PARÁLISIS POR ANÁLISIS

por Paco López Barrio

Hace unos dias, mientras buscaba en Youtube materiales relacionados con otras de mis actividades, me encontré con este curioso video. El protagonista es Roger Bobo, que ha sido tuba solista en la Sinfónica de Chicago o la Filarmónica de Los Ángeles. Además de un gran intérprete, Bobo se ha ganado una merecida fama como pedagogo. Cada año imparte unas solicítadísimas master-class por todo el mundo. De una de estas sesiones encontré este interesante fragmento. No está subtitulado, pero es un inglés bastante accesible, especialmente en la “parte práctica” de su demostración. Veamos el experimento que Bobo propone a una alumna:

Por si a alguien le ha costado seguir la argumentación de Bobo, la resumo brevemente: Pensar demasiado lo que hacemos es peligroso. Un músico que pretenda ser demasiado consciente de qué hace y por qué lo hace tiene una probabilidad de fallo mucho mayor que otro más “atolondrado”. La chica que le ayuda en su experimento consigue caminar, con naturalidad, sin derramar ni una gota de agua. Pero cuando se ve obligada a describir con el máximo detalle qué hace su cuerpo mientras la traslada, tarda apenas un segundo en derramarla.

Los artistas que trabajan con su cuerpo (los músicos, los actores, los bailarines) saben que el cuerpo es un mediador entre la mente y su arte, que debe DESAPARECER en el mismo momento de su actuación. Concentrarse en ése momento en cómo respirar, cómo mover los miembros, etc… sólo conduce a un estrepitoso fallo. Todos esos elementos técnicos deben trabajarse muy duramente (por eso los músicos hacen escalas, o los bailarines se castigan en la barra durante horas) pero, en el momento de la verdad tienen que resultarle, como diria un informático, “transparentes para el usuario”. La técnica es fundamental, pero el objetivo de los ejercicios es interiorizarla hasta tal punto de que nos olvidemos de que esta técnica existe. Y como el cuerpo ya la conoce sabe aplicarla de manera automática, dejando a la mente libre para concentrarse en lo meramente “artístico”.

¿Y para los que trabajamos con la mente más que con el cuerpo? ¿Vale también esta reflexión? Yo diría que si, que tambien es útil para escritores, guionistas, poetas… Aunque nuestro uso del cuerpo sea escaso (teclear y poco más) también tenemos todo un repertorio técnico que hemos debido aprender y practicar. A muy poca distancia del teclado en el que estamos escribiendo, acostumbramos a tener una buena colección de manuales. Durante años hemos leído, anotado, subrayado nuestro ejemplar de Mckee, de Field, de Seger, de Vorhaus… y todos los demás. En aguna carpeta de nuestro disco duro hay páginas y páginas escritas sólo por “hacer músculo”, como ejercicio de estilo. Son para nosotros lo que las escalas para un músico.

Nos conviene también, creo yo, aprender para olvidar. Lo que hemos aprendido en los libros de los gurús, pero también lo que hemos ido descubriendo en nuestro propio trabajo de cada dia. El ejercicio profesional nos ha ido proponiendo, durante años, dificultades a las que hemos debido encontrar solución. Y que han acabado formando parte de nuestro recetario particular, de nuestro “background”. Son recursos con los que vamos a poder contar siempre, una vez que los hemos adquirido. Algunas veces nos serán muy útiles. Otras no, y entonces deberemos encontrar y practicar un nuevo procedimiento para resolver dificultades nuevas. Pero, como el buen músico o el buen bailarín, no debemos ser demasiado conscientes de ellos en el momento mismo de la escritura.

No puedes decirte: “Como ya llevo 20 páginas debo colocar aquí el primer punto de giro”. Escribe, sigue tu impulso. Si vamos por buen camino, si la intuición que seguimos es buena, el punto de giro llegará – y en el momento adecuado – por si sólo. Si no llega, si notamos su falta como un defecto, no es por haber desobedecido ninguna regla. Sino porque no hemos sabido hacer fluir naturalmente la historia. No hemos sabido sincronizar nuestro reloj interno con las exigencias del relato que intentamos construir.

La técnica, para nosotros, es tan importante como para el músico (no sólo para otros artistas: tambien para el gimnasta, el esquiador o el saltador de pértiga). Y hay un momento en el que sí debemos tenerla muy presente: cuando notamos que algo está yendo mal en la escritura. En el momento de hacer una relectura crítica porque la estructura que estamos creando no se nos sostiene de manera natural, cuando notamos insuficiencias o excesos, cuando todo se va de las manos… ése es el momento de poner sobre la mesa los puntos de giro, los conflictos, los contrastes de personajes… toda la panoplia del oficio. Conviene ser muy conscientes de la técnica en el momento de la rectificación, del tachar secuencias enteras, de refundir o desdoblar personajes…

Pero al escribir, todo lo que no sea el latido natural de la historia nos va a molestar. Nos sucederá como al músico que, en el momento de dar una nota difícil, se ponga a pensar en su respiración, la posición de la lengua, la presión del aire… que fallará clamorosamente. El maestro de Bobo, el gran tubista Arnold Jacobs, ya fallecido, solía decir: “Parálisis por el análisis”. La técnica va a estar siempre presente, de nuestra parte, pero no se hará notar si las cosas van bien. No invoquemos su nombre en vano en el momento en el que lo que realmente necesitamos es sensibilidad o instinto.

Un pensamiento en “PARÁLISIS POR ANÁLISIS

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