HOMO FILMIX

Olaf estudió guión en la primera promoción del Máster de Guión de la extinta FIA. De carácter inquieto, poco después se mudó a París donde estudió y se especializó en montaje. Ha editado programas de todo tipo, making of’s de cortometrajes, películas porno, videoclips y el documental Borrados del Mapa de Alberto Arce (único español con una cámara de vídeo durante la campaña militar de Israel sobre Palestina en 2008-09). Además también es director pero su corto Doble Fila prefirió que lo montara otra persona, ¿extraño? Pasen y lean.

Por Olaf González  Schneeweiss

En la historia del homo sapiens el cine llega como el último medio para transmitir socialmente nuestras abstracciones de la realidad. Seleccionando e interpretando partes de la realidad que nos envuelven creamos pues, gracias a una cámara y sus imágenes en movimiento, un discurso narrativo. Por otro lado, la fuerza inherente que los sonidos producen en el ser humano viene determinando nuestras abstracciones mucho antes de plasmar conceptos narrativos. En el caso de la música, nuestros padres nos dormían y acunaban bajo las melodías y ritmos que se transmitían de generación en generación, anticipándose a lo que luego fueron las historias narradas.

Pero ha habido siempre una parte fascinante e incontrolable en el ser humano: el mundo de los sueños. ¿Qué ocurre cuándo dormimos y soñamos? Seleccionamos partes de lo vivido despiertos y las editamos en nuestro cerebro, como si de otro mundo se tratase.

Fue gracias al montaje cinematográfico que el hombre comenzó a indagar en representar ese mundo más parecido al del sueño y fue entonces cuando comenzó el discurso cinematográfico. El montaje permitía pasar de una acción a otra, mezclar reacciones, suscitar sentimientos, combinar sonidos, música, coger las mejores partes, darles ritmo, editarlas, desechar las partes aburridas, todo ello de una forma narrativa pero visual, bajo un nuevo lenguaje universal. El homo sapiens había dado con una nueva herramienta que comenzó a cambiar el modo de transmitir las historias pero no las historias en sí. Aquello que podríamos definir como “alma” seguiría intacto en el transcurso del tiempo.

Organizando ese nuevo mundo caótico e intrigante, y, dándole formato de escritura en papel, surgió el guión. La dificultad del guionista, como en toda disciplina creativa es partir de la nada, editar la realidad que nos rodea y darle formato, crear una historia, personajes potentes, conflictos, tramas, etc. El guionista escribe la película soñada pero no la que verá el espectador. Podría catalogarse de arquitecto audiovisual. ¿Pero, en qué momento la película deja de ser un plano arquitectónico o un puzle de planos rodados y se convierte en la película que verá el espectador?

En el montaje, el montador (o editor) vuelve a reescribir esa película, ahora supeditado por el material que se ha filmado, gracias a la visión y al trabajo del director y de todos los componentes del equipo de rodaje. El montador tiene pues que encontrar la auténtica película, la que fue concebida gracias al gran esfuerzo del guionista, la que llevó a cabo el director pero la que finalmente verá el espectador. Pero no se trata de pegar un plano tras otro, si fuese así sólo se tardaría unos días en montar el film y no meses o años como es el caso. Podría escribir un libro sólo sobre los factores que hay que tener en cuenta a la hora de editar una película, tanto narrativos, como de personajes, de estructura, de ritmo o de continuidad, sonidos, miradas, etc. Las posibilidades son casi infinitas.

¿Y, si la visión del director es la que prima, para qué hace falta un montador? Son muy pocos los directores que montan sus propias películas, no por desconocimientos técnicos, sino porque la visión de un montador ayuda mucho en el desarrollo creativo del film. El director está exhausto del rodaje y en la mayoría de los casos nada ha salido como había imaginado. Además tiene el concepto del espacio en el que se rodó, que condiciona el espacio fílmico, y no tiene una primera percepción que generan los planos que ha rodado.

La gente me pregunta que porqué no monté yo mi primer cortometraje habiendo trabajado como montador varios años. Yo les respondo que si me preguntan eso es porque no tienen ni idea de la función del montador. Necesitas la primera visión de un espectador y de alguien que quiera mejorar tu película, y vamos si mejoró… Kurro González me cambió el final, dándole mucho más ritmo, montando en paralelo y haciendo un flash forward, conexionando los tres personajes con el sentimiento de la protagonista. Cuando vi aquello pensé: -“Hostia, el hijoputa ha mejorado la película”. Con estúpido orgullo de director le hice montar mi versión del final que había escrito en el guión, la que quedaba tan bien en papel… pero al lado de su final, el imaginado en papel era un truño. Ganó lo evidente. Pero para eso sólo se puede hacer si se trabaja desde la humildad y ese es el máximo requisito para ser director (no me atribuyo tales medallas).

Ambos, guionista y montadores son editores de una realidad intangible. El director pone el punto de vista sobre esa nueva realidad y bajo las tres escrituras, el guión, el rodaje y el montaje, se llega a un compendio de lo que es la película que el espectador recibirá. Ambos, montadores y guionistas, son trabajadores en las sombras, exentos de un reconocimiento mediático y pocas veces agradecidos por el público o el equipo. La nota musical del montador es el fotograma y trabaja en una mina oscura cuya única ventana es la película que escribe. No me atrevo a dar ningún consejo en ninguna de las tres disciplinas, pero, posiblemente, uno de las pocas cosas que he aprendido en mis precarios diez años de experiencia es esta famosa máxima: “menos es más”.

Pero lo que no puede nunca perderse en el proceso de las tres escrituras es “El alma de la historia”. Y esto, en mi opinión, se expresa artísticamente para capturar aquello que es intrínseco, instintivo, y que tal vez pertenece a otra realidad, al mundo de los sueños, a aquella sabiduría que seguiremos transmitiendo de generación en generación, nuestros miedos y alegrías, nuestro ADN intangible, aquello que seguirá vivo una vez que, inevitablemente, hayamos muerto.

7 pensamientos en “HOMO FILMIX

    • Interesante artículo, todo está en evolución, es posible que algún día nos instalen un chip en el cerebro y entonces las películas estén conectadas con un único ente…o que los roles de varias categorías se fusionen…

    • Interesante… tal vez en el futuro tengamos un chip en el cerebro y la película salga directamente de nuestros pensamientos… todo está en continuo cambio, menos mal.

  1. Una mala historia con un buen montaje se convierte en una gran historia, una buena historia con un mal montaje se pierde. No seas tan humilde, tu trabajo es el más importante o por lo menos, definitivo. Tienes el poder de potenciar o hundir, de emocionar o aburrir, de abrir nuevos puntos de vista, de jugar con el espectador y con quien haga falta. Sois divertidos y con la cabeza desestructurada, lo que os convierte en seres adorables de una riqueza infinita. ¡A la luz, todos!

  2. Un artículo muy interesante. La primera vez que fui a montar un corto a una productora me dijeron: “Tenemos editor-normal y editor-creativo”. La diferencia es que el primero sólo juntaba los planos. El segundo aportaba su visión. Escogí el segundo y fue una experiencia satisfactoria.

    Creo recordar que Orson Welles dijo: “Es en la sala de montaje donde se fabrica toda la elocuencia del cine”. Saludos.

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