de créditos pueden acceder a participar en algunos de los canales que suelen visionar. Espectacular Rupert Everett en su papel de jurado de Factor X. De este episodio también me gustó la gestión de los silencios, hasta pasados 10 minutos los personajes no hablan refugiados en sus pantallas.

El último capítulo “The entire story of you” se enfrenta al futuro de Facebook o en lo que parece que puede acabar convirtiéndose su nueva biografía. Los personajes de este capítulo cuentan con un chip tras la oreja con el que graban todo lo que ven. Después, con un pequeño mando a distancia similar a un iPod Nano pueden revisar lo grabado tanto en sus ojos como retransmitirlo en pantallas ofreciendo la posibilidad de compartirlo con tus amigos. Además la grabación te permite revisar aspectos que en el momento de vivirlo te pasaron desapercibidos con la función de zoom. Tus recuerdos ya no pueden cambiar pero sí tu actitud y la lectura que haces de ellos cuanto más los revisas. Y borrarlos significa ocultar algo. Este capítulo se podría haber centrado en una trama policial, en la aduana antes de un vuelo a uno de los personajes le obligan a mostrar su grabación para cerciorarse de que no ha incurrido en ninguna ilegalidad, pero la historia prefiere fijarse en una relación de pareja que no atraviesa su mejor momento.

De no ser por el primer episodio con una trama tan pegada a la realidad actual se podría considerar Black Mirror como una serie de ciencia ficción. Creo que la unidad debemos buscarla en el título de la trilogía y alude directamente al espectador de la serie. El “espejo negro” al que hace referencia el título y que nunca aparece realmente como un personaje es aquel que ya es indisoluble a nuestra condición de internautas: es la pantalla de tu ordenador, de tu móvil, el plasma con conexión a internet que tienes colgado en tu salón. Ese espejo que te muestra una reflejo maquillado de la realidad donde todo es espectáculo, aquél donde nuestras fotos y comentarios buscan un éxito traducido en una ristra de reacciones entre nuestros “amigos”, otra barrera con la que ocultar nuestros temores, donde cualquier suceso se convierte en carroña y espectáculo.

Con Black Mirror ese espejo negro te advierte de que de hacerle tanto caso ese puede ser el futuro que nos espere, y lo hace con un buen espectáculo.

2 pensamientos en “BLACK MIRROR, ¿DÓNDE NOS REFLEJAMOS?

  1. Para reflexionar y debatir. (sobre “Black mirror”).
    Ayer vi dos capítulos de “Black mirror”. El 1 y el 3. Cuatro no los emitió en continuidad (parece que tampoco la tenga, pero quedó feo. Tanto negativo para Cuatro).
    Me gustó. Bastante, pero no mucho. Parten de premisas muy potentes los dos (en el 1 el ministro y el cerdo, en el 3 poder repasar todo lo vivido y poder verlo), pero se diluyen en ocasiones. El 1 es el mejor con diferencia. Creo que el tema no es la tan comentada relación público-privado, y lo que tiene que ver las redes sociales en ello. Es uno de los temas, no el único. Me pareció más interesante el enfrentamiento entre la Inglaterra decimonónica (instituciones, estamentos, etc) y la contracultural (sobre todo con el arte como telón de fondo, y Damien Hirst como referente claro). Eso que tan bien reflejado se ve cuando liberan a la princesa: ella andando por el puente que va de la Tate (Museo de Arte Moderno), a Sant Paul Cathedral (la catedral donde se casó Ladi Di y un referente para las instituciones).
    Pero se diluye (sobre todo en el capítulo 3), en el papel de la intriga. En el 1, tengo la sensación de querer más, de querer conocer más sobre el secuestrador (los porqués), mientras que en el 3, pasando el arranque espectacular (que lo une a “Gattaca” por un lado y “Olvídate de mi” por otro), la historia se queda sustentada en un triángulo amoroso que poco más me puede ofrecer.
    Creo que es una apuesta interesante y brutal por enseñarnos otra realidad, otro “espejo” (ese black mirror) de la sociedad, pero de verdad, prefiero antes otras series que creo que inciden más en ello con bases en géneros, como “Luther” (o “The wire”, aunque sea americana).
    Todo esto me surgió antes las grandes alabanzas que he leído. Sí, es verdad, es excelente, pero creo que podría haber ido más allá. Aunque la verdad, ojalá una cosa así se hiciera en España.
    Dejo abierto el debate.

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