¿ERA OTELO CELOSO?: TRAMAS Y PERSONAJES

por Paco López Barrio

De vez en cuando, en manuales y cursos, me encuentro con la pregunta -yo diría que escolástica- de si aquello que le da entidad a una historia son los hechos o los personajes que los viven. Pero… ¿existen los personajes fuera de las historias? Yo diria que no… que van indisolublemente unidos. Claro que hay excepciones…

En las historias de género, especialmente si son seriadas, sí podemos encontrar una cierta preexistencia del personaje. James Bond o Indiana Jones existen como personajes aún antes de vivir su próxima aventura. ¡Pero a qué precio!. Estan condenados a ser iguales a si mismos. Bond, por muchos matices que le incorporen los distintos actores que lo han interpretado, siempre será el mismo: un héroe que basa su éxito en tres factores: su indudable valor, su capacidad de seducción y los prodigiosos recursos técnicos que le proporciona el laboratorio. Pero está condenado a no cambiar, a no aprender nada sobre si mismo… no experimenta el famoso “arco de transformación” que le da densidad a un personaje. Y lo mismo podemos decir de Sherlock Holmes, de Harry el Sucio o de Homer Simpson. En estos casos las historias son la excusa para volver a poner en circulación al protagonista periódicamente. Pero siempre reaccionará ante los retos que se le van a plantear haciendo honor a la caracterización que vienen arrastrando de una historia a otra. Y su personalidad, su visión del mundo, permanece desde la primera escena hasta la última. ¿Funciona siempre así? Afortunadamente no. Vamos a repasar un poco a Shakespeare…

¿Podríamos decir que Otelo es celoso?. ¿Incluso el arquetipo de celoso, de la misma manera que Bond es el valiente y seductor por antonomasia?. Pues no lo es, aunque termine matando por celos. La tragedia de Shakespeare es una muestra perfecta de cómo personajes y tramas no pueden existir separadamente en otro tipo de historias. Precisamente en aquellas historias con una mayor densidad humana.

Otelo no es ni más ni menos celoso de lo que en principio lo somos la mayoría de la población. Ama a Desdémona y es un marido feliz. Esto es lo que percibimos en los primeros momentos de la obra. Si Shakespeare hubiese querido llamarnos la atención sobre su carácter celoso lo habría hecho y pronto. Si nos ha mostrado desde el principio a Falstaff como borrachín, al Rey Lear como un cabezota, a Macbeth como calzonazos dominado por su mujer… ¿por qué nos oculta este rasgo fundamental de Otelo? Porque este carácter celoso no existe de entrada, sino que se va creando a medida que avanza la acción.

Para empezar, desde la estricta teoría dramática, el protagonista de Otelo no sería el propio Otelo. Protagonista es aquel que desea algo y pone en marcha las acciones necesarias para conseguirlo. Y ahí arranca todo. Otelo es un sufridor pasivo de Yago y sus argucias. Éste es el auténtico protagonista. Yago sí tiene unos motivos y hace y deshace para lograrlos. Y no encuentra mejor manera de vengarse de los agravios supuestamente recibidos de parte de Otelo que sembrar sus dudas acerca de la fidelidad de Desdémona.

Así, la sinopsis de Otelo no es: Marido celoso mata a su mujer. Este argumento no tendría gran interés. Si él es tan celoso y obtiene pruebas de la infidelidad… pues la cosa acaba como acaba. Se veía venir que un dia u otro iba a pasar lo que pasó: que Otelo estranguló a Desdémona. Nada sorprendente y menos aún visto desde el modelo de relación hombre-mujer aún vigente en el Renacimiento. Dudo mucho que una historia así hubiese conservado su interés con el paso de los siglos, más allá de la arqueología literaria.

Pero si la historia de Otelo sigue conservando su fuerza hoy es porque su verdadera sinopsis es otra: Otelo nos cuenta la historia de cómo el corazón de un hombre que vive en paz puede ser deliberadamente envenenado por sus enemigos. Y eso pasaba entonces y sigue pasando hoy. Más allá de las anécdotas concretas de que se sirve el autor, el tema de la pérdida de la paz interior, del derrumbe de nuestros afectos y confianzas sigue siendo un tema vivo, al que todos somos sensibles.

Concluyendo: Otelo no es celoso, a Otelo lo hacen celoso las maquinaciones de su enemigo. El personaje se ha transformado a medida que le iban sucediendo cosas. Y finalmente acaba aprendiendo una verdad terrible sobre sí mismo: ha sido injusto con Desdémona y, horrorizado, se suicida.

¿Quién puede separar en esta historia tramas y personajes? Otelo nos demuestra que en las historias verdaderamente grandes, a diferencia de los meros entretenimientos, ambos conceptos, trama y personaje, forman una unidad inseparable y el uno estira del otro para que la historia avance. Y esto convierte cualquier disputa sobre la supremacia de uno u otro en lo que decíamos al principio: una pura pregunta escolástica.

NOTA: Este artículo se publicó hace algún tiempo en mi blog personal (q.e.p.d.).  Desde entonces entonces tengo muchos lectores nuevos y he querido compartirlo con ellos.

2 pensamientos en “¿ERA OTELO CELOSO?: TRAMAS Y PERSONAJES

  1. Ha tenido una buena idea en rescatarlo y compartirlo con los nuevos lectores, Paco. Al igual que “Ninotchka” (¿Lectora nueva?) pienso que es un interesante artículo. Ninotchka, juraría que la he visto muchas veces por el blog, pero eso sí, con otros nombres distintos.

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