EL DESCRÉDITO DE LA CULTURA

Por gabkarwai

Si algo recuerdo de mi formación, tanto de mi paso por el colegio, bachiller, como la Universidad, es lo importante que ha sido para mi vida el conocimiento. En clase he aprendido a razonar, a conocer nuevas miradas, a amar (por qué no), a entender, aunque no os lo creáis, que significaban las drogas (con 13 años), a valorar la cultura como un instrumento de razón, de avance como sociedad y como individuo.

No quería ponerme sentimental ni hablar de mis añorados maestros, pero si algo me molesta más de estos últimos tiempos es a los límites de descrédito que está llegando la cultura. Tal vez la gota que ha colmado el vaso ha sido la fulgurante y molesta destitución de José Luis Cienfuegos al frente del reconocido Festival Internacional de Gijón.

Recuerdo que en una anterior crisis, bastante más efímera que la de ahora, allá por el 2000 y 2001, un buen amigo y gestor cultural me decía que en período de crisis la cultura, léase artes escénicas, audiovisual, música, etc, es la que mayores recortes sufre. Y recuerdo que en aquel entonces hablábamos de si no teníamos cultura, qué nos iba a salvar. Eso fue, entre otras razones, lo que salvó a la sociedad argentina del famoso Corralito: la avalancha de protestas y acciones culturales sin estar programado bajo lo que podría ser una máxima: ahora más que nunca, más movimiento cultural (seguro que algún amigo porteño podrá extenderse más en esto).

Para entrar a valorar lo que está ocurriendo aquí y ahora voy a escoger dos casos paradigmáticos: el de Asturias y la Comunidad Valenciana.

La realidad asturiana desde que ha llegado la derecha más pacata (Foro de Asturias) es abrumadora: no daba crédito al desmantelamiento del Centro Niemeyer. Aquello era totalmente absurdo: el expolio del arte porque sí me parece de miras muy putrefactas. Lo mismo pasó tiempo antes con la Laboral de Gijón, esa nueva “Zara” que propagaba José Luis Moreno cuando llegó al cargo. La situación era de exterminio sistemático de todo aquellos foros culturales y creativos que habían funcionado, que habían hecho al arte contemporáneo en toda su extensión mirar a Asturias. La última baldosa ha sido el Festival Internacional de Gijón.

Parece ser que hay una máxima en la política cultural que es: extermina todo lo que ha hecho tu contrario. Da igual que funcione o no. Y como si fuera aquella España que tan bien retrataba Goya, si puede ser a hostia limpia y humillando al contrario mejor. Se ha dicho mucho sobre el nuevo director del festival de Gijón, Nacho Carballo, y algunas reflexiones han venido desde la cautela y la prudencia, pero lo más increíble es esa forma torcidera de despedir a Cienfuegos llamándole el mismo día que se presentaba al nuevo director. Más allá de la arrancada de burro del susodicho Carballo (esto tendría un post entero), lo que no es de rigor es hacer tierra baldía con aquello que se plantó. Echar en cara que no se apoyaba el cine asturiano es no entender, ni siquiera, que es el cine. ¿Existe el cine asturiano? ¿Cree Nacho Carballo que dándole palmaditas a los cineastas asturianos va a sobrellevar un festival con la solera de Gijón? ¿Cree que puede crear una base “real” para poner Asturias cinematográficamente en el mapa (¿que no estaba?) o son como dice la canción “promesas que no valen nada”? Ahí lo dejo.

En el otro extremo tenemos los límites paupérrimos a los que ha llegado la cultura valenciana. Más allá de la tierra baldía que está dejando el nulo aparato cultural de la administración (¿Se han preguntado, alguna vez, que es política cultural?), este año pasado y lo que nos espera del 2012 nos pone en un lugar complicado del mapa, aquel del que hay que huir. Primero fue la desaparición de la Mostra de Valencia, un festival que nació con mucho brío y que tuvo muy buenos tiempos, pero que ha tenido gestiones realmente nefastas, hasta el punto que muchos agentes del sector cultural aplaudieron su desaparición (WTF!).

En el otro extremo, la espalda que ha dado Teatres de la Generalitat a los creadores valencianos (cuando no los ha puesto en una lista negra), y la fulminante desaparición del festival VEO, otra absurda decisión que era foco y potencia de creaciones de aquí y escaparate para ver buenas propuestas de fuera.

Ante todas estas caídas y balones fuera me pregunto, ¿Algún responsable cultural ha pensado como hacer activa la cultura valenciana? ¿Se ha pensado en sentarse con el sector para ver qué necesidades tiene? ¿Pelean en sus respectivas reuniones presupuestarias por sus partidas o van con los brazos caídos ante los recortes que Economía hace? ¿Creen de verdad en la cultura de aquí? ¿Saben cómo potenciarla en tiempos de crisis? Y lo más importante, ¿Saben cómo hacerlo o siguen jugando a ese clásico: “lo que diga el de arriba”?

Aquí en esta Comunidad nunca se ha entendido que era la rentabilidad social y cultural y solo atendíamos a criterios de rentabilidad económica, y, porqué no decirlo, a los criterios del Molt Honorable President de turno y sus cuatro amigos.

Y ocurre que muchos gestores y agentes culturales están cogiendo sus maletas y emigrando, o cambian, cansados, de profesión. Y como creador me pregunto, ante la perplejidad y tristeza que me provoca todo esto: ¿Qué puedo hacer? ¿Qué podemos hacer?

Me gustaría que de una vez empezáramos a revertir este situación. Me gustaría pensar como los porteños lo hicieron en su “Corralito”. Me gustaría pensar en positivo y hacer ver que la cultura no es un valor en alza, ES el gran valor para que cualquier ser humano no dé pasos hacia atrás en la escala evolutiva.

No podemos perder la cultura, porque con ella perderíamos la oportunidad de ser mejores personas, de crecer personal y profesionalmente. Y si esto ocurre, corremos el gran riesgo de acabar literalmente como los hombres de Cromagnon: a hostias.

Un pensamiento en “EL DESCRÉDITO DE LA CULTURA

  1. La cultura no se observa por los políticos más que como rentabilidad económica, y, de hecho, en Andalucía, los socialistas llevan años añadiendo al discurso de defensa de la cultura los conceptos económicos como el turismo y similar. Vamos, que, aunque sé que no es consuelo, no es por aquí estén las cosas mucho mejor que en Valencia.

    Ahora bien, lo duro es que España no tenga una tradición en la que las empresas y hasta los mecenas individuales aporten a posibles iniciativas. Sé que estamos acostumbrados a relacionar “cultura” con “Estado”, pero a la vista de la que se viene encima, se echa en falta que la gente con dinero (mucho dinero) no devuelvan algo a la sociedad.

    Claro que aquí muchos ricos son procedentes de pelotazos que desde luego no incluye la cultura como concepto relacionable.

    Malos tiempos…

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