ELOGIO DE LOS MALOS TIEMPOS

por Paco López Barrio

Los guionistas tenemos fama, además merecida, de quejicas. Desde hace algún tiempo nuestra queja ha quedado diluida en el  magma de la indignación general.  Nuestros temores por el futuro son ahora compartidos por la gran mayoria de la población. Esta crisis, que no es tal sino la cara B de un rio revuelto en el que algunos están haciendo una gran pesca, amenaza con llevarse por delante a gran parte de sector (y de tantos otros sectores). Pero aún, se dice, acabaremos añorando aquel 2010 de mierda y también este 2011.  Porque lo peor está aún por llegar.  Y, en temas de macroeconomía, no hay “deus ex machina” que nos lleve a un desenlace feliz. O al menos pasable.

Pues aún así… vamos a intentar ver el lado bueno del desastre.

Unas cuantas productoras se van a hundir, cierto. Probablemente las primeras sean aquellas que lo confiaban todo a los buenos contactos políticos, antes que a la calidad de sus producciones. Las que más sableaban a las cadenas y peor pagaban a sus trabajadores, las dirigidas por gente de escasa capacidad pero ávidos de dinero fácil. Hubo una burbuja audiovisual como hubo una inmobiliaria. Estos caerán pronto y sobreviviran las que cuidan sus productos y a sus creativos, las que saben trabajar con presupuestos justos en lugar de con cheques en blanco del político de turno.

La falta de dinero reducirá el factor “espectacularidad”. Podremos decir adiós a fuegos de artificio innecesarios. Será necesario recurrir a buenas tramas, a problemas de proximidad, a buscar la empatia del espectador corriente como medios para retener su atención. Todas aquellas cosas, en fin, que antes se solucionaban con una buena explosión, a ser posible en 3D.

Esto será muy de agradecer en el teatro, que hasta ahora destinaba el grueso de la inversión a cosas como “El rey León” o “La bella y la bestia”, producciones que no aportan nada que no aportase ya la película original. Tomarán el relevo compañias pequeñas, con escenografias pequeñas, pero con ideas grandes y nuevas.

De la misma manera la administración dejará de invertir en grandes contenedores de cultura (esos Auditorios absolutamente inamortizables en todo pueblo de 20.000 habitantes). En su lugar habrá que echar mano de los pequeños teatros de bolsillo, con los que sí es realista crear una red extensa. Es decir, aquello que tuvimos y se liquidó en favor de los escenarios faraónicos.

Las televisiones dejarán de lado programas de alto coste, en los que la parte del león del presupuesto se dedicaba a pagar los honorarios de pedorros y pedorras, sin otro interés que el relato de sus cuernos encadenados. Su lugar habrán de ocuparlo productos low-cost, mediante una producción propia que dé salida a los recursos materiales y humanos que tanto se infrautilizaban. Y tendrá como protagonistas a la gente más interesante que existe: la gente corriente y sus pequeñas odiseas cotidianas.

Como nadie nos ofrecerá trabajo nos los tendremos que inventar. Nos veremos obligados a desarrollar nuestras propias ideas en lugar de esperar a que nos encarguen el remake de turno de cualquier formato de 3ª mano. Tendremos poco dinero, pero controlaremos el producto y formaremos nuestros propios equipos. Las plusvalías serán modestas, pero nuestras.

No podremos optar a medios demasiado pesados. A cambio ganaremos flexibilidad, rapidez, facilidad para meternos en situaciones en las que antes no cabíamos o dábamos demasiado el “cante”.

Aprovecharemos todo lo que aprendimos acerca de entretener a la gente cuando la bonanza nos daba trabajo en productos de pura diversión. Podremos aplicar esas habilidades a productos que entretengan y, a la vez, tengan un utilidad social. El público, que hace diez años buscaba sólo evasión, está ahora muy receptivo a historias más “combativas”.  El reto será: “hacer la revolución sin aburrir al espectador”.

La crisis traerá consigo una recesión de la “corrección política”. Poder llamarle pan al pan y vino al vino es una terapia colectiva muy necesaria y que estaba cayendo en el olvido. Auguro un renacer general del humor negro, de tan arraigada tradición, y que habiamos dejado de lado. Y con él todos sus recursos asociados: ironia, satira, rabia, mala leche…

Personalmente me alegraré de que, cuando el equipo de guión salga a comer, al gilipollas que siempre decia: “¿Y si vamos a un japonés?, lo enviaremos a hacer puñetas directamente y volveremos a disfrutar de los guisos de la abuela en el bar del polígono. Los malos tiempos nos ayudarán a quitarnos unas cuantas tonterias de encima.

Los malos tiempos que vivimos y los peores que van a venir nos van a joder mucho y en muchos aspectos. Pero creo que también nos van a servir para aguzar el ingenio, como al Lazarillo, a ser más punzantes como Quevedo… seremos más pobres, pero también más libres, sobretodo en el aspecto creativo. Si los ciegos que cantaban sus romances por las plazas sobrevivieron… nosotros también

5 pensamientos en “ELOGIO DE LOS MALOS TIEMPOS

  1. Que tus previsiones nos sean propicias. Si estás en lo cierto, y es muy probable, les vamos a joder bien a los que han montado este horripilante escenario. Nos podrán robar nuestro dinero, pero no nuestra capacidad para ponerlos en evidencia. Alea jacta est…

  2. Paco, me encantó aquel post suyo “Mi generación es hoy”, aunque en su momento bromeara sobre él y tratara de desmontarlo..jajaja (con el tiempo que llevo visitando el blog, ya se hace una idea de que pie cojeo) y desde luego, este post no se queda atrás. Aunque pueda subyacer un tono triste y melancólico, ambos trasmiten una generosa proyección de futuro, como debe ser. Los malos tiempos para todos y sobre todo para el guion no representan nada nuevo. Los Golpes Bajos allá por el 83 ya cantaban aquello de : “El azul del mar inunda mis ojos, el aroma de las flores me envuelve, contra las rocas se estrellan mis enojos, y a sí toda esperanza me devuelveeen….malos tiempos para la líricaaa…” Por ello su post me parece un acto de fe en el proceso de la vida (y de la profesión) que se renueva a cada instante.
    Si le soy sincera, lo que más me gusta es que lo comparta en la plaza pública del blog. Siempre tendriamos que buscar a los buenos amigos (sociales, no los que se cuentan con los dedos de una mano) para compartir risas, ilusiones y visiones de futuro positivas. Una manera como cualquier otra de trasmitirles confianza, calor y abrigo, que seguro nos devolvían con creces. Buscarlos para confiarles nuestras miserias y frustraciones, me parece ya de por sí equivocado, irresponsable y egoísta, pero hacerlo en la plaza pública, eso debería estar castigado con pena de cárcel, para que el resto pudiéramos seguir vislumbrando la necesaria utopía. Como decía Serrat en su canción “Sin utopía, la vida (o el guion) sería un ensayo para la muerte”.

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