SOMOS GUIONISTAS

Nuestra firma invitada de hoy, X. Henrique Rivadulla Corcón, es un guionista con una extensa experiencia en televisión y Presidente del Foro de Guionistas del Audiovisual.

En el primer encuentro de guionistas celebrado en Valencia nació la frase, a modo de grito reivindicativo: “somos guionista”. Era evidentemente un auditorio de guionistas, por lo tanto la afirmación podría parecer innecesaria.

Cuando celebramos, en Madrid, el segundo encuentro, volvió a sonar la frase aparentemente obvia. Volvimos a decirnos a nosotros mismos “somos guionistas”.

¿Pero siendo obvia esta afirmación por qué es necesaria? La explicación, paradójica, es que la frase se le dice a un grupo de guionistas, muchos de ellos profesionales consolidados de larga trayectoria, y justamente por eso no es cierto que sea obvia. La cuestión es que cuando hablamos de que se nos hace de menos dentro de la industria audiovisual, siendo como es, y admitido, el guión el pilar básico de esta industria, los primeros en ser culpables de esta situación somos nosotros, que parecemos no ser conscientes de quienes realmente somos, y por esto es necesaria la frase.

Somos, sin duda, el cerebro del cuerpo audiovisual. Otros son el corazón, las manos, el vientre… pero los guionistas somos el cerebro, y nosotros somos los primeros que tenemos que creérnoslo, y a veces parece que no es así. No gastemos más energías en quejarnos. Demostremos que somos realmente el cerebro, ejerciendo nuestra función de dirigir las acciones de nuestro cuerpo, y a un cuerpo no le queda otra que obedecer los dictados del cerebro.

Entender que somos el cerebro pasa por conocer bien cuál es la función de un guión en el proceso de una producción audiovisual, tanto para cine, televisión u otros medios. El guión no es solo un documento necesario para la grabación o rodaje, hay quien tiene esta consideración errónea. El guión es la herramienta básica que se necesita desde el inicio hasta que la producción está estrenada.

Cuando se decide llevar adelante una producción, alguien tiene una idea abstracta de lo que se pretende, puede ser un productor, un directivo de cadena, un director o un guionista, pero sea quien sea, el primero que va a convertir lo abstracto en concreto es el guionista, o guionistas. Salvo los contratos, el primer documento que se crea es el guión, en este sentido también podríamos decir que es la célula madre embrionaria. A partir de la existencia del guión irá surgiendo todo lo demás. El productor ejecutivo que tendrá que buscar financiación o conseguir un contrato en una cadena, va a utilizar el guión, tiene que preparar un proyecto, pero este estará basado en el guión. El presupuesto, el casting, la dirección artística, todo se va a desarrollar por profesionales que buscaran en las páginas del guión los elementos necesarios para decidir cómo será cada aspecto del diseño de producción, nadie tomará una decisión sin antes leerse el guión y comprenderlo. Y el propio proyecto contendrá el guión, y quien decida sobre la financiación tendrá que decidir a partir del interés o no de ese guión. Cuando el proyecto esté financiado entrará en juego el equipo del director de producción, y los ayudantes de dirección, que tendrán, unos que localizar, conseguir permisos y cerrar contratos y otros elaborar un plan de rodaje, todo esto siguiendo escrupulosamente lo que pone en el guión, y ya rodando es evidente que actores y director se deben al guión, igual que el montador en su sala de montaje. Y todo esto hace evidente el paralelismo entre lo que es un cerebro en un cuerpo y lo que es el guión en una producción.

Necesitamos ser muy conscientes de esto, de que somos el cerebro, y actuar en consecuencia. Esto pasa porque sabiendo que el guión es el documento que guía todo un proceso de producción de principio a fin, escribamos desde esa perspectiva, es decir tenemos que escribir guiones que no solo sean herramientas de grabación o rodaje, que sean herramientas de producción. Y aquí los guionistas tenemos una gran responsabilidad, y es la de la calidad de nuestro trabajo, si este no tiene calidad, si nuestro cerebro es defectuoso, nuestro cuerpo, nuestra producción será defectuosa. Pero tener calidad no implica solo escribir contenidos de calidad, implica escribir de tal forma que desde nuestro guión se faciliten todos y cada uno de los procesos necesarios de la producción, y esto incide en nuestra formación, el guionista debe tener una formación integral. Es un especialista en una faceta de la producción, pero debe tener conocimiento suficiente de todas las demás. En este sentido los guionistas tenemos que ser serios y responsabilizarnos con nuestra formación integral sobre lo que es una producción. No tenemos que ser especialistas más que en guión, pero si tener conocimientos básicos de los demás aspectos. Este conocimiento, además, nos otorgará autoridad a la hora de discutir sobre nuestro guión, a la hora de defenderlo. Nuestros argumentos en defensa del guión podrán referirse a como ese guión sustenta toda la producción.

Tenemos que lograr esa autoridad moral que nos dará ejercer como cerebro de una producción, porque esto derivará en el respeto que nuestra profesión necesita, y en el respeto individual que cada guionista debe tener dentro de un equipo global de producción. Ser respetado significa, entre otras cosas, ser tenido en cuenta, ser escuchado, y hace que los demás sean prudentes en las apreciaciones y acciones sobre nuestro trabajo.

Es evidente que tenemos que decirlo: SOMOS GUIONISTAS. Ser guionista es algo muy importante en la industria audiovisual de todo el mundo. Tanto como es el cerebro para la existencia de nuestra especie.

2 pensamientos en “SOMOS GUIONISTAS

  1. Brillante artículo, Henrique. Siempre he pensado que el guionista es el cerebro de la operación, y su manera de exponerlo en el post me parece certera y adecuada. La inseguridad que produce a aeces asumir este rol, hace necesario que uno necesite recordarlo en voz alta y reafirmarse en ello. Sin embargo, lo de quejarse, a veces, tiene su fundamento. Cuando se premia una producción televisiva o cinematográfica, apenas se reconoce explicitamente el mérito de ese cerebro. No se produce un refuerzo positivo que genere ilusión y confianza en el trabajo de uno. Y aunque haya un reconocimiento implícito, no es suficiente.

    El guion, al igual que el plano de un edificio, necesita de otros para poder materializarse, pero ambos, son las piedras angulares, a partir de las cuales, se construye y se sostiene todo el proceso.
    El papel del guionista en las producciones, es equivalente al papel del arquitecto en la construcción de un edificio, y paradojicamente, en el resultado final, no se les da el mismo reconocimiento.

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